La traducción «jugar» en 1 Corintios 10.7 (RV 1960) ¿Qué es lo que en realidad dice el texto griego?


La traducción «jugar» en 1 Corintios 10.7 (RV 1960)

¿Qué es lo que en realidad dice el texto griego?

Héctor B. Olea C.

Hace unos días una persona me hizo llegar la siguiente inquietud:

Profesor, cuando en 1 Corintios 10.7 dice «y se levantó a jugar», ¿se refiere a un deporte o a otro tipo de juego?»

Y he aquí mi personal respuesta.

En primer lugar, lo primero que hay que poner de relieve es que la segunda parte de 1 Corintios 10.7, que en la versión Reina Valera 1960 se lee: «Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar», es una cita de Éxodo 32.6, por supuesto, desde la clásica versión griega (Los LXX o Septuaginta).

En consecuencia, si queremos tener una comprensión adecuada del verbo «jugar» aquí, lo primero que tenemos que hacer es establecer cuál fue el verbo empleado en el texto hebreo de Éxodo 32.6, luego constatar el verbo empleado en la clásica versión griega como traducción del verbo hebreo empleado en Éxodo 32.6, y finalmente, constatar si efectivamente en 1 Corintios 10.7 se empleó el mismo verbo que fue empleado en Éxodo 32.6 en la versión griega (Septuaginta, Los LXX), y con la misma semántica.

El verbo empleado en Éxodo 32.6 en la Biblia Hebrea

El verbo empleado en Éxodo 32.6 en la Biblia Hebrea es «tsajáq» («tsaják»), un verbo empleado en la Biblia Hebrea sólo en la «conjugación qal» (kal) y en la «conjugación piel».

Consecuentemente, su «infinitivo constructo qal» más la preposición «le», es «litsjóq», pero su «infinitivo constructo piel» más la misma preposición «le», es «letsajéq».

En efecto, la forma del verbo «tsajáq» («tsaják») empleada en Éxodo 32.6, consiste precisamente en su «infinitivo constructo piel»: «letsajéq».

Luego, en lo que a la semántica del verbo «tsajáq» se refiere, según el «Diccionario bíblico hebreo-español» Luís Alonso Schokel, el verbo «tsajáq», en la «conjugación qal», significa: reír, sonreírse, jugar, bailar. Además, explica: verbo preferido en los relatos del ciclo de Isaac”.  

Pero en la «conjugación piel» significa: jugar, acariciar (juegos de amor), tomar en broma, burlarse, aprovecharse de, danzar, divertirse».

Por cierto, de este mismo verbo o raíz deriva el sustantivo «tsejóq»: irrisión, burla u objeto de burla (Ezequiel 23.32), baile o fiesta (Génesis 21.16).

El verbo griego empleado en la Septuaginta como traducción de «tsajáq»

La Septuaginta tradujo el verbo «tsajáq» con el verbo «páizo»: comportarse como un niño, es decir, jugar, que puede implicar cantar, tocar algún instrumento, bailar, etc.; un hombre con su esposa, con matiz sexual, hacer los juegos del amor, acariciar, hacer el amor, copular («Diccionario del griego bíblico, Setenta y Nuevo Testamento», Amador Ángel García Santos, 2da edición revisada y ampliada, Verbo Divino, 2018). Nota: Así también en el griego clásico.

Evidentemente, el verbo griego empleado por la clásica versión griega de la Biblia Hebrea, coincide perfectamente con la semántica del verbo hebreo «tsajáq» en la «conjugación piel».

El verbo griego empleado en 1 Corintios 10.7

Como ya dije antes, la segunda parte de 1 Corintios 10.7 es una cita de la Septuaginta, o sea, una referencia a Éxodo 32.6 en la clásica versión griega.

Consecuentemente, el verbo griego empleado en 1 Corintios 10.7 es el mismo empleado en la clásica versión griega en Éxodo 32.6, o sea, «páizo».

El sentido del verbo «páizo» en 1 Corintios 10.7

Como ya vimos, son varias las acepciones del griego «páizo», lo que supone que será atendiendo al contexto, a la luz del contexto, que se ha de optar por una de sus acepciones.

En tal sentido, en nuestra opinión, la mejor acepción del verbo «páizo» en 1 Corintios 10.7 como en Éxodo 32.6 es: divertirse, bailar, hacer fiesta, coincidiendo perfectamente con la semántica del verbo hebreo «tsajáq» en la «conjugación piel», verbo empleado en la Biblia Hebrea en Éxodo 32.6.  

En consecuencia, una traducción acertada de la segunda parte de 1 Corintios 10.7 debe ir en la siguiente línea: «el pueblo se sentó a comer (para comer) y beber (¿para beber y emborracharse?), luego se puso de pie para bailar (para divertirse)».

Por supuesto, a la luz de este análisis, a la luz de la traducción propuesta, salta a la vista la forma acertada en que se ha de asumir el verbo «jugar» en la versión Reina Valera 1960 en 1 Corintios 10.7.

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Qojélet (Qohélet) y Eclesiastés, cuestiones de morfología y sintaxis e implicaciones para la exégesis bíblica

Qojélet (Qohélet) y Eclesiastés

Cuestiones de morfología y sintaxis

Implicaciones para la exégesis bíblica

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Héctor B. Olea C.

Como he dicho antes, el estudio científico de la lengua considera tres aspectos vitales:

En primer lugar, el aspecto fónico (el de los sonidos lingüísticos, estudiado por la fonética y la fonología).

En segundo lugar, el aspecto formal o gramatical (estudiado por la morfología y por la sintaxis).

En tercer lugar, el aspecto sémico (el de los significados, estudiado por la lexicología y la semántica).

Luego, la gramática se concentra en el estudio del segundo aspecto, el formal, por medio de la morfología (el análisis morfológico o morfemático) y de la sintaxis (el análisis sintáctico).

En consecuencia, cuando desde el punto de vista gramatical se pretenda analizar el sentido y uso de una palabra, en este caso en el hebreo clásico o hebreo bíblico, en la Biblia Hebrea; se ha de considerar no sólo las características que muestra dicha palabra (sustantivo o participio) desde el punto de vista morfológico o morfemático (estado, género, número, determinada o indeterminada, con o sin sufijo pronominal, etc.).

También se ha de considerar y tomar muy en serio la estructura o construcción sintáctica en la que aparece.

A manera de ilustración, en este artículo quiero considerar el uso en la Biblia Hebrea de la palabra «cojélet» («kojélet», «qojélet» (transliteración al español, pero «qohélet», transliteración al inglés).

Con base en la Biblia Hebraica Stuttgartensia, que reproduce el Códice de Leningrado B19a, la palabra «cojélet» («kojélet», «qojélet, «qohélet») solamente aparece en la Biblia Hebrea en siete ocasiones, y todas las veces en el libro generalmente conocido como «Eclesiastés»: 1.1 (sin artículo); 1.2 (sin artículo); 1.12 (sin artículo); 7.27 (sin artículo en el texto, pero en el aparato crítico se sugiere asumirlo con artículo); 12.8 (con artículo); 12.9 (sin artículo); 12.10 (sin artículo). 

Morfología de la palabra hebrea «cojélet» («kojélet», «qojélet», «qohélet»)

Desde el punto de vista morfológico, consiste en un participio de la conjugación qal (la conjugación básica), activo, femenino y singular, de la raíz o verbo «qajál» («qahál»).

En efecto, exhibe «cojélet» («kojélet», «qojélet», «qohélet») la desinencia de la forma más común del participio femenino activo singular en la conjugación qal, y del participio femenino singular prácticamente en el resto de las conjugaciones hebreas.

Ahora bien, en lo que al hebreo clásico o bíblico respecta, es preciso decir que el verbo o raíz «qajál» («qahál») no se usa en la Biblia Hebrea en la conjugación qal, sino estrictamente en la conjugación nifál (pasiva reflexiva) y en la conjugación jifíl (hifíl), causativa activa.

En todo caso, la raíz o verbo «qajál» («qahál») en la conjugación nifál significa: reunirse, congregarse, juntarse, amontonarse, concentrarse.

Y en la conjugación jifíl (hifíl) significa: congregar, convocar, reunir.   

Consecuentemente, cabe la pregunta: ¿apunta «cojélet» («kojélet», «qojélet», «qohélet») necesariamente a un sujeto de género femenino, por ser formalmente un participio sustantivado de género femenino?

¿Cómo nos ayuda aquí la sintaxis?

Estas dos preguntas las responderemos en la segunda parte de este artículo.

La traducción de «cojélet» («kojélet», «qojélet», «qohélet») en la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX)

La Septuaginta tradujo a «cojélet» («kojélet», «qojélet», «qohélet») con el sustantivo «ekklesiastés», en la siguiente forma: en caso genitivo y sin artículo en 1.1 («ekklesiastú»; en caso nominativo y con artículo en 1.2 («jo ekklesiastés»; en caso nominativo y sin artículo en 1.12 («ekklesiastes); en caso nominativo y con artículo en 7.27 («jo ekklesiastés); en caso nominativo y con artículo en 12.8 («jo ekklesiastés); en caso nominativo y sin artículo en 12.9 («ekklesiastes); y en caso nominativo y sin artículo en 12.10 («ekklesiastes).

Deriva «ekklesiastés» del verbo «ekkaléo» (un verbo compuesto por la preposición «ek»: de, desde; y por el verbo «kaléo»: llamar, dirigirse a alguien, proclamar en voz alta): llamar, invitar. 

Ahora bien, es «ekklesiastés» un sustantivo de género masculino, pero de la primera declinación, una declinación típica del género femenino, que no incluye sustantivos de género neutro, pero sí un grupo no tan pequeño de sustantivos de género masculino.

Luego, una característica de los sustantivos de género masculino de la primera declinación es que, a excepción del caso genitivo singular, exhiben en su declinación las desinencias propias de los sustantivos femeninos de la primera declinación. 

Finalmente, es «ekklesiastés» un sustantivo que forma parte de los sustantivos que señalan a un agente, a alguien que desarrolla una determinada acción verbal (considerada en presente), a alguien que desempeña un determinado oficio.

Otros sustantivos que tienen las mismas características del sustantivo «ekklesiastés», son: «baptistés» (el que bautiza), «krités» (uno que juzga, un juez), «mazetés» (discípulo, uno que está aprendiendo), etc.

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La oferta académica del IDCB para el cuatrimestre enero – abril 2024, inscripciones abiertas


La oferta académica del IDCB para el cuatrimestre enero – abril 2024

Aproximándonos ya al mes de diciembre, nos complace reiterar nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre del próximo año.   

Modalidades: Online (en vivo y en directo vía Zoom) y virtual (en diferido, en forma asincrónica y personalizada).

Observación importante: Todos los cursos que ofrecemos en el IDCB están dirigidos al público general, al margen de su creencia religiosa o falta de compromiso con una determinada teología institucional; pero interesado en el estudio completo, profesional, crítico, académico e independiente de las lenguas bíblicas (hebreo, arameo, griego), metodología exegética y crítica textual (de la Biblia Hebrea y del NT Griego), el griego clásico, la gramática española aplicada, traducción de la Biblia, etc.

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Cómo leer griego (clásico y koiné) y transliterar adecuadamente del griego al español, curso online y virtual

 

Cómo leer griego (clásico y koiné) y transliterar adecuadamente del griego al español

Nociones de lingüística

Héctor B. Olea C.

La lengua es un sistema doblemente articulado, porque sus unidades básicas (los fonemas y los morfemas) se articulan o combinan entre sí en dos niveles diferentes.

En tal sentido, toda palabra o morfema es una cadena fónica, o sea, una secuencia de fonemas (unidades distintivas).

Pero los fonemas (unidades lingüísticas más pequeñas y carentes de significado) son representados en la escritura por las letras.  

Luego, por lo general, no siempre, toda letra o dígrafo representa al menos un fonema (hay más letras que fonemas).  

Observación: Toda palabra está constituida por lo menos por un morfema (que es una cadena fónica, una secuencia de fonemas).

Consecuentemente, como cadena fónica o secuencia de fonemas que es toda palabra, se espera que la transliteración al español de una palabra griega, por un lado, refleje la cadena de fonemas que constituye dicha palabra en griego, en conformidad a los fonemas propios del español.

Por otro lado, se espera que la transliteración del griego al español refleje adecuadamente la opción tomada respecto del sistema de lectura griega empleado, si la pronunciación erasmiana, o si la pronunciación reucliniana (también llamada «histórica»).

En otras palabras, no resulta adecuada una transliteración del griego al español que no refleje con propiedad la cadena o secuencia fónica que representan las letras griegas (representación gráfica de los fonemas) que conforman una determinada palabra en griego, y que no sea comprensible por lo menos a la luz de una de las dos formas de leer el griego: la pronunciación erasmiana y la pronunciación reucliniana.

En resumen, no resulta aceptable ni comprensible una transliteración del griego al español que no refleje adecuadamente la cadena fónica que representa una palabra griega, y que no concuerde con la pronunciación erasmiana ni con la pronunciación reucliniana.

Finalmente, como caso ilustrativo, quiero poner de ejemplo la transliteración del griego al español de la palabra griega que se ha traducido “buena nueva”, “noticia buena”, “evangelio”, en conformidad a la pronunciación erasmiana y según la pronunciación reucliniana, en una imagen que anexo a estas breves líneas.

Muy a propósito de nuestro curso: «Aprenda a leer griego (clásico y koiné) y a utilizar con propiedad un léxico griego, sin estudiar gramática griega»; un curso de cinco semanas que inicia este viernes 17.  

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Una vez más sobre dios, Zeus y zeós (theós, vía el latín y el inglés)


Una vez más, pero al parecer necesaria, otra diapositiva sobre dios, Zeus y zeós (theós, vía el latín y el inglés), así de sencillo.

 

Diferencias notables entre Zeus y zeós (theós vía el latín y el inglés)


Otra contribución de mi parte, para las personas que llevan anotaciones, que pone de relieve lo erróneo de la asociación indebida que hacen algunas personas entre Zeus y zeós (theós, vía el latín y el inglés), así de sencillo.

El nombre «Zeus» en el Nuevo Testamento, De las versiones de la Biblia y su base textual


El nombre «Zeus» en el Nuevo Testamento

De las versiones de la Biblia y su base textual

Héctor B. Olea C.

Cuando una traducción o versión de la Biblia dice asumir una determinada base textual, lo que se espera es que así sea; sin embargo, por diversas razones, no siempre ocurre así.

En tal sentido, respecto de Hechos 14.12 y 13, toda versión de la Biblia que afirme asumir como base textual el texto griego (crítico o receptus, pues no difieren en este caso), debería traducir empleando los nombres de los dioses griegos Zeus y Hermes, y no los nombres de los dioses romanos Júpiter y Mercurio.

Y la razón es sencilla. En Hechos 14.12 el texto griego (crítico y receptus) emplea el nombre o sustantivo griego Zeus en caso acusativo (Día en griego), y Hermes (griego jErmés) también en caso acusativo (jErmén).

Y en Hechos 14.13, el griego empleó el nombre o sustantivo Zeus en caso genitivo y con artículo (tu Diós: de Zeus).

Ahora bien, fue la Vulgata la que sí empleó los nombres de los dos dioses romanos equivalentes a los griegos Zeus y Hermes.

Consecuentemente, toda versión de la Biblia que no adopte como base textual la Vulgata, en la traducción de Hechos 14.12 debería emplear los nombres griegos Zeus y Hermes, y en Hechos 14.13, el nombre Zeus y no Júpiter.  

Por supuesto, toda versión de la Biblia que diga seguir el texto griego y no la Vulgata, pero traduce aquí empleando los nombres romanos Júpiter y Mercurio, está siguiendo a la Vulgata y no el texto griego.

Finalmente, como sigo demostrando, por buenas y excelentes versiones de la Biblia que haya en el mercado, nada iguala el privilegio de poder leer los textos bíblicos con los propios ojos, con conocimiento de causa, en sus lenguas originales.  

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Y muy a propósito de la nueva sesión de nuestro ya conocido curso: «Griego koiné (bíblico), el primer año» (desde cero), un estudio profesional y completo de la gramática del griego koiné, que inicia el sábado 6 de abril del próximo año.

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Sobre la transliteración al español de la letra griega «theta», curso de griego online y virtual


Sobre la transliteración al español de la letra griega «theta»

Sobre la lectura griega y la transliteración del griego al español

Héctor B. Olea C.

En el campo de los estudios de la lengua griega existe un indiscutible consenso respecto de que la octava letra del alfabeto griego, conocida como «theta» (nombre latino), representa el fonema «z», como en el español no latinoamericano (za, ce, ci, zo, zu).

Por supuesto, respecto del español latinoamericano (y en algunas regiones de España) es preciso decir que retiene la letra «z», pero no el fonema «z», pues practica el llamado «seseo» (el empleo de la letra «z» con el valor fonético de la «s»).

Luego, si bien es cuestionable el empleo del dígrafo «th» para nombrar la octava letra del alfabeto griego, y para hacerlo representar en español el fonema que representa dicha letra griega; lo cierto es que tal práctica viene por la forma en que se nombró dicha letra en el latín.

Valor fonético de la letra «h» en latín

En primer lugar, se entiende que la letra «k», «z» y la «y» son letras del alfabeto griego y sólo se usan en latín en palabras de origen griego.

En segundo lugar, la «h» del latín es muda como la «h» del español.

En tercer lugar, la «h» también se empleó en latín para conformar ciertos dígrafos, otra vez, en palabras de origen griego, tales como «ch» (con el favor fonético de la «k»), «ph» (con el valor fonético de la «f»), «rh» (con el valor fonético de la «r») y «th» (con el valor fonético de la «t»).

En cuarto lugar y, consecuentemente, es evidente que el dígrafo latino «th» no le hace justicia al fonema que representa la letra griega «theta» (nombre latino), el fonema «z», toda vez que el dígrafo latino más bien coincide con el valor fonético de la «tau» griega (la letra número diecinueve del alfabeto griego).

En esta misma línea va Manuel F. Galiano, cuando en su clásica obra «La transcripción castellana de los nombres propios griegos», sugiere que la letra griega «theta» (nombre latino) se transcriba con la «t» española, a través del latín «th» («t»), como en el nombre «Teodoro» (griego: «Zeódoros», con la letra «theta» y no con la letra «tau»).   

Por cierto, el nombre «Teodoro» (griego «Zeódoros»), significa «regalo o don de Dios», pues está compuesto por el nombre «zeós» (Dios, dios), y una forma modificada del sustantivo «dóron» (regalo, presente, ofrenda, don).

En quinto lugar, también en inglés existe el dígrafo «th», pero con distintos valores fonéticos.

Por un lado, el dígrafo inglés «th» (que no existe en español o castellano), representa el fonema «z» en las siguientes palabras: “gracias” (thanks), “pensador” (thinker), “autor” (author), “teatro” (theatre), “método” (method), “aliento” (breath), etc.   

Por otro lado, el dígrafo inglés «th» representa el fonema «d» en las siguientes palabras: “padre” (father), “juntamente” (together), “pluma” (feather), “este” (this), “ese” (that), “así” (thus), etc. («Método de Olllendorff para aprender el inglés», y otros).

Luego, el empleo del dígrafo «th» para nombrar la letra griega «theta» (nombre latino) y su valor fonético, sólo es válido, respecto del inglés, para los casos en los que dicho dígrafo representa el fonema «z», no cuando representa el fonema «d».

Pero en lo que respecta al español, es preciso decir que el dígrafo «th» no representa fonema alguno en la lengua española, y, consecuentemente, que no existe el dígrafo «th» en la lengua española.

Ante esta realidad, no queda más que admitir que es seriamente cuestionable el empleo del dígrafo «th» para transliterar la letra griega «theta» (nombre latino). 

Por otro lado, sería legítimo asumir el dígrafo «th» inglés (representando el fonema «z») como un préstamo del inglés, si el español no contara (pero cuenta) con una letra para representar el fonema «z».

Por supuesto, lo aconsejable es que, al leer y transliterar del griego al español, los estudiantes latinoamericanos no practiquen el legítimo y característico «seseo» (empleo de la «z» con el valor fonético de la «s») del español latinoamericano y de algunas regiones de España.

Luego, con relación a la idea de tomar prestado un dígrafo y fonema del inglés, un claro y muy conocido ejemplo lo tenemos respecto del fonema y dígrafo «sh», que existe en hebreo y en inglés, pero no en español (que, en cambio, sí cuenta con el fonema y con el dígrafo «ch»).

En tal sentido, al transliterar del hebreo al español palabras que contienen el fonema «sh» (presente en palabras como «shalóm»), se toma prestado del inglés el dígrafo «sh», y problema resuelto.

En conclusión, es inadecuado y no recomendable el empleo del dígrafo latino «th» para representar en español el fonema de la octava letra del alfabeto griego, la letra «theta» (zeta), al transliterar del griego al español; por un lado, porque el dígrafo «th» no existe en español, por otro lado, porque no representa fonema alguno en la lengua española.

En todo caso, más bien coincide el dígrafo «th» latino con la letra «t» del español, que con la letra «z», que sí representa el valor fonético de la «theta» griega.  

Consecuentemente, siempre y cuando se trate de una lectura y transliteración del griego al español directamente (que procura que la persona que no sepa griego conozca el verdadero valor fonético de la letra griega en cuestión), sin la mediación del latín que no es necesaria; lo ideal y aconsejable sería transliterar la letra griega «theta» (insisto, nombre latino) con la letra que efectivamente representa en español (la «z») el fonema que dicha letra tiene en el griego, el fonema «z».  

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De la lectura y la correcta transliteración al español de la gamma griega, curso Aprenda a leer griego

Lectura griega y transliteración del griego al español

De la lectura y la correcta transliteración al español de la gamma griega

Héctor B. Olea C.

La forma en que se transcribe o translitera, en este caso, del griego al español, refleja la forma en que se lee (si en conformidad a la pronunciación erasmiana o si en conformidad a la pronunciación reucliniana), además pone de relieve las opciones que se toman (consciente o inconscientemente) respecto de cómo reflejar adecuadamente en español los fonemas del griego (clásico y koiné).

Por supuesto, también dice mucho de qué tan consciente estamos de las características fonológicas de ambas lenguas (del griego y del español).

En este breve artículo me he propuesto proponer algunas pistas que, sin duda, ayudarán a reflejar de una manera más acertada los fonemas del griego (clásico y koiné) en el español actual, haciendo énfasis en el español latinoamericano.

En primer lugar, hemos de aceptar que la transcripción o transliteración es contextual, o sea, no es lo mismo transliterar del griego al inglés, que transliterar del griego al alemán; no es lo mismo transliterar del griego al chino, que transliterar del griego al español, y así sucesivamente podemos continuar respecto de la transliteración del griego (clásico y koiné) a cualquier otra lengua existente.

La razón es obvia, así como el griego tiene sus propios fonemas, cada una de las lenguas mencionadas (como todas las demás), tienen sus propios fonemas, sus propias características en el plano fónico (el de los sonidos lingüísticos).   

En segundo lugar, como muy bien dice Amador Ángel García Santos (Introducción al griego bíblico), no existe una norma aceptada universalmente para transcribir o transliterar las palabras griegas usando caracteres latinos.

En otras palabras, no existe una normativa aceptada por todos que establezca en todos los casos la forma en que se ha de transcribir o transliterar, en este caso, del griego al español.

En todo caso, nuestra propuesta es que la transcripción o transliteración se haga siempre de forma contextual, o sea, siempre en conformidad a los fonemas propios del griego (clásico y koiné), y los fonemas y características fonológicas de la lengua de llegada (meta o receptora), en nuestro caso, el español (no el latín).

En tal sentido, a manera de ilustración, quiero hacer referencia a la lectura y transcripción o transliteración al español de la tercera letra del alfabeto griego, la gamma, según la pronunciación erasmiana y en conformidad la pronunciación reucliniana.

Sobre la «gamma» griega

En la pronunciación erasmiama, la letra «gamma» siempre se pronuncia como la «g» española cuando va acompañada de los sonidos vocálicos «a» (ga), «o» (go), «u» (gu), incluso cuando va acompañada de los sonidos o fonemas vocálicos «e» (gue), «i» (gui).

Pero en la pronunciación reucliniana la letra «gamma» también realiza el fonema «ye» (valor consonántico de la «y»), como la «y» española en «bueyes», «yema», etc., cuando es seguida de los fonemas «e», «i».

Consecuentemente, recomendamos transliterar siempre la «gamma» griega de modo que refleje el fonema «g» (como en gato), cuando se translitere según la pronunciación erasmiana.  

Esto implica que se la translitere con la «g» española cuando esté seguida de los fonemas «a», «o» y «u», pero con el dígrafo «gu» cuando esté seguida de los fonemas «i» y «e».

Y en lo que a la pronunciación reucliniana se refiere, recomendamos transliterar la gamma con la «g» española, cuando esté seguida de los fonemas «a», «o», «u», pero con la «y» cuando esté seguida de los fonemas «e», «i».

El valor nasal (de la n) de la gamma griega

Una característica especial que tiene la «gamma» es que delante de otra «gamma» (g), delante de una «kappa» (k), delante de una «ji» (j), y delante de una «xi» (x); la «gamma» griega recibe el valor de una nasal, o sea, el valor de una «n».

Por supuesto, cuando la gamma esté seguida por cualquiera de las letras mencionadas, se ha de transliterar siempre con una «n», jamás con una «g».

Pero seguida de otras consonantes, la gamma griega se va a leer y a transliterar como la «g» española en «dogma».

Finalmente, a manera de ilustración, anexo una imagen donde espero mostrar con más claridad lo aquí expuesto. 

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Dígrafos, fonemas y grafemas ¿Qué fue lo que realmente pasó con la «ch» y la «ll» a partir de 2010?


Dígrafos, fonemas y grafemas

¿Qué fue lo que realmente pasó con la «ch» y la «ll» a partir de 2010?

Nociones de lingüística y gramática española

Héctor B. Olea C.

Para tener la mejor comprensión de lo ocurrido con la «ch» y la «ll» a partir del año 2010, con la llamada Nueva Gramática y nueva ortografía de la Lengua española; tenemos que familiarizarnos con algunos aspectos vitales del estudio científico de la lengua, la lingüística.

En tal sentido, es preciso tener en cuenta que el estudio científico de la lengua involucra tres aspectos esenciales: el fónico (estudiado por la fonética y por la fonología), el formal o gramatical (estudiado por la morfología y la sintaxis), y el sémico (estudiado por la lexicología y la semántica).

Luego, en el plano fónico (el de los sonidos), que es el que nos interesa aquí, se habla de los «fonemas», que no son más que las unidades lingüísticas más pequeñas, aislables y conmutables, carentes de significado.

Consecuentemente, con relación a los fonemas hay algunos principios vitales que se deben tener en cuenta:

En primer lugar, cada lengua tiene un número específico y limitado de fonemas (el español general, por ejemplo, tiene veintidós o veinticuatro fonemas, diecisiete o diecinueve consonánticos y cinco vocálicos).

En segundo lugar, hay más letras que fonemas.

En tercer lugar, hay letras que no representan, que no coinciden con fonema alguno (por ejemplo, la v, q, h, w).

En cuarto lugar, los fonemas son abstractos (no son físicos o materiales), pero se representan al nivel fónico por los sonidos lingüísticos y a nivel gráfico por las letras, grafías o grafemas, y por los dígrafos.

En quinto lugar, el alófono o sonido que es la realización del fonema, no tiene significado ni cambia el de la palabra, pero varía y no es precisamente el mismo dependiendo de la posición del fonema en la palabra o cadena hablada, y de la procedencia geográfica del hablante, entre otros actores.

En tal sentido, es preciso decir que una palabra puede ser sometida a tres tipos de análisis interno: el análisis fonemático (que procura establecer los fonemas y la cantidad de fonemas empleados en la conformación de una palabra); el análisis silábico (que procura establecer el tipo y la cantidad de sílabas que tiene una palabra), y el análisis morfemático o morfológico (que procura determinar la cantidad de morfemas que conforman una palabra).

Las letras, grafías o grafemas

Las letras, grafías, grafemas en incluso los dígrafos, constituyen la representación de los fonemas al nivel gráfico (en la escritura).

Pero letra o grafía y grafema no son precisamente lo mismo.

Por un lado, los «grafemas» son las unidades más pequeñas de la escritura que no pueden ser divididas. En tal sentido, son grafemas la «be» (b), la «pe» (p), la «eme» (m); en fin, todas las letras o grafías simples que no resultan de la combinación de dos grafemas previamente existentes de manera individual en el alfabeto de la lengua.

Pero la «letra» o «grafía», puede ser simple (como los «grafemas») o compuesto, o sea, el resultado de la combinación de dos grafemas (como los dígrafos o digramas).

Luego, el alfabeto o abecedario no es más que la presentación ordenada de los todos grafemas de una lengua.

Los dígrafos o digramas

Pero la lengua no sólo dispone de los «grafemas» o unidades simples para representar gráficamente los fonemas; también dispone de una serie de combinaciones de letras o grafías (fonemas consonánticos) para representar ciertos fonemas.

Dichas combinaciones (dígrafos o digramas) pueden resultar de combinar o juntar dos grafemas independientes, o de repetir (duplicar, geminar) un mismo grafema, pero representando un solo sonido, un solo fonema.

El español cuenta con las siguientes cinco combinaciones de fonemas consonánticos (dígrafos o digramas):  

El dígrafo «ch» para representar el fonema «ch», como en chorro, concha, chula, etc.

El dígrafo «ll» (duplicación o geminación de la letra ele), para representar el fonema «ye», como en: calle, callar, llama, etc.

El dígrafo «gu» para hacer posible que la «g» represente el fonema «g», como en gato, seguido por el fonema vocálico «e» (como en: guerra, guerrero, guepardo, etc.); y cuando es seguido por el fonema vocálico «i» (como en: guiso, guitarra, guiño, etc.).

El dígrafo «qu» para hacer posible que la «q» represente el fonema «k», seguido por el fonema vocálico «e» (como en: queso, quemar, querer, etc.); y cuando es seguido por el fonema vocálico «i» (como en: quiero, quitar, quimera, etc.).

El dígrafo «rr» para representar el fonema «r» fuerte (fonema vibrante múltiple) dentro de la palabra (como en: carro, cerrar, chamarra, etc.).

Lo que realmente pasó con los dígrafos «ch» y «ll» a partir del año 2010

Lo que realmente sucedió con los dígrafos «ch» y «ll» para el año 2010, es que la Real Academia Española y la Asociación de Academias de Lengua Española (ASALE), optaron por considerarlos como lo que en realidad son y siempre fueron:  dígrafos o digramas (combinación de dos letras o grafemas ya existentes en el alfabeto de la lengua española) que representan un fonema, un solo sonido; y no simples grafemas.

Por supuesto, la Real Academia Española misma y la ASALE pusieron de relieve que los dígrafos «ch» y «ll» fueron considerados letras, o sea, como si fueran grafemas, desde 1754.

Consecuentemente, a partir del año 2010, a la luz de las disposiciones de la RAE y ASALE, los grupos consonánticos «ch» y «ll» se han de considerar como lo que en realidad son, dígrafos, pero no letras o grafemas (unidades simples e indivisibles).  

Concluyendo, el estudio de los fonemas en el ámbito del estudio de las lenguas bíblicas es importante:   

En primer lugar, porque nos permite conocer las características propias y peculiares de las lenguas involucradas en el plano fónico (de la lengua materna o propia de los estudiantes) y de las lenguas objeto de estudio (las lenguas bíblicas).  

En segundo lugar, porque favorece una mejor comprensión de la relación que existe entre los fonemas, los sonidos lingüísticos (alófonos) y las grafías o letras (grafemas y los dígrafos).

En tercer lugar y, finalmente, porque, por un lado, nos permite tener una mejor comprensión de la naturaleza y las formas de los significantes (expresiones) de los signos lingüísticos en las lenguas involucradas.

Por otro lado, porque nos ayuda a poder realizar con propiedad una transcripción (transliteración) adecuada de las palabras en conformidad a los fonemas y grafías propios de las lenguas involucradas.

En todo caso, no es posible negar que, mientras más elemental sea el estudio de las lenguas bíblicas, menos notable se hará la necesidad de tener un buen dominio de la lengua materna (la lengua propia); pero más mientras más abarcador, completo y ambicioso sea el estudio de las lenguas bíblicas, más notoria se hará la necesidad de conocer de la mejor manera posible la lengua propia, la lengua materna, en fin, estar familiarizado con el estudio científico de la lengua (la lingüística); así de sencillo.