viernes, 22 de julio de 2016

¿Es el cristianismo una religión judía?


De las pretensiones de la fe cristiana en relación a la fe judía

Héctor B. Olea C.

Aunque ciertamente el cristianismo explica su origen a lo interno de la religión y tradición religiosa judía, en verdad y al final, el cristianismo vino a constituir una religión gentil. Esta religión gentil si bien reclama y también pretende hacer suya la herencia y patrimonio religioso del pueblo judío (esencialmente el Tanaj, al que prefiere llamarle AT); no obstante, lo asume y lo interpreta de una manera tan peculiar y particular que hace imposible que el judaísmo vea en el cristianismo su continuidad o prolongación, y mucho menos su superación y sustituto.

Esto es tan grave y cierto, que incluso los movimientos mesiánicos, a pesar de que coinciden con el cristianismo en ver a Jesús como el «Mesías»; sin embargo, tienen diferencias notables con éste en algunos aspectos. Por eso, mientras que el cristianismo parece concebirse como el mejor judaísmo (sin identificarse, obviamente, en esos términos), los judíos mesiánicos tienden a concebirse como el mejor y el perfecto judaísmo, por un lado, y como el mejor y el perfecto cristianismo, por el otro (obviamente, sin identificarse en esos términos).  

Entonces, hacemos bien estar en guardia frente a una cristianización del Tanaj (el AT, al margen de lo que piensen los cristianos); pero con igual energía, habremos de hacer frente a cualquier especie de judaización del NT, (al margen de lo que piensen principalmente los judíos mesiánicos, y al cual prefieren llamar «Berit hadasháh», o sea, «Pacto Renovado»). Luego, si bien hemos de admitir con toda propiedad que el AT (más bien «Tanaj») es literatura judía (no cristiana), el NT, en cambio, es de pleno derecho literatura cristiana (no judía). 


Pienso además que, por un lado, la realidad de lo hebreo de Jesús, no debe llevar a los cristianos a pensar que el Cristianismo es una religión hebrea, pues no lo es; por otro lado, tampoco debe llevar a los judíos mesiánicos y a otros a pensar que el Nuevo Testamento es un cuerpo de literatura judía y que debe leerse como tal, pues no lo es. A pesar de lo hebreo de Jesús, el Cristianismo, doctrinal e históricamente es una religión gentil. 

Ahora quiero poner de relieve algunos contrastes entre lo hebreo de Jesús (la académicamente llamada “figura histórica de Jesús”) y el carácter gentil del Cristianismo. 

1) Indiscutiblemente, Jesús nació, enseñó (con una cosmovisión judía), y murió como judío. Jesús vivió, enseñó y murió como un hebreo, pero no en el vacío. A pesar de las distintas conjeturas que se han levantado, parece que la postura más verosímil es que Jesús, por un lado, estaba identificado con los movimientos revisionistas que había en Palestina en el primer siglo de nuestra era (como el que representaba Juan el Batista). Por otro lado, parece que estuvo más cerca de los fariseos de que cualquier otro grupo. Por ejemplo, en el NT se ve a Jesús frecuentando la sinagoga, y hasta haciendo uso de la palabra en la misma (véase Mateo 13.53; Lucas 4.16, 20, 38; Juan 18.20). 

Ciertamente hay que tener en claro que la sinagoga no era, en esencia, una institución religiosa neutral de todo el judaísmo, sino propiamente la institución clave de la corriente de los fariseos. Además, algunos de los inconvenientes que enfrentó Jesús con los Fariseos pudieran explicarse como disputas de enfoques, de interpretación y énfasis entre perspectivas un poco distintas, pero dentro de una misma tradición.

En este mismo tenor hay que considerar también que algunas de las disputas en que los evangelios muestran a Jesús con los fariseos, probablemente tengan más que ver con la situación de tensión y disputa que se estaba dando entre algunos fariseos que se habían sumado al movimiento de seguidores de Jesús y los gentiles (y la tendencia gentil) del mismo movimiento. Todo indica que en la medida en que se fue fueron radicalizando las pretensiones cristianas, se fue agudizando la tensión judío-gentil y la separación definitiva estaba ya en el horizonte. Consideremos, pues, como ejemplo, los siguientes textos, por supuesto, sin perder de vista que es Juan el más antisemita de los cuatro evangelios canónicos:

Juan 9.22 “Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.”

Juan 12.42 “Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.”

Un dato interesante, después de considerar estos dos pasajes, es que hasta el día de hoy, el judaísmo fariseo no acepta a Jesús como el Mesías (tampoco el judaísmo Caraíta).  

2) Al principio los mismos seguidores de Jesús no parece que entendieran que formaban parte de otra religión o que estaban dando origen a una nueva religión. Es más, al principio y, porque era fariseo, vemos a Pablo usando la sinagoga como el eje central de su trabajo misionero (véase Hechos 13.14, 15, 42; 14.1; 17.10, 17; 18.4, 7, 8, 17, 19, 26; 19.8).


También notamos que la resurrección, que era asumida por los fariseos (aunque no exactamente con los mismos matices), también es un tema capital para el cristianismo paulino (¿cristianismo paulino? 1 Corintios 15), que es prácticamente el que domina en el NT canónico.

3) El Cristianismo se funda en Jesús, pero esto no es lo mismo que decir que Jesús lo fundó. Por ejemplo, la idea de salvación proclamada por Jesús, dentro de una cosmovisión muy hebrea, se concentra en el Dios del Tanaj, y el Tanaj asumido como el cuerpo de literatura que determinada la forma en que la nación hebrea habría de relacionarse con su Dios (guardar el pacto, guardar la Toráh). Observemos un ejemplo muy ilustrativo, Lucas 16.27-31:

Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”

Pero a pesar de lo dicho por Jesús en el pasaje citado de Lucas, en el Cristianismo mismo, la salvación se obtiene por medio de Jesús, y sustentada en una argumentación y en unas premisas que identifican al Cristianismo como una antítesis del judaísmo y de la esperanza hebrea (en versión saducea, farisea, y caraíta), por ejemplo: a) La divinización de Jesús; b) Jesús, asumido, ya no como vocero o portador del mensaje del reino (con matices apocalípticos y escatológicos, por supuesto), sino como el centro y contenido del mensaje acerca de la salvación de Dios, eje central de la proclamación cristiana (véase Hechos 16.30; Romanos 10.9; Gálatas 3.6-21; 4.21-31). c) Una interpretación cristológica del Tanaj (por supuesto, ilegítima para los judíos); d) La creación de un cuerpo literario propio (el NT), basado en una interpretación muy particular y propia del Tanaj y de la historia del pueblo hebreo; e) Una serie de ritos y ceremonias propias, etc.

Dos obras que vienen a confirmar lo que estoy diciendo son: 1) Sentido cristiano del Antiguo Testamento (Bosquejo de un tratado dogmático), de Pierre Grelot, publicado por Desclée De Brouwer, año 1995; 2) Conociendo a Jesús en el Antiguo Testamento (Cristología y tipología bíblica), por Eugenio Danyans, publicado por CLIE, año 2008. 

Sin embargo, a pesar de estas dos obras y sus premisas, Walter Brueggemann plantea:

“Se acostumbra a realizar una interpretación del Antiguo Testamento en dos momentos: primero se interpreta el Antiguo Testamento «en su propios términos» y posteriormente –y de forma bastante diferente- se interpreta en relación con el Nuevo Testamento. Este procedimiento es evidente en la Teología del Antiguo Testamento de Brevard Childs, de modo que en la segunda parte del libro el Antiguo Testamento se envuelve en afirmaciones neotestamentarias y casi desaparece.

Dadas las afirmaciones exclusivas del Nuevo Testamento en su enfoque cristológico, es quizás lo mejor que se puede hacer. Sin embargo, cualquier interpretación seria del Antiguo Testamento debe sentirse incómoda con este procedimiento, precisamente porque es obvio que el Antiguo Testamento no apunta ni obvia, ni limpia, ni directamente hacia Jesús o hacia el Nuevo Testamento”

Luego concluye, parafraseándolo yo un poco: “como intérprete cristiano, creo que haríamos mejor en reconocer el estatus independiente del texto veterotestamentario (del Antiguo Testamento) antes de realizar ciertas maniobras en el proceso de su interpretación” («Teología del Antiguo Testamento», Un juicio a Yahvé, Sígueme, año 2007, página 768). 

4) A partir del año setenta de nuestra era, se agudizan las tensiones entre el cristianismo y la corriente del judaísmo que persistió después de la destrucción de Jerusalén (la corriente de los fariseos), y finalmente, el cristianismo termina por definirse como una religión gentil (con todo lo que eso implica), separándose de manera definitiva del judaísmo (aunque un poco más tarde).

A propósito, sobre en la historia del cristianismo se habla del “judeocristianismo”, el cual es explicado por Jean Daniélou («Teología del Judeocristianismo», Cristiandad, 2004) como: “Una forma de pensamiento cristiano, que no implica vínculo con la comunidad  judía, pero que se expresa en cuadros tomados del judaísmo. De hecho, esta forma de pensamiento no solamente ha existido, sino que durante un tiempo ha coexistido con la iglesia cristiana. Hay una primera teología cristiana de expresión judía, semítica, y por ello se puede hablar en la historia antigua del cristianismo, de un período judeocristiano, que va desde los orígenes del cristianismo hasta más o menos la mitad del siglo II de nuestra era.”   

5) Si bien se separa definitivamente del judaísmo, el cristianismo ha mantenido la pretensión de hacer suya la herencia religiosa (y cultural hasta donde está relacionada directamente con lo religioso y espiritual, específicamente, por ejemplo el Tanaj, al que, sin embargo, llama AT) del pueblo hebreo.

Precisamente, el rabino ortodoxo Jacob Neusner le enrostra al cristianismo su falta de autonomía, con las siguientes palabras: “La fe cristiana encuentra una legión de razones para creer en Jesucristo (no simplemente que Jesús era y es Cristo); todo lo que yo afirmo y defiendo es que, puede ser, pero no porque diera cumplimiento a la Toráh, o sostuviera la Toráh, o se ajustara a la Toráh; no porque mejorara la Toráh, según este criterio, no habría seguido a Jesús entonces, y no aconsejaría a nadie seguirlo ahora. Pero la fe cristiana nunca ha encontrado inquietante el hecho de su propia autonomía: de no ser una  mera continuación y reforma de la fe anterior, el judaísmo (representado siempre como corrompido venal y, en cualquier caso, sin esperanza, sino un nuevo comienzo.” («Un rabino habla con Jesús», páginas 201 y 202).

Otra forma en que algunos judíos reaccionan ante las pretensiones cristianas de ser la superación y verdadera (legítima) continuidad de la fe hebrea, la fe de Abraham (y que por eso sólo los cristianos llaman al Tanaj, Antiguo Testamento), es esta: "La Toráh de YHVH es perfecta, que convierte el alma;  El testimonio de YHVH es fiel, que hace sabio al ignorante." Salmo 19.7 ¿Necesita ser cambiado lo que es perfecto? 

6) Un estudio adecuado y consistente de la relación entre el cristianismo y la esencia de la religión hebrea, debe ponderar con el mismo rigor tanto la continuidad (o las pretensiones de) y la discontinuidad que, ciertamente, existe entre estas dos religiones que comparten unos textos básicos (el Tanaj) si bien los asumen, leen, interpretan y aplican de una manera contradictoria e irreductible.

Por un lado, respecto a la continuidad, como ya advertí, es innegable que el cristianismo sólo puede explicar su origen a partir de herencia religiosa y espiritual hebrea. Por otro lado, es la lectura, interpretación y aplicación particular que hace el cristianismo de la herencia espiritual de la nación hebrea (la forma en que la ha asumido) lo que definitivamente lo enfrenta y separa de aquella. Y este hecho no puede perderse de vista, en ningún momento, al analizar la relación entre la esperanza hebrea (en sus múltiples expresiones) y el cristianismo (también en sus múltiples expresiones).

Finalmente, si bien se plantea que para entender el cristianismo, hay que entender primero el judaísmo del primer siglo de nuestra era, de todos modos, parece que dicho estudio es más urgente y vital para el estudio del llamado “Jesús histórico” (para conocer el verdadero trasfondo hebreo de Jesús, para entender su mensaje, su enseñanza, sus esquemas de pensamiento, su verdadero marco de referencia, y cómo vivió).

Este tipo de análisis nos ha de poner en guardia ante los intentos de llevar muy lejos la relación y dependencia del Cristianismo de la religión hebrea. Esto así, pues al fin y al cabo, mientras que Jesús vivió, pensó, enseño, vivió y murió como un verdadero judío; el cristianismo, en cambio,  terminó siendo una religión gentil, con todo lo que eso implica.

Apéndice: Una nota adicional sobre las pretensiones de la religión judía y la religión cristiana.

Un hecho a tomar en cuenta en un análisis comparativo de la religión judía y la religión cristiana, y que involucra la persona de Jesús es que, si bien el no aceptar a Jesús como el Mesías (el rechazar esta pretensión cristiana) ciertamente no unifica las distintas expresiones del Judaísmo; tampoco el asumir a Jesús como el Mesías, ha podido, ni podrá unificar, ni salvar las diferencias y tensiones que existen entre el cristianismo y el judaísmo mesiánico.

En conclusión, a pesar de las particulares pretensiones del cristianismo y del judaísmo mesiánico, pienso que haríamos bien en considerar que:

1) El cristianismo pretende ser la superación de la religión hebrea, su maduración y perfeccionamiento, o sea, su reemplazo, en cierta forma. Esta pretensión cristiana, en cambio, resulta absolutamente inadmisible para las distintas expresiones de la fe hebrea, del judaísmo.

2) El judaísmo mesiánico presume de ser, por un lado, el mejor judaísmo, y por el otro, el mejor cristianismo. En este sentido, presume: a) de tener la mejor y correcta interpretación del Tanaj (presunción absolutamente inadmisible para el resto de las expresiones de la fe hebrea o judaísmo); y b) de la mejor y correcta interpretación del NT (presunción absolutamente inadmisible para el cristianismo, en sus más diversas expresiones).

En resumen:

1)    El llamado AT por los cristianos (el Tanaj hebreo) es propiamente un cuerpo literario hebreo, no es cristiano. Este hecho tiene serias implicaciones para su exégesis, traducción y aplicación.   

2)    Es la comunidad lectora o hermeneuta la que decide qué toma y qué no, qué asume como suyo y qué no, de la tradición y religión hebreas, la religión del Tanaj (el AT para los cristianos). Por ejemplo, mientras que la Iglesia Adventista del Séptimo Día encuentra argumentos válidos para asumir, para hacer suyo el sábado hebreo como “día de reposo”, y la clásica distinción hebrea de “alimentos puros” y “alimentos impuros”; no obstante, al mismo tiempo también halla base suficiente para no asumir, para no hacer suya la circuncisión física, elemento de importancia todavía en el judaísmo clásico.

3)    Es la comunidad lectora cristiana con su particular lectura e interpretación, la que decide qué elementos considera que habrá de tener en común con la religión hebrea de Tanaj (el llamado AT por los cristianos).

4)    A pesar de hallar y explicar sus orígenes en el contexto de la religión y cultura hebreas, y de pretender hacer suya la herencia religiosa del pueblo hebreo, el Cristianismo es una religión gentil.


5)    El NT es en sí un cuerpo literario propiamente cristiano, no judío. En consecuencia, una pretendida lectura e interpretación del NT en clave hebrea o judía, es tan problemática y cuestionable como un lectura del Tanaj en clave cristológica.

Obviamente, estas realidades tienen serias implicaciones a la hora de determinar qué se entiende como mandato y obligación bíblica, y qué no; qué ha de entenderse como “obligación cristiana” con una determinada y legítima base bíblica, y qué no.



¡Hasta la próxima!

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