viernes, 4 de diciembre de 2015

Promoción curso en el campo del NT griego

Invitación a la realización del curso: «Las preposiciones griegas: Pautas para su análisis y consideración en la traducción y exégesis del Nuevo Testamento»

Dirigido a estudiantes y profesores de estudios bíblicos y teológicos (pastores, pastoras, seminaristas, etc.), y a personas interesadas en los estudios bíblicos y teológicos en general. 

Facilitador: Profesor Héctor B. Olea C.

Fecha: sábado 16 de enero 2016.

Hora: 2:00 a 6:00 PM.

Lugar: Colegio los Clavelines. Calle Jesús de Galíndez # 57, casi esquina Puerto Rico, Ensanche Ozama, Santo Domingo Este.

Inversión: 1, 000.00 (mil pesos dominicanos). Incluye material de apoyo.

Para mayor información, contactar al profesor Héctor B. Olea C. vía las redes sociales y el tel. (Whatsapp): 809-849-8133.

Vías de matriculación: Vimenca Western Union y Caribe Express

Inscripciones abiertas. Fecha límite de matriculación: sábado 9 de enero 2016.

Oferta: las personas que se matriculen hasta el 31 de diciembre tienen un descuento de 200 (doscientos pesos).

¡Corra la voz!




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Revista y publicación recomendada

Tengo a bien recomendar e invitar a la consideración de la revista española «Renovación», de publicación mensual, la cual dirige mi hermano y amigo Emilio Lospitao; por supuesto, no por la publicación en la misma de algún escrito mío, sino por su calidad, actualidad y profesionalidad. De todos modos, tal vez hasta pudiera presumir del hecho de que dicha revista me ha honrado con la publicación de varios trabajos de mi autoría, así de sencillo.

¡Buenos días! 

LA BIBLIA COMO SEMILLERO TEOLÓGICO
Artículo de Héctor Benjamín Olea Cordero, biblista y teólogo.

En la revista Renovación nº 27 - Noviembre

http://revistarenovacion.es/Revista_Renovacion.html

lunes, 26 de octubre de 2015

Breve explicación del uso y surgimiento del calificativo «católico»

Breve explicación del uso y surgimiento del calificativo «católico»

La palabra «católico» viene de la palabra griega «katholikós», que significa «universal». El primer testimonio en la literatura cristiana del uso de la palabra «católico», se encuentra en la carta que le dirigió Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna a finales del siglo I de la era común. En dicha carta, Ignacio de Antioquía usa la expresión «katholiké ekklesía».

Respecto a la interpretación de dicha frase, el teólogo e historiador Ramón Trevijano afirma: “Ha sido interpretada en sentido espacial, como “universal”, por la contraposición que traza el texto entre la iglesia del obispo (la particular) y la iglesia de Cristo (la universal)” (Trevijano, Ramón. (2004). Patrología. España: Biblioteca de Autores Cristianos, página 40).

Esta distinción se comprende cuando se conoce el valor que Ignacio de Antioquía le concede al obispo. Ignacio relativiza los sacramentos al afirmar que estos no se pueden llevar acabo sin la presencia del obispo. Tanto valor le concedía al obispo que pensaba que, como sostiene el historiador protestante César Vidal Manzanares, estar en comunión con el obispo equivalía a verse salvo del error y de la herejía («Diccionario de Patrística», editorial Verbo Divino, España, 1999).

Algo que ha sido y es objeto de debates entre los especialistas en la historia de la iglesia y el cristianismo es si Ignacio de Antioquía llegó a plantear o sugerir el primado de la iglesia de Roma. En primer lugar, consideremos la opinión del historiador católico Domingo Ramos Lissón: “Una ignificación especial tiene para él la Iglesia de Roma por ser “la que preside en la caridad”, expresión que encierra reminiscencias joánicas de la colación del primado a Pedro, y que sin duda, está connotando el reconocimiento del primado de la Iglesia de Roma” (Ramos Lissón, Domingo. (2005). Patrología. España: Eunsa, página 73).

Ahora consideremos la opinión de un historiador protestante, a saber, César Vidal Manzanares: “Parece evidente que dentro de la comunión de las Iglesias, la de Roma tiene para Ignacio un valor especial, pero es discutible –como sostiene Quasten- que en sus escritos esté ya presente la ideas de primado, y así lo han apuntado entre otros, A. von Harnack, J. Thiele y A. Erhard” (Vidal Manzanares, César. (1999). Diccionario de Patrística. España: Verbo Divino, página 120).

Finalmente, quiero concluir esta sección con las siguientes palabras:

“La palabra “catolicismo” se remonta históricamente a la época de la confesionalización. Algunos autores de la Reforma de los Países Bajos designaron con la palabra “catolicismo” a los antiguos creyentes que habían permanecido fieles al papado, aunque este uso del lenguaje sólo fue asumido por los católicos de forma lenta y vacilante. Sólo cuando la Ilustración reunió a todas las Iglesias y doctrinas de la Reforma bajo el término abstracto de “protestantismo”, la expresión más antigua “catolicismo” adquirió mayor difusión como concepto correlativo y opuesto” (Kasper, Walter, director. (2005). Diccionario enciclopédico de historia de la iglesia (dos tomos). España: Herder.)

¡Buenas tardes!

Constantino no hizo al Cristianismo religión oficial del imperio romano

A propósito del mes de la Reforma protestante. Definitivamente, no es posible seguir insistiendo en el error histórico de que fue Constantino quien hizo al Cristianismo religión oficial del imperio romano, cuando en realidad fue obra del emperador Teodosio (345-395 E.C.).

https://www.youtube.com/watch?v=PoMfwN77JXw&feature=share 

sábado, 26 de septiembre de 2015

«Textos canónicos» versus «manuscritos originales»


Un enfoque y análisis crítico 

Héctor B. Olea C.

Una idea muy popular en la tradicional teología cristiana y evangélica (marcada por lo general por algunos tintes de conservadurismo y fundamentalismo), es que la autoridad de la Biblia depende básicamente de la existencia (todavía no probada, pero sí necesitada y dada como un hecho) de unos manuscritos originales «infalibles».

La sospecha que mueve este tipo de afirmación es que si los manuscritos originales no fueron «infalibles», la Biblia perdería todo su valor y trascendencia, comenzando por el hecho de que la anhelada «inerrancia de la Biblia» (en el sentido más amplio de la palabra), perdería su garantía y serían nulos los fundamentos sobre las que se ha levantado la hipótesis de que la Biblia es «inerrante».

Pero cabe preguntarse, ¿cómo es posible que la Biblia haya podido tener esa indiscutible capacidad de impacto y ser inspiradora, en los aproximados 17 siglos que tiene de existencia (en la forma en que nos ha llegado compuesta por un Antiguo Testamento y un Nuevo Testamento como fenómeno propiamente cristiano); esto así, sin dejar de lado la historia particular de varios siglos de existencia que tuvo y ha tenido por separado el canon hebreo o Tanaj (mucho antes y después de la existencia de la Biblia como tal, y como realidad propiamente cristiana); a pesar de que la existencia de unos supuestos manuscritos infalibles no ha sido más que una hipótesis necesaria, vital y fundamento para ciertas teologías? 

Por otro lado, otra forma de encarar el mismo asunto es preguntándonos: Si el valor de la Biblia depende de la existencia de unos manuscritos originales «infalibles», manuscritos que en realidad no existen y que ni quiera tenemos la seguridad de que efectivamente hayan existido (pues la afirmación de su existencia no ha sido más que una presunción), ¿Dónde, pues, estamos? ¿Con qué nos quedamos? ¿Cómo podría sustentarse hoy el valor de la Biblia si insistimos en hacer depender su valor y trascendencia precisamente de la existencia de unos manuscritos que, al margen de cualquier presunción, sencillamente no los  tenemos, sencillamente no existen, y sin duda jamás existieron?

Además, si el valor de nuestra reflexión teológica ha de depender en lo absoluto de que la misma parta o se sustente en la consulta de unos manuscritos «infalibles», ¿qué valor tendrá la reflexión teológica cristiana que, por cierto, tiene siglos de existencia, pero que no se ha hecho sobre la base de unos manuscritos originales (sino en copias de copias, de copias), que no se ha sustentado ni podrá sustentarse en el presente y en el futuro en la consulta de unos manuscritos originales «infalibles»?  

Si se pone como condición Sine qua non que el valor de la Biblia y de la reflexión teológica que parte de ella y se sustenta en la misma, dependa de la existencia de unos manuscritos originales «infalibles», es de esperarse que la reflexión teológica con base en la Biblia sólo tendría un genuino fundamento precisamente si hace con base en tales manuscritos.

Pero las cosas se complican cuando tenemos que admitir, por un lado, que nunca se ha podido probar la existencia (y en realidad no podemos estar seguros de que alguna vez hayan existido) de tales manuscritos «infalibles». Por otro lado, si teórica e hipotéticamente abrimos la posibilidad de que alguna vez hayan existido (a pesar de que estamos seguros de que jamás existieron), lo cierto es que no los tenemos.

Además, cuando analizamos el uso y dependencia del canon hebreo (el Tanaj, el Antiguo Testamento) por parte de los autores del Nuevo Testamento, descubrimos algunos detalles interesantes.

En primer lugar, la apelación que hace el Nuevo Testamento al Antiguo Testamento, no la hace mediante el empleo de algunos manuscritos originales «infalibles», sino más bien mediante el empleo de copias de copias.

En segundo lugar, la apelación que hicieron los autores del Nuevo Testamento al canon hebreo, por lo general la hicieron mediante la Septuaginta (traducción griega del Antiguo Testamento).

Estas dos observaciones nos permiten afirmar con toda seguridad que la apelación al Antiguo Testamento por parte del Nuevo Testamento, jamás se hizo sobre la base de unos manuscritos «originales», y mucho menos sobre unos «originales infalibles»; sino más bien con base en una traducción hecha de copias de copias y, por supuesto, jamás «infalibles».

Ahora bien, ante los hechos aquí presentados, una particular y típica reacción fundamentalista es la siguiente: “Si alguien insiste en que nadie ha visto los originales infalibles, ¡Es tan correcto como decir que nadie ha visto los originales falibles!”. Esta afirmación la hace el teólogo protestante Clark Pinnok, en su obra «Revelación bíblica, el fundamento de la teología cristiana» (publicada por CLIE, año 2004, página 83). Ahora, un detalle que ignora Clark Pinnok, es que el proceso de copiado y reproducción textual que nos ha dado la Biblia no parece partir de unos supuestos «originales infalibles».

Otro detalle que tampoco toma en cuenta el señor Clark Pinnok (detalle que en muchísimas ocasiones se les echa en cara a los exégetas muy preocupados por la arqueología de los textos), es que los textos normativos y que sirven de base para la actual reflexión teológica no son los textos de los «manuscritos originales» o «autógrafos», y mucho menos los supuestos «originales infalibles», sino la forma final en que los textos fueron canonizados y recibidos por las distintas comunidades cristianas en su momento. Por supuesto, en este sentido la reflexión teológica cristiana no puede ni debe ignorar los indiscutibles aportes y evidencias que aporta la ciencia de la crítica textual respecto del desarrollo y la indiscutible evolución por la que han pasado los manuscritos que a la Biblia le sirven de base.   

Esto es muy bien claro, en primer lugar, respecto de la recepción y apropiación del canon hebreo por parte de las comunidades cristianas. La decisión a la que se llegó en la asamblea de Yabné (Jamnia) en los años 90 de la era cristiana, no tuvo que ver, ni se expresó respecto de algunos supuestos manuscritos «originales infalibles»; más bien se expresó, en términos muy específicos, sobre la forma textual que habían alcanzado los textos del Tanaj (el Antiguo Testamento hebreo) para ese entonces (forma que, por cierto, era de tipo consonántico, pues el texto masorético vocalizado del cual depende nuestra exégesis actual del Tanaj, entraría en escena no antes de cinco o seis siglos después o un poco después).

En iguales términos tenemos que expresarnos respecto de varios concilios del siglo IV, hasta concluir en el tercer concilio de Cartago del año 397 de la era cristiana (el primero fue el primer Concilio de Cartago en el año 393, parece que hubo un segundo Concilio de Cartago, pues en para el año 397 se habla del “Tercer Concilio de Cartago”, finalmente, también se habla del Sexto Concilio de Cartago del año 419 de la misma era cristiana), cuando se expresaron respecto de los libros que se consideraban normativos para la fe cristiana. Tales concilios no se expresaron, no canonizaron, unos textos en manuscritos «originales infalibles», sino más bien, canonizaron y se expresaron respecto de manuscritos copias de copias, los cuales no eran «infalibles», y que habían pasado todo un largo proceso de desarrollo, relecturas, exégesis, interpretación, transformación, adiciones y omisiones, etc., proceso que los hace inequiparables con los supuestos «originales infalibles».       

Ahora bien, si la historia es testigo del impacto y de lo inspiradora que ha sido y sigue siendo la Biblia prácticamente en todo el mundo (no ignoramos el hecho de la poca o ninguna presencia de la fe cristiana con su Biblia en gran parte del globo terráqueo) en todo el mundo; parece, pues, que las premisas de la hipótesis de la necesidad de unos manuscritos «originales infalibles» están en crisis, y merecen reformularse, pero pienso que es mejor abandonarse.

Finalmente, 1) Si las relecturas dentro del Antiguo Testamento mismo (el Tanaj) han tenido su innegable valor a pesar de sustentarse en copias de copias; 2) Si la lectura, interpretación y apelación que hace el Nuevo Testamento (su teología) del Antiguo Testamento (el Tanaj), se hizo con base en copias de copias; 3) Si nuestra lectura, interpretación y apelación a la Biblia como tal (en su forma actual), se hace con base en unos textos canónicos, pero no «originales», ni «infalibles», sino en la traducción de unos manuscritos copias de copias, y demasiado falibles, copiados un sin número de veces; nos parece verosímil concluir en que no necesitamos la hipótesis de la existencia de unos manuscritos «originales infalibles», pues su sustentación origina más crisis que los supuestos fundamentos y las supuestas soluciones que provee.

En conclusión, la actual reflexión teológica cristiana en sentido general, no se sustenta ni se lleva a cabo sobre la base de la consulta y apelación de unos manuscritos «originales infalibles», sino más bien en unas copias de copias, tampoco «infalibles». La actual reflexión teológica cristiana se sustenta más bien en la consulta y apelación de unos textos canónicos asumidos como normativos, pero no originales, y mucho menos «infalibles».

Además, no es posible que un ser humano falible, empleando materiales falibles, comunicando ideas y pensamientos falibles, y sin una Biblia que como tal reclame ella misma ser inerrante, infalible y ni siquiera inspirada del todo (como ya lo hemos demostrado en nuestra revisión y traducción de 2 Timoteo 3.16); pero que incluso en caso de apelar a la idea de una “revelación” en algún sentido, todavía habría que hablar por necesidad de una «revelación falible», porque si bien se podría argumentar la infalibilidad de Dios, indiscutiblemente no se podría decir lo mismo de los receptores de tal revelación. En consecuencia,  insisto, no es posible que de ahí surja un producto final que sea precisamente «infalible».   

Pienso que ayudará mucho a la interpretación cristiana de la Biblia, si los intérpretes cristianos no ignoran esta realidad en su labor de apropiación, lectura, relectura, apelación y aplicación de los textos bíblicos.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Estudiar la Biblia con base en textos traducidos, tiene sus límites

Estudiar la Biblia con base en textos traducidos, tiene sus límites
El estudio académico y científico de la Biblia es plurilingüístico

Héctor B. Olea C.

“A la hora de un estudio literario, lo ideal sería poder visualizar en cada caso el texto en su idioma original, es decir, en hebreo o en arameo para el AT y en griego para el NT. Quien no conoce estas lenguas debe ser consciente de sus límites”. José Pedro Tosaus Abadía, en su obra «La Biblia como literatura», publicada por Verbo Divino, página 197, año 1996. Adaptada y brevemente modificada aquí por mí.

Pero, ¿en qué consiste la modificación que le he hecho a la afirmación de Tosaus Abadía? En verdad pienso que mis lectores tienen derecho a saber cuál y en qué ha consistido la modificación  que le he hecho a la expresión original del destacado autor mencionado.

Pues bien, la expresión original de José Pedro Tosaus Abadía es: “A la hora de un estudio literario, lo ideal sería poder visualizar en cada caso el texto original, es decir, el hebreo o el arameo para el AT y el griego para el NT. Quien no conoce estas lenguas debe ser consciente de sus límites”.

Ahora bien, como en términos estrictos no disponemos de los textos originales de ninguna sección de la Biblia, por pequeña que esta sea, y porque tal afirmación se presta a demasiadas confusiones; pienso que es más verosímil y preciso hablar de “textos en su idioma original”, “textos en sus idiomas originales”. En consecuencia, a diferencia de José Pedro, aunque a partir de su acertada afirmación, concluyo y hablo de “los textos en hebreo o en arameo para el AT, y en griego para el NT”.

Los límites del estudio bíblico basado estrictamente en textos bíblicos traducidos, consisten, básicamente, en que la persona lectora no puede percibir por sí mismo algunos matices peculiares que pueden tener los textos en su idioma original; matices y posibilidades de interpretación que muchas veces se pierden y no son comunicadas adecuadamente por la traducción (ya sea en el texto mismo, o por la falta de alguna nota al pie o al margen, que ponga al tanto a la persona lectora de la que se entiende mejor lectura de un texto, o que por lo menos dé cuenta de las posibles formas de entender un texto, a la luz de las características que muestra dicho texto en su idioma original).  

Finalmente, el estudio científico de la Biblia es plurilingüístico, en primer lugar, por los distintos idiomas en que originalmente se escribieron los textos bíblicos; y en segundo lugar, por los idiomas en que primariamente se comenzaron a traducir esos mismos textos, mucho siglos antes de que la Biblia viniera a ser lo que es en la actualidad, principalmente a partir de la concepción cristiana de la Biblia que tiene como referencia los concilios locales de Hipona (año 393), Cartago (397), y en el 419.  

Con esto creo que le hecho honor al proverbio que dice: “Ser justos, es lo primero, si queremos y aspiramos a ser felices”.



¡Hasta la próxima! 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Un funesto error en la versión «Biblia para todos, traducción en lenguaje actual»

Ciertamente yerra e induce a error el que la «Biblia para todos, traducción en lenguaje actual», publicada para el año 2002 por las Sociedades Bíblicas Unidas  (conocida originalmente, la publicación del Nuevo Testamento, como «Biblia en lenguaje sencillo»); emplee la palabra «Biblia» en Juan 5.39, cito: «Ustedes estudian la Biblia con mucho cuidado porque creen que así alcanzarán la vida eterna. Sin embargo, a pesar de que la Biblia habla bien de mí».

Sencillamente es imposible que la figura histórica de Jesús de Nazaret se haya expresado en esos términos, pues la «Biblia», cono concepto, como producto propiamente cristiano, tal y como se concibe hoy (como compuesta por las escrituras que conforman el Tanaj, y el conjunto de obras que conforman el NT, con un NT como continuación, relectura, mejor interpretación y explicación, superación y hasta sustitución del Tanaj, y con la configuración actual que alcanzó definitivamente en el siglo IV); es como el cristianismo mismo, posterior a Jesús, incluso a los hagiógrafos del Nuevo Testamento mismo.

Por supuesto, acertó la «Biblia para todos, traducción en lenguaje actual», al emplear en Juan 5.39 el modo indicativo en la forma verbal «estudian», y no el modo imperativo, a la manera de la Reina Valera 1960, «escudriñad».  


¡Muy buenas tardes!

sábado, 19 de septiembre de 2015

Difusión y manipulación de la Biblia

A propósito del mes de la Biblia. Ciertamente nunca existirá una versión de la Biblia que sea perfecta; pero las habrá mejores y mucho más apegadas al texto, sin duda, cuando lo valioso, a respetar, a difundir y a cuidar sea el propio mensaje y sentido del texto con su muy común falta de concordancia con las principales premisas del pensamiento cristiano muy posterior a los textos bíblicos mismos; y no la teología, ideología, tradición y praxis del agente difusor de la Biblia, agente que, a ultranza, procura imponerse ya sea mediante una traducción manipulada y acrítica del texto, ya sea en la forma en que lo comenta, o ambas cosas a la vez, así de sencillo.


¡Feliz shabát!  

viernes, 18 de septiembre de 2015

¿En la expresión «joi ídioi» estamos todos? Una observación más en relación a Juan 1.11


Pienso que es necesario advertir a las personas que me honran con su lectura, de que este y los demás posts que he publicado en torno a Juan 1.11, tienen como telón de fondo las siguientes premisas:

1)    El evangelio de Juan no fue escrito por un testigo ocular, ni miembro del círculo de los doce. No sabemos en realidad quién escribió este evangelio. Por el contenido y los rasgos del libro, se deduce una mano judía muy helenizada.

2)    Las dos conclusiones que tiene el libro (20.30 y siguientes, y 21.24 y siguientes), ponen de manifiesto que además de las manos del autor original, tuvo este evangelio la participación de un redactor final cuya contribución a la obra final no es posible constatar del todo.  

3)    Fue escrito entre los años 80-110.

4)    No sabemos desde dónde se escribió. Se han mencionado algunos lugares, como Samaria, o alguna ciudad de Asia Menor, preferiblemente Éfeso.

5)    Los destinatarios originales son definitivamente cristianos.

6)    Este evangelio fue escrito con una visión muy pesimista y hasta negativa de los judíos, perspectiva característica de los movimientos cristianos.    

7)    La lengua original de este evangelio fue el griego koiné.

Como fuentes recomendadas para una buena introducción al evangelio de Juan, recomiendo las siguientes obras: «Introducción al Nuevo Testamento», de Raymond E. Brown, publicada por Editorial TROTTA, año 2002; «Historia de la literatura cristiana primitiva», de Philipp Vielhauer, publicada por Ediciones Sígueme, año 2003; «Guía para entender el Nuevo Testamento», de Antonio Piñero, publicada por Editorial TROTTA, año 2006. Como comentario al cuarto evangelio, recomiendo la excelente obra de Raymond E. Brown, «El Evangelio de Juan», publicada por Ediciones Cristiandad. .

Pasemos ahora, a dilucidar nuestra cuestión.

La relación de la palabra (griego «lógos») con la creación, el mundo (griego «kósmos»)

Dos veces en el prólogo, el cuarto evangelio afirma que el mundo («kósmos», las cosas creadas), fueron creadas por medio de la palabra, nótese bien, “por medio de” (el griego, la preposición “día” más el caso genitivo”). La primera la encontramos en el versículo 3: “todas las cosas por medio de la palabra fueron hechas. La segunda la encontramos en el versículo 10: “y el mundo («kósmos») por medio de él fue hecho.”

El que por medio de la palabra («lógos») todo haya sido creado, y su relación con el acusativo plural neutro «ta ídia»

Una vez estamos avisados de que para el autor del cuarto evangelio todas las cosas creadas (el «kósmos»), vinieron a la existencia por medio de la palabra, por medio del «lógos», pienso que debemos estar en las más óptimas condiciones para comprender que al llegar al versículo 11, el autor esté haciendo referencia al mundo creado con la expresión «ta ídia». En otras palabras, al encarnarse y tomar parte en este mundo, para el autor del cuarto evangelio, lo que sencillamente ha tenido lugar, es que la palabra (el «lógos») se ha aproximado, ha hecho acto de presencia en un escenario que es suyo, que le es propio en cierta forma, en virtud de que por medio de ella fue creado. En este sentido se comprende que en la expresión «eis ta ídia elthen» (a las cosas suyas vino), estamos incluidos todos, judíos y no judíos, la creación en general.   

La palabra encarnada tuvo carne y fue judía

Algo que es claro y que no está en discusión para el cuarto evangelio, es que la palabra encarnada (el «lógos» encarnado), tuvo carne, y esta fue judía. En suma, el evangelio de Juan da por sentada la radical pertenencia de la palabra encarnada al pueblo judío (considérese Juan 2.13; 4.9, 22; 5.1; 10.24).

La reacción de «ta ídia», las cosas suyas, ante la encarnación de la palabra (del «lógos»)

En primer lugar, el versículo 10 apunta a que la presencia de la palabra encarnada en el escenario del mundo (la creación hecha por medio de ella), éste no la conoció. Ahora, si bien no podemos estar muy seguros de la idea que estaba en la mente del autor cuando pronunció estas palabras; es posible pensar en dos posibilidades. En primer lugar, el no reconocimiento de la palabra encarnada, como sinónimo de rechazo general. En segundo lugar, que el «kósmos» no conoció a la palabra encarnada en su justa y debida proporción, con toda la dignidad que le era propia como el agente o instrumento por medio del cual Dios puso en existencia todo lo creado. Me inclino por la primera hipótesis.  

En segundo lugar, en versículo 11, pasa a describir un rechazo más específico por parte de la nación y el pueblo del cual formó parte la palabra encarnada, o sea, los suyos («joi ídioi»). En tal sentido, la referencia de la expresión «joi ídioi» en Juan 1.11 es específicamente al pueblo judío, los cuales en términos estrictos eran «los suyos» (al pueblo al que indiscutiblemente perteneció, y con el cual tuvo una historia y fe común), para el cuarto evangelio mismo (considérese Juan 2.13; 4.9, 22; 5.1; 10.24).

En tercer lugar, después de afirmar el rechazo doble que tuvo la palabra encarnada, por parte de las cosas suyas («ta ídia») en general, y por los suyos («joi ídioi») en particular; el autor del cuarto evangelio también afirma que la palabra encarnada también logró una aceptación doble, o sea, por parte de los que por un lado conformaban lo suyo, las cosas suyas, de su dominio («ta ídia»), por ser él el agente instrumental mediante el cual vino a existencia todo lo creado; y por parte del pueblo judío mismo (los suyos en sentido estricto).  

En consecuencia, a todos los que lo recibieron, a todos los que creen en él (judíos  y no judíos), recibieron la potestad de ser hechos hijos de Dios (versículo 12). Considérese 8.31; 11.45; 12.11; 13.33.

En suma: ante el hecho de que la expresión «ta ídia» apunta a todo lo que es propio de la palabra encarnada, a lo que le pertenece y forma parte de su dominio porque por medio de ella vino a existencia; podemos concluir en que en dicha expresión estamos incluidos todos, judíos y no judíos, y el resto de las cosas hechas por medio de la palabra; por otro lado, ante el hecho de que la expresión  «joi ídioi» apunta al pueblo al que la palabra encarnada pertenecía, del cual formó parte y con el cual tuvo una historia y fe común; de manera verosímil podemos concluir en que en dicha expresión no estamos incluidos todos, sino el pueblo judío como tal, en particular y en sentido estricto.   

En resumen; en la expresión «ta ídia» estamos todos, nos incluye a todos, a todo lo creado por medio de la palabra; pero en la expresión «joi ídioi» sólo están incluidos los judíos, sólo el pueblo con el cual la palabra encarnada tuvo una historia y fe común, el pueblo al que sin duda perteneció y del cual formó parte.


¡Feliz viernes!   

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Algunas puntualizaciones más en torno a Juan 1.11, una aclaración solicitada

Algunas puntualizaciones más en torno a Juan 1.11, una aclaración solicitada.

De entrada debo decir que las personas que me honraron con leer mi post anterior en relación a Juan 1.11, habrán de estar claras en cuanto a que algunos aspectos y la terminología que usé en dicho post, demandan cierto conocimiento de la gramática griega, y del castellano, por supuesto. Ahora bien, dado que no son muchas las personas con esos dominios, procuraré arrojar luz sobre ciertos aspectos del pasaje en cuestión, apegándome de manera estricta al texto griego, pero sin apelar de manera directa a la terminología que usé en el post anterior.

En primer lugar, Juan 1.11 afirma, sin duda, “que los judíos no recibieron a Jesús” (en el texto griego «kái joi ídioi ou parélabon»: «y los suyos no lo recibieron») como el Mesías, y he aquí el descarado antisemitismo del autor del evangelio de Juan, así como en otros versículos (considérese por ejemplo, Juan 8.44-47; 12.36-43); esto así, pues lo que en verdad ocurrió fue que «no todo el pueblo judío lo recibió como el Mesías».




En otras palabras, Jesús no fue rechazado como el mesías esperado, por el pueblo judío en su totalidad, sino que más bien tuvo en el mismo una recepción parcial, que no es lo mismo. Es más, el cuarto evangelio mismo da un testimonio contundente e inevitable de que no pocos judíos aceptaron a Jesús como el Mesías (considérese 8.31; 11.45; 12.11; 13.33).  

En segundo lugar, Juan 1.11 no sostiene «a quién» o «a quiénes» vino Jesús, más bien «a qué» vino Jesús. El texto griego de la primera cláusula del pasaje en cuestión, claramente afirma: «eis ta ídia elthen», o sea, «a las cosas suyas vino»; y no «eis tus idíus elhten» («a los suyos vino»).

Con otras palabras, si el autor del evangelio de Juan, en la primera cláusula del 1.11 hubiese escrito «eis tus idíus elthen», entonces sí sería verosímil e ineludible afirmar que Juan 1.11 declara «a quién» o «a quiénes» vino Jesús; sin embargo, frente al incuestionable hecho de que lo que en realidad escribió el autor de Juan fue: «eis ta ídia elthen», no queda otra opción razonable y textual que admitir que nuestro pasaje en cuestión más bien afirma «a qué vino Jesús», y no «a quién o quiénes».

Insisto, si el autor del evangelio de Juan hubiese querido comunicar la idea de «a quién o a quiénes» vino Jesús, sin duda hubiese empleado una expresión que comunicara dicha idea de manera diáfana y sin ambigüedades, o sea, hubiese empleado el acusativo masculino plural («tus idíus»), y no el acusativo neutro plural («ta ídia»).
Ahora y, en consecuencia, con base a que lo que en realidad dice el texto griego de Juan 1.11, podemos pronunciarnos crítica y responsablemente respecto de algunas versiones de la Biblia, a manera de ejemplo. No obstante, antes de pronunciarnos en ese sentido, es preciso advertir que sólo el autor de Juan supo lo que tenía en mente y a qué apuntaba cuando empleó el neutro plural en la expresión «eis ta ídia elthen» («a las cosas suyas vino»).  

Habiendo hecho, pues, la debida salvedad, observemos cómo ha sido traducida la primera parte de Juan 1.11 en algunas versiones de la Biblia.

«Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»: “Vino a su propia casa”; «Biblia de Jerusalén»: “Vino a los suyos”. Evaluación: Traducciones desacertadas e inadmisibles. Si el autor de Juan hubiese querido comunicar la idea que transmite la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», así como la  «Biblia de Jerusalén», en lugar de escribir «eis ta ídia elthen» («a las cosas suyas vino»), hubiese escrito «eis tus idíus elthen» («a los suyos vino»).

«Nueva Traducción Viviente»: “Vino a los de su propio pueblo”. Evaluación: Traducción desacertada e inadmisible, que cae en el mismo error que la «Biblia de Jerusalén», y la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», por supuesto, es desacertada en la misma proporción que las dos anteriores, y por las mismas razones.

«Nueva Biblia Española»: “Vino a su casa”.  Evaluación: Traducción desacertada e inamisible, que cae en el mismo error que la «Biblia de Jerusalén», la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» y la «Nueva Traducción Viviente», en la misma proporción y por las mismas razones.

«Biblia Peshita en español»: “Vino a los suyos”. Evaluación: Traducción desacertada e inamisible, que cae en el mismo error que la «Biblia de Jerusalén», la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», la «Nueva Traducción Viviente», y la «Nueva Biblia Española», en la misma proporción y por las mismas razones.

«La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata Latina»: “Vino a su propio pueblo”. Evaluación: Traducción desacertada e inamisible, que cae en el mismo error que la «Biblia de Jerusalén», la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», la «Nueva Traducción Viviente», la «Nueva Biblia Española», y «Biblia Peshita en español», en la misma proporción y por las mismas razones.  

Finalmente, traigo ahora a colación, dos versiones como ejemplos de acertadas traducciones, y por qué. En primer lugar, la «Reina Valera 1960»: “A lo suyo vino”; en segundo lugar, la «Nueva Versión internacional»: “Vino a lo que era suyo”.

Ahora bien, ¿por qué son acertadas estas dos últimas versiones de la Biblia? ¿Por qué son preferibles traducción de Juan 1.11 que todas las anteriores?

La razón es sencillamente que ambas versiones optaron por quedarse en un marco de cierta indefinición en exacta y precisa concordancia con el autor del evangelio de Juan. En este sentido, el «a lo suyo» de la Reina Valera 1960, y el «a lo que era suyo», de la Nueva Versión Internacional (ambos neutros en singular), comunican a la perfección la idea del neutro plural griego utilizado por el autor de Juan, o sea, «eis ta ídia» («a las cosas suyas»).

Por supuesto, será la reflexión teológica la que sin duda habrá de tratar de manera imaginativa, creativa, y hasta especulativa, las posibles implicaciones del neutro plural griego «eis ta ídia» («a las cosas suyas»).     


¡Buenas tardes!



martes, 15 de septiembre de 2015

La calidad de los estudios bíblicos depende de las herramientas que utilice

A propósito del mes de la Biblia. Dicho, pues, de otro modo: No es posible considerar académicamente exegético un tipo de estudio bíblico que, por las herramientas que utiliza, por sus presuposiciones, por sus objetivos y el enfoque del mismo, no pasa de ser un simple estudio edificante, confesional y pastoral del texto bíblico.

En tal sentido, una cosa es que una institución de formación bíblica y teológica tenga en su biblioteca el Tanaj, la Septuaginta, alguna edición crítica y científica del Nuevo Testamento Griego, algunos de los mejores léxicos hebreo español y griego español y concordancias; y otra, que el que en la práctica y en el desarrollo de sus estudios bíblicos, tanto las personas que imparten dichos cursos, como el estudiantado, puedan observar el texto bíblico en su idioma original con sus propios ojos, y utilicen con propiedad dichas herramientas.

Finalmente, es preciso admitir que por lo general se posee más información del contexto histórico, político, geográfico y sociocultural de los textos bíblicos, que la posibilidad de leer con los propios ojos los textos bíblicos en sus idiomas originales, así como de asumir con propiedad y, en consecuencia, una actitud crítica con conocimiento de causa, frente a las distintas versiones de la Biblia, y frente a innegables y demostradas manipulaciones textuales de las distintas teologías institucionales., así de sencillo.        


¡Buenas tardes!

lunes, 14 de septiembre de 2015

Sobre las deficiencias de los estudios bíblicos no exegéticos

Mientras más releo, traduzco y comento la Biblia (no que meramente cite a comentaristas de la misma), más convencido y consciente estoy de las carencias, limitaciones y deficiencias de unos estudios bíblicos con las pretensiones de ser estudios bíblicos realmente críticos, académicos y profesionales; cuando en el aula tanto la persona que imparte el curso como el estudiantado carecen de un conocimiento promedio de los idiomas bíblicos (y general de los métodos exegéticos) que les permita llevar a cabo un estudio del texto bíblico (observándolo con sus propios ojos) verdaderamente crítico, académico y profesional, y no sencillamente pastoral y confesional.

Por supuesto, la situación es peor cuando el conocimiento de los idiomas bíblicos tanto de la persona que imparte el curso como del estudiantado es sencillamente ninguno.


¡Buenos días!      

domingo, 13 de septiembre de 2015

El antisemitismo de Juan 1.11

A propósito del mes de la Biblia. A pesar de que de todos modos es innegable el antisemitismo que involucra Juan 1.11; lo cierto es que la situación se torna aún más crítica y problemática cuando en la exégesis y traducción de dicho pasaje se cae en el error de confundir el acusativo plural neutro «ta ídia» (a las cosas suyas), con el nominativo plural masculino «joi ídioi» (los suyos); de esta manera, consciente o inconscientemente, acentúa la perspectiva cristiana la gravedad de la no aceptación general por parte del pueblo judío de la figura de Jesús de Nazaret como el Mesías esperado, opción por la que en cambio optó y sobre la que se fundó el cristianismo.

Al final, es claro, sin dejar de reconocer que es el cuarto evangelio el más antisemita de los cuatro canónicos, que si el autor del evangelio en cuestión hubiese querido comunicar la idea de que el complemento u objeto directo de la forma verbal «élthen» (vino), era al mismo tiempo el sujeto de la forma verbal «parélabon» (recibieron), más el adverbio de negación «no» («ou»); entonces hubiese empleado en la primera cláusula un acusativo plural masculino, o sea, «tús idíus» (a los suyos), y no el ya mencionado acusativo plural neutro «ta ídia» (a las cosas suyas).

¡Buenas noches!      


Sobre el valor de la Biblia y su relación con la teoría de la inspiración

A propósito del mes de la Biblia. La cuestión no es que la Biblia pierda su valor si se admite que ella misma no declara ni reclama para sí el ser «inspirada», y si se procede con honestidad intelectual al reconocer lo manipulado que ha sido 2 Timoteo 3.16, y en que verdad dicho pasaje no dice lo que por lo general se nos ha hecho creer.

Los problemas y las dificultades surgen al procurar fundamentar el valor de la Biblia en un aspecto o cualidad no reclamada por ella, y que no fue para sus autores (hagiógrafos) un asunto a definir, a dejar establecido, o de preocupación alguna. 

En suma, el tema de la «inspiración de la Biblia», es más bien un asunto de gran preocupación teológica, no una preocupación bíblica; así de sencillo.


¡Muy buenas noches!



¿Afirma 2 Timoteo 3.16 la inspiración de los 66 (o 73) libros de la Biblia, o más bien establece la utilidad y valor de un libro inspirado por Dios?


«Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo, mi libro que lleva como título: La Biblia misma no afirma ser «inspirada»Un análisis y comentario crítico, exegético y valiente del texto griego de 2 Timoteo  3.16y otros catorce artículos de mucho interés.

Te desafío a esta interesante lectura y podrás comprobar tu mismo que es lo que realmente dice el texto griego ( el texto fuente usado para la traducción) de 2 Timoteo 3.16.


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?