sábado, 11 de noviembre de 2017

Jesús y la cultura del trabajo y la remuneración del mismo


Jesús opuesto a la cultura de lo gratis


Héctor B. Olea C.

Una realidad incuestionable es que no hay forma de controlar la apelación que muchas veces se hace a la persona o supuesta enseñanza de la figura de Jesús, a la persona del Jesús de los Evangelios del Nuevo Testamento.

En todo caso, pienso que cualquier extrapolación de la figura de Jesús y su enseñanza no puede, no debería perder de vista lo que en verdad nos dicen los evangelios, la evidencia que aportan los Evangelios en conjunto, la tradición sinóptica y el evangelio de Juan.

En tal sentido y, en relación a la cuestión que nos ocupa, cabe preguntar:

¿Es legítima la apelación a la figura de Jesús (el Jesús de los evangelios del Nuevo Testamento), para sustentar un discurso que plantee que todo debe ser gratis, que incluso la propiedad intelectual no debe tener algún precio?

Y mi respuesta a esta pregunta va en la siguiente línea:

En primer lugar, no es posible obviar que el Jesús de los evangelios reconoció que el obrero es digno de su salario (Lucas 10.7).

“Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario”

Compárese Mateo 10.10: ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento”

En segundo lugar, con la parábola de «El buen samaritano» (Lucas 10.25-37).dejó ver que comprendía, que estaba consciente de que el atender a alguien en el mesón, que el servicio del mesón tenía un costo, un precio que no se podía evadir:

“Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese” (Lucas 10.35)

En tercer lugar, con la parábola de «El hombre que salió a buscar obreros para trabajar en su viña» (Mateo 20.1-16), dejó que ver que estaba consciente de que la contratación de una persona para que haga un trabajo con su capacidad, con su preparación y fuerza física, demandaba un pago por dicho servicio, por dicho trabajo.

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 2Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña” (Mateo 20-1-2).

En cuarto lugar, con la parábola de «El hombre que arrendó su viña a unos labradores» (Mateo 21.33-46), Jesús también puso de relieve que estaba consciente de que en este tipo de transacción, acuerdo o convenio; era demasiado natural que el dueño de la viña en el tiempo acordado recibiera el pago o beneficio acordado con los labradores que le habían arrendado su viña.

“Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos”  (Mateo 21.33-34).

En quinto lugar, con la parábola de «Los talentos» (Mateo 25.14-30) también demostró estar consciente de que el señor que entregó una determinada cantidad de talentos a sus siervos, debía esperar un rendimiento, y producción (ganancia) natural de dicha inversión, o sea, un informe financiero positivo de sus siervos.

“Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (Mateo 25.19).

En sexto lugar, con la parábola de «El hijo pródigo» (Lucas 15.11-32), también puso de relieve, Jesús, que sabía que un jornalero era digno de su salario, y que de su trabajo debía obtener su sustento y el de su familia.

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15.17-19).

En séptimo lugar, si bien en cierta forma Jesús cuestionó el impuesto para el templo, que se cobraba localmente (compárese Éxodo 30.13-15); no obstante, no tuvo reparos en pagarlo (Mateo 17.24-27).

“Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17.27)

En octavo lugar, hay evidencia en el Nuevo Testamento del que ministerio itinerante de Jesús tenía un costo que había que cubrir, que había que solventar.

En tal sentido quiero considerar dos factores.

Por un lado, como nos dice E. P. Sanders: “Los evangelios ocasionalmente presentan a Jesús, y a veces a los discípulos, cenando en casa de alguien. Este es el caso de Marcos 2.15-17. En Lucas 7.36-50 Jesús come con Simón, un fariseo; en Lucas 11.37-44 con otro fariseo, y en Lucas 19.1-10 se hospeda en casa de Zaqueo, el recaudador de impuestos. No sabemos si estos detalles son exactos, pero debemos aceptar la idea clave común a esos pasajes: cuando Jesús y sus seguidores se trasladaban de una aldea a otra encontraban a una o más persona dispuestas a proporcionarles una comida y un sencillo alojamiento” («La figura histórica de Jesús», Verbo Divino, 2005, página 132).    

Por otro lado, en Lucas 8.1-3 leemos que el ministerio itinerante de Jesús contaba con la participación de muchas mujeres que contribuían, sustentaban el ministerio de Jesús con sus bienes.

Ahora bien, como de manera acertada apunta E. P. Sanders, si bien “es posible que en Lucas 8.1-3 el autor exagere el grado en que Jesús y su grupo recibían apoyo de mujeres, entre ellas una de cierto rango (la mujer del administrador Antipas)” obra citada; página 133; no es menos cierto que podemos decir que aquí hay una evidencia, un sustento histórico de que el ministerio itinerante de Jesús contaba con un grupo de personas (hombres y mujeres) que lo apoyaba financieramente.

En todo caso, llama la atención que el grupo de Jesús contaba con una especie de tesorero, el cual velaba y administraba el dinero del grupo. En tal sentido, me parecen muy pertinentes las palabras de Raymond E. Brown sobre el texto de Juan 12.4-6 (compárese Juan 13.29), cito:

“Es posible que Juan nos transmita una noticia histórica que no se ha conservado en los restantes evangelios, al informarnos de que Judas guardaba los fondos comunes. Esta noticia hace más verosímil el diálogo de 13.27-29 y explica el puesto de honor que Judas ocupaba junto a Jesús  durante la Última Cena. Los sinópticos parecen dar a entender que Judas podía tener en su poder treinta piezas de plata sin levantar sospechas; ello resultaría explicable si realmente guardaba la bolsa común. No es imposible que la identificación joánica del discípulo irritado en Betania se deba a la tendencia de presentar a Judas como un personaje siniestro. Sin embargo, tampoco es imposible que, precisamente porque administraba el dinero del grupo, Judas fuese el discípulo que protestó en Betania y que este recuerdo se perdiera en la tradición sinóptica” («El evangelio según Juan», Ediciones Cristiandad, 1999, tomo I, página 782).

 Al final, un detalle que no podemos dejar de lado, es que según los cuatro evangelios del Nuevo Testamento, Jesús defendió y justificó que una mujer derramara sobre su cuerpo un perfume de muy alto precio, en lugar de venderlo y usar ese dinero en favor de los pobres (Mateo 26.10-11; Marcos 14.7; Lucas 7.41-47; Juan 12.7-8).  

Además, si bien en una ocasión aconsejó a un fariseo que lo había convidado a su casa, a organizar comida o banquetes pero para invitar a personas que no pudiesen devolverle el favor; lo hizo consciente de que, por un lado y, en estos casos, alguien costeaba la comida que recibirían los indigentes; por otro lado, que este servicio también ameritaba su recompensa, su remuneración, incluso en el marco de la resurrección escatológica (Lucas 14.12-14).  

Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos

Finalmente, después de toda esta evidencia, ¿es verosímil concluir que la enseñanza de la figura del Jesús de los evangelios del Nuevo Testamento ofrece algún fundamento, sirve para justificar la cultura del «todo gratis», y nada por cobrar?

Es más, según el Evangelio de Juan, Jesús mismo estaba consciente de que las cosas pueden ser distintas si en lugar de recibir algún beneficio sin costo alguno, hay que pagar algo por dicho servicio, o si no hay algún beneficio gratuito de por medio: “Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6.25-26).

En suma, si vamos a apelar a la figura del Jesús de los evangelios, apelemos; pero de una manera legítima, consciente y consistente, sin manipulación alguna; así de sencillo.    


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?         

domingo, 5 de noviembre de 2017

La Constitución tiene la supremacía, ¿será cierto?


Iglesia y estado a propósito del 173 aniversario de la Constitución Dominicana


Héctor B. Olea C.

Al conmemorarse hoy un aniversario más de la Constitución dominicana (específicamente el 173 aniversario), es preciso insistir en la supremacía de la Constitución, por un lado, en relación a los estatutos, reglamentos internos y políticas internas de las organizaciones político partidistas; y por otro lado, en relación a las organizaciones religiosas, eclesiales y para eclesiales; pues muy a pesar de sus estatutos, reglamentos internos, particular teología y praxis eclesial, es la Constitución y no la Biblia el parámetro para juzgar el comportamiento público y privado de las personas y de cualquier grupo social.

De todos modos, en este artículo quiero poner de relieve algunas situaciones interesantes respecto de la relación  iglesia-estado en el marco de la historia de la Constitución dominicana.

En tal sentido, en lo que al presente respecta, es preciso llamar la atención a que muy a pesar del Concordato entre el estado Vaticano y el estado dominicano, no es el cristianismo católico religión oficial de la República Dominicana; por supuesto, tampoco lo es el cristianismo protestante y evangélico, a pesar de algunas legislaciones vigentes que, sin duda y, en cierto sentido, lo privilegian.

En realidad, con base en la actual Constitución dominicana, podemos decir, de manera categórica, que el estado dominicano es un estado laico, y que no hay en este país religión oficial alguna.

Sin embargo, no podemos negar que en el pasado la relación entre el estado dominicano y la iglesia católica tuvo al menos una mención de rango constitucional, si bien al mismo tiempo se mantenía la prerrogativa constitucional de la libertad de conciencia y de cultos. Por ejemplo, la Constitución dominicana de 1947 (siete años antes de la firma del Concordato) se expresaba de la relación entre el estado dominicano y la iglesia católica en los siguientes términos:

Artículo 93: "Las relaciones de la Iglesia y el Estado seguirán siendo las mismas que son actualmente, en tanto que la religión católica, apostólica, romana, sea la que profese la mayoría de los dominicanos".

No obstante, insistió el texto constitucional de 1947, en la libertad de conciencia y de cultos, en el numeral 3 del artículo 6, cito: “La libertad de conciencia y de cultos, sin otra limitación que el respeto debido al orden público y las buenas costumbres”

Luego, para la modificación a la Constitución del año 1955 (habiendo sido firmado el Concordato el año anterior, o sea, en 1954), se hace mención en la Carta magna de dicho convenio, mención que se mantuvo hasta 1961, siendo eliminada con la reforma a la Constitución del año 1963. Cito ahora, el artículo 11 de la referida modificación constitucional del año 1961:

“TITULO III Régimen Concordatario: Art. 11. Las relaciones de la Iglesia y el Estado están reguladas por el Concordato entre la Santa Sede y la República Dominicana, en conformidad con la Ley de Dios y la tradición católica de la República Dominicana”.

De todos modos, a pesar de lo establecido en su artículo 11, es preciso admitir que la Constitución de 1961 también mantuvo clara y firma la prerrogativa de la libertad de conciencia y de cultos; cito: “La libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al respeto del orden público y a las buenas costumbres” (artículo 8, numeral 5).

En todos caso, llegada, pues, la forma constitucional del año 1963, y habiendo sido eliminada la mención del régimen concordatario, ésta sólo hace referencia a la libertad de conciencia y de cultos, cito: “Articulo 57. La libertad de creencia, y de conciencia, y la libertad de profesión religiosa e ideológica son inviolables. La profesión de todas las religiones y el ejercicio de todos los cultos tendrán como única limitación el respeto a la moral, al orden público, o a las buenas costumbres.”

Como se ve, hasta llegada la reforma constitucional del año 1963, se mantuvo en el texto constitucional una especie de ambigüedad y hasta contradicción; esto así, pues mientras que por un lado se hacía referencia a la relación entre el estado dominicano y la iglesia católica en el texto constitucional mismo, por otro lado se mantuvo siempre firme y al mismo tiempo, la prerrogativa de la libertad de conciencia y de cultos.

Además, es preciso insistir, con relación a la modificación constitucional del año 1963, que las posteriores reformas a la carta magna siguieron el ejemplo y el camino marcado por ésta, obviando la mención de la fe católica y de la relación del estado dominicano con la iglesia católica, e insistiendo únicamente en la libertad de conciencia y de cultos.

Es más, es preciso puntualizar que la Constitución de 1966, además de insistir en la libertad de conciencia y de cultos (artículo 8, numeral 8), agrega además (artículo 100) la oposición constitucional a toda discriminación que no sea la que resulte de las virtudes y talentos de cada persona; cito: “Artículo 100.- La República condena todo privilegio y toda situación que tienda a quebrantar la igualdad de todos los dominicanos, entre los cuales no deben contar otras diferencias que las que resulten de los talentos o de las virtudes y en consecuencia, ninguna entidad de la República podrá conceder títulos de nobleza ni distinciones hereditarias”.

Finalmente, quiero hacer hincapié en tres artículos de vital importancia para los fines de esta breve reflexión: el artículo 6 que establece la supremacía de la Constitución, el artículo 45 que establece la libertad de conciencia y de cultos, y el artículo 40 numeral 15, que establece el papel de la Constitución en el escrutinio del comportamiento personal y social, cito:

“Artículo 6.- Supremacía de la Constitución. Todas las personas y los órganos que ejercen potestades públicas están sujetos a la Constitución, norma suprema y fundamento del ordenamiento jurídico del Estado. Son nulos de pleno derecho toda ley, decreto, resolución, reglamento o acto contrarios a esta Constitución”.

“Artículo 45.- Libertad de conciencia y de cultos. El Estado garantiza la libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al orden público y respeto a las buenas costumbres”.

“Artículo 40, numeral 15: A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda ni impedírsele lo que la ley no prohíbe. La ley es igual para todos: sólo puede ordenar lo que es justo y útil para la comunidad y no puede prohibir más que lo que le perjudica”.

Consecuentemente, llama la atención el que organizaciones e instituciones políticas y eclesiales que reciben su personería jurídica del estado o mediante un convenio con el estado (a la luz del marco constitucional estatal), y con base a unos requisitos establecidos por el mismo estado (por ejemplo, viéndose obligadas a registrar sus nombres en un instancia del estado, la ONAPI, etc.); y obligadas a tener un comportamiento de acuerdo al marco jurídico vigente, luego pierdan de vista con tanta facilidad, quién está supeditado a quién, en el escenario social.  

En suma, no hay en la República Dominicana religión oficial alguna (ni en su versión católica ni en su versión protestante y evangélica); es y constituye la República Dominicana, a la luz de la Constitución vigente, un estado laico, a pesar de las pretensiones de las comunidades cristianas con presencia en el territorio nacional, muy a pesar de ciertas inconsistencias, ambigüedades y hasta irresponsabilidad en la práctica, de los funcionarios públicos, sin excluir al poder ejecutivo y a los miembros del congreso nacional, y otras instancias; así de sencillo.




¡Hasta la próxima!



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V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

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VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

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XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?            





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2) El Nombre Jehová. ¿Traducción o transliteración?                                   
3) No pronunciarás el nombre de Jehová tu Dios en vano               
4) Una necesaria aclaración a un amigo Testigo de Jehová            
5) Jehová de los ejércitos, un título preocupante    

viernes, 3 de noviembre de 2017

«Jehová», el nombre que nunca tuvo el Dios de Israel




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jueves, 2 de noviembre de 2017

Jesús como el Mesías, algunas observaciones


Un enfoque crítico

Héctor B. Olea C.

La adopción de Jesús como el Mesías esperado por la religión judía, tiene serias implicaciones tanto para el dispensacionalismo como para la teología del pacto (teología reformada), en el marco de la teología y escatología cristianas. Por ejemplo:

Ante el ineludible hecho de que ciertamente con la figura histórica de Jesús no se estableció el reino mesiánico esperado por la religión judía, las opciones son las siguientes:

1) Jesús no fue el Mesías esperado la religión judía (opción adoptada por las distintas expresiones del judaísmo, a excepción de los modernos “judíos mesiánicos).

2) Jesús ciertamente fue el Mesías esperado por la religión judía, pero como la nación hebrea lo no aceptó como tal, el reino davídico y mesiánico fue aplazado hasta una realización futura con la segunda venida de Cristo (opción característica del dispensacionalismo clásico o normativo), pues según el dispensacionalismo,  las profecías del Antiguo Testamento apuntan al Israel físico y étnico, no a la iglesia.

3) Jesús ciertamente fue el Mesías esperado por la religión judía, el reino ciertamente fue establecido por él, sólo que como las profecías del Antiguo Testamento apuntaban más bien hacia la Iglesia (como el Israel espiritual, no al Israel físico y étnico); lo que ha ocurrido es un real y efectivo reemplazo del Israel físico y étnico por la iglesia (postura tradicional de la teología del pacto).

Ahora bien, dadas las implicaciones del adoptar a Jesús como el Mesías esperado por la religión judía a pesar de no verse concretado con él, el reino mesiánico y davídico esperado por la religión judía; se explican los malabares del dispensacionalismo en establecer una distinción (¿obligada?) entre el Israel étnico y la iglesia, por un lado; y los malabares de la teología del pacto, por otro, con su teoría del reemplazo del Israel étnico por la iglesia.  

De todos modos, pienso que la vitalidad, persistencia y subsistencia de la religión judía hoy, favorece en parte la distinción dispensacionalista entre el Israel físico (étnico) y la iglesia; aunque ciertamente no tanto la teoría del aplazamiento del reino.

De todos modos, desde la perspectiva de la religión y esperanzas judías, la respuesta a la teoría del aplazamiento del reino (característica del dispensacionalismo), es sencillamente que Jesús no fue el Mesías que ellos aún esperan y por lo tanto no hubo con Jesús de Nazaret un aplazamiento del reino, más bien con él nunca se estableció el reino davídico esperado por la fe judía.

Por otro lado, la vitalidad, persistencia y subsistencia de la religión judía hoy, al mismo tiempo pone bajo cuestionamiento la teoría del reemplazo característica de la teología del pacto.

Además, desde la perspectiva de la religión y esperanzas judías, la respuesta a la teoría del reemplazo del Israel físico (étnico) por la iglesia (característica de la teología del pacto), es que sencillamente Jesús no fue el Mesías que ellos aún esperan y por lo tanto no hubo con Jesús de Nazaret un reemplazo del Israel étnico por la iglesia; más bien se originó con Jesús (o más bien a partir de él), por un lado, una nueva religión muy distinta a la religión judía; y por el otro, una nueva comunidad de fe muy distinta del pueblo hebreo, llamada la iglesia.    

Me parece pertinente aquí la opinión de Rudolf Bultmann, citado por Juan José Tamayo Acosta («Para comprender la escatología cristiana»), cito: “La tradición sinóptica no deja ningún lugar a dudas de que la vida y obra de Jesús, de acuerdo con las ideas tradicionales, no fueron mesiánicas” (página 153).

Finalmente, respetamos la adhesión total y completa de cualquier persona a uno de estos dos sistemas teológicos (dispensacionalismo y teología del pacto); pero una postura más bíblica y coherente con la historia tanto de la Biblia misma  como de la religión judía y la religión cristiana, nos ha de poner en guardia frente a las más amplias pretensiones de los dos sistemas en cuestión, así como frente a las posturas reduccionistas de los mismos.    



¡Hasta la próxima!


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IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

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VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

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XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?                 


jueves, 26 de octubre de 2017

Creencia y praxis cristiana versus exégesis bíblica


Algunas observaciones prácticas y pertinentes


Héctor B. Olea C.

Ciertamente no tienen que usar los cristianos un texto bíblico para fundamentar cada cosa, hasta el más mínimo detalle de su teología, doctrina y praxis, y de hecho no lo hacen (aunque no lo admitan abiertamente); esto así porque sencillamente no es posible.

Sin embargo, lo que le pedimos a las distintas iglesias cristianas protestantes y evangélicas, es que cuando apelen a un determinado texto bíblico para fundamentar alguna creencia o práctica; que no evadan la responsabilidad de  interpretar dicho texto en su debido contexto histórico y sociocultural, sin manipulación alguna, sin sacarle el cuerpo a lo que en realidad dicen los textos bíblicos en su idioma original, que se sustenten en una acertada y no manipulada traducción del texto bíblico.

Por otro lado, debo decir que uno de los más grandes y radicales errores principalmente de las iglesias hijas de la «Reforma Protestante», es insistir en que supuestamente toda su doctrina es “bíblica”, que cuenta con un fundamento bíblico legítimo verificable.

Es más, en muchísimos casos, la creencia y praxis de muchas iglesias cristianas va en una línea contraria a la que en verdad nos muestran los textos bíblicos, ya como mandato, ya como testigos de una determinada práctica. En tal sentido, y a manera de ilustración, de acuerdo al testimonio del libro de los Hechos, y a la indiscutible evolución del pensamiento teológico y cristológico cristiano; no parece verosímil afirmar que alguna vez el apóstol Pedro bautizó a alguien siguiendo la posterior fórmula trinitaria: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (considérese Hechos 2.38; 8.16; 10.38).

Por supuesto, esta realidad pone bajo sospecha el que el evangelista Mateo (Mateo 28.19) haya puesto en los labios de Jesús el empleo de dicha fórmula cuando en honor a la verdad esta fórmula es posterior a Jesús y al mismo Pedro.

Otro caso muy ilustrativo es que la «Eucaristía» o «Cena del Señor», que en el periodo apostólico se celebrada semanalmente, cada domingo (Hechos 20.7; 1 Corintios 16.2); es celebrada, sin embargo, con una periodicidad muy distinta por la mayoría de las iglesias cristianas protestantes y evangélicas, muy a pesar de no contar siquiera con texto o versículo bíblico que le sirva de fundamento.

Ahora bien, está demás decir que la expresión “todas las veces que” (“cada vez que”, “siempre que”; griego «osákis», adverbio), en 1 Corintios 11.25-26; debe entenderse contextualmente; o sea, en el contexto y marco de la forma habitual en que la iglesia del periodo apostólico celebraba la «Eucaristía» o «Cena del Señor»; no como apuntando a las distintas periodicidades en que las iglesias de hoy han decidido llevar a cabo dicha ceremonia; así de sencillo.     



¡Hasta la próxima!   



¿Afirma 2 Timoteo 3.16 la inspiración de los 66 (o 73) libros de la Biblia, o más bien establece la utilidad y valor de un libro inspirado por Dios?


«Ya está disponible en Amazon, para todo el mundo, mi libro que lleva como título: La Biblia misma no afirma ser «inspirada»Un análisis y comentario crítico, exegético y valiente del texto griego de 2 Timoteo  3.16y otros catorce artículos de mucho interés.

Te desafío a esta interesante lectura y podrás comprobar tu mismo que es lo que realmente dice el texto griego ( el texto fuente usado para la traducción) de 2 Timoteo 3.16.


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I)        «Textos canónicos» versus «manuscritos originales»                     

II)       Estudiar la Biblia con base en «textos traducidos» tiene  sus límites

III)      El valor de la transliteración y sus modalidades                     

IV)     Como la traducción, la transliteración también es contextual 

V)      «La Biblia dice», una expresión bajo sospecha                      

I)        «Biblia devocional» o «Biblia de estudio», ¿cuál es la mejor opción?

VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

VIII)   El papel de la Biblia y el de la comunidad de fe en el proceso de interpretación bíblica y de elaboración teológica

IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?                 

miércoles, 11 de octubre de 2017

De las pretensiones respecto del uso de los adjetivos «católico» y «evangélico»


Emulando a la célebre y admirada Chimoltrufia


Héctor B. Olea C.

¿Es pretenciosa la autodefinición del catolicismo romano de considerarse «la iglesia católica» (la verdadera y única iglesia universal) aun cuando no tenga presencia en todos los confines de la tierra?

¿Es pretenciosa la autodefinición de un sector del cristianismo protestante de considerarse «el pueblo o sector evangélico» (los verdaderos y únicos portadores y representantes de la expresión válida del evangelio? 

Por supuesto que sí. En tal sentido es preciso poner de relieve, respecto del adjetivo «católico», lo siguiente.

La palabra «católico» viene de la palabra griega «katholikós», que significa «universal». El primer testimonio en la literatura cristiana del uso de la palabra «católico», se encuentra en la carta que le dirigió Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna a finales del siglo I de la era común. En dicha carta, Ignacio de
Antioquía usa la expresión «katholiké ekklesía».

Respecto a la interpretación de dicha frase, el teólogo e historiador Ramón Trevijano afirma: “Ha sido interpretada en sentido espacial, como “universal”, por la contraposición que traza el texto entre la iglesia del obispo (la particular) y la iglesia de Cristo (la universal)” (Trevijano, Ramón. (2004). Patrología. España: Biblioteca de Autores Cristianos, página 40).

Consecuentemente, es preciso decir que el significado con que se usa actualmente el término «católico» no se corresponde con su uso temprano y original en la historia de la iglesia y del Cristianismo; esto así pues dicho calificativo se empleó originalmente para describir el carácter universal del cuerpo de Cristo, no para referir a una iglesia en sentido institucional y particular.

Y con relación al adjetivo «evangélico», es preciso decir que:

La palabra «evangélico» está íntimamente ligada a la palabra griega «euanguélion». La palabra griega «euanguélion» (transliterada como «evangelio») históricamente y en el Nuevo Testamento mismo se usa para referir no a un tipo de literatura, sino, en primer lugar, a las buenas nuevas del Reino de Dios proclamadas por Jesús (considérese como ejemplos, Mateo 4.23; 9.35; 24.14; Marcos 1.14). En segundo lugar, para referir tanto a la proclamación como  al contenido de mensaje («kerigma», o «kerúgma») de la primitiva comunidad cristiana que proclamaba la muerte (mediante crucifixión) y resurrección de Jesucristo. Ejemplos de este uso bíblico del término son: Romanos 10.16; 1Corintios 1.17; 9.14; 15.1-4; 2 Corintios 2.12; 4.5).

Será a partir del siglo II cuando la palabra «euanguélion» comience a usarse para  referir a un tipo de literatura específica que trata sobre la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús.

Por lo que hemos dicho, se puede concluir en que el uso de la palabra «euanguélion» para señalar a los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento, y otros de su género que no entraron en el canon, no es bíblico. Este uso es posterior al vocabulario que encontramos en el conjunto de libros que la cristiandad en general ha aceptado como literatura canónica del Nuevo Testamento.

En consecuencia, tenemos que decir que a la luz del Nuevo Testamento mismo y a la luz de la historia temprana del cristianismo, el término «evangélico» no significó  más que “algo” o “alguien” relacionado con el mensaje del evangelio y/o con los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento, y otros de su género que no entraron en el canon.

Consecuentemente, es preciso decir que el sentido confesional y actual de la palabra «evangélico» no se corresponde con su uso temprano en la historia de la Iglesia y del Cristianismo. En verdad y, en un principio la palabra «evangélico» nunca señaló o distinguió a un grupo (ortodoxo) en oposición a otro (heterodoxo o menos ortodoxo) dentro de la misma fe cristiana.

Finalmente, que al menos un sector del «cristianismo católico» se autoproclame la iglesia (como si fuera la única expresión válida y legítima del cristianismo histórico), se equipara con las pretensiones de algunos grupos dentro del «cristianismo protestante y evangélico» cando también se autoproclaman como la verdadera y única expresión válida del evangelio. En suma, cuestionable lo uno, cuestionable lo otro, así de sencillo.




 ¡Hasta la próxima!