martes, 31 de mayo de 2016

¿Tiene Dios su villano favorito?

A propósito de la poca suerte de Saúl y la gran dicha de David

Héctor B. Olea C.




¿Tiene Dios sus villanos favoritos? ¿Fueron mortales los pecados de Saúl, pero veniales, los de David? ¿Tuvo Dios un villano o pecador favorito, David? ¿Cómo habrán sido matizados y retocados los relatos de la vida de David en la medida en que la figura de éste se fue idealizando? ¿En verdad mató David a Goliat (compárese 1 Samuel 17.1-58; 2 Samuel 21.19)?

Antes de tratar de responder a estas preguntas desde la perspectiva literaria, a la luz de los presupuestos de los narradores del AT; quiero articular algunas respuestas a la luz de los mismos relatos, pero desde otra perspectiva.  

Una lectura detenida y atenta de los relatos de la vida de Saúl y la vida de David, ciertamente nos permite llegar a la conclusión de que no es cierto que los pecados, la desobediencia y las fallas de Saúl fueron mayores, ni en modo alguno únicas y especiales; sin embargo, ¿cómo podemos explicar que Saúl es rechazado, pero no así David?

Sin duda, el análisis de los pecados de Saúl y los de David, ponen de manifiesto que el rechazo de Saúl y el no rechazo de David no se fundamentó en dicho inventario, porque de lo contrario ambos habrían recibido igual suerte.

En consecuencia, parece que, a pesar del apelativo al hecho de la incuestionable desobediencia de Saúl como explicación de su rechazo; en verdad hubo otro factor más determinante, ¿el amor de Dios?


Precisamente en ocho ocasiones, en ocho versículos bíblicos (todos en el AT y todos en la obra deuteronomista), encontramos la expresión «por amor a David». Estos ocho versículos bíblicos son: 1 Reyes 11.12, 13, 32, 34; 15.4; 2 Reyes 8.19; 19.34; 20.6. Considérese además el uso de la expresión «por amor de David» en Salmo 132.10 e Isaías 37.35.










Entonces, fue desechado Saúl, ¿por sus pecados, o sencillamente porque no tuvo la suerte que sí tuvo de David, de ser objeto del soberano amor de Dios, al margen de cuántos, cuáles y sin importar a quiénes hubiese afectado y perjudicado David con sus pecados? ¿Vale más caer en gracia que ser gracioso?  

¿Cómo hemos de relativizar la acusación de que Saúl fue desechado por su desobediencia, a la luz de que David fue acepto a pesar no ser menos desobediente, gracias y sólo “por el amor de Dios a David?

Finalmente, no podemos perder de vista el poco tiempo que, según la narración bíblica, Dios soportó a Saúl. De acuerdo a 1 Samuel 13.1, Saúl fue rechazado cuando apenas había reinado dos años sobre Israel. Sin embargo, “por amor a David”, no sólo soportó Dios a David por cuarenta años como rey (1 Reyes 2.10-11), sino que además fue capaz de tolerar algunos fallos, desobediencias, y desaciertos en la casa de David, incluso después de su muerte.  
   
Ahora bien, la apelación a lo que afirma 1 Reyes 15.5 (pasaje que debe ser leído sin dejar de considerar lo que plantea 2 Reyes 23.25), pienso que debe asumirse y ponerse bajo sospecha a la luz del aspecto que vamos a considerar a continuación: las perspectivas desde las cuales escribieron los autores de los llamados libros históricos del Antiguo Testamento.

En primer lugar, como nos dice Antonio González Lamadrid, “En la Biblia todos los libros son teológicos, también los que llamamos históricos, incluidos 1 y 2 Samuel. Esta realidad nos dice mucho de cómo y por qué se incluyen y se excluyen ciertos detalles en toda la narración bíblica”.

En segundo lugar, como también nos dice el mismo Lamadrid: “Una lectura comparada de las historias deuteronomista (Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes) y cronista (1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías), permite descubrir la libertad de los historiadores bíblicos a la hora de tratar los acontecimientos y sus protagonistas. Cierto, no es una libertad caprichosa, sino que viene determinada por dos acondicionamientos principales. Primero, por los presupuestos teológicos de los que parte que cada uno de los historiadores. Segundo, por la finalidad que se proponen y los destinatarios a los que dirigen la obra” («Historia, Narrativa, Apocalíptica», páginas 139, 140).

En tercer lugar, como muy bien apunta la Biblia del peregrino edición de estudio (de Luís Alonso Schokel) en la introducción a los libros de Samuel: “En primer lugar, el Duteronomista tiene ideas bastantes clareas y precisas, que orientan el relato en su conjunto. Los criterios del Deuteronomista y la situación histórica condicionan seriamente al autor. Su historiografía es tendenciosa. En segundo lugar, estos libros de Samuel son descaradamente favorables a David, contra Saúl, y por tanto, no menos tendenciosa”.

En cuarto lugar, si bien los libros de Samuel son muy favorables a David, no es menos cierto que nos muestran a un David mucho menos idealizado como el que nos presenta la historia cronista. “La tendencia a idealizar a David alcanzará su culminación dentro de la Biblia en la historia del cronista. El David de 1 Crónicas es el hombre y el rey ideal, todo luz y claridad, sin manchas, ni sombras” (Lamadrid, fuente citada, página 139).

En quinto lugar, si bien es demasiado favorable a David, la historia deuteronomista; no es menos cierto que para el deuteronomista no es David el rey ideal y perfecto, sino Josías (considérese 2 Reyes 23.25). Por otro lado, es David el rey ideal y perfecto para el cronista. Esto explica por qué en los libros de Samuel, David es presentado con muchas luces, pero también con muchas sombras, pero en la obra cronista, como un monarca perfecto.

Además, precisamente por lo que acabo de decir, se comprende que el deuteronomista no excluyera los detalles relacionados a la relación de David y Jonatán, incluso si habrían de originar ciertas sospechas de que tal relación podría implicar un posible amorío de tipo homosexual entre éstos. A la vez, y por las mismas razones, se comprende que el cronista en su versión o relato excluyera los detalles relacionados con la relación entre David y Jonatán.

En sexto lugar, si la sospecha de que la relación entre David y Jonatán, según nos la cuenta el deuteronomista, ciertamente podía dar origen a ciertos cuestionamientos y hacer pensar que hubo entre ellos algo más, mucho más que una profunda amistad; si esta fue la sospecha del cronista y por eso ignoró este detalle de la vida de David; sin duda que tenía razón.

En séptimo lugar, si la sospecha de que la relación entre David y Jonatán, según nos la cuenta el mismo deuteronomista, ciertamente podía dar origen a ciertos cuestionamientos y hacer pensar que hubo entre ellos algo más, mucho más que una profunda amistad; si esta fue la sospecha del deuteronomista, y por eso se esmeró en contarla con lujo de detalles, como una manera de establecer ciertos contrastes entre David, el rey imperfecto (con una imagen pública y privada muy cuestionable), y hasta envuelto en una relación amorosa de tipo homosexual; y Josías, su rey perfecto; sin duda que también tuvo razón.

Finalmente, si para el cronista David fue el hombre conforme al corazón de Dios, es decir, obediente en todo (1 Reyes 15.5; 1 Crónicas 29.26-30); para el deuteronomista lo fue Josías (considérese 2 Reyes 23.25).



¡Hasta la próxima!

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