jueves, 28 de abril de 2011

¿Por qué luchar contra la corriente? La Biblia dice que las cosas irán de mal en peor

¿Por qué luchar contra la corriente?
La Biblia dice que las cosas irán de mal en peor
Héctor B. Olea C.
Por muchos años un sector de la comunidad evangélica de la República Dominicana (en realidad no sé si este dicho es popular por lo menos en otros países de la región) se ha caracterizado por insistir y reiterar que la Biblia sustenta que «las cosas irán de mal en peor» (el que la existencia humana va de más a menos, de bien a mal, de mal a peor). Obviamente, este discurso matiza inevitablemente su actitud y accionar frente a las distintas problemáticas que agobian al ser humano y su existencia.
En este tipo de enfoque ciertamente no parece fácil obviar una especie de fatalismo intrínseco, es decir, la idea que da por sentado el que no hay forma de lograr ciertas mejoras en nuestra efímera existencia, ni tiene sentido el luchar por la superación de una serie de males; pues de manera irremediable «todo va de mal en peor». Además y, después de todo, es la Biblia (cual bola de cristal) la que lo dice. En este discurso la única opción válida es esperar (haciendo algo, o nada por el aquí, por el ahora) la irrupción del reino de Dios en el escenario de la historia, el cual habrá de poner fin a todas las vicisitudes y desesperanzas del ser humano.
Pero me pregunto: ¿Es cierto que la Biblia dice, por lo menos en un solo texto (AT o NT), que «las cosas irán de mal en peor»?





Haciendo un detenido recorrido por la Biblia, lo que en verdad encontramos es que hay un solo texto en la Biblia que tiene parte de la terminología que emplea el discurso en cuestión; pero sin apuntar a la idea básica que sustenta.
Ese único texto es 2 Timoteo 3.13, cito: “Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo.
En la versión popular Dios Habla Hoy, se lee: “Pero los malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados
Como se ve, no hay forma legítima de usar este pasaje para darle sustento a la idea de que «las cosas irán de mal en peor».
Ahora bien, se nota que tanto en la versión Reina Valera 1960, como en la versión popular Dios Habla Hoy, este pasaje inicia con una conjunción adversativa (mas, pero). Esto supone un contraste con la idea expresada por el texto que lo antecede.
Pues bien, 2 Timoteo 3.12 afirma “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (Reina Valera). En la versión popular: “Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución.”
Entonces, la idea de 2 Timoteo 3.13 es que, en conexión al versículo 12, las personas que desechen la vida de piedad, su condición moral será cada día peor; no obstante, los piadosos, sufrirán (al optar por la vida de piedad) persecución.
Al respecto, el Nuevo Comentario Siglo 21 comenta:
A partir de una referencia a su propia experiencia de persecución, Pablo asegura a Timoteo que cualquiera que quiera vivir una vida piadosa será perseguido (v. 12). En esto no está haciendo más que repetir la enseñanza de Jesús. Pablo sabe que los impostores continuarán en esta época. Es natural que los engañadores vayan de mal en peor (v. 13). Una vez que el proceso haya comenzado, es difícil pararlo. Aquellos que engañan a otros terminan engañándose a sí mismos. Esto es verdad en todas las etapas en que se desarrollan las falsas enseñanzas.
Y el Comentario Bíblico San Jerónimo:
“Principio generalizado: todos los verdaderos cristianos sufrirán persecución. Vivir piadosamente: Véase Tito 1.l; 2.12. 13. La penosa situación de los falsos maestros, hechiceros: Es decir, son como Janés y Jambrés (3,8). Esta palabra es también un epíteto aplicado corrientemente a los adversarios filosóficos, extraviándose: Están en la misma situación que los no creyentes (véanse 3.6; Tito 3.3).”
De todos modos, a pesar de lo que en realidad diga 2 Timoteo 3.13, la otra hipótesis tesis es que las cosas realmente deben ser así, deben seguir por este derrotero, pues cuando el mundo entero llegue a una especie de crisis o encrucijada económica a escala mundial, entonces es cuando aparecerá el anticristo. El objetivo y logro número uno del anticristo será (según el dispensacionalismo) el resolver dicha crisis y el poner lacas en orden.
No obstante, el proyecto del anticristo también será un proyecto fallido, y en poco tiempo (tres años y medio literales) éste habrá de desatar un persecución brutal contra el pueblo físico de Israel (la iglesia estará en las bodas del cordero); las cosas se complican, y no mucho después (tres años y medio igualmente literales) entra en escena la manifestación definitiva del Reino de Dios (por lo menos en su etapa mesiánica).
Entonces, el que las cosas vayan de mal en peor, no es, consecuentemente, nada malo. Esto así, pues lo que en realidad está ocurriendo es que nos estamos acercando a la consumación final de los tiempos, de las profecías. Así las cosas, ¿por qué luchar contra la corriente?
A pesar de esto, lo cierto es que no toda la cristiandad piensa así. Precisamente ante la disyuntiva y tensión entre la manifestación presente y la futura del Reino de Dios, muchas congregaciones han hecho suya, en su discurso y en su forma de dar expresión concreta al testimonio cristiano, la famosa frese de Oscar Cullmann: “Ya y todavía no”.
Ante Dios y la sociedad, se espera mucho de nosotros, en el aquí y en el ahora; pues, al fin y al cabo, la Biblia no dice que «las cosas irán de mal en peor». Además de que tampoco es una «bola de cristal».
Concluyo con la interesante perspectiva de José M. Castillo:
“Lo primero que se ha de tener presente, cuando hablamos del Reino de Dios, es que este asunto está en el centro mismo del Evangelio. Hasta el punto de que el Evangelios consiste, en su núcleo más esencial, en la realización del Reino de Dios. Y hago notar, desde ahora, que intencionadamente hablo de realización, no simplemente de predicación. Porque el Reino de Dios que presentó Jesús, no se reduce a una doctrina, una enseñanza o una teoría. También l actuación de Jesús, lo que hacía y cómo lo hacía, las personas con quienes convivía y, naturalmente, las reacciones que todo eso provocaba, son cosas indispensables, enteramente esenciales, para enterarse de lo que el Evangelio nos enseña cuando habla del Reino de Dios” («El Reino de Dios, por la vida y la dignidad de los seres humanos», página 34).

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