viernes, 29 de julio de 2016

La palabra «primogénito» en Mateo 1.25, una perspectiva crítica


¿Una manipulación textual más?

Héctor B. Olea C.

Como muy probablemente habrán notado las personas que leyeron mi artículo anterior en torno a Mateo 1.25, es claro que mi traducción personal de dicho pasaje (así como la traducción de las llamadas «Biblias católicas» que mencioné en el contexto de dicho artículo, tanto las que se mantuvieron fiel al texto griego como las que lo manipularon); no incluye la palabra «primogénito».

Ahora bien, dado que la palabra «primogénito» (griego «protótokos»”) por lo general apunta a un primer nacido entre varios (en la cultura hebrea la primogenitura era un concepto estrictamente asociado con la descendencia masculina); es probable que algunas personas piensen que su omisión en mi propia traducción del pasaje en cuestión, así como en las «Biblias católicas», supone algún tipo de “manipulación textual” (que yo estaría apoyando) con tal de restarle obstáculos a la sustentación del dogma católico de la «perpetua virginidad de María».

Sin embargo, no es así. Me explico. Desde la «Crítica textual» (ciencia que procura acercarnos lo más posible al texto más próximo al original), observamos que la presencia de la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en Mateo 1.25 no está atestiguada por los mejores manuscritos, por los mejores testigos textuales de que disponemos, sino por el llamado «Textus Receptus» (“texto recibido”), atestiguado por manuscritos tardíos. Esto significa que podemos estar muy seguros de que dicha palabra nunca estuvo en el original texto griego del evangelio de Mateo.

Además, la adición del llamado «Textus Receptus» es doble. Por un lado, inserta el artículo «el»” (griego, «ton»), ante la palabra «juión» (hijo), en caso acusativo singular, a pesar de que el mejor texto griego de Mateo 1.25 no lo tiene, para que se hable de «el hijo». Por otro lado, agrega la palabra «primogénito» (griego «protótokos»).

Ahora bien, a pesar de lo tardío y poco confiables que resultan los manuscritos en que se apoya la mención de la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en el pasaje en cuestión en la versión Reina Valera 1960; lo cierto y penoso es que incluso en la recién publicada «Reina Valera Contemporánea» (año 2011) se persiste en mantener la palabra «primogénito» (griego «protótokos») en Mateo 1.25.

Es más, lo peor aún es, respecto de la llamada «Reina Valera Contemporánea», que se pretenda mejorar en algunos aspectos la Reina Valera 1960 (como revisión realizada directamente por las Sociedades Bíblicas Unidas, pues no debemos olvidar que ya se han publicado varias versiones por distintas casas editoriales que han pretendido mejorar y hasta sustituir la revisión de 1960), haciendo destacar las dificultades textuales de dicha versión, pero sin la intención de que tales observaciones formen parte del texto mismo.

Es más, en un pequeño folleto («Tríptico») informativo publicado por Sociedades Bíblicas Unidas misma, se afirma textualmente que: “En el siglo XXI tenemos el «Texto Crítico» que se ha logrado a partir de más de 3000 manuscritos griegos, la mayoría mucho más antiguos y de mejor calidad que aquellos conocidos como «Textus Receptus», usado por Casiodoro de Reina como base textual para su traducción en 1569. El «Texto Crítico» es la base textual de la nueva revisión «Reina Valera Contemporánea», indicando claramente qué textos no se encuentran en los manuscritos más antiguos, aunque sin excluirlos de la Biblia”.

Ahora bien, mi personal percepción es que las «Sociedades Bíblicas Unidas» han decidido trabajar con demasiado sacralidad el texto de la Reina Valera, de forma análoga a como los masoretas trabajaron el texto hebreo consonántico que habían recibido. De hecho, precisamente por la sacralidad con que observaban el texto hebreo recibido, los masoretas decidieron señalar y destacar los problemas, dificultades e incoherencias o inconsistencias que mostraba dicho texto, pero sin alterar el texto mismo.

La pregunta lógica es si el «Textus Receptus» de la Reina Valera merece que nos comportemos frente a él, con la misma actitud y comportamiento con que los masoretas se acercaron y trabajaron el texto hebreo consonántico que habían recibido. En otras palabras, ¿se justifica hoy el pensar que la base textual de la Reina Valera es el texto original de la Biblia?

Además, el mencionado folleto afirma que con la «Reina Valera Contemporánea» no se pretende “sustituir” (cuando precisamente es lo que se esperaría de una revisión actualizada de la Reina Valera 1960 y 1995). ¿Será que se le teme y se considera un verdadero riesgo el que una verdadera actualización y revisión completa de la Reina Valera sea un terrible fracaso, económica y comercialmente hablando?

Pienso que la pregunta que he planteado no es descabellada y sin fundamento.   Esto así: 1) Dado el valor que ha recibido el texto de la Reina Valera 1960 prácticamente en todo el mundo, por parte del cristianismo protestante y evangélico hispanohablante. 2) En virtud del arraigo que tiene dicha versión en dicho segmento; y 3) Debido a la dependencia de dicha versión que tienen muchas prácticas, y conceptos doctrinales y teológicos del protestantismo hispanohablante.

Un ejemplo del riesgo financiero al que se expone una revisión que pretenda sustituir a la «Reina Valera 1960», lo tenemos, en primer lugar, con la experiencia obtenida por «Sociedades Bíblicas Unidas» misma, al ver que su «Reina Valera 1995» no ha podido sustituir ni competir con la ya revisada, textualmente mejorada y en parte superada, «Reina Valera 1960». Otros ejemplos que ponen de relieve lo difícil que ha sido el restarle espacio e impacto a la «Reina Valera 1960» en el protestantismo evangélico hispanohablante, lo constituyen el poco éxito logrado por las siguientes revisiones: 1) La realizada y publicada por la Liga Bíblica en 1977 (Santa Biblia); 2) La revisión realizada y publicada en 1989 por Editorial Mundo Hispano, la llamada «Reina Valera Actualizada», cuya más reciente revisión se publicó en el año 2015; 3) La revisión de la Reina Valera publicada por los adventistas en 1990, la llamada “Santa Biblia Nueva Reina Valera 1990”, y la llamada «Reina Valera versión siglo XXI» del año 2009 (versiones aparentemente hechas por adventistas para adventistas).

Ahora bien y, volviendo al problema textual respecto de la palabra «primogénito», diré que dicha palabra sí aparece como parte del original evangelio de Lucas, cuando en Lucas 2.7 se lee: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Es de sospechar, pues, que tardíamente algún copista se apoyó en la cita de Lucas para introducirla indebidamente en Mateo 1.25.

A pesar de todo, lo cierto es que el evangelio de Mateo, uno de los dos canónicos que desarrolla una «cristología de la concepción», en lo que respecta al capítulo 1, no muestra interés en mencionar si María tuvo más hijos, antes o después de Jesús. Su teología, en lo que al capítulo 1 se refiere, se concentra en dos aspectos: 1) María tuvo un hijo, el cual nació sin el concurso de varón, sin que José u otro varón lo hubiera engendrado. 2) Después de haber nacido dicho hijo, al cual José llamó “Jesús”, José y María tuvieron una vida conyugal absolutamente normal.

Consecuentemente y, considerando la teología del evangelio de Marcos, evangelio que, por cierto, no desarrolla como Mateo y Lucas, una «cristología de la concepción», y fue el primer evangelio en ser escrito; tenemos  que concluir que es el evangelio de Marcos el primero que menciona que María tuvo más hijos, presumiblemente de José, pero sin explicitar si Jesús fue el «primogénito» (considérese Marcos 3.31-35; 6.1-4; compárese Mateo 12.46-50; Lucas 8.19-21).

Luego, en una especie de línea intermedia entre Mateo y Marcos, tenemos a Lucas que, además de desarrollar una «cristología de la concepción» al igual que Mateo, es el único que en el marco de su relato del nacimiento de Jesús, especifica que éste fue el «primogénito» de María (Lucas 2.7).

Ahora y en este punto, creo que es interesante traer a colación la forma en que algunas «Biblias católicas» encaran el texto de Lucas 2.7. Como muestra cito a continuación el comentario que la «Biblia de Jerusalén 1998» hace del empleo de la palabra «primogénito» en dicho pasaje: “En griego bíblico el término no supone necesariamente hermanos menores, sino que subraya la dignidad y los derechos del niño”.

Además, me es preciso decir que en la misma línea del comentario de  Lucas 2.7  que ofrece la «Biblia de Jerusalén 1998» va el comentario de dicho pasaje que ofrece el «Comentario Bíblico San Jerónimo»:, cito:

“Hijo primogénito: El término griego «prótotokos» es utilizado constantemente en el AT (LXX) para designar al hijo que continuará la estirpe y recibirá doble porción en la herencia de sus mayores (Génesis 27; Deuteronomio 21.17). En algunos casos, el término tenía fuertes resonancias mesiánicas; las bendiciones de los patriarcas,  o herencia religiosa de Israel, se transmitían a través del primogénito (Génesis 27; Éxodo 4.22; Romanos 8.29; Colosenses 1.18). El fuerte acento judío del relato de la infancia, por consiguiente, explica el empleo de «prótotokos» en lugar del «monogenés» (hijo único) de 7,12; el primer término no implica en modo alguno que María tuviera otros hijos con José”.

Sin embargo, muy a pesar de la forma en que el «Comentario Bíblico San Jerónimo» comenta el empleo de la palabra «prótotokos» en Lucas 2.7, procurando eliminarle  obstáculos y escollos al dogma católico de la «virginidad perpetua de María»; lo cierto es que el empleo de la expresión «monoguenés juiós» por parte del mismo evangelista Lucas en el capítulo 7.12, para indicar, para hacer referencia a un «hijo único»; sugiere que si el evangelista Lucas hubiese querido señalar sin discusión que Jesús era el «hijo único de María», en Lucas 2.7, en lugar de emplear la palabra «prótotokos» (la que en efecto empleó), hubiese utilizado la expresión «monoguenés juiós», como en el 7.12.

Además y, después de todo, lo cierto es que ni Marcos ni Mateo establecen que Jesús fue el «primogénito» de María, si bien sostienen (con Lucas) que Jesús tuvo hermanos y hermanas. Es, pues, sólo el evangelista Lucas (de los evangelios canónicos) el que afirma que Jesús fue el «primogénito» de María (si bien con relación a José las cosas no les parecen muy claras (compárese Lucas 3.23, pasaje cuyos alcances e implicaciones están todavía en discusión).

Finalmente, con relación a interpretación católica que asume la palabra griega «adelfós» (hermano uterino), como equivalente a «primo» o sencillamente «pariente» (con tal de no poner en cuestionamiento el dogma de la «perpetua virginidad de María»); entiendo acertada la observación de Antonio Piñero al respecto, cuando plantea que si los evangelistas usaron la palabra «adelfós» para hacer referencia a los hermanos de Jesús, es sencillamente porque esa era la idea que, sin duda, pretendieron comunicar. En caso contrario, hubiesen utilizado otra palabra que también tenían a su disposición, como la palabra «anepsiós», que sí apunta a un «primo hermano». Un ejemplo del uso en el NT griego de la palabra «anepsiós», es Colosenses 4.10, por cierto, la única vez que se utilizó dicha palabra en todo el NT griego. 

En suma, si bien es indiscutible la presencia de la palabra «prótotokos» («primogénito») en Lucas 2.7; no es menos cierto que su presencia en Mateo 1.25, según se lee en la versión «Reina Valera 1960» (como reflejo del «Textus Receptus»), carece de fundamento y apoyo desde la perspectiva de la ciencia de la Crítica textual. En realidad la presencia de la palabra «prótotokos» («primogénito») en Mateo1.25 es una interpolación tardía, con base en Lucas 2.7, con la pretensión de armonizar a Mateo 1.25 con Lucas 2.7, y presentar un mensaje homogéneo, aunque adulterando la integridad textual del Evangelio de Mateo.       

Cierro esta cuestión, después de todos los elementos considerados en los dos artículos que he dedicado al análisis y explicación de Mateo 1.25, después de considerar toda la evidencia presentada; concluyendo en que una acertada traducción de Mateo 1.25, por un lado, debe ser distinta a la traducción que de dicho pasaje se lee en algunas versiones “católicas” de la Biblia (como la «Nueva Biblia Española», y la «Biblia de Jerusalén Latinoamericana»); y por otro lado, también distinta a la traducción que del mismo pasaje se lee en la versión «Reina Valera 1960», al menos y estrictamente en relación a la no inclusión de la palabra   «prótotokos», o sea, «primogénito».

En  fin, una acertada traducción de Mateo1.25 debe ir en la siguiente línea:

“Y él (José) no tuvo (griego lit. «No tenía») relaciones sexuales con ella (con María) hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

“Y no tuvo (José) relaciones sexuales con ella (con María), sino hasta después de que ésta dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”



¡Hasta la próxima!

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