domingo, 26 de febrero de 2017

El poder invasor haitiano y la primera presencia del protestantismo en Rep. Dom.


Una perspectiva crítica y consciente

Héctor B. Olea C.

A propósito de la presencia de Juan 8.32 en el escudo de la bandera nacional de la República Dominicana, junto al lema «Dios, Patria y libertad»; muy a pesar de la presunción de al menos un sector de la comunidad evangélica; parece comunicar la idea de que una patria que tiene a Dios como referente (en algún sentido), debe caracterizarse precisamente por una vida, una sociedad, una cotidianidad vivida en libertad, donde prime y se garantice la libertad de creencia (y la increencia), de conciencia y de cultos.   

Después de todo, una presencia religiosa de corte cristiano protestante y un tanto distinta a la católica (si bien no tan distinta como a muchos les habría gustado), no tuvo presencia en el territorio dominicano sino para el año 1824, con la llegada de unos seis mil (6000) negros libertos estadounidenses (entre los que vinieron dos ministros ordenados de la Iglesia Africana Metodista Episcopal); inmigración arreglada y patrocinada por el presidente e invasor haitiano Jean Pierre Boyer, precisamente por ser protestantes y para molestar a la Iglesia Católica. En consecuencia, es preciso poner de relieve que la primera presencia del cristianismo protestante en territorio dominicano es deudora del dominio y el poder invasor haitiano en territorio dominicano (1822-1844). Y en honor a la verdad histórica, pienso que las comunidades cristianas y evangélicas con presencia en territorio dominicano, deben ser conscientes de esta indiscutible realidad.

En tal sentido, si bien el pueblo dominicano como tal no habría de sentirse cómodo con la presencia de un poder invasor en su territorio; la primera presencia de un cristianismo de corte protestante, la primera presencia de un culto y una teología protestante en territorio dominicano, arreglada y patrocinada por el invasor Jean Pierre Boyer, probablemente sea una espinita que haya marcado de manera particular la visión de la Iglesia Católica respecto del invasor poder haitiano. Por supuesto, la gesta del 27 de febrero del año 1844 puso fin al dominio del poder invasor haitiano en el territorio dominicano; pero el protestantismo quedó y ha permanecido como marca indeleble de su efímera presencia.     

En suma, es prácticamente imposible, y muy inverosímil creer que la presencia de Juan 8.32 en el escudo de la bandera nacional, esté comprometido con las pretensiones del cristianismo católico y del cristianismo protestante y evangélico, que a ultranza pretenden imponer el imperio de su particular verdad y su modo peculiar de interpretar la Biblia, incluso fuera de los límites de su propio ámbito (la propia comunidad de sus fieles).

En consecuencia, a la luz de las pretensiones y la lucha de los padres de la patria y de los muchos otros que con ellos procuraron liberar al pueblo dominicano  del poder invasor haitiano; una patria que tiene a Dios como referente, debe garantizar precisamente la libertad física, de conciencia, de creencia, la increencia y la libertad de cultos; también debe sentirse comprometida con la indiscutible igualdad de todos los seres humanos, debe luchar y oponerse a todo tipo de discriminación y tiranía, incluso la tiranía religiosa, así de sencillo.   


¡Hasta la próxima!
  




domingo, 19 de febrero de 2017

La interpretación en el centro de la tradición judeocristiana


Lecturas y posiciones en conflicto


Héctor B. Olea C.

El en contexto de un diálogo con una persona amiga, tocamos un tema de esos controversiales y en los que no existe consenso entre los cristianos y evangélicos. De pronto la persona que dialogaba conmigo me dijo que ella quiere “fundamentarse en la palabra, no en su interpretación”.

Ante esta afirmación, me dije y pensé, aunque no se lo expresé: ¿Hasta cuándo se va a persistir en el error de no aceptar que todo lo que se dice y diga a partir de la Biblia, con base en la Biblia, es fruto de una inevitable e intrínseca lectura interpretativa de la misma? ¿Hasta cuándo se va a seguir creyendo que unos tienen una lectura pura de la Biblia, y otros tenemos meras conjeturas interpretativas? ¿Hasta cuándo se va a insistir en el error de creer que es posible hacer una lectura de la Biblia sin ningún tipo de mediación, sin ningún tipo de premisa, al margen de algún marco teórico y hasta referente vivencial o praxis? ¿Hasta cuándo se va a insistir en el error de no aceptar que ninguna lectura de la Biblia es inocente y desinteresada?   

En realidad la interpretación ha estado y está en el centro mismo del surgimiento de la Biblia, y de la tradición judeocristiana.

Por un lado, el AT supone una lectura y relectura interpretativa, no desinteresada (con inevitables implicaciones teológicas) de las culturas, religiones costumbres e idiosincrasia de los pueblos circunvecinos, así como de textos, códigos y mitos antiguos.

Por otro lado, el NT supone una lectura y relectura en clave cristológica de la historia, religión, cultura, códigos y mitos hebreos. De hecho, cabe preguntarse quién ha sido más determinante para la configuración de la fe cristiana, si la figura y enseñanzas del Jesús histórico, o si la lectura y relectura del AT, de la historia del pueblo hebreo (y de la persona misma del Jesús histórico) en pura clave cristológica. Me parece que la respuesta es demasiado obvia.

Por supuesto, así como la conclusión del pueblo hebreo y de la fe judía es que ellos y su religión eran mejores y superiores a la cultura, religión e idiosincrasia de los demás pueblos conocidos (compárese Éxodo 19.5; Deuteronomio 7.1-6); la fe cristiana también ha llegado a la misma conclusión, en relación a la fe judía misma, y frente al resto del pueblos (compárese Romanos 9.6-8, 30-33; Gálatas 3.6-18; y Hebreos 1-13).

Y peor aún, siendo cierto tanto a lo interno de la fe judía, como a lo interno de la fe cristiana, cada facción ha entendido, entiende, asume, concluye y afirma que tiene la verdad, la postura pura y perfecta, y el resto el error, y un mero espejismo de la verdad, así de sencillo.  


¡Hasta la próxima!


martes, 14 de febrero de 2017

La palabra «ágape» y la terminología de los sentimientos en la Biblia


Un análisis crítico y exegético
Cuestiones de exégesis y traducción bíblicas


Héctor B. Olea C.

Es muy generalizada la idea de que la palabra “ágape” y el verbo “agapáo” del cual se deriva, se usan en la Biblia estrictamente para señalar el amor de Dios, el amor por antonomasia, y respecto de los seres humanos, el amor como fruto de la obra del Espíritu Santo; el amor como un sentimiento no superficial, coyuntural e interesado, sino profundo, desinteresado, sacrificial, en fin, el perfecto amor.

En consecuencia, se establecen ciertas diferencias entre el llamado “amor ágape”, el “amor de Dios”, el verdadero amor, y el sentimiento que generalmente señalamos con la palabra “querer”. Es más, este tipo de distinción se ha hecho en repetidas ocasiones en canciones románticas donde se afirma que “querer” y “amar” no es lo mismo.

Pero, ¿será verdad que la terminología bíblica traza de forma tan marcada las diferencias entre estos tipos de sentimientos? ¿Será cierto que en la Biblia la palabra “ágape” sólo apunta al “amor de Dios”? ¿Será cierto que la palabra “ágape” no se usa en contextos que involucran un interés físico y sexual? ¿Será cierto que la palabra “ágape”, usada en contextos donde se asocia a acciones puramente humanas, es siempre como una expresión del amor “ágape”, el “amor” como “fruto del Espíritu Santo?

Ahora bien, a fin de aclarar bien toda esta cuestión, o por lo menos constatar cómo se aborda en la Biblia, pasemos a considerar la terminología bíblica al respecto. El procedimiento será el siguiente: en primer lugar constataremos el uso en la Biblia de los principales términos relacionados con esta temática, evitando toda definición reduccionista; en segundo lugar, procuraremos explicar su uso, más que definir dichos términos, a la luz de los textos bíblicos que nos sirvan de testigos. Luego, a la luz de las evidencias que aporte nuestra investigación textual, pasaremos a puntualizar algunas conclusiones relevantes.

I) El verbo “agapáo” en el NT

Según el Nuevo Léxico Griego – español del NT por Jorge Fitch Mckibben (Casa Bautista de Publicaciones, 1985), el verbo “agapáo” se encuentra en el NT en ciento cuarenta y tres (143) ocasiones. Como punto de partida consideremos lo que dice el Diccionario Vine sobre este verbo: “«agapáo» y el correspondiente nombre «agápe» constituyen la palabra característica del cristianismo, y ya que el Espíritu de la revelación la ha usado para expresar ideas previamente desconocidas.

Unos textos claves para este trabajo son los siguientes:

Juan 3.16 “Porque de tal manera amó (“egápesen”) Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

1 Juan 4.19 “Nosotros le amamos (“agapómen”) a él, porque él nos amó (“egápesen”) primero.

1 Juan 5.2 “En esto conocemos que amamos (“agapómen”) a los hijos de Dios, cuando amamos (“agapómen”) a Dios, y guardamos sus mandamientos.

Pasemos ahora a considerar algunos pasajes donde por la concepción popular que se tiene del verbo “agapáo”, mucha gente no esperaría encontrarlo. 

Lucas 11.43 “¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis (“agapáte”) las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.

Juan 3.19 “19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron (“egápesan”) más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

2 Timoteo 4.10 “Porque Demas me ha desamparado, amando (“agapésas”) este mundo, y se ha ido a Tesalónica.

II) El uso del sustantivo “agápe” en el NT

La palabra “ágape” (esdrújula) es una transliteración del sustantivo griego “agápe”,  grave por la que es su sílaba tónica, en otras palabras, por la que es su sílaba acentuada, derivada del verbo griego “agapáo”.

Según el Nuevo Léxico Griego –español del NT por Jorge Fitch Mckibben (Casa Bautista de Publicaciones, 1985), el sustantivo “agápe” se encuentra en el NT en ciento dieciséis (116) ocasiones.

Algunos ejemplos importantes para nuestro trabajo son:

1 Juan 4.8: “El que no ama (“agapón”), no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”-“agápe”.

Gálatas 5.22 “Mas el fruto del Espíritu es amor (“agápe”), gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.

III) El uso del verbo “filéo” en el NT

Según el Nuevo Léxico Griego –español del NT por Jorge Fitch Mckibben (Casa Bautista de Publicaciones, 1985), el verbo “filéo” se encuentra en el NT sólo veinticinco veces (25). El verbo “filéo” por lo general señala un tipo de sentimiento no tan profundo como “agapáo”, y por eso en ciertos contextos se prefiere la traducirlo por “querer” y no por “amar”. No obstante, hay pasajes que demuestran un uso sinónimo de “filéo” y “agapáo”.

Algunos ejemplos importantes para nuestro trabajo son:

Mateo 6.5 “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman (“filúsin”) el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Mateo 23.6 “Y aman (“filúsin”) los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas.

Un uso peculiar del verbo “filéo” es cuando se emplea con la acepción de “besar” (sentido con que se usa todavía en el griego moderno):

Mateo 26.48 “Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare (“filéso”), ése es; prendedle.”

Marcos 14.44 “Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare (“filéso”), ése es; prendedle, y llevadle con seguridad.”

IV) Un caso muy especial: el uso de “agapáo” y “filéo” en el diálogo entre Jesús y Pedro en Juan 21.15-17

Leamos el texto en cuestión:

5Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Observemos ahora la traducción que hace del mismo pasaje la versión popular Dios Habla Hoy:

15Terminado el desayuno, Jesús le preguntó a Simón Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Pedro le contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Cuida de mis corderos. 16Volvió a preguntarle: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas. 17Por tercera vez le preguntó: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro, triste porque le había preguntado por tercera vez si lo quería, le contestó: —Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.

Al comparar estas dos versiones de un mismo pasaje, saltan a la vista algunas diferencias:

Lo primero es que la versión Reina Valera 1960 mantiene en todo el pasaje una misma traducción, empleando las formas del verbo “amar” tanto para cuando Jesús pregunta, como para cuando Pedro responde. En segundo lugar, la versión popular Dios habla Hoy establece una diferencia, empleando el verbo “amar” en las dos primeras preguntas de Jesús, pero el verbo querer en la tercera pregunta, verbo con el cual Pedro había respondido las dos primeras preguntas. La razón de esta diferencia está en que cada vez que la versión popular tradujo con una forma del verbo “querer” es porque en el texto griego no está “agapáo”, sino “filéo”.

Para destacar mejor lo que está ocurriendo en este pasaje, lo que voy a hacer es usar de nuevo la traducción de la versión popular, pero colocando entre paréntesis la transliteración de la forma verbal que se encuentra en el texto griego:

15Terminado el desayuno, Jesús le preguntó a Simón Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas (“agapás me”) más que estos? Pedro le contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero (“filó se”). Jesús le dijo: —Cuida de mis corderos. 16Volvió a preguntarle: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? (“agapás me”) Pedro le contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero (“filó se”). Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.17Por tercera vez le preguntó: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? (“filéis me”) Pedro, triste porque le había preguntado por tercera vez si lo quería (“filéis me”), le contestó: —Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero (“filó se”). Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.

Después de ver la forma en que la versión popular Dios Habla Hoy establece diferencia entre “filéo” y “agapáo”, cabe que nos preguntemos sobre la legitimidad de esta traducción como opción.

En mi opinión creo que ayudaría mucho analizar la forma en que el autor del evangelio de Juan emplea estos dos verbos en toda su obra.

El empleo que hace el autor de Juan de “agapáo” y “filéo” como perfectos sinónimos

Analizando el uso que el autor del cuarto evangelio hace de los dos verbos en cuestión, los resultados son los siguientes. Hay un promedio de treinta y nueve (39) formas verbales en el evangelio de Juan del verbo “amar”. De estas treinta y nueve (39) formas verbales, diez (10) corresponden al verbo “filéo”, y veintinueve (29) al verbo “agapáo”. Lo llamativo es que a pesar de esta diferencia abismal, resulta muy interesante ver la forma en que el autor del cuarto evangelio tiende a emplear a uno en lugar del otro, como sinónimo, en ciertos contextos, después de haber señalado la misma idea pero con el otro.

Un aspecto interesante en Juan, respecto al empleo del verbo “filéo”, a pesar de las pocas veces que lo utiliza su autor (unas diez veces), es su uso como un sinónimo perfecto de “agapáo”. Consideremos los siguientes ejemplos:

1) La idea expresada por el autor en Juan 5.20, con “filéo” (que el Padre ama al Hijo); es expresada por igual con “agapáo” en: Juan 3.35; 10.17; 15.9; 17.23, 24.

2) La idea expresada por el autor en Juan 11.3 y 36, con “filéo” (que Jesús amaba a Lázaro); es expresada por igual con “agapáo” en Juan 11.5.

3) La idea expresada por el autor en Juan 16.27, con “filéo” (que el Padre ama a los que aman a su Hijo); es expresada por igual con “agapáo” en Juan 14.21, 23.

4) La idea expresada por el autor en Juan 20.2, con “filéo” (señalando que había un discípulo al que Jesús amaba); es expresada por igual con “agapáo” en Juan 13.23; 19.26; 21.7, 20.

En conclusión, después de este análisis, no creo que debamos estar muy seguros de que sea legítima la distinción que hace la versión popular Dios Habla Hoy (así también la Nueva Versión Internacional, la Reina Valera 1995, la Nueva Biblia Española, la Biblia de Jerusalén, la Nueva Traducción Viviente, entre otras) en Juan 21.15-17, entre el verbo “agapáo” y el verbo “filéo”.

Esta acentuada distinción entre el sentido de “agapáo” y “filéo”, supone que las dos primeras veces Jesús le preguntó a Pedro si lo “amaba”, pero Pedro le respondió que sólo lo “quería”. Y que la tercera vez Jesús le preguntó a Pedro si lo “quería”, y Pedro respondió que sí, que efectivamente lo “quería”.

Entonces, en el caso de mantener una distinción radical entre “agapáo” y “filéo” en Juan 21-15-17, si hacemos el ejercicio de ir de Juan 21.15-17 a los ya mencionados casos del uso sinónimo de los dos verbos en cuestión, las consecuencias serían las siguientes:

En primer lugar: Que en Juan 5.20 habría que traducir (y decir) que el Padre sólo quiere al Hijo, que le tiene cariño pero que no lo ama en verdad; y que en Juan 3.35; 10.17; 15.9; 17.23, 24, sí habría que traducir (y decir) que el Padre efectivamente sí lo ama. Lo interesante es que la traducción de Juan 5.20 que hace la versión popular Dios Habla Hoy no refleja tal hipótesis, ni resulta coherente ni consistente con el manejo de “agapáo” y “filéo” en Juan 21-15-17, cito: Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas todavía más grandes, que los dejarán a ustedes asombrados.

En segundo lugar: Que en Juan 11.3 y 36 habría que traducir (y decir) que Jesús no amaba profundamente a Lázaro, sino que le tenía cariño; y que en Juan 11.5 sí habría que traducir (y decir) que Jesús efectivamente amaba a Lázaro. Lo interesante es que la traducción de Juan 11.3, 5 y 36, me resulta sorprendente, y por las siguientes razones.

Por un lado, pues no muestra la consistencia que sí mostró en la traducción de Juan 5.20. Por otro lado, porque además de suponer una distinción radical entre “agapáo” y “filéo”, aun así traduce los tres pasajes en cuestión de una manera uniforme pero no con formas del verbo “amar” (suponiendo a “agapáo”), sino con formas del verbo “querer” (suponiendo a “filéo”), Cito: 3Así pues, las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: —Señor, tu amigo querido está enfermo. 5Aunque Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.36Los judíos dijeron entonces: —¡Miren cuánto lo quería!

En tercer lugar: Que en Juan 16.27 habría que traducir (y decir) que el Padre en verdad no ama a los que aman a su Hijo, sino que sólo les tiene cariño; pero que en Juan 14.21 y 23 sí habría que traducir (y decir) que efectivamente el Padre ama a los que aman a su Hijo.

Lo curioso es que la traducción de Juan 16.27 que hace la versión popular Dios Habla Hoy no refleja tal hipótesis, y traduce como si en dicho pasaje estuviera el verbo “agapáo”, cuando en realidad el verbo que allí está es “filéo”. Cito: “Porque el Padre mismo los ama. Los ama porque ustedes me aman a mí, y porque han creído que yo he venido de Dios.

En cuarto lugar: Que en Juan 20.2 habría que traducir (y decir) que Jesús no amaba profundamente al discípulo del que se habla, sino que simplemente le tenía cariño; pero que en Juan 13.23; 19.26; 21.7, 20 sí habría que traducir (y decir) que Jesús efectivamente sí amaba al discípulo en cuestión. Consideremos la traducción que hace la versión popular Dios Habla Hoy de Juan 20.2 Entonces se fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo: —¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!

Después de considerar esta traducción de Juan 20.2 y la de los demás casos (los primeros tres), nos vemos en el deber de advertir que la versión popular Dios Habla Hoy muestra una notable y lamentable inconsistencia en el entendimiento y traducción de los verbos “agapáo” y “filéo”.

V) El uso del sustantivo “filía” en el NT

El significado básico del sustantivo “filía” es “amistad”. Con respecto a la etimología de “filía”, es muy común la idea de que se deriva del verbo “filéo”; sin embargo, parece que más bien se deriva de un verbo que no tiene presencia en el NT, pero que sí está atestiguado en la Septuaginta. Dicho verbo es “filiázo” que significa “amar”, “hacer amigo”, “actuar o comportarse como amigo”, “actuar amigablemente”.

Volviendo al sustantivo “filía”, la única vez que se encuentra en el NT es en la epístola o carta de Jacobo (Santiago) 4.4 “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad (“je filía”) del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

VI) El uso del sustantivo “storgué” en NT

Este sustantivo, como tal no aparece en el NT, pero sí se encuentra en el NT un sustantivo compuesto que sí lo contiene, y en un único pasaje. Dicho sustantivo es “filóstorgos” formado por “fílos” (amigo) y “storgué” (amor, afecto). El único texto del NT en cuestión es Romanos 12.10: “Amaos (“filóstorgoi”) los unos a los otros con amor fraternal (“filadelfía”/) en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

VII) Respecto al verbo “eráo” y el sustantivo “éros” en el NT

Ciertamente tenemos que decir el verbo “eráo” y el sustantivo derivado de éste, “éros”, no se encuentran en el NT. Sin embargo, sí tenemos ejemplos concretos de su presencia en la Septuaginta.

VIII) El verbo “amar” en el Tanaj (AT hebreo)

En el Tanaj (el AT hebreo) hay alrededor de siete verbos que se traducen “amar”. Antes de seguir tengo que aclarar que aunque la Concordancia Strong identifica como verbo al segundo término hebreo que ocupa el segundo lugar en frecuencia, lo cierto es que realmente es un sustantivo. Los siete verbos son: “ajáv”, “jamád”, “jafets”, “yedidut”, “ratsáh”, “rajám”, y “javáv”, también el sustantivo “ajaváh”, y una forma del verbo “jafets”.

El verbo “ajáv” es el verbo que sobresale en su uso, con una frecuencia que ronda  en las ciento cincuenta y tres (153) menciones. Cuatro casos representativos son:

Génesis 22.2 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.

Deuteronomio 6.5 “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

Deuteronomio 7.13 “13Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría.

Ester 2.17 “Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti.

IX) El sustantivo “amor” en el Tanaj (AT hebreo)

En el Tanaj hay por lo menos siete sustantivos que se traducen “amor”. Estos son: “ajaba”, “maán”, “dod”, “abur”, “jeséd”, y dos formas del verbo “ajáv”. Luego tenemos dos construcciones, que no son propiamente sustantivos, pero que también se traducen “amor”, como el uso de la preposición hebrea “al”, significando “por causa de”, y la construcción formada por la misma preposición “al” y la palabra “odot”.

El sustantivo “ajaváh” con una frecuencia de veintisiete (27) menciones. Tres casos representativos son:

Jeremías 31.3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

Salmo 109.4 “En pago de mi amor me han sido adversarios; Mas yo oraba.

Cantares 8.7 “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, De cierto lo menospreciarían.”

X) El uso del verbo “agapáo” en la Septuaginta

A fin de demostrar el uso de este verbo en la Septuaginta, vamos a considerar varios pasajes del Tanaj (el AT), especificando también el verbo hebreo al cual  traduce.

1) El Génesis 24.67 leemos: “Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre”.

Aquí la traducción “amó” es del hebreo “ajáb”. Es obvio que el tipo de sentimiento del hebreo aquí refiere al amor o afecto de un hombre hacia una mujer, amor conyugal que involucra el deseo e interés sexual. La Septuaginta tiene aquí a “agapáo”. Lo mismo ocurre en Génesis 29.30 tanto en el hebreo como en la Septuaginta.

2) En Levítico 19.18 leemos: “…Sino amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Aquí en el hebreo el verbo “amar” es también “ajáb” y la Septuaginta también tiene a “agapáo”.

3) En 1 Samuel 18.20 leemos: “Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David”. Aquí volvemos a encontrar al hebreo “ajáb” y la Septuaginta tiene a “agapáo”.

4) En Eclesiastés 5.10 leemos: “El que ama el dinero no se saciará… y el que ama el mucho tener, no sacará fruto”. Aquí el hebreo para “amar” es también “ajáb” y la Septuaginta tiene otra vez a “agapáo”.

5) En Cantares 1.3, 4, las traducciones “te aman” corresponden al hebreo “ajáb” y en la Septuaginta a “agapáo”. Lo mismo ocurre en Cantares 3:1, 2, 3.

XI) El Uso del sustantivo “agápe” en la Septuaginta

Algunos ejemplos del uso de este sustantivo en la Septuaginta son: 2 Samuel 13.15; Jeremías 2.2; Cantares 2.4, 5. 7

XII) El Uso del verbo “filéo” en la Septuaginta

Algunos ejemplos son: Génesis 27.4, 9. 14, 26, 27; Proverbios 7.13; Ester 4.17; 10.3; Isaías 56.10; Jeremías 22.22.

XIII) El uso del verbo “filiázo” en la Septuaginta

Como ya advertí, el verbo “filiázo” no tiene presencia en el NT, pero sí está atestiguado en la Septuaginta. El significado básico de “filiázo” es “amar”, “hacer amigo”, “actuar o comportarse como amigo”, “actuar amigablemente”. En la Septuaginta sólo se lo encuentra en Jueces 5.30 (texto A); 14.20 (texto B); 2 Crónicas 19.2; 20.37; y en el apócrifo 1 Esdras 3.22.

XIV) El Uso del sustantivo “filía” en la Septuaginta

Algunos ejemplos son Proverbios 5.19; 7.18; 10.12: 15.17

XV) El Uso del verbo “eráo” en la Septuaginta

Este verbo significa “amar”, pero por lo general se entiende que hace referencia a un sentimiento que envuelve el interés sexual. Precisamente de este verbo viene la palabra “eros” y “erótico”. No obstante, de los dos pasajes del AT en que aparece, sólo uno incluye el interés sexual. Consideremos su uso en el AT:

Proverbios 4.6 “No la dejes, y ella te guardará; Ámala, y te conservará.

Ester 2.17 “el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ella gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti.

XVI) El uso del sustantivo “éros” en la Septuaginta

Proverbios 7.18 “Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores.”

Proverbios 30.16 “El Seol, la matriz estéril, La tierra que no se sacia de aguas, Y el fuego que jamás dice: ¡Basta!”

XVII) El uso del sustantivo “storgué” en la Septuaginta

Este sustantivo no tiene presencia en los libros canónicos de la Septuaginta, ni siquiera en los llamados “deuterocanónicos” por la tradición católica y romana. Sólo se lo encuentra en dos libros apócrifos, saber, 3 Macabeos 5.32 y 4 Macabeos 14.13, 14 y 17.

Hay que decir, sin embargo, que el verbo del cual se deriva este sustantivo, (¿“storguéo”?) no tiene presencia alguna ni en la Septuaginta ni en el NT.

Conclusiones: A la luz de este breve análisis concluimos:

1) Que no es posible sostener las acostumbradas distinciones radicales respecto de la terminología bíblica que se usa para referir al amor y los afectos en sus  múltiples expresiones.

2) Que no es cierto que el verbo “agapáo” y el sustantivo “agápe” sólo hacen referencia al amor de Dios y al amor como fruto de la obra del Espíritu Santo.

3) Que tampoco es posible establecer una diferencia radical entre el verbo “agapáo” y “filéo”.

4) Que el verbo hebreo “ajav” (“amar”) que sobresale en su uso en el Tanaj (el AT hebreo) se usa en muy variados contextos y asociado a muy diversas ideas relativas al amor. Por ejemplo, con él se hace referencia: a) al amor de Dios por su pueblo (Dt. 23.5); b) al amor con que el ser humano, como parte de su pueblo, tiene que amar a Dios (Dt. 6.5); c) al amor con que el ser humano debe amar a sus semejantes (Levítico 19.18); d) el amor conyugal que envuelve y supone el deseo e interés sexual, el deseo e interés por las relaciones íntimas (Eclesiastés 9.9; Cantares 1.3-4).

5) El sustantivo hebreo “ajaváh” (“amor”) que sobresale en su uso en el Tanaj (el AT hebreo) también aparece asociado a diversos conceptos del “amor”: a) Se usa para señalar el amor de Dios (YHVH) por su pueblo (Jeremías 31.3); b) el amor al prójimo, el amor entre los seres humanos (Proverbios 10.12); c) el amor entre un hombre y una mujer, el que supone el interés y deseo sexual, el deseo e interés por las relaciones íntimas (Cantares 5.8; 7.6).

6) Qué será caso, por caso, y considerando el uso más general en la Biblia que podemos establecer cuáles son las múltiples ideas que se asocian a los distintos términos que se usan en la Biblia para hablar de los distintos tipos de sentimientos.

7) Que la conocida distinción que hacen algunas versiones de la Biblia, como la versión popular Dios Habla Hoy (así también la Nueva Versión Internacional, la Reina Valera 1995, la Nueva Biblia Española, la Biblia de Jerusalén, la Nueva Traducción Viviente, entre otras), entre “agapáo” (“amar”) y “filéo” (“querer”) en Juan 21.15-17 hay que ponerla bajo sospecha de acuerdo a la manera en que el autor del cuarto evangelio emplea ambos verbos.

Mi consejo final:

Hoy como ayer, la opción sigue siendo la misma: “Ama a Dios por sobre todas las cosas, y a tus semejantes como a ti mismo” (Deuteronomio 6.5; Levítico 19.18; Mateo 22.37-40). Pero eso sí, este “amor” deber ser sin fingimiento (Romanos 12.9-10).

Respecto a tu pareja: “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol” (Eclesiastés 9.9)

Finalmente, tomemos también en serio el consejo de una bella canción que nos dice: “¡Brinda paz, brinda amor, que el mundo entero pide más”!


¡Hasta la próxima!


Apéndice: Unas puntualizaciones necesarias 

En lo que estrictamente al evangelio de Juan se refiere, pienso que la conclusión de que los verbos «agapáo» y «filéo» son sinónimos está acorde con el empleo indistinto que hizo el autor principal de dicha obra. En tal sentido, considérese el paralelismo de lo dicho en Juan 5.20 con el verbo «filéo», con lo expresado con el verbo «agapáo» en Juan 3.35; 10.17; 15.9; 17.23, 24. En segundo lugar, compárese lo que en Juan 11.3 y 36 se afirma con el verbo «filéo», con lo que se afirma con el verbo «agapáo» en Juan 11.5. En tercer lugar, compárese lo que se dice con el verbo «filéo» en Juan 16.27, con lo que se afirma con el verbo «agapáo» en Juan 14.21, 23. En cuarto lugar, compárese lo que con el verbo «filéo» se afirma en Juan 20.2, con lo que se dice con el verbo «agapáo» en Juan 13.23; 19.26.

Luego, asumiendo que el capítulo 21 es más bien el resultado de un redactor final, distinto al autor original del cuarto evangelio; todavía es posible decir que ciertamente para el autor principal del cuarto evangelio «agapáo» y «filéo» eran perfectos sinónimos; si bien, no así para el redactor del capítulo 21, en caso de que ciertamente él haya empleado los dos verbos en cuestión como antónimos (hipótesis que no se puede probar del todo, si bien se sustenta en una sospecha legitima).

Finalmente, en lo que a la traducción hoy se refiere, pienso que será una decisión del comité editorial de cualquier proyecto de una traducción o versión de la Biblia, el decidir si «agapáo» y «filéo» se van a traducir como sinónimos, en concordancia con la indiscutible evidencia que aporta en tal sentido una exegesis del cuarto evangelio; o si se van a traducir en conformidad con la aparente discontinuidad que pone de manifiesto el capítulo 21 respecto del resto del evangelio.

En suma, las opciones para la labor de la traducción bíblica serían: 1) Traducir «agapáo» y «filéo» en conformidad con la forma final en que nos ha llegado el cuarto evangelio, superponiendo el resto del evangelio al capítulo 21; 2) Traducir a «agapáo» y «filéo» como sinónimos en el resto del evangelio de Juan, pero como antónimos sólo en el capítulo 21. 3) Traducir «agapáo» y «filéo» como sinónimos en todo el evangelio, incluso el capítulo 21, en conformidad a la proporción mayoritaria del cuarto evangelio, pero agregando una nota explicativa que dé razón de las sospechas que se tienen respecto del capítulo 21, y de la posible discontinuidad que puede existir aquí en relación al resto del evangelio, respecto del uso de «agapáo» y «filéo». Por supuesto, con base a la proporcionalidad, se descarta que «agapáo» y «filéo» se traduzcan en todo el evangelio de Juan como antónimos, de espalda a la evidencia en contra que aporta el resto del evangelio, y con base sólo en el posible uso distinto del capítulo 21. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Análisis y explicación del nombre hebreo y griego del libro de Éxodo


La migración como tema teológico


Héctor  B. Olea C.

Una forma de combinar y tomar en cuenta tanto el nombre hebreo (dado en la tradición masorética, o sea, «shemót»: “nombres”), como el que le dio la Septuaginta («éxodos»: “salida”, “partida”) al segundo libro (en castellano «Éxodo») del «Pentateuco» (nombre griego, el nombre hebreo es más bien «Toráh», es la siguiente.

Por un lado, es preciso admitir que en la tradición masorética, el nombre hebreo dado al segundo libro del «Pentateuco» o «Toráh», se sustenta en la declaración inicial del mismo primer capítulo: “Estos son los nombres (hebreo «shemót») de los hijos de Israel que entraron (emigraron a) en Egipto…” (Compárese Génesis 46.8).

Por otro lado, el nombre griego «éxodos» dado por la Septuaginta, se sustenta más bien en la declaración que se lee en el capítulo 19.1, de dicho libro: “En el mes tercero de la salida (griego «éxodos») de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí”.









En suma, la lista de las personas que entraron (emigraron de Beerseba, que hicieron un éxodo) con Jacob a Egipto, es el núcleo básico y primario del grupo que posteriormente salió (emigró, hizo otro éxodo) a Canaán, la llamada “tierra prometida” (Éxodo 6.4; compárese Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1-4).  

Además, a diferencia del nombre hebreo «shemót» (nombres) que sí se encuentra al inicio del mismo primer capítulo del libro, el nombre griego, la palabra griega con que la Septuaginta identificó a dicho libro, o sea, «éxodos» (salida); en realidad se la encuentra en el libro en cuestión tan sólo dos veces: Éxodo 19.1 (haciendo referencia a la salida de Egipto) y Éxodo 23.16 (haciendo referencia a la salida del año), y traduciendo en ambas ocasiones una forma del verbo hebreo «yatsá» (salir, emigrar, brotar, aparecer, etc.).

Consecuentemente, desde la perspectiva de la Septuaginta, el nombre dado al libro de Éxodo, no se sustenta en el «éxodo» de Beerseba a Egipto (Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1), como en la tradición masorética; sino en el «éxodo» de Egipto a Canaán (Éxodo 19.1).

Luego, siendo el pueblo de Israel un pueblo migrante desde sus inicios, es comprensible que luego el código mosaico incluyera una serie de disposiciones tendentes a proteger la vida y garantizar la subsistencia de las personas extranjeras (Levítico 19.33-34; 23.22; 25.5-6; Jeremías 7.6; Ezequiel  47.21-23; Zacarías 7.10).

Por supuesto, llama la atención y es lamentable, que hoy, personas, pueblos y comunidades cuya historia ha estado marcada por la migración, y de espalda a su propia historia, se muestren xenófobos, fomenten el odio, el desamor, y la falta de empatía, comprensión y misericordia hacia los inmigrantes, así de sencillo.



¡Hasta la próxima!

viernes, 10 de febrero de 2017

«Dios, Patria y Libertad»


A propósito del mes de la Patria


Héctor. B. Olea C.

De los tres términos que componen el lema que marcan el Escudo de la Bandera Nacional de la República Dominicana (artículos 31 y 32 de la Constitución): «Dios, Patria y Libertad», al margen de los insolubles e irreductibles problemas y conflictos teológicos que confrontan y originan tensión entre los grupos cristianos (católicos, evangélicos y otros); en mi opinión, los menos comprendidos por un gran sector de la comunidad católica y de la comunidad evangélica, son  precisa y muy lamentablemente: «Patria» y «Libertad».

Esto así, por un lado, porque no llegan a comprender, y parece que jamás lo comprenderán, que «Patria» e «Iglesia» (o su particular comunidad de fe) no son términos sinónimos, y nunca serán lo mismo; y por otro lado, porque tampoco llegan a comprender que la prerrogativa constitucional de la «Libertad» de conciencia, de creencia y de cultos (artículo 45 de  la Constitución), implica de manera intrínseca, el derecho a la increencia u otro tipo de creencia, por parte del resto de la población, el derecho de identificarse o no, y de pleno derecho, con alguna corriente religiosa (católica o evangélica, u otra), sin que se les coarten sus derechos y su libertad de expresión y asociación, en sujeción al orden público y al  marco jurídico vigente, así de sencillo.


De la separación entre iglesia y estado, y lo ideal de un estado laico.




Cuál es la religión oficial de República Dominicana?



Inconstitucionalidad del Concordato y de la Ley 44-00, por Benjamín Olea Cordero





¡Hasta la próxima!