viernes, 29 de diciembre de 2017

La traducción de Juan 17.20 en perspectiva presente o futura


¿«Los que habrían de creer en mí» (perspectiva en tiempo futuro), o «Los que creen en mí» (perspectiva en tiempo presente)?

Héctor B. Olea C.

Ciertamente establece Juan una diferencia entre el grupo al que el Jesús joánico define como «los que me diste» (griego «jus édokas moi»), Juan 17.6, 9, 11,12, 18, 19, presumiblemente los discípulos originales de Jesús (compárese el versículo 12), y los que se sumaron, se sumaban y se sumarían a partir de la palabra de éstos (versículos 20-26).

Ahora bien, si bien es innegable la perspectiva en futuro de Juan 17.20, llama la atención que el texto griego del pasaje en cuestión tiene un participio articular (con artículo) en tiempo presente, voz activa, y en caso genitivo masculino plural, del verbo «pistéuo»  (yo creo, yo tengo fe), o sea, «pisteuónton» (los que creen o tienen fe, los que han de creer o tener fe, y seguirán creyendo, teniendo fe).

Consecuentemente, el que Juan haya empleado el participio presente «pisteuónton», pone de relieve que éste no tenía en mente sencillamente a la persona que por un momento cree o tiene fe; sino y más bien a la persona “que cree” y “se mantiene creyendo”.

Por otro lado, es precisamente esta misma idea la que comunica el participio articular, y por igual en tiempo presente, «jo pistéuon» (participio presente, voz activa, en caso nominativo singular masculino, del verbo «pistéuo»), en Juan 3.16, o sea, la persona que cree, la persona creyente (fe actual y contemporánea).  

De todos modos, considerando la traducción de Juan 17.20 en algunas reconocidas versiones de la Biblia, se nota que ha dominado la traducción en perspectiva en tiempo futuro. Observemos:

«Nueva Traducción Viviente (NTV)»

“No te pido solo por estos discípulos, sino también «por todos los que creerán» en mí por el mensaje de ellos”.

«Nueva Versión Internacional (NVI)»

“No ruego solo por estos. Ruego también «por los que han de creer» en mí por el mensaje de ellos”.

«Reina Valera Contemporánea (RVC)»

“Pero no ruego solamente por éstos, sino también «por los que han de creer» en mí por la palabra de ellos”.
«Kadosh Israelita Mesiánica»

"Oro, no sólo por éstos, sino también «por aquellos que confiarán» en mí por la palabra de ellos”.

«Biblia de Jerusalén 1998»

“No ruego sólo por éstos, sino también «por aquellos que, por medio de su palabra, creerán» en mí”.

«Biblia Universidad de Jerusalem»

“No ruego sólo por éstos, sino también «por aquellos que, por medio de su palabra, creerán» en mí”.

«La Biblia Textual 3a Edición»

“Pero no ruego sólo por éstos, sino también «por los que han de creer» en mí por la palabra de ellos”.

«Nacar-Colunga»

“Pero no ruego sólo por éstos, sino «por cuantos crean» en mí por su palabra”.

Ahora bien, es comprensible que haya imperado la traducción en perspectiva en futuro, en virtud de que no tiene el castellano una forma precisa de comunicar la idea del participio presente del griego koiné, que apunta a una idea siempre actual y contemporánea, y no meramente futura, o sencillamente potencial (en modo subjuntivo, en la línea de la traducción que hizo la versión de la Biblia «Nacar-Colunga»: «por cuantos crean»).

De todos modos, a pesar de lo que hemos dicho, Max Zerwick («Análisis gramatical del griego del Nuevo Testamento», Verbo Divino, 2008), plantea que el participio «ton pisteuónton» (“que creerán”) es un participio presente en lugar del participio futuro (cuando se esperaría el participio en tiempo futuro).

En esta misma línea va Roberto Hanna («Ayuda gramatical para el estudio del Nuevo Testamento Griego», Editorial Mundo Hispano, 1993), cuando plantea: “El participio de presente tiene aquí un sentido futurista (que describe una característica común: “los que creerán”).

En todo caso, cabe preguntar: ¿es erróneo y accidental el uso del participio en tiempo presente en lugar del participio en tiempo futuro, en Juan 17.20?

¿Habrá empleado el autor del Evangelio de Juan, el participio en tiempo presente de una manera deliberada, con una expresa intencionalidad, para llamar la atención al hecho que de que la fe viva, la fe que une a los seguidores de Jesús con éste es siempre actual, siempre contemporánea y persistente?  

Pienso que una manera adecuada de al menos intentar articular una respuesta satisfactoria a las dos preguntas planteadas, es analizando y poniendo de relieve la presencia y relevancia del participio en tiempo presente del verbo «pistéuo» en el cuarto Evangelio.

En primer lugar, observamos la presencia del participio «tois pistéuusin» en Juan 1.12. Es «tois pistéuusin» (“a los que creen”) un participio en tiempo presente, voz activa, en caso dativo masculino plural, del verbo «pistéuo». 
  
Ahora bien, a primera vista sorprende aquí la presencia del participio presente «tois pistéuusin» (“a los que creen”), sucediendo a la forma verbal en tiempo aoristo segundo «élabon» (recibieron). Esto así en virtud de que como ambas formas verbales están haciendo referencia al mismo grupo de personas, se esperaría que después de decir «a los que lo recibieron», se dijera, «a los que creyeron en su nombre» (en tiempo pasado); no obstante, insiste el autor del cuarto Evangelio en decir «a los que creen en su nombre» (en tiempo presente).

En segundo lugar, en Juan 3.15 y 16, observamos la presencia del participio «jo pistéuon», participio presente, voz activa, en caso nominativo masculino singular, del verbo «pistéuo». 

La idea a la que apunta aquí el participio «jo pistéuon» es que las personas que se mantengan fieles (los que creen) tienen vida eterna, y no simplemente las que algunas vez, o por un tiempo “creyeron” (compárese Marcos 4.8, 20; Mateo 13.8, 23; Lucas 8.8, 15). Por supuesto, en esta misma línea va la doble presencia del mismo participio articular «jo pistéuon» en Juan 3.18, tanto en la cláusula afirmativa (“la persona que cree”), como en la cláusula en negativo (“la persona que no cree”). 

En  tercer lugar, observamos la presencia del participio articular y en presente, «jo pistéuon» en Juan 3.36, apuntando a la persona que tiene vida eterna. Luego, llama la atención que su contraparte, a diferencia del versículo 18 que repitió el participo «jo pistéuon» pero con la partícula «me» (“no”), es ahora un participio igualmente en tiempo presente, voz activa y en caso nominativo masculino singular, «jo apeithón», del verbo «apeithéo»: “no creo, desobedezco, no soy fiel”.    

En todo caso, la idea comunicada sigue siendo la misma: una fe actual, contemporánea, y persistente en Jesús, el Hijo de Dios, produce vida eterna; consecuentemente, una fe no persistente, una increencia actual (persistente), no producirá los mismos resultados.   

En esta misma línea va la presencia de «akúon», participio en tiempo presente, voz activa, en caso nominativo masculino singular, sin artículo, del verbo «akúo»: “yo creo, yo tengo fe”; y de «pistéuon», pero esta vez sin artículo, en Juan 5.24.  

También va en esta misma línea la presencia del participio «pistéuon» en Juan 6.35 (con artículo: «jo pistéuon»), en el versículo 40 (sin artículo: «pistéuon») y en el versículo 47 (con artículo: «jo pistéuon»).

En cuarto lugar, constatamos la presencia del participio «joi pistéuontes» en Juan 6.64. Es pues, «joi pistéuontes» un participio presente, voz activa, caso nominativo masculino singular, del verbo «pistéuo». 

Ahora bien, el participio «joi pistéuontes» es precedido por la forma verbal «pistéuusin», en tiempo presente, voz activa, tercera persona plural del verbo «pistéuo». Emplea, pues, Juan, la forma verbal «pistéuusin» para señalar (en forma de discurso directo) que en el escenario en donde se encontraba Jesús había personas “que no creían”, “que no tenían fe”.

Luego emplea el participio presente «joi pistéuontes» para afirmar, en forma de discurso indirecto, que Jesús sabía quiénes eran los que no creían. Por otro lado, es preciso decir que además de la tendencia que vamos poniendo de relieve, emplea Juan aquí el participio presente «joi pistéuontes», porque en el discurso indirecto, el griego mantiene el mismo tiempo que se empleó en el discurso directo, en este caso, el tiempo presente.

En quinto lugar, observamos la presencia del participio presente «pistéuon», en Juan 7.38 («jo pistéuon»), en Juan 11.25 («jo pistéuon»), en Juan 11.26 («pistéuon», sin artículo), en Juan 12.44 y 46 («jo pistéuon»), y en Juan 14.12 («jo pistéuon»).      

Evidentemente, la presencia del participio presente de «pistéuo», en estos pasajes, articular («jo pistéuon») o no («pistéuon»), en lugar de una forma verbal en modo subjuntivo, indicando una simple acción verbal potencial (“crea”, “tenga fe”); parece poner de relieve la intención del autor del Evangelio de Juan de presentar la fe en Jesús como una fe que necesariamente tiene que ser actual, contemporánea, persistente.

En sexto lugar y finalmente, observamos la presencia del participio presente y sin  artículo, «pistéuontes», en Juan 20.31. Ahora bien, emplea aquí, Juan, el participio «pistéuontes», como complemento y explicación de una forma verbal en modo subjuntivo, y tiempo aoristo, acompañada de la conjunción «jina» («jína pistéusete»), indicando finalidad o propósito: “para que ustedes crean”.    

Ahora bien, llama la atención que después de la frase introducida con la expresión «jína pistéusete» (“para que ustedes crean”), o sea, “que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”; emplea el autor del cuarto Evangelio, la expresión «kái jína pistéuontes»: “y para que creyendo” (fe actual y persistente), “tengan vida en su nombre”.     

A modo de evaluación, pienso que podemos concluir que el análisis de la presencia y empleo de un participio presente en lugar de una forma verbal que apunte a una simple acción potencial, por el autor del cuarto Evangelio; no es accidental, sino deliberada y consciente, para subrayar el hecho de que la fe en Jesús asumido como el Cristo y el Hijo de Dios, es por necesidad una fe actual, contemporánea y persistente.   

En suma, Juan 17.20 no habla tanto de «los que por algún tiempo habrían de creer (tener fe) en Jesús» por medio de la palabra o mensaje de sus originales discípulos; sino y más bien, de los que para ese tiempo se considerarían “futuros fieles”, «los que creen  y siguen creyendo» (las personas que habrían de exhibir una fe actual, contemporánea y persistente); por supuesto, mediante la agencia de la palabra, mensaje o testimonio de los originales discípulos de Jesús, siendo prolongado su mensaje por las generaciones que los habrían de suceder.    

Final y consecuentemente, es preciso admitir que viene a poner de relieve el Evangelio de Juan, el cuarto Evangelio canónico, el fundamento apostólico de la comunidad universal de creyentes (fieles) en Jesús, asumido como el Cristo; así de sencillo.




domingo, 24 de diciembre de 2017

¡«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz»!, y se complicó el texto


Un análisis exegético, una perspectiva crítica   

Hécto B. Olea C. 

A modo de introducción:

Pienso que una manera inteligente de poner al tanto a mis lectoras y lectores del problema planteado en la traducción e interpretación del pasaje que nos ocupa, Lucas 2.14, es trayendo a colación la traducción que se lee de dicho pasaje en algunas conocidas versiones de la Biblia. A continuación y para tal fin, voy a citar nueve versiones de la Biblia.

1) «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»: “Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”

2) «Straubinger Biblia comentada»: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres (objeto) de la buena voluntad”

3) «Biblia Kadosh»: “¡En el más alto cielo, gloria a YAHWEH! ¡Y en la tierra, Shalom entre las personas de buena voluntad!"

4) «Reina Valera Actualizada 2003»: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!”

5) «Biblia de Jerusalén Latinoamericana»: “Gloria a Dios en las y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”

6) «Nueva Traducción Viviente (NTV)»: “Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace”

7) «Todos los evangelios» (traducción íntegra dirigida por Antonio Piñero): “”Gloria en las alturas a Dios y sobre la tierra paz para los hombres de buena voluntad”

8) «Reina Valera 1995» “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

9) «Biblia Peshita en español»: “Gloria a Dios en las alturas, y sobre la tierra paz y buena esperanza para los hombres”

Leyendo pues estas nueve versiones representativas, creo que nos ponemos al tanto del problema planteado. Por supuesto, quiero que se dirija toda la atención a la parte final del pasaje, o sea, aquella que en casi todas las versiones está después de la palabra “paz”.

Pasemos a analizar nuestro texto

I) Las diferencias que se observan en la traducción de la parte final de Lucas 2.14, como un problema de crítica textual

Ciertamente hay un problema de crítica textual en Lucas 2.14. La situación problemática se plantea en este aspecto como resultado de que hay dos lecturas alternativas del pasaje en cuestión. La primera lectura, la que cuenta con el apoyo de los testigos mejores y más antiguos, tiene la palabra «eudokías», que está en caso genitivo. Es esta la lectura que se lee en el texto griego crítico y en las ediciones del Nuevo Testamento Griego Nestlé-Aland, y la adoptaba como la más próxima a la original.

Al respecto se pronuncia Bruce M. Metzger en «Un Comentario textual al Nuevo Testamento al Texto Griego»: “La lectura es genitivo que es la más difícil cuenta con el apoyo de los testigos más antiguos representativos de los grupos Alejandrino y Occidental. El surgimiento de la lectura en nominativo puede explicarse como un retoque o como un descuido paleográfico (al final de una línea «eudokías» sería diferente de «eudokía» sólo por la presencia de la sigma lunar más pequeña posible, apenas un poco más grande que un punto por el que pudo haber sido tomada”.

Sigue Metzger diciendo: “Antes de que fueran descubiertos los manuscritos del Mar muerto, solía argumentarse que en hebreo la expresión “hombres de buena voluntad” (de Dios) era una expresión insólita, cuando no imposible. Pero ahora que se han encontrado en hebreo expresiones equivalente en varios himnos de Qumrán los hijos de su buena voluntad (de Dios) y los elegidos de su buena voluntad (de Dios) tal expresión puede considerarse como una construcción legítimamente semítica en una sección de Lucas que se caracteriza por construcciones de este tipo (caps. 1 y 2)”.

En la misma línea va Raymond E. Brown cuando afirma: “El genitivo eudokías está apoyado por los mejores manuscritos griegos y por las versiones latina y sahídica. Los manuscritos del Mar Muerto nos han proporcionado paralelos en hebreo (bené resonó) «hijos de su buena voluntad» y en arameo (enos reuteb) «un hombre de su buena voluntad» («El Nacimiento del Mesías», página 423).

Es preciso decir que esta es la lectura que reflejan y ha servido de base para siete de las versiones mencionadas arriba (y otras que hayan traducido a Lucas 2.14 de manera similar), exceptuando a la Reina Valera 1995 y la Biblia Peshita en español.

La segunda lectura es la que tiene la misma palabra «eudokía», pero en caso nominativo (obsérvese, sin la “s”).  Si bien esta lectura no cuenta con el apoyo textual con que cuenta la lectura con la palabra «eudokías» en genitivo; no obstante, es la que ha servido de base y reflejan algunas versiones de la Biblia, como la Reina Valera 1995 y la Biblia Peshita en español, y posiblemente otras que hayan traducido a Lucas 2.14 en forma similar.
Cierro esta sección confesando que en lo personal me identifico con la lectura que exhibe el texto crítico, o sea, con la palabra «eudokías», o sea, en genitivo. Obviamente y, como veremos más adelante, con optar por esta lectura todavía no se resuelve la problemática que envuelve la parte final de Lucas 2.14.

II) Las diferencias que se observan en la traducción de la parte final de Lucas 2.14, como un problema gramatical  

Como ya advertí antes, las siete versiones restantes mencionadas en la introducción, a excepción de la Reina Valera 1995 y la Biblia Peshita en español, concuerdan en asumir una misma lectura textual como base para su traducción, o sea, la lectura que tiene la palabra «eudokías», es decir, en caso genitivo.

Profundicemos ahora un poco más en torno a la palabra «eudokía», palabra que en Lucas 2.14 se tradujo como “buena voluntad” en la versión Reina Valera 1960.

Según el Léxico griego español del NT de Alfred Tuggy, la palabra «eudokía» tiene los siguientes significados: Agrado, complacencia, buena voluntad, anhelo, propósito, elección.  

Vale precisar que «eudokía» se la encuentra sólo en nueve ocasiones en todo el Nuevo Testamento, incluyendo a Lucas 2.14, a saber: Mateo 11.26; Lucas 10.21; Romanos 10.1; Efesios 1.5, 9; Filipenses 1.15; 2.13; 2 Tesalonicenses 1.11

Ahora bien, asumiendo como base la lectura con «eudokías», o sea, en caso genitivo, la problemática consiste en que hay dos formas de interpretar la misma palabra. 1) Como un «genitivo subjetivo»; 2) como un «genitivo objetivo».

En todo caso, si bien la traducción puede ser prácticamente la misma, en realidad el énfasis no es el mismo, como muy bien lo plantea Simón Kistemaker en su obra «Introducción al griego», página 155. El énfasis del genitivo subjetivo recae sobre el sujeto de la acción, mientras que el énfasis del genitivo objetivo recae sobre el objeto que recibe la acción.

En tal sentido, asumiendo a «eudokías» como un «genitivo subjetivo», la expresión «los hombres» sería el sujeto, y la traducción en consecuencia sería «entre los hombres de buena voluntad», «entre los hombres que poseen o tienen buena voluntad».

Pero asumiendo a «eudokías» como un «genitivo objetivo», la misma expresión «los hombres», sería más bien el complemento y objeto directo que recibe la acción. En tal sentido, la traducción lógica es «entre los hombres que son objeto de buena voluntad», «entre los hombres que reciben la buena voluntad de Dios», «entre los hombres en quienes Dios se complace».

III) El uso de «eudokía» en el resto de las veces en que ocurre en el NT:

Además de en Lucas 2.14, la palabra «eudokía» también se la encuentra en otros ocho textos del Nuevo Testamento, a saber:

Mateo 11.26 “26Sí, Padre, porque así te agradó («eudokía» en nominativo y Dios como sujeto)

Lucas 10.21 “21En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó («eudokía» en caso nominativo y teniendo a Dios como sujeto, el mismo caso de Mateo 11.26)

Romanos 10.1 “1Hermanos, ciertamente el anhelo («eudokía» en nominativo y el sujeto es Pablo) de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación

Efesios 1.5 “5en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto («eudokía» en acusativo y Dios es el sujeto) de su voluntad

Efesios 1.9 “9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito («eudokía», el mismo caso de Efesios 1.5), el cual se había propuesto en sí mismo

Filipenses 1.15 “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad («eudokía» en caso acusativo y el sujeto son seres humanos)

Filipenses 2.13 “13porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad («eudokía» en caso genitivo pero con una preposición; y Dios es el sujeto)

2 Tesalonicenses 1.11 “11Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito («eudokía» en caso acusativo y Dios es el sujeto) de bondad y toda obra de fe con su poder

Como lo demuestra el análisis que acabo de hacer, ciertamente no encontramos en el resto de las veces en que se usa «eudokía» en el NT un caso similar al de Lucas 2.14.

IV) Consideremos ahora el uso de «eudokía» en la versión griega del AT, o sea, la Septuaginta

La palabra «eudokía» se la encuentra en la Septuaginta, en los siguientes pasajes: 1 Crónicas 16.10; Salmo 5.12; 19.14; 51.18; 69.14; 141.5; 145.16, 
1 Crónicas 16.10 “Gloriaos en su santo nombre; Alégrese el corazón de los que buscan a Jehová” (la Septuaginta tradujo “alégrese el corazón de los que buscan su voluntad («eudokía» en caso acusativo)

Salmo 5.12 “Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor («eudokía» en genitivo singular o acusativo plural)”

Salmo 19.14 “Sean gratos («eudokía» en acusativo) los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”

Salmo 51.18 “Haz bien con tu benevolencia («eudokía» en dativo) a Sión. Edifica los muros de Jerusalén”

Salmo 69.13 “Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad («eudokía» en genitivo); Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, Por la verdad de tu salvación, escúchame”

Salmo 141.5 “Que el justo me castigue, será un favor, Y que me reprenda será un excelente bálsamo. Que no me herirá la cabeza; Pero mi oración será continuamente contra las maldades («eudokía» en dativo plural) de aquéllos”

Salmo 145.16 “Abres tu mano, Y colmas de bendición («eudokía» en acusativo plural) a todo ser viviente”

Como lo demuestra nuestro análisis, tampoco en la Septuaginta encontramos un caso similar al que encontramos en Lucas 2.14. En tal sentido, es única la situación con que nos encontramos en relación a la palabra «eudokía» en Lucas 2.14, y no sólo respecto del NT sino del AT también.

V) Retomemos ahora el análisis de Lucas 2.14

Ya había dicho antes que dejando al margen la lectura que tiene a «eudokía», o sea, en nominativo, que es la lectura que reflejan la versión «Reina Valera 1995» y  «Biblia Peshita en español», así como otras versiones que traducen de manera similar a éstas, cito:

«Reina Valera 1995» “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

«Biblia Peshita en español»: “Gloria a Dios en las alturas, y sobre la tierra paz y buena esperanza para los hombres”

También tenemos la lectura que han seguido la mayoría de versiones, que es la que tiene el texto crítico, y la serie del Nuevo Testamento griego Nestlé-Aland, la que tiene a «eudokías», o sea, en genitivo. Ahora bien, después de haber explicado que «eudokías», en genitivo, puede ser leído e interpretado en dos maneras: como «genitivo subjetivo» y «genitivo objetivo», quiero ahora hacer resaltar dichas opciones en algunas versiones de la Biblia.

En tal sentido, cito a continuación algunas de las versiones de la Biblia que han optado por asumir el «genitivo subjetivo»:

«Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»: “Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”

«Biblia Kadosh»: “¡En el más alto cielo, gloria a YAHWEH! ¡Y en la tierra, Shalom entre las personas de buena voluntad!"

«Reina Valera Actualizada 2003»: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!”

«Todos los evangelios» (traducción íntegra dirigida por Antonio Piñero): “”Gloria en las alturas a Dios y sobre la tierra paz para los hombres de buena voluntad”

Han optado, pues, por el «genitivo objetivo», las siguientes versiones, y otras que traduzcan de manera similar:

«Straubinger Biblia comentada»: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres (objeto) de la buena voluntad”

«Biblia de Jerusalén Latinoamericana»: “Gloria a Dios en las y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”

«Nueva Traducción Viviente (NTV)»: “Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace”

VI) Evaluación:

¿Cuál será la opción preferible y más acertada? ¿Qué habrá tenido en mente el autor del evangelio de Lucas cuando usó a «eudokías», o sea, en caso genitivo? ¿Habrá tenido en mente el «genitivo subjetivo», por el cual optaron las «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», La «Biblia Kadosh», la «Reina Valera Actualizada 2003», «Todos los evangelios» (traducción íntegra dirigida por Antonio Piñero) y otras?

¿Habrá tenido en mente el «genitivo objetivo», opción por la cual optaron «Straubinger Biblia comentada», «Biblia de Jerusalén Latinoamericana», la «Nueva Traducción Viviente (NTV)» y otras?

Es más, ¿en verdad habrá tenido en mente el autor de Lucas el genitivo («eudokías»), y no el nominativo («eudokía»)? Si bien esta pregunta no deje de tener valor, lo cierto es que desde la «Crítica textual», la opción por el caso nominativo no es una alternativa a considerar.  
¿Cuál genitivo concuerda más con el carácter general y matices propios del evangelio de  Lucas?  

En verdad debo confesar que muy probablemente nunca podremos estar del todo seguros respecto de la idea y de cual genitivo estaba en la mente del autor del evangelio de Lucas, por lo cual sea cual sea la opción que se escoja, sin duda no estará exenta de escollos. De todos modos, habiendo hecho las salvedades de lugar, pienso que podemos considerar ciertas pistas, que en cierta forma nos pueden ayudar en este sentido.

En primer lugar, en una línea contraria no sólo al genitivo sino al nominativo también, Raymond E. Brown cita la opinión de Schwarz, cito: “Schwarz (Lobgesang) que considera «eudokías» como una adición a un original de dos versos (compárese Lucas 19.38), piensa que se añadió porque la actitud cristiana era igual que la de Qumrán: la paz de Dios no es para todos, sino sólo para la comunidad elegida” («El Nacimiento del Mesías», página 423).

En segundo lugar, argumentando a favor de la presencia del genitivo «eudokías» pero como un «genitivo objetivo» y en contra del «genitivo subjetivo» aunque sin mencionarlo, Bruce M. Metzger plantea: el sentido, parece ser, no que la paz divina puede ser otorgada donde ya está presente la buena voluntad humana sino que, en el nacimiento del salvador, la paz de Dios reposa sobre aquellos a quienes él ha elegido según su buen parecer” («Un comentario textual al Nuevo Testamento griego», comentando a Lucas 2.14).

En tercer lugar, pero reaccionando en una línea contraria a Schwarz, incluso a la de Bruce M. Metzger, Raymond E. Brown, que por cierto se inclina por el «genitivo objetivo», afirma: “Pero Lucas 2.10 ha dicho que esta gran alegría es «para todo el pueblo»; por tanto, en el pensamiento lucano el favor de Dios es más amplio («El Nacimiento del Mesías», página 423).

En cuarto lugar, pienso que la interpretación de «eudokías» como un «genitivo subjetivo», se puede defender y hasta justificar apelando a ciertas características propias del evangelio de Lucas. Precisamente, llama la atención el hecho de que sólo en el evangelio de Lucas encontramos unos relatos en los que se pone de relieve la buena voluntad («eudokías» sin emplear dicha palabra por supuesto) socio-culturalmente insospechada o no esperada, de unos personajes, tales como: una mujer pecadora (Lucas 7.36-50); dos publicanos (Lucas 18.9-14; 19.1-10); dos samaritanos, un leproso y otro que no (Lucas 10.25-37; 17.11-19;

Conclusión: La problemática en torno a la parte final de Lucas 2.14, posiblemente insoluble del todo, involucra un problema textual, por un lado, y un problema gramatical por otro. De todos modos, al margen de la opción que se escoja, no es posible obviar que con base a los dos tipos de aspectos problemáticos de nuestro pasaje en cuestión; tenemos tres opciones, las cuales se reproducen y han encontrado lugar en las distintas versiones de la Biblia.

Concluyo reafirmando las tres opciones mencionadas:

1) La lectura que tiene el nominativo, o sean «eudokía», que aunque no tiene un apoyo textual de la misma calidad que la que tiene el genitivo, todavía ha sido la opción asumida por algunas versiones de la Biblia. Esta es la lectura que reflejan y se lee en la Reina Valera 1995, la Biblia Peshita en español y otras versiones que concuerden con estas en su traducción de la parte final de Lucas 2.14: “buena voluntad para con los hombres”

2) La lectura que asume al genitivo «eudokías» como un «genitivo objetivo», que es la opción tomada y reflejada y leída en las siguientes versiones: «Straubinger Biblia comentada», «Biblia de Jerusalén Latinoamericana», «Nueva Traducción Viviente (NTV)» y otras.  

3) La lectura que asume el genitivo «eudokías» como un «genitivo subjetivo», que es la opción tomada, reflejada y leída en las siguientes versiones: «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», «Biblia Kadosh», «Reina Valera Actualizada 2003», «Todos los evangelios» (traducción íntegra dirigida por Antonio Piñero) y otras.  

Un consejo para las versiones de la Biblia. Soy de la opinión de que al margen de la opción que escoja una determinada versión de la Biblia; sería ideal que en una nota al pie de página, se ponga al tanto a las personas lectoras de la problemática que hay en torno a la parte final de Lucas 2.14, y de las otras alternativas que hay respecto de su traducción.

De todos modos, desde la «Crítica textual», no son acertadas las versiones de la Biblia que reflejan la presencia del caso nominativo, o sea, «eudokía».  

Desde la crítica textual, han procedido de manera acertada las versiones que reflejan la presencia del caso genitivo, o sea, «eudokías».  

En el marco de asumir el caso genitivo como mejor opción, consideramos que, a la luz del Evangelio de Lucas, el «genitivo subjetivo» es la mejor alternativa posible. Pienso que en esta discusión no se deben ignorar las palabras del mismo capítulo 2 de Lucas, versículo 10, cito: «Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo».

Consecuentemente, no parece verosímil pensar que la expresión «para todo el pueblo» apunte aquí a «todo el pueblo elegido». Luego, el mismo ángel que aquí afirmó que las buenas noticias eran para todo el pueblo, no tendría problema alguno, aunque ahora en compañía de muchos otros ángeles, en proclamar (versículo 14) el deseo de que la paz de Dios (en el sentido integral del concepto hebreo «shalóm»), sea una realidad en todo el pueblo, incluso en aquellos ambientes que superaban los límites del mismo pueblo hebreo.

Es más, es preciso poner de relieve el contraste que existe entre Mateo 1.21 y Lucas 2.10. Mientras que, por un lado, Mateo 1.21 habla de que el niño que habría de nacer sería llamado «Jesús», “porque salvará a su propio pueblo” (griego: «gar sósei ton laón autú»); por otro lado, Lucas 1.31 no incluye esta referencia al propio pueblo del niño que habría de nacer, cuando el ángel señala el nombre que habría de identificar dicho niño. Además, Lucas 2.10,  habla más bien de una buena noticia que será para todo el pueblo (compárese Lucas 3.6).         

En suma, la exégesis e interpretación de Lucas 2.14 no debe perder de vista la distintiva y particular teología del Evangelio de Lucas.


jueves, 14 de diciembre de 2017

La cuestión de los nombres de Dios en Génesis 1-5 (Tanaj y LXX)


El criterio del empleo de nombres distintos para la divinidad

Héctor B. Olea C.

Análisis de la presencia y empleo de los nombres usados en el Tanaj (Biblia Hebrea) para hacer referencia a la divinidad en Génesis 1-5

En Génesis 1 existen 31 referencias a la divinidad, pero empleando el texto hebreo, de manera consistente, el nombre hebreo «elojím», que fue traducido en la Reina Valera 1960 con la palabra «Dios». Por supuesto, debo hacer notar que la lengua hebrea no hace distinción entre “letras mayúsculas” y “letras minúsculas”.

La Septuaginta, por su parte, tradujo el hebreo «elojím», consistentemente, con la palabra «theós» (Dios, dios) (sin emplear la letra inicial mayúscula, a pesar de que sí distingue el griego entre “letras mayúsculas” y “letras minúsculas”.  

En Génesis 2 encontramos una situación interesante, y es que después de emplear el sustantivo «elojím» en los versículos 2 y 3, como se empleó en  todo el capítulo 1; vino a ser marca peculiar de Génesis 2 el empleo de la expresión (once veces) «yehváh elojím», o sea, «adonay elojím» (señor dios) para hacer referencia a la divinidad.

Ahora bien, en lo que respecta a la Septuaginta, observamos que, por un lado, ésta traduce a «elojím» (versículos 2 y 3) consistentemente con el sustantivo «theós», como lo hizo en el capítulo 1; por otro lado, con relación a la traducción de la expresión «yehváh elojím», o sea, «adonay elojím» (señor dios), la situación se torna problemática por la inconsistencia en que la Septuaginta traduce las once veces en que en Génesis 2 (en el texto hebreo) se hace referencia a Dios con dicha expresión.

En primer lugar, la Septuaginta traduce la expresión «yehváh elojím», o sea, «adonay elojím» (señor dios), un total de seis veces, sencillamente con el sustantivo «jo theós» (Dios), versículos 4, 5, 7, 9, 19, 21.

En segundo lugar, traduce la expresión «yehváh elojím», o sea, «adonay elojím» (señor dios), de manera más acertada (5 veces), con la expresión «kúrios jo theós» (Señor Dios). Ahora bien, en relación a la manera en que se debe traducir la expresión «kúrios jo theós» (Señor Dios), debemos tener en cuenta las siguientes observaciones.

Por un lado, que la expresión «kúrios jo theós» supone una situación gramaticalmente problemática; esto así en virtud de que «kúrios» como «theós», son ambos sustantivos, pero en la forma en que aparecen aquí (sintácticamente hablando), conformando la expresión «kúrios jo theós», implica que uno de los dos está haciendo la función de adjetivo, y el otro propiamente la de sustantivo.

En tal sentido, a la luz de la gramática griega, si asumirnos a «theós» como el sustantivo que gobierna la frase, «kúrios» funcionaría como adjetivo, y vendría a ser una especie de adjetivo en posición predicativa, en virtud de que la palabra «theós» se encuentra aquí acompañada del artículo «jo», o sea, «jo theós». Consecuentemente, la traducción acertada de la expresión «kúrios jo theós» sería «Dios el Señor» (“el Dios que es Señor”, “el Dios que también es nuestro Señor”).

Pero si se asuma a «kúrios» como el sustantivo que gobierna la frase, en este caso la expresión «jo theós» funcionaría como un adjetivo atributivo (en posición atributiva), por lo que la traducción acertada sería: «El Señor Dios» (“El Señor y Dios”, “el Señor y Dios nuestro”).

Por supuesto, para el texto hebreo, «elojím» (Dios), es la palabra, el sustantivo que funciona como adjetivo al acompañar a «YHVH». Luego, la opción más acertada es asumir que en la expresión «kúrios jo theós», «kúrios» es el sustantivo que gobierna la frase, por lo que su traducción debe ser «Señor Dios».

Finalmente, quiero poner de relieve que aquí resultó demasiado acertada la Vulgata Latina, siguiendo consistentemente al texto hebreo y la Septuaginta, cuando tradujo la expresión «yehváh elojím», o sea, «adonay elojím» (señor dios), y su correspondiente traducción griega, «kúrios jo theós», con la expresión latina «Dominus Deus» (Soberano Dios, Señor Dios).  

En el capítulo 3 de Génesis encontramos trece referencias a Dios (catorce según la Reina Valera 1960), pero no de una manera uniforme. En primer lugar, y en nueve ocasiones, empleando la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»: “señor dios”; Reina Valera 1960: “Jehová Dios”). En segundo lugar, cuatro veces con el sustantivo «elojím» (Dios).  

Digo cuatro veces, y no cinco, porque la Reina Valera 1960 ha agregado la palabra «Dios» en el versículo 11, cuando no está presente en el texto hebreo ni en la Septuaginta. La explicación de la inclusión de la palabra «Dios» por parte dela Reina Valera 1960, aquí; es para hacer notar que quien está preguntando (¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?), es Dios.

De hecho, por esta misma razón es que la traducción de Moisés Katznelson («La Biblia Hebreo-Español», dos tomos) también agrega la palabra «Dios»; si bien entre paréntesis («Dios»), sugiriendo que su presencia no está atestiguada en el texto hebreo. De todos modos, es innegable que no muestra el texto hebreo ni el texto griego esta intencionalidad, lo que explica que no hayan apelado a este recurso; esto así ya que en ambos textos desde el versículo 9 quedó establecido que es Dios quien está preguntando.

Ahora bien, antes de pasar a analizar la forma en que la Septuaginta tradujo las trece referencias a Dios en el capítulo 3; me es preciso poner de relieve que si bien la Reina Valera 1960 tiene en el versículo 23 la palabra «Jehová», como si el texto hebreo tuviese a «YHVH» vocalizado «YeHVaH» (para que se lea «Adonay» y se traduzca al castellano como: «Señor»); lo cierto es que el texto hebreo en realidad tiene la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»), y esta es la razón por la cual la Septuaginta tiene en dicho versículo la expresión «kúrios jo theós», o sea, «Señor Dios».

Al final, respecto del capítulo 3, la Septuaginta tradujo a «elojím» (Dios), con «theós» (Dios), en las cuatro ocasiones en que se la encuentra en este capítulo. Con relación a la expresión hebrea «adonay elojím» («yehváh elojím»), ésta fue traducida por la Septuaginta con la expresión «kúrios jo theós» (Señor Dios). Ahora bien, por razones sintácticas, en dos ocasiones (versículo 8), encontramos la expresión «kúrios jo theós» en caso genitivo, o sea, «kuríu  tu theú».  

Con relación al capítulo 4, es preciso decir que en este capítulo existen once referencias a Dios, a la divinidad. En diez ocasiones sólo con «YHVH» vocalizado «YeHVaH» (para que se lea «Adonay» y se traduzca al castellano como: «Señor»); y en una ocasión con «elojím» (Dios), versículo 25.

La Septuaginta, por su parte, tradujo e hizo referencia a estas once menciones de Dios, en una forma muy diversa y llamativa. Observemos:

Por un lado, la palabra «elojím» (Dios) fue traducida, como por lo general lo hizo, con la palabra «theós» (Dios), versículo 25a.

Por otro lado, el tetragrama (YHVH) con la vocalización «YeHVaH», para que se lea Adonay (Señor), fue traducido de una manera un tanto complicada, diversa e inconsistente.

En primer lugar, con «theós» (Dios), versículos: 1, 4, 9, 10, 16, contrario a la habitual equivalencia y correspondencia entre «YeHVaH» (Adonay: Señor) y el griego «kúrios» (Señor).

En segundo lugar, con «kúrios» (Señor), como se esperaba, versículos 3, 13.  

En tercer lugar, con la expresión «kúrios jo theós», en los versículos 6, 15 (dos veces), 26 (aquí en caso genitivo «kuríu tu theú»), como si el texto hebreo dijera como en otros casos, «adonay elojím» («yehváh elojím»).

En cuarto lugar, en el versículo 10 emplea la Septuaginta la palabra «jo theós», a pesar de que en dicho versículo el hebreo no empleó ni a «YeHVaH» (Adonay), ni a «elojím» (Dios).  
   
En cuanto a Génesis 5, aquí encontramos sólo seis referencias a Dios, en la siguiente manera. Por un lado, cinco ocasiones con la palabra «elojím» (Dios); por otro lado, en una ocasión con el tetragrama vocalizado «YeHVaH» (Adonay).  

Por su parte, la Septuaginta tradujo a «elojím» (Dios) con «theós» (Dios), pero curiosamente a «YeHVaH» (Adonay) con la expresión «kúrios jo theós» («Señor Dios»), como si el texto hebreo dijera «adonay elojím» («yehváh elojím»): «Señor Dios».

Análisis de la traducción que hizo la Septuaginta de los nombres aplicados a la divinidad en el Tanaj en Génesis 1-5

En relación al capítulo 1, hay que concluir que la Septuaginta tradujo de manera consistente el sustantivo hebreo «elojím» (Dios), con el sustantivo «theós» (Dios).

En relación al capítulo 2, observamos que, por un lado, la Septuaginta tradujo a «elojím» (Dios) (versículos 2 y 3) consistentemente con el sustantivo «theós» (Dios), como lo hizo en el capítulo 1. Por otro lado, tradujo la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»), «Señor Dios», once veces, en una manera problemática. Un total de seis veces, sencillamente con el sustantivo «jo theós» (Dios), versículos 4, 5, 7, 9, 19, 21; y de manera más acertada la tradujo con la expresión «kúrios jo theós» («Señor Dios»), en cinco ocasiones.

En relación al capítulo 3, la Septuaginta tradujo a «elojím» (Dios) con «theós» (Dios) las cuatro ocasiones en que el texto hebreo tiene la primera. Con relación a la expresión hebrea «adonay elojím» («yehváh elojím»), «Señor Dios», que aparece nueve veces en este capítulo, ésta fue traducida por la Septuaginta con la expresión «kúrios jo theós» («Señor Dios»).

Ahora bien, por razones sintácticas, en dos ocasiones (versículo 8), encontramos la expresión «kúrios jo theós» («Señor Dios»), en caso genitivo, o sea, «kuríu tu theú».  

En relación al capítulo 4, la Septuaginta tradujo de una forma muy diversa y llamativa las once referencias a Dios que hacen en este capítulo. Por un lado, la palabra «elojím» (Dios) fue traducida, como por lo general hizo, con la palabra «theós» (Dios), versículo 25a.

Por otro lado, el tetragrama con la vocalización con «YHVH» vocalizado «YeHVaH», para que se lea «Adonay» (Señor), fue traducido de una manera un tanto complicada, diversa e inconsistente.

En primer lugar, con «theós»: Dios, (versículos: 1, 4, 9, 10, 16, contrario a la habitual equivalencia y correspondencia entre «YeHVaH» («Adonay»: Señor), y  «kúrios» (Señor).

En este punto quiero llamar la atención respecto de la forma en que la Septuaginta tradujo el tetragrama «YeHVaH» («Adonay»: Señor) en Génesis 4.1. Pues bien, resulta que Eva atribuye a la divinidad, a la mediación divina el haber concebido a Caín. Ahora bien, en este caso Eva hace referencia a la divinidad con el tetragrama, con la vocalización habitual como «quere perpetuo», o sea, «YeHVaH» («Adonay»: Señor).

La Septuaginta, por su parte, plantea que la mujer hizo referencia a la divinidad con el común sustantivo o nombre «theós» (Dios). Consecuentemente, la expresión hebrea «ez-YeHVaH» (con la ayuda del Señor, por la voluntad del Señor, gracias al Señor, por el poder del Señor, etc.), fue traducida por la Septuaginta con la expresión griega «diá tú theú», literalmente: “por medio de Dios”, “por la medicación divina”, etc.   

Sin embargo, en el versículo 25 del mismo capítulo cuatro, Eva de nuevo atribuye a la divinidad (gracias a la mediación divina) el haber concebido; pero esta vez, según el texto hebreo, haciendo referencia a la divinidad con el sustantivo o nombre común «elojím» (Dios). La Septuaginta, por su parte, pone en labios de la mujer el haber hecho referencia a la divinidad también con un sustantivo común, o sea, «theós» (Dios).  

Luego, si la comparación del texto hebreo de Génesis 4.1 y 25 pone en evidencia que «YeHVaH» («Adonay»: Señor) es «elojím» (Dios), y viceversa; resulta comprensible que la Septuaginta haya optado por hacer referencia a la deidad, en ambos casos, sencillamente con «theós» (Dios). 

No obstante, muy bien pudo el traductor de la Septuaginta haber optado por traducir en ambos casos, con «kúrios» (Señor), bajo el mismo presupuesto: «kúrios» (Señor) es «theós» (Dios). Finalmente, bajo esta misma premisa, se comprende el origen y empleo de la expresión hebrea característica (nombre compuesto, o doble designación): «adonay elojím» («yehváh elojím»): “Señor Dios”; y de la expresión griega que le es equivalente: «kúrios jo theós»: «Señor Dios».     

En segundo lugar, con «kúrios» (Señor), como se esperaba, versículos 3, 13.   

En tercer lugar, con la expresión «kúrios jo theós», en los versículos 6, 15 (dos veces), 26 (aquí en caso genitivo «kuríu tu theú»), como si el texto hebreo dijera como en otros casos, «adonay elojím» («yehváh elojím»).

En cuarto lugar, en el versículo 10 emplea la Septuaginta la palabra «jo theós», a pesar de que en dicho versículo el hebreo no empleó ni a «YeHVaH» (Adonay), ni a «elojím» (Dios). 

En cuanto a Génesis 5, aquí encontramos sólo seis referencias a Dios, en la siguiente manera. Por un lado, cinco ocasiones con la palabra «elojím» (Dios); por otro lado, en una ocasión con el tetragrama vocalizado «YeHVaH» (Adonay). 

Por su parte, la Septuaginta tradujo a «elojím» (Dios) con «theós» (Dios), pero curiosamente a «YeHVaH» (Adonay) con la expresión «kúrios jo theós» («Señor Dios»), como si el texto hebreo dijera «adonay elojím» («yehváh elojím»): «Señor Dios».

En resumen:

El autor o redactor de Génesis 1 (texto masorético) se circunscribió sólo al empleo del sustantivo «elojím» (Dios). ¿Tradición “eloista”?

El autor o redactor de Génesis 2 se mostró inclinado e identificado con hacer referencia a Dios estrictamente con la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»): «Señor Dios». ¿Tradición “yahvista”?

En tal sentido, considerando la redacción de los versículos 1 y 4, así como el empleo del sustantivo «elojím» (Dios), en los primeros dos versículos de Génesis 2 como nos ha llegado; es legítima la sospecha de que en realidad los versículos 1-3 de Génesis 2 forman parte del capítulo 1, y por lo tanto de la tradición “eloista”.

El autor o redactor de Génesis 3 se muestra identificado con la tradición “eloista”  de Génesis 1, de emplear el sustantivo «elojím» (Dios) para hacer referencia a Dios; así como con la tradición “yahvista” combinada con la “eloista” que muestra Génesis 2, con el empleo de la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»): «Señor Dios».  

El autor o redactor de Génesis 4 se identifica tanto con la tradición (eloista) de Génesis 1 de hacer referencia a Dios con el sustantivo «elojím» (Dios), lo mismo que con la tradición “yahvista” de Génesis 2, con el empleo del sustantivo «YeHVaH» (Adonay): “Señor”. De todos modos, no emplea Génesis 4 la expresión «adonay elojím» («yehváh elojím»): «Señor Dios», característica de Génesis 2.   

Finalmente, respecto al autor o redactor de Génesis 5, le es aplicable todo lo dicho respecto del autor o redactor de Génesis 4.

Por otro lado, respecto del criterio de que el empleo de nombres distintos para hacer referencia a la divinidad necesariamente implicada el empleo de fuentes distintas y tal vez inconexas, en la conformación del Pentateuco (hebreo “Toráh”); me parecen oportunas aquí las observaciones que hace R. N. Whybray: “el criterio de que el uso de un nombre distinto para hacer referencia a la deidad, a Dios, suponía el empleo de una fuente distinta por el autor del Pentateuco, “tiene su punto de más débil en el hecho de que da por supuesto que los autores de los tres documentos (J E P) eran necesariamente consecuentes en su uso de los nombres (y evitación) de los nombres, es decir que el uso de Yahvéh o de Elojim en un documento particular del Pentateuco impedía a su autor usar el otro”.

“No sólo es que algunos pasajes del Génesis contengan el nombre “equivocado” que habría que explicar, sino que incluso la primera narración atribuida a J  (Génesis 2 y 3) quebranta la norma al llamar a la divinidad por el doble nombre de Yahvéh Elojim, que combina las dos apelaciones supuestamente excluyentes entre ellas. El nombre Yahvéh Elohim aparece virtualmente por todo el Antiguo Testamento, y su aparición aquí nunca ha sido satisfactoriamente explicada. Y, sin embargo, quienes aceptan el criterio de los nombres divinos necesitan urgentemente ofrecer una explicación satisfactoria” («El Pentateuco, estudio metodológico», Desclée De Brouwer, 1995, página 68). 

Además, respecto de la Septuaginta misma, en este breve estudio de los primeros cinco capítulos del Génesis, se observa una llamativa flexibilidad y falta de uniformidad (nada de arbitrariedad) en el empleo de los nombres para hacer referencia a la divinidad.

Consecuentemente, hay que proceder con cautela frente a los intentos de forjar y elaborar hipótesis arbitrarias y extraer conclusiones teológicas radicales, con base en el uso de los sustantivos empleados en la Septuaginta para hacer referencia a la divinidad, en su traducción de los nombres empleados en la Biblia Hebrea que hacen referencia al Dios de Israel.  



¡Hasta la próxima!

sábado, 9 de diciembre de 2017

Biblia, derecho, delitos y pecados


Una perspectiva cívica y crítica

Héctor B. Olea C.

La actual Constitución dominicana, en su artículo 45, establece un principio que al menos para un sector de la comunidad evangélica es prácticamente imposible, o por lo menos un poco menos que imposible, de comprender, asimilar y de ajustar su discurso y práctica a dicho principio; por supuesto, esta misma dificultad se constata también en otro amplio sector de la sociedad dominicana que no se identifica con religiosidad alguna.  

Este principio es el de la libertad de creencias, de conciencia y de cultos. Ahora bien, este principio supone, por un lado, el derecho de la comunidad evangélica de creer, vivir y practicar aquello que se conforme a sus presuposiciones teológicas y a su particular lectura de la Biblia, por supuesto siempre en el marco de la ley, el marco jurídico vigente, y los derechos fundamentales e inalienables del ser humano.  

Por otro lado, el derecho que tiene el resto de la sociedad, incluso, la que confiesa una religiosidad distinta o ninguna religiosidad, de creer, vivir y practicar aquello que se conforme a sus presupuestos filosóficos e ideológicos; obviamente, también en el mismo marco de la ley, el marco jurídico vigente y los mismos derechos fundamentales e inalienables del ser humano.

Después todo, tanto el sector religioso como el que no se identifica con espiritualidad o religiosidad alguna, están supeditados a lo que establece el artículo 39 (en su introducción) de la misma Constitución dominicana vigente:

“Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las instituciones, autoridades y demás personas y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de género, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición social o personal”.

Luego, si bien comprendemos el papel que desempeña la Biblia, y mucho más que la Biblia, la particular lectura de la Biblia (la cual está supeditada a una particular conjunto de presuposiciones teológicas) que lleva a cabo cada sector, cada tradición del cristianismo protestante y evangélico; la comunidad cristiana y evangélica debe comprender que es con base en el marco jurídico vigente, y no con base en la Biblia ni su particular conjunto de presuposiciones bíblico-teológicas, que se ha de juzgar el comportamiento personal e institucional, público y privado.

Consecuentemente, es evidente que se hace demasiado necesario que la comunidad cristiana y evangélica comprenda de una vez y por todas, asimile, y acepte, que no es posible hacer coincidir su concepto de “pecado” y “conducta inmoral” con lo que la ley y el derecho consuetudinario consideren delito.   

En suma, cierto, la comunidad cristiana y evangélica tiene derecho a la palabra, pero no sólo ella; y su discurso ni es el único, ni necesariamente el mejor. Por supuesto, tampoco ha de considerarse una voz privilegiada, desinteresada, la más justa, la que está por encima del bien y del mal, en fin la única; sino y más bien una voz más entre otras, que merece ser escuchada y valorada, pero como las demás, sujeta al escrutinio de todos y todas; así de sencillo.  



¡Hasta la próxima!