jueves, 25 de mayo de 2017

Para que todo el que «cree» en él, ¿o «crea»? Juan 3.15-16


Cuestiones de exégesis y traducción bíblicas


Héctor B. Olea C.


Si bien las versiones castellanas de la Biblia en su mayoría han traducido Juan 3.15 y 16 empleando el modo indicativo «cree»; no podemos obviar que hay algunas versiones de la Biblia que han traducido empleando el modo subjuntivo «crea». En tal sentido, es preciso poner de relieve que la «Nueva Versión Internacional (NVI)» tradujo empleando el modo subjuntivo en Juan 3.15 («crea»), pero con  el modo indicativo en el versículo 16 («cree»). Pero más llamativo es todavía la situación que observamos en la «Nueva Traducción Viviente (NTV)» y la «Traducción en lenguaje actual (TLA)» tradujeron empleando el modo subjuntivo («crea») tanto en el versículo 15 como en el 16.

Ahora bien, ¿qué es lo que realmente dice el texto griego? ¿Cuál fue el modo que en realidad empleó el autor del cuarto evangelio, en Juan 3.15-16? ¿Cuál es la traducción más correcta? ¿Cuál es la manera más acertada de comunicar el sentido preciso de la expresión griega que usó originalmente el autor del Evangelio de Juan?

En primer lugar, es preciso admitir que el autor del Evangelio de Juan no empleó el modo subjuntivo.

En segundo lugar, el autor del Evangelio de Juan no emplea propiamente el modo indicativo sino un participio. El participio, por lo general, es asumido en la gramática griega como un modo.  

En tercer lugar, el participio que emplea el autor del Evangelio de Juan tanto en el versículo 15 como en el 16, es un participio articular (con artículo, participio sustantivado), de tiempo presente, en caso nominativo masculino singular, en voz activa, del verbo «pistéuo»  (yo creo, yo tengo fe), o sea, «jo pistéuon».

En cuarto lugar, el sentido del participio «jo pistéuon» es «el que cree» (el que cree y sigue creyendo), en otras palabras, «el que es fiel».    

En quinto lugar, si bien el participio «jo pistéuon» es, en cierta forma, equivalente a una forma verbal en tiempo presente, voz activa, modo indicativo, tercera persona del singular, del verbo «pistéuo», o sea, «pistéuei» (él cree); llama la atención la preferencia que muestra el autor del Evangelio de Juan por el participio «jo pistéuon». Por supuesto, mientras que la tercera persona del singular «pistéuei» hace una afirmación positiva respecto de la tercera persona singular, o sea, «él cree», «él cree, sigue y se mantiene creyendo»; el participio articular y sustantivado «jo pistéuon», funciona más bien como un pronombre relativo, o sea, «el que cree», «el que cree y se mantiene creyendo».      

Se encuentra, pues, el participio «jo pistéuon» en el Evangelio de Juan en los siguientes versículos: 3.15, 16, 18, 36; 5.24 (sin artículo); 6.35, 40 (sin artículo), 47; 7.38; 11.25, 26 (sin artículo); 12.44, 46; 14.12. En total, el participio «jo pistéuon» se encuentra en el Evangelio de Juan en catorce ocasiones.   

Fuera del Evangelio de Juan, el participio «jo pistéuon» sólo se lo encuentra en Hechos 13.39; 1 Juan  5.1, 5, 10.

En Marcos 9.23 tenemos el reflejo del participio «jo pistéuon», sólo que por razones sintácticas se encuentra aquí en caso dativo («to pistéuonti»), lo mismo que en Romanos 1.16; 4.5; 10.4. 

En sexto lugar, a diferencia de la forma verbal «crea» (en modo subjuntivo), que apunta a una acción verbal potencial, una acción que tal vez se realice, pero tal vez no; el participio «jo pistéuon» describe una acción verbal de aspecto durativo, una acción verbal que se da como real, por realizada, como durativa y persistente. En consecuencia, el participio «jo pistéuon» no apunta a una persona que cree y luego reniega de su fe, sino a la persona que manifiesta su creencia o fe en Jesús, y permanece firme en dicha creencia.

Además, es preciso poner de relieve que si bien tanto en el griego como en castellano el modo subjuntivo presenta la acción verbal como potencial, como probable, hipotética, condicionada; hay un matiz del aspecto de la acción verbal en el modo subjuntivo en griego que no se percibe con claridad en el modo subjuntivo en el castellano. En el griego, el modo subjuntivo en tiempo aoristo comunica una acción puntual, mientras que en tiempo presente el modo subjuntivo expresa una idea de durabilidad y persistencia.    

Consecuentemente, el que el autor del Evangelio de Juan haya empleado el subjuntivo presente en la forma verbal «éje» («tenga», tercera persona, singular, voz activa del verbo «éjo» «yo tengo»), en el contexto de la expresión «tenga vida eterna», versículos 15 y 16; apunta a una acción que se considera una realidad durativa, una posesión duradera.

En suma, el participio «jo pistéuon» no apunta a una acción potencial (la posibilidad de creer), apunta más bien a una acción que se da como una realidad, como un hecho (la realidad de que se cree, y que dicha creencia se mantiene y es persistente). Luego, una ideal traducción del participio «jo pistéuon», es «el que es fiel». Luego, Juan 3.15 y 16 deben traducirse: «Para que todo el que le es fiel tenga vida eterna; porque así manifestó Dios su amor hacia los seres humanos, dando a su hijo único para que todo el que le es fiel no perezca, sino que tenga vida eterna». 

Otra pista exegética:

La expresión «ton juión ton monogiuené édoken» («dio al hijo único»), en Juan 3.16 es precedida por la conjunción consecutiva «jóste» (que introduce una oración subordinada consecutiva) que en relación a una forma verbal en modo indicativo (como aquí la forma verbal «édoken») indica que la consecuencia o resultado de lo dicho en la proposición principal se considera un hecho objetivo que se puede constatar. En tal sentido, para el autor del Evangelio de Juan el hecho de haber dado Dios su hijo único, es una manifestación concreta e ineludible de su amor.

Conclusión, una traducción castellana acertada y consistente de Juan 3.15-16, debe emplear el modo indicativo («cree»), y no el modo subjuntivo («crea»).



¡Hasta la próxima!



domingo, 14 de mayo de 2017

La figura de «el tentador», cuestiones de gramática y lingüística bíblica


La diferencia del aspecto de la acción verbal en tiempo presente y en tiempo aoristo


Héctor B. Olea C.

Otra forma de poner de relieve la diferencia radical que existe en el «griego koiné», entre el aspecto de la acción verbal en tiempo presente (acción durativa, repetida, persistente, no agotada), en contraste con el aspecto de la acción verbal en tiempo aoristo (acción específica, puntual, no durativa); lo constituye la expresión  griega que en el Nuevo Testamento se traduce «el tentador», o sea, «jo peirázon» (sólo en Mateo 4.3 y 1 Tesalonicenses 3.5).

Ahora bien, consiste la expresión «jo peirázon» en un adjetivo verbal, un participio articular (con artículo), sustantivado (de tiempo presente, en voz activa, de género masculino, en caso nominativo singular) del verbo «peirázo» (tiento, pongo a prueba).

Por otro lado, es preciso llamar la atención respecto de lo equivalente y paralela que es la expresión «jo peirázon», con la figura típica del Evangelio de Juan, «el príncipe de este mundo» («jo árjon tu kósmu tútu» (Juan 12.31; 14.30; 16.11).

Pues bien, como «jo peirázon» (el tentador, el que tienta), la expresión «jo árjon» (el que gobierna, el príncipe, el gobernante) es también un adjetivo verbal, un participio articular (con artículo) sustantivado, de tiempo presente, voz activa, de género masculino, en caso nominativo singular, del verbo «árjo»: mando, gobierno, comienzo.

En suma, la idea que comunica la expresión «jo peirázon», en tiempo presente, es “el que tienta y sigue tentando”, “el que tentó”, “el que tienta”, “el que seguirá tentando”. Luego, en virtud de las ideas que se asocian a las interminables acciones de esta figura, se comprende que sólo se haya identificado empleando el tiempo presente («jo peirázon»), y no el tiempo aoristo («jo peirásas»), o sea, “el que tentó”, “el que una vez tentó (tentaba) pero que ya no tienta”.

Por supuesto, al margen de lo que pensemos nosotros hoy, es claro que el empleo de la expresión «jo peirázon» (el tentador), supone que para el evangelista Mateo “las tentaciones” tienen un origen personificado (compárese Mateo 16.23; 25.41; Marcos 8.33; Lucas 13.16; 22.31); y lo mismo hay que decir respecto de la figura de «jo árjon tu kósmu tútu» (el príncipe de este mundo) del Evangelio de Juan, con la cual apunta el Evangelista a un origen del mal también en una forma personificada.

Finalmente y, principalmente en el contexto de los relatos que dan cuenta de la tradición de los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto; es evidente el paralelismo e identificación entre la figura de «el diablo» («jo diábolos») Mateo 4.1; Lucas 4.2; «Satanás» («jo satanás») Marcos 1.13; con la figura del «jo peirázon» (el tentador), y con la figura del «jo árjon tu kósmu tútu» (el príncipe de este mundo) Juan 12.31; 14.30; 16.11.           



¡Hasta la próxima!


viernes, 12 de mayo de 2017

Una evaluación de la traducción griega de Éxodo 3.14 en la Septuaginta


¿Cuál es la traducción acertada, en tiempo presente o en tiempo futuro?
Cuestiones de gramática, lingüística, exégesis y traducción bíblica


Héctor B. Olea C.


¿Qué es lo que en realidad dice el texto hebreo? ¿«Yo soy el que soy», o «Yo soy el que estaré»? Una respecta precisa y sin evasiva es, por un lado, que una traducción acertada de la expresión hebrea «’ehyeh ’asher ’ehyeh» va en la línea de «Yo soy el que estaré»; por otro lado, que es realmente la Septuaginta la que literalmente tradujo y dice: «egó eimí jo on», o sea: «Yo soy el que soy».

Sin embargo, desde el punto de vista lingüístico, desde el punto de vista de la gramática hebrea y la gramática griega, las cosas no son tan sencillas. En consecuencia, con tal de ayudar a una mejor comprensión de la problemática en cuestión, sin la intención de facilitarle las cosas a la teología, me propuse compartir algunas observaciones al respecto:          

En primer lugar, es preciso tener en cuenta que para el análisis adecuado de la problemática en cuestión (texto hebreo y gramática hebrea, y la traducción de la Septuaginta a la luz de la gramática griega), se debe conocer bien tanto la gramática hebrea como la gramática griega.

En segundo lugar, que el hebreo, a diferencia del castellano y el griego, no tiene propiamente «tiempos verbales», sino más bien, «estados del verbo», que apuntan más al aspecto de la acción que al tiempo en que esta se realiza. En tal sentido, tenemos, por un lado, «el estado perfecto», que apunta a una acción completa, realizada, que concuerda con el sentido y el aspecto de la acción que comunica el tiempo aoristo griego (acción puntual y concluida). Por otro lado, tenemos «el estado imperfecto», que apunta a una acción incompleta, no realizada, no concluida, por realizarse, una acción futura.

En tercer lugar, atendiendo precisamente al aspecto de la acción que comunica el «el estado imperfecto» hebreo, no podemos perder de vista que, respecto del griego, es el tiempo presente (y no el futuro, como erróneamente piensan muchas personas), el que igualmente comunica una acción verbal de aspecto no sólo presente, sino durativa, repetida, no concluida.

En cuarto lugar y, ampliando la idea del numeral anterior, es preciso comprender que en el griego el binomio que es equivalente al binomio hebreo («estado perfecto»: acción perfecta, realizada, concluida; y «el estado imperfecto»: acción no concluida, no realizada, repetida, no agotada); es el binomio: «tiempo presente» (acción verbal de aspecto durativa, repetida, no agotada) y el «tiempo aoristo» (acción verbal de aspecto concluida, puntual, agotada). En este sentido, en el griego se comprenden las diferencias que existe, en lo que al aspecto de la acción verbal se refiere, entre una forma verbal en tiempo presente, y el de una forma verbal en tiempo aoristo, en el modo indicativo, y lo mismo se debe decir respecto del modo imperativo; entre una forma verbal en modo subjuntivo en tiempo presente, y en el mismo modo subjuntivo pero de tiempo aoristo; entre un infinitivo presente, y un infinitivo aoristo; entre un participio de tiempo presente, y un participio de tiempo aoristo.

En quinto lugar, a la luz de los aspectos ya explicados, a la luz del hecho de que en hebreo la expresión «’ehyeh ’asher ’ehyeh» está en «estado imperfecto» (no en tiempo imperfecto, tampoco en tiempo futuro), que comunica una acción de aspecto no concluido, durativo); se comprende que la mejor traducción de dicha expresión, a la luz de la gramática griega, es precisamente empleando el tiempo presente que, como «el estado imperfecto» hebreo”, comunica una acción de aspecto no concluido, durativo.

En suma, es «egó eimí jo on» (yo soy el que soy y el que seré, yo soy el que estoy y estaré, yo soy el que soy y seguirá siendo, yo soy el que estoy y el que estará, el que seguirá estando), y no el futuro («egó esomai jos esomai»: sencillamente: “yo seré el que seré, yo seré el que estaré), el que concuerda y mejor comunica el tipo de aspecto de la acción verbal que expresa el «estado imperfecto» hebreo.

En realidad, la coincidencia entre el tiempo futuro griego, con el «estado imperfecto» hebreo, es mínima, ya que sólo se reduce a las implicaciones futuras de una acción verbal de aspecto no concluido y durativo; pero es el tiempo presente el que concuerda con el aspecto durativo, no concluido del «estado imperfecto» hebreo, pues incluye y abarca las implicaciones presentes y futuras (yo soy y sigo siendo, yo estoy y sigo estando, yo estoy y estaré, yo soy y seré, yo soy y seguiré siendo, yo estoy y seguiré estando) de una acción verbal de aspecto durativo y no concluido, no finalizado.   
    
En sexto lugar, una vez más es preciso poner de relieve que no es precisamente la traducción literal la mejor traducción, la que mejor comunica en otro idioma (lengua receptora), el sentido y aspecto que tiene una forma verbal en un primer idioma (lengua fuente, lengua original).

En séptimo lugar y, finalmente, una persona que conozca bien la gramática hebrea y la gramática griega, como el traductor de la Septuaginta aquí; concordará con él, y sabrá, que es el tiempo presente, y no el tiempo futuro, el que concuerda, el que comunica el aspecto de una acción verbal de aspecto durativo, no concluido, que comunica el «estado imperfecto» hebreo.



¡Hasta la próxima!

  

viernes, 5 de mayo de 2017

Una traducción fiel debe reflejar lo que realmente dice el texto, no lo que pensamos nosotros


La traducción de la Biblia debe evitar toda modernización injustificada del texto


Héctor B. Olea C.


Una cosa es asumir hoy una necesaria postura crítica y de sospecha frente al contexto sociocultural patriarcal de un texto bíblico (ambiente natural, contexto vital de dicho texto, y que explica la forma en que el mismo asume, describe y plantea la relación hombre-mujer); y otra, el sustraer dicho texto, y traducirlo en una forma (modernización injustificada) en que éste refleje más el contexto sociocultural del sujeto hermeneuta actual (y la crítica que éste le plantea al contexto original del texto), en lugar de reflejar, como se espera, el contexto original de dicho texto.

En tal sentido, sin importar lo que pensemos hoy del nacimiento de un niño o de una niña; la traducción acertada del Salmo 127.3 no debe reflejar una inclusividad que jamás estuvo en la mente de su autor. En consecuencia, la palabra hebrea «baním» (Septuaginta: «juiói») debe ser traducida «hijos varones». Luego, la traducción acertada de la frase completa debe ser: «Herencia de YHVH son los hijos varones».  

Ahora bien, esta traducción no implica que nosotros hoy concordemos con el pensamiento del Salmista, y que no asumamos una postura crítica a tal forma de pensamiento. La traducción que planteo se justifica sencillamente porque es la que refleja lo que en realidad dijo el autor del Salmo 127.3 en el texto hebreo, y en conformidad a su marco sociocultural. En realidad el autor del salmo 127 no es una persona del siglo 21.  

En esta misma línea, sin importar lo que pensemos nosotros hoy del liderazgo eclesial de la mujer y su ordenación; lo cierto es que el hecho de que el autor de 2 Timoteo haya empleado la expresión «tus ándras» (acusativo plural de «anér»: varón, marido, esposo, el que engendra), demanda la traducción: «los varones». En consecuencia, 2 Timoteo 2.8 no apunta a los hombres como colectivo sinónimo de “el ser humano”, “los seres humanos” (modernización injustificada), sino que hace referencia estrictamente a “los varones”. Por supuesto, que esta es la idea del autor de la epístola en  cuestión, se pone de relieve cuando consideramos la relación entre el versículo 8 (respecto de los varones) y el versículo 9 (respecto de las mujeres), y finalmente, en conjunto, los versículos 8-15. Sin duda, a diferencia de nosotros, no parece que el autor de 2 Timoteo (considerando la epístola como un todo) favoreciera la ordenación de la mujer.    

Finalmente, es preciso poner de relieve que es inadmisible el traducir la expresión «las Escrituras» (griego «tas grafás», acusativo plural de «je grafé»: la Escritura), con la palabra «Biblia», como erróneamente lo hizo (modernización injustificada) la  versión «Traducción en lenguaje actual» (TLA año 2000: («Ustedes estudian la Biblia»).

Obviamente, con el empleo de la palabra «Biblia» en la referida versión de la Biblia, en Juan 5.39, ésta induce al lector actual a pensar, erróneamente por cierto, que el concepto que tenemos hoy de la «Biblia» (que las ideas que nosotros asociamos a la palabra «Biblia»), fue un concepto conocido por el autor del Evangelio de Juan, incluso por el mismo Jesús, y común a Jesús, al autor del cuarto Evangelio y a nosotros. Por  supuesto, no fue el autor del cuarto Evangelio una persona siquiera del siglo V de nuestra era. 




¡Hasta la próxima! 

lunes, 1 de mayo de 2017

Una versión posterior de la Biblia no es necesariamente mejor que su predecesora.


Una breve comparación entre la versión Reina Valera Contemporánea 2011 (RVC) y la Reina Valera 1960 (RV)


Héctor B. Olea C.


En primer lugar, en Juan 5.39 la RVC 2011 corrige y supera la RV 1960 y a la RV 1995, al traducir correctamente en modo indicativo, y no en modo imperativo la forma verbal «eraunate» (escudriñan, estudian). Un punto a favor de la RVC 2011.

En segundo lugar, aunque incluye una nota al pie de página indicando que se sustenta en “manuscritos tardíos”, la RVC 2011 insiste, como la RV 1960 y la RV 1995, en reproducir la llamada «coma juanina», o sea, la interpolación tardía que se lee en 1 Juan 5.7-8. Un punto en contra de la RVC 2011.

En tercer lugar, la RVC 2011 corrige y supera la RV 1960 y a la RV 1995, al evitar el uso del nombre «Jehová», empleando en su lugar la traducción «Señor», y la  traducción «Dios el Señor», en lugar de «Jehová Dios». Un punto a favor de la RVC 2011.

En cuanto lugar, supone la RVC 2011 un retroceso en relación a la RV 1995, cuando esta última superó y corrigió a la RV 1960, al traducir «sábado» en lugar de la expresión «día de reposo» (compárese Lucas 14.1-5). En consecuencia, si bien se esperaba que la RVC 2011 siguiera aquí la corrección que le hizo la RV 1995 a la RV 1960, es lamentable que volviese a retomar la traducción de la RV 1960. Un punto en contra de la RVC 2011.

En quinto lugar, la RVC 2011, como la RV 1960 y la RV 1995, yerra al traducir con el género neutro en la expresión «esto es mi cuerpo», en  lugar de traducir correctamente «este es mi cuerpo» (en Mateo 26.26; Marcos 14.22; Lucas 22.19; 1 Corintios 11.24), y en la expresión «esto es mi sangre», en lugar, de la expresión  «esta es mi sangre» (en Mateo 26.28; Marcos 14.24). Un punto en contra de la RVC 2011.

En sexto lugar, representa la RVC 2011 un retroceso cuando en Juan 20.17 no asume la corrección que representó la RV 1995 («Suéltame»), y vuelve atrás y de manera equivocada asume la traducción «No me toques», de la RV 1960. Un punto en contra de la RVC 2011.

En séptimo lugar y, finalmente, vuelve a constituir la RVC 2011 un lamentable retroceso cuando en lugar de asumir la corrección que le hizo la RV 1995 a la RV 1960, cuando tradujo correctamente la expresión griega «di’ autú» (por el caso y el contexto: «por medio de», «por medio de ella», apuntando a la palabra: «lógos»). Yerra, pues, aquí la RVC 2011 («por ella») al retomar la traducción ambigua e imprecisa de la RV 1960 («por él»), frente al sentido claro y preciso de la expresión griega «di’ autú»: «por medio de» (“medio”, “instrumentalidad”; y no “causa eficiente”). Un punto en contra de la RVC 2011.     



¡Hasta la próxima!