viernes, 15 de julio de 2016

«Biblias católicas» y «Biblias protestantes» ¿Una distinción legítima?


Una explicación necesaria

 Héctor B. Olea C.

Una idea muy popular en el ambiente cristiano es que, aparente y definitivamente, hay «Biblias católicas» y «Biblias protestantes». Esta concepción parece legitimarse en virtud de la clásica distinción y división que existe en el cristianismo occidental a partir del siglo XVI, entre «cristianismo católico» y «cristianismo protestante» (a la manera en que la división del imperio romano en el siglo IV explicó la posterior división del cristianismo en oriental y occidental).

Ahora bien, ¿Es cierto que hay «Biblias católicas» y «Biblias protestantes»? ¿Es legítima esta distinción? ¿Es hasta cierto punto y, en cierto sentido, comprensible y aplicable tal distinción? ¿Habrá versiones de la Biblia que sólo mediante ella puede explicarse y justificarse el cristianismo católico? ¿Habrá versiones de la Biblia que sólo por medio de ellas puede explicarse el cristianismo protestante?

La común concepción de lo que es una «Biblia católica»

La noción popular que domina en los ambientes del cristianismo protestante respecto de la catolicidad de una versión de la Biblia, supone básicamente dos cosas: 1) Que es una versión que se origina en ambientes dominado por el catolicismo católico, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo católico. 2) Que es una versión que, además de incluir los 66 libros que contienen las «Biblias protestantes», incluyen otros siete libros más, específicamente en el Antiguo Testamento, a saber: Tobías (Tobit), Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, y Baruc, así como algunas adiciones a Ester, Jeremías y Daniel.


La común concepción de lo que es una «Biblia protestante»

Como especie de una verdadera antítesis de lo afirmado en la sección anterior, la idea común de una “verdadera” «Biblia protestante» supone igual y básicamente dos cosas: 1) Que es una versión que se origina en ambientes dominado por el protestantismo, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo protestante. 2) Que es una versión de la Biblia que, por un lado, tiene un Antiguo Testamento conformado sólo por los 39 que integran el Tanaj o Biblia hebrea; por otro lado, un Nuevo Testamento de 27 libros, para un total de sólo 66 libros que se consideran inspirados, autorizados y normativos. Claro está, con relación al Nuevo Testamento no hay diferencia entre las «Biblias católicas» y las «Biblias protestantes» en cuanto al número de libros que lo conforman.

Las llamadas «Biblias interconfesionales»

En nuestro contexto, se dice que una versión de la Biblia es “interconfesional” cuando el plan y proceso de producción y publicación ha implicado la participación de eruditos y casas editoriales de por lo menos dos confesiones cristianas distintas (principalmente de confesión católica y de confesión protestante).

En la historia de la Biblia podemos mencionar dos principales proyectos de producir una versión interconfesional de la Biblia. Del primer proyecto nos habla Plutarco Bonilla en los siguientes términos: “1978: La Biblia interconfesional: Nuevo Testamento. Se trata de un esfuerzo interconfesional en el que participaron Sociedades Bíblicas Unidas, la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y EDICABI (la Casa de la Biblia). Se ha publicado sólo el NT. Al parecer, hay interés en continuar con la traducción del AT.” («Descubre la Biblia», artículo: Traducciones castellanas de la Biblia, página 381).


El segundo proyecto interconfesional consistió en la publicación de la revisión de la original versión popular «Dios Habla Hoy» de 1979, en el año 1992, igualmente como versión popular, pero como edición de estudio, con la inclusión además de los libros deuterocanónicos. Me es preciso poner de relieve que por el hecho de incluir esta versión de la Biblia los llamados «libros deuterocanónicos», no son pocas las veces que he tenido que escuchar cómo hermanos y hermanas de confesiones protestantes califican y acusan a dicha versión de ser sencillamente una «Biblia católica», cuando en realidad sólo es una «Biblia interconfesional».

Ahora bien, la simple participación de eruditos protestantes en un proyecto propiamente católico para la publicación de una determinada versión de la Biblia, ni la simple participación de eruditos católicos en un proyecto propiamente protestante con iguales objetivos; en ninguno de estos dos casos es correcto hablar de un “proyecto interconfesional”. Para que una versión de la Biblia (parcial o completa) sea “interconfesional”, el proyecto debe tener ese matiz como característica esencial de la publicación en todo el sentido de la palabra. Esto significa que al menos las dos confesiones involucradas en el proyecto de una versión de la «Biblia interconfesional», participan con iguales derechos en un contexto ecuménico y de respeto mutuo, con todas sus naturales implicaciones.

Por ejemplo, en el mismo artículo citado, Plutarco Bonilla nos habla de la participación de dos eruditos evangélicos en la revisión y publicación de la llamada «Biblia Herder» (el NT), en el año 1975; no obstante, tal publicación nunca recibió el calificativo de “interconfesional”.

Tampoco es interconfesional un proyecto de publicación de una versión de la Biblia, cuando éste lo lleva a cabo una casa editorial protestante (o varias) y con la sola participación de eruditos protestantes, aunque involucre a eruditos de las distintas tradiciones protestantes. Por ejemplo, para el año 2010 se publicó la llamada «Biblia vida abundante», nueva traducción viviente, publicada por Tyndale House Publishers, Inc. El caso es que este proyecto involucró la participación de eruditos de distintas congregaciones protestantes (incluyéndome a mí), pero jamás fue, ni podía serlo, ni tuvo la pretensión de ser un “proyecto interconfesional”, de producir una edición interconfesional de la Biblia.

Sentido en que es comprensible y aceptable hablar de «Biblias católicas» y «Biblias protestantes»

En primer lugar, es claro que existen diferencias marcadas entre la oficial e institucional teología católica con relación a las distintas y tradicionales teologías oficiales e institucionales de corte protestante.

En segundo lugar, existe la sospecha de que una versión de la Biblia que proceda ya sea del ambiente católico, ya sea del ámbito protestante, habrá de recibir, en alguna manera, el sello de la teología que caracteriza a ambas tradiciones teológicas y eclesiales. En otras palabras, que la versión de la Biblia que proceda de un ambiente católico (y realizada por eruditos católicos) estará comprometida con el catolicismo en algún sentido; y la versión de la Biblia que preceda del ambiente protestante (y realizada por eruditos protestantes), estará comprometida con el protestantismo en alguna forma.

Ahora bien, ante estos dos postulados, es posible que haya personas que reaccionen catalogándolos como puras especulaciones, pues sueñan con la idea de que la reproducción y difusión de la Biblia es una empresa totalmente neutral y desinteresada, cuando en realidad es todo lo contrario. Paso a explicarme.

Si la iglesia católica romana tiene una concepción particular y distinta del canon bíblico, respecto de los movimientos protestantes, es lógico suponer que las versiones de la Biblia que surjan en su ambiente, lo pongan de manifiesto, y se ajusten a esa particular visión del canon bíblico.

Lógicamente y, para ser consistente, lo mismo hay que decir respecto de la visión del canon que tengan los movimientos protestantes y de las versiones de la Biblia que surjan en sus ambientes.

En conclusión, una llamada «Biblia católica» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la teología católica, aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo católico, lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la teología católica institucional; y vale de decir que, de hecho, lo han hecho.

Una llamada «Biblia protestante» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la esencial teología del cristianismo protestante (no podemos dejar de lado la notable diversidad y falta de consenso que muestra el cristianismo protestante en muchos aspectos), aunque tampoco se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo protestante también lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la esencial teología del cristianismo protestante; y vale de decir que, de hecho, lo han hecho.
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Conclusiones:

1) Es comprensible y aceptable hablar de «Biblias católicas», como aquellas versiones de la Biblia: 1) Que se originan en ambientes dominado por el catolicismo católico, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo católico. 2) Que son versiones que, además de incluir los 66 libros que contienen las «Biblias protestantes», incluyen otros siete libros más, específicamente en el Antiguo Testamento, a saber: Tobías (Tobit), Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, y Baruc.

2) El que una versión de la Biblia contenga los libros deuterocanónicos no la hace una «Biblia católica» en el buen uso del término.

3) La original obra de Casiodoro de Reyna publicada en 1569, y conocida como «La Biblia del Oso» por la portada, contenía los libros «deuterocanónicos» (exactamente lo mismo hay que decir de la revisión realizada por Cipriano de Valera a la obra de Casiodoro de Reyna, y publicada en 1602); sin bien esto no implica que Casiodoro de Reyna los considerara como normativos para el cristianismo protestante. De todos modos se hace evidente que éste no tenía respecto de dichos libros, los prejuicios que tiene todavía una gran proporción del cristianismo protestante.

4) Una situación análoga a la ocurrida con la serie Reina Valera respecto de los «deuterocanónicos», se dio en relación a la contraparte inglesa de la «Reina Valera», la muy conocida y legendaria «The King James Version» (que originalmente también incluyó los «deuterocanónicos»). Es más, en la edición profesional de «Compubiblia» se tienen por separado, como dos obras distintas, la versión canónica (The King James Version) y la sección de los «deuterocanónicos», identificada como «The King James Version Apocrypha».

5) No son los libros «deuterocanónicos» la base ni el centro de las principales e históricas diferencias que separan el «cristianismo católico» del «cristianismo protestante» (y viceversa). Después de todo, un canon del Antiguo Testamento en común (de 39 libros) para todas las comunidades de fe dentro del «cristianismo protestante» tampoco ha podido generar o ser garante de ciertos consensos y de posturas comunes entre estas (ya en la lectura, interpretación y aplicación del Antiguo Testamento, ya en la forma en que estas interpretan y explican la relación entre los dos testamentos, así como en lo concerniente a lo que se ha de considerar estrictamente normativo, válido y vigente del Antiguo Testamento).

6) La distinción entre libros “protocanónicos” (libros del canon hebreo) y “deuterocanónicos” (los libros adicionales que incluyen las llamadas “Biblias católicas”), entra en escena y es posterior (unos tres años, 1566) a la clausura del concilio de Trento (1563).

7) Los tres grandes testigos, y principales manuscritos de los que se sirve la ciencia de la crítica textual del Nuevo Testamento griego, incluyen los deuterocanónicos, aunque la lista muestra ligeras variantes de manuscrito a manuscrito.

El códice “Sinaítico” (del siglo IV de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Sirac.

El códice “Vaticano” (del siglo IV de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Sirac, Judit, Tobit, Baruc,

El códice “Alejandrino” (del siglo V de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sirac.

En consecuencia, estos tres muy importantes manuscritos no sólo nos sirven para evaluar el texto griego estandarizado alrededor del siglo quinto de la era cristiana; también nos proporcionan la irrefutable evidencia de la aceptación y valoración de los deuterocanónicos por algunas comunidades cristianas de los primeros cinco siglos.

Estos tres manuscritos son de una calidad incuestionable como testigos del texto griego más antiguo (más próximo al original), y como testigos de que los deuterocanónicos tuvieron una notable presencia y valoración en medio de las comunidades cristianas de los primeros cinco siglos.

8) Es comprensible y aceptable hablar de «Biblias protestantes» como aquellas versiones de la Biblia: 1) Que se originan en ambientes dominado por el protestantismo, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo protestante. 2) Que son versiones de la Biblia que, por un lado, tienen un Antiguo Testamento conformado sólo por los 39 que integran el Tanaj o Biblia hebrea; por otro lado, un Nuevo Testamento de 27 libros, para un total de sólo 66 libros que se consideran inspirados, autorizados y normativos. Claro está, con relación al Nuevo Testamento no hay diferencia entre las «Biblias católicas» y las «Biblias protestantes» en cuanto al número de libros que lo conforman.

9) También es preciso hablar de las llamadas «versiones de la Biblia interconfesionales».

En nuestro contexto, una versión de la Biblia es “interconfesional” cuando el plan y proceso de producción y publicación ha implicado la participación de eruditos y casas editoriales de por lo menos dos confesiones cristianas distintas (principalmente de confesión católica y de confesión protestante).

Para que una versión de la Biblia (parcial o completa) sea interconfesional, el proyecto debe tener ese matiz como característica esencial de la publicación en todo el sentido de la palabra, pues implica que por lo menos las dos confesiones involucradas en el mismo participan con iguales derechos en un contexto ecuménico y de respeto mutuo, con todas sus naturales implicaciones.

10) Una llamada «Biblia católica» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la teología católica, aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo católico lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la teología católica institucional.

11) Una llamada «Biblia protestante» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la esencial teología del cristianismo protestante (no podemos dejar de lado la notable diversidad y falta de consenso que muestra el cristianismo protestante en muchos aspectos), aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo protestante también lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la esencial teología del cristianismo protestante.

12) No es aceptable ni legítimo hablar de «Biblia católica» si con dicho calificativo se pretende hacer creer que es una versión de la Biblia que permite la justificación del catolicismo sin más, como sistema de pensamiento teológico y eclesial. Tampoco si se piensa que dicha versión de la Biblia ha sido traducida y manipulada del todo, como para que desde la misma, el catolicismo se muestre como un sistema teológicos coherente y sistemáticamente bien explicado.

13) No es aceptable ni legítimo hablar de «Biblia protestante» si con dicho calificativo se pretende hacer creer que es una versión de la Biblia que permite la justificación del protestantismo sin más, como sistema de pensamiento teológico y eclesial. Tampoco si se piensa que dicha versión de la Biblia ha sido traducida y manipulada del todo, como para que desde la misma, el protestantismo se muestre como un sistema teológico coherente y sistemáticamente bien explicado.

14) Toda versión de la Biblia es perfectible (ninguna versión de la Biblia es perfecta), sin importar el ámbito del que venga, ya sea “católico” o “protestante”.

15) Toda versión de la Biblia debe ser vista sin prejuicios ni en pro ni en contra. Será el estudio crítico, diligente, y detenido, caso por caso, el que nos dirá y nos pondrá al tanto de las virtudes, desaciertos y posibles manipulaciones que se le puedan atribuir a una determinada versión de la Biblia.


¡Hasta la próxima!


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