viernes, 18 de marzo de 2016

Elecciones de mayo próximo, y de la objeción a ciertas candidaturas por parte del sector religioso de la sociedad dominicana

Un sector de la comunidad evangélica ha decidido usar la misma estrategia de la Iglesia Católica Romana y ser uno con ella en la lucha por tratar de impedir (en vano pienso yo), que ciertas personas que aspiran a lograr un puesto electivo en las elecciones generales del 15 de mayo próximo, logren su objetivo.

La línea es que las personas que aspiren a lograr el apoyo de la comunidad evangélica en sus aspiraciones electorales, deberán identificarse con ciertos puntos específicos de la agenda de dicho sector.

Lo curioso es que, a diferencia de la Iglesia Católica que no está apoyando abierta y oficialmente candidatura alguna; ese mismo sector que pretende impedir que algunas personas logren ser elegidas, al mismo tiempo está presentando un sinnúmero de candidaturas que igualmente aspiran a ser elegibles. En consecuencia, se arriesga ese sector de la comunidad evangélica a que, de manera lógica y natural, se proponga un amplio sector de la sociedad dominicana impedir que las candidaturas abiertamente provenientes de la comunidad evangélica, tampoco logren su objetivo.

Al final, un hecho desfavorable para ese sector de la comunidad evangélica, es que, después de todo, en términos políticos la comunidad evangélica no va por el mismo camino, es sin duda multicolor (perredeísta, peledeista, reformista, perremeísta, etc., etc., etc.), y es prácticamente imposible lograr a lo interno de ella cierto consenso en muchas cosas, incluido el aspecto político partidista.

Finalmente y, por otro lado, apoyando a los suyos necesariamente no logrará ese sector de la comunidad evangélica impedir que las candidaturas que pretenden objetar, logren su objetivo; además de que no es muy seguro que la comunidad evangélica por sí misma, con su voto particular, pueda garantizar el triunfo de un proyecto político: sin embargo, parece claro que de no lograr el apoyo de un amplio sector de la sociedad dominicana, las candidaturas abiertamente procedentes de la comunidad evangélica, o abiertamente comprometidas con la particular agenda de la misma, están condenadas al fracaso, así de sencillo.


De todos modos, y a estas alturas, es lamentable que una candidatura sea objetable por el sector religioso de la sociedad dominicana, sencillamente por no estar comprometida con su particular agenda; por supuesto, también es lamentable que una candidatura sea objetable por el simple hecho de proceder de la comunidad evangélica, aunque quizás también por no entender los signos y las señales de los tiempos.  

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