martes, 21 de junio de 2016

Dejan, el varón y la mujer, a sus parientes y se unen; si quieren


El matrimonio no es un deber, es un derecho

Héctor B. Olea C.

Muy a pesar de que el judaísmo rabínico no ve con buenos ojos el celibato, y estimula el matrimonio; lo cierto es que la tradición bíblica no considera el matrimonio, el formar pareja, como un mandato o como un deber, sino como un derecho.

De hecho, además de las implicaciones y perspectivas que nos proporciona el  texto hebreo de Génesis 2.24, Jesús mismo no sólo opta por el celibato, sino que además argumenta a favor del mismo: “Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos” (Mateo 19.12).
Por otro lado, la fuerza del haber optado Jesús por el celibato cobra más relieve cuando se observa su enseñanza positiva sobre el matrimonio (considérese Mateo 19.4-6; Marcos 10.5-9); y su actitud abiertamente positiva y de aceptación hacia los niños (Mateo 19.13-15; Marcos 10.13-16; Lucas 18.15-17).  
Finalmente, otro ejemplo similar al de Jesús, lo encontramos en Pablo, precisamente a pesar de enseñar positivamente sobre el matrimonio y la familia (1 Corintios 7.2-6; pero que, curiosamente y a su modo, también argumentó a favor del celibato (considérese 1 Corintios 7.1, 7-9).  

En suma: ¿Hemos, pues, de asumir hoy, el matrimonio y el tener hijos e hijas, como un deber y una obligación cristiana? Por supuesto que no. Insisto, no es pues, un mandato en Génesis 2.24, y en el resto de la tradición bíblica tampoco.   
   
Por otro lado, lo que sí es la recomendación y demanda de la tradición bíblica, es que la persona que aspire a tener pareja y descendencia; lo haga en el contexto de una relación responsable, así de sencillo.   



¡Hasta la próxima!

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