miércoles, 23 de marzo de 2016

“…Estarás conmigo en el paraíso…” (Lucas 23.43) ¿Un problema filológico-textual o un problema filosófico-teológico?


Un análisis crítico

Héctor B. Olea C.


Al introducirme en este análisis, admito que soy consciente del campo de batalla que ha significado para el pensamiento cristiano la traducción e implicaciones de Lucas 23.43. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Es el estado de muerte un sueño, o un estado de plena conciencia? ¿Se entra o no, inmediatamente con la muerte, en el estado de retribución definitiva?  

Por un lado, identificados con la idea de la inmortalidad del alma, hay quienes defienden la traducción que se lee en la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, en armonía con la «Reina Valera 1960», cito: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Por otro lado, comprometidos con la idea de la no inmortalidad del alma, y con la concepción de la muerte como “un sueño”; tenemos quienes defienden (básicamente los Adventistas del Séptimo día y los Testigos de Jehová), la traducción que se lee en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», cito: “Y él le dijo: «Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso»”   

Y la traducción que ofrece la «Santa Biblia, Nueva Reina Valera, versión Siglo XXI», tercera edición, año 2009, realizada por la Sociedad Bíblica Emanuel (adventista); cito: “Entonces Jesús le contestó: Te aseguro hoy, estarás conmigo en el paraíso”

Ahora bien, desde el punto de vista filológico y textual, lo cierto es que muy bien pudo el original de Lucas haber dicho: «amén soi légo, sémeron», traducción: «Ciertamente te digo: hoy…» (Forma del texto que está detrás de la traducción de la Reina Valera 1960, y muchas otras versiones de la Biblia.

Pero muy bien pudo haber dicho el original de Lucas: «amén soi sémeron» (sin la coma antes de «sémeron», hoy), cuya traducción sería: «Ciertamente te digo hoy… » (Forma del texto que está detrás de la traducción que se lee en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», y  en la «Santa Biblia, Nueva Reina Valera, versión Siglo XXI».

Ahora bien, a pesar de estas posibilidades textuales hipotéticas, lo cierto es que suponer como la original a cualquiera de dos las lecturas no constituiría un absurdo, dado que muy a menudo los manuscritos antiguos carecían de puntuación, y por otro lado, en virtud de lo común que era la práctica de la llamada “escritura continua”, tipo de escritura que no separaba las palabras (Jesússanóaunparalítico, por ejemplo). Como afirma Josep O Callaghan («Introducción a la Crítica Textual del NT», página 22, fue a partir del siglo VII de nuestra era cuando se fue consolidando la práctica de separar las palabras (Jesús sanó a un paralítico, por ejemplo).  

Entonces, me parece que la salida adecuada a esta cuestión, es admitiendo que estamos ante un problema más bien filosófico-teológico, y no frente a un problema  textual. En consecuencia, cabe preguntar: ¿Está o no, la idea de la inmortalidad del alma, en el trasfondo de Lucas 23.43?

¿En qué consiste la idea de la “inmortalidad del alma”? ¿Era la “inmortalidad del alma” una idea aceptada por todas las corrientes del judaísmo?

La “inmortalidad del alma” consiste en la concepción que entiende que el ser humano además del cuerpo está constituido por un alma inmortal que sobrevive a la muerte y a la destrucción del cuerpo. 

Una explicación concisa nos la da Marie-Émile Boismard: “La idea de la inmortalidad, conocida ya por el orfismo, recibió su formulación filosófica gracias a Platón, a comienzos del siglo IV a.C.  Ya no se considera al ser humano como una unidad psicosomática cuya vida consciente emana por entero de sus elementos físicos, sino que está compuesto de alma y cuerpo, que son realidades distintas y separables. De estos dos elementos, sólo el cuerpo es corruptible: formado  a partir de la tierra, se descompone en la tierra al momento de la muerte, pero el alma es inmortal por naturaleza. Existía ya antes de habitar en un cuerpo. En el momento de la muerte, abandona el cuerpo, bien para unirse a otro cuerpo, o bien, si está suficientemente purificada, para pasar al mundo de las ideas, el mundo de lo divino. El alma es el principio y el centro de  toda la vida consciente del ser humano: inteligencia, voluntad, sentimientos; por tanto, toda la personalidad del ser humano reside en su alma. En cierto sentido se puede decir que el ser humano no muere puesto que, gracias a su alma, continúa viviendo plenamente una vez que se ha abandonado el cuerpo. La muerte no es más que apariencia” (¿Es necesario aún habla de «resurrección»?, página 63).

Ahora bien, a pesar de que al principio, el AT y el judaísmo tenían una concepción monista del ser humano, posteriormente bajo los influjos del helenismo y principalmente del platonismo, que comienzan estos a utilizar una terminología de corte dualista, y se va imponiendo una concepción dicotómica del ser humano. La influencia del platonismo en la religión hebrea se pone en evidencia en algunos textos tardíos del AT y posteriormente en los textos del NT.

Consideremos ahora, como ilustración, algunos textos del AT que hablan de la muerte desde la perspectiva de una concepción monista, y no dicotómica del ser humano:

Eclesiastés 9.10 “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

1 Reyes 2.10 “Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad.

1 Reyes 11.43 “3Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.

2 Crónicas 21.1 “Durmió Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David. Y reinó en su lugar Joram su hijo.

2 Crónicas 26.23 “Y durmió Uzías con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros reales; porque dijeron: Leproso es. Y reinó Jotam su hijo en lugar suyo.

Salmo 85.10 “¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte?”

Salmo 115.17 “No alabarán los muertos a JAH, Ni cuantos descienden al silencio.”

Daniel 12.2 “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

Como se ve, todos estos pasajes del AT coinciden en describir la muerte, desde una antropología monista, y no dicotómica, como un sueño, un estado donde no hay actividad ni consciencia, donde no se percibe la existencia consciente del alma separada del cuerpo.

Profundizando un poco más esta línea de pensamiento, traigo a colación las palabras Antonio Rodríguez Carmona: “Según el AT, el ser humano fue creado por Dios a partir de dos elementos, la tierra, de la que hizo el cuerpo, y el espíritu divino con que lo animó, y con ambos creó un ser polifacético, una “nefesh hayyá”, persona viviente, una unidad, no una dicotomía. Por ello, para los rabinos el ser humano posee cualidades celestes y terrestres. Se parece a los ángeles y a los animales, a los ángeles en cuanto que puede hablar la lengua santa, entender, ir erguido y tener brillo en los ojos; a los animales en cuanto a que come, y bebe, se reproduce, se desahoga, y muere” (páginas 549 y 550).

Ante este hecho, llama la atención el que en el libro de Génesis se conciba el ser humano como un simple ser viviente, sin ninguna pretensión de trascendencia. Consideremos la evidencia bíblica:

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un «ser viviente» («nefesh hayyáh»)” Génesis 2.7

Dijo Dios: Produzcan las aguas «seres vivientes» («nefesh hayyáh»), y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos” (Génesis 1.20)

Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y «todo ser viviente» («nefesh hayyáh») que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1.21)

Luego dijo Dios: Produzca la tierra «seres vivientes» («nefesh hayyáh») según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así” (Génesis 1.24)

Sigue Carmona diciendo: “Otras veces las fuentes rabínicas, siguiendo generalmente al AT, aluden a algunos elementos componentes específicos: nefesh, ruaj, basar, gug.  Estos elementos siempre se refieren a todo el ser humano, que por eso es concebido en forma monista, como una unidad. El ser humano no tiene un alma, espíritu, carne, sino que el ser humano es desde un punto de vista carne, desde otro alma, desde otro espíritu. Esto explica el que todos estos nombres se empleen como sinónimos entre sí: nefesh alma y basar, carne (salmo 63.2), nefesh, alma y gug cuerpo (Éxodo 21.23), nefessh, alma y ruaj, espíritu (Génesis 6.17) («La religión judía, historia y teología», Antonio Rodríguez Carmona, Biblioteca de autores cristianos, 2002, página 550).

“Para el judaísmo el ser humano es mortal. Porque fue creado como tal. La muerte no es un castigo por un pecado. Génesis 2-3 no es interpretado en la tradición del judaísmo como explicación de la naturaleza humana ni como causa de la muerte.

“…Siendo la muerte un fenómeno natural, no una consecuencia de un pecado original, la muerte natural como tal es un hecho sin connotaciones negativas; sólo la muerte no natural es la que merece un juicio negativo. Como puede ser la muerte repentina o violenta; en cambio, la muerte del ser humano justo se describe a veces como un beso de Dios. Por ello, se exhorta a la práctica de la Torá para evitar una mala muerte” («La religión judía, historia y teología», Antonio Rodríguez Carmona, Biblioteca de autores cristianos, 2002, páginas 568 y 569).

 “Respecto a la naturaleza de la muerte, se concibe como una realidad opuesta a la vida. Si una persona vive cuando su yo –nefesh tiene fuerza y su cuerpo-carne capacidad de relación por el influjo de la ruaj que Dios le ha dado. Morir es perder la ruaj y, consiguientemente, perder la fuerza y la capacidad de relación. Dios retira su ruaj y la nefesh viviente se convierte en nefesh muerta: el muerto baja abajo al mundo inferior, al corazón de la tierra (seol, inferus), por la puerta del sepulcro y se convierte en plena debilidad y plena soledad; la unidad nefesh –basar no desaparece, continúa existiendo, pero en una situación de total debilidad y total soledad” («La religión judía, historia y teología», Antonio Rodríguez Carmona, Biblioteca de autores cristianos, 2002, página 569).

Pasemos ahora considerar algunos textos del AT donde se observa un cambio de perspectiva. Los textos a continuación muestran un compromiso con la idea platónica de la inmortalidad del alma, y con una visión dicotómica del ser humano.

Voy a comenzar por citar un libro asumido por la tradición católica como “deuterocanónico”, pero apócrifo por la tradición protestante. Este libro se entiende que fue escrito por un judío helenista a finales del siglo I a.C. La evidencia de este libro es importante, pues nos muestra las concepciones antropológicas que caracterizaban a un gran sector del judaísmo previo a la época cristiana. Como muy bien plantea Marie-Émile Boismard, encontramos en el libro Sabiduría de Salomón, por un lado, un compromiso con el monismo antropológico de la clásica antropología hebrea (un ser humano concebido como una unidad psicosomática); y por otro, un compromiso con el dualismo antropológico platónico, que supone la inmortalidad del alma.   

Pasajes que muestran un compromiso con el monismo antropológico:

Sabiduría 15.8 “Luego, dedicándose a una labor reprobable, modela con el mismo barro un falso dios; lo hace un hombre que ayer mismo nació de la tierra y que pronto volverá a la tierra de donde fue sacado, cuando tenga que entregar la vida que recibió prestada.”

Sabiduría 16.13-14 “Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, tú nos bajas al reino de la muerte, y nos sacas de él. 14En cambio el hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto, pero no puede devolverla ni hacer regresar el alma que ha sido arrebatada por la muerte.”

Pasajes que muestran un compromiso con el dualismo  antropológico:

Sabiduría 8.19-20 “9Yo era un niño, bueno por naturaleza, que había recibido un alma buena, o más bien, siendo bueno, entré en un cuerpo puro.”

Sabiduría 9.15 “El cuerpo mortal es un peso para el alma; estando hecho de barro, oprime la mente, en la que bullen tantos pensamientos.”

Sabiduría 15.3 “Conocerte a ti es rectitud perfecta, y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.”

Sabiduría 15.8 “Luego, dedicándose a una labor reprobable, modela con el mismo barro un falso dios; lo hace un hombre que ayer mismo nació de la tierra y que pronto volverá a la tierra de donde fue sacado, cuando tenga que entregar la vida que recibió prestada.”

Pasemos ahora a considerar la influencia del platonismo en su concepción dicotómica del ser humano (asumiendo la inmortalidad del alma) en la concepción antropológica de Jesús y de Pablo.

La enseñanza de Jesús

Antes de demostrar con textos bíblicos la concepción antropológica de Jesús de Nazaret, quiero poner de relieve, en palabras de Marie-Émilea Boismard, las siguientes preguntas: ¿Cómo presenta Jesús nuestro triunfo sobre la muerte? ¿En forma de resurrección, o de inmortalidad del alma? ¿Mantuvo un compromiso tanto con la antropología monista hebrea y con la concepción platónica al mismo tiempo? ¿Se mantuvo fiel a la antropología semítica que concebía al hombre en su unidad psicosomática? ¿O bien, siguiendo a los fariseos, adoptó la idea griega del hombre compuesto de alma y cuerpo?

Pienso que pasando revista a una serie de textos del NT que recogen la enseñanza de Jesús, podemos demostrar que éste tenía una concepción dicotómica del ser humano, una visión conforme al dualismo antropológico platónico que asumía la idea de la inmortalidad el alma (el que en la muerte, a pesar de la destrucción del cuerpo, el alma subsiste sin corromperse en un estado de plena consciencia). Observemos:

Mateo 10.28 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Lucas 12.4-5 “4Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. 5Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

Marcos 8.35-37 “35Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. 36Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 37¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Compárese Mateo 16.24-26; Lucas 9.23-24)

Lucas 16.19-31 “19Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 21y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. 26Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

Pasemos ahora a demostrar que también se observa en Pablo un compromiso con la idea de la inmortalidad del alma.

2 Corintios 5.1-8 “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. 6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.

Filipenses 1.21.23 “21Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.

Otros textos que van en la misma línea son:

2 Timoteo 4.6 “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.

1 Pedro 4.19 “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

2 Pedro 2.12-15 “12Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. 13Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; 14sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 15También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.

Apocalipsis 6.9 “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.

Apocalipsis 20.4 “4Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

En conclusión: Comenzado por el mismo Jesús, y terminando por el NT como tal, hay que concluir que la idea de la inmortalidad del alma (que el alma puede subsistir con posterioridad a la muerte física, y en un estado de plena consciencia), es dominante en el NT. Esta realidad se explica por el influjo de la corriente farisea en la enseñanza de Jesucristo, y luego en el cristianismo como tal. Obviamente, de manera previa el judaísmo ya había recibido el influjo del platonismo que, por cierto, implicaba la idea de la inmortalidad del alma.

Entonces, ante la pregunta de si la concepción de la «inmortalidad del alma» está en el trasfondo de la expresión “estarás conmigo en el paraíso”, dirigida por Jesús a uno de los dos hombres que fueron crucificados junto a él; la respuesta es que sí.

El trasfondo de la que viene a ser la segunda palabra de “las siete” dichas por Jesús en la cruz, es en realidad el mismo de la parábola del rico y Lázaro de Lucas 16.19-31. Ciertamente la mentalidad (visión y cosmovisión) del Jesús que dirigió las palabras en cuestión al malhechor crucificado, es la misma que supuso la elaboración de la parábola del rico y Lázaro en la forma en que se hizo. 

En resumen, pienso que si hemos de ser coherente y consistentes, la traducción correcta de Lucas 23.43 debe ser distinta a la que se lee en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», y la traducción  que ofrece la «Reina Valera versión siglo XXI», realizada por los adventistas del séptimo día.

Por supuesto, la razón es que si bien es cierto que al principio tanto el AT como el pensamiento hebreo tenían una concepción monista del ser humano, luego, con la influencia del helenismo y del platonismo, con su concepción de la inmortalidad del alma, el pensamiento hebreo hizo suya (al menos un gran sector del mismo) dicha idea y esta pasó a ser parte integral del pensamiento antropológico hebreo, del pensamiento  de Jesús, del de Pablo, y en consecuencia del Nuevo Testamento mismo. Por supuesto, se resisten en vano, los Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo día, a admitir esa innegable e indiscutible evolución en el pensamiento antropológico hebreo, por eso insisten en traducir a Lucas 23.43 de una manera en que ignoran que la concepción de la inmortalidad del alma (que el alma subsiste con  la muerte y en un estado de plena conciencia) es parte integral del pensamiento antropológico del Jesús lucano, del Jesús que planteó y elaboró la parábola del rico y Lázaro (Lucas 16.19-31). Insisto, así como no es concebible, ni tendría sentido la parábola del rico y Lazado, al margen de la concepción de la inmortalidad del alma; así también  es la concepción de la inmortalidad del alma la que le permite a Jesús decirle al ladrón que con la muerte no terminan todo, que se juntarían una vez ambos entraran en el estado de muerte.

En conclusión, favorezco la traducción que muestra la Reina Valera 1960 y la de cualquier otra versión de la Biblia que concuerde aquí con ella, porque es la que concuerda con la concepción de la inmortalidad del alma (con la cual se identificó Jesús), y que, por cierto, es la idea que tiene como telón de fondo la parábola del rico y Lázaro; concepción que también le permitiría a Jesús, sin problema alguno, afirmar y prometerle al ladrón, que una vez ambos muertos, se juntarían en el paraíso.  

Para cerrar, voy a citar la traducción de Lucas 23.43, que fue realizada por grupo no confesional, sino por un grupo de especialistas en filología griega, dirigidos por el muy conocido filólogo Antonio Piñero, cito: “Y le dijo: «Con seguridad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso»” («Todos los evangelios, traducción íntegra de las leguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», página 125).

En esta traducción, como en la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, la palabra “hoy” apunta al hecho (en armonía con la idea de la «inmortalidad el alma»), de que con la muerte se entra de manera inmediata y, en cierta forma, en el estado de retribución definitiva. 




2 comentarios:

  1. Mas claro niel agua. Excelente interpretacion

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  2. Todo lo que Olea expone yo lo he sabido desde hace más de 40 años, pero la mejor forma de explicarlo me parece que es esta que este ilustre biblista usa en su artículo. Sencillamente, excelente. Me siento de haber sido aunque sea un mediocre profesor para el Benjamín. El supo suplir con su esfuerzo nuestras limitaciones. Felicitaciones otra vez.

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