viernes, 27 de enero de 2012

Promesas de oración versus acompañamiento significativo

Promesas de oración versus acompañamiento significativo
Desafíos a la fraternidad y al mejor testimonio cristiano en momentos de turbulencias


Héctor B. Olea C.

Ante el título propuesto para este artículo, quiero decir de entrada, que las ideas principales que articulan este artículo las he expresado y comunicado antes en diversos momentos y escenarios.

Muchas cosas de las que voy a plantear aquí pueden parecer un poco extrañas; sin embargo, puedo decir quien en realidad muchas de las cosas que habitualmente comunico, enseño, y comparto no dejan de ser un tanto extrañas para muchas personas. En este sentido, pienso que estoy en mis aguas, que voy a hacer lo que generalmente hago, y que las personas que con cierta regularidad me leen, no se sentirán defraudas por las ideas que desarrollo en esta nota.

Si temor a equivocarme (pues los 45 años de edad que tengo cumplidos los he vivido absolutamente todos en el ámbito cristiano evangélico), creo que la promesa que más sobresale (en realidad no creo que haya una que compita con ella) en el ámbito cristiano y evangélico es “la promesa de orar” (e “interceder ante Dios”) ante cualquier necesidad, dificultad, crisis, etc. que sea externada por alguna persona que esté en nuestro entorno.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿nos mandó Jesús a orar tanto? ¿Será cierto que el prometer la oración es lo único o lo primero que Jesús recomendó ante cualquier dificultad de nuestro prójimo? ¿Será verdad que siempre se toma en serio la promesa de oración por parte del que la hace? ¿Quién puede estar seguro de que cumplirá su promesa? ¿Por qué tiempo? ¿Qué tanto mandó Jesús a “orar” como a “actuar” de manera compasiva, amorosa y con misericordia ante ciertas circunstancias concretas de la vida?

Llama la atención que la palabra «oración» (griego “proseujé”), tomando como base los evangelios, no aparezca en los labios de Jesús más que en tres (3) ocasiones.

Paso a explicarme. La palabra «oración» se la encuentra en los evangelios en ocho ocasiones en igual número de versículos bíblicos. Ahora bien, de estas ocho menciones, tenemos que considerar la situación siguiente.

En primer lugar, hay dos menciones de la palabra «oración» que no aparecen en los labios de Jesús, sino en boca del relator o redactor del evangelios de Lucas, a saber, Lucas 1.13 y Lucas 22.45, nótese:

“Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan” (Lucas 1.13)

“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza” (Lucas 22.45)

En segundo lugar, dos de ellas (de las seis que nos quedan) en realidad apuntan a la misma situación, contexto y enseñanza (pasajes paralelos), por lo tanto se deben tomar como una sola y específica mención. Estos dos casos concretos son Mateo 17.21 y Marcos 9.29. Nótese:

Mateo 17.21 “Pero este género no sale sino con oración y ayuno.”

Marcos 9.29 “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”

En tercer lugar (de las cuatro menciones que restan), hay una única mención que plantea el papel de la oración en la meta de lograr de Dios alguna respuesta ante una situación determinada, a saber, Mateo 21.22, cito: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”

En cuarto lugar, las tres restantes en realidad apuntan a la misma situación, contexto y enseñanza (pasajes paralelos), por lo tanto se deben tomar como una sola y específica mención. Estos tres casos concretos son: Mateo 21.13, Marcos 11.17 y Lucas 19.46; nótese:

“Y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21.13)

“Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Marcos 11.17)

“Diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Lucas 19.46)

Observación: No se encuentra en Juan, no es parte del vocabulario del cuarto evangelio, la palabra «oración» (griego “proseujé”).

Con relación al verbo «orar» (griego “proséujomai”), diré lo siguiente (tomando de nuevo como base los evangelios).

En el evangelio de Mateo, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en doce (12) ocasiones (pero sólo en 10 versículos), a saber:

Mateo 5.44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

Mateo 6.5-7 “5Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”

Mateo 6.9 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”

Mateo 24.20 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;* 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”

Mateo 26.36 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro”

Mateo 26.41, 42 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”

Mateo 26.53 “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”

En el evangelio de Marcos, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en seis (6) ocasiones, a saber:

Marcos 11.24 y 25 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”

Marcos 13.18 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno”

Marcos 13.33 “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”

Marcos 14.32 “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro”

Marcos 14.38 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”

En el evangelio de Lucas, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en siete (7) ocasiones, a saber:

Lucas 6.28 “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”

Lucas 11.2 “2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

Lucas 18.10 y 11 “10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”

Lucas 21.36 “36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”

Lucas 22.40 “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación”

Lucas 22.46 “Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”

Observación: No se encuentra en Juan, no es parte del vocabulario del cuarto evangelio, el verbo «orar» (griego “proséujomai”).

Ahora bien, de estas 25 ocasiones en que vemos en los evangelios (sólo en los sinópticos) el verbo el verbo «orar» (griego “proséujomai”), tenemos la situación siguiente:

En primer lugar, paralelan:

Mateo 5.44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

Lucas 6.28 “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”

En segundo lugar, también paralelan:

Mateo 6.9 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”

Lucas 11.2 “2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

En tercer lugar, también paralelan:

Mateo 24.20 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;* 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”

Marcos 13.18 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno”

En cuarto lugar, también son paralelos:

Mateo 26.36 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro”

Marcos 14.32 “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro”

En quinto lugar, son igualmente paralelos:

Mateo 26.41, 42 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”

Marcos 14.38 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”

Lucas 22.40 “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación”

Lucas 22.46 “Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”

Como evaluación final, diré lo siguiente:

Hay en los evangelios sinópticos 25 menciones del verbo el verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús (12 en Mateo, 6 en Marcos y 7 en Lucas).

De estas 25 menciones del verbo «orar» (griego “proséujomai”), por un lado hay cinco casos de paralelismo que involucran un total de 13 menciones, lo que en realidad las reduce a sólo cinco (5); por otro lado, hay seis pasajes (dos por cada sinóptico) que no paralelan y que involucran doce (12) menciones del verbo el verbo «orar» en los labios de Jesús (6 en Mateo, 3 en Marcos y 3 en Lucas). En consecuencia, sólo en 11 (once) ocasiones específicas encontramos en los evangelios sinópticos el verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús.

Los pasajes que no paralelan por cada evangelio son:

A) En el evangelio de Mateo

1) Mateo 6.5-7 “5Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”

2) Mateo 26.53 “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”

B) En el evangelio de Marcos

1) Marcos 11.24 y 25 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”

2) Marcos 13.33 “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”

C) En el evangelio de Lucas

Lucas 18.10 y 11 “10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”
Lucas 21.36 “36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”

Ahora bien, sin dejar de reconocer la fuerza del sustantivo «oración» (griego “proseujé) y del verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús (según nuestro análisis); lo cierto es que llama poderosamente la atención el que frente a circunstancias de crisis y necesidad, Jesús no haya sugerido el recurso de la oración, sino que más bien sugirió acciones concretas y específicas (en circunstancias en las que el cristianismo evangélico de hoy, por lo menos una gran parte, apela únicamente a la oración no sólo como algo que podemos hacer, sino y, quizás como lo único y mejor que debe hacerse). Consideremos, por ejemplo, los siguientes casos:

Mateo 5.7 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (aunque no son pocas las personas cristianas que prefieren “orar” para que “Dios tenga misericordia”)

Mateo 5.9 “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios traiga la paz”)

Mateo 14.15-16 “Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. 16Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios provea”)

Mateo 25.35-45 “35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios sea el que actúe en estas circunstancias)

Compárese Santiago 2.14-17 “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (igual que en la situación del pasaje anterior, no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios sea el que actúe en estas circunstancias)

También Romanos 12.9-13 “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 11En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (aquí también no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios se “glorifique” en estas circunstancias, olvidando que para algo se conciben como sus instrumentos y embajadores)

Al margen de las conclusiones que arroja nuestro análisis bíblico, lo cierto es que para muchos (as) seguidores (as) de Jesús, la promesa de “orar por ti” (orar por uno) es la forma más y sutil de decirte que no cuentes con ellos, que no debes contar con ellos, que no harán nada por ti, y que no sueñes con verlos a tu lado mostrándote un acompañamiento compasivo y misericordioso que, quizás, sea lo que en realidad esperabas de ellos. ¿No es, pues, la promesa de oración, en muchísimos casos, la forma más común y sutil de escapismo evangélico para no dar muestras concretas de amor, fraternidad y verdadero compañerismo cristiano?

Ciertamente, a pesar de lo que piensa una gran cantidad de hermanos y hermanas en la fe, parece que todavía no estamos conscientes de que en muchas ocasiones y circunstancias las personas no esperan que le digamos que estamos orando por ellos; de que lo que en realidad esperan es que estemos a su lado, que nos sientan a su lado, que estamos cerca, que verán el rostro de Dios en los nuestros y en nuestras acciones concretas en su favor y en nuestra empatía (por lo menos, esto es que lo podemos esperar de los relativamente cercanos; obviamente, sin dejar de reconocer que existen acciones concreta y simbólicas que a pesar de la distancia tienen una extraordinaria fuerza y significación).

Además, es necesario, pues, que entendamos que una cosa es el simple acto de dar de lo que se tiene (a veces de sobra), y otra el darse uno mismo, el darnos a nosotros mismos (en los estudios misionológicos es común hablar de “la misión al estilo de Jesús”, “una misión encarnacional”).

Como nota al margen, quiero llamar la atención al hecho de que en la República Dominicana los hospitales públicos (así como las cárceles), son literalmente diariamente invadidos (en el acostumbrado horario de las visitas) por cientos de cristianos (principalmente evangélicos) que entienden que los pacientes que allí se encuentran (muchos de ellos con enfermedades terminables) lo que más necesitan es la oración y recibir un mensaje proselitista. ¿Será verdad esto?

Es lamentable que la mayoría de estos hermanos y hermanas no entiendan que muchos de esos pacientes (así como sus parientes que los acompañan), además de necesitar hacer un compromiso de fe con Jesucristo, también tienen otras necesidades reales y vitales. Otra realidad que ignoran los referidos hermanos en la fe es que una gran cantidad de los enfermos y enfermas que se encuentran internos (as) en nuestros hospitales son en realidad hermanos y hermanas en la fe (muchos de ellos como el caso de mi padre, pastores, así como maestros de estudios bíblicos y teológicos, misioneras, evangelistas, líderes de las damas, caballeros, de los jóvenes, etc.), personas que muchos años ya hicieron un decisión de fe, y han cultivado toda una vida de fe, entrega y devoción a Dios.

Una realidad adicional y verdaderamente impactante es que una gran cantidad de las personas internas en nuestros hospitales no tienen seguro médico (incluyendo hermanos y hermanas en la fe). Entonces, cabe preguntarse: ¿Estarán conscientes nuestras iglesias de esta realidad y de la manera en que este hecho afecta negativamente las posibilidades de mantener la salud y la vida de dichas personas? ¿Será verdad que nuestras iglesias toman en cuenta realidades como estas al momento de diseñar sus estrategias de misión en los hospitales? Pero yendo aun más lejos, ¿será verdad que hay un diseño y alguna planificación eclesial en la República Dominicana en relación a las acciones “misioneras” en los hospitales públicos?

Todo esto sin dejar de mencionar el que muchas veces el comportamiento de muchos de nuestros hermanos y hermanas en la fe, en su accionar “misionero” en los hospitales, es imprudente, irrespetuoso, provocador y carente de sentido común, irracional; rayando muchas veces en el papel del ingenuo (pero muchas veces incómodo) payaso.

En verdad llama la atención el que el día por día cientos de evangélicos declaren sanidad a pacientes terminales, pacientes que muchos de ellos mueren día por día, sin que las mismas personas que le declararon sanidad se percaten de su desaparición física. No obstante, dichos hermanos y hermanas en la fe continúan como si nada, haciendo sus alegres y “promisorias” promesas y ofertas de sanidad con una fe ciega que se resiste al más mínimo cuestionamiento. ¿Se percatarán estos hermanos y hermanas en la fe de cuántos pacientes murieron hoy, de los que ayer le declararon, decretaron y le aseguraron sanidad divina, un milagro de Dios? ¿Por qué prosiguen como si nada? ¿Es que no se percatan de lo inadecuado y equivocado de su método de “hacer misión”? ¿Quién se atreverá a decirles que su accionar no es el esperado por Dios ni por los pacientes mismos ni por sus familiares? ¿Quién se atreverá a decirles que su método de hacer misión no se parece en nada, que es más bien contradictorio al método empleado por Jesús?

Lo triste es que personalmente he escuchado a cristianos incluso a líderes de cierta connotación sugerir la falta de compromiso cristiano ante el prójimo, bajo el supuesto de la posibilidad de que tal persona esté bajo juicio divino, o en rebeldía, etc., a la luz de una cuestionable ley de la retribución, ley cuestionada por Jesús mismo en Juan 9.1-3 (1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él) en al caso del joven que había nacido ciego. ¿Se… se entiende?

Más que la oración, lo que muchas veces necesitan los pacientes son cosas sencillas como papel de baño, agua adecuada para el consumo humano, los recursos o vías para comprar alguna receta, los recursos y las vías para poder realizarse ciertos estudios clínicos, pañales desechables incluso para adultos, etc.

Pienso que no estoy fuera de la realidad cuando creo que en muchísimas ocasiones (por lo menos frente aquellas personas que dicen ser tus hermanos, amigos y compañeros de camino, etc.) lo que en realidad esperamos son acciones concretas llenas de empatía y compasión, y no simplemente la promesa de que estarán orando por nosotros. ¿Es la oración lo que yo creo y siento que necesito en el momento? ¿Es la oración lo que en verdad yo más necesito siempre en todas las circunstancias? ¿Es pues, una charla teológica acerca de la fe y el poder de Dios lo que las personas están esperando de nosotros en ciertas circunstancias, precisamente en los momentos más críticos de su vida? Bueno, pienso que debemos reconsiderar seriamente el ejemplo, el consejo y la enseñanza de Jesús (sus recomendaciones específicas) para nuestras acciones ante ciertas circunstancias críticas de la vida.

Pienso que muchas veces la promesa de oración es el camino más fácil y menos desafiante, el camino menos incómodo para justificar nuestra inercia y falta de compromiso frente amuchas circunstancias que más bien demandan de nosotros acciones concretas; acciones tendentes a provocar la reversión de ciertas circunstancias (siempre que sea posible) o un notable cambio de cara al presente inmediato, y de cara a un futuro cercano. Después de todo, es obvio que tampoco podemos contar con la garantía de que las personas que prometen orar por nosotros, efectivamente lo hagan. ¿Se… se entiende?

Pienso que la promesa de que voy a orar por ti (de que van a orar por nosotros), es muchas veces la manera más común y sencilla de fallarle a Dios y a nuestro prójimo.

Pienso que la promesa de oración es en muchas ocasiones, la vía más común de evitar, de sacarle el cuerpo, al privilegio de poder ser la persona de Dios, su instrumento ideal en ciertos momentos y circunstancia. En efecto, no son pocas las ocasiones en que vemos a hermanos (as) pidiendo y rogándole a Dios que los use en gran manera, pero le sacan el cuerpo (evitan a ultranza) a la primera, a la segunda, a la tercera, y probablemente a hasta la sexta y décima oportunidad que Dios y las circunstancias de la vida (¿la historia?) le brindan para mostrar en concreto sus aspiraciones y anhelos de ser verdaderos instrumentos de Dios al servicio de sus más grandes proyectos y propósitos (que lamentablemente muchas personas confunden con el acostumbrado proselitismo); momentos y oportunidades que muchas veces coinciden (si no es que siempre) con las situaciones más difíciles y acuciantes de nuestro prójimo.


¡Hasta la próxima!

lunes, 23 de enero de 2012

Todos los seres humanos tenemos una inevitable cita con la muerte


Un caso muy personal

Héctor B. Olea C.

El que miles de generaciones de personas creyentes y devotas a Dios desaparezcan de la faz de la tierra confirma dos cosas: 1) que la muerte, al margen de cualquier teoría o teología del pecado original, es parte natural de la existencia misma del ser humano, a pesar de lo dolorosa que resulta ser. 2) que, sin duda alguna, no hay oración, milagro, o cadena de milagros que impida que el ser humano (a pesar de su fe, entrega y devoción a Dios) falte a su cita con la muerte.  

Me parecen pertinentes aquí las palabras del profeta Isaías cuando dice: “¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. 7La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella” (40.6 y 7).

También las siguientes palabras del Salmo 103.15 y 16 “El hombre (el ser humano), como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, 16Que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más.”

Esta triste pero realista reflexión la externo a propósito del penoso y doloroso estado agónico de mi padre (Pascual Olea Reyes de 68 años), fruto de un cáncer que definitivamente está marcando su cita con la muerte. Me es preciso decir que ha sido mi padre una persona totalmente dedicada al servicio a Dios; en principio como simple cristiano, luego como músico (guitarrista) y cantor, así como líder eclesial en distintas etapas de su vida, tanto como maestro de escuela dominical, líder juvenil, y finalmente como pastor pentecostal por más de treinta y cinco años junto a mi madre (Josefa Cordero Guerrero, generalmente conocida “Luvita”).

También debo decir que el don musical que poseo lo heredé de mi padre, aunque penosamente no heredé de mis padres el precioso don de cantar que ambos poseen, aunque por lo menos sí entono. Esto así pues tanto mi padre como mi madre poseen unas excelentes dotes y voz para el canto. Finalmente, puedo recordar con cierto dolor y nostalgia, pero con mucha satisfacción también, las muchas veces que vi a mi padre tocar y cantar con su guitarra tanto en los cultos como cuando salíamos juntos a realizar visitas evangelísticas. ¡Qué bellos e inolvidables momentos aquellos!

De igual forma recuerdo el precioso dúo que hacían mis padres, y de la forma en que adoraban a Dios y deleitaban a muchas personas con su música y su canto. Precisamente, una canción histórica con la que mis padres a dúo deleitaron a muchas personas (incluyéndome a mí) se titula: “Mi Dios y yo”.

En verdad no puedo negar que el origen de lo que soy, así como de las cosas que hoy puedo hacer en estos caminos de fe; sin duda habrá que buscarlo en la vida devota y de fe de mi padre y de mi madre. 

¡Gracias a Dios por el padre que me diste!

¡Gracias, Dios, por mi padre y por mi madre, porque sin cuya vida devota y de fe (sin su ejemplo), es imposible explicar la mía!


¡Hasta la próxima!


sábado, 21 de enero de 2012

Días feriados del calendario litúrgico de la iglesia católica versus los días de compromiso patrio

Días feriados del calendario litúrgico de la iglesia católica versus los días de compromiso patrio
A propósito del día de “Nuestra Señora de la Altagracia”

Héctor B. Olea C.

Ciertamente llama la atención que en la República Dominicana en la consideración de los días feriados, prime el compromiso del estado dominicano con el estado vaticano en virtud del concordato, en detrimento del compromiso con la exaltación de los principios y valores patrios. Por ejemplo, de los días que quedan excluidos del ámbito de aplicación de la ley 139-97, tres son propios del calendario litúrgico católico. ¿Se… se entiende?

Los días que quedan excluidos del ámbito de aplicación de la ley 139-97 (ley mediante la cual los días feriados del calendario que coincidan con los días martes y miércoles, jueves o viernes serán trasladados de fecha) son:

1 de enero, día de Año Nuevo.
21 de enero, día de Nuestra Señora de La Altagracia.
27 de febrero, día de la Independencia Nacional.
16 de agosto, cuando coincida con el inicio de un período constitucional.
24 de septiembre, día de Las Mercedes.
25 de diciembre, día de Navidad.

Se nota bien que de los 6 días que quedan fuera del ámbito de aplicación de la ley 139-97, sólo dos son fechas propiamente patrias, a saber: el 27 de febrero y el 16 de agosto.

Por otro lado, nótese bien que el 16 de agosto (día de la restauración de la república), sólo se considerará festivo (día no laborable) cuando coincida con el inicio de un período constitucional, de lo contrario no tiene el carácter festivo obligatorio que sí tiene el 27 de febrero (día de la independencia nacional); todo esto a pesar de que la actual constitución en su artículo 35) establece que tanto el 27 de febrero como el 16 de agosto se declaran de fiesta nacional.

Entonces, cuando el 16 de agosto no coincide con el inicio de un período constitucional (en la República Dominicana el inicio de cada período constitucional del poder ejecutivo inicia un 16 de agosto cada cuatro años), el 16 de agosto es laborable y queda dentro de ámbito de aplicación de la ley 139-97. En consecuencia, hay que advertir que cuando el 16 de agosto es laborable, en la lista de los días que quedan fuera del ámbito de aplicación de la ley 139-97, las fechas de compromiso patrio se reducen a una: sólo y nada más que el 27 de febrero.

Pero como para empeorar aun más las cosas, notemos lo que establece la misma ley 139-97 en su artículo 3:

“- Quedan también excluidos del ámbito de aplicación de la presente ley los días feriados de carácter religioso que se fijan en razón del día de la semana: jueves Corpus Christi, jueves y viernes santos”

Ahora bien y, finalmente, lo cierto es que de poder existir un concordato con las iglesias evangélicas y protestantes (concordato imposible de realizarse a la luz del derecho internacional vigente), lo cierto es que no me cabe la menor duda de que estas actuarían de la misma manera que la iglesia católica; sin duda alguna, puedo decir que las iglesias evangélicas tratarían de imponer a la fuerza las fechas de importancia propias de su calendario litúrgico o de su propia y particular historia.

¿Tiene alguien alguna duda al respecto? Se la respeto, pero yo tengo las suficientes bases para decir y sostener lo que con propiedad afirmo. Es más, para muestra un botón. Pensemos, por ejemplo, en las diligencias y esfuerzos por parte de un sector de la comunidad evangélica dominicana para lograr el establecimiento de las siguientes leyes: 1) la ley No. 44-00 que establece la lectura e instrucción bíblica en las escuelas publicas; 2) la ley 204 que declara como "Día de la Biblia" el 27 de septiembre de cada año; y 3) la ley 331-09 que declara el 31 de octubre como “Día Nacional de la Comunidad Evangélica y Protestante”.

¿Se… se entiende, o no se entiende?


¡Hasta la próxima!

miércoles, 4 de enero de 2012

Una puntualización necesaria en el debate «dispensacionalismo» versus «teología del pacto»



Jesús como el «Mesías», la teoría del aplazamiento del reino y la teoría del reemplazo del Israel étnico por la iglesia

Héctor B. Olea C.

Como es bien sabido, en el calor de los debates, de las ideas enfrentadas y en el afán de cada corriente de pensamiento por demostrar los errores del contrario y poner de relieve sus pretendidas verdades; no es menos cierto que posiblemente ninguna de las partes enfrentadas se atrevan a reconocer (y esto es más crítico en relación a la Biblia) que ninguna de ellas posee la verdad absoluta, y que muy probablemente (es más, con toda seguridad), ambos sistemas no logran superar el hecho de contar con algunos eslabones perdidos, o mal fabricados (construidos).

Ahora bien, pienso que si nos situamos un poco afuera del debate (en un punto equidistante de ambos extremos) y asumimos una postura crítica (más bíblica por supuesto) tanto frente al dispensacionalismo (en cualquiera de sus formas) y frente a la teología del Pacto (en cualquiera de sus formas); estaremos en una posición muy ventajosa, en una situación que nos capacitará para ver los posibles aciertos y desaciertos de cada uno de estos dos enfrentados sistemas de pensamiento teológico y modelos para la lectura de la Biblia y la historia universal.




Quizás aquí como en otros debates, el ideal de valorar las posturas o sistemas en tensión, nos debería hacer recordar lo positivo de la tríada dialéctica (tesis, antítesis y síntesis) del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich. Siguiendo, pues, el método dialéctico de Hegel, podemos hablar de una tesis (dispensacionalismo o teología del pacto), una antítesis (dispensacionalismo o teología del pacto) y una síntesis (con base en una postura crítica frente a los dos sistemas enfrentados, procurar lograr una síntesis (un punto de avenencia que incluya lo positivo, hasta donde sea posible, de ambos sistemas), o por lo menos, aspirar a una posición moderada y consciente que reconozca y ponga de manifiesto las debilidades de ambos sistemas.

Es pues, mi objetivo, si bien no presentar o lograr necesariamente una síntesis, por lo menos hacer resaltar ciertas debilidades o escollos que, sin duda, resultan insalvables tanto para el dispensacionalismo como para la teología del pacto. De todos modos, con toda seguridad puedo decir que difícilmente el dispensacionalismo o la teología del pacto se atreverán a admitir estos escollos, o por lo menos no tan fácilmente.

El detalle que quiero analizar en este breve artículo (complementario y con igual objetivo pedagógico e ilustrativo del anterior), es la insistencia del dispensacionalismo en su distinción entre Israel (como el pueblo físico de Dios) y la iglesia (como el pueblo espiritual de Dios); todo esto en relación a las implicaciones del mesianismo de Jesús de Nazaret.

Del otro lado, la resistencia de la teología del pacto a esta distinción fundamental para el dispensacionalismo, y su insistencia en el reemplazo del Israel étnico por la iglesia, igualmente a la luz de las implicaciones de asumir a Jesús como el Mesías esperado por la religión judía.

Antes de seguir profundizando (pero avanzando al mismo tiempo), pienso que algo que no debieran ignorar tanto el dispensacionalismo como la teología del pacto (teología reformada), es que si bien tenemos y pensamos en la Biblia como un solo libro; lo cierto es que la Biblia es más bien un conjunto de libros que envuelve toda una serie de teologías (no una sola, monolítica y unificad teología) y perspectivas en torno a las más amplias y diversa expectativas del pueblo hebreo.

No debieran olvidar el dispensacionalismo y la teología del pacto que, si bien hablamos de un canon bíblico (como un todo monolítico), en verdad y siendo más precisos; hay que hablar más bien de un canon hebreo (un canon judío, el mal llamado Antiguo Testamento, y sólo por los cristianos), y un canon griego (gentil) y propiamente cristiano, o sea, el Nuevo Testamento.

Esta dos realidades tienen una importancia capital en cualquier evaluación que nos propongamos llevar acabo tanto del dispensacionalismo como de la teología del pacto, ya sea por separado, ya sea en un estudio comparativo.

Cabe, pues, preguntarse, ¿Es la iglesia una entidad reconocida o visualizada en el canon hebreo o judío, o sea en el llamado Antiguo Testamento?

Desde mi punto de vista, creo que una postura que tome en serio el contexto histórico del canon hebreo desde su comienzo hasta su conclusión, le dará una respuesta negativa a la pregunta planteada.

¿Estableció la figura histórica de Jesús de Nazaret (el llamado “Jesús histórico) el reino mesiánico esperado por la religión judía?

Pienso que un simple análisis de la historia del pueblo hebreo en los tiempos de Jesús y posteriores a éste, pone en evidencia que no.

¿Cómo, pues, procuran explicar las principales escatologías cristianas las dificultades que implica el sumir a Jesús como el Mesías esperado por el pueblo hebreo, pero al mismo tiempo no ver por él cumplidas las más amplias expectativas sociopolíticas y económicas ligadas al reino mesiánico y davídico esperado por el judaísmo ortodoxo y otros?

En lo que resta de este trabajo, esperamos dar una respuesta adecuada a esta tercera pregunta, y hacer más comprensibles las respuestas dadas a las dos primeras.

Implicaciones del asumir a Jesús como el Mesías

En consonancia con las expectativas mesiánicas judías, es obvio que las más amplias implicaciones religiosas, políticas y sociales que se conectan con la esperanza mesiánica, no son una realidad a pesar de la aparición de Jesús de Nazaret en el escenario de la historia.

Esto ha originado como consecuencia, algunas posturas un tanto contradictorias e irreductibles:

La primera, Jesús no fue el Mesías esperado por la nación hebrea, aunque quizás pudo serlo. Esta es la postura del llamado “judaísmo clásico” (el judaísmo ortodoxo, el judaísmo rabínico), y del judaísmo caraíta.

La segunda, Jesús fue efectiva y realmente, el Mesías esperado por la nación hebrea; la razón de que las expectativas religiosas, políticas, sociales y económicas ligadas a la era mesiánica, tienen en un primer momento, un cumplimiento parcial, de corte espiritualista. Esta postura entiende que la naturaleza espiritual del reino de Dios fue una idea que no captaron bien los judíos. De todos modos, se espera que sea en un segundo momento cuando las más amplias expectativas del reino de Dios se harán plenas y concretas después de la segunda venida de Cristo, y después del Juicio final (postura de la llamada Teología del Pacto).

Esta conclusión por lo general supone tres cosas: 1) El reemplazo o sustitución del pueblo de Israel por la iglesia (Teología del Pacto). 2) La espiritualización de la mayoría de las expectativas políticas y sociales ligadas al mesianismo hebreo (Teología del Pacto). 3) Las más amplias expectativas ligadas al mesianismo hebreo tendrán una manifestación plena y concreta en una segunda etapa; pero considerando a la iglesia y a Israel como un solo pueblo, sin hacer la distinción de “un Israel espiritual” (la iglesia) y “un pueblo físico de Dios” (la nación hebrea), (Teología del pacto).

La tercera postura, también afirma que Jesús fue real y efectivamente el Mesías, pero su mesianismo se relaciona de manera distinta con la iglesia y con el pueblo de Israel. Esta corriente interpretativa toma en serio y, de manera muy literal, entiende que se deben cumplir en el pueblo hebreo las más amplias expectativas religiosas, políticas, sociales y económicas ligadas a la llamada “era mesiánica” (dispensacionalismo). No obstante, considerando también la realidad histórica de la iglesia (y sus propias expectativas). Esta corriente interpretativa procura darle la debida ponderación a las expresiones espirituales de la manifestación del reino de Dios en la iglesia, como consecuencias de la primera venida de Cristo (Dispensacionalismo).

Por tal razón, esta postura, que es la histórica y tradicionalmente asumida por el dispensacionalismo, establece una sutil distinción entre «la iglesia» como el pueblo espiritual de Dios (el Israel espiritual); y el «Israel físico e histórico» (la nación de Israel, el pueblo hebreo) como el pueblo físico de Dios. Por lo tanto, desde la óptica del dispensacionalismo, si bien la iglesia ha entrado ya en la manifestación parcial del reino de Dios, será con la segunda venida de Cristo y el establecimiento del “reino milenial” aquí en la tierra, cuando el pueblo de Israel (el físico e histórico), por fin podrá disfrutar de las más amplias expectativas e implicaciones religiosas, políticas, económicas y sociales del Reino de Dios y de la era mesiánica, con la mediación de Jesús de Nazaret como el verdadero y real Mesías enviado por el Dios (YHVH) del AT.

De todos modos, a pesar de los malabares de los distintos sistemas escatológicos que han surgido dentro del cristianismo; lo cierto es que, por un lado, el judaísmo, por lo general, no ve a Jesús como el Mesías, ni acepta las implicaciones que emanan del confesar a Jesús de Nazaret como el Mesías, con excepción de los modernos movimientos llamados “judíos mesiánicos” que, por cierto, no constituyen un todo monolítico.

Por ejemplo, a pesar de las concesiones del dispensacionalismo (que a todo costo evita confundir o fundir la iglesia (el llamado “Israel espiritual”) con la nación física e histórica de Israel (el pueblo físico de Dios); el judaísmo, por lo general, no comparte la idea de un Israel espiritual y un Israel físico. Tampoco asume o hace suya la idea de que la era mesiánica debe entenderse única y necesariamente como el reino de los mil años, como se describe en Apocalipsis 20.

Por otro lado, el judaísmo tampoco comparte la idea de las escatologías no dispensacionalistas (Teología del Pacto) que por lo general entienden que el mesianismo de Jesús comporta la idea del reemplazo de la nación de Israel física e histórica como el pueblo de Dios, por la iglesia. Hay que tener bien claro que las escatologías no dispensacionalistas (Teología del pacto) no establecen la sutil distinción que efectivamente hace el dispensacionalismo entre la iglesia (el pueblo espiritual de Dios) e Israel (el pueblo físico de Dios).

Tampoco asume el judaísmo la idea (a partir de aceptar a Jesús como el Mesías) que lo que realmente ocurrió fue que se pospuso (por no decirlo de otra manera), la manifestación plena del reino de Dios. Es claro que con estas hipótesis el cristianismo ha pretendido salir al paso, quizás a algunas de las principales objeciones, que se levantan contra el mesianismo de Jesús. Esto así, dado el hecho de que las expectativas mesiánicas judías entienden que con la venida del Mesías, se establecerá de manera irremediable y definitiva, el reino de Dios en la tierra (su etapa mesiánica), y tales expectativas no han sido cumplidas con el mesianismo de Jesús.

A lo más que se podría llegar a admitir con relación a Jesús, desde la perspectiva judía, es que Jesús real y efectivamente puede ser asumido y confesado como «Mesías»; pero no es, ni ha sido, ni será, «el Mesías» esperado todavía por la religión de Israel, por la religión judía.

Lo interesante es que realmente no es posible que al mismo tiempo y en el mismo sentido, las expectativas mesiánicas judías y cristianas (con su característico mesianismo de Jesús) puedan ser válidas, aceptables y equiparables a la vez. Es más, ni siquiera resulta fácil el considerarlas como complementarias. En realidad, el asumir el mesianismo cristiano hace prácticamente imposible el comulgar con el mesianismo judío; pero el mesianismo judío hace prácticamente inaceptable el mesianismo cristiano, y le presenta demasiados escollos. En conclusión, ambos mesianismos no son, ni se consideran reductibles o equivalentes.

En conclusión, tanto la teoría del reemplazo (postura tradicional de la teología del Pacto) del pueblo de Israel (sólo judíos de sangre) por la Iglesia (judíos de sangre y gentiles convertidos al cristianismo), como la teoría del aplazamiento del reino (postura tradicional del dispensacionalismo clásico), pero la espiritualización (teología del pacto) del reino mesiánico y davídico esperado por la nación hebrea (o más bien por el judaísmo ortodoxo y otros); enfrentan serios escollos a la luz de la historia y de la vitalidad, persistencia y subsistencia de la religión judía.

En resumen, la adopción de Jesús como el Mesías esperado por la religión judía, tiene serias implicaciones tanto para el dispensacionalismo como para la teología del pacto, por ejemplo:

Ante el ineludible hecho de que ciertamente con la figura histórica de Jesús no se estalación el reino mesiánico esperado por la religión judía, las opciones son las siguientes:

1) Jesús no fue el Mesías esperado la religión judía (opción adoptada por las distintas expresiones del judaísmo, a excepción de los modernos “judíos mesiánicos)

2) Jesús ciertamente fue el Mesías esperado por la religión judía, pero como la nación hebrea lo no aceptó como tal, el reino davídico y mesiánico fue aplazado hasta una realización futura con la segunda venida de Cristo (opción característica del dispensacionalismo clásico o normativo), pues las profecías del Antiguo Testamento apuntan al Israel físico y étnico, no a la iglesia.

3) Jesús ciertamente fue el Mesías esperado por la religión judía, el reino ciertamente fue establecido por él, sólo que como las profecías del Antiguo Testamento apuntaban más bien hacia la Iglesia (como el Israel espiritual, no al Israel físico y étnico); lo que ha ocurrido es un real y efectivo reemplazo del Israel físico y étnico por la iglesia (postura tradicional de la teología del pacto).

Ahora bien, dadas las implicaciones del adoptar a Jesús como el Mesías esperado por la religión judía a pesar de no verse concretado con él, el reino mesiánico y davídico esperado por la religión judía; se explican los malabares del dispensacionalismo en establecer una distinción (¿obligada?) entre el Israel étnico y la iglesia, por un lado; y los malabares de la teología del pacto, por otro, con su teoría del reemplazo del Israel étnico por la iglesia.

De todos modos, pienso que la vitalidad, persistencia y subsistencia de la religión judía hoy, favorece en parte la distinción dispensacionalista entre el Israel físico (étnico) y la iglesia; aunque ciertamente no tanto la teoría del aplazamiento del reino.

De todos modos, desde la perspectiva de la religión y esperanzas judías, la respuesta a la teoría del aplazamiento del reino (característica del dispensacionalismo), es sencillamente que Jesús no fue el Mesías que ellos aun esperan y por lo tanto no hubo con Jesús de Nazaret un aplazamiento del reino, más bien con él nunca se estableció, ni podría haberse establecido.
Por otro lado, la vitalidad, persistencia y subsistencia de la religión judía hoy, al mismo tiempo pone bajo cuestionamiento la teoría del reemplazo característica de la teología del pacto.

Además, desde la perspectiva de la religión y esperanzas judías, la respuesta a la teoría del reemplazo del Israel físico (étnico) por la iglesia (característica de la teología del pacto), es que sencillamente Jesús no fue el Mesías que ellos aun esperan y por lo tanto no hubo con Jesús de Nazaret un reemplazo del Israel étnico por la iglesia; más bien se originó con Jesús (o más bien a partir de él), por un lado, una nueva religión muy distinta a la religión judía; y por el otro, una nueva comunidad de fe muy distinta del pueblo hebreo, llamada la iglesia.

Me parece pertinente aquí la opinión de Rudolf Bultmann, citado por Juan José Tamayo Acosta («Para comprender la escatología cristiana»), cito: “La tradición sinóptica no deja ningún lugar a dudas de que la vida y obra de Jesús, de acuerdo con las ideas tradicionales, no fueron mesiánicas” (página 153).

Finalmente, respetamos la adhesión total y completa de cualquier persona a uno de estos dos sistemas teológicos (dispensacionalismo y teología del pacto); pero una postura más bíblica y coherente con la historia tanto de la Biblia misma como de la religión judía y la religión cristiana, nos ha de poner en guardia frente a las más amplias pretensiones de los dos sistemas en cuestión, así como frente a las posturas reduccionistas de los mismos.


¡Hasta la próxima!

martes, 3 de enero de 2012

El dispensacionalismo debidamente explicado Una síntesis apretada

El dispensacionalismo debidamente explicado
Una síntesis apretada

Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

Aunque personalmente no me siento identificado con el sistema dispensacionalista como clave para leer la Biblia y la historia; no obstante, me he propuesto ofrecer una síntesis apretada de las ideas fundamentales y principales del dispensacionalismo.

Las razones que me han llevado a embarcarme en esta aventura es que en la medida que he hecho públicas algunas de mis diferencias con el dispensacionalismo, ha salido a la luz un desconocimiento sorprendente de los fundamentos del dispensacionalismo, incluso por parte de personas que forman parte de congregaciones o iglesias dispensacionalistas.

Aunque sea un tanto difícil de creer, ciertamente hay un buen número de personas que no tienen un conocimiento acabado del sistema en medio del cual se desenvuelven y que en la práctica adoptan como modelo, clave o guía para su lectura de la Biblia y de la historia universal.




Ahora bien, si bien no me identifico con el sistema que pretendo describir aquí; sin embargo, quiero dejar bien claro que no pretendo con mi presentación ridiculizar dicho sistema. Más bien me he propuesto, apelando a autorizadas fuentes dispensacionalistas, presentar una descripción adecuada del dispensacionalismo lo más desapasionada y objetivamente posible. Esto así, con fines ante todo pedagógicos e ilustrativos.

Es, pues, el dispensacionalismo un sistema de pensamiento teológico que origina las más variadas opiniones. Por ejemplo, al respecto Henry Vilkler (Hermenéutica) plantea: “El dispensacionalismo es una de esas teorías que la gente o la toma o la deja, pocos son los que toman una posición neutral. Se le ha llamado «la clave para dividir bien las Escrituras», y por otra parte, «la más peligrosa herejía que se halla en la actualidad en círculos cristianos»” (página 103).

Comencemos, pues, nuestra aventura.

La palabra «dispensacionalismo»

El término «dispensacionalismo» viene de la palabra «dispensación». La palabra «dispensación» se encuentra en la Biblia, tomando como base la versión Reina Valera 1960, solamente en dos ocasiones, y específicamente en el Nuevo Testamento. Los dos pasajes en los que se la encuentra son: Efesios 1.10 (“de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra”) y Efesios 3.9 (“y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas”).
Ahora bien, ¿cuál es la palabra griega que está detrás de la traducción «dispensación» en los dos pasajes citados?

La palabra griega que ha sido traducida «dispensación» en los dos pasajes citados es “oikonomía” que, según el «Léxico griego español» de Alfred E. Tuggy, significa: Administración, tarea, misión, responsabilidad, plan (divino).

Y según la «Concordancia Manual y Diccionario griego español del Nuevo Testamento» de Pedro Ortiz V: administración, encargo, plan de salvación.

El resto de pasajes en que aparece la palabra “oikonomía” (pero con una traducción distinta a dispensación) en el Nuevo Testamento son: Lucas 16.2, 3,4; 1 Corintios 9.17; Efesios 3.2; Colosenses 1.25; 1 Timoteo 1.4.

En la Septuaginta (el Antiguo Testamento en griego), los pasajes donde encontramos la palabra “oikonomía” son: Isaías 22.19 y 21.

Pero, cabe preguntarse: ¿Es bíblico, en otras palabras, es similar el uso que hace el dispensacionalismo de la palabra «dispensación», al uso y significado con que se emplea dicha palabra en la Biblia?

Scofield, una figura muy prominente del dispensacionalismo, define una dispensación como: “Un período de tiempo durante el cual el hombre (el ser humano) es probado respecto a su obediencias a una revelación específica de la voluntad de Dios” (citado por Henry Vilker, Hermenéutica, página 103).

Es claro, pues, que el uso bíblico de la palabra «dispensación» difiere del uso que le da el dispensacionalismo. Sugiero, pues, que se lea a Efesios 1.10 y 3.9 en otras versiones de la Biblia, a fin de ver otras posibles y aceptables traducciones de la palabrea griega “oikonomía”.

El número de dispensaciones

En cuanto al número de dispensaciones, si bien hay los que defienden entre cuatro y nueve dispensaciones, lo cierto es que la postura dominante en el llamado “dispensacionalismo normativo o clásico”, es que la historia del ser humano está configurada o explicada por siete dispensaciones. A continuación, enumero e identifico las referidas siete dispensaciones, según la concepción propia de los dispensacionalistas mismos:

1) La primera dispensación es conocida como “inocencia” o de la “inocencia”. La porción de la Biblia que cubre esta dispensación es Génesis 1.28-3.6.

2) La segunda dispensación es conocida como “conciencia” o “de la conciencia”. La porción de la Biblia que cubre este período es Génesis 4.1-8.14.

3) La tercera dispensación es conocida como “del gobierno civil” (o “del gobierno humano”). La porción de la Biblia que cubre esta dispensación es Génesis 8.15-11.9.

4) La cuarta dispensación es identificada como “de la promesa” o “del gobierno patriarcal”. La porción de la Biblia que cubre este período es Génesis 11.10 a Éxodo 18.27.

5) La quinta dispensación es identificada como “el período de la ley de Moisés”. La porción de la Biblia que se supone que abarca dicho período es Génesis 19.1-Hechos 1.26.

6) La sexta dispensación es identificada como “la dispensación de la gracia”. La porción de la Biblia que cubre este período es Hechos 2.1 hasta Apocalipsis 19.21.

7) La séptima y última dispensación es la del milenio, o sea, la del reino de mil años literales de Jesús en la tierra, después de su segunda venida. La porción de la Biblia que cubre o explica este período es Apocalipsis 20.1-15.

Presupuestos básicos y fundamentales para el dispensacionalismo

Dos conceptos esenciales para la teología dispensacional son: 1) Una radical y sutil distinción entre el histórico pueblo de Israel como el pueblo físico de Dios, y la iglesia como el pueblo espiritual de Dios. 2) El propósito global de Dios es glorificarse a sí mismo (Efesios 1.6, 12, 14).

El método básico de interpretación bíblica para el dispensacionalismo

En lo relativo a la exégesis bíblica, el dispensacionalismo se sustenta ante todo en una lectura radicalmente literal de todo el texto bíblico, al margen de los géneros literarios empleados en la Biblia misma.

Otro elemento clave para la teología dispensacional es su escatología premilenarista (o premilenialista). Con base en la previa distinción entre Israel y la iglesia, y en una lectura literal (no simbólica) de Apocalipsis 20; el dispensacionalismo exhibe una escatología premilenarista, por un lado, y pretribulacionista, por el otro.

Premilenarista porque entiende que antes del milenio (el reino literal de Jesús en la tierra de mil años literales), debe tener lugar la segunda venida de Cristo (la cual se supone precedida en siete años igualmente literales por el llamado “rapto de la iglesia”, lo cual también implica que la iglesia no ha de pasar por la llamada “gran tribulación”).

Pretribulacionista, porque supone que el rapto de la iglesia ha de tener lugar antes de la manifestación del anticristo u hombre de pecado, librando así a la iglesia de sufrir y pasar por la gran tribulación.

Ahora bien, es cierto que no todos los premilenaristas (los que interpretan de manera literal a Apocalipsis 20 y hablan de un reino literal de Jesús aquí en la tierra de mil años literales) son dispensacionalistas; pero sí es cierto que todos los dispensacionalistas son premilenaristas.

Un clásico ejemplo de un grupo que al igual que los dispensacionalistas interpreta de manera literal a Apocalipsis 20 y habla de un reino literal de mil años aquí en la tierra, lo constituyen los llamados Testigos de Jehová que; sin embargo, no son dispensacionalistas. Para conocer el punto de vista de los Testigos de Jehová respecto del reino milenial de Cristo aquí en la tierra, recomiendo la lectura del artículo “Reino de Dios” en su clásica obra «Perspicacia para comprender las Escrituras», tomo II, páginas 819 y 820.

Claves para conocer si la teología de su congregación es dispensacionalista o no (para que usted entienda que realmente es dispensacionalista)

Ante la realidad de que muchas personas no están conscientes de si su congregación (a la que asisten, donde se congregan) es dispensacionalista (hasta he conocido casos de personas que dicen no ser dispensacionalistas, pero que en lo personal yo estoy consciente de que sí lo son; el caso es que no están plenamente conscientes de lo que implica el identificarse como dispensacionalista).

Paso ahora a mencionar unos puntos claves que, sin duda, han de ayudar a despejar cualquier duda al respecto:

La teología de su congregación o iglesia es dispensacionalista, si:

1) Explica la historia del ser humano bajo la configuración de siete dispensaciones (o por lo menos cuatro).

2) Cree y enseña una distinción irreductible entre Israel como el pueblo físico de Dios y la Iglesia como su pueblo espiritual.

3) Se identifica con la lectura e interpretación literal de la Biblia, al margen de los géneros literarios empleados en la Biblia misma.

4) Asume y enseña una interpretación literal de Apocalipsis 20.

5) Cree y enseña que la iglesia no ha de pasar por la llamada “Gran tribulación”.

6) Cree y enseña la doctrina del “rapto de la iglesia” (evento que ha de preceder a la segunda venida de Cristo en sí por unos siete años).

7) Cree y enseña un reino literal de mil años de Jesús aquí en la tierra.

8) Cree y enseña un juicio de naciones como forma de establecer quiénes entran o han de participar o no en el milenio.

Distintos tipos de dispensacionalismo

Además del dispensacionalismo clásico o normativo que acabamos de exponer, existen otras dos formas de dispensacionalismo. Estas son: 1) el dispensacionalismo progresivo y, 2) El ultradispensacionalismo.

El dispensacionalismo progresivo

Según el «Diccionario de Teología premilenarista», el Dispensacionalismo progresivo tuvo su origen el 20 de noviembre de 1986 en el grupo de Estudio Dispensacional en conexión con la reunión anual de la Sociedad Teológica Evangélica en Atlanta, Georgia.

Las creencias básicas del dispensacionalismo progresivo incluyen:

1) El reino de Dios es el tema unificados de la historia bíblica

2) Dentro de la historia bíblica hay cuatro edades dispensacionales, estas son: la patriarcal, la mosaica, la eclesial y la siónica.

3) Cristo ya ha inaugurado el reino davídico en el cielo a la diestra del Padre, que equivale al trono de David, aunque todavía no reina como rey davídico sobre la tierra durante el milenio.

4) El nuevo pacto ha sido ya inaugurado, aunque sus bendiciones no son plenamente alcanzadas hasta el milenio.

5) Debe abandonarse el concepto de una iglesia como completamente distinta de Israel y como misterio no revelado en el Antiguo Testamento.

6) Una hermenéutica complementaria significa que el Nuevo Testamento hace cambios complementarios a las promesas del Antiguo Testamento, sin abandonar aquellas promesas originales.

7) El plan único y divino de redención integral abarca a todos los pueblos y todas las áreas de la vida humana, personal social, cultural y política.

Sobre el dispensacionalismo progresivo, Charles C. Ryrie opina: “El dispensacionalismo progresivo parece ser un apartamento más que un desarrollo del dispensacionalismo normativo (dispensacionalismo clásico). No se puede predecir adónde llevará ni que significación tendrá” («Diccionario de teología premilenarista», artículo: Dispensacionalismo).

El ultradispensacionalismo

La principal diferencia entre el ultradispensacionalismo y el dispensacionalismo normativo o clásico tiene que ver con el momento en que la iglesia, el cuerpo de Cristo, comenzó en la historia. El ultradispensacionalismo cree que la iglesia comenzó con Pablo algún tiempo después de Pentecostés. El dispensacionalismo normativo o clásico cree que la iglesia comenzó en Pentecostés (Hechos 2).

Hay dos tipos de ultradispensacionalismo: el extremo (extremista) y el moderado. Entre estos dos hay acuerdo en seis puntos: 1) La gran comisión en los evangelios es judía y no para la iglesia. 2) El ministerio de los doce apóstoles fue una continuación del ministerio terrenal de Cristo. 3) La iglesia no comenzó en Pentecostés, sino con Pablo. 4) El bautismo con agua no es para la edad de la iglesia. 5) Hay una diferencia entre el ministerio temprano de Pablo y su ministerio posterior. 6) Israel y no la iglesia, es la esposa de Cristo.

A pesar de estos acuerdos entre los dos mencionados tipos de ultradispensacionalismo, existen entre ambos cuatro puntos principales de desavenencia, a saber:

1) ¿Cuándo comenzó la iglesia?

El moderado: antes de Hechos 28
El extremo: en Hechos 28

2) ¿Cuánto duró el tiempo de transición en el libro de los Hechos?

El moderado: hasta Hechos 9 ó 13
El extremo: hasta Hechos 28

3) ¿Cuál es el lugar apropiado de la Cena del Señor?

El moderado: es apropiado observar dicho sacramento u ordenanza en la iglesia
El extremo: no tiene lugar específico

4) ¿Qué escritura está realmente escrita para la iglesia?

El extremo: sólo las epístolas paulinas de la prisión
El moderado: todas las epístolas paulinas, no sólo las de la prisión

Para concluir, traigo a colación un interesante cuadro comparativo de las diferencias entre la teología dispensacionalista y la llamada “teología del pacto” (teología reformada y, quizás la principal contraparte del dispensacionalismo clásico o normativo).

Este cuadro lo tomé del sitio Web de la organización Ministerios de Vida Eterna Inc. (http://vidaeterna.org/index.php). A dicho ministerio el reconocimiento.
Comparación entre la
Teología del Pacto y la Teología Dispensacional
ASUNTO POSICIÓN DEL PACTO POSICIÓN DISPENSACIONAL
Modelo de la Historia Pacto de Obras con Adán: Pacto de Gracia con Cristo a nombre de los escogidos (algunos distinguen entre el Pacto de Redención con Cristo y el Pacto de Gracia con los Escogidos). Dividido en dispensaciones (usualmente siete); Ej. Inocencia (antes de la caída), Conciencia (Adán), Gobierno Humano (Noe), Promesa (Abraham), Ley (Moisés), Gracia (Primera venida de Cristo), Reino (Segunda Venida de Cristo). -- (Algunos añaden siete años de la tribulación y ley como otra dispensación)
Como se ve la Historia Optimista; Dios esta extendiendo su Reino. Pesimista: los últimos días se resaltan por una creciente maldad que empeora en el mundo y la apostasía de la iglesia.
Propósito de Dios en la Historia Existe un Propósito de Redención unido. Existen dos propósitos, uno terrenal (Israel), uno celestial (la iglesia).
Como se ven los Pactos Bíblicos Existen varias administraciones del Pacto de Gracia. Se marcan periodos de tiempo donde Dios las demandas especificas de Dios hacia el hombre son distintas.
Relaciones entre el Antiguo y Nuevo Testamento Se acepta la enseñanza del Antiguo Testamento a menos que haya sido abrogada por el Nuevo Testamento El Antiguo Testamento no tiene autoridad a menos que sea confirmado con el Nuevo Testamento.
Relación entre Israel y la Iglesia La Iglesia es el Israel espiritual, en continuidad con el verdadero Israel del Antiguo Testamento. La iglesia es el pueblo espiritual de Dios, distinto de Israel, el pueblo físico de Dios.
La Profecía del Antiguo Testamento Se refiere al pueblo de Dios, la Iglesia. Se refiere al Israel étnico
La Era de la Iglesia El propósito redentor de Dios continua siendo desplegado. Es un paréntesis entre el pasado y la futura manifestación del Reino.
Rol del Espíritu Santo El Espíritu Santo está dentro de las personas a través de la historia. El Espíritu Santo esta dentro de las personas desde Pentecostés hasta el Rapto.
Bautismo Pacto unificado generalmente (pero no siempre) usado para respaldar el bautismo de niños. Distinción entre Israel / iglesia a menudo utilizado (pero no siempre) para respaldar el bautismo de los creyentes.
Implicaciones Sociales Se enfatiza "el mandato cultural" La única manera de salvar el mundo es salvando individuos; por eso el evangelismo toma precedencia sobre la "acción social"
Escatología Usualmente Amilenial; raramente Post-milenial; ocasionalmente Premilenial. Premilenial, usualmente Pretribulacional.
Milenio Simbólico, a menudo identificado como la era presente. Literal, reino terrenal de 1000 años después de la Segunda Venida.


Conclusión:

Como dije al principio, no soy dispensacionalista, pero ante el mayúsculo desconocimiento de los principales puntos y creencias del dispensacionalismo (incluso por parte de personas dispensacionalistas); me propuse publicar esta síntesis apretada donde explico los fundamentos de la teología dispensacionalista.

Como también dije, me comprometía con una análisis sobrio del tema, pues mi objetivo no era el de pretender ridiculizar el dispensacionalismo, sino más bien darlo a conocer de una manera coherente y hasta cierto punto completa; así las cosas, de la manera más objetiva que me fuera posible.

Claro está, también agregué un análisis comparativo que muestra las principales diferencias que existen entre el dispensacionalismo clásico o normativo, y quizás su principal contraparte y rival, la llamada “teología del Pacto”. Otra vez, incluso la inserción del análisis y cuadro comparativo no tuvo el objetivo de ridiculizar el dispensacionalismo, sino más bien mostrarlo tal cual es, a la luz de y en comparación con su principal antítesis.

Espero, pues, haber logrado mi meta en términos pedagógicos (a fin de edificar tanto a dispensacionalistas como a los no dispensacionalistas), así como en relación a la necesaria y prometida objetividad de mi enfoque y tratamiento del tema.


¡Hasta la próxima!