martes, 17 de mayo de 2016

Reflexionando en torno al fracaso de las candidaturas evangélicas en el pasado torneo electoral

Héctor B. Olea C

El rotundo fracaso de las candidaturas procedentes de la comunidad evangélica en el pasado torneo electoral, principalmente en la boleta del Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC) y de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), nos permite hacer las siguientes lecturas:

En primer lugar, que definitivamente parece muy abultado el número o porcentaje de la población que se entiende o se dice que representa la comunidad evangélica. Esto así, considerando el triste desempeño que tuvo el PQDC en las pasadas elecciones, a la luz de la afirmación que hizo la CODUE misma, de que  el 80 % de las candidaturas del PQDC procedía de la comunidad evangélica, y del porcentaje que entiende principalmente la CODUE que representa la comunidad evangélica (¿un 30, 35 o más por ciento?).   

En segundo lugar, que ciertamente no parece que haya siquiera una sola organización representativa de la comunidad evangélica que aglutine al menos el 40 % del segmento que representa la comunidad evangélica.  

En tercer lugar, se confirma el hecho de no ser monolítica la comunidad evangélica en lo que a preferencias político-partidistas se refiere, como en otras cosas por supuesto, y que en realidad es ella muy multicolor. En este mismo sentido, que se hace imposible hablar de un “voto duro” evangélico que pueda apoyar de manera consistente un proyecto político que proceda de la comunidad evangélica misma, incluso fuera de ella. Como ya he dicho, la comunidad  evangélica es al mismo tiempo, peledeista, perredeista, reformista, perremeísta, etc., etc., etc.

En cuarto lugar, se confirma lo que ya había advertido de lo errada que era la estrategia política de dirigir y concentrar la campaña política y su oferta, estrictamente o preferentemente hacia la comunidad evangélica misma, obviando y dejando de lado al resto del universo de votantes; esto así, como si con el solo apoyo de la comunidad evangélica (como si este apoyo fuese monolítico), se pudiera garantizar el triunfo y éxito de una propuesta o candidatura política determinada.  

En quinto lugar, se tiene que reflexionar seriamente en lo relativo al perfil de las personas que se están escogiendo para ostentar las candidaturas y encabezar los proyectos políticos partidistas que procedan de la comunidad evangélica; tal vez  incluso, respecto de la forma en que se han estado seleccionando y se deben escoger de cara al futuro, así como de las razones por las cuales se han estado prefiriendo las personas con el perfil de las que hasta ahora se han estado escogiendo.        

En sexto lugar y, finalmente, tiene que mejorar la sintonía de las propuestas político-partidistas de la comunidad evangélica, con las verdadera aspiraciones, necesidades y anhelos de la población dominicana como tal, y no sólo los anhelos y aspiraciones de la comunidad evangélica misma; incluso, se debe comenzar a trabajar desde ahora, para tener unas verdaderas oportunidades de alcanzar el poder y tener el éxito deseado en el próximo torneo electoral del año 2020.


¡Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata es por descuidado (¿o demasiado confiado?)!, así de sencillo.

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