domingo, 19 de junio de 2016

«Dejará el varón a su padre y a su madre…», Génesis 2.24


Un análisis y comentario crítico

Héctor B. Olea C.

Si bien y por lo general, Génesis 2.24 ha sido traducido empleando el tiempo futuro, como reflejo del “estado imperfecto hebreo” (no “tiempo imperfecto”), y con la fuerza de un imperativo; lo cierto es que el pasaje en cuestión no necesariamente tiene que ser traducido empleando el tiempo futuro, ni entendido como un mandato. Es pues, el objetivo de este artículo, analizar el texto hebreo y considerar las opciones que en verdad existen en la gramática hebrea para la exégesis y traducción del pasaje que nos ocupa. Comencemos, pues, nuestra aventura.

La idea o noción del tiempo en el sistema verbal del hebreo bíblico

En realidad no existe en el hebreo tal cosa como un “tiempo imperfecto”, a la manera del castellano. De hecho no existe en la gramática del hebreo bíblico el concepto de los llamados “tiempos verbales”, a la manera del castellano. Lo que realmente existe en el hebreo son dos situaciones básicas, dos estados del verbo que apuntan más bien al aspecto de la acción verbal (si como realizada o si por realizar), donde la idea o noción de tiempo, dentro de combinaciones sintácticas, es relativa, y se establece más bien por el sentido total de la oración, como muy bien lo plantea Moisés Chávez en su obra «Hebreo Bíblico, texto programado» (página 196).



En tal sentido, hay que decir que el “estado perfecto” apunta a una acción terminada, realizada, ocurrida. Son traducciones adecuadas del “estado perfecto hebreo”, el preterido indefinido, el pretérito perfecto, el pluscuamperfecto, el pretérito imperfecto, el presente (sobre todo en los verbos estativos) y hasta el futuro (que así se indica ciertísimo), apunta Enrique Farfán Navarro en su obra «Gramática elemental del hebreo Bíblico», página 52.


Por su parte, el “estado imperfecto”, apunta a una acción no realizada, por realizar, una acción futura. Son traducciones adecuadas del “estado imperfecto”, sobre todo el futuro, pero también el presente (si se considera que la acción suele repetirse, considerada habitual, acostumbrada), y el imperfecto (si se considera el proceso, la duración de la acción). Incluso, agrega Arie C.Leder (en su obra Introducción al hebreo bíblico), que hasta podría traducirse con una forma en modo subjuntivo o potencial en caso de considerarse una acción potencial o probable.

Ahora bien, es cierto que en Génesis 2.24, es cierto que la forma verbal “yaazab” corresponde al estado imperfecto del verbo “azab” (abandonar, dejar), en tercera persona masculina, singular. Por otro lado, la forma verbal “yaazab”, puede ser considerada una simple forma verbal en estado imperfecto; o como un yusivo que, junto al cohortativo, son dos formas especiales del estado imperfecto.

Pues bien, implica el cohortativo una especie de mandato débil, deseo o petición de la primera persona singular y plural.

Implica el yusivo una especie de mandato igualmente débil, o deseo de la tercera persona singular y plural, incluso hasta de la segunda persona singular y plural.

Sin embargo, si bien algunos comentaristas han alegado la posibilidad de entender como un yusivo la forma verbal “yaazab”, el hecho de que la forma verbal “dabaq” (unirse), que la Reina Valera y otras versiones, incluso la Septuaginta, han traducido en futuro, como si estuviese en estado imperfecto, esté más bien en el “estado perfecto hebreo”; elimina la posibilidad de entender como un yusivo la forma verbal “yaazab”.

La narración en secuencia en el hebreo

En efecto, existe en el hebreo la llamada “narración en secuencia”, donde una acción expresada con el estado perfecto o imperfecto, continua con el perfecto o imperfecto. Existen pues, dos formas de esta narración en secuencia, en las que se emplea la llamada “va conversiva” (o “va consecutiva”) mediante la cual la forma verbal en estado perfecto, adquiere el valor de futuro, o sea, el de una forma verbal en estado imperfecto; y la forma verbal en estado imperfecto, adquiere el valor del pretérito, o sea, el valor del estado perfecto. 

La primera estructura es la que inicia con una forma verbal en estado perfecto y continúa con una forma verbal es estado imperfecto. Esta estructura apunta a una narración continua en el pasado. El nombre técnico para esta estructura es “vayyiqtol”, y Moisés Chávez la nombra “vaifal” (obra citada, página 255). Un ejemplo claro de esta narración la encontramos en Génesis 1 (obsérvese especialmente la traducción en pretérito de la expresión hebrea “vayomer” (y dijo, dijo), que es en realidad una forma verbal en estado imperfecto, pero invertida al valor del perfecto mediante la “va conversiva” o “va consecutiva”; después y continuando la narración iniciada con el perfecto “bará” del versículo 1). 

Ahora bien, dado que es el “vayyiqtol” (el “imperfecto invertido”) el tiempo típico y ordinario de la narración en el hebreo bíblico, muchas veces inicia sin un perfecto.

La segunda estructura de la narración consecutiva (que aparece en el discurso y en la narración), es la que inicia con un imperfecto, y continua con un perfecto (conocida generalmente como “perfecto invertido”). Esta estructura recibe el nombre de “veqatalti”, o “veqatal”, y Moisés Chávez la llama “vepaal” (obra citada, página 261). Esta estructura apunta a una acción en el futuro o a una acción habitual o repetida. Es también esta estructura, plantea, Moisés Chávez, la que se emplea para expresar mandatos obligatorios de implicaciones futuras. Un ejemplo de esta estructura la encontramos en Éxodo 20.8 y 9.    
 Ahora bien, con base a que en el texto hebreo de Génesis 2.24 tenemos un perfecto invertido, o sea, una narración iniciada con un imperfecto, seguido por un  perfecto invertido, o sea, una estructura “veqatalti”,  “veqatal” o “vepaal”; la disyuntiva es: 1) asumir dicha estructura como apuntando a una acción habitual, repetida, con el sentido del tiempo presente; o 2) asumir dicha estructura como un imperativo con implicaciones futuras.

En lo personal, pienso que es más factible que se entienda a Génesis 2.24 en un sentido descriptivo; después de todo, la práctica de abandonar el hogar paterno para ir tras el suyo propio, era una práctica bien establecida para cuando se vino a redactar el texto en cuestión. Por eso soy de la opinión de que se traduzca y se entienda a Génesis 2.24 como apuntando no a un mandato, no a una ley, sino como dando razón de una práctica ya establecida: “Por eso deja el varón a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.  


Una nota al margen, relativa al tiempo futuro con la fuerza de un mandato

Finalmente y como una nota al margen, quiero abordar la posible relación del “estado imperfecto”, con lo que podríamos llamar “modo imperativo”, y con el tiempo futuro con la fuerza o función de un mandato.

Por un lado, si bien están estrechamente relacionados el estado imperfecto y lo que podríamos llamar “modo imperativo hebreo”; lo cierto es que no son la misma cosa.

Por otro lado, es preciso decir que no tiene el imperativo hebreo una forma para los mandatos en forma negativa, y por eso se vale del estado imperfecto más una de dos formas del negativo “no”. En consecuencia, cuando se quiere expresar una prohibición inmediata y específica (sin pretender extender dicha prohibición al futuro indefinido), se usa el estado imperfecto más la partícula “al” (no). Pero cuando se desea expresar una prohibición permanente, una prohibición absoluta, propia de una ley, entonces se usa el estado imperfecto más la partícula “lo” (no, nunca). Ejemplos de este último tipo de formulación lo constituyen las dos redacciones del decálogo (Éxodo 20 y Deuteronomio 5, en las formulaciones: No tendrás dioses ajenos, No harás imagen, No matarás, No cometerás adulterio, No hurtarás, etc.), así como la prohibición del coito homosexual en Levítico 18.22.

Con relación a la fuerza imperativa del futuro, es preciso tener en cuenta la siguiente observación que plantea Roberto Hanna en su obra “Sintaxis exegética del NT griego”: “De vez en cuando se usa el futuro en lugar del modo imperativo. El uso del futuro como imperativo resulta de la influencia de la Septuaginta en el NT, en el cual se encuentran aproximadamente 50 casos y 39 de estos están en citas del AT” (página168). 

En conclusión, dado que es la Septuaginta la que en verdad tiene en futuro la forma verbal “kataléipsei” (dejar, abandonar; futuro de “kataléipo”); y proskolethésetai (unirse., adherirse; futuro de “proskoláo”); situación que se reprodujo y se lee tal cual, en Marcos 10.7); pienso que en verdad es la forma de Génesis 2.24, tal y como se lee en la Septuaginta, y que se reproduce en Marcos 10.7, y no la forma del texto hebreo, la que ha determinado la traducción que una buena parte de las versiones de la Biblia nos han regalado del pasaje en cuestión.

Concluyo, pues, reafirmando la forma en que sugiero que se entienda y traduzca a Génesis 2.24: “Por eso (“porque del varón fue traída, tomada, puesta en existencia, y es hueso de sus huesos y carne de su carne”, versículo 23) deja el varón a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.  



¡Hasta la próxima!      



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