viernes, 1 de julio de 2016

Pablo, no tan misógino, pero ni tan progresista


¿Sitúa Pablo, al varón y a la mujer en un plano de igualdad, en 1 Corintios 11.11-12?

Héctor B. Olea C.

Es cierto que el texto griego del versículo 11 de 1 Corintios 11, claramente afirma: “Porque en el Señor, ni la mujer es sin el varón, ni el varón es sin la mujer”; en otras palabras: No se concibe a la mujer al margen del varón; ni el varón se concibe al margen de la mujer.

Sin embargo, es preciso admitir que el problema no radica en la afirmación que Pablo hace en  el versículo 11, sino en las premisas sobre las que fundamenta dicha declaración, y que el mismo Pablo nos las ofrece en el versículo a continuación, el versículo 12.

Pues bien, Pablo entiende, asume y plantea que la mujer no es sin el varón, ni el varón es sin la mujer, porque: por un lado, “la mujer procede del varón”; y por otro lado, “el varón viene a existencia por medio de la mujer”.

Ahora bien, llama la atención la forma en que Pablo distingue la manera en que se relaciona la existencia de la mujer con la del varón, y la del varón con la existencia de la mujer.

Para Pablo, “la mujer procede del varón” (griego «je guné ek tu ándros»); pero no así el varón, que más bien “viene a existencia por medio de la mujer” (griego «jo anér diá tes gunaikós»). En otras palabras, se cuida y no se atreve Pablo a decir que así como él asume que “la mujer procede del varón” (griego «je guné ek tu ándros»); “el varón procede de la mujer” (griego «jó anér ek tu gunaikós»).


De hecho, en el versículo 8 del mismo capítulo 11, Pablo afirma precisa y categóricamente que “el varón no procede de la mujer” («u gar anér ek gunaikós»); “sino la mujer del varón” (alá guné ex andrós). Consecuentemente, insiste Pablo en el versículo 12, en que “la mujer procede del varón” (griego «je guné ek tu ándros»); pero “el varón viene a existencia por medio de la mujer” (griego «jo anér diá tes gunaikós»).










En resumen, no se equiparan, no tienen el mismo sentido, la misma carga semántica, no tienen las mismas implicaciones, ni conllevan las mismas asociaciones de ideas, la expresión “la mujer procede del varón” (griego «je guné ek tu ándros»), respecto de la existencia de la mujer en relación a la existencia del varón; y la expresión “el varón viene a existencia por medio de la mujer” (griego «jo anér diá tes gunaikós»), respecto de la existencia del varón en relación a la existencia de la mujer.

Por supuesto y, de todos modos, las dos premisas del argumento de Pablo son discutibles y objetables. En primer lugar, la premisa de que la mujer procede del varón, se sustenta en el relato de la creación de Génesis 2.4-25. Esta premisa también supone que: 1) la mujer fue creada con posterioridad al varón; 2) que la mujer fue puesta en existencia a partir del varón (de una costilla suya); 3) que la mujer fue creada a semejanza del varón; 4) que la mujer fue creada como ayuda idónea para el varón (la expresión hebrea traducida «ayuda idónea para él», y que en toda la Biblia sólo se la encuentra en Génesis 2.18, 20), es “ezer kenegdó”, literalmente significa “ayuda, auxilio, apoyo semejante, correspondiente y conforme al varón”, “parecido a él”, “de la misma naturaleza que él”. Dicha expresión señala a la mujer como un ser creado parecido al varón con el fin de ser su ideal complemento).

Es más, en la Septuaginta, en Génesis 2.18 leemos: «poiésomen autó boethón katautón», literalmente: “Hagamos para él (hagámosle a él) ayuda según él (semejante, parecida a él, conforme a él)”.

Y en Génesis 2.20, leemos en la Septuaginta: «uj jeuréthe boethós jómoios autó», literalmente: “No encontró ayuda semejante a él (conformé a él)”.

Ahora bien, con base en la perspectiva del relato de la creación de Génesis 1.1-2.3, que no asume ni hace suya la visión antropológica del relato de Génesis 2.4.25, es obvio que no estamos obligados a asumir la postura de Pablo, y sí con el derecho de tomar una postura crítica frente a su visión antropológica.   

En segundo lugar, y en relación a la segunda premisa, la de que el varón viene a existencia mediante, por  medio de la mujer (griego «jo anér diá tes gunaikós»), diré lo siguiente.

Por un lado, pienso que se podría acusar de plagio al autor del relato de Génesis2.4-25, esto así, pues si hay alguien que gracias a la maternidad puede decir como nadie, que la criatura que viene a existencia es hueso de sus huesos, carne de su carne, aliento de su aliento, etc., es la mujer, sin duda.

Por otro lado y, por supuesto, nadie niega el aporte que hace el padre biológico de la criatura o criaturas en el vientre de la madre, desde el punto de vista de la biología y la genética; pero sólo la madre la lleva en su vientre y tiene con ella (s) un vínculo único y sin igual, la ve desarrollarse en su propio cuerpo, y la alimenta de manera singular durante el período de gestación, incluso después del alumbramiento.

En tal sentido, si hay alguien que puede decir, respecto de la (s) criatura (s) en el vientre de una madre, que dicha criatura es carne de su carne, y hueso de sus huesos, es la madre, y jamás el padre, sin duda.

Por otro lado, llama la atención que en la Biblia sólo en tres ocasiones se usa la expresión «nacido de mujer», para señalar esa relación única y especial que existe entre la mujer y toda criatura que viene a existencia mediante el proceso normal de gestación. Pues bien, los tres pasajes donde aparece la expresión «nacido de mujer» (y curiosamente, apuntando siempre a un varón), son:

Job 14.1 “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores

Job 15.14 “¿Qué cosa es el hombre para que sea limpio, y para que se justifique el nacido de mujer?

Gálatas 4.4 “4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley

En consecuencia, salta a la vista el que Pablo, siendo el único que emplea la expresión «nacido de mujer» en el NT, y con todas sus implicaciones, y a sabiendas de que si hay algo que caracteriza al ser humano, es que es nacido y nacida de mujer, que es carne de su carne, hueso de sus huesos; todavía se sienta él comprometido con una perspectiva antropológica que plantea absolutamente todo lo contrario, y con todas las evidencias en contra. 

En resumen, ¿sitúa Pablo, al varón y a la mujer en un plano de igualdad, en 1 Corintios 11.11-12? Obviamente que no; por eso concluye: 1) Todo (todas las cosas) procede de Dios (griego «ta de pánta ek tu theú»): 2) El varón viene a existencia por medio de la mujer (griego «jo anér diá tes gunaikós»; no que el varón procede de ella (griego «jó anér ek tu gunaikós»); 3) Pero la mujer procede del varón (griego «je guné ek tu ándros»); así de sencillo.



¡Hasta la próxima!

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