domingo, 22 de mayo de 2016

De prostituta bajo sospecha, a la familia mesiánica

Héctor B. Olea C.

“¿Prostituta (puta, ramera, trabajadora sexual, etc.), yo, si después de que mi segundo esposo murió, tu segundo hijo por cierto, sólo lo he hecho contigo, suegro mío? ¿Por casualidad conoces tú, suegro mío, estas prendas (tu sello, tu cordón y tu báculo)…? El cielo es testigo, y él lo sabe, que del dueño de estas prendas es que estoy embarazada, señor mío”

Palabras de Tamar para su suegro Judá, al tener ella que elaborar un plan estratégico para hacer que éste reconociera (y de qué manera) que en relación a su tercer hijo, no había actuado frente a ella en conformidad con lo que estipulaba la «ley del levirato» (levirato viene de una palabra latina, «levir», que significa: cuñado, el hermano del esposo o marido).

Por cierto, la palabra que en la Biblia (sólo el Antiguo Testamento) se traduce “cuñado” es «yabám»; y “cuñada” es «yebamáh». De ahí que el tratado rabínico sobre “las cuñadas”, en el contexto de la ley del levirato, se conoce con el nombre hebreo de «yebamót», plural de «yebamáh.








Al final, hay que decir, que el inteligente plan de Tamar funcionó a la perfección, y sin duda, mucho mejor de lo que en realidad ella pensó y se propuso: en primer lugar, logró que se limpiara su imagen pública, y que se desvaneciera la sospecha de ser ella una simple y vulgar prostituta; incluso, salvó su vida, pues la decisión inicial de Judá, su suegro, fue la de ordenar su muerte (Génesis 38.24); en segundo lugar, puso entre la espada y la pared a su injusto suegro que, después de todo, admitió sin reservas, incluso con palabras de elogio para su nuera, su falta y mala actuación (véase Génesis 38.26); en tercer lugar y, sin  proponérselo,  pero sí como un extra, plus y beneficio colateral, pasó a formar parte de la familia de David, de la familia mesiánica (Génesis 38.29; Rut 4.12,18-22; Mateo 1.2-6; Lucas 3.23, 32, 33); pura inteligencia femenina, así de sencillo.  

Desafío hermenéutico, propuesta para la pastoral y para el testimonio cristiano:

¿Cuántas mujeres hoy estarán pasando por una situación similar a la de Tamar? ¿Cuántas mujeres hoy, han tenido que apelar a medios, caminos  y estrategias muy cuestionables y hasta considerados repudiables, pero con un corazón piadoso y sensible, en unos contextos que les son hostiles, en los que se les niegan sus derechos incluso como seres humanos, se las instrumentaliza y no se les permite oír su propia voz, su propia perspectiva, su propia historia, sus más íntimas convicciones? ¿Qué podremos hacer para que estas situaciones no se sigan imponiendo? 


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