domingo, 10 de julio de 2016

La Biblia y las relaciones sexuales prematrimoniales



Una investigación bíblica crítica, no un artículo de ética cristiana


Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

De entrada me es preciso advertir que el objetivo de este trabajo no consiste sino en poner de relieve, hasta donde nos sea posible, el verdadero punto de vista de la tradición bíblica, Tanaj y NT, sobre las relaciones sexuales prematrimoniales; esto así, al margen de si concuerda o no con la tradicional perspectiva de la teología y ética judía, y la teología y ética cristiana.

Por otro lado, dada la naturaleza de este trabajo, no voy a apelar a argumentos  sicológicos, sociológicos, teológicos, moralistas, estadísticos, etc., para aprobar o condenar las relaciones sexuales prematrimoniales; sencillamente me voy a limitar a exponer lo que en realidad dice o no dice la tradición bíblica de dichas relaciones, sin emitir juicio valorativo alguno.

Sentadas las bases y los objetivos de este trabajo; manos, pues, a la obra.

La enseñanza del Tanaj (el AT según los cristianos)

Una verdad incontestable es que el tema de las relaciones sexuales prematrimoniales no es un asunto sobre el  cual se pronunció escritor alguno del Tanaj, ni siquiera en las secciones del llamado «Código de santidad» del Levítico (17-26).


Una manera de apreciar este silencio del Tanaj respecto de nuestro asunto en cuestión, se hace notorio cuando consideramos los argumentos principalmente del judaísmo rabínico ortodoxo para condenar las relaciones sexuales prematrimoniales.

Traigo a colación, como expresión del pensamiento judío ortodoxo respecto de las relaciones sexuales prematrimoniales, la opinión publicada en el sitio web: http://serjudio.com/rap1751_1800/rap1790.htm

Cito: “Veamos de donde surge el impedimento legal para las relaciones sexuales premaritales.

En la Torá hay una estricta regla que prohíbe todo contacto sexual con una mujer en estado de «nidá» (mujer que ha menstruado y aún no se ha sumergido en la «mikvá» -piscina ritual- para retornar a su estado espiritual ideal). Por su parte, existe un decreto rabínico que indica que la inmersión ritual está permitida exclusivamente para mujeres casadas. Por lo cual, la mujer que no está casada no debe mantener relaciones sexuales, pues se halla en estado de continua «nidá».


El hombre que intimara sexualmente con ella, estaría pecando grandemente. No por el hecho de las relaciones sexuales en sí, sino por el estado de «nidá» de la mujer.

Otro aspecto se extrae de este mandamiento: "No profanarás a tu hija, haciendo que ella se prostituya" (Vaikrá / Levítico 19:29). Que lo vinculamos con: "No habrá prostituta entre las hijas de Israel, ni prostituto entre los hijos de Israel" (Devarím / Deuteronomio 23:18).

Para que la vida licenciosa y promiscua no derive en prostitución, es mejor apartarse de lo inmoral, que en este caso serían las relaciones sexuales prematrimoniales, para precaverse de no infringir la normativa de la Torá”.

En síntesis, el único camino moralmente aceptable para mantener relaciones sexuales, es bajo el amparo del matrimonio.” Fin de la cita.

Ahora bien, mi reacción a estos argumentos, va en la siguiente línea:

En primer lugar, en términos estrictamente bíblicos, hay que admitir que la palabra «nidáh» la encontramos en el Tanaj, específicamente en el Levítico 18.19 y 20.18.

“Y no llegarás a la mujer para descubrir su desnudez mientras esté en su impureza menstrual” (Levítico 18.19)

“Cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo” (Levítico 20.18)

También encontramos la palabra «nidáh» en los siguientes pasajes bíblicos, siempre haciendo referencia al estado de impureza ceremonial de la mujer por motivo de flujo de sangre: Levítico 12.2, 5; 15.19, 25, 26; Ezequiel 18.6; 22.10; 36.17.


Como se puede observar con claridad meridiana, la palabra hebrea «nidáh» no apunta en el Tanaj mismo a las relaciones sexuales prematrimoniales en modo alguno. En consecuencia, se ve forzada la reflexión teológica y ética judía, a buscar un recurso adicional para poder darle algún sustento a su prohibición y condena de las relaciones sexuales prematrimoniales.

Pues bien, el recurso empleado consiste en restringir a la mujer casada el derecho al acceso a la “«mikvá», la piscina del lavamiento y purificación ritual, por medio del cual la mujer es restaurada a la situación de pureza ritual y espiritual ideal. En consecuencia, queda la mujer soltera, por esta prescripción y ordenanza rabínica (no del Tanaj), en un estado de continua impureza, la cual es la razón fundamental para prohibirle al varón el tener relaciones sexuales con ella, o sea, las relaciones sexuales fuera del matrimonio” (fuente citada).

La segunda parte del argumento de la teología rabínica, relaciona de manera arbitraria las relaciones sexuales prematrimoniales con la prostitución. De todos modos, es evidente que Levítico 19.29 y Deuteronomio 23.18 tampoco apuntan directa ni indirectamente a las relaciones sexuales prematrimoniales.

En suma, ante la falta de un precepto bíblico claro y definitivo del Tanaj que prohíba las relaciones sexuales prematrimoniales, el recurso del pensamiento teológico del judaísmo rabínico, consistió, por un lado; en fijar una norma rabínica para dejar a la mujer no casada en un estado de continua impureza ceremonial, y en un segundo momento, prohibir las relaciones sexuales prematrimoniales con la excusa y pretexto de evitar caer a la mujer no casada en un estado de prostitución. De todos modos, la estricta y aparente intrínseca relación entre la prostitución y las relaciones sexuales prematrimoniales que, de hecho, no son asociadas en el Tanaj, sino por la reflexión teológica y ética rabínica; es un asunto más bien que está por verse, y no que se pueda dar por sentada.

Finalmente, para concluir con la perspectiva judía y del Tanaj, voy a citar ahora un detalle importante que nos la proporciona el Tosefta III, Nashím, o sea, el tratado rabínico sobre las mujeres. Pero antes de ofrecer la cita, quiero arrojar un poco de luz sobre la «Mishnáh» y la «Tosefta».

“Con la palabra Mishnáh, designamos a un libro cuya recopilación se remonta a comienzos del siglo III d.C. en Galilea. Tuvo detrás la autoridad del patriarca Rabbí Yehudáh ha-Nasi, a quien se considera su editor o responsable. La obra adquirió inmediatamente una autoridad canónica dentro del judaísmo, pues se vio en ella la formulación de la Ley Oral, que en la comprensión judía de la revelación, acompaña a la Ley Escrita” («Literatura judía intertestamentaria», Verbo Divino, año 2000, página 427).

Con relación a la «Tosefta»: “Por su mismo nombre (Tosefta significa añadido, complemento) se advierte que esta obra se ha visto siempre entendida y estudiada desde la «Mishnáh». Da la impresión de no ser una obra compuesta para le memorización. Una característica típica es la abundancia de citas bíblicas (a diferencia de la «Mishnáh»)”

“Un detenido estudio advierte que su relación con la Mishnáh no es uniforme: en muchos casos Tosefta presupone la Mishnáh, pero en otros muchos ocurre al revés. Se la puede pensar, por tanto, pensar no sólo como obra complementaria sino, en buena parte, paralela, que, al no ser «canonizada», quedó más olvidada y más libre para un crecimiento incontrolado. Su datación se debe colocar a finales del siglo IV o a principios del siglo V d.C.” (Obra citada, 453).

Paso ahora a citar un detalle interesante y valiosísimo para nuestra investigación que se encuentra en la introducción a la «Tosefta»:     

Cito: “La recomendación de abstenerse de todo contacto sexual antes de celebrarse la boda parece que responde a un planteamiento arraigado en Galilea y que responde a una costumbre practicada durante cierto tiempo en Judea. Existen ciertos vestigios y referencias de que las parejas de Judea mantenían relaciones sexuales antes de casarse. En tradiciones posteriores se explica como una reacción a la «jus primae noctis» durante el período romano, pero lo cierto es que parece casi seguro que este tipo de prácticas, por las que los gobernantes tenían el derecho a tener relaciones sexuales con las vírgenes antes que el marido en la noche de bodas, no se practicaron nunca” (En la introducción de la obra «Tosefta III Nashím, Tratado rabínico sobre las mujeres», edición bilingüe con introducción, variantes textuales y notas de comentarios, realizada por Olga Ruiz Morell, Aurora Salvatierra Ossorio, con la colaboración de Lola Ferre Cano, publicada por Editorial Verbo Divino, España, año 2001).   
    
Consecuentemente y, finalmente, el que en Judea las parejas mantuviesen relaciones sexuales antes de la boda, y en virtud de que esta costumbre no fuese una reacción a la llamada «jus primae noctis», confirma lo habitual, lo arraigada que estaba, y no condenable que era dicha práctica en dicha región.

Además, una cuestión a demostrar es si la «Mishnáh» determinó la práctica Galilea de abstenerse de las relaciones sexuales prematrimoniales, o si fue todo lo contrario, el que la costumbre Galilea fue la que determinó e impulsó la prohibición presente en la «Mishnáh».   

De todos modos, no podemos soslayar el hecho de que en Judea, en un ambiente sin conexión directa con la «Mishnáh» y las normas rabínicas, como sí existía en relación a Galilea; las relaciones sexuales prematrimoniales fueran algo normal y habitual.

La enseñanza del Nuevo Testamento  

A semejanza a lo que ocurre con el Tanaj (el AT para los cristianos), no existe en el NT una cita que de manera directa o indirecta haga referencia a la cuestión de las relaciones sexuales prematrimoniales; sin embargo, a semejanza de la reflexión ética y teológica del judaísmo rabínico; la tradicionales teologías y éticas cristianas han mantenido por lo general una prohibición y condena de las relaciones sexuales prematrimoniales.  

Ahora bien, la tradicional reflexión teológica y ética cristiana han fundamentado su habitual condena y reproche de las relaciones sexuales prematrimoniales en una traducción y un uso muy cuestionables de la palabra «pornéia»; explicándola como «fornicación» (entendida como relación sexuales fuera del matrimonio (prematrimoniales y no prematrimoniales), y por lo tanto, como  sinónima también de «unión libre». Por supuesto, la pregunta es: ¿es bíblica, a la luz del NT griego, esta explicación y aplicación de la palabra griega «pornéia»?

El sentido básico de la palabra griega «pornéia» es “prostitución”, derivada del verbo «pornéuo» que en su sentido básico y original significa: “prostituirse”, “tener relaciones sexuales con una prostituta”. Vale decir que con estos significados básicos es que se usan tanto  «pornéuo» (verbo), como «pornéia» (sustantivo) en  la Septuaginta y en el NT griego.

Sentidos secundarios y contextuales de «pornéia», son: infidelidad, inmoralidad sexual, relaciones sexuales ilícitas.

Por otro lado, también es preciso analizar la relación de «pornéuo» (verbo), y de  «pornéia» (sustantivo), con sus contrapartes y equivalentes hebreos en el Tanaj (AT hebreo), «zanáh» (verbo) y «zenút» (sustantivo).

Pues bien, el significado básico y original del verbo hebreo «zanáh» es prostituirse. Y el significado básico y original del sustantivo «zenút» es prostitución. En consecuencia, se comprende por qué los traductores de la Septuaginta, y luego los autores del NT emplearon a «pornéuo» (verbo), y a «pornéia» (sustantivo) traducciones ideales y como perfectos sinónimos de «zanáh» (verbo) y «zenút» (sustantivo).

Un texto bíblico que ilustra muy bien el uso del vocabulario en cuestión, con sus sentidos básicos ya explicados, es Génesis  38.24.

En dicho pasaje se acusa a Tamar de haberse prostituido (hebreo «zántah», forma verbal en estado perfecto, segunda persona femenina singular del verbo «zanáh»).    

La Septuaginta, por su parte, tradujo la forma verbal «zántah», con la forma verbal «expepórneuken» forma verbal en tiempo pretérito perfecto, en la tercera persona del singular, del verbo «pornéuo».

Por otro lado, también se acusa a Tamar de estar embarazada como consecuencia de sus relaciones sexuales como prostituta o ramera, o sencillamente “prostitución” (en hebreo «zenuním» -prostitución, palabra derivada del verbo «zanáh»).

La Septuaginta, por su parte, tradujo a «zenuním» con la expresión «ex pornéias», expresión formada por «pornéias», que es el genitivo singular de «pornéia», y la preposición «ex», que con el caso genitivo indica “procedencia”; en tal sentido, la expresión «ex pornéias» indica aquí que el embarazo de Tamar era el resultado de su prostitución («pornéia»).  

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿son «fornicar» (verbo) y «fornicación» (sustantivo), traducciones acertadas de «zanáh» (verbo), «zenút» (sustantivo), «pornéuo» (verbo), y «pornéia» (sustantivo)?

Respuesta: Sí, siempre y cuando se entienda a «fornicar» (verbo) y «fornicación» en sus sentidos originales y básicos, como sinónimos perfectos del vocabulario bíblico ya especificado. Sin embargo, no son una opción correcta ni una traducción acertada si se entiende a  «fornicar» (verbo) y «fornicación», según la definición que de dichos términos ofrece el Catecismo católico, como apuntando a relaciones sexuales que tienen lugar fuera del vínculo matrimonial. 

A propósito, una explicación muy común y aceptada de la palabra «fornicar» (verbo) y «fornicación» (sustantivo) es la siguiente:

La palabra «fornicar» proviene del  latín ‘fornix’ (fornice) que es el nombre que recibe la zona abovedada (curvatura interior del arco) que se encuentra bajo los puentes, callejones y otras edificaciones y que en tiempos del Imperio Romano era el lugar en el que las prostitutas callejeras esperaban a los clientes, con los que mantenían relaciones sexuales allí mismo” (fuente: http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-procede-el-termino-fornicar-como-sinonimo-de-acto-sexual).

Cito, pues, lo que al respecto dice textualmente el Catecismo católico:

“2353 La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando hay de por medio corrupción de menores.”

Como se ve, es obvio que las iglesias de tradición protestante y evangélica por lo general han reproducido, han asumido y se identifican con la idea no bíblica de «fornicación» que comunica el Catecismo de la Iglesia Católica.    

Por otro lado, la  idea de «fornicación» como sinónimo de unión libre, unión matrimonial de hecho; demanda que revisemos nuestro concepto de matrimonio.

En el tratado rabínico sobre las mujeres, se especifican tres formas por las que un varón puede adquirir a una mujer por esposa: “Existen distintas formas de adquirir a una mujer: por documento, por dinero o por cópula. Estas tres formas se corresponden a las tres maneras de adquirir cualquier producto o esclavos, lo que pone de manifiesto la transacción económica que es el matrimonio, donde el objeto intercambiado es la mujer. Por documento (o sea, “mediante los esponsales que consisten en la promesa de matrimonio hecha algún tiempo mayor o menor, antes de la celebración de las nupcias”- R. de Vaux). Por dinero, cuando se entrega una cantidad de dinero a una mujer (¿o a su padre?), ante testigos, con la intención de tomarla por esposa. Por cópula es cuando un hombre toma sexualmente a una mujer manifestando antes su intención de convertirla en esposa” (Tosefta III Nashím, en la introducción).       

Con relación a cómo se entiende hoy el matrimonio heterosexual, tenemos que concluir que hoy el matrimonio heterosexual consiste en la decisión libre y soberana de un hombre y una mujer de convivir juntos, conformar un proyecto común de vida, con la opción de decidir ella y él, si han de procrear o no descendencia.
Al respecto se pronuncia la actual Constitución dominicana, cito:

Artículo 55.- Derechos de la familia. La familia es el fundamento de la sociedad y el espacio básico para el desarrollo integral de las personas. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.

Con relación a las uniones matrimoniales de hecho, la misma Constitución dominicana se expresa en los siguientes términos: “La unión singular y estable entre un hombre y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que forman un hogar de hecho, genera derechos y deberes en sus relaciones personales y patrimoniales, de conformidad con la ley” (Artículo 55, numeral 5).

Consecuentemente, a la luz del vocabulario bíblico, y a la luz del derecho actual (teniendo como ejemplo, la Constitución dominicana); es preciso asumir una postura crítica y de rechazo al concepto eclesiástico tradicional, católico, protestante y evangélico, de seguir tipificando de “fornicación” y “pecaminosos” los matrimonios de hecho, o uniones libres.

Conclusiones:

1)    No existe en el vocabulario bíblico un término para hacer referencia a las relaciones sexuales prematrimoniales.

2)    No estuvo en el horizonte, no fue una preocupación para los autores y redactores  de los textos bíblicos (como lo sí es hoy para las tradicionales éticas cristianas), la penalización o el simple abordaje de la cuestión de las relaciones sexuales prematrimoniales.

3)    En lo que al inventario bíblico se refiere, «zanáh» (verbo) y «zenút» (sustantivo), «zenuním» (prostitución), «pornéuo» (verbo), y «pornéia» (sustantivo); ninguno de estos términos hace referencia a las relaciones sexuales prematrimoniales.

4)    El verbo «fornicar» y el sustantivo «fornicación», son traducciones adecuadas de las palabras antes mencionadas como parte del inventario bíblico, cuando tales términos se asumen a la luz de sus sentidos básico y originales, como sinónimos de los bíblicos, apuntando a la acción de prostituirse, y el tener relaciones sexuales en el contexto de una prostitución declarada.

5)    Es inadmisible el empleo de las palabras «fornicar» (verbo) y «fornicación» (sustantivo), como traducciones de los términos que conforman el inventario bíblico mencionado, cuando tales términos se asumen a la luz de la definición que de los mismos nos ofrece el Catecismo católico.

6)    El término bíblico hebreo equivalente al uso del verbo «fornicar» con el sentido usual de «coito» sin más, el tener relaciones sexuales; es el verbo «galáh» (descubrir, desvelar, desnudar, etc.), y con la expresión en torno a dicho verbo, «guiláh erváth» (tener relaciones sexuales), considérese Levítico 18.6, 7, 8 y siguientes.

7)    La expresión usada por la Septuaginta en Levítico 18.6, 7, 8 y siguientes, gira en torno al verbo «apocalúpto» (descubrir, revelar, quitar lo que cubre, etc.), en combinación con la palabra «asjemosúne» (vergüenza por desnudez); por ejemplo, «apokalúpsai asjemosúnen» (Levítico 18.6), o simplemente con el empleo de esta última palabra.   

8)    Finalmente, el término propio del hebreo rabínico para «cópula» está constituido por las consonantes beth, yod, alef, y hei; y es el término más extendido para referirse al contacto sexual, y se refiere al momento mismo de la unión sexual.

9)    Es preciso que las distintas tradiciones teológicas y eclesiales cristianas, revisen su idea y concepto del matrimonio de hecho, y del matrimonio en general, a la luz de los datos que proporciona esta pequeña investigación, y a la luz del derecho actual.

10)  Ciertamente no existe en la Biblia una penalización de las relaciones sexuales prematrimoniales.

11)  No parece que sea un asunto o prerrogativa eclesial, sino propio de las personas que deciden unirse en matrimonio y formar familia (ya sea por vínculos naturales o jurídicos); el decidir si siguen la tradición de Galilea de postergar hasta el matrimonio el llevar a cabo algún tipo de relación sexual; o si han de asumir e identificarse con la tradición de Judea de tener una vida sexual activa de pareja, una vez que han acordado y se han manifestado la intención de conformar una pareja, un matrimonio.        


¡Hasta la próxima!
  


5 comentarios:

  1. Estimado Héctor, eres un biblista escandaloso.
    Escandalizas a los niños fundamentalistas del evangelismo y a los infantes tradicionalistas del catolicismo. Lo que, por cierto, es una noble tarea.
    Supongo que eres consciente de que Torquemada desde el más allá, y sus amigos del más acá, leen un artículo como este que publicas y entonces te lanzan miradas llenas de odio ardiente...
    (Ya sé. Como eres un hombre sabio, te has vuelto incombustible. Que Dios te guarde.)

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  2. Excelente estudio. Me quedan algunas preocupaciones que tienen relación con la realidad actual: es definitivo que no se hace referencia a las relaciones sexuales pre matrimoniales en la Biblia y cuálea son las características religiosas de la vida sexual en Israel?
    El matrimonio, qué estatus legal religioso tiene en la Biblia?

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  3. Interesante, pero ignora dos versículos importantísimos que alteran toda la interpretación:

    Exo 22:16 Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer. 17 Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes

    Deu 22:28 Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; 29 entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.

    O se les pasó exponer esto o lo ignoraron

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    1. Hermano, una lectura detenida y juiciosa de ambos pasajes que mencionas, pone de relieve que ambos pasajes, al unísono, no versan sobre las relaciones sexuales consensuadas de dos personas, al margen de una relación formal de pareja, ni de las relaciones sexuales prematrimoniales de una pareja previamente comprometida (en la antesala de un matrimonio); sino que de manera estricta versan y norman los casos de violaciones sexuales, los casos en que una mujer presumiblemente virgen, y no casada, era sometida a una relación sexual forzada, no consensuada, sin su consentimiento (para la consideración de la legislación en aquellos casos en que la mujer violada estaba comprometida o casada, véase Deuteronomio 22.25-27; por supuesto, la relación sexual consensuada de una mujer comprometida o casada con un varón que no era su pareja, se asumía como “adulterio”, Deuteronomio 22.23-24); pero que lamentablemente obligaba a la mujer a recibir el castigo de aceptar a su victimario como esposo y, por supuesto, sujetarse a él.

      Ahora, si bien la legislación mosaica que leemos en Éxodo 22.16-17 y Deuteronomio 22.28-29 castigaba al varón con tener que tomar por esposa a la mujer que violara, en caso de estar ésta comprometida o casada, dándole así la debida protección social que suponía el matrimonio para la mujer; no es menos cierto que dicha legislación no tomada en cuenta los sentimientos ni el estado de ánimo de la mujer, ni su punto de vista, como tampoco lo había tomado en cuenta su victimario.

      Consecuentemente, es demasiado evidente que los dos pasajes en cuestión no invalidan ninguna de las conclusiones de mi trabajo, así de sencillo.

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  4. Hola. No se si se envió mi opinión. Repito por las dudas. Pienso que el texto es interesante pero carece de explicación para textos claves como cuando Pablo dice " es mejor casarse que estar quemándose". Haciendo alusión indirecta a que hay que casarse de otro modo habría dicho " si te estás quemando, ten sexo con tu novia y ya". De este modo, creo que Pablo dijo que sexo premarital no es aceptado como válido. Saludos cordiales Dr. Olea.

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