sábado, 19 de marzo de 2016

La gente de Sodoma versus la tribu de Benjamín


Génesis 19.1-11 versus Jueces 19.1-30
Una comparación crítica, justa y necesaria

Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

La intención de llevar a cabo este estudio comparativo de Génesis 19 y Jueces 19, tiene como objetivo principal, el mostrar que al margen de los hechos, hay muchos factores que intervienen y marcan la forma en que hablamos y asumimos la vida de una persona, un pequeño grupo y hasta un segmento considerable de un grupo mayor.

O sea, que dos personas o dos pueblos, pueden cometer las mismas atrocidades, pero no ser igual el juicio que reciban de la historia. Incluso, podría ser que la persona o grupo que cometa el crimen mayor, sea a la vez el más beneficiado con el beneficio de la duda, y con una opinión comprensiva, favorable y hasta de cierta complicidad.

Entonces, ¿merecen Sodoma y Gomorra que se replantee la acusación que todavía pesa sobre ellas? ¿Merecen Sodoma y Gomorra que se reformule el expediente que persiste en su contra? ¿Merecen o no, Sodoma y Gomorra un juicio justo?   

Comencemos, pues, nuestra aventura.   

Elementos comunes a ambos relatos, observaciones y comentarios según cada apartado

1)    Alguien recibe a unos forasteros o u huésped en su casa

En Génesis 19. Es Lot (19.1-2)

En Jueces 19 es un anciano forastero de Gabaa –Guibeá-(19.16)

2)    El encuentro del anfitrión con su huéspedes es casual y no planificado

Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, 2y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino” (Génesis 19.1-3)

16Y he aquí un hombre viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual era del monte de Efraín, y moraba como forastero en Gabaa; pero los moradores de aquel lugar eran hijos de Benjamín. 17Y alzando el viejo los ojos, vio a aquel caminante en la plaza de la ciudad, y le dijo: ¿A dónde vas, y de dónde vienes? 18Y él respondió: Pasamos de Belén de Judá a la parte más remota del monte de Efraín, de donde soy; y había ido a Belén de Judá; mas ahora voy a la casa de Jehová, y no hay quien me reciba en casa” (Jueces 19.16-18).

3)    Los huéspedes aceptan la gentil invitación:

Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron” (Génesis 19.3)

Y el hombre anciano dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza. 21Y los trajo a su casa, y dio de comer a sus asnos; y se lavaron los pies, y comieron y bebieron” (Jueces 19.20-21)

4)    Una parte del pueblo (¿todo el pueblo?) como una turba, le pide al anfitrión que saque a sus huéspedes y se los entreguen para abusar de ellos sexualmente

Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. 5Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos” (Génesis 19.4-5)

Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos” (Jueces 19.22)

5)    El anfitrión intenta disuadir a la turba, entregándoles dos mujeres para que abusen sexualmente de ellas con tal de que desistan de abusar sexualmente de los huéspedes varones

Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, 7y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. 8He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado” (Génesis 19.6-8)

Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame” (Jueces 19.24-25)

Observación: En el caso de Génesis 19, la turba no acepta la propuesta de abusar de las mujeres en lugar de los huéspedes varones, e insiste hasta en echar abajo la puerta de la casa con la amenaza incluso de abusar de Lot (19.9). Al final la turba no logró su objetivo porque los mensajeros celestiales intervinieron ocasionándoles una ceguera temporal a la turba (19.10-11).

En relato de Jueces 19, la turba sí aceptó el cambio de las mujeres por el joven levita, pero curiosamente, el relato no dice nada de lo que ocurrió con la joven virgen hija del anciano anfitrión; pero sí describe con crudeza cómo abusó la turba de la mujer del joven levita, hasta causarle la muerte (Jueces 19.23-26).

6)    Ninguna de las dos turbas lograron su objetivo, pero hubo consecuencias

En el relato de Génesis 19, la única consecuencia directa de la vil acción de la turba, fue la ceguera temporal con que la hirieron los mensajeros celestiales. En verdad, y a la luz del mismo relato, el decreto del exterminio de Sodoma y Gomorra no estuvo determinado por la acción de la turba (19.13).

En el relato de Jueces 19, la consecuencia directa de la acción de la turba fue que la tribu de Benjamín recibió un castigo tal por parte del resto de las tribus de Israel que puso en peligro de exterminio a la tribu de Benjamín (Jueces 20 y 21)

Observación: Según la narración bíblica, no tuvieron antes ni después, los habitantes de Sodoma, una acción similar a la aquí relatada; pero han sido acusados de por vida, como amantes de las relaciones homosexuales, como homosexuales  empedernidos.

Curiosamente, tampoco los habitantes de Gabaa (Guibeá), ni antes ni después volvieron a llevar a cabo una acción parecida, según el relato bíblico; pero a diferencia a lo ocurrido con los habitantes de Sodoma, a nadie se le ha ocurrido acusar a los benjaminitas de ser homosexuales habituales y empedernidos.

Evaluación crítica:

En primer lugar, son innegables las similitudes entre los dos relatos comparados (Génesis 19.1-11 y Jueces 19.14-26); sin embargo, es obvio que la reflexión posterior no ha sacado las mismas consecuencias. Esto así, a pesar de que en el relato de Jueces 19, a diferencia del de Génesis 19, sí se afirma que los benjaminitas de la turba eran “hombres perversos” (Jueces 19.22). 

En segundo lugar, llama la atención que en ambos relatos resulte preferible que la turba viole y abuse de dos mujeres, incluso aunque perdiesen la vida, antes de que un varón fuese abusado sexualmente por otro varón. Es claro que está detrás de esta actitud la idea evidentemente patriarcalista, de ver y asumir como peor y no por razones moralistas, el que un varón asumiera aun de manera forzada o violenta (en contra de su voluntad), un papel que se entendía que era propio de la mujer (el ser penetrada) en las relaciones sexuales.

En tal sentido, me permito ahora traer a colación 1 Samuel 20.30, a manera de ilustración, un pasaje que analicé con detalles para la elaboración de mi libro: ¿Y si David y Jonatán fueron algo más que muy buenos amigos? Aquí sólo haré mención de las conclusiones.



¿Y si David y Jonatán fueron algo más que muy buenos amigos?


La importancia de este pasaje en esta discusión es que presenta a Saúl reaccionando frente a Jonatán con una actitud que deja entrever que Saúl parece tener la sospecha que la relación de su hijo con David va más allá de una simple amistad. Por supuesto, traigo a colación este pasaje porque pienso que la reacción de Saúl tiene como referente la misma idea que explica el preferir que una mujer sea abusada sexualmente, antes que el varón. Cito:

Con el verbo “bajar” (elegir): “Y se encendió en cólera Saúl con Jonatán, y le dijo: -¡Hijo de mujer depravada y rebelde! ¿A caso no sé yo que tú has escogido al hijo de Isaí, para vergüenza tuya y para vergüenza del sexo de tu madre?”
                                                                                            
Con el verbo “jabar” (asociarse, unirse): “Y se encendió en cólera Saúl con Jonatán, y le dijo: -¡Hijo de mujer depravada y rebelde! ¿A caso no sé yo que tú te has unido con el hijo de Isaí, para vergüenza tuya y para vergüenza del sexo de tu madre?”

Traducción de la Septuaginta: “Y se enfureció mucho Saúl con Jonatán y le dijo: ¡Hijo de muchacha rebelde!: ¿Acaso no sé yo que tú eres compañero del hijo de Isaí, para vergüenza tuya, y para vergüenza del sexo de tu madre?”

Después de presentar mis propias traducciones de 1 Samuel 20.30, quiero dejar claro que me inclino por la traducción que sigue la corrección masorética, o sea, la que tiene el verbo “jabar” (unirse a), y no la que tiene el verbo “bajar” (escoger). Esto así, pues considero que en el contexto del relato es la que mejor encaja, y porque también es la lectura que siguió la Septuaginta.

En verdad no parece que el verse envuelto Jonatán en una posible conspiración contra su propio padre fuera algo que Saúl considerara como vergonzoso hasta para su propia madre; además de que, como ya vimos, no hay evidencia alguna de que David y Jonatán conspiraran en alguna forma contra Saúl y su reino.

Además, la conspiración y la traición siempre fueron muy comunes en la monarquía. Considérese los siguientes pasajes bíblicos: 2 Samuel 15.12; 1 Reyes 15.27; 16.2, 9; 2 Reyes 9.14; 15.10, 15, 25, 30; 2 Crónicas 24.21

Pero una relación amorosa de tipo homosexual entre David y Jonatán, sin duda que sí sería una afrenta para el honor de Saúl como padre y como hombre, como varón; y una vergüenza para su madre, como mujer, al saber que su hijo entraba en una relación en que su hijo asumía un rol propio de mujer, como ella. 

Volviendo, pues, a Génesis 19 y Jueces 19, es claro que nuestra mentalidad de hoy no comparte la idea de que en caso de una amenaza de violación, específicamente a las mujeres, como también si la amenaza de violación fuere dirigida específicamente a los varones; no es cierto que hoy haremos lo que vimos hacer en ambos relatos: entregar a la mujer, y que sea abusada, como si ningún valor tuviera para su pareja, su familia, y para la comunidad de la cual ella es parte. Es que sencillamente, las sociedades de hoy no comparten esa visión tan pobre y miserable que tenía respecto de la mujer, la cultura hebrea y las de los pueblos circunvecinos, contextos socioculturales en que precisamente surgieron los textos bíblicos. .  

En tercer lugar y, finalmente, es claro que en ambos relatos estamos ante una violación a la ley de la hospitalidad, una humillación vía una violación sexual por una turba del pueblo, y no frente a una actitud habitual y normal de unas relaciones homosexuales responsables, estables, con una entrega voluntaria, sin coerción alguna, con amor y afecto incluidos.     

Desde la perspectiva de la ley de la hospitalidad, y relacionado con lo comentado en el apartado número dos, R de Vaux («Instituciones del AT») comenta que eran considerados tan sagrados los huéspedes, que Lot como el anciano, como anfitriones, están dispuestos a sacrificar el honor de sus hijas para proteger a sus huéspedes; y que la única razón, dada por cierto en ambos relatos, es que los huéspedes habían entrado bajo sus techos (Génesis 19.8 y Jueces 19.23). Ahora bien, salta a la vista, específicamente en el relato de Jueces 19, que la mujer no gozaba del estatus de huésped. Por tal razón, con una naturalidad sorprendente, habla el anciano y le ofrece a la turba su hija virgen y la propia mujer del joven levita que sí tenía el estatus de huésped. Claro está, una evidencia de que esa era la norma, es que la turba pide que le entreguen al joven levita, y el anciano habla de su huésped, sin considerar a la mujer de éste que junto con él había entrado bajo su techo (Jueces 19.22-24).  

En cuarto ligar, es obvio que los Benjaminitas no fueron mejores que los de Sodoma y Gomorra, pero los prejuicios que históricamente se han desarrollado en torno a los habitantes de Sodoma y Gomorra, dentro y fuera de la tradición bíblica; no se han desarrollado en cambio, con relación a los Benjaminitas, a pesar de que ambos relatos, en iguales condiciones, hablan de dos hechos concretos, no habituales, e irrepetibles.

Es más, mientras que en el relato de Génesis 19 no se dice nada del carácter de los habitantes de Sodoma y Gomorra, no así de los Benjaminitas, a los cuales se hizo referencia con el calificativo de “hombres perversos”, en el texto hebreo literalmente «hijos de belial» (Jueces 19.22); pero lamentablemente nadie parece darse por enterado de este detalle, así de sencillo.



¡Hasta la próxima!

2 comentarios:

  1. Pero referente a 1 Samuel 20.30, el proximo vers., 31, indica que a Saul le preocupaba la continuacion de su dinastia por la presencia de David. O sea, que el motivo de la ira de Saul y la verguenza de Jonatan y su mama era que Jonatan se habia "unido con" o "escogido a" David quien era amenaza a su reinado. Es una on preocupaccon politica no moral.

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  2. Muchas gracias, mi hermano Stephen Brauning por la lectura y el comentario; ahora bien: ¿Es verosímil, según la narración bíblica, decir que David de manera particular, procuró desestabilizar y conspiró contra el reinado de Saúl? ¿Que procuró David eliminar físicamente a Saúl?

    Llama mucho la atención que el relator nos informe de la acción de ungir a David antes de que éste entrara en el escenario de la vida y en la casa de Saúl (1 Samuel 16.1-13). En otras palabras, cuando Saúl viene a conocer a David, éste ya había sido señalado para ser el sucesor de Saúl, y había sido ungido para tales fines. Sin embargo, muy a pesar de esto, David siempre se mostró muy respetuoso del reinado de Saúl, de su casa y de su integridad física.

    Nunca se ve a David, procurando desestabilizar el reino de Saúl, ni atentando contra su vida, si bien estaba muy consciente del odio, el celo y los planes perversos de Saúl en su contra. Tampoco vemos a David utilizando su relación con Jonatán para dañar en modo alguno a Saúl, a la manera del caballo de Troya. En otras palabras, vemos a un David consciente de que había sido señalado como el sucesor de Saúl, detalle que aparentemente se lo había hecho saber a Jonatán (véase 1 Samuel 20.13-15; 23-15-18); pero a la vez respetuoso de Saúl y lo que él representaba, esperando su tiempo, y que las cosas cayeran por su propio peso (considérese 1 Samuel 24 y 26).

    En conclusión: Saúl debió estar consciente de que la unión manifiesta entre David y Jonatán nunca implicó sublevación alguna contra su reino y su persona (considérese 1 Samuel 24.16-22). En consecuencia, parece verosímil deducir que Saúl entiende que entre David y Jonatán hay algo que los une, que no implica un plan en contra suya; pero sí es algo que él entiende que es vergonzoso a la persona de Jonatán, incluso para la intimidad o sexualidad de su madre. Desde esta perspectiva, creo legítimo sospechar que Saúl pudo ver que en la relación de David y Jonatán había algo más que una fuerte y excepcional amistad.

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