viernes, 8 de junio de 2018

Un breve análisis comparativo del uso de «’elím» y «’elojím en el Tanaj




Algunas observaciones pertinentes

Héctor B. Olea C.

Algunas semanas atrás, cuando publiqué algunas observaciones en torno el nombre «’elojím» («’elohím»), alguien me solicitó que dijera algo en torno al nombre «’el», específicamente en cuanto a su forma plural, «’elím».

En primer lugar, diré que hay quienes han conjeturado que «’elojím» («’elohím») es (junto a «’elím») una forma plural de «’el», de la que luego se ha deducido una forma singular (por ejemplo, el «Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento», de Jenni y Westermann).

Sin embargo, lo cierto es que «’elojím» («’elohím»), morfológicamente, es la forma plural de  «elóaj» o «elóha», mientras que «’elím» es el plural de «’el». Además, que a diferencia de «’elojím» («’elohím») que por lo general aparece en el Tanaj con una concordancia en singular, y con un sentido en singular, a pesar de su forma en plural; lo cierto es que el plural de «’el», o sea, «’elím», debe traducirse en plural, y no en singular, como ocurre por lo general con «’elojím» («’elohím»).    

Consecuentemente, a diferencia de «’elojím» («’elohím»), insisto, que tiene por lo general una concordancia en singular y significado en singular, a pesar de su forma plural (sin negar que también hay contextos en los que debe traducirse en plural); si bien es muy escasa en el Tanaj la presencia del plural de «’el», o sea, «’elím»; lo recomendable es que el plural «’elím» sea traducido en plural,  «dioses».

En segundo lugar, en relación específica al nombre «’el», Moisés Chávez plantea que si bien este nombre significaba “dios en general”, en Canaán este nombre tenía el carácter del nombre propio de la divinidad que ocupaba el sitial más importante en el panteón de los cananeos («Hebreo bíblico texto programado, tomo I», página 449).

En tercer lugar, el nombre «’el», puede aparecer con artículo definido, como “Dios supremo”. Ejemplos: Génesis 46.3 («ha-’el»); y Deuteronomio 33.26 («ka-’el»).

En cuarto lugar, el nombre «’el» se encuentra presente, como parte integral de algunas palabras hebreas compuestas, muy conocidas, como «bet-’el» (Génesis 35), «‛im-manu ’el» (Isaías 7.14; 8.8, 10), y como parte vital de los llamados “epítetos divinos”, como «’el ‛elión» (Dios altísimo: Génesis 14.18); «’el roí» (Dios que me ve: Génesis 16.13); «’el shadáy» (Dios del monte: Génesis 17.1; 35.11; 48.3); «’el bet-’el» (Dios de bet-el: Génesis 35.7); «’el ‛olám» (Dios eterno: Génesis 21.33); «’el qaná’» (Dios celoso: Éxodo 20.5).

En quinto lugar, un caso interesante y notorio del empleo del plural «’elím», aunque sin la letra “yod” característica de la morfología de la desinencia del plural masculino, lo encontramos en Éxodo 15.11, en la expresión: «¿mi camojáh YHVH ba-’elím?» Traducción: «¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?».

La Septuaginta, por su parte, tradujo la expresión hebrea «¿mi camojáh YHVH ba-’elím?», con «¿tis jómoios soi en theóis?» («theóis», dativo plural de «theós»).

En sexto lugar, la presencia de la palabra «’el», junto a «’elojím» («’elohím»), y «YHVH». 

En el Salmo 50.1 leemos: «El Dios de dioses, Jehová, ha hablado». Aquí la frase «el Dios», es la traducción de la palabra hebrea «’el». La frase o sintagma «de dioses», es la traducción de la palabra hebrea «’elojím», asumida aquí en estado constructo, en una relación genitiva, y en sentido plural. Y por supuesto, «Jehová», transliteración y castellanización injustificada del tetragrama, en la versión Reina Valera 1960, es el reflejo de «YHVH».

Por su parte, la Septuaginta tradujo la frase hebrea «’el ’elojím YHVH», con la frase: «theós (palabra “Dios” en caso nominativo) theón (la misma palabra “dios”, pero ahora en caso genitivo plural) kúrios (la palabra “Señor”, y habitual traducción del tetragrama YHVH, en caso nominativo»: traducción: «el Señor, Dios de dioses…».

En séptimo lugar, la famosa «Concordancia Strong» (aplicada a la Reina Valera 1960), pone de manifiesto un indiscutible error cuando sugiere que en Deuteronomio 4.28 la palabra “dioses”, es la traducción de «’elím», plural de «’el». Luego, es preciso decir que en realidad, según el texto hebreo, la palabra “dioses” es la traducción de la palabra «’elojím» (aquí con un sentido definitivamente en plural).

En octavo lugar, mientras que en la frase «dioses ajenos» (“extraños”, en plural), domina «’elojím»; en singular, en la frase «dios ajeno» (“extraño”), domina la palabra «’el» (por ejemplo, «’el zar»: Salmo 44.20; 81.9; sencillamente «zar», en Isaías 43,12; y en Daniel 11.39 es la traducción de «elója nejár». 

En síntesis:

Por un lado, la palabra «’elojím» tiene, morfológicamente, un singular y punto de partida distinto («elóaj» o «elóha») al que tiene el plural «’elím» (o sea, «’el»).

Por otro lado, mientras que la forma plural, incluso con una concordancia en singular y con sentido plural (aunque también con un sentido plural) es la forma dominante de la palabra «’elojím»; la forma plural «’elím» es bien escasa en el Tanaj, pero cuando se la emplea tiene por lo general un sentido indiscutiblemente en plural.

Finalmente, existe un sustantivo (topónimo), una palabra que en realidad es una transliteración fonética, muy parecida al plural de la palabra «’el», o sea, «’elím», aunque sin existir ninguna relación léxica entre ambas palabras. Dicho topónimo es «’Elim», que se lo encuentra en Éxodo 15.27; 16.1; Números 33.9-10. La diferencia que existe, morfológicamente hablando, entre el plural «’elím», y el topónimo «’Elim», es que después de la letra “álef” con que ambas palabras inician, el topónimo «’Elim» tiene una letra “yod”, mientras que el plural de «’el», o sea, «’elím», no la tiene. En todo caso, coinciden el topónimo «’Elim» y al menos el plural «’elím» que observamos en Éxodo 15.11, en que ambas palabras carecen de la “yod” característica de la desinencia del plural masculino.

En todo caso, la Septuaginta, por su parte, tradujo el plural de «’el», «’elím», con alguna forma plural de la palabra «theós»; y el topónimo «’Elim», con la transliteración «Ailím».




lunes, 4 de junio de 2018

Cuestiones relativas al canon bíblico y su impacto en la interpretación de la Biblia



Unas observaciones necesarias y pertinentes

Héctor B. Olea C.

Como biblista y exégeta es mi deber poner de relieve que la cuestión del «canon bíblico» (el conjunto de libros considerados normativos para la praxis y la reflexión teológica cristiana) debe ser mejor enfocada. En tal sentido y, en primer lugar, es preciso admitir que la Biblia, como concepto, y con la configuración actual, es un concepto propiamente cristiano.

En segundo lugar, que el llamado «canon bíblico» en realidad supone e involucra dos cánones de dos religiones distintas: 1) el canon de la fe judía (el Tanaj, el llamado Antiguo Testamento por los cristianos, que no ve en el canon del Nuevo Testamento su proyección y continuidad, y mucho menos su mejor exégesis, e interpretación, ni su reemplazo y superación); 2) el canon del Nuevo Testamento (que considera el canon de la fe judía su punto de partida, pero al final toma distancia del mismo, y con la pretensión de ser su legítima continuación, exégesis, interpretación, incluso su superación e ideal reemplazo).

En tercer lugar, y a pesar de todo, cada corriente del cristianismo decide, de acuerdo a su particular teología y praxis eclesial, qué asume y qué no, del canon de la fe judía, y la manera en que da relevancia, enfoca, interpreta y aplica ciertos aspectos del mismo.

En cuarto lugar, incluso en cuanto al canon del Nuevo Testamento mismo y en particular, las distintas corrientes del cristianismo deciden, de acuerdo a su particular teología y praxis eclesial, a que le da énfasis, qué asume como normativo y qué no del canon del Nuevo Testamento mismo. Consecuentemente, es demasiado evidente que lo que es considerado “bíblico y normativo” para un sector del cristianismo, no necesariamente lo es para otro sector del mismo cristianismo. Por supuesto, esta realidad no debería ser ignorada por la persona que pretenda establecer qué es bíblico y normativo, y qué no, como concepto, y como práctica cristiana.   

Esta última realidad se hace demasiado evidente cuando observamos que al momento de plantear y confrontar sus posturas en aquellos temas y asuntos en los que no se muestran de acuerdo; cada corriente del cristianismo parece usar “una Biblia distinta” (por la lista de versículos particulares que emplean para apoyar sus posturas), muy pesar de tener por lo general el mismo concepto de la Biblia y de su papel en la reflexión teológica y en la praxis cristiana, incluso, muy a pesar de estar empleando casi siempre y por lo general una misma versión de la Biblia.

Ahora bien, lo admitan o no las distintas corrientes del cristianismo, lo cierto es que, por un lado, la Biblia alimenta, es fuente y alma del pensamiento teológico; y por otro lado, la Biblia es leída, asumida, interpretada y aplicada con base en, a partir de, y en armonía con la praxis y las creencias, doctrinas o presuposiciones particulares de la comunidad de fe o hermeneuta (y por personas en particular, como miembros y personas comprometidas con dichas comunidades de fe, personas que en realidad no hacen reflexión bíblica y teológica en el vacío, sino situadas, lo admitan o no).

En este sentido es claro que no podemos obviar lo relativo de expresiones tales como “la Biblia dice”, “la Biblia no dice”, “la Biblia no da apoyo para”, “la Biblia sí ofrece apoyo para”, etc., etc., etc.

En consecuencia, la que propongo como actitud ideal y responsable, procediendo con una radical honestidad intelectual, es que cada corriente del cristianismo (y las personas en particular como miembros de dichas corrientes), exponga su formulación doctrinal reconociendo que la Biblia, según su lectura, según sus particulares presuposiciones teológicas, da apoyo o no a una determinada conclusión, idea, concepto o práctica.  

En tal sentido, las muy conocidas expresiones “la Biblia dice”, “la Biblia no dice”, “la Biblia no da apoyo para”, “la Biblia sí ofrece apoyo para”; deberían ser remplazadas y con urgencia, por expresiones tales como: “según tal o cual teología, la Biblia dice (tal cosa es Bíblica)”, “según tal o cual teología, la Biblia no dice (tal cosa no es bíblica)”, “según tal o cual teología, la Biblia no da apoyo para” (tal cosa no tiene apoyo bíblico), “según tal o cual teología, la Biblia sí ofrece apoyo para (tal cosa tiene apoyo bíblico)”; así de sencillo.


lunes, 28 de mayo de 2018

Hacia una mejor traducción de Isaías 13.19: ¿verbo o sustantivo?



Algunas observaciones más en relación al uso de «’elojím» en el Tanaj

Héctor B. Olea C.

De entrada debo decir que estoy consciente de toda la problemática que ha tenido lugar en relación al nombre «’elojím» («’elohím»); por ejemplo, el muy conocido y respetado hebraísta Moisés Chávez ha dicho que la forma plural y su concordancia en singular ha ocasionado problemas a los exégetas («Hebreo Bíblico, Texto programado», tomo I, página 454). Por otro lado, el «Diccionario teológico manual del AT», de E. Jenni y C. Westermann, afirma: “En cualquier caso, el sentido singular de la forma plural dentro del AT es tan claro, que se emplea siempre el término sin ninguna limitación (sospecha de politeísmo)”, tomo I, página 243.

No obstante, también concluye dicha fuente: “En tiempos posteriores se evita la construcción en plural «por temor a malos entendidos» (Nehemías 9.18; Éxodo 32.4, 8; compárese además 1 Crónicas 17.21 y 2 Samuel 7.23)”, página 247. Además sostiene: “No es fácil determinar en qué medida esta forma de hablar (forma plural con significado singular revela una tendencia monoteísta), página 244.

Sin embargo, debo aclarar que mi análisis filológico no supuso un análisis de orden propiamente histórico religioso; en todo caso, no supuso la negación del pasado sin duda politeísta de la religión judía antes de que finalmente se impusiera su característico e histórico monoteísmo ético (yahvismo). 

En realidad con mis dos publicaciones anteriores en relación al uso del sustantivo hebreo «’elojím» («’elohím») en el Tanaj, lo que quise fue poner de relieve lo infructuoso que resulta el que la dominante teología cristiana apele a la habitual y característica forma plural de la palabra «’elojím» («’elohím»), para sentar base alguna para su habitual y característica idea trinitaria de la deidad. De todos modos, el sentido plural de «’elojím» («’elohím») no apuntaría a la idea trinitaria de la deidad cristiana, sino más bien a una pluralidad de dioses.

Ahora bien, si bien es dominante en el Tanaj el que la forma plural de «’elojím» («’elohím») tenga más bien un sentido en singular, no es menos cierto que hay algunos pasajes que se han traducido con el aparente propósito de ocultar no sólo un posible e indiscutible sentido plural de dicho nombre, sino y además, para tratar de que al menos no sea tan notorio el pasado estadio politeísta de la fe judía.

Consecuentemente y, en primer lugar, es cierto que el nombre «’elojím» («’elohím») aparece en algunos casos con una concordancia en plural, además de la dominante en singular. En tal sentido, llama la atención el empleo de la forma singular y plural, en forma paralela, en la expresión «Dios vivo». Por un lado, la expresión «Dios vivo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en plural en el texto hebreo, en Deuteronomio 5.26; 1 Samuel 17.26, 36; Jeremías 10.10; 23.36, o sea, «’elojím ja-yím» (Dios vivo, Dios que vive, viviente, Dioses vivos, Dioses que viven, vivientes). La Septuaginta, por su parte, tradujo la expresión hebrea «’elojím ja-yím», con una concordancia estrictamente en singular: «theú zóntos» (Dios vivo, Dios viviente).  

En segundo lugar, la expresión «Dios vivo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en singular, en el texto hebreo, en: 2 Reyes 19.4, 16; 2 Samuel 2.27: «’elojím jai». La Septuaginta, por su parte, insiste en una concordancia estrictamente en singular: «theón zónta».

De igual forma, la expresión «Dios santo», en Josué 24.19, es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím», con una concordancia en plural en el texto hebreo («’elojím quedoshím»; y la Septuaginta: «theós jáguios»); pero la expresión «Dios santo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en singular en el texto hebreo («ja-’elojím ja-qadosh»; y la Septuaginta: «kuríu tu jaguíu»), en 1 Samuel 6.20.

Ahora bien, Sodoma y Gomorra fueron destruidas; 1) ¿Por los dioses de los padres?; 2) ¿Por el Dios o dioses de Abraham?; 3) ¿Por YHVH?

En Isaías 13.19 en la versión Reina Valera leemos: «como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios».

Observaciones:

En primer lugar, aquí la traducción «Dios», corresponde a la hebrea «’elojím».  

En segundo lugar, la traducción «trastornó» (forma verbal, y en singular), es en realidad un sustantivo en el texto hebreo, y en estado constructo, o sea, «mahapeját» (destrucción de, de parte de).

Consecuentemente, traducir el sustantivo hebreo con una forma verbal y en singular («trastornó»), más el sustantivo «’elojím» asumido y traducido en singular,  parece ser el recurso empleado para evitar poner de relieve el estadio politeísta de la fe judía.

En todo caso, Miguel Pérez Fernández plantea: “En la reelaboración por la que las viejas leyendas pasaron hasta la redacción final, se aprecia una judaización progresiva del personaje Abraham: la circuncisión como identidad del clan, el culto a YHVH, el apartamiento de personas y clanes (Lot y sus descendientes, moabitas y amonitas; y sobre todos, Ismael. Como resultado queda la línea genealógica que contempla la Biblia; Noé, Sem, Téraj, Abraham, Isaac, Jacob, Israel, Judá” («Tradiciones populares, judías y musulmanas: Adán, Abraham, Moisés»), página 74.

Además, Antonio Rodríguez Carmona («La religión judía, historia y teología»), plantea unas valiosísimas pistas en relación al estadio de la antigua religión del pueblo hebreo, el estadio de la religión del padre, anterior al establecimiento del Yahvismo, cito:

“Una primera característica es el culto a un solo Dios, ahora bajo la forma de monolatría. El adorador del dios del padre admite la existencia de otros dioses, pues cada familia o clan tiene el suyo, pero él sólo adora y sigue el de su grupo, con el que mantiene una relación personal en toda su existencia. Esto no obsta para que no sólo reconozca la existencia del dios de otro clan, sino que jure por él, y lo ponga de testigo. Labán pone por testigos «al dios de Abraham y al dios de Nahor (Génesis 31.53, y jura por el dios de su padre Nahor (Génesis 31.53). Es una actitud religiosa diversa a la del posterior yahvismo, que poco a poco llegaría a ser monoteísta, polémico y exclusivista”, página 19.

Por otro lado, a pesar de que el texto bíblico no oculta que Abraham nace y procede de un ambiente indiscutiblemente politeísta (véase Josué 24.2); la judaización del personaje Abraham, tanto en el texto bíblico como en textos apócrifos, se lo presenta prácticamente como el fundador del monoteísmo hebreo, y como un ferviente luchador del culto a otros dioses. En tal sentido, traigo a colación la leyenda que nos ofrece el libro apócrifo de Los Jubileos:

“En el año treinta y dos de la vida de Abrán, es decir, a sus cuatro septenarios y cuatro años, fue de noche y quemó el templo de los ídolos con cuanto había dentro, sin que nadie lo supiera. 13 Fueron ellos de noche y quisieron salvar a sus dioses del fuego. 14 Arán se lanzó a salvarlos: se prendió fuego y ardió en el incendio, muriendo en Ur de los caldeos ante su padre, Taré, y allí lo sepultaron. 15 Entonces Tare salió de Ur de los caldeas con sus hijos para ir a la tierra del Líbano y al país de Canaán y se estableció en Harrán. Abrán moró con su padre, Taré, en Harrán durante dos septenarios” («Libro de los Jubileos» 12.12-15, fuente: «Apócrifos del AT», tomo II, página 113).

Evidentemente, como afirma Miguel Pérez Fernández («Tradiciones populares, judías y musulmanas: Adán, Abraham, Moisés», página 78), el texto bíblico («los sacó de Ur de los caldeos», Génesis 11.31; 15.7), da pie a la leyenda.

Ahora bien, retomando el análisis bíblico, diré que a la luz de los datos analizados, es muy posible que la referencia  al Dios que destruyó a Sodoma y Gomorra, en Isaías 13.19, apunte más bien al Dios del clan de Abraham o al conjunto de deidades reconocidas por éste.

Luego, a la luz de que en realidad la traducción «trastornó», en Isaías 13.19, es en el texto hebreo un sustantivo en estado constructo («mahapeját»: destrucción de, por parte de); una traducción probable y legítima de Isaías 13.19 sería: «Como con la destrucción de Sodoma y Gomorra por parte de los dioses». 

Sin embargo, es preciso poner de relieve que de la misma forma en que las traducciones de la Biblia han empleado junto al sustantivo «’elojím» una forma verbal en la tercera persona del singular («trastornó»), como una manera de forzar una interpretación de «’elojím» estrictamente en singular; así también ha procedido la Septuaginta, cuando tradujo: «jon trópon katéstrepsen jo theós Sodoma y Gomorra»: «En la forma en que Dios destruyó a Sodoma y Gomorra».

Ahora bien, en la misma línea de Isaías 13.19 va Jeremías 50.40, donde volvemos a encontrar el sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), y el sustantivo «’elojím» con su habitual forma en plural. Respecto de la Septuaginta, debo decir que aunque el texto de la Septuaginta no nos ayuda en este caso, de todos modos, la traducción que ofrece Junemann es exactamente igual que la que vimos en Isaías 13.19, cito: «Así como trastornó Dios a Sodoma y Gomorra».

Por supuesto, hemos de tener presente la oportuna observación que hace Julio Trebolle Barrera respecto del texto del libro de Jeremías en la Septuaginta: “El texto del libro de Jeremías es un octava parte más breve que el Texto Masorético. Presenta también variantes muy considerables en el orden de los capítulos. Muestra una irregularidad métrica que se echa de menos en el Texto Masorético. Se basa en una forma recensional hebrea distinta de la del Texto Masorético” («La biblia judía y la biblia cristiana», página 350).

Retomando nuestro análisis bíblico, en Amós 4.11, en la versión Reina Valera 1960, leemos: “Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra”.

Aquí, como en Isaías 13.19 y Jeremías 50.40, volvemos a encontrar el sustantivo mahapejah (destrucción) en estado constructo, junto al sustantivo «’elojím» en su habitual forma plural. En relación a la Septuaginta, volvemos a encontrar aquí la misma situación que en Isaías 13.19, sólo que ahora con la palabra «kathós» (así): «kathós katéstrepsen jo theós Sodoma y Gomorra»: «Así como Dios destruyó a Sodoma y Gomorra».

Luego, en Jeremías 49.18, observamos:

En primer lugar, que volvemos a tener en el texto hebreo el empleo del sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), y el sustantivo «’elojím» con su habitual forma en plural.

En segundo lugar, que por fin la versión Reina Valera 1960 tradujo en conformidad al texto hebreo, y evitó el empleo de una forma verbal (destruyó, trastornó), como en efecto lo hizo en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11.

En tercer lugar, con relación a la Septuaginta, una vez más vuelve el texto de Jeremías a no ser de ayuda en este análisis.

En cuarto lugar, en relación a Jeremías 49.18, es preciso poner de relieve que este texto no le atribuye a deidad alguna la destrucción de Sodoma y Gomorra, y sólo se limita a decir: «Como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra y de sus ciudades vecinas».

No obstante, muy a pesar de lo que en verdad establecen los textos analizados, finalmente el relato legendario de Génesis 18 y 19 (considérese 18.17, 20; 19.13, 24), compuesto desde la perspectiva de la fe Yahvista; atribuye la destrucción de Sodoma y Gomorra ya no al Dios del clan de Abraham, no a los dioses admitidos y reconocidos por el personaje de Abraham, sino por YHVH.  

En suma, no podemos descartar que antes de la extrema judaización del personaje de Abraham, antes del establecimiento del Yahvismo con su característico monoteísmo nacional y ético; la destrucción de Sodoma y Gomorra fuera atribuida a los dioses tribales del tiempo de los patriarcas, empleando el sustantivo «’elojím» con un sentido propiamente plural, y empleando el sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), como en efecto lo vimos en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11; Jeremías 49.18). Esto así, muy a pesar de haber empleado la versión Reina Valera 1960 (y otras versiones) una forma verbal en tercera persona del singular («trastornó»).

En conclusión, pienso que no es descabellado proponer, muy a pesar de la evidencia en contra que aporta la Septuaginta con el empleo de una forma verbal en tercera persona del singular («katéstrepsen»-«destruyó», «trastornó»), y el sustantivo «theós» («Dios») en caso nominativo singular, muy comprometida con el posterior monoteísmo yahvista ya establecido; que muy probablemente el sentido real de la expresión hebrea «ke-majapejat (sustantivo en estado constructo) ’elojím (en su habitual forma plural) ve-et-sedón ve-et-amorá» (en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11; Jeremías 49.18), sea: «Como con la destrucción de Sodoma y Gomorra, por parte de los dioses» (¿de Abraham? ¿de los dioses de los padres?).

En consecuencia, es posible que el sentido en singular de la habitual forma plural del sustantivo «’elojím», al menos en algunos textos bíblicos específicos, retocados incluso en las versiones castellanas de la Biblia (como he podido demostrar en los textos bíblicos aquí analizados); así como la traducción en singular de la concordancia en plural del sustantivo «’elojím»; sea el reflejo de los intentos por erradicar los vestigios del estadio politeísta de la fe judía, por parte de los seguidores de la fe monoteísta Yahvista, antiguos y presentes; así de sencillo.


domingo, 27 de mayo de 2018

Mi personal reflexión en el marco de la celebración del «día de las madres»



¡Felicidades mamá!, ¡felicidades mujer!

Héctor B. Olea C.

En el contexto de la celebración del «día de las madres» en la República Dominicana; insisto en promover una lectura de la Biblia, una reflexión teológica, más solidaria con la mujer, así como mi identificación con la lucha que procura una existencia más digna para la mujer, un verdadero estado de derechos para la mujer, un trato justo e igualitario para la misma en relación al varón (como madre, esposa, pareja, hermana, hija, nieta, sobrina, prima, cuñada, nuera, amiga, vecina, compañera de trabajo, colega, etc.), tanto en el plano social general, como en los distintos marcos eclesiales.

En tal sentido, una relectura de la Biblia solidaria con la mujer, demanda que pongamos de relieve que incluso en el contexto del relato de la creación más desfavorable para la mujer (Génesis 2.4-25); Adán, el varón, admite que la mujer es la madre de todo ser viviente, y por eso la llamó «javáh» (¿vida?), palabra probablemente derivada de una forma antigua del verbo «jayáh» (vivir). Aunque tal vez sea una forma antigua de la forma femenina del sustantivo «jay» (vivo, estar vivo), o sea, «jay-yáh».

En todo caso, la Septuaginta tradujo el sustantivo hebreo «javáh» con el sustantivo femenino «Zoé» (vida). Por supuesto, es curioso aquí, como en otros muchos casos, que la labor de traducción bíblica cristiana, que por lo general y a conveniencia ha procurado seguir la Septuaginta, no haya hecho lo propio en el caso de Génesis 3.20. Consecuentemente, de haber seguido la Septuaginta, incluso el texto hebreo no es contrario a esta opción, en Génesis 3.20 no hablaríamos de «Eva», sino de «Vida».

En segundo lugar, no podemos soslayar la persistencia en la tradición bíblica de la expresión «nacido de mujer» (hebreo: «yelúd ’isháh»; griego LXX: «guenetós gunáikós»; griego NT: «guenómenon ek gunaikós»), empleada para poner de relieve el papel insustituible del vientre materno, del cuerpo de la mujer, de la mujer como tal, en la reproducción y subsistencia del género humano (Job 14.1; 15.14; Gálatas 4.4).

En tercer lugar, a pesar de todo, como ocurrió con la expresión «nacido de mujer»,  no pudo negarse Pablo a admitir que, a pesar de la presunción de la superioridad del varón frente a la mujer (o la inferioridad de la mujer respecto del varón), y muy a pesar de su identificación con el segundo relato de la creación (que lo lleva a decir que «la mujer procede del varón» (el texto griego: «je guné ek tu andrós»); en todo caso, si bien no se atrevió Pablo a afirmar que «el varón procede de la mujer» (el texto griego: «jó anér ek tu gunaikós»), al menos no tuvo más remedio que decir que «el varón viene a existencia por medio de la mujer» (el texto griego: «jo anér diá tes gunaikós»).

En cuarto lugar, una lectura más solidaria con la mujer, una relectura de la Biblia así como una reflexión teológica más comprometida e identificada con la mujer;  nos permitirán, nos invitan a poner bajo serio cuestionamiento el que la mujer jamás haya sido el primer término (sino siempre el segundo) de los siguientes siete binomios con presencia en la tradición bíblica: 1) padre y madre; 2) hombre y mujer; 3) hijos e hijas; 4) esclavos y esclavas; 5) hermanos y hermanas; 6) hermano y hermana; 7) esposo y esposa.

En suma, mi reflexión en el marco del «día de las madres» en la República Dominicana para este año, insiste, por un lado, en promover una lectura y relectura de la Biblia, así como una reflexión teológica más solidaria con la mujer (como madre, esposa, pareja, hermana, hija, nieta, sobrina, prima, cuñada, nuera, amiga, vecina, compañera de trabajo, colega, etc.); por otro lado, mi identificación con la lucha que procura que la mujer reciba un trato igualitario en relación al varón en el plano social general, como en el plano de las distintas tradiciones teológicas y eclesiales.

Por supuesto, esta reflexión también procura poner de relieve la forma en que la clase política dominicana insiste, a la fecha, en hablar de «porcentajes» en el proyecto de ley de organizaciones políticas (actualmente en estudio en la cámara de diputados y diputadas), en lo que respecta a la participación de la mujer en la presentación de las candidaturas a cargos de elección popular, así como en la administración del estado. Esto así, cuando la vigente Constitución dominicana no habla de «cuota o porcentaje», sino que de manera precisa y contundente, demanda y exige «un trato proporcional», así de sencillo.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Hacia una mejor traducción y comprensión de Números 23.19



«Dios no es un ser humano para que mienta, ni un descendiente del ser humano para que se arrepienta».

Héctor B. Olea C.

Si bien por años Números 23.19 se ha leído en la Reina Valera con las palabras: «Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta»; pienso que a pesar de que la palabra «hombre» puede tener un uso genérico, apuntando a la humanidad, al ser humano racional y mortal como tal, sin distinción de sexo; sin embargo, dado que la palabra «hombre» también se usa comúnmente como la contraparte de la mujer, apuntando estrictamente al varón; creo que se hace necesario traducir el pasaje en cuestión haciéndole justicia al verdadero sentido que tiene el texto hebreo.

Una versión católica muy conocida y de mucho prestigio que también ha traducido de manera semejante a la Reina Valera 19960, es «La Biblia de Jerusalén 2009», cito: «No es Dios un hombre, para mentir, ni hijo de hombre, para volverse atrás. ¿Es que él dice y no hace, habla y no lo mantiene?».

Ahora bien y, en primer lugar, la palabra que se ha traducido «hombre» en la primera parte del versículo en cuestión, es «’ish». Ahora bien, por un lado, la palabra «’ish», siguiendo el «Diccionario bíblico hebreo español» de Luís Alonso Schokel, puede apuntar a un hombre o varón contrapuesto a otro (uso genérico). Por otro lado, también se emplea en el marco de una establecida polarización y contraste entre Dios y el ser humano, o sea, «’ish» señalando al ser humano mortal como lo opuesto al ser de Dios («’el»).

En segundo lugar y, evidentemente, en Números 23.19 se emplea la palabra «’ish» como lo opuesto al ser de Dios, y no en el sentido genérico. Consecuentemente, si ese es el sentido del texto hebreo, lo ideal es que se ofrezca una traducción que comunique con precisión dicho sentido.  

En tercer lugar, otros dos textos donde también se plantea la misma polarización entre la palabra «’ish» (ser humano) y «’el» (Dios), son: Oseas 11.9; Job 32.13; 35.8 (véanse).

En cuarto lugar y, con relación a la traducción de Números 23.19 en la Septuaginta; es preciso decir que ésta se preocupó en poner de relieve la metáfora que involucra el pasaje en cuestión, empleando la palabra «jos» (partícula de comparación “como”).

Consecuentemente, la expresiones que usó la Septuaginta son: «ouj jos ántropos jo theós» (“Dios no es como el ser humano”, “Dios no es semejante al ser humano”); «udé jos juiós anthrópu» (“ni como el descendiente del ser humano”, “ni semejante al descendiente del ser humano”).

Finalmente, no quiero dejar de lado el que el mismo contraste que plantea Números 23.19, lo plantea también 1 Samuel 15.29. Ahora bien, una vez más, mientras que el hebreo afirma «porque él (Dios) no es un ser humano» («ki lo ’adám»); la Septuaginta insiste en usar la partícula comparativa («jos»): «jóti uj jos ánthropos estin» («porque no es semejante al ser humano», «porque no es como el ser humano»).

En suma, una traducción más precisa y acertada de Números 23.19 es: «Dios no es un ser humano para que mienta, ni un descendiente del ser humano para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo cumplirá?».

En tal sentido, una muy buena y acertada traducción de Números 23.19 nos la ofrece la Versión Popular Dios Habla Hoy (DHH, 1996), cito: «Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple».

Concluyo trayendo a colación la observación que plantea el «Comentario Bíblico San Jerónimo» al comentar a Números 23.19, cito: “Se ha observado (Albright, JBL 63 [1944], 224, n. 119) que afirmaciones semejantes eran conocidas en Egipto durante los siglos XIII y XII. En la estela de Bet-San, de Ramsés II, se decía del faraón: «Lo que dice su boca lo hacen sus manos». Y de Ramsés III se decía: «Las cosas que él anuncia [promete] se cumplen»”.

domingo, 20 de mayo de 2018

De fetichismos cristianos y problemáticas sociales



Una perspectiva crítica

Héctor B. Olea C.

¿Hasta cuándo se va a insistir en el recurrente y hasta ridículo discurso (carente de fundamentación teológica, de un serio análisis y abordaje racional y científico sustentable), que afirma que cada vez que tiene lugar una tragedia en la sociedad estadounidense (de la índole que fuere) es sencillamente “porque sacaron la Biblia de las escuelas”; en otras palabras, por la aplicación de una serie de medidas que un sector del cristianismo evangélico conservador entiende y considera como símbolos concretos de una indiscutible apostasía, por supuesto, con consecuencias catastróficas para la sociedad norteamericana.   

El discurso en cuestión ha salido de nuevo a flote, más recientemente, en ocasión de la tragedia que supuso la muerte de al menos diez personas el pasado viernes, en una escuela de secundaria, en Santa Fe, Texas; y que tuvo como responsable a un joven de diecisiete años.

En todo caso, lo cierto es que el análisis serio de ciertas tragedias que han tenido lugar en la sociedad norteamericana tienen que ver más bien con una serie problemáticas, situaciones y factores propios de la sociedad y cultura norteamericana; factores que en verdad ameritan un análisis profundo, serio, científico y desapasionado.  

Ahora bien, es lamentable que las personas que se caracterizan por levantar, sostener y legitimar este discurso no se enteren de que la imagen que comunican de Dios no es bíblica, no es creíble, y carece de fundamento. Me explico, según el cuestionable discurso al que hago referencia, el Dios de algunos cristianos, se torna violento, castigador, inmisericorde y vengativo, cuando un pueblo toma una medida que tiende a alejarse de lo que al menos un sector de la fe cristiana entiende como distanciamiento de la indiscutible voluntad de Dios, como simple e incuestionable apostasía.

Pero cabe preguntar, ¿y qué hemos de decir, entonces, de los pueblos que también han ido en una línea semejante a la sociedad norteamericana en algunos temas, y sin embargo, no vemos que ocurran los mismos fenómenos?

¿Cómo hemos de explicar que no ocurra lo mismo en países que nunca han sido cristianos, y que jamás lo serán?

Por otro lado y, en relación especial a la República Dominicana, ¿por qué no ha significado ninguna ventaja, ningún privilegio respecto de las tristes y lamentables condiciones que han caracterizado la historia pasado y presente del pueblo dominicana, el ser el único país del mundo en tener “la Biblia abierta” en el escudo de su bandera nacional?

A propósito de la presencia de “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional; cito a continuación y de manera íntegra, el artículo 32 de la Constitución Dominicana vigente, donde se detalla y precisa la composición del escudo de nuestra bandera nacional:

Artículo 32.- Escudo Nacional. El Escudo Nacional tiene los mismos colores de la Bandera Nacional dispuestos en igual forma. Lleva en el centro la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, y encima una cruz, los cuales surgen de un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados; lleva un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma al lado derecho. Está coronado por una cinta azul ultramar en la cual se lee el lema “Dios, Patria y Libertad”. En la base hay otra cinta de color rojo bermellón cuyos extremos se orientan hacia arriba con las palabras “República Dominicana”. La forma del Escudo Nacional es de un cuadrilongo, con los ángulos superiores salientes y los inferiores redondeados, el centro de cuya base termina en punta, y está dispuesto en forma tal que resulte un cuadrado perfecto al trazar una línea horizontal que una las dos verticales del cuadrilongo desde donde comienzan los ángulos inferiores.

Por otro lado, ¿por qué no ha podido protegernos, por qué no nos ha librado, el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, de ser un país dominado por una clase política irresponsable, sin duda una de las más crueles y peores de Latinoamérica y del mundo?

¿Por qué el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional no ha impedido que un sector del liderazgo religioso, católico, cristiano y evangélico haya hecho causa común con la clase política dominante para perjudicar al pueblo y para sacar beneficios particulares en la administración del estado?

¿En qué nos ha ayudado el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, en relación a la triste situación que se vive en la República Dominicana, donde somos uno de los muy pocos países de la religión y del mundo, donde todavía en pleno siglo 21 no hay un sistema eléctrico estable, funcional y a un precio razonable?

¿En qué nos ha ayudado el tener “la Biblia” abierta en el escudo de nuestra bandera nacional, así como el tener una ley que establece como obligatoria la lectura y enseñanza de la Biblia en las escuelas pública, además de tener por ley un día nacional de la Biblia, y también por ley, un “día nacional de la comunidad cristiana protestante y evangélica”, respecto de la consolidación de nuestra democracia, de nuestro sistema de partidos, así como en relación al anhelado clima de un verdadero estado de derechos tanto fuera como dentro de las distintas instituciones y organizaciones políticas?

¿Por qué no han impedido, las referidas leyes, así como “la Biblia abierta”  en el escudo de nuestra bandera nacional, que logremos, por fin, una ley de organizaciones políticas que no hable ya de “porcentajes” respecto de la participación de la mujer en los procesos de elección popular, sino de una participación proporcional de mujeres y hombre, como en realidad lo establece la vigente constitución dominicana, tanto en los procesos de elección popular como en la administración del estado?

¿Por qué las referidas leyes, así como la presencia de “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, no han servido de nada contra el maldito continuismo y clientelismo que domina en el ejercicio de la política partidista, en la representación social (religiosa o no), y en la administración del estado en la República Dominicana?

¿Por qué no han hecho nada, los mismos factores mencionados, respecto del alarmante número de feminicidios que sigue caracterizando el día a día de la sociedad dominicana?

¿Por qué tampoco han servido de nada respecto de la superación de la corrupción e impunidad en la administración del estado, así como en relación al imparable endeudamiento del país, y en favor de una mejor distribución de las riquezas y una verdadera y real disminución de la pobreza, etc.?

¿Por qué no han servido de nada respecto de la superación de muchísimas otras problemáticas que nos siguen perjudicando y atrasando como país, que nos siguen haciendo lamentable y muy difícil la existencia, y el que no logremos los nivele soñados de calidad de vida para la gran mayoría y no tan sólo para unos pocos?

En suma, es demasiado evidente que para la realización de los sueños que tenemos por ser un mejor país, por representar una mejor sociedad donde impere un clima de verdadera justicia social, un verdadero clima de paz social, un verdadero estado de derechos; no basta rezar, no basta orar, no basta con crear una serie de leyes favorables al pensamiento del sector más conservador del cristianismo (católico, protestante y evangélica); en fin, no basta el simple fetichismo cristiano y evangélico; así de sencillo.