viernes, 29 de julio de 2016

¡Matriculaciones abiertas para nuestros cursos virtuales de lenguas bíblicas!



Tenemos a bien anunciar que están abiertas las inscripciones para los cursos de lenguas bíblicas (hebreo y griego) que está ofreciendo el IDCB (Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas Inc.), en la modalidad virtual; para el período septiembre-diciembre. Las personas interesadas tienen hasta el sábado 20 del próximo mes de agosto para formalizar su matriculación. Las clases inician en la primera semana de septiembre.

Mayor información, solicitarla vía el siguiente correo electrónico:

Cordial y fraternalmente,


Prof. Héctor B. Olea C.

La palabra «primogénito» en Mateo 1.25, una perspectiva crítica


¿Una manipulación textual más?

Héctor B. Olea C.

Como muy probablemente habrán notado las personas que leyeron mi artículo anterior en torno a Mateo 1.25, es claro que mi traducción personal de dicho pasaje (así como la traducción de las llamadas «Biblias católicas» que mencioné en el contexto de dicho artículo, tanto las que se mantuvieron fiel al texto griego como las que lo manipularon); no incluye la palabra «primogénito».

Ahora bien, dado que la palabra «primogénito» (griego «protótokos»”) por lo general apunta a un primer nacido entre varios (en la cultura hebrea la primogenitura era un concepto estrictamente asociado con la descendencia masculina); es probable que algunas personas piensen que su omisión en mi propia traducción del pasaje en cuestión, así como en las «Biblias católicas», supone algún tipo de “manipulación textual” (que yo estaría apoyando) con tal de restarle obstáculos a la sustentación del dogma católico de la «perpetua virginidad de María».

Sin embargo, no es así. Me explico. Desde la «Crítica textual» (ciencia que procura acercarnos lo más posible al texto más próximo al original), observamos que la presencia de la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en Mateo 1.25 no está atestiguada por los mejores manuscritos, por los mejores testigos textuales de que disponemos, sino por el llamado «Textus Receptus» (“texto recibido”), atestiguado por manuscritos tardíos. Esto significa que podemos estar muy seguros de que dicha palabra nunca estuvo en el original texto griego del evangelio de Mateo.

Además, la adición del llamado «Textus Receptus» es doble. Por un lado, inserta el artículo «el»” (griego, «ton»), ante la palabra «juión» (hijo), en caso acusativo singular, a pesar de que el mejor texto griego de Mateo 1.25 no lo tiene, para que se hable de «el hijo». Por otro lado, agrega la palabra «primogénito» (griego «protótokos»).

Ahora bien, a pesar de lo tardío y poco confiables que resultan los manuscritos en que se apoya la mención de la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en el pasaje en cuestión en la versión Reina Valera 1960; lo cierto y penoso es que incluso en la recién publicada «Reina Valera Contemporánea» (año 2011) se persiste en mantener la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en Mateo 1.25.

Es más, lo peor aún es, respecto de la llamada «Reina Valera Contemporánea», que se pretenda mejorar en algunos aspectos la Reina Valera 1960 (como revisión realizada directamente por las Sociedades Bíblicas Unidas, pues no debemos olvidar que ya se han publicado varias versiones por distintas casas editoriales que han pretendido mejorar y hasta sustituir la revisión de 1960), haciendo destacar las dificultades textuales de dicha versión, pero sin la intención de que tales observaciones formen parte del texto mismo.

Es más, en un pequeño folleto («Tríptico») informativo publicado por Sociedades Bíblicas Unidas misma, se afirma textualmente que: “En el siglo XXI tenemos el «Texto Crítico» que se ha logrado a partir de más de 3000 manuscritos griegos, la mayoría mucho más antiguos y de mejor calidad que aquellos conocidos como «Textus Receptus», usado por Casiodoro de Reina como base textual para su traducción en 1569. El «Texto Crítico» es la base textual de la nueva revisión «Reina Valera Contemporánea», indicando claramente qué textos no se encuentran en los manuscritos más antiguos, aunque sin excluirlos de la Biblia”.

Ahora bien, mi personal percepción es que las «Sociedades Bíblicas Unidas» han decidido trabajar con demasiado sacralidad el texto de la Reina Valera, de forma análoga a como los masoretas trabajaron el texto hebreo consonántico que habían recibido. De hecho, precisamente por la sacralidad con que observaban el texto hebreo recibido, los masoretas decidieron señalar y destacar los problemas, dificultades e incoherencias o inconsistencias que mostraba dicho texto, pero sin alterar el texto mismo.

La pregunta lógica es si el «Textus Receptus» de la Reina Valera merece que nos comportemos frente a él, con la misma actitud y comportamiento con que los masoretas se acercaron y trabajaron el texto hebreo consonántico que habían recibido. En otras palabras, ¿se justifica hoy el pensar que la base textual de la Reina Valera es el texto original de la Biblia?

Además, el mencionado folleto afirma que con la «Reina Valera Contemporánea» no se pretende “sustituir” (cuando precisamente es lo que se esperaría de una revisión actualizada de la Reina Valera 1960 y 1995). ¿Será que se le teme y se considera un verdadero riesgo el que una verdadera actualización y revisión completa de la Reina Valera sea un terrible fracaso, económica y comercialmente hablando?

Pienso que la pregunta que he planteado no es descabellada y sin fundamento.   Esto así: 1) Dado el valor que ha recibido el texto de la Reina Valera 1960 prácticamente en todo el mundo, por parte del cristianismo protestante y evangélico hispanohablante. 2) En virtud del arraigo que tiene dicha versión en dicho segmento; y 3) Debido a la dependencia de dicha versión que tienen muchas prácticas, y conceptos doctrinales y teológicos del protestantismo hispanohablante.

Un ejemplo del riesgo financiero al que se expone una revisión que pretenda sustituir a la «Reina Valera 1960», lo tenemos, en primer lugar, con la experiencia obtenida por «Sociedades Bíblicas Unidas» misma, al ver que su «Reina Valera 1995» no ha podido sustituir ni competir con la ya revisada, textualmente mejorada y en parte superada, «Reina Valera 1960». Otros ejemplos que ponen de relieve lo difícil que ha sido el restarle espacio e impacto a la «Reina Valera 1960» en el protestantismo evangélico hispanohablante, lo constituyen el poco éxito logrado por las siguientes revisiones: 1) La realizada y publicada por la Liga Bíblica en 1977 (Santa Biblia); 2) La revisión realizada y publicada en 1989 por Editorial Mundo Hispano, la llamada «Reina Valera Actualizada», cuya más reciente revisión se publicó en el año 2015; 3) La revisión de la Reina Valera publicada por los adventistas en 1990, la llamada “Santa Biblia Nueva Reina Valera 1990”, y la llamada «Reina Valera versión siglo XXI» del año 2009 (versiones aparentemente hechas por adventistas para adventistas).

Ahora bien y, volviendo al problema textual respecto de la palabra «primogénito», diré que dicha palabra sí aparece como parte del original evangelio de Lucas, cuando en Lucas 2.7 se lee: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Es de sospechar, pues, que tardíamente algún copista se apoyó en la cita de Lucas para introducirla indebidamente en Mateo 1.25.

A pesar de todo, lo cierto es que el evangelio de Mateo, uno de los dos canónicos que desarrolla una «cristología de la concepción», en lo que respecta al capítulo 1, no muestra interés en mencionar si María tuvo más hijos, antes o después de Jesús. Su teología, en lo que al capítulo 1 se refiere, se concentra en dos aspectos: 1) María tuvo un hijo, el cual nació sin el concurso de varón, sin que José u otro varón lo hubiera engendrado. 2) Después de haber nacido dicho hijo, al cual José llamó “Jesús”, José y María tuvieron una vida conyugal absolutamente normal.

Consecuentemente y, considerando la teología del evangelio de Marcos, evangelio que, por cierto, no desarrolla como Mateo y Lucas, una «cristología de la concepción», y fue el primer evangelio en ser escrito; tenemos  que concluir que es el evangelio de Marcos el primero que menciona que María tuvo más hijos, presumiblemente de José, pero sin explicitar si Jesús fue el «primogénito» (considérese Marcos 3.31-35; 6.1-4; compárese Mateo 12.46-50; Lucas 8.19-21).

Luego, en una especie de línea intermedia entre Mateo y Marcos, tenemos a Lucas que, además de desarrollar una «cristología de la concepción» al igual que Mateo, es el único que en el marco de su relato del nacimiento de Jesús, especifica que éste fue el «primogénito» de María (Lucas 2.7).

Ahora y en este punto, creo que es interesante traer a colación la forma en que algunas «Biblias católicas» encaran el texto de Lucas 2.7. Como muestra cito a continuación el comentario que la «Biblia de Jerusalén 1998» hace del empleo de la palabra «primogénito» en dicho pasaje: “En griego bíblico el término no supone necesariamente hermanos menores, sino que subraya la dignidad y los derechos del niño”.

Además, me es preciso decir que en la misma línea del comentario de  Lucas 2.7  que ofrece la «Biblia de Jerusalén 1998» va el comentario de dicho pasaje que ofrece el «Comentario Bíblico San Jerónimo»:, cito:

“Hijo primogénito: El término griego «prótotokos» es utilizado constantemente en el AT (LXX) para designar al hijo que continuará la estirpe y recibirá doble porción en la herencia de sus mayores (Génesis 27; Deuteronomio 21.17). En algunos casos, el término tenía fuertes resonancias mesiánicas; las bendiciones de los patriarcas,  o herencia religiosa de Israel, se transmitían a través del primogénito (Génesis 27; Éxodo 4.22; Romanos 8.29; Colosenses 1.18). El fuerte acento judío del relato de la infancia, por consiguiente, explica el empleo de «prótotokos» en lugar del «monogenés» (hijo único) de 7,12; el primer término no implica en modo alguno que María tuviera otros hijos con José”.

Sin embargo, muy a pesar de la forma en que el «Comentario Bíblico San Jerónimo» comenta el empleo de la palabra «prótotokos» en Lucas 2.7, procurando eliminarle  obstáculos y escollos al dogma católico de la «virginidad perpetua de María»; lo cierto es que el empleo de la expresión «monoguenés juiós» por parte del mismo evangelista Lucas en el capítulo 7.12, para indicar, para hacer referencia a un «hijo único»; sugiere que si el evangelista Lucas hubiese querido señalar sin discusión que Jesús era el «hijo único de María», en Lucas 2.7, en lugar de emplear la palabra «prótotokos» (la que en efecto empleó), hubiese utilizado la expresión «monoguenés juiós», como en el 7.12.

Además y, después de todo, lo cierto es que ni Marcos ni Mateo establecen que Jesús fue el «primogénito» de María, si bien sostienen (con Lucas) que Jesús tuvo hermanos y hermanas. Es, pues, sólo el evangelista Lucas (de los evangelios canónicos) el que afirma que Jesús fue el «primogénito» de María (si bien con relación a José las cosas no les parecen muy claras (compárese Lucas 3.23, pasaje cuyos alcances e implicaciones están todavía en discusión).

Finalmente, con relación a interpretación católica que asume la palabra griega «adelfós» (hermano uterino), como equivalente a «primo» o sencillamente «pariente» (con tal de no poner en cuestionamiento el dogma de la «perpetua virginidad de María»); entiendo acertada la observación de Antonio Piñero al respecto, cuando plantea que si los evangelistas usaron la palabra «adelfós» para hacer referencia a los hermanos de Jesús, es sencillamente porque esa era la idea que, sin duda, pretendieron comunicar. En caso contrario, hubiesen utilizado otra palabra que también tenían a su disposición, como la palabra «anepsiós», que sí apunta a un «primo hermano». Un ejemplo del uso en el NT griego de la palabra «anepsiós», es Colosenses 4.10, por cierto, la única vez que se utilizó dicha palabra en todo el NT griego. 

En suma, si bien es indiscutible la presencia de la palabra «prótotokos» («primogénito») en Lucas 2.7; no es menos cierto que su presencia en Mateo 1.25, según se lee en la versión «Reina Valera 1960» (como reflejo del «Textus Receptus»), carece de fundamento y apoyo desde la perspectiva de la ciencia de la Crítica textual. En realidad la presencia de la palabra «prótotokos» («primogénito») en Mateo1.25 es una interpolación tardía, con base en Lucas 2.7, con la pretensión de armonizar a Mateo 1.25 con Lucas 2.7, y presentar un mensaje homogéneo, aunque adulterando la integridad textual del Evangelio de Mateo.       

Cierro esta cuestión, después de todos los elementos considerados en los dos artículos que he dedicado al análisis y explicación de Mateo 1.25, después de considerar toda la evidencia presentada; concluyendo en que una acertada traducción de Mateo 1.25, por un lado, debe ser distinta a la traducción que de dicho pasaje se lee en algunas versiones “católicas” de la Biblia (como la «Nueva Biblia Española», y la «Biblia de Jerusalén Latinoamericana»); y por otro lado, también distinta a la traducción que del mismo pasaje se lee en la versión «Reina Valera 1960», al menos y estrictamente en relación a la no inclusión de la palabra   «prótotokos», o sea, «primogénito».

En  fin, una acertada traducción de Mateo1.25 debe ir en la siguiente línea:

“Y él (José) no tuvo (griego lit. «No tenía») relaciones sexuales con ella (con María) hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

“Y no tuvo (José) relaciones sexuales con ella (con María), sino hasta después de que ésta dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”



¡Hasta la próxima!

jueves, 28 de julio de 2016

«Ortodoxia», tantas veces cuestionable como la considerada «heterodoxia»



Héctor B. Olea C.

Insisto: No veo como ideal, mejor, o más recomendable el fundamentalismo católico y evangélico que opta por la “no interrupción” de un embarazo cuya continuidad amenaza seriamente la subsistencia de la madre, de la criatura misma, o de ambas a la vez; y el fundamentalismo del movimiento conocido como «Testigos de Jehová», que igualmente opta por mandar a la tumba a una persona con tal de evitar a ultranza una simple pero vital transfusión de sangre.

En suma, no siempre (¿casi nunca?) es admisible y acertada la distinción que plantea la “ortodoxia” que, de manera radical, considera “errónea” la postura de la “heterodoxia”; pero correcta e ideal, la opción suya; así de sencillo.


¡Feliz jueves!

martes, 26 de julio de 2016

«Sin haber tenido relación sexual con él (con José), María dio a luz un hijo»


Un ejemplo concreto de manipulación textual en algunas de las llamadas «Biblias católicas»

Héctor B. Olea C.

Para nadie es un secreto la importancia que tiene el dogma de la «perpetua virginidad de María» en la oficial e institucional teología católica. Ahora bien, a pesar de los argumentos de la teología católica (y de la manipulación a la que algunas versiones de la Biblia “católicas” han sometido el pasaje en cuestión), lo cierto es que el texto griego de Mateo 1.25 va más bien en contra de tal dogma.

Consideremos, en primer lugar, el texto griego de Mateo 1.25, luego consideraremos la traducción de dicho pasaje en dos distintas versiones católicas de la Biblia.

Mi personal traducción del texto griego de Mateo 1.25:

“Y él (José) no tuvo (griego lit. «No tenía») relaciones sexuales con ella (con María) hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

Otra adecuada traducción es: “Y no tuvo (José) relaciones sexuales con ella (con María), sino hasta después de que ésta dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

Pasemos ahora a considerar una traducción acertada de este pasaje en una «Biblia católica», a saber, la «Biblia del peregrino», cito: “Pero no tuvo relaciones con ella hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

Igualmente una buena traducción se lee en la muy conocida «Biblia de Jerusalén» (también una «Biblia católica»), cito: “Pero no la conocía hasta que ella dio a luz a un hijo, a quien puso por nombre Jesús.”

Sin embargo, una observación que no puedo dejar de hacer con relación a la «Biblia de Jerusalén 1998», es la siguiente. Resulta que si bien la traducción que hace de Mateo 1.25 es acertada, no es menos cierto que los editores y responsables de la referida versión de la Biblia no resistieron la tentación de tratar de llevar dicho pasaje al terreno de la conveniencia teológica para el dogma católico de la «perpetua virginidad de María». En consecuencia, la traducción acertada de Mateo 1.25 es acompañada por el siguiente comentario: “El texto no contempla el período posterior; y por sí mismo no afirma la virginidad perpetua de María, pero el resto del Evangelio, así como la tradición de la Iglesia la suponen” (sea usted el jurado).

También da muestra de una acertada traducción, la «Biblia Cantera-Iglesias», otra «Biblia católica», cito: “Y no se unió a ella antes que diera a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”

Observemos ahora la manera en que algunas versiones “católicas” de la Biblia, sí procuraron traducir a Mateo 1.25 en una forma en que dicho texto no cuestionara el dogma de la «perpetua virginidad de María».

“Sin haber tenido relación con él, María dio a luz un hijo, y él le puso de nombre Jesús” (traducción de la «Nueva Biblia Española»).

Otra versión de la Biblia (una «Biblia católica» más) que va por este mismo camino, es la llamada «Biblia de Jerusalén Latinoamericana» (que curiosamente se muestra aquí en una línea contraria a la original «Biblia de Jerusalén», como ya vimos más arriba). Esta versión traduce: “Y sin haber mantenido relaciones dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”

En resumen, como lo demuestra el análisis que he realizado de la traducción de Mateo 1.25 en varias «Biblias católicas», se puede observar que ciertamente es muy posible que una «Biblia católica» ceda a la tentación de traducir en conformidad no al texto hebreo arameo o griego, sino en conformidad a la teología institucional y oficial católica (especialmente en pasajes de vital importancia para dicha teología). No obstante, también hemos demostrado que no toda «Biblia católica», automáticamente, cederá a tal tentación.

Ahora bien, en la misma línea de la traducción que de Mateo1.25 ofrece la «Nueva Biblia Española», la «Biblia de Jerusalén Latinoamericana», y el comentario que de dicho versículo ofrece la «Biblia de Jerusalén 1998», va el «Comentario Bíblico San Jerónimo»; cito:

“Este versículo ha sido causa de perturbaciones ya a partir de las primitivas herejías de los helvidianos y los jovinianos, que de él sacaban la conclusión de que María y José tuvieron relaciones maritales después del nacimiento de Jesús. La partícula griega («jéos») no lleva implícita esa idea, que en español se desprende fácilmente, y mucho menos si suponemos un trasfondo semítico para este pasaje. El Nuevo Testamento nada sabe de otros hijos de María y José. El interés de Mateo se centra aquí en afirmar que José no es el padre natural de Jesús, y su lenguaje viene determinado por ese interés.”

Sin embargo, me parece que el «Comentario Bíblico San Jerónimo», y otros, ignoran la forma en que el mismo evangelio de Mateo organiza su discurso, y proyecta su alcance. En consecuencia, es verosímil concluir en que ciertamente se propuso el evangelista Mateo en hacer resaltar que José no era el padre natural de Jesús; y en este sentido no es posible perder de vista lo que afirma, por un lado, el versículo 18, el que «antes de que se juntasen», griego «prin e sunelthéin autus»  (porque luego se juntaron), María concibió de parte del Espíritu Santo (griego «en gastrí éjusa ek tu pnéumatos jaguíu»); y por otro lado, lo que afirma el versículo 25, el que José «no la conocía» (griego «uk eguísnosken», forma verbal en tiempo imperfecto, más el adverbio de negación «no») que José no estaba conviviendo maritalmente con María, que no estaba teniendo relaciones sexuales con ella (porque luego tendrían, tuvieron), hasta que María no dio a luz al niño Jesús.

En suma, el evangelista Mateo se propuso en hacer resaltar que José no era el  padre natural del niño Jesús, afirmando y poniendo de relieve, por un lado, que para cuando María concibió y resultó embarazada, José no estaba conviviendo  con ella, María y José no estaban juntos, no estaban teniendo relaciones sexuales (versículo 18); y por otro lado, que para cuando nació el niño, si bien había  recibido a María por esposa; sin embargo no tuvo relaciones sexuales con ella hasta que ella no dio a luz al niño Jesús (versículo 25). De esta manera, siendo así las cosas, entiende el evangelista Mateo que no hay forma de hacer pasar a  José como el padre biológico del niño  Jesús.

Finalmente, si bien podemos concordar en que el evangelista Mateo se mostró muy preocupado en mostrar que la paternidad biológica del niño que estaba en el vientre de María no le pertenecía a José; por otro lado, no parece que el mismo evangelista Mateo se haya mostrado mínimamente interesado por la condición de María, como la teología oficial católica, respecto de una «virgnidad» de María, más allá del tiempo que medió entre la concepción y el alumbramiento del niño Jesús. Además, aunque si bien dependiendo del texto griego (Septuaginta) de Isaías 7.14, Mateo identifica a María como «virgen»; no es menos cierto que no hay evidencia de que tuviese la intención, como lo muestra nuestro análisis, de proyectar dicha condición más allá de la concepción y el alumbramiento del niño que fue llamado «Jesús». Por supuesto, y en tal sentido, a la luz del enfoque del evangelista Mateo, el que María haya tenido o no, hijos con José, es sencillamente irrelevante. 

Ahora, para cerrar esta sección, y en relación a las versiones de la Biblia, «protestantes»; puedo decir que por lo general las llamadas «Biblias protestantes» manifiestan una acertada traducción de Mateo 1.25 (y con razón, no sólo por la preocupación exegética de ser fieles al texto, sino también por su histórica oposición al referido dogma católico de la virginidad perpetua de María). Para muestra un botón, cito: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Reina Valera 1960).

Una traducción igualmente acertada, pero quizás un poco más clara, la leemos en la «Biblia en lenguaje actual», cito: “Pero no durmieron juntos como esposos antes de que naciera el niño. Y cuando este nació, José le puso por nombre Jesús”

De todos modos, una versión de la Biblia publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas (año 1992), realizada con la participación de biblistas católicos y protestantes (edición interconfesional con los libros deuterocanónicos, la identificada como “Dios Habla Hoy, edición de estudio”, revisión de la original “Dios Habla Hoy” de 1979); asombrosamente manifiesta una traducción de Mateo 1.25 que se conforma a la traducción que leímos en la «Nueva Biblia Española», cito: “Y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.”

No obstante, es justo decir que la traducción de Mateo 1.25 en versión popular «Dios Habla Hoy» original (no interconfesional, ni de estudio, y sin los libros deuterocanónicos), se ajusta perfectamente al sentido del texto griego, cito: “Pero no vivieron como esposos hasta que ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.”

Ahora bien, no podemos negar que se han levantado algunos argumentos para defender y justificar una traducción de Mateo 1.25 en la línea de la traducción que refleja la «Nueva Biblia Española» (“Sin haber tenido relación con él, María dio a luz un hijo, y él le puso de nombre Jesús”).

De todos modos y, sin embargo, el hecho de que respetadas versiones católicas (realizadas por eruditos católicos comprometidos con el dogma de la perpetua virginidad de María) hayan traducido en conformidad con la Reina Valera, y en conformidad al texto griego de Mateo 1.25; pone de relieve lo cuestionable y deficiente de la argumentación de un sector de la iglesia católica que promueve y defiende a ultranza una traducción de Mateo 1.25 tendente a favorecer un dogma, que sin lugar a dudas, no estaba en el horizonte del autor del evangelio de Mateo.  

Por otro lado, sí procuró ser coherente y consistente el evangelista Mateo, con su lectura de Isaías 7.14, desde la versión  griega, no desde el texto hebreo; donde leyó “virgen” y no sencillamente “una joven”, dirección a la que en verdad apunta el texto hebreo. En consecuencia, es innegable el compromiso del evangelista Mateo con la lectura y conclusión de que Jesús nació sin ser engendrado por un varón, sin ser el producto de una relación sexual normal entre un hombre y una mujer; sino mediante una “concepción virginal”. 

No obstante, llama la atención que Pablo se refiera a Jesús como un «nacido de mujer», expresión usada en la Biblia solamente en tres ocasiones (dos en el Tanaj y una en el NT: Job 14.1; 15.14; Gálatas 4.4) para señalar a todo ser humano que viene a existencia; y que de hecho no presupone la generación de un nuevo ser, el venir a existencia, un nacimiento producto de un medio distinto al proceso normal de embarazo y gestación humana. 

Por supuesto, hay una pequeña diferencia, no semántica sino respecto del significante o las palabras que usó la Septuaginta y las que usó Pablo para comunicar la misma idea. Por un lado, mientras que la Septuaginta empleó la expresión «guennetós gunaikós»; Pablo empleo la expresión «guenómenon ek gunaikós».

Analizando, pues, gramaticalmente ambas expresiones, diré lo siguiente. La terminología empleada por la Septuaginta, o sea, «guennetós gunaikós» (traduciendo la hebrea «yelúd isháh»: concebido, parido por una mujer), está formada por un adjetivo derivado del verbo «guennáo» (engendrar, concebir, dar a luz, etc.), o sea, «guennetós»; y por la palabra «mujer» («guné»), en caso genitivo, o sea, «gunaikós»; de ahí el sentido de «venir a existencia», «nacido por medio de una mujer», «nacido de una mujer», «concebido por una mujer».

Por su parte, la terminología empleada por Pablo, «guenómenon ek gunaikós», está constituida, en primer lugar, por un participio, aoristo segundo del verbo «guínomai» (ser, llegar a ser, producirse, etc.), o sea, «guenómenon»; y en segundo lugar, por la misma palabra «mujer» («guné»), en caso genitivo, o sea, «gunaikós»; de ahí el sentido de «venir a existencia», «nacido por medio de una mujer», «nacido de una mujer», «concebido por una mujer».

Para concluir, pienso que la traducción de Mateo 1.25 realizada por una obra no confesional, como «Todos los evangelios» (traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos), dirigida por Antonio Piñero; también pone de manifiesto la manipulación a la que estoy haciendo referencia. Cito ahora la traducción que hace de Mateo 1.25, la referida obra dirigida por Piñero (publicada por «Editorial EDAF», año 2009): «y no la conoció hasta que dio a luz un hijo; y lo llamó Jesús».

Observación: En un próximo artículo analizaré la presencia de la palabra  «primogénito» en Mateo 1.25, en la versión Reina Valera 1960. 


¡Hasta la próxima!


sábado, 23 de julio de 2016

Breve introducción a los pronombres personales en el griego bíblico

viernes, 22 de julio de 2016

¿Es el cristianismo una religión judía?


De las pretensiones de la fe cristiana en relación a la fe judía

Héctor B. Olea C.

Aunque ciertamente el cristianismo explica su origen a lo interno de la religión y tradición religiosa judía, en verdad y al final, el cristianismo vino a constituir una religión gentil. Esta religión gentil si bien reclama y también pretende hacer suya la herencia y patrimonio religioso del pueblo judío (esencialmente el Tanaj, al que prefiere llamarle AT); no obstante, lo asume y lo interpreta de una manera tan peculiar y particular que hace imposible que el judaísmo vea en el cristianismo su continuidad o prolongación, y mucho menos su superación y sustituto.

Esto es tan grave y cierto, que incluso los movimientos mesiánicos, a pesar de que coinciden con el cristianismo en ver a Jesús como el «Mesías»; sin embargo, tienen diferencias notables con éste en algunos aspectos. Por eso, mientras que el cristianismo parece concebirse como el mejor judaísmo (sin identificarse, obviamente, en esos términos), los judíos mesiánicos tienden a concebirse como el mejor y el perfecto judaísmo, por un lado, y como el mejor y el perfecto cristianismo, por el otro (obviamente, sin identificarse en esos términos).  

Entonces, hacemos bien estar en guardia frente a una cristianización del Tanaj (el AT, al margen de lo que piensen los cristianos); pero con igual energía, habremos de hacer frente a cualquier especie de judaización del NT, (al margen de lo que piensen principalmente los judíos mesiánicos, y al cual prefieren llamar «Berit hadasháh», o sea, «Pacto Renovado»). Luego, si bien hemos de admitir con toda propiedad que el AT (más bien «Tanaj») es literatura judía (no cristiana), el NT, en cambio, es de pleno derecho literatura cristiana (no judía). 

miércoles, 20 de julio de 2016

El concepto bíblico de «adulterio»


«Bíblicos» o «cristianos», ¿una diferenciación legítima y necesaria?

Héctor B. Olea C.

Por extraño que le parezca a muchas personas, lo cierto es que no son pocos los casos en que una exégesis seria y no caprichosa de los textos bíblicos, en su debido contexto histórico y sociocultural; pone en evidencia lo cuestionable de muchas interpretaciones y posturas teológicas muy populares y establecidas en el seno de la fe cristiana, o al menos reinantes y características de ciertas corrientes, expresiones o tradiciones teológicas y eclesiales.

En tan sentido, me parecen muy permanentes aquí la recomendación de Daniel C. Arichea Jr, ex consultor de las Sociedades Bíblicas Unidas: “El AT debe ser antes que todo traducido como Escritura judía o hebrea. Aunque el AT forma parte del canon cristiano, y como tal puede ser interpretado, es mucho más apropiado traducirlo como si no formara parte de toda la Biblia. Este acercamiento al problema garantizaría que el significado del Antiguo Testamento (el significado propuesto por los redactores y editores, y el significado propuesto por el editor final) se mantenga como el objetivo primario de la labor de traducción” (en el artículo «Algunas cuestiones de traducción en el Antiguo Testamento», aparecido en la revista «Traducción de la Biblia», de las Sociedades Bíblicas Unidas, Volumen 6, número 2 de 1996).  

lunes, 18 de julio de 2016

«Rut y Noemí», ¿una historia bíblica de amor lésbico?


Un análisis crítico de la hipótesis de Daniel A. Helminiak


Héctor B. Olea C.

Daniel A. Helminiak, conocido por su famosa obra «Lo que la Biblia realmente dice sobre la homosexualidad»; ha sugerido (citado por Leopold Estapé) como muy probable el que haya existido una relación de amor lésbico entre Rut y Noemí; y consecuentemente, que frente a la historia y narrativa de Rut y Noemí, estamos ante una historia bíblica de amor lésbico.

Sustenta su hipótesis Helminiak en dos pistas: La primera, en el apoyo que se habrían de dar las mujeres en el marco de su propio mundo y espacio, segregadas de los varones, cito: “Teniendo en cuenta aquello que hoy conocemos sobre el mundo de las mujeres en la antigüedad, es más que probable que dicha relación existiera. En aquella época las mujeres tenían su propio mundo, segregado de los hombres. Así encontraban ayuda y afecto e incluso intimidad sexual".

La segunda, consiste en el empleo del verbo hebreo «dabáq» (unirse) en Rut 1.14, el mismo verbo que fue empleado en Génesis 2.24, cuando se afirma que “deja el varón a su padre y a su madre, y se une a su mujer”.

domingo, 17 de julio de 2016

Enumeración, análisis y explicación del nombre de los 27 libros del Nuevo Testamento en griego

sábado, 16 de julio de 2016

¿«Malaquías» o «Malquías» (y «Melquías»)?


Una vez más, cuestiones de traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

Después de dejar establecido que no hay en el texto hebreo ni en la Septuaginta un nombre propio en el capítulo 1.1 ni en el 3.1 del libro perteneciente al conjunto de los llamados «profetas menores» (conocido como «Malaquías», gracias a las versiones de la Biblia); y por ende establecer como opción desacertada el empleo de dicho nombre para el referido libro; quiero reaccionar ahora a la sección de «onomástica» del «Diccionario bíblico hebreo-español» de Luís Alonso Schokel, que plantea la existencia del nombre «Malaquías» como sustantivo o nombre propio en los siguientes textos bíblicos: 

a)    Padre de Pasjur: Jeremías 21.1

b)    Nombre de dos levitas: 1 Crónicas 6.25; Nehemías 12.42

c)    Miembros de linajes sacerdotales: Nehemías 10.4; 11.12; 1 Crónicas 9.12; 24.9

d)    Nombre de varios judíos: Esdras 10.25, 31; Nehemías 3.11

e)    Nombre de dos asistentes de Nehemías: Nehemías 3.14, 31

f)     Identificación de uno de Esdras: Nehemías 8.4

Ahora bien, me es preciso decir que en todos estos pasajes, en el texto hebreo se lee el nombre o sustantivo «malkiyáh», traducción: «Malquía» (o Malquías). La Septuaginta tradujo: con «Meljías» (o Melkias).

g)    Nombre proprio («Malaquías»): Jeremías 38.6

Con relación a este último pasaje, diré que en el texto hebreo se lee el nombre «malkiyáhu»; y en la Septuaginta se lee el nombre: «Meljías» (o Melkias).

Finalmente, como evaluación y conclusión final, pienso que, siguiendo el ejemplo de la versión «Reina Valera 1960» y la «Biblia de Jerusalén», que ambas tradujeron el hebreo con «Malquías» (a pesar de que ambas erróneamente coinciden en emplear el nombre «Malaquías» sólo y únicamente en el capítulo 1.1 del libro de del AT conocido con ese dicho nombre); y siguiendo también la traducción de la Septuaginta hecha por G. Jünemann B., que tradujo el griego con «Melquías»; las traducciones «Malquías» y «Melquías», son preferibles en lugar del muy conocido «Malaquías».

Para terminar, quiero insistir en el rechazo del nombre «Malaquías», puesto que si bien la Septuaginta titula al libro de los profetas menores en cuestión con el nombre «Malajías» (o sea, «Malaquías»); textualmente no favorece su uso, como ya lo he demostrado.
   


¡Hasta la próxima!

viernes, 15 de julio de 2016

«Biblias católicas» y «Biblias protestantes» ¿Una distinción legítima?


Una explicación necesaria

 Héctor B. Olea C.

Una idea muy popular en el ambiente cristiano es que, aparente y definitivamente, hay «Biblias católicas» y «Biblias protestantes». Esta concepción parece legitimarse en virtud de la clásica distinción y división que existe en el cristianismo occidental a partir del siglo XVI, entre «cristianismo católico» y «cristianismo protestante» (a la manera en que la división del imperio romano en el siglo IV explicó la posterior división del cristianismo en oriental y occidental).

Ahora bien, ¿Es cierto que hay «Biblias católicas» y «Biblias protestantes»? ¿Es legítima esta distinción? ¿Es hasta cierto punto y, en cierto sentido, comprensible y aplicable tal distinción? ¿Habrá versiones de la Biblia que sólo mediante ella puede explicarse y justificarse el cristianismo católico? ¿Habrá versiones de la Biblia que sólo por medio de ellas puede explicarse el cristianismo protestante?

La común concepción de lo que es una «Biblia católica»

La noción popular que domina en los ambientes del cristianismo protestante respecto de la catolicidad de una versión de la Biblia, supone básicamente dos cosas: 1) Que es una versión que se origina en ambientes dominado por el catolicismo católico, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo católico. 2) Que es una versión que, además de incluir los 66 libros que contienen las «Biblias protestantes», incluyen otros siete libros más, específicamente en el Antiguo Testamento, a saber: Tobías (Tobit), Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, y Baruc, así como algunas adiciones a Ester, Jeremías y Daniel.

miércoles, 13 de julio de 2016

Como la «traducción», la «transliteración» también es contextual


¿«hamartia» o «jamartía»?

Héctor B. Olea C.

Además de la traducción propia, un recurso habitual al que acudimos las personas que trabajamos con los textos bíblicos en sus idiomas originales (y las que no), es la transliteración. Es también la transliteración un recurso indispensable en diccionarios, léxicos, enciclopedias, comentarios bíblicos, y otros recursos auxiliares en los estudios bíblicos y teológicos. Pensemos, por ejemplo, en el libro «Palabras griegas del NT» de William Barclay, y en la famosa «Concordancia Strong», entre muchas otras fuentes de consulta.

Es, pues, la transliteración, la representación en caracteres de un idioma, de una palabra, frase, expresión o texto, que se consideran elementos propios de otro idioma. Se acude a la transliteración por necesidad, con la intención de poner en contacto a un determinado auditorio con una determinada palabra, frase, expresión o texto, que se supone no conocidas por dicho auditorio en su idioma original. En tal sentido, viene a ser la transliteración ese recurso indispensable por medio del cual podemos lograr que dicho auditorio conozca, se apropie, emplee y aplique una determinada palabra, frase, expresión o texto en su propio idioma, cuando en realidad éstos son extraños al mismo.   

Ahora bien, como en la traducción, para la transliteración hay tres factores que conviene tener bien en cuenta: 1) lengua fuente, 2) lengua receptora y 3) lengua original.

martes, 12 de julio de 2016

Declinación sustantivo masculino agudo y un neutro de la segunda declinación