lunes, 29 de febrero de 2016

La «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» bajo sospecha Una evaluación crítica pero sensata


Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

La razón de esta serie notas podemos encontrarla en dos comentarios que hice en mi muro respecto de la más acertada traducción de Juan 5.39 y Juan 14.1. En dichos comentarios afirmé que la traducción que leemos de dichos pasajes en la Biblia de los Testigos de Jehová, la llamada «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», es mejor y más acertada que la traducción de los pasajes en cuestión en la versión «Reina Valera de 1960».

Antes semejante afirmación de mi parte, hubo personas que, sin considerar la evidencia que aporté, reaccionaron sugiriendo que la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», no es una Biblia confiable. Lógicamente, yo reaccioné reafirmado la idea de que es preciso y necesario aprender a acercarnos a toda y cualquier versión de la Biblia, absolutamente a toda (incluso la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras») sin prejuicio alguno, ni a favor ni en contra, sin importar de qué sector del cristianismo proceda. Toda y cualquier versión de la Biblia puede ser buena, muy buena, acertada o muy desacertada, y todas están bajo sospecha incluso la serie Reina Valera. Después de todo, una versión de la Biblia es eso, una simple versión; versión que jamás puede adoptarse o equipararse con la Biblia fuente, la que podríamos llamar “Biblia original”.

De todos modos y, a pesar de todo lo afirmado, quise llevar un poco más lejos la discusión y tomé la decisión de invitar a que me sugirieran algunos pasajes bíblicos respecto de los cuáles se entiende que hay en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», una traducción defectuosa o tendenciosa, que muestran cierta manipulación con tal de evitar comunicar el verdadero sentido o mensaje de dichos textos.  
Las reacciones no se hicieron esperar, y los pasajes que me fueron sugeridos, y en el orden en que fueron sugeridos (ocho en total), son: Juan 1.1; Colosenses 2.9; Proverbios 8.22; Romanos 10.13; Juan 1.4; Lucas 23.43; 1 Juan 5.20 y Tito 2.13.

Es, pues, esta nota, la primera de una serie de ocho (una por cada pasaje), que estaré publicando en los próximos días.

Ahora bien, pienso que las personas que gentilmente me suministraron los pasajes que serán objeto de mi análisis en esta serie, deben tener bien claros los objetivos de este trabajo: 1) Verificar si la traducción que muestra la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», de los pasajes seleccionados y representativos, es acertada, a la luz de los textos en su idioma original, en otras palabras, hasta dónde es y no es acertada. 2) Constatar la idoneidad o no, de las tradicionales objeciones que se han levantado a la traducción que se lee de los pasajes escogidos, en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras».  

Finalmente, pienso que nadie debe llamarse a engaño respecto de la naturaleza del enfoque de este trabajo. Esto así, pues no me he propuesto ridiculizar la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»; sino más bien ofrecer un análisis riguroso, serio, y lo más desapasionado y objetivo que me sea posible, sin prejuicio alguno, ni a favor, ni en contra. Mi principal objetivo es hacer resaltar el verdadero sentido de los textos escogidos, y pronunciarme a la vez y, de manera responsable, respecto de la calidad de la traducción que muestra de los mismos la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras».  

Texto bíblico a analizar en esta ocasión, Juan 1.1. Comencemos, pues, nuestra aventura.  

El procedimiento a seguir es el siguiente: 1) Considerar el texto en cuestión en su idioma original, a fin de constatar las reales posibilidades de su traducción. 2) Traer a colación la traducción que ofrece de dicho pasaje, sin manipulación alguna, la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». 3) Citar otras versiones de la Biblia que sirvan de análisis y comparación respecto de la traducción del pasaje en cuestión. 4) Profundización y comentarios adicionales e importantes.   

Primer momento: Consideración del texto griego de Juan 1.1 

Una transliteración fonética de nuestro pasaje es: “en arjé en jo lógos, kái jo lógos en pros ton theón, kái theós en jo lógos”

Traducción literal: “En [el] principio la Palabra existía, y la Palabra estaba con Dios, y Dios era (estaba en) la palabra”

Ahora bien, a pesar de la traducción literal que he hecho, no voy a ignorar que entre los especialistas existe una pequeña discusión específicamente en torno a la expresión “kái lógos en pros ton theón”. La discusión gira en torno a las implicaciones de la preposición “pros”. Me explico. En el griego del Nuevo Testamento, las preposiciones no tienen propiamente un significado denotativo general, sino que más bien, su significado depende del caso en que se encuentre la palabra con la que la preposición se encuentre relacionada sintácticamente. Hay, pues, preposiciones que se usan con un solo caso, pero también las hay (que son la mayoría) que se usan con distintos casos, y una de ellas es precisamente la preposición “pros”. En efecto, tenemos que decir que la preposición “pros” en conexión a una palabra que se encuentre en caso dativo, significaría: “junto a”, “cerca de”, en compañía de”. Pero en conexión a una palabra que se encuentre en caso acusativo, por lo general, denota movimiento de lugar: a, hacia, en dirección de.  

Yendo a Juan 1.1, con esta idea presente, notamos que la palabra que sintácticamente está relacionada con la preposición “pros”, o sea, “ton theón”, no está en caso dativo, sino en caso acusativo. En virtud de esta realidad, Max Zerwick en su obra «Análisis gramatical del Griego del Nuevo Testamento», comentando a Juan 1.1, plantea: “Según parece, «pros», en Juan connota hacia”. Es precisamente esta idea la que explica la traducción que se lee en la «Nueva Biblia Española»: “la palabra se dirigía a Dios”.

Finalmente, sin dejar de reconocer que si en Juan 1.1 la palabra “ton theón” estuviera en caso dativo, nadie estaría discutiendo la muy popular traducción “y la Palabra estaba con Dios”; no es menos cierto que todavía es posible explicar y asumir la referida traducción como legítima. El argumento nos lo ofrece Bruno Corsani en su obra «Guía para el estudio del griego del Nuevo Testamento», cito: “Con los verbos de estado –pros- tiene el significado de junto a” (página 373).

Observaciones importantes en torno a la transliteración y traducción literal que he hecho: 

En primer lugar, en la transliteración fonética que he realizado, pongo en evidencia que la expresión con que inicia el texto en la Reina Valera (“en el principio), así como en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», en el texto griego de Juan 1.1 no tiene el artículo definido “el”. Me explico. En el texto griego de Juan 1.1 lo único que leemos es: “en (preposición) arjé (sustantivo sin artículo)”, traducción: “en un principio”.  Sin embargo, la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, si no es que todas, han traducido como si en el griego se leyera: “en (preposición) te (artículo) arjé” (sustantivo), traducción: “en el principio”.  

Ahora bien, un punto a favor de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» en relación y en contra de la serie «Reina Valera» (y demás versiones castellanas de la Biblia que traducen añadiendo el artículo definido a pesar de que en el texto griego no está), es que en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» el artículo se colocó entre corchetes, en la siguiente manera: “En [el] principio.” De esta forma, se sugiere que dicho elemento en realidad no está presente en el texto griego de Juan.

En segundo lugar, que en la expresión con que termina el texto griego de Juan 1.1, o sea, “kái theós en jo lógos”, la palabra “Dios” (theós) tampoco tiene el artículo definido, a saber, “jo”. Esto significa que en el texto griego, en la parte final de Juan 1.1 no leemos “kái jo (artículo) théos en jo lógos”, sino y más bien: “kái theós en jo lógos”.

¿Consecuencias? Bueno, el hecho de que la palabra “Dios” (theós) no tenga el artículo en el texto griego, es lo que explica que la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» haya optado (en un literalismo insostenible), por traducir en castellano con un artículo indefinido (no necesariamente un numeral), en la siguiente manera: “y la palabra era “un” (artículo indefinido) dios”.

Ahora, antes de pasar a explicar las implicaciones del uso de la palabra “théos” (Dios, dios) sin artículo, quiero hacer una necesaria acotación. Una lectura detenida de Juan 1.1 en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» nos deja ver que dicha versión traduce con “D” mayúscula la palabra “Dios” en la expresión “y la palabra estaba con Dios”, pero con “d” minúscula en la expresión “y la palabra era un dios”.

Por un lado, diré que el empleo de la palabra “Dios” con “D” mayúscula para hacer referencia al Dios de la tradición judeocristiana, y reservar la palabra “dios” con “d” minúscula para hacer referencia a otra deidad (o a una deidad inferior), sencillamente es un invento o estrategia de los traductores bíblicos y de los agentes difusores de la Biblia; estrategia que en verdad no tiene apoyo en los idiomas originales de la misma. Por ejemplo, no es cierto que en los textos griegos de la Biblia (Septuaginta, para el AT, y el NT griego) se emplee la palabra “theós” con la letra “theta” en mayúscula (letra con que inicia la palabra que se traduce Dios, dios en griego) en la forma y sentido en que emplean la “D” mayúscula nuestras traducciones y versiones de la Biblia.  Tampoco en el idioma hebreo del AT se escribe la palabra que por lo general se traduce “Dios” (dios), o sea, “elohím” (leer “elojím”) con una “alep” mayúscula, pues en el conjunto de las consonantes hebreas no existe distinción entre mayúsculas y minúsculas, como sí en el griego y en el castellano.

Ahora bien, el problema está en que si la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» hubiera decidido no someterse a la ya tradicional forma de emplear el nombre “Dios” con “D” mayúscula (opción que habría sido correcta) no habría problema alguno. Pero lamentablemente cuando dicha versión decide traducir “y la palabra estaba con Dios” (con “D” mayúscula), en la primera parte de Juan 1.1, pero luego, en la parte final, “y la palabra era un dios”; dicha distinción supone un cambio de idea importante en la traducción, que no es posible decir que tiene apoyo en el texto griego de Juan o que forme parte del original.

Pasemos ahora a explicar las implicaciones del uso de la palabra “théos” (Dios, dios) sin artículo, como aquí en Juan 1.1.

En el idioma original del Nuevo Testamento, el griego, no existía el articulo indefinido (tampoco en el griego moderno, ni en el hebreo bíblico y moderno), sino solamente el articulo definido. En consecuencia, la ausencia del articulo definido en una palabra, la hacía indefinida de manera automática. A partir de esta realidad varias explicaciones se han dado respecto del uso de la palabra “theós” sin artículo, pero la más plausible quizás sea la que ofrecen H. E. Dana y Julius R. Mantey en su obra «Gramática Griega del Nuevo Testamento», segunda edición, publicada por la Casa Bautista de Publicaciones, pagina 135, cito: “El uso de “theós con el articulo y sin artículo es altamente instructivo. Un estudio de los usos del término tal como se dan en la Concordancia de Moulton y Geden, lo convence a uno de que sin el artículo “theós” significa esencia divina, mientras que con el artículo se tiene en vista principalmente personalidad divina… El uso de “theós” en Juan 1.1  es un buen ejemplo: “pros ton (artículo) theón” (estaba con Dios) señala al compañerismo de Cristo con la persona del Padre; “theos (sin artículo) en jo lógos” (era Dios) recalca la participación de Cristo en la esencia de la naturaleza divina. Lo primero claramente se aplica a la personalidad, mientras que lo último se aplica al carácter. Esta distinción esta en línea con la fuerza general del artículo”.

Asumiendo, pues, la explicación de Dana y Mantey, una traducción de Juan 1.1 en esa línea, sería: “En [el] principio (para el principio) la palabra existía), y la palabra estaba con Dios y la palabra era de la misma esencia de Dios”.

Ahora bien, a pesar de la explicación que nos ofrecen Dana y Mantey, pienso que debemos estar abiertos a la posibilidad de que el pensamiento del autor del evangelio de Juan vaya en otra dirección. Me explico. Si bien es cierto que la palabra “theós” no está acompañada del artículo definido (“jo”), no es menos cierto que la estructura gramatical de la parte final de Juan 1.1 es ambigua. En tal sentido pienso que sería ideal, con tal de mantener la consistencia exegética, que la afrontemos con responsabilidad y sin darle mucha vuelta al asunto.

La parte final de Juan 1.1 es “kái theós en jo lógos”. Pero en el intento de darme a entender lo mejor posible, cito de nuevo la transliteración fonética de la parte final de nuestro pasaje en cuestión; pero ahora explicitando gramaticalmente los elementos que la componen, cito: “kái (conjunción “y”) theós (sustantivo “Dios, dios”) en (verbo ser o estar) jo (artículo definido) lógos (sustantivo “palabra”).”   

Como se ve ahora, no hay adjetivo en la frase que constituye la parte final de Juan 1.1. Este hecho complica las cosas, pues si Juan hubiese utilizado un adjetivo al principio o al final de dicha frase, no tuviéramos las dificultades que enfrentamos a la hora de traducir e interpretar de la mejor manera posible la frase en cuestión. En consecuencia y, asumiendo con responsabilidad y sin rodeos la ambigüedad mencionada, es preciso admitir que existen dos posibles traducciones: 1) la primera, la que asume a “theós” como sujeto, y el resto como el predicado (un predicado nominal), a saber: “Y Dios era (estaba en) la palabra”. 2) la segunda traducción probable es la que asume a “jo lógos” como el sujeto y el resto como predicado (igualmente un predicado nominal), cito: “Y la palabra era Dios”.

Ahora bien, ¿cuál de estas dos sería la traducción más acertada? ¿Cuál de las dos ideas sería la que real y efectivamente estaba en la mente del autor del evangelio de Juan? ¿Cuál de las dos sería la más probable, a la luz del NT mismo y el propio evangelio de Juan, a pesar de que tradicionalmente las versiones de la Biblia han preferido la segunda?

¿Es posible encontrar algunos ejemplos en el Nuevo Testamento mismo del uso de la palabra “theós” sin el artículo definido, pero siendo a la vez sujeto de la oración? Respuesta: A pesar de que por lo general en el NT la palabra “theós” aparece acompañada del artículo definido, es imposible negar que también tenemos ejemplos claros de lo contrario. Consideremos los siguientes:

En Marcos 12.27 leemos “Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos”

En el griego, Marcos 12.27 se lee: “uk éstin theós (sin artículo) nekrón alá zonton””

Lucas 20.38 “Porque Dios no es Dios de muertos”

En el griego, la expresión de Lucas es: “theós (sin artículo) de uk éstin nekrón”

2 Corintios 1.21 “y el que nos ungió, es Dios”

En el griego, la expresión de 2 Corintios 1.21 es: “kái jrisas jemás theós (sin artículo)”

2 Corintios 5.19 “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”

El texto griego que está detrás de 2 Corintios 5.19 es: “theós (sin artículo) en en Jristó kósmon cataláson jeautó”

Conclusión: estos ejemplos ponen de manifiesto que en el Nuevo Testamento mismo, encontramos la palabra “theós” (Dios, dios) sin el artículo definido, y siendo a la vez el sujeto de la oración gramatical. Entonces, ¿por qué no podría serlo aquí en la parte final de Juan 1.1? ¿Existe algún elemento gramatical que impida asumir a “theós” como sujeto en la parte final de Juan 1.1? 

Respuesta: Gramaticalmente hablando, no hay nada en Juan 1.1, que obligue a escoger como lectura y traducción correcta o mejor (o única) , aquella donde el sujeto es “lógos” (la palabra) y no “théos” (Dios). Quizás la mejor opción sería que las versiones de la Biblia incluyeran una nota al pie de página que le advierta a la persona lectora de la dificultad que hay en este pasaje respecto de su traducción e interpretación. Obviamente, la lectura y traducción que asume a “lógos” como sujeto, es la más conveniente para las tradicionales teologías cristianas, y por eso es la preferida por la mayoría (si no es que todas) las versiones de la Biblia. Más adelante profundizaré un poco más sobre este aspecto.  

Segundo momento: cita de textual de la traducción de Juan 1.1 que leemos en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Esta es: “En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios”.

Tercer momento: Ejemplos de otras versiones de la Biblia distintas a la Reina Valera de 1960 que manifiestan una buena traducción de Juan 1.1.

Versión popular Dios Habla Hoy: “En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios”

La Biblia de Jerusalén: “En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”

La Biblia de las Américas: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”

La Nueva Biblia Española: “Al principio ya existía la Palabra, la Palabra se dirigía a Dios y la Palabra era Dios”

Cuarto momento: Profundización y comentarios adicionales, importantes y conclusivos 

Para este cuarto momento, voy a dividir a Juan 1.1 en tres partes bien diferenciadas, verificando al mismo tiempo cuál es mejor traducción por sección, si la «Reina Valera 1960» (y las versiones que la siguen y traducen de forma similar), o si la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras».

Primera sección: “En [el] principio la Palabra era” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»); “En el principio era el verbo” («Reina Valera 1960»)
 Segunda sección: “y la palabra estaba con Dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»). “Y el verbo era con Dios” («Reina Valera 1960»)

Tercera sección: “y la palabra era un dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»), “Y la palabra era Dios” («Reina Valera 1960»).

Comparación y evaluación de la primera sección: “En [el] principio la Palabra era” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»); “En el principio era el verbo” («Reina Valera 1960») 

1) ¿Qué relación tiene Juan 1.1 con Génesis 1.1? La expresión “En el principio”.

En su comentario al evangelio de Juan, Raymond E. Brown reconoce la dependencia literaria y conceptual de Génesis 1.1 el autor de Juan 1.1; y afirma que Juan 1.1 refleja una manera de entenderse a Génesis 1.1 muy difundida en la época del Nuevo Testamento; no obstante, también sugiere que la palabra “principio” no tiene que interpretarse en el sentido original con la usó el autor del Génesis. Ahora bien, a pesar de lo dicho por Brown, consideremos los siguientes factores.

La expresión que se traduce “en el principio” en Génesis 1.1 es “bereshit” (expresión que en el texto hebreo en realidad no tiene el artículo definido).

Por otro lado, la expresión hebrea “bereshit” después de Génesis 1.1, jamás vuelve a encontrarse en todo el texto hebreo con ese mismo sentido. Ciertamente después de Génesis 1.1, la expresión “bereshit” se la encuentra en el texto hebreo del AT sólo en cuatro ocasiones y específicamente en un solo y específico libro, en el libro del profeta Jeremías. Los pasajes  aludidos son: Jeremías 26.1 (En el principio del reinado de Joacim); 27.1 (En el principio del reinado de Joacim); 28.1 (en el principio del reinado de Sedequías); y 49.34 (en el principio del reinado de Sedequías). Ahora bien, llama la atención que la Septuaginta (la versión griega del AT) no haya empleado en estos pasajes de Jeremías la expresión griega que sí usó para “bereshit” en Génesis 1.1, o sea, “en arjé”. Por otro lado, la Septuaginta sí empleó la expresión “en arjé” en textos similares a los de Jeremías, pero donde el texto hebreo no aparece “bereshit”, como por ejemplo, 2 Samuel 17.9; 21.9-10; 1 Reyes 21.9, 12, entre otros.

En resumen, Génesis 1.1 emplea una expresión (bereshit), en referencia a la creación, que no se vuelve a utilizar en todo el texto hebreo, para ese mismo contexto. Cuando, por ejemplo, en Proverbios 8.22 y 23, se hace referencia a la creación, en el versículo 22 el texto hebreo sólo emplea la expresión “reshit” (es decir, sin la partícula o preposición “be” como sí en Génesis 1.1). En relación a Proverbios 8.23, el texto hebreo emplea la palabra “roosh” (cabeza, principio). Ahora bien, respecto de estos dos pasajes, la Septuaginta empleó la misma expresión que usó en Génesis 1.1, o sea “en arjé”, sólo en Proverbios 8.23. En conclusión, podemos afirmar que, sin lugar a dudas, en la Septuaginta (la versión griega del AT) la expresión “en arjé” (sin artículo) es característica al hacer referencia a la creación, y que en ese mismo sentido se la emplea en Juan 1.1-4. Por otro lado, es innegable que Juan 1.1 plantea que para cuando tuvo lugar el principio, la Palabra (lógos) ya existía. 

2) ¿Cuál es mejor traducción, “en el principio” («Reina Valera 1960») o “En [el] principio” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»)?

En primer lugar, la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», es mejor que en la Reina Valera 1960 (así como todas las versiones que traducen en la misma línea que esta, añadiendo el artículo definido a la expresión “en arjé”); esto así pues coloca entre corchetes el artículo “él” en la expresión con que inicia Juan 1.1.

Atendiendo al hecho de que la expresión hebrea de Génesis 1.1, “bereshit” (en un principio) en realidad no tiene el artículo definido, a la luz de la expresión empleada por la Septuaginta al traducir la hebrea “bereshit” también sin artículo, y en virtud de que el texto griego de Juan 1.1 tampoco tiene el artículo definido; pienso que al margen de algunas conjeturas, la traducción más correcta es “En [el] principio” en conformidad a la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Favorezco esta traducción y no la que nos ofrece la versión «Reina Valera 1960», por dos razones: La primera, porque al colocar entre corchetes el artículo definido (el), le hace justicia a la ausencia de dicho artículo en el texto griego de Juan 1.1. La segunda, porque en el caso de asumir que la expresión “en arjé” (no “en te arjé), hace referencia a un evento único, particular e irrepetible, es sensible a esa sospecha y en consecuencia, sintiendo la necesidad de su inclusión, lo agrega, no sin dejar de entre ver que el autor del texto no lo empleó.

3) ¿«Verbo» o «Palabra», cuál es la traducción más acertada, cuál es la mejor traducción?

En este aspecto como en el anterior, el balance está a favor de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» y en contra de la «Reina Valera 1960». La razón esencial es que la palabra griega “lógos” significa “palabra”, y nunca “verbo”. Ahora bien, ante el parecido entre la traducción de la «Reina Valera 1960» y otras, con la traducción de la Vulgata Latina, cito: “In pincipio erat Verbum et Berbum erat apud Deum et Deus erat Verbum”, hay que advertir lo siguiente: Que la palabra latina “verbum” no significa “verbo”, sino estrictamente “palabra” (si bien “verbo” etimológica y morfológicamente deriva de “verbum”), siendo así una perfecta  traducción de la griega “lógos”. En conclusión: “Palabra” es mejor traducción que “Verbo”. En consecuencia, en este aspecto la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» es mejor que la «Reina Valera 1960».  

Comparación y evaluación de la segunda sección: “y la palabra estaba con Dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»). “Y el verbo era con Dios” («Reina Valera 1960»)

Como ya nos pronunciamos respecto de la traducción “verbo”, en este punto nuestro análisis se concentrará más bien en las formas verbales “era” («Reina Valera 1960» y “estaba” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»).

Lo primero que hay que tener en cuenta es que ambas formas verbales son correctas traducciones de la forma verbal griega “en”, que corresponde al tiempo imperfecto del verbo “eimí” (ser o estar). En consecuencia, como evaluación, a pesar de lo dicho, es preciso concluir que en este punto, el balance vuelve a estar a favor de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» y en contra de la «Reina Valera 1960». La razón principal es que, si bien las ideas de “ser” y “estar” se entienden como parte de un mismo verbo (ser y estar), es el contexto el que nos ayuda a entender cuándo la idea señalada es la de “ser” y cuando es la de “estar”. En todo caso, respecto de Juan 1.1, el contexto demanda que se traduzca con la idea de “estar” y no de “ser”. Si en la cláusula anterior se establece que “la palabra existía”, esta cláusula destaca el compañerismo de la “Palabra” con Dios: “Estaba con Dios”.

Evaluación: la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» es igual y de la misma buena calidad que la «Reina Valera 1960» (así como todas las versiones que traducen en la misma línea que ésta) en la parte media de Juan 1.1, a saber: “y la Palabra estaba con Dios.

Comparación y evaluación de la tercera sección: “Y la palabra era un dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»), “Y la palabra era Dios” («Reina Valera 1960»).

Es, pues, esta sección la parte problemática que exhibe la traducción que hace de Juan 1.1 la envuelve la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Sin embargo, antes de ir un poco más lejos, es preciso admitir que en cuanto a asumir a “lógos” y no a “theós” como sujeto, es similar  y va en la misma línea de la traducción que leemos en versión «Reina Valera 1960» y otras.  

Por otro lado, la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» manifiesta en su traducción, en la parte final del pasaje en cuestión, un literalismo insostenible. Me explico. La base sobre la que se apoya la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» para traducir “Y la Palabra era un dios”, consiste en la real y efectiva ausencia del artículo definido ante la palabra “theós” (Dios, dios). Ahora bien, siguiendo, por un lado, la explicación de De Dana y Mantey respecto del posible sentido de la palabra “theós” sin artículo (para señalar “esencia divina”; y por otro lado, el hecho de que no hay nada que gramaticalmente obligue a entender que sólo “lógos” puede entenderse como el sujeto y nunca “theós”; tenemos que admitir que la traducción “y la Palabra era un dios” resulta cuestionable y no necesariamente por razones teológicas.

Evaluación: La traducción “y la Palabra era un dios” es gramaticalmente comprensible, pero cuestionable. Si la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» hubiese asumido a  “theós” como sujeto, en vez de “lógos” (que es muy probablemente el sentido que pudo tener el autor de Juan 1,1 en griego, pues ese es el orden en que escribió); la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» hubiese podido traducir muy bien “Y Dios era (estaba en) la palabra”. Finalmente, con base en todos los elementos de juicios mencionados, es posible concluir que la traducción “Y la Palabra era un dios”, no obedece tanto a un problema teológico, sino más bien a un problema gramatical. Es más, no es cierto que habría que ser un «Testigo de Jehová» (o identificarse con su conjunto de doctrinas) para traducir en una línea distinta a la serie «Reina Valera».

Dos traducciones definitivas del Juan 1.1, según la sintaxis castellana:

Primera y posiblemente más probable y mejor traducción  porque se ajusta al orden en que el autor del cuarto evangelio escribió la parte final y decisiva de Juan 1.1 en el griego):

“La palabra existía para [el] principio, la palabra estaba con Dios, y Dios era (estaba en) la palabra”

Argumentos teológicos derivados de esta traducción:

1) La palabra comenzó a existir en algún momento antes del principio.

2) Para el principio (para cuando tuvo lugar el principio), la palabra coexistía al lado de Dios.

3) Dios se manifestaba por medio de la palabra.

Segunda probable traducción: “La palabra existía para [el] principio, la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios”

Argumentos teológicos derivados de esta traducción:

1) La palabra comenzó a existir en algún momento antes del principio.

2) Para el principio (para cuando tuvo lugar el principio), la palabra coexistía al lado de Dios.

3) La palabra era de la misma naturaleza de Dios.

Ahora, para mostrar cómo una lectura, traducción e interpretación de Juan 1.1 que no esté comprometida con las afirmaciones del Credo de Nicea, puede ser distinta, sin que esto implique el apropiarse del conjunto de doctrinas de los Testigos de Jehová; traigo a colación dos traducciones de Juan 1.1 procedentes de los movimientos judíos mesiánicos:

1) “Desde un principio era dabar de Elohim y aquél dabar estaba siempre ante Elohim y el dabar que ya existía era la expresión misma de Elohim” (El Código real, el NT, versión hebraica)

2) “En el principio era la Palabra, y la Palabra era con Elohim. Y la Palabra era Elohim” (traducción de Diego Ascunce).

Notas adicionales:

1) Juan 1.1 versus el Credo de Nicea (325 de nuestra era común)

¿Permite hablar Juan 1.1 de la Trinidad en los términos del Credo de Nicea? ¿Qué tanto hemos empujado los textos del Nuevo Testamento para hacerlos concordar con las conclusiones teológicas a las que se llegaron en el Concilio de Nicea? ¿Qué tan conscientes estamos de que nuestra lectura de Juan 1.1 y de la Biblia en general está marcada, matizada y determinada por una serie de resúmenes, acuerdos y consensos teológicos muy posteriores? 

Consideremos la forma en que el Credo de Nicea (325 de nuestra era) se expresa respecto de Jesucristo:

“Creemos en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
Nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de luz,
Luz de luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
Engendrado, no creado,
De la misma naturaleza que el Padre”

Observemos cómo el Credo de Atanasio (alrededor del 451 de nuestra era) va todavía un poco más lejos:

“Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, sostener la fe católica: quien no la guardare íntegra y pura perecerá, sin duda, para siempre. He aquí la fe católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas, sin dividir la sustancia: una es, en efecto, la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una misma divinidad, una gloria igual y una misma eterna majestad. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal es el Espíritu Santo; increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso es el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo, eterno es el Padre, eterno es el Hijo, eterno es el Espíritu Santo, y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, ni tampoco tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso”

Lo que sí afirma y no afirma Juan 1.1 en relación al Credo de Nicea

Juan 1.1 no habla de la eternidad del “lógos” (la Palabra); habla más bien de que para el principio ya existía. En verdad Juan no afirma nada respecto al tiempo anterior al principio. Son pertinentes aquí las palabras de Raymond E. Brown: No cabe especulación alguna de cómo accedió al existir la Palabra; la Palabra simplemente existía (simplemente se afirma que existía).” 

Por otro lado, el mismo Raymond E. Brown plantea: Admitimos, a pesar de todo, que entre «la palabra era Dios» del prólogo de Juan y la posterior confesión de la iglesia reconociendo a Jesucristo como «Dios verdadera de Dios verdadero» media una fuerte evolución en términos de pensamiento filosófico y una problemática distinta” («El evangelio de Juan», tomo I, páginas 194 y 196).

Finalmente, es obvio que las históricas confesiones de la iglesia no pudieron salir airosas de todas las interrogantes que se le plantearon o se plantearon; tampoco pudieron responder a muchas de ellas con la suficiente propiedad. Por ejemplo, a pesar de evitar emplear para Jesús los términos de “creado” y “producido”, se vieron obligadas a emplear y retener la palabra “engendrado”. 

2) La teología de Pablo versus el Credo de Nicea
¿Tenía Pablo un pensamiento que se correspondiera por lo menos en una gran parte con las afirmaciones y confesiones cristológicas del Credo de Nicea?
 Respecto de Pablo, podemos decir que las evidencias que recibimos tanto de sus escritos, como de los de su escuela, es que su pensamiento en términos cristológicos se muestra un tanto complicado, confuso, y flexible.  

Por un lado, el pensamiento de Pablo parece no estar muy lejos del la Confesión de Nicea; consideremos la siguiente evidencia:

“De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9.5)

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2.5-7)

Por otro lado, el pensamiento teológico de Pablo parece tomar cierta distancia respecto del Credo de Nicea. Observemos:

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4.4)

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2.5)

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15.57)

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6.4)

“Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4.6)

Finalmente, un estudio detenido de las palabras “Padre”, “Dios” y “mediador”, en los escritos de la tradición paulina, pone en evidencia que Pablo está muy lejos de hablar en los términos del Credo de Nicea. Es más, para Pablo, sólo uno es nuestro Padre celestial y, por cierto, ese único y sólo Padre celestial, es también Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por otro lado, para Pablo solo uno es Dios, y ese único Dios, además de ser nuestro Dios, también es el Dios de nuestro Señor Jesucristo. Consideremos los siguientes textos bíblicos:

Romanos 1.7 “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”

Romanos 6.4 “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”

Romanos 15.6 “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Gálatas 1.3-5 “Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, 4el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”

1 Corintios 1.3 “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

1 Corintios 8.6 “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él”

Efesios 1.3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”

Efesios 1.17 “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él”

Filipenses 2.11 “Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”

Considérense además: 2 Corintios 1.3; 11.31; Efesios 3.14; Filipenses 4.20; Colosenses 1.3; 1 Tesalonicenses 1.3; 3.11; 2 Tesalonicense 1.12.

Pero además, a pesar de que las principales confesiones cristianas tratan de evitar a todo costo cualquier idea de subordinación entre las personas de la trinidad; para Juan y Pablo esto no parece ser un problema, quizás y, precisamente, porque su postura no era exactamente la del Credo de Nicea o la del Credo de Atanasio. Consideremos los siguientes textos bíblicos:

“Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, 4el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Gálatas 1.3-5)

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4.4)

“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 25Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15.24-28)

“El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5.23).

“…Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4.34).

“Porque el que me envió, conmigo esta; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8.29).

“…Yo no tengo demonios, antes honro a mi Padre; y ustedes me deshonran” (Juan 8.49). 

¿“Al que el Padre santifico y envío al mundo ustedes le dicen: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? (Juan 10.36). 

“…Mi Padre…. es mayor que todos” (Juan 10.29).

“…Porque el Padre es mayor que yo” (Juan 14.28).

Aun su muerte en la cruz, es  presentada por nuestro Señor como la copa dada por el Padre: “mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? (Juan 18.11).

“Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, el me dio mandamiento de lo que he de decir, y lo que he de hablar” (Juan 12.49).

“Porque como el Padre tiene vida en si mismo, así también ha dado al Hijo tener el tener vida en si mismo” (Juan 5.26; compárese Romanos 6.4).
 Además, es preciso tener en cuenta que respecto de la creación, si bien esta puede ser concebida como una obra del Dios trino, según la nomenclatura cristiana, y de acuerdo a las tradicionales teologías sistemáticas cristianas; a pesar de eso, la Biblia le reconoce un papel al Padre que no se lo reconoce al Hijo, ni al Espíritu Santo.

De todos modos, quiero insistir en que tenemos que reconocer que en la Biblia la mayoría de los pasajes que hablan de la creación hacen referencia principalmente a Dios el Padre, por ejemplo: Génesis 1 y 2; Isaías 44.21, 24; 45.11, 12; Salmo 102.25, 26. Un caso ejemplar es el de Hechos 17, donde Pablo, en su visita a Atenas, aunque promueve al Cristo resucitado, lo presenta como el resucitado por el Dios que hizo los cielos y la tierra, y que también hizo al género humano.

Por otro lado, si bien es muy claro el uso instrumental de «la palabra» y «el aliento» divino en el mismo Antiguo Testamento, no es menos cierto que el pensamiento hebreo nunca ha visto en este uso fundamento alguno para personalizar y divinizar ambos conceptos. Precisamente mediante la personalización y la divinización de «la palabra» y «el aliento» divino es como el pensamiento cristiano ha llegado a hablar de la trinidad, ya sea en el sentido ontológico como en el sentido modalista.

En resumen, no hay formar alguna, según el pensamiento hebreo, de llegar a la idea de la trinidad característica del pensamiento cristianismo. El pensamiento hebreo no oculta el uso instrumental de «la palabra» y «el aliento» divino en el Antiguo Testamento hebreo respecto de la creación; no obstante, no considera que este uso proporcione bases adecuadas para justificar el hablar de Dios en una forma trinitaria (de manera ontológica ni modalista).

Conclusiones y, a manera de resumen:

1) La traducción “En [el] principio” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»), es mejor traducción que “en el principio” («Reina Valera 1960»).

2) La traducción “Palabra” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»), es mejor traducción que “Verbo” («Reina Valera 1960»).

3) La traducción “y la palabra estaba con Dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»), es mejor traducción que “Y el verbo era con Dios” («Reina Valera 1960»).

4) La traducción “Y la palabra era Dios” («Reina Valera 1960»), es mejor traducción que “Y la palabra era un dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»).
 5) La traducción “y la Palabra era un dios” resulta cuestionable y no necesariamente por razones teológicas.

6) A pesar de que ya dije que la traducción “Y la palabra era Dios” («Reina Valera 1960»), es mejor traducción que “Y la palabra era un dios” («Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»); no obstante, es preciso admitir que ambas en un sentido son similares y van en la misma dirección, puesto que ambas asumen a “lógos” y no a “theós” como el sujeto de la oración.

7) Gramaticalmente hablando, no hay nada en Juan 1.1, que obligue a escoger como lectura y traducción correcta o mejor, aquella donde el sujeto es “lógos” (“Y la Palabra era Dios”) y no “théos” (“Dios era-estaba en- la Palabra”).

8) Muy probablemente la lectura y traducción “Y Dios era (estaba en) la palabra” esté más acorde con el pensamiento del autor del evangelio de Juan.

9) La lectura y traducción que asume a “lógos” como sujeto (“Y la palabra era Dios”), es la más conveniente para las tradicionales teologías cristianas, y por eso es la preferida por la mayoría (si no es que todas) las versiones de la Biblia.

10) Así como la traducción “Y la Palabra era un dios” en Juan 1.1, en la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras», ha abierto la sospecha de ser el resultado de una posible manipulación del texto griego por parte de los «Testigos de Jehová», y como una proyección de su particular cristología; de la misma manera, la insistencia en la traducción “Y el Verbo era Dios” en la «Reina Valera 1960», a pesar de no ser necesariamente la mejor o única traducción posible; debe también originar la sospecha de que probablemente sea el resultado de una manipulación por parte de los sectores del cristianismo trinitario (trinidad ontológica) con tal de hallar allí un fundamento textual vital e importante para su peculiar cristología y, por supuesto, como una proyección de la misma.     

11) Entre la declaración de Juan 1.1 (asumiendo la lectura y traducción “Y la Palabra era Dios), y la declaración eclesial (Nicea) de Jesucristo como «Dios verdadero de Dios verdadero», media una fuerte evolución en términos de pensamiento filosófico y teológico.

12) Es preciso evitar el proyectar en Juan 1.1 (y en la Biblia en general) conclusiones, declaraciones y confesiones filosóficas y teológicas que sólo muy posteriormente vinieron a marcar y orientar la ortodoxia cristiana, por lo menos en una gran parte del cristianismo histórico. 

13) Las históricas confesiones de la iglesia no pudieron salir airosas de todas las interrogantes que se le plantearon o se plantearon; tampoco pudieron responder a muchas de estas con la suficiente propiedad. Por ejemplo, a pesar de evitar emplear para Jesús los términos de “creado” y “producido”, se vieron obligadas a emplear y retener la palabra “engendrado”. 

14) Por un lado, el pensamiento de Pablo parece no estar muy lejos del la Confesión de Nicea; pero por otro, Pablo parece tomar cierta distancia. 

15) A pesar de que las principales confesiones cristianas tratan de evitar a todo costo cualquier idea de subordinación entre las personas de la trinidad; para Juan y Pablo esto no parece ser un problema; quizás y, precisamente, porque su postura no era exactamente la del Credo de Nicea o la del Credo de Atanasio.

16) Dos traducciones definitivas de Juan 1.1:

a) La primera y posiblemente más probable y mejor traducción, porque se ajusta al orden en que el autor del cuarto evangelio escribió en griego la parte final y decisiva de Juan 1.1, es:

“La palabra existía para [el] principio, la palabra estaba con Dios, y Dios era (estaba en) la palabra”

b) La segunda probable traducción es: “La palabra existía para [el] principio, la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios”

17) La lectura, interpretación, apelación y aplicación de la Biblia no son procesos inocentes y desinteresados; la difusión de la Biblia tampoco.

18)  La «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» tiene el derecho de ser leída sin prejuicio alguno, ni a favor ni en contra. Si bien es comprensible la sospecha de que dicha versión en algún momento haya sido manipulada con tal de proporcionar algunos fundamentos textuales a la particular teología del grupo que le da origen; no es menos cierto que la misma sospecha, en los mismos niveles y grados, debe tenerse respecto del resto de las versiones de la Biblia, en relación a los sectores o grupos que les han dado origen.

19) Tenemos que aprender a acercarnos a toda y cualquier versión de la Biblia sin prejuicio alguno, ni a favor ni en contra, sin importar el sector que le dé origen. Todas las versiones de la Biblia pueden ser buenas, muy buenas, acertadas o muy desacertadas, y en este sentido, todas están bajo sospecha. Después de todo, una versión de la Biblia es eso, una simple versión; versión que jamás puede adoptarse como, que no debe equipararse a «la Biblia fuente», «la “Biblia original».

20) La calidad y fidelidad textual de una determinada traducción o versión de la Biblia es un asunto a demostrarse y fijarse caso por caso; es algo que no debe sustentarse en alguna afirmación general con base en los prejuicios que tengamos respecto de ella, a favor o en contra. Es posible que en la traducción de un determinado pasaje, una determinada versión de la Biblia sea la mejor; pero también es muy posible que en relación a la traducción de otro pasaje, esa misma versión sea la menos acertada. Lógicamente, también cabe la posibilidad de que en la traducción de otro pasaje, esa misma versión simplemente sea tan acertada o desacertada como otras o las otras.

21) No es admisible ni justificable que se pretenda descalificar una versión o traducción de la Biblia, a priori, simplemente con base en las diferencias teológicas que tengamos respecto del grupo que le da origen.

22) Toda traducción o versión de la Biblia es inocente, hasta que se pruebe lo contrario y viceversa. Es que no es lo mismo el levantar una acusación, que el fundamentar y demostrar la validez de la misma.  


¡Hasta la próxima!


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