miércoles, 14 de septiembre de 2016

Modelos de familia, y el nacimiento de Samuel (1 Samuel 1 y 2)


De los textos bíblicos y su apropiación cristiana y evangélica


Héctor B. Olea C.

Llama la atención que el tradicional discurso cristiano y evangélico, por un lado, presuma de las condiciones del nacimiento de Samuel (pedido a Dios, y dado por Dios de manera milagrosa); y por otro lado, sutilmente evite poner de relieve que las mismas condiciones en que nació esta figura trascendental de la tradición hebrea (que luego la tradición cristiana ha hecho suya), que el modelo de hogar y familia en que vino a la existencia Samuel, en su propio marco histórico y sociocultural, pone en cuestionamiento y es radicalmente contrario al modelo de familia y hogar que el tradicional y popular discurso evangélico defiende como el único e ideal.  










Por supuesto, a diferencia del habitual y muy conocido discurso evangélico sobre un supuesto modelo universal de familia; el relato bíblico del nacimiento de Samuel, en primer lugar, no oculta que éste nació en el contexto de un hogar polígamo; en segundo lugar, no contiene dicha narrativa un cuestionamiento ni condena de dicho modelo de familia; y en tercer lugar, no implica dicho relato la exigencia divina de un cambio de modelo de hogar y familia como condición vital  indispensable («condítio sine qua non») para Dios intervenir y actuar en favor de Ana, y permitir precisamente el nacimiento de Samuel.  

En suma, tenemos que mantenernos en guardia para evitar que la apropiación de los textos y relatos bíblicos por parte de las comunidades cristianas y evangélicas  hoy, impliquen la manipulación que supone el proyectar sobre los mismos, los prejuicios históricos, socioculturales, ideológicos y teológicos propios de las comunidades hermeneutas cristianas y evangélicas, y de individuos comprometidos con las presuposiciones y agendas particulares de las mismas. 

Por supuesto y al final, no sorprende que los textos y relatos bíblicos, entendidos en su debido contexto histórico y sociocultural, en su propio contexto vital; no favorezcan el tradicional discurso evangélico en muchos sentidos. Esto así ante el incuestionable hecho de que ningún autor o redactor de la Biblia fue cristiano o evangélico en el sentido de cualquiera de las acepciones o connotaciones que le demos a estos conceptos hoy. 


¡Hasta la próxima!


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