El «genitivo absoluto» (un genitivo que no es genitivo), cursos online y virtuales de griego koiné y griego clásico



El «genitivo absoluto» (un genitivo que no es genitivo)

Una construcción sintáctica del participio griego con valor adverbial Nociones de sintaxis griega (griego clásico y griego koiné)

Héctor B. Olea C.

El «genitivo absoluto» consiste en una construcción sintáctica conformada por un sustantivo (con o sin artículo determinado), palabra sustantivada o pronombre en caso genitivo (no importa el género, no importa el número), que coincide con un participio (sin artículo) en caso, en género y en número.

Además, puede ser que el sustantivo venga sobreentendido (que no esté gráficamente presente), pero nunca faltará el participio.  

Función sintáctica del «genitivo absoluto»

La construcción sintáctica «genitivo absoluto», sintácticamente no depende de la oración principal, sino que más bien funciona con cierta autonomía sintáctica, con una función adverbial (como el «participio apositivo»), aportando distintos valores circunstanciales.

La construcción sintáctica «genitivo absoluto», como el «participio apositivo», tiene una función explicativa, que ofrece una información secundaria o no relevante o esencial para la oración principal, por lo que su eliminación no ha de cambiar el sentido de la oración principal (corresponde al «ablativo absoluto» latino).

El participio del «genitivo absoluto» puede estar en voz activa o en voz pasiva, y si es de un verbo transitivo, puede tener objeto o complemento directo.

En la construcción sintáctica «genitivo absoluto», el sustantivo, palabra sustantivada o pronombre en caso genitivo, actúa como el sujeto del participio (con el cual coincide en caso, en género y en número).

Traducción del «genitivo absoluto»

En cuanto a la traducción del «genitivo absoluto», si bien hay quienes sugieren traducirlo con el gerundio del español (si el participio está en voz activa), pero con el participio español (si el participio está en voz pasiva); es mejor traducirlo con una cláusula, proposición u oración circunstancial.  

En tal sentido, como afirmo en el título de estas breves líneas (un genitivo que no es genitivo), es preciso poner de relieve que la construcción sintáctica llamada «genitivo absoluto», si bien gira estrictamente en torno al «caso genitivo»; sin embargo, su traducción no se corresponde a la natural traducción del caso genitivo griego (empleado generalmente para expresar, entre otras cosas, las ideas que en español se comunican con el empleo de la preposición «de», por ejemplo: hijo de fulano, vaso de agua, barco de madera, etc.).   

Valor temporal del participio en el «genitivo absoluto»

Igual que el «participio apositivo», el valor temporal del participio que forma un «genitivo absoluto», es relativo (tiempo relativo) al tiempo del verbo principal (núcleo del predicado) de la oración.

Finalmente, a manera de ilustración, anexo a estas líneas dos imágenes donde pongo ejemplos concretos del uso y traducción del «genitivo absoluto», en voz activa y en voz pasiva.

Muy a propósito de nuestro curso de griego koiné, desde cero, que inicia el sábado 6 de abril, y a propósito de los distintos cursos que estaremos ofreciendo en el presente año en el campo del griego koiné y del griego clásico.

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El participio adjetival (atributivo, especificativo) y el participio apositivo, nociones de sintaxis griega


El participio adjetival (atributivo, especificativo) y el participio apositivo

Nociones de sintaxis griega (griego clásico y griego koiné)

Héctor B. Olea C.

El participio griego consiste en uno de los 6 modos del sistema verbal griego, un modo en el cual el verbo no se conjuga, sino que se declina (adjetivo verbal).

Además, participa de la naturaleza del verbo (flexión verbal), puede funcionar como verbo, y como tal, como cualquier verbo finito (si es de un verbo transitivo) puede tener objeto o complemento directo, también funciona como adverbio, y posee al menos dos de las categorías accidentales del verbo: tiempo y voz.

Por cierto, el participio griego está presente en los cuatro temas temporales del sistema verbal griego: presente, aoristo, futuro y perfecto.

Y como también participa de la flexión nominal (declinación), formalmente consiste en un «adjetivo verbal» de tres terminaciones (una para el género masculino, una para el género femenino y una para el género neutro), y como tal, puede desempeñar las funciones sintácticas del adjetivo y del sustantivo, y posee las tres categorías accidentales del sustantivo y del adjetivo: caso, género, número.   

En lo que tiene que ver con el valor temporal del participio griego, sólo el participio sustantivado (con artículo o no) indica con precisión el tiempo en que ocurre la acción de participio.

Consecuentemente, un participio sustantivado de presente, indica una acción que ocurre en el presente, un participio sustantivado de futuro, señala una acción verbal que ocurre en el futuro, etc.

Luego, el valor temporal del participio que no sea sustantivado es relativo (tiempo relativo) al tiempo del verbo principal (núcleo del predicado) de la oración.

En tal sentido, por lo general, un participio de presente indica una acción verbal que es simultánea a la del verbo principal, el participio aoristo, por lo general, señala una acción que es puntual o anterior a la del verbo principal, el participio de futuro expresa finalidad, y el participio de perfecto expresa una acción anterior a la del verbo principal cuyo efecto permanece todavía y es simultánea. 

Por otro lado, puntualiza Roberto Hana: “El participio ocurre aproximadamente unas 25 veces por capítulo. Existen variaciones (fluctuaciones) con base al estilo del autor y al género literario… El participio es más frecuente en la narrativa que en la argumentación («Sintaxis Exegética del Nuevo Testamento Griego», página 216). 

Sintaxis del participio

El análisis sintáctico del participio ha de procurar establecer si el participio está funcionando como adjetivo, como sustantivo o como adverbio (circunstancial).

Consecuentemente, con razón se afirma que el buen dominio de la sintaxis griega supone el buen dominio de la sintaxis del participio.

El participio adjetival (atributivo, especificativo)

Como cualquier adjetivo, el participio griego (adjetivo verbal) puede aparecer en la posición de un adjetivo atributivo, y como tal debe concordar en caso género, número y determinación con el sustantivo.

En otras palabras, el participio atributivo o especificativo ha de tener el artículo determinado, si lo tiene el sustantivo, y no lo llevará, si no lo lleva el sustantivo.

El participio apositivo (predicativo)

El participio apositivo o predicativo es un participio que, como el participio atributivo, también ha de concordar en caso, género y número con el sustantivo, pero no lleva artículo.

El participio apositivo tiene más bien una función explicativa, pues ofrece una información secundaria o no relevante o esencial para la oración principal, por lo que su eliminación no ha de cambiar el sentido de la oración principal.

Finalmente, a manera de ilustración, anexo a estas líneas dos imágenes donde pongo ejemplos concretos del participio atributivo y del participio apositivo.

Muy a propósito de nuestro curso de griego koiné, desde cero, que inicia el sábado 6 de abril, y a propósito de los distintos cursos que estaremos ofreciendo en el presente año en el campo del griego koiné.

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¿Hay en el texto hebreo de Génesis 19.24 dos formas distintas del sagrado nombre que las versiones de la Biblia no han sabido diferenciar?


¿Hay en el texto hebreo de Génesis 19.24 dos formas distintas del sagrado nombre que las versiones de la Biblia no han sabido diferenciar?

Cuestiones de gramática hebrea

Héctor B. Olea C.

De vez en cuando me entero de ciertas afirmaciones sobre los textos bíblicos en sus lenguas originales (y sobre las versiones de la Biblia) que, sin duda alguna, ponen de manifiesto indiscutibles errores de comprensión y un inocultable desconocimiento de las lenguas bíblicas, incluso de la lengua materna, y de la labor de traducción.

En tal sentido, no puedo negar que me llamó la atención el post que alguien publicó en las redes sociales, en el cual da por sentado que en el texto hebreo de Génesis 19.24 hay dos formas distintas del sagrado nombre que, sin embargo, las versiones de la Biblia las han asumido como si fueran la misma, una misma. ¿Será esto cierto?

A continuación, mi respuesta.

En primer lugar, es preciso tomar en cuenta que en el hebreo bíblico (y en el arameo bíblico) hay algunos morfemas gramaticales que se emplean prefijándolos al sustantivo (y a verbos), como prefijos (morfemas gramaticales dependientes), y que no se emplean de manera independiente, separada, como ocurre en el griego y en el español (morfemas gramaticales libres, independientes).

Y entre estos morfemas gramaticales están: el artículo determinado (el hebreo, el arameo y el griego carecen de la figura del artículo indefinido o indeterminado), tres principales preposiciones, y la conjunción copulativa “ve” (y, entonces).

En segundo lugar, cuando la conjunción “ve” se prefija a un sustantivo que inicia con un “shevá compuesto” (combinación de un shevá simple y una vocal corta), la conjunción recibe la vocal del “shevá compuesto”.

En tercer lugar, técnicamente, la vocalización del tetragrámaton en la Biblia Hebrea (Códice de Leningrado), cuando está sólo, cuando no está precedido del nombre “adonay”, recibe las vocales del mismo nombre “adonay”; pues cuando está precedido de “adonay”, el tetragrámaton recibe la marca de la vocalización del sustantivo “elojím”.

Ahora bien, resulta que el nombre “adonay” inicia precisamente con la figura del “shevá compuesto” (hay en hebreo tres shevas compuestos), específicamente el llamado “jatéf pátaj”, que involucra la vocal “pátaj” (a).

En cuarto lugar y, consecuentemente, la primera mención del sagrado nombre en Génesis 19.24 pone de manifiesto la presencia de la conjunción “ve” (y, entonces), como prefijo (como morfema gramatical dependiente); y como este presupone el “shevá compuesto” con la vocal “pátaj” (a), la conjunción “ve” recibe la vocal “pátaj” (a), y es la razón de la morfología de la primera mención del tetragrámaton en Génesis 19.24.

Pero la segunda mención del mismo tetragrámaton en Génesis 19.24 aparece de forma regular, porque esta vez no tiene la conjunción “ve” prefijada.

En todo caso, un detalle que no quiero dejar de lado, consiste en que al tetragrámaton recibir la conjunción “ve” prefijada, la letra “yod” inicial del tetragrámaton, se aquieta, o sea, pierde su valor de consonante, y pasa a funcionar como vocal.

Además, en lo que respecta a la crítica textual, la diferencia morfológica que exhibe el tetragrámaton en Génesis 19.24, no es un problema de crítica textual.

En efecto, la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX) concuerda perfectamente con la primera mención del tetragrámaton (léase: «vadonáy»: “y el señor”, “entonces el señor”) en Génesis 19.24, al traducirla con la expresión «kái kírios»”.

Por supuesto, la traducción griega «kái kírios», pone relieve que el traductor del hebreo al griego tuvo de frente un texto hebreo donde la morfología de la primera mención del sagrado nombre, coincidía precisamente con la morfología que exhibe la primera mención del sagrado nombre en Génesis 19.24 en el Códice de Leningrado.   

Por otro lado, en cuanto a si en Génesis 19.24 se habla de “dos señores distintos”, o de “un único o mismo señor”, el asumir la interpretación de aquí se habla de “dos señores diferentes”, al fin y al cabo, son “dos señores”, lo que viene a confirmar lo que he venido diciendo, que la morfología distinta que exhibe la primera mención de tetragrámaton respecto de la segunda, no implica un cambio semántico, como si cualquiera de las dos hiciera referencia a un señor (a un soberano), y la otra (cualquiera de las dos, por ejemplo, a un siervo o esclavo.

Lógicamente, el asumir la interpretación de que aquí se habla de un mismo y único señor, también es consistente con la explicación que aquí ofrezco, respecto de la morfología de la primera mención del Tetragrámaton en Génesis 19.24.  

En tal sentido, llama la atención que la clásica versión griega (Septuaginta, los LXX) tradujo ambas formas del tetragrámaton con la misma palabra, o sea, “kírios” (señor, soberano), por supuesto, por razones sintácticas, en caso nominativo la primera mención (“kírios”), y en caso genitivo, la segunda (“kiríu”).

Finalmente, no es posible negar que en Génesis 19.24 la primera mención del tetragrámaton exhibe una morfología distinta a la regular, pero no es porque sea una forma distinta de escribir el tetragrámaton en hebreo, en la Biblia Hebrea ni porque implique un cambio semántico (de significado); sino más bien porque la primera mención del tetragrámaton tiene prefijado un morfema gramatical dependiente (una conjunción prefijada), y la segunda mención no.   

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Por supuesto, nuestro curso de «Hebreo clásico» (bíblico), desde cero y avanzado, también está disponible todo el año (inscripciones siempre abiertas) en la modalidad virtual o asincrónica.

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Algunas observaciones puntuales sobre el griego koiné del Nuevo Testamento, cursos de lenguas bíblicas



Algunas observaciones puntuales sobre el griego koiné del Nuevo Testamento

Héctor B. Olea C.

Por razones prácticas, y por las limitaciones de tiempo y espacio, voy a desarrollar este breve artículo con el siguiente esquema: 1) la relación del griego koiné con el griego clásico; 2) el nivel del griego de los distintos autores del Nuevo Testamento y sus preferencias estilísticas y de vocabulario; 3) el influjo del griego de la Septuaginta (los LXX, griego de traducción) en el griego del Nuevo Testamento (lengua original); y 4) los semitismos (hebraísmos o arameísmos) en el griego del Nuevo Testamento.

Relación del griego koiné (siglos IV A.E.C.- al siglo IV E.C) con el griego clásico (siglos V-IV A.E.C)

Como muy bien plantea la profesora Inmaculada Delgado Jara, la base del griego koiné es el dialecto ático, aunque tenga vocabulario y algunos elementos jonios (del dialecto jónico), y también algunos dorismos (del dialecto dórico), «Gramática griego del Nuevo Testamento I, morfología», página 263).  

No son pocas las transformaciones que tuvieron lugar en el griego koiné respecto del griego clásico. Aquí, por razones prácticas y de espacio, sólo voy a mencionar tres:

En primer lugar, en el plano de la fonética, desaparece la clásica distinción entre las vocales cortas y las vocales largas.

En segundo lugar, en el plano de la morfología, desaparece el «número dual» en la declinación (flexión nominal) y en conjugación (flexión verbal).   

En tercer lugar, en el plano de la semántica, de las palabras del griego clásico que se mantuvieron en el griego koiné, algunas cambiaron de significado, poniendo de relieve un indiscutible «cambio semántico».  

Un ejemplo notable involucra el verbo «erotáo» (verbo contracto).

Pues bien, en el «griego clásico» el verbo «erotáo» significa “preguntar”, “interrogar”.

Sin embargo, en el Nuevo Testamento Griego, el verbo «erotáo» adquiere como principal acepción “pedir” y “rogar” (como sinónimo de orar, interceder, suplicar).

En efecto, según el «Diccionario Exegético del Nuevo Testamento», de Balz y Schneider (publicado por Sígueme, 2002), el verbo «erotáo» ocurre 63 veces en el Nuevo Testamento Griego. De estas 63 veces, sólo en 27 ocasiones (43 %) tiene el significado que tiene en el «griego clásico» (“preguntar”, “interrogar”), pero “pedir” o “rogar” en 36 ocasiones (57 %).

En todo caso, en lo que respecta a la Septuaginta, es preciso poner de relieve que «erotáo» tiene como primera acepción “preguntar” e “interrogar” como en el «griego clásico», si bien también tiene el significado de “rogar” o “suplicar” en algunos pocos textos (como acepción secundaria).   

De todos modos, es preciso decir que, en lo que respecta al vocabulario, Plutarco Bonilla, citando a Manuel Guerra, afirma: «De las 5, 436 palabras distintas del Nuevo Testamento, las cuatro quintas partes, cerca de 4, 000 pertenecen al griego clásico, y cerca de 1, 000 al griego inmediatamente postclásico o helenístico» («El griego del Nuevo Testamento», artículo disponible en la red).

El nivel del griego de los distintos autores del Nuevo Testamento y sus preferencias estilísticas y de vocabulario

Me parecen muy oportunas aquí las palabras de Plutarco Bonilla, cuando dice: “Puesto que existen escritos en el Nuevo Testamento respecto de los cuales no podemos tener certeza absoluta de quién o quiénes hayan sido sus autores, la afirmación general de que en ese texto hay tantos estilos como autores cobra especial relevancia” (artículo citado).

Por otro lado, en su muy conocida obra «Gramática griega, sintaxis del Nuevo Testamento», Daniel Wallace plantea que el nivel y la calidad del griego varían de autor a autor. 

Y luego, al respecto, establece la siguiente distinción:

«Griego vernáculo y semítico»: Apocalipsis, Marcos, Juan, y las tres epístolas de Juan, 2 Pedro.

«Griego koiné de conversación»: Mucho de Pablo y Mateo.

«Griego koiné literario»: Hebreos, Lucas – Hechos, Jacobo (Santiago), las epístolas pastorales, 1 Pedro, Judas.

Ahora bien, en este apartado quiero llamar la atención respecto a la forma distinta, desde el punto de vista lexical (vocabulario), y desde el punto de vista sintáctico, en que los evangelistas de la llamada «tradición sinóptica» hacen referencia a la tradición de los cuarenta días de Jesús en el desierto, después de ser bautizado por Juan el Bautista.  

En lo que respecta al verbo y al tiempo verbal empleados, Marcos (1.12) emplea la forma verbal «ekbálei» (de «ekbálo»: expulsar, lanzar fuera de), pero en el llamado «presente histórico» (con el valor del aoristo).

Y en lo que a la sintaxis se refiere, emplea Marcos una estructura oracional en voz activa (construcción activa).

Por su parte, Mateo (4.1) emplea la forma verbal compuesta «anéjze» (en voz pasiva, de «anágo»: llevar, llevar hacia arriba, transportar), pero en tiempo aoristo (aoristo primero), y en una estructura oracional en voz pasiva (construcción pasiva, con todas sus implicaciones desde el punto de vista sintáctico).

Y Lucas (4.1) emplea una forma verbal simple, el verbo que sirve de base a la forma verbal compuesta empleada por Mateo («anéjze»), o sea, «ágo», pero en tiempo imperfecto (a diferencia de Marcos que empleó el tiempo presente, y a diferencia de Mateo que empleó el tiempo aoristo), pero como Mateo, empleó la voz pasiva: «égueto».

El influjo del griego de la Septuaginta (los LXX, griego de traducción) en el griego del Nuevo Testamento (lengua original)

Aquí sólo voy a poner de relieve dos casos concretos.

En primer lugar, el empleo del tiempo futuro en lugar del modo imperativo

Por ejemplo, en Mateo 5.43 en la traducción «amarás a tu prójimo», «amarás» (tiempo futuro) es la traducción de la forma verbal «agapéseis», tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, segunda persona del singular, del verbo «agapáo» (amar, querer). 

Ahora bien, el empleo que hace Mateo de la forma verbal en tiempo futuro, «agapéseis» (“amarás tú”), en lugar de una forma verbal en modo imperativo y en el tema temporal de presente, o sea, «agápa» o «ágapa»: «ama tú»; se debe a que la Septuaginta (a la cual cita Mateo), empleó en Levítico 19.18 precisamente la forma verbal en tiempo futuro y en modo indicativo: «agapéseis» (“amarás tú”).

En cuanto a la forma verbal empleada en el texto hebreo de Levítico 19.18, o sea, «ve-ajavtá», consiste en una forma verbal «veqatál», un perfecto conversivo o inverso, con el valor del imperfecto que, además de traducirse en el tiempo futuro del modo indicativo, también se emplea con el valor de un imperativo.

Por supuesto, si el traductor del hebreo al griego no se hubiera preocupado tanto por la equivalencia formal, y en lugar de futuro indicativo hubiese empleado el esperado modo imperativo en griego; otra habría sido la historia. 

En segundo lugar, el empleo del llamado «dativo cognado» 

El llamado «dativo cognado» consiste en el empleo de un sustantivo (o palabra sustantivada) en caso dativo, seguida de una forma verbal finita (un verbo conjugado) de la misma raíz, de la misma forma léxica del sustantivo.

Se emplea el «dativo cognado» en el griego del Nuevo Testamento, como el reflejo del empleo de dicha construcción sintáctica en la Septuaginta (Los LXX) para traducir el llamado «infinitivo absoluto hebreo antepuesto».

Consiste la construcción sintáctica llamada «infinitivo absoluto antepuesto» en hebreo, en el empleo del «infinitivo absoluto» (forma nominal del verbo) precediendo una forma verbal de la misma raíz o forma léxica del «infinitivo absoluto».

En esta construcción sintáctica, el «infinitivo absoluto hebreo antepuesto» enfatiza o refuerza la acción de la forma verbal que va a continuación.

Un ejemplo clásico del empleo del llamado «infinitivo absoluto hebreo antepuesto», lo vemos en Deuteronomio 7.18 en la traducción «acuérdate bien» (“recuerda bien”).

Pues bien, la traducción «acuérdate bien» (“recuerda bien”) es el reflejo de la construcción sintáctica hebrea: «zajór tizkor».

Aquí, «zajór» es el «infinitivo absoluto» de la «conjugación qal» (kal), de la raíz «zajár», «lizkór» (traer a la mente, a la conciencia, recordar, considerar); y «tizkór» consiste en el imperfecto de la misma «conjugación qal», segunda persona masculina singular, de la misma raíz «zajár», «lizkór».

Por otro lado, en lo que a la Septuaginta se refiere, esta tradujo la construcción sintáctica hebrea con la expresión «mneía mneszése» (dativo cognado). 

Consiste pues, «mneía», en el caso dativo singular del sustantivo femenino y de la primera declinación griega «mneía» (capacidad de recordar, recuerdo, memoria), derivado del verbo «mimnésko» (traer a la mente o a la memoria, recordar).

Y la forma verbal «mneszése» consiste en el futuro, pasivo, indicativo, segunda persona del singular, del mismo verbo «mimnésko» (traer a la mente o a la memoria, recordar).

Pero en relación al Nuevo Testamento, un ejemplo del empleo del «dativo cognado», lo observamos en Lucas 22.15 en la traducción «cuánto he deseado» (he deseado grandemente), traducción de la expresión griega «epizimía epézímesa» (dativo cognado).

Consiste ««epizimía» en el caso dativo singular del sustantivo femenino y de la primera declinación griega «epizimía» (deseo, deseo ardiente, pasión), derivado del verbo «epiziméo» (verbo contracto: poner el corazón en, desear ardientemente, desear con pasión, codiciar).

Y la forma verbal «epezímesa» consiste en el aoristo primero, voz activa, modo indicativo, primera persona del singular, del mismo verbo «epiziméo» (verbo contracto: poner el corazón en, desear ardientemente, desear con pasión, codiciar).

Los semitismos (hebraísmos o arameísmos) en el griego del Nuevo Testamento

Se consideran «semitismos» (hebraísmos o arameísmos) a distintas formas un tanto extrañas a la lengua griega, y que más bien se consideran influencias o influjos de la lengua hebrea o aramea en el griego del Nuevo Testamento.

Estos semitismos pueden ser de distintas naturalezas. Aquí sólo voy a considerar dos.

En primer lugar, los semitismos expresados en palabras o expresiones de origen hebreo o arameo, transliteradas al griego, y presentes en el Nuevo Testamento Griego, pero como transliteraciones.

Algunos ejemplos de estos son: «abbá» (determinado y vocativo en arameo: padre), «marána zá» o «marán azá» (Señor nuestro ven, el señor ha venido), «rabbuní» (señor mío), «taliza kúm» o «taliza kumi» (niña levántate), «rabbí» (mi señor, señor mío).  

En segundo lugar, construcciones sintácticas que reflejan más bien una sintaxis semíticas, construcciones sintácticas hebreas o arameas.   

Aquí sólo voy a considerar el llamado «genitivo hebreo».

Consiste el llamado «genitivo hebreo» en el empleo de una cadena constructa (secuencia de constructo), con un valor adjetival, con el valor de un adjetivo.

Una «cadena constructa» hebrea consiste en el empleo de un sustantivo en «estado constructo» (forma del sustantivo, por lo general, modificada) que equivale al «caso genitivo» griego, y que sirve para expresar asociaciones de ideas expresadas en español con la preposición «de» (libro de, mujer de, casa de); seguido por un sustantivo o palabra sustantivada, que le da término, y constituye el referente al que apunta el sustantivo en estado constructo.  

Un ejemplo del llamado «genitivo hebreo», o sea, el empleo del «caso genitivo» griego como reflejo de una «cadena constructa» hebrea o aramea; lo tenemos en la expresión «palabras de gracia» (RV 1960) en Lucas 4.22.

Pues bien, la expresión griega detrás de la traducción «palabras de gracia» (RV 1960), es «joi logói tes járitos» (palabras hermosas, palabras agradables).

Consiste «joi logói» en el caso nominativo plural del sustantivo «logós» (más el artículo determinado), y «tes járitos» en el caso genitivo singular del sustantivo femenino y de la tercera declinación «járis» (gracia, atractivo, belleza, amabilidad, benevolencia, etc.).

Consecuentemente, me parece demasiado oportuna aquí la acertadísima observación que respecto del «genitivo hebreo» plantea Max Zerwick, cito:

“Los semitas, debido a que cuentan con pocos adjetivos, recurren al genitivo… Hay que estar en guarda para que este lenguaje, a veces muy distinto al nuestro occidental, no nos lleva a buscar raras profundidades donde una buena traducción exige un simple adjetivo” («El griego del Nuevo Testamento», Verbo Divino, 202, página 37).  

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Héctor B. Olea C.

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Crítica textual y análisis gramatical (morfosintáctico), Diplomado en crítica textual del Nuevo Testamento Griego

Crítica textual y análisis gramatical (morfosintáctico)

Muy a propósito de nuestro «Diplomado en Crítica textual y metodología exegética del Nuevo Testamento Griego», que inicia hoy

Héctor B. Olea C.

La calidad de una versión o traducción de la Biblia no sólo ha de establecerse respecto de la fidelidad al texto fuente (el texto que se traduce), sino también respecto de la forma en que llega el mensaje en la lengua receptora (lengua meta, lengua término, lengua de llegada).

Por supuesto, la calidad de la traducción respecto del texto fuente está íntimamente relacionada con la fijación del mejor texto posible (el más antiguo y el que cuenta con el mejor apoyo desde el punto de vista documental y desde la perspectiva de la llamada «crítica interna») a través de la crítica textual.

En todo caso, con relación la forma en que el este mejor texto posible llega a la lengua receptora, supone que la redacción del mensaje en la lengua de llegada ha de reflejar la mejor sintaxis posible de la lengua de llegada, y evitar «errores de comprensión» en la misma lengua de llegada.

Por ejemplo, en la traducción de Juan 14.1, tenemos la siguiente situación:

En primer lugar, desde el punto de vista de la crítica textual, no hay diferencia alguna entre el texto crítico, el texto mayoritario y el textus receptus en cuanto a la expresión «pistéuete eis ton zeon kai eis eme pistéuete».

En segundo lugar, desde el punto de vista formal o gramatical, la forma verbal usada aquí dos veces, «pistéuete» (de la forma léxica «pistéuo»: yo creo, yo tengo fe, yo confío, yo tengo confianza); por un lado, podría ser asumida como una forma verbal en tiempo presente, voz activa, modo indicativo, segunda persona del plural: «ustedes tienen fe (creen, confían)».

Por otro lado, también podría ser asumida como una forma verbal de la misma forma léxica «pistéuo», también de tiempo presente, voz activa, segunda persona del plural, pero en el modo imperativo: «crean ustedes (tengan fe ustedes, confíen ustedes)».

Consecuentemente, la forma en que se han traducido la forma verbal «pistéuete», la primera en modo indicativo («ustedes creen en Dios») y la segunda en modo imperativo («crean ustedes en mí»), o en modo imperativo las dos veces («crean ustedes en Dios, crean ustedes también en mí»), no es un problema de crítica textual, sino gramatical, sintáctico y contextual.

Por supuesto, en lo personal, favorecemos la traducción de la forma verbal «pistéuete» las dos veces en el modo imperativo: «crean ustedes en Dios, crean ustedes también en mí».

Muy a propósito de nuestro «Diplomado en introducción a la teoría y práctica de la traducción de la Biblia», que inició el pasado viernes (y para el cual todavía estás a tiempo), y muy a propósito de nuestro «Diplomado en crítica textual y metodología exegética que inicia hoy, esta noche, y para el cual todavía estás a tiempo.

Modalidades: Online (vía Zoom en vivo y en directo) y Virtual (en diferido, en forma asincrónica, mediante las clases grabadas).

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