miércoles, 7 de septiembre de 2016

Ni tan literales como nos las imaginamos, ni como se promueven


«Dios no hace acepción de personas», ¿equivalencia formal o dinámica?

Héctor B. Olea C.

Aunque a muchas personas les resulte difícil de creer, en realidad no son del todo literales, tan literales (por equivalencia formal) las versiones de la Biblia que así se promueven como tales; y en realidad tienen más de «equivalencia dinámica» (traducción que procura transmitir el mensaje del texto fuente, sin necesariamente mantener los rasgos formales del mismo), que lo que tal vez sus mismos editores están dispuestos admitir.

Ahora bien, es preciso tener en cuenta que las llamadas versiones de la Biblia literales, son aquellas que se han llevado a cabo mediante el método de traducción conocido como “equivalencia formal”. La equivalencia formal no sólo procura transmitir el sentido de los textos en los idiomas fuentes, sino que también procura mantener la forma y el orden de las palabras que tienen los textos en el idioma fuente, o sea, procura mantener los rasgos formales del texto original. 



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Por supuesto, no siempre las llamadas traducciones literales llegan a cumplir su cometido como traducciones, y muchas veces más bien dificultan el objetivo fundamental de la labor de traducción.  

De todos modos, respecto del empleo de la expresión “traducción literal”, es preciso  hacer algunas observaciones:

1)    Nunca se traduce letra por letra, como lo sugiere la palabra literal.

2)    La traducción literal en realidad se ha de entender mejor como una traducción palabra por palabra.

3)    La traducción palabra por palabra es en la mayoría de los casos imposible.

4)    El ejemplo típico de la traducción palabra por palabra, es la llamada traducción interlineal. Al respecto, plantea Luis Alonso Schokel: “El ideal de la traducción interlineal es mantener el número de las palabras en el mismo orden del original, haciendo que a cada palabra original le corresponda siempre la misma palabra en la versión” («La traducción bíblica: lingüística y estilística, Ediciones Cristiandad, 1977, página 353). Finalmente, concluye Schokel: “Mirada con ojos de lingüista, la traducción interlineal se apoya en una serie de falacias más o menos vistosas: falacias acerca de la construcción, el vocabulario, giros” (obra citada, página 354).

5)    La mayoría de las versiones de la Biblia conocidas como “literales”, no lo son en el sentido propio del término; tampoco son traducciones interlineales, en realidad y más bien son “traducciones por equivalencia formal”.

Ahora, como ejemplo y demostración concreta de que no son del todo por equivalencia formal las versiones de la Biblia que presumen de dicha equivalencia, y que en realidad es imposible que una traducción sea ciento por ciento por equivalencia formal; voy a analizar una sección de Gálatas 2.6b.

Por supuesto, también quiero poner de relieve la falacia que supone la promoción de dicha cualidad (su equivalencia formal) sin matización alguna, por parte de los editores, respecto de cualquier versión de la Biblia.   

Pues bien, la sección a analizar de Gálatas 2.6b (en la versión Reina Valera 1960) es la expresión: “Dios no hace acepción de personas”.

Ahora bien, ¿refleja la Reina Valera aquí una traducción literal, por equivalencia formal, del texto griego de Gálatas 2.6b, o más bien una traducción por equivalencia dinámica?

Consideremos, pues, el texto griego que está detrás de la traducción de la Reina Valera: Dios no hace acepción de personas.”

Pues bien, una transliteración fonética del texto griego de la expresión en cuestión es: «Prósopon [jo] theós anthrópu u lambánei»

Una traducción literal, verdaderamente por equivalencia formal de este texto griego es: «Rostro Dios de hombre no recibe»

Ahora bien, resulta que esta expresión de Gálatas 2.6b hace referencia a Deuteronomio 10.17 que en la misma Reina Valera 1960 dice:

“Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, «que no hace acepción de personas», ni toma cohecho.”

Profundizando un poco más, diré que una transliteración fonética de la expresión hebrea que está detrás de la expresión «que no hace acepción de personas» en Deuteronomio 10.17, según la Reina Valera, es: «lo yishá faním».

Y una traducción verdaderamente por equivalencia formal de la expresión hebrea «lo yishá faním», es: «que no exalta (alza) rostro».

Por su parte, la Septuaginta tradujo la expresión hebrea «lo yishá faním», como:

«Jostis u thaumázei prósopon oud’», literalmente: «quien no se admira o maravilla (intransitivo, y como transitivo, no admira, no exalta) del rostro ni».

Ahora bien, después de considerar el texto hebreo de Deuteronomio 10.17 que está detrás de la traducción «que no hace acepción de personas» («lo yishá faním») en la Reina Valera 1960; después de ver cómo la Septuaginta tradujo la expresión hebrea en cuestión, con «Jostis u thaumázei prósopon oud’» en el mismo Deuteronomio 10.17; habiendo considerado el texto griego que está detrás de la traducción «Dios no hace acepción de personas», en Gálatas 2.6b; podemos concluir con toda certeza que la versión Reina Valera 1960 no resulta ser una “traducción literal” como decimos comúnmente, o sea, una traducción por equivalencia formal; sino y más bien, una traducción por equivalencia dinámica en el tratamiento de las expresiones analizadas.  

Sin embargo, pienso que es preciso llamar la atención respecto de la razón o causa que haya llevado a la Reina Valera 1960 (una versión de la cual se presume mucho su equivalencia formal), a acudir a la equivalencia dinámica en este caso que, sin duda, no es el único.

Y la respuesta es sencilla: Porque las expresiones hebreas y griegas analizadas y consideradas en este análisis, resultarían sin sentido para los destinarios de dicha versión de la Biblia, si se las hubiese traducido por equivalencia formal. 

En realidad las expresiones hebreas y griegas analizadas en esta cuestión, son más bien expresiones o frases idiomáticas para señalar que Dios no hace acepción de personas, que Dios no hace favoritismos, que Dios no fundamenta el trato que le da a las personas en el aspecto externo de las mismas.

En resumen y, sin duda, no ha de producir el mismo efecto traducir en nuestro contexto: «Rostro Dios de hombre no recibe» (traducción por equivalencia formal), que traducir: «Dios no hace acepción de personas», así de sencillo.  


¡Hasta la próxima!    




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