viernes, 28 de octubre de 2011

La Biblia se resiste a ser esclavizada por «católicos» y «protestantes»

¿Afirma 2 Timoteo 3.16 la inspiración de los 66 (o 73) libros de la Biblia, o más bien establece la utilidad y valor de un libro inspirado por Dios?


«Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo, mi libro que lleva como título: La Biblia misma no afirma ser «inspirada»Un análisis y comentario crítico, exegético y valiente del texto griego de 2 Timoteo  3.16y otros catorce artículos de mucho interés.

Te desafío a esta interesante lectura y podrás comprobar tu mismo que es lo que realmente dice el texto griego ( el texto fuente usado para la traducción) de 2 Timoteo 3.16.


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día? 

lunes, 17 de octubre de 2011

La «Reforma protestante» nos invita a ser inclusivos A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»

La «Reforma protestante» nos invita a ser inclusivos
A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»
Héctor B. Olea C.
La «Reforma protestante» ha conllevado enormes desafíos hacia lo interno del cristianismo en su pluralidad. Por un lado, el cristianismo católico romano ha sido empujado a admitir que no posee el monopolio del cristianismo. Por otro lado, el protestantismo ha tenido que reconocer que tiene un pasado (¿y futuro?) común con las demás expresiones históricas del cristianismo, pues tampoco tiene el monopolio de la fe cristiana.
Precisamente respecto del monopolio de la fe cristiana que ha pretendido tener el cristianismo católico romano (pero que en realidad no tiene; por supuesto, tampoco el cristianismo protestante y evangélico); son importantes aquí las palabras del teólogo católico Gumersindo Lorenzo Salas, quien, desde una postura no simplista, crítica y no inocente frente a su propia tradición teológico-eclesial, afirma:
“La Iglesia (la católica) se ha hecho demasiado pequeña como para que pueda representar a toda la realidad del cristianismo. Así es, pues el cristianismo es de suyo «uno», pero pluriforme y multidimensional (iglesias cristianas en plural). Las iglesias (cristianas) son varias, distintas y «separadas», lo cual indica que ninguna iglesia contiene todo el cristianismo. Es verdad que el desarrollo «histórico» de la vida cristiana está, como decimos, supeditado o relacionado con la Iglesia (la católica), pero ésta, en realidad, no deja de ser sólo una «parte» del cristianismo” («Evangelio, Iglesia y Cristianismo, historia y dialéctica», página 82, publicada por Ediciones El Almendro, año 1991).









Además, “No hay cristianismo sin Iglesia, pero la Iglesia tiene que someterse una y otra vez a la medida de Jesús mismo y tiene que consentir que Él la llame al orden. En efecto, la Iglesia reclama prolongar y continuar la causa de Jesús. Por tanto, tiene que permitir que por Él se la mida y se la critique. Jesús no es sólo origen, sino norma de la Iglesia. Por consiguiente, es legítimo y también necesario preguntar hasta qué punto está de cuerdo la imagen de una Iglesia concreta con lo que Jesús quiso y sigue queriendo. La Iglesia tiene que estar dispuesta a dejarse cuestionar una y otra vez a partir de su origen, y desde ahí a reformarse constantemente” (obra citada, páginas 144-145).
Ahora bien, como ejemplo de una expresión y opinión oficial e institucional del cristianismo católico romano, traigo a colación dos declaraciones dogmáticas del Concilio Vaticano II (1962-1965), que ponen de manifiesto la perspectiva desde la cual la Iglesia católica ha tenido que ver y expresarse respecto de las Iglesias y comunidades cristianas protestantes y evangélicas (y otras), cito:
“La Iglesia se siente unida por varios vínculos con todos los que se honran con el nombre de cristianos, por estar bautizados, aunque no profesan íntegramente la fe, o no conservan la unidad de comunión bajo el Sucesor de Pedro. Muchos, pues, conservan la Sagrada Escritura como norma de fe y vida, y manifiestan celo religiosos, creen en el amor de Dios Padre todopoderoso, y en Cristo Hijo de Dio y Salvador, están marcados con el bautismo, por el que se unen a Cristo, y hasta reconocer y aceptan, en sus propias Iglesias o comunidades eclesiales, otros sacramentos” («Constitución Dogmática Lumen Gentium Sobre la Iglesia, sección: Vínculos de la Iglesia con los cristianos no católicos»).
Además, “…Por ello, las Iglesias y Comunidades separadas, aunque creemos que padecen deficiencias, de ninguna manera están desprovistas de sentido y valor en el misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia católica” («Decreto Unitatis Redintegratio Sobre el Ecumenismo, sección: Relación de los hermanos separados con la Iglesia católica»).
¿Se notan, pues, las concesiones que, hasta cierto punto, se siente obligada la Iglesia católica a hacerle (¿reconocerle?) a las comunidades cristianas protestantes y evangélicas (y otras)?
Por otra parte, no podemos perder de vista el hecho de que en realidad el cristianismo tiene tres manifestaciones o corrientes históricas principales: el cristianismo representado por la iglesia ortodoxa, el cristianismo representado por la iglesia católica y romana, y el cristianismo de corte protestante. La historia nos dice que después de muchas tensiones, en el año 1054 tuvo lugar el llamado “cisma de oriente”, cuando se dio la definitiva separación entre la iglesia ortodoxa (iglesia oriental) y la iglesia católica (iglesia occidental). Luego, a partir del 31 de octubre de 1517 se inició un proceso irreversible que a la larga provocaría la expulsión de Martín Lutero y sus seguidores de las filas del cristianismo católico romano, y que también daría origen al movimiento protestante (cristianismo protestante, y de éste el cristianismo protestante y evangélico).
No obstante, no me rehúso a admitir el que quizás deba hablarse, a partir de 1534 de una cuarta corriente: la anglicana que, aunque es hija del movimiento reformador en Inglaterra; se considera católica, pero no romana; y evangélica, aunque no protestante.
El «cristianismo protestante» no es más que el fruto de un desgajamiento, pura y sencillamente, de una gran corriente del cristianismo histórico: el cristianismo católico y romano. La «Reforma protestante» no tuvo nada que ver con el cristianismo representado por la Iglesia ortodoxa griega. Por cierto, mientras que el cristianismo católico romano tiene a Pedro como su figura cimera; el cristianismo representado por la iglesia ortodoxa griega asume a Pablo como su mentor. Los movimientos que involucra el cristianismo protestante tienen sus propios y específicos mentores que, a su vez, son muy diversos, y ninguno logra se colocado en el mismo pedestal por todas las comunidades de todo el cristianismo protestante.
La «Reforma protestante» nos invita a considerar las más diversas formas en que Dios puede actuar, y de hecho actúa, en el devenir histórico de la existencia humana. Ahora bien, en verdad esta invitación debiera ser seriamente ponderada con humildad por todas las expresiones históricas de la fe cristiana, no sólo por las iglesias o comunidades cristianas protestantes y evangélicas.
Quiero insistir, finalmente, en que las iglesias que deben su existencia precisamente a algún movimiento reformador, no deben ahora, en consecuencia, oponerse y satanizar el hecho de que la iglesia debe seguir reformándose. En ese dinámico proceso de crítica, cuestionamiento y reforma, es precisamente donde podemos hallar algunas formas concretas en que Dios desea actuar en nuestro mundo, en nuestra existencia, en nuestro tiempo, y en nuestro contexto.
¡Dios bendiga y estimule la reforma de la iglesia, hoy como en 1517, mañana y siempre!

¡Hasta la próxima!

sábado, 15 de octubre de 2011

Protestantismo y diversidad doctrinal A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»

Protestantismo y diversidad doctrinal
A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»

Héctor B. Olea C.

Al conmemorarse el 494 aniversario de la «Reforma Protestante», tenemos que reconocer que de las cuatro principales corrientes históricas del cristianismo (la ortodoxa griega, la católica romana, la protestante, y la anglicana), precisamente la que ha mostrado mayor capacidad de fragmentación y división, por un lado; e incapacidad para mantenerse cohesionada, por otro, es coincidencialmente, la protestante.

A continuación menciono una serie de publicaciones (libros y estudios) que dejan ver las dificultades que existen en el protestantismo (y “protestantismo evangélico” como quizás preferían algunas personas) en lo relativo a la falta de consenso y a la esencial diversidad doctrinal que lo caracteriza.

Ciertamente nos es preciso reconocer que en muchas ocasiones esta saludable e intrínseca diversidad doctrinal (propia del cristianismo protestante), es muy mal manejada y origina ciertas tensiones en su seno, precisamente por la manera tan radical en que en muchas ocasiones se asumen ciertas posturas en este campo o aspecto.

De todos modos, ante la imposibilidad de imponer y fijar una única postura como “ortodoxia” válida y aceptada por todas las comunidades cristianas protestantes (históricas) y evangélicas; pienso que es saludable el procurar estar al tanto de esta realidad, ver su lado positivo, comprenderla, manejarla con prudencia y espíritu de humildad, evitando a ultranza su satanización.
Después de estas palabras a modo de introducción, paso a abordar el tema planteado.

Una obra que analiza la problemática relativa a la falta de consenso en el cristianismo protestante, tocante a ciertas doctrinas específicas como la trinidad, los sacramentos, la predestinación, el libre albedrío, etc.); es la interesante obra de Erwin Lutzer, titulada «Doctrinas que dividen» (título probablemente un tanto cuestionable para algunas personas), publicada por Editorial Patmos, año 2001. Es preciso puntualizar que esta obra en ciertos aspectos va mucho más allá de la simple división doctrinal en la corriente del cristianismo protestante, pues analiza casos o situaciones que son más bien propias y parte de la problemática doctrinal y teológica del cristianismo como tal.

Respecto al tema de las finanzas y cómo manejar el tema del diezmo y las ofrendas (tema sumamente problemático y que origina mucha tensión), tenemos como un buen ejemplo, el libro: «¿A quién pertenece el dinero?» de John MacArthur. Esta obra fue publicada por Editorial Patmos en el año 2009.
Con relación a las diversas posturas relativas a la manifestación del Espíritu Santo, los dones espirituales, el hablar en lenguas, la llenura del Espíritu Santo, y otros; puedo mencionar una obra muy ilustrativa. Se trata del libro «Los carismáticos, una perspectiva doctrinal», Un análisis de las diferencias doctrinales entre los carismáticos y no carismáticos; de John MacArthur. Esta obra fue publicada por Casa Bautista de Publicaciones en el año 1995.

Respecto de la escatología y las diversas opiniones que tienen lugar en el seno de la comunidad protestante y evangélica, voy a mencionar dos obras. La primera es «Diccionario de Teología Premilenarista» (cuya elaboración contó con la participación de más de 50 estudiosos y contribuyentes) publicado por Editorial Patmos. Su redactor general fue Mal Clouch. La quinta edición de esta obra se publicó en el año 2003.

La segunda obra que quiero mencionar en esta categoría se titula «Tres puntos de vista del milenio y el más allá». Esta obra tiene como editor general a Darrel L. Bock, y cuenta con la contribución de Craig A. Blaising (Premilenialismo); Keneth L. Gentry Jr. (Posmilenialismo); y Robert B. Strimple (Aamilenialismo). Fue publicada por Editorial Vida en el año 2004.

En lo relativo específicamente a los dones de milagros, es interesante el resumen que plantea el libro «Son vigentes los dones milagrosos, cuatro puntos de vista». Esta obra fue publicada por Editorial CLIE en el año 2004. Tiene como editor general a Wayne A. Grudem. Los contribuyentes son: Richard B Gaffin r. (La postura cesacionista); Robert L. Saucy (La postura abierta, pero cautelosa); C. Samuel Storms (La postura de la tercera ola); y Douglas A. Oss (La postura pentecostal carismática).

Con relación al tema de la participación de la mujer en el ministerio y de las posibilidades o no, de lo legítimo o no de su ordenación; tenemos como ejemplo el libro «Mujeres en el ministerio, cuatro puntos de vista». Esta obra fue publicada por Editorial CLIE en el año 2005. Tiene como editores a Bonnidell Clouse y Robert G. Clouse. Este libro cuenta con la contribución de las siguientes personas: Robert D. Culver (Una postura tradicionalista: las mujeres guarden silencio); Susan T. Fob (Una postura en pro del liderazgo masculino: La cabeza de la mujer es el hombre); Walter L. Liefeld (Una postura en pro del ministerio plural: vuestros hijos e hijas profetizarán); Alvera Mickelsen (Una postura en pro de la igualdad: en Cristo, no hay hombre ni mujer).

Finalmente, respecto de algunos tipos de liderazgos eclesiales y su relación con el resto de la feligresía, así como de los abusos que se producen en esta área; un libro muy interesante es la obra «Escrituras torcidas, liberándose de las iglesias que abusan». Esta obra tiene como autora a Mary Alice Chrnalogar. 
Fue publicada por Editorial Vida en el año 2006.

Otras obras de consulta obligada, a los fines de conocer y constatar, comprender y manejar las particulares posturas doctrinales de cada corriente teológico-eclesial del cristianismo protestante; lo constituyen las diversas y oficiales publicaciones institucionales (confesiones de fe, declaraciones de fe, catecismos, resúmenes doctrinales, etc.) de cada una de las tradiciones teológico-eclesiales que tienen lugar en el cristianismo protestante y evangélico.

Ahora bien, lo interesante de todo esto es que la Biblia está en el centro de todas estas discusiones, y los seguidores de cada postura doctrinal y teológica apelan a ella para fundamentar sus opciones y preferencias doctrinales (¿Sola Escritura?). Mi pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cómo es posible seguir insistiendo y presumiendo del famoso lema de la Reforma Protestante, el de “Sola Escritura”? ¿Es que es tan difícil percibir lo ilusorio de este concepto en la práctica?

Esta esencial y hasta problemática diversidad doctrinal del cristianismo protestante y evangélico, pone de manifiesto el hecho de que en la interpretación de la Biblia y en el proceso de elaboración teológica hay muchas más cosas (factores) envueltas e implicadas, que sólo fe, oración, Espíritu Santo y textos bíblicos (la Escritura).

Pienso que al llegar a este punto son sumamente valiosas y muy ilustrativas las siguientes palabras de Walter Brueggemann, cito:

“No existe exégesis sin premisas. Las premisas que rigen la exégesis, ocultas o reconocidas, surgen de la comunidad en la que y para la que se lleva a cabo la interpretación. Así, en la práctica, la autoridad de la Escritura está íntimamente unida a las reclamaciones de la comunidad interpretativa, una realidad no fácilmente aceptada en el protestantismo. Esta conciencia no está demasiado lejos de la fórmula tridentina de Escritura y tradición, si la tradición se comprende como la lente de la interpretación. Tal lente está presente en las tradiciones de la Reforma, pues no desaparece con el slogan sola scriptura” («Teología del Antiguo Testamento, un juicio a YAHVE», página 18, publicada por Ediciones Sígueme, año 2007).

Con relación a forma en que el Concilio de Trento se expresó respecto de la relación entre Escritura y tradición, Walter Brueggemann, plantea:

“El concilio de Trento se resistió al esfuerzo de la Reforma por lograr una interpretación de la Biblia libre de la autoridad interpretativa de la iglesia. La formulación tridentina de la autoridad es que la verdad cristiana mana de dos fuentes: la Escritura y la tradición. Con tradición se refiere al contenido acumulado de enseñanza eclesial, de modo que la Biblia será escuchada y comprendida de acuerdo con las categorías de la fe de la iglesia católica”.

Sigue Walter Bruegeeman diciendo: “Cuando la polémica de Trento se entiende en su contexto, resulta evidente que el concilio estaba en lo correcto en su formulación, aunque en aquella situación polémica el cristianismo de la Reforma no podía aceptar la forma en que se llevaba a cabo en la iglesia católica de Roma. Sin embargo, es cierto que la escritura no puede comprenderse al margen de la constante función de la tradición comunitaria. Ni siquiera los principales reformadores creían que la Escritura podía existir al margen de una comunidad interpretativa permanente con premisas interpretativas ya declaradas” (obra citada, página 18).

En conclusión, la esencial y característica diversidad doctrinal que manifiesta el cristianismo protestante, es la principal evidencia de lo ilusorio e inaplicable del lema “Sola Escritura”. Por otro lado, también pone en evidencia la real, e ineludible existencia de muchísimos magisterios eclesiásticos a lo interno del protestantismo, aunque haya quienes se resistan vanamente a admitir esta realidad todavía hoy, en el contexto de la conmemoración del 494 aniversario de la «Reforma protestante».

¡Hasta la próxima!

¿Afirma 2 Timoteo 3.16 la inspiración de los 66 (o 73) libros de la Biblia, o más bien establece la utilidad y valor de un libro inspirado por Dios?


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?              

jueves, 13 de octubre de 2011

A los “Luteros” y “Luteras” de hoy Algunas observaciones pertinentes

A los “Luteros” y “Luteras” de hoy
Algunas observaciones pertinentes

Héctor B. Olea C.

Recordar, reflexionar y analizar las hazañas de ciertos personajes notables y destacados del pasado (incluso del presente), siempre es una tarea aleccionadora, estimulante y apasionante.

Sin embargo, cuando se procura e intenta pasar del análisis a la acción, de la reflexión a la aplicación, algunos problemas, sin duda, pueden surgir. Las dificultades se hacen presentes cuando tratamos de emular las ideas y las acciones de tales personajes; cuando tratamos de aplicar y concretar en nuestra propia realidad contextual esas ideas, pensamientos y acciones.

Las personas (hombres y mujeres) que en el presente estén dispuestas a asumir los riesgos y consecuencias del pretender reformar el cristianismo protestante institucionalizado de hoy; les sugiero comenzar por asumir una lectura y postura crítica y no inocente de la realidad e historia de su propia tradición teológico-eclesial. Es en dicho ámbito, en su propio contexto teológico vital donde se debe comenzar dar muestras de que se tienen venas de inconformista y reformador (a).

Ahora bien, el principio al que hago referencia (comenzar por reformar el propio contexto teológico-eclesial vital) haya su fundamento, respecto de la figura de 
Martín Lutero mismo, en las siguientes realidades:

En primer lugar, cuando Martín Lutero clava sus famosas y legendarias 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, en realidad no lo hace como un tradicional evangélico o “protestante” (en el sentido posterior y conocido del término); sino como un fraile católico agustino; es decir, lo hace en y como parte de un contexto teológico-eclesial vital: la Iglesia Católica y Romana.

En segundo lugar, hasta el año 1521 (cuatro años después de publicar sus 95 tesis), Martín Lutero se mantuvo siendo lo que era, un fraile católico agustino, defendiendo sus ideas, su postura, en fin, su inconformismo; luchando en un ambiente tenso y hostil, en el terreno mismo de su propia iglesia católica y romana. Por otro lado y, en este mismo sentido, no podemos perder de vista el hecho de que en realidad Martín Lutero no tenía en mente salir de su iglesia; fue más bien su iglesia la que decidió excomulgarlo ante la persistencia y resistencia a retractarse por parte de Martín Lutero. Ante esta reacción por parte de su iglesia, a Lutero no le quedó más opción que formar tienda aparte, sin ésta haber sido su meta al principio de la contienda.

A continuación un breve resumen del proceso histórico que llevó a Martín Lutero a su expulsión de la Iglesia Católica (tomando como referencia básica los datos proporcionados por Wikipedia):

1) El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clava sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg (en realidad ha Lutero había iniciado sus ataques contra las indulgencias con varios sermones en 1516).

2) En 1518 el Papa León X ordenó en al profesor dominico de teología Silvestre Mazzolini investigar el tema Lutero.

3) En enero de 1519 en una conferencia con el chambelán papal Karl von Miltitz en Altenburgo, Lutero decide guardar silencio en tanto así lo hicieran sus oponentes. También tomó la decisión de escribir una humilde carta al Papa y componer un tratado demostrando sus respetos a la Iglesia católica. La carta escrita nunca fue enviada, debido a que no contenía retractación alguna.

4) También en el mismo año 1519 (27 de junio18 de julio) cuando Johann Eck retó a Carlstadt, un colega de Lutero, a un debate en Leipzig; Lutero se unió a este debate, en el curso del cual negó el derecho divino del solio papal y la autoridad de poseer el "poder de las llaves", que según él había sido otorgado a la Iglesia (como congregación de fe).

5) En junio de 1520 (el día 15), con la con la bula papal Exsurge Domine, el Papa lea advierte a Martín Lutero de que se arriesgaba a la excomunión, a menos que en un plazo de sesenta días repudiara 41 puntos de su doctrina seleccionados de sus escritos.

6) En octubre de 1520 Lutero envió su escrito En la Libertad de un Cristiano al Papa, añadiendo la frase significativa: "Yo no me someto a leyes al interpretar la palabra de Dios". Mientras tanto, se había rumoreado en agosto que Eck había llegado a Meissen con una prohibición papal, la cual se pronunció realmente el 21 de septiembre.

7) El 12 de diciembre de 1520 Lutero quema la bula papal Exsurge Domine, con la cual el Papa León X le advertía de su posible excomunión.

8) El 3 de enero de 1521 el Papa León X excomulga a Lutero, mediante la bula Decet Romanum Pontificem.

9) El 22 de enero de 1521 el emperador Carlos V inauguró la Dieta imperial de Worms,a la cual fue invitado Lutero con la intención de que renunciara o reafirmara su doctrina, otorgándosele un salvoconducto para garantizar su seguridad. Allí mantiene Martín Lutero su postura.

En tercer lugar, tampoco podemos perder de vista que el calificativo de “protestante” es muy posterior a los hechos del 31 de octubre del año 1517 relacionados con Martín Lutero.

El origen del nombre protestante se explica porque en 1529, Carlos V convoca una Dieta en la ciudad de Spira y en ella intenta convencer a los nobles que se han convertido al luteranismo, para que se sometan a la autoridad del Papa, pero los príncipes y señores luteranos se niegan y protestan en la convocatoria de la Dieta, y a causa de esta protesta los católicos comenzarán a llamarlos con el nombre de “Protestantes”.

A la luz del origen histórico del nombre “protestante” (en 1529), se hace necesario asumir una postura crítica y considerar un tanto desacertada la idea de adoptar el 31 de octubre como “día de la reforma protestante”. Me explico. Si bien existe un consenso en concebir la Reforma protestante como un movimiento del siglo XVI, lo cierto es que éste encuentra sus antecedentes alrededor del siglo XIV.

Al respecto, se pronuncia Justo L. González, cito: “Aunque es costumbre comenzar los libros acerca de la Reforma tratando acerca de Alemania y la experiencia y teología de Lutero, el hecho es que el trasfondo político y eclesiástico de la época puede entenderse mejor tomando otros puntos de partida” («Historia del cristianismo», tomo 2, página 22).

Pues bien, el punto de partida adoptado por Justo L. González es la figura de Isabel la Católica. Gonzáles defiende su punto de partida afirmando que tiene algunas ventajas; aquí traigo a colación sólo tres: 1) Que muestra la continuidad entre las ansias reformadoras anteriores y los acontecimientos del siglo XVI. Lutero no apareció en medio del vacío, sino que fue el resultado de los “sueños frustrados” de generaciones anteriores. 2) Que ayuda trazar mejor el marco político dentro del cual tuvieron lugar acontecimientos político-sociales que frecuentemente se describen en un plano puramente teológico. 3) Mucho antes de la protesta de Lutero, las ansias reformadoras se habían posesionado de buena parte de España, precisamente gracias a la obra de Isabel y sus colaboradores. La reforma católica, que muchas veces recibe el nombre de “contrarreforma” resulta ser anterior a la protestante, si no nos olvidamos de lo que estaba teniendo lugar en España en tiempos de Isabel, y a principios del reinado de Carlos V” (obra citada, página 22).

Finalmente, respecto de la figura de Isabel la Católica, Justo L. González plantea: “El nombre de Isabel la Católica se mezca con la historia toda de la Reforma del siglo XVI, no solamente por ser ella la principal promotora de la reforma católica española, sino también porque sus descendientes se vieron involucrados en muchos de los acontecimientos ligados a la Reforma protestante” (obra citada, página 31).

Otros antecedentes del movimiento propiamente luterano, que podemos mencionar son: Juan Wiclif (reformador inglés que vivió entre 1329 y el 1384, es considerado como la estrella matutina de la reforma, influenció a Juan Hus y a sus seguidores). Juan Hus (reformador checo, que vivió del 1373 al 1415, fue quemado en la hoguera).

Ahora bien, se comprende la adopción del 31 de octubre de 1517 como inicio de la Reforma protestante, con base en el hecho de que, si bien hubo personas que con sus acciones, escritos y enseñanzas precedieron a Martín Lutero, fue; sin embargo, con éste (en su momento y contexto histórico), cuando se dieron las circunstancias históricas específicas (sociales, políticas, económicas, culturales, etc.) que permiten considerar la acción de Martín Lutero del 31 de octubre de año 1517 como el inicio de la Reforma protestante.

En consecuencia, se ha de comprender, pues, que las acciones de Lutero del 31 de octubre de 1517 no fueron las de una persona “protestante” (en el sentido actual del término); sino más bien y, propiamente, las de un líder y pensador católico que pensó que, sin verse obligado a salir de su iglesia, podía esperar algunos cambios, mejoras y rectificaciones en la misma.

Cuando Lutero clava sus 95 tesis no pretendía crear el “luteranismo”, ni ser el cabecilla de un movimiento que habría de llamarse “Reforma protestante”; simplemente fue el acto voluntario y libre de una persona que, sin dejar de ser consciente del valor de su tradición teológica-eclesial (la católica y romana), no obstante, consideraba y entendía que la misma debía moderar y hasta rectificar algunas posturas. Las acciones de Lutero fueron las acciones de una persona que aceptó el desafío de promover lo que en realidad pensaba y creía, a pesar de lo que en ese momento creía y pensaba su iglesia. Martín Lutero fue una persona que aceptó la oportunidad y desafío que le presentó su situación histórica; oportunidades y desafío que no evadió. Martín Lutero fue una persona que supo aceptar el reto de casarse con la historia.

En conclusión y, a la manera de Martín Lutero, el desafío para un “Lutero” y “Lutera” hoy, inconforme y seriamente comprometido con ideas reformadoras; consiste en iniciar cualquier proceso de transformación, mejora y rectificación de la fe cristiana, demandando, envuelto y asumiendo los riesgos implicados en la renovación y rectificación de su propia tradición teológico-eclesial. Esto implica, ante todo, el asumir una postura crítica y revisionista, en primer lugar, frente a la realidad histórica (que supone aciertos y desaciertos) de su propia tradición teológico-eclesial (la suya misma), y no frente a las tradiciones teológico-eclesiales que compiten con la suya.

Pienso que sólo de esta manera (siendo crítico de su propia tradición teológico-eclesial), se gana el derecho a demandar o sugerir, el “Lutero” y la “Lutera” de hoy, la rectificación de otras tradiciones teológico-eclesiales ajenas a la suya. El mayor desafío de los “Luteros” y “Luteras” de hoy, es comenzar cualquier proceso de reforma, revisión y rectificación por la propia tradición teológico-eclesial.

En conclusión y, a la manera de Martín Lutero, el desafío para un “Lutero” y “Lutera” de hoy, cuyo contexto sea la tradición teológico-eclesial adventista, es procurar que esta produzca y favorezca los procesos de reforma y rectificación que demanda la misma.

Igualmente, el desafío para un “Lutero” y “Lutera” de hoy, cuyo contexto sea la tradición teológico-eclesial bautista, es procurar que esta produzca y favorezca los procesos de reforma y rectificación que demanda la tradición bautista.

El desafío para un “Lutero” y “Lutera” de hoy, cuyo contexto sea la tradición teológico-eclesial reformada o presbiteriana, es procurar que esta produzca y favorezca los procesos de reforma y rectificación que demanda la tradición reformada.

El desafío para un “Lutero” y “Lutera” de hoy, cuyo contexto sea la tradición teológico-eclesial pentecostal, es procurar que esta produzca y favorezca los procesos de reforma y rectificación que demanda la tradición pentecostal.
El desafío para un “Lutero” y “Lutera” de hoy, cuyo contexto sea la tradición teológico-eclesial arminio-wesleyana, es procurar que esta produzca y favorezca los procesos de reforma y rectificación que demanda la tradición arminio-wesleyana.

En fin, todo lo dicho aquí respecto de las tradiciones teológico-eclesiales mencionadas a manera de ejemplos; es lo mismo que se ha de esperar respecto de cualquier “Lutero” y “Lutera” sin importar la tradición teológico-eclesial en la que se encuentren inmersos y que tengan como contexto teológico vital.

¡Hasta la próxima!

¿Afirma 2 Timoteo 3.16 la inspiración de los 66 (o 73) libros de la Biblia, o más bien establece la utilidad y valor de un libro inspirado por Dios?


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Te desafío a esta interesante lectura y podrás comprobar tu mismo que es lo que realmente dice el texto griego ( el texto fuente usado para la traducción) de 2 Timoteo 3.16.


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?