jueves, 26 de mayo de 2016

«Eucaristía y presencia de Cristo» A propósito de la fiesta de «Corpus Christi»


Una interminable discusión cristiana

Héctor B. Olea C.

En el contexto de la celebración de la fiesta conocida en latín como «Corpus Christi» (literalmente “Cuerpo de Cristo”), quiero compartir una reflexión sobre un tema cismático en la historia de la fe cristiana: la forma de asumir la presencia de Cristo en medio de la celebración de la «Eucaristía» o «Cena del Señor».

Pues bien, en el calendario litúrgico de la iglesia católica se celebra el jueves siguiente al domingo de Trinidad (que es el domingo siguiente al domingo de Pentecostés) la festividad conocida como «Corpus Christi».

En un artículo de la Enciclopedia Católica disponible en la Internet se explica que la razón de la fiesta del «Corpus Christi» es “conmemorar solemnemente la institución de la Sagrada Eucaristía”.

Ahora bien, ¿es bíblica la expresión «cuerpo de Cristo»? en otras palabras, ¿tiene presencia en la Biblia la expresión «cuerpo de Cristo»?


Efectivamente, la expresión «cuerpo de Cristo» se la encuentra, lógicamente, sólo en el Nuevo Testamento, y en apenas cinco ocasiones (versión Reina Valera 1960). Por otro lado, la expresión en cuestión se la encuentra únicamente en las epístolas, estrictamente dentro del corpus paulino: tres menciones en dos epístolas paulinas sin discusión (Romanos y 1 Corintios), y dos menciones en dos epístolas cuya paternidad literaria paulina es objeto de discusión (Colosenses y Efesios).

A continuación los pasajes donde encontramos en el NT la expresión «cuerpo de Cristo»:

Romanos 7.4 “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”

1 Corintios 10.16 “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”

1 Corintios 12.27 “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”

Efesios 4.12 “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”

Colosenses 2.17 “Todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”

Ahora, resulta interesante que de estas cinco menciones, es en tan sólo una de ellas que se usa la expresión «cuerpo de Cristo» en conexión con la Eucaristía o Cena del Señor, a saber, 1 Corintios 10.16.

De todos modos, históricamente han existido tres formas de entender la presencia de Cristo en la «Eucaristía» o «Cena del Señor»: 1) la interpretación de la iglesia católica, la iglesia ortodoxa y la iglesia anglicana o episcopal; 2) la interpretación luterana; y 3) la interpretación calvinista, que es la que siguen la mayoría de las comunidades o congregaciones protestantes y evangélicas.

I) La interpretación de iglesia católica junto a la iglesia ortodoxa, y la anglicana o episcopal

Esta postura se conoce generalmente con la palabra «transubstanciación». Con esta palabra se apunta a que en la «Eucaristía» o «Cena del Señor», el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo. En consecuencia, se presume de la presencia de Cristo de forma real en medio de la «Eucaristía» o «Cena del Señor».

Al respecto se lee en el Catecismo de la iglesia católica: “En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.”

Por su parte el Catecismo de la iglesia ortodoxa se expresa en los siguientes términos:

“Pregunta: ¿Qué es la Comunión?

Respuesta: La Comunión es un Sacramento por el cual el creyente ingiere, bajo la forma de pan y vino, el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo para la vida eterna.

Pregunta: ¿Por qué se llama trono a la mesa donde se consagra el Sacramento dela Comunión?

Respuesta: Porque Jesucristo está presente en él como Rey, místicamente”.

Una revisión y adaptación ecuménica del catecismo anglicano elaborada en México habla de la eucaristía en los siguientes términos “la eucaristía es la celebración, en comunidad, de la Pascua de Jesús, de su muerte y resurrección. La eucaristía es la misa. En la misa la comunidad escucha la Palabra de Dios y se alimenta del cuerpo y la sangre de Cristo. La eucaristía es señal de nuestra unión en Cristo y el alimento para nuestra vida cristiana.”

Finalmente, la enciclopedia católica online define la «Transubstanciación» en la siguiente manera: “Transubstanciación: cambio de una substancia en otra distinta. Expresión creada para designar el cambio completo de la substancia del pan y del vino en la Eucaristía en la sustancia de cuerpo y la sangre de Jesucristo. Del pan y del vino no quedan sino los “accidentes”, o especies o apariencias.”

II) La interpretación luterana de la presencia de Cristo en la «Eucaristía» o «Cena del Señor»

El catecismo de la iglesia luterana habla de la presencia de Cristo en la Eucaristía o Cena del Señor en los siguientes términos: “Es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo.” Quiere decir que es el cuerpo real, natural de Cristo y su sangre real y natural. ¿Por qué enfatiza eso nuestro catecismo? Lo hace a causa de los falsos profetas e iglesias que no quieren creer el misterio de la Santa Cena. Especialmente las iglesias reformadas, las sectas, los metodistas, los pentecostales, de hecho, todas las otras iglesias protestantes fuera de la luterana enseñan así. No quieren creer estas palabras de Cristo; no quieren creer que estén realmente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo en la Santa Cena y que los que vienen al sacramento realmente coman y beban estas cosas. Es en verdad un misterio maravilloso. No podemos comprenderlo por nuestra razón. Nos parece imposible.

En consecuencia, esas iglesias enseñan que se tiene que tomar las palabras de Cristo figuradamente, entenderlas en otro sentido. Según ellos, Cristo no quería decir que la Santa Cena realmente fuera su verdadero cuerpo natural, sino solamente que el pan significa su cuerpo, que lo retrata. Se refería solamente al cuerpo espiritual de Cristo. Los cristianos deben recibir este cuerpo espiritual en la Santa Cena, o sea, Cristo y sus beneficios, con fe, mientras que el verdadero cuerpo natural del Señor está sentado en el cielo. Contra estos falsos profetas, que se basan en su propia razón, nuestro catecismo dice: “Es el verdadero cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo.”

III) La interpretación calvinista o reformada (la cual es seguida prácticamente por todas las iglesias protestantes)

El Catecismo de Heidelberg (reformado) se expresa con relación a la «Eucaristía» o «Cena del Señor», en los siguientes términos:

75 ¿Cómo es que la Cena del Señor te recuerda y te asegura que eres participante del único sacrificio de Cristo en la cruz y de todos sus beneficios?

De esta manera: Cristo me ha ordenado a mí y a todos los creyentes, que coma de este pan partido y que beba de esta copa. Y con este mandamiento, él dio esta promesa:

Primero: Que tan cierto como veo con mis ojos Que el pan del Señor es partido para mí y que la copa me es dada; así de cierto Su cuerpo fue ofrecido por mí y su sangre derramada por mí.

Segundo: Que tan cierto como recibo de la mano del que sirve y como y bebo del pan y de la copa del Señor, Los cuales me son dados como señales ciertas del cuerpo y de la sangre de Cristo... Así de cierto... Él alimenta y reconforta mi alma para la vida eterna con su cuerpo crucificado y con su sangre derramada.

76 ¿Qué significa comer del cuerpo crucificado de Cristo y beber de Su sangre derramada? Significa: Aceptar, con un corazón creyente, todo el sufrimiento y muerte de Cristo y por creer, recibir perdón de pecados y vida eterna. Pero significa más: A través del Espíritu Santo, quien vive tanto en Cristo como en nosotros, somos unidos más y más al bendito cuerpo de Cristo y también, que aunque Cristo está en el cielo y nosotros en la tierra somos carne de su carne y hueso de su hueso y por lo tanto vivimos en y somos gobernados por un Espíritu así como los miembros de nuestro cuerpo son gobernados por un alma.

78 ¿Se transforman el pan y el vino en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo?

No. Así como el agua del bautismo no se transforma en la sangre de Cristo y por sí misma, no lava los pecados sino que es simplemente la señal y la certeza de Dios; así mismo, el pan de la Cena del Señor no se transforma en el mismo cuerpo de Cristo, a pesar de que se le llame el cuerpo de Cristo, sólo para mantener la naturaleza y el lenguaje de los sacramentos.

IV) Algunas pistas exegéticas

1) Análisis de 1 Corintios 10.16

Como ya vimos, en la versión Reina Valera de 1960, 1 Corintios 10.16 dice: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

A) Análisis y explicación de las preguntas: “¿no es la comunión de la sangre de Cristo? y ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

A.1) La palabra griega que se traduce “no” en ambas preguntas

La palabra griega que se traduce “no” en las dos preguntas en cuestión, no es la que simplemente significa “no”, o sea “ou”; sino más bien la forma enfática de esta (“oují”). Esta forma de “ou” (“oují”) es usada en preguntas como estas, en preguntas que demandan o esperan una respuesta afirmativa. En consecuencia, lo que en forma de pregunta retórica está afirmando el texto es que: “el vino de la copa es la comunión con la sangre de Cristo; y el pan que partimos es la comunión con el cuerpo de Cristo”.

A.2) Análisis de las expresiones “sangre de Cristo” y “cuerpo de Cristo”

En el idioma griego el caso «genitivo» (caso usado para expresar aquello de lo que uno se separa o se aleja) generalmente demanda el uso de la preposición “de”. Ahora bien, aunque hay varias categorías de este caso (el caso es la forma que asume un sustantivo o adjetivo según la función que realice en la oración), me parece adecuado interpretar este genitivo como un «genitivo partitivo». Se considera el «genitivo partitivo» “el valor propio del genitivo, hasta el punto que, en caso de duda, es preferido este sentido a cualquier otro. No indica simplemente una parte de un todo, sino el todo del que se designa una parte” (Amador-Ángel García Santos: «Introducción al Griego Bíblico», Editorial  Verbo Divino, 2003, página 33). En consecuencia, la expresión “sangre de Cristo” sencillamente apunta a “la sangre que le pertenece a Cristo”; en otras palabras, se hace referencia con dicha frase, a un elemento particular (la sangre) del cuerpo de Cristo (el todo); y en la expresión “cuerpo de Cristo”, se apunta al “cuerpo propio de Cristo”; en otras palabras, se está haciendo referencia a un elemento particular de la persona (el todo) de Cristo (su  cuerpo).  

A.3) La interpretación de la palabra “comunión”

Con la palabra griega “koinonía” se apunta a algo que se está compartiendo, de lo que se está participando, de algo que está uniendo.

En resumen, 1 Corintios 10.16 afirma que en la «Eucaristía» o «Cena del Señor» se comparte y participa (en comunidad) por medio de la copa del vino, de la sangre de Cristo; y por medio del pan partido, del cuerpo mismo de Cristo. Obviamente, no sabemos cómo pensaba Pablo que esto ocurría. Lo cierto es que las tres posturas mencionadas (la católica, la luterana y la reformada) han tratado de explicar, por caminos distintos y a su manera, las más amplias implicaciones de las afirmaciones bíblicas similares a esta.

2) La interpretación de 1 Corintios 11.26-29

Este pasaje se lee en la Reina Valera 1960 en la siguiente manera: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

En este pasaje, se nota que el versículo 27 establece, en concordancia con el 26, que la persona que participa de la «Eucaristía» o «Cena del Señor» indignamente, se hace culpable de la muerte de Cristo. En otras palabras, que en vez de atraer sobre sí los beneficios de la muerte de Jesús (entendida como sacrificio vicario), la persona que participa indignamente más bien se hace culpable de su muerte. En lugar de hallar absolución a su culpabilidad (la de sus pecados), más bien se hace culpable.

Por otro lado, después de insistir en la necesidad del autoexamen por parte de la persona que ha de participar en la «Eucaristía» o «Cena del Señor» (versículo 28); en el versículo 29 Pablo habla de la necesidad de “discernir el cuerpo de Cristo” en la «Eucaristía» o «Cena del Señor». Pero ¿Qué significa esta expresión? ¿Qué implicaciones tiene?

Comencemos para examinar el texto griego de 1 Corintios 11.28.

Una traducción literal sería: “Porque el que come y bebe juicio para sí mismo come y bebe no discerniendo (sin distinguir, sin juzgar, sin considerar) el cuerpo” (el mejor texto griego no tiene las palabras “del Señor”).

Una traducción fluida y adecuada es: “Porque (en conexión con el versículo 28) la persona que come el pan y bebe de la copa sin considerar que se trata del cuerpo (de Cristo, del Señor), juicio come y bebe para sí”.

En conclusión, a la luz de 1 Corintios 10.16 y 1 Corintios 11.26-29, es obvio que para Pablo en la «Eucaristía» o «Cena del Señor» está presente, se comparte y se participa del cuerpo de Cristo. Ahora bien, no se puede deducir de aquí el que Pablo pensara que en el proceso de la celebración litúrgica (mediante la invocación a Dios y al Espíritu Santo) el pan y el vino de convirtieran físicamente en el cuerpo de Cristo. No creo, pues, que sea difícil pensar que Pablo concibiera la presencia de Cristo en la Eucaristía como real, sí, pero espiritual y mística a la vez.

No olvidemos que en Juan 14.23 tenemos el ejemplo de un tipo de presencia y compañía divina en medio de los que guardan sus mandamientos, y obviamente esta presencia de Jesús y el Padre no es física, sino mística y espiritual:

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Este tipo de presencia (del Padre y del Hijo) en aquellas personas que guardan las palabras de Jesús, es llamada “inhabitación” por Raymond E. Brown en su comentario al Evangelio de Juan.

En esta línea habrá que interpretar la promesa de Mateo 28.20 “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Y las palabras Jesús en Mateo 18.20 “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Análisis de Marcos 14.22 y 24; Mateo 26.26 y 28; Lucas 22.19 y 20; 1 Corintios 11.24 y 25, 29

Marcos 14.22 y 24 “22Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. 24Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

Mateo 26.26 y 28 “26Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 28porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Lucas 22. 19 y 20 “19Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

1 Corintios 11.24, 25, 29 “24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

Nuestro estudio de estos pasajes se va a concentrar específicamente en el análisis de dos expresiones, a saber: “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre”.

Como es bien sabido, la relación en sustantivo y un adjetivo, entre un sustantivo y un determinante, se basa en la concordancia; es decir, en la igualdad de género y número. En efecto, al considerar que la palabra castellana “cuerpo” es de género masculino, se entiende que un adjetivo o determinante que esté asociado a esta palabra deberá concordar con esta en género y número (en griego diremos en género, número y caso). Por ejemplo, “este cuerpo”, pero jamás “esta cuerpo” o “cuerpo bellos”, “cuerpo bella”.

Ahora bien, es correcto usar el género neutro para establecer una relación especial entre dos elementos en la oración. Por ejemplo: “yo no como eso”. Esta expresión suele usarse en un tono despectivo en situaciones cuando cabría muy bien usar las palabras en una concordancia esperada. Por ejemplo, el castellano tenemos la palabra “hamburguesa” (palabra de género gramatical femenino).

Luego, una manera de hablar con propiedad sería: “Yo no como hamburguesa”. Con un tono un tanto suave, la persona podría decir: “Yo no como ese tipo de comida”. Pero un tono todavía más rudo y despectivo, la persona podría exclamar: “¡Yo no como eso!”.

Por otro lado, también se usa el género neutro para señalar a un hecho o acción. Por ejemplo, ¿Vista a eso? ¿Quién dijo esto?

Pues bien, resulta que en los pasajes citados observamos la presencia de la expresión: “Esto es mi cuerpo”.

También, a excepción de Lucas y 1 Corintios, notamos la presencia de la expresión “Esto es mi sangre”.

Pero, ¿por qué dice la Reina Valera “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre”, en lugar de “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”, como se esperaría? ¿Existe una razón filológica y exegética que justifique tal traducción? O por el contrario, ¿se sustentan más bien en razones puramente teológicas?

No obstante, antes de procurar responder las preguntas planteadas, me gustaría profundizar un poco más en las implicaciones de las expresiones “esto es mi cuerpo”, “esto es mi sangre”, y las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”.

Pues bien, las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” apuntan directamente, aunque sea de manera metafórica, al cuerpo y la sangre de Jesús. En consecuencia, Jesús habría dicho (tradición reflejada por Pablo y Lucas, por lo menos respecto del pan): “Tomen y coman, este es mi cuerpo”. Y con respecto al vino de la copa, también habría dicho: “Esta es mi sangre que por ustedes es derramada”.

Por otro lado, las expresiones “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” reflejan la intención de presentar la «Eucaristía» o «Cena del Señor» como un simple acto simbólico, acto que no supone una relación directa entre los elementos materiales empleados y la realidad señalada por estos. En otras palabras, los elementos materiales (el pan y el vino) apuntan simbólicamente al cuerpo literal de Cristo, pero no apuntan a él de manera sustancial.

Las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”, por el contrario, apuntan sintáctica y directamente al cuerpo de Cristo, aunque sea de manera metafórica (que es la idea que apoya el texto griego); las expresiones “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” pretenden indicar que “este acto eucarístico (esto de comer el pan y beber el vino) simboliza (pues no lo son el pan y el vino) el cuerpo y la sangre de Cristo”.

Yendo ahora al texto griego, haré algunas observaciones más:

El uso del género neutro en el demostrativo “esto”

Es cierto que en el texto griego el pronombre o determinante demostrativo “esto” está en género neutro, o sea “túto” (la forma básica es “jútos”, en género masculino). Pero la pregunta es ¿por qué tiene el texto griego el pronombre demostrativo en género neutro? ¿Valida este hecho la traducción de la Reina Valera 1960?

En primer lugar, no es cierto que la presencia del género neutro en el determinante demostrativo (esto) valide la traducción de la Reina Valera 1960, pues la presencia del género neutro aquí en ninguna manera está relacionada con un matiz o idea especial en el relato. En segundo lugar, porque lo que en verdad hace necesario el empleo del género neutro es que la palabra “cuerpo” (en griego “soma”) y “sangre” (en griego “jáima”) son ambas de género neutro. De esta manera se cumple la condición tanto en castellano como en el griego de que el sustantivo y los adjetivos o determinantes con los que están sintácticamente relacionados, concuerden en género y número (en griego se añade el caso). 

En conclusión, la traducción correcta de las expresiones en cuestión es “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”.

Ahora bien, algunas versiones de la Biblia que siguen en este punto la traducción reflejada por la Reina Valera 1960 (“esto es mi cuerpo”; “esto es mi sangre”), tomando como base a Marcos 14.22-24 y Mateo 26.26-28, son: La Nueva Versión Internacional, la Biblia Peshita en español, Biblia en lenguaje actual, la Biblia de las Américas, la Nueva Traducción Viviente (Biblia Vida Abundante), la Biblia Textual, Reina Valera Actualizada 2006, la versión popular Dios Habla Hoy, la Sagrada Biblia Cantera-Iglesias (“católica”).

Nótese bien cómo versiones de la Biblia que han pretendido superar y mejorar la clásica Reina Valera 1960 (y que se tienen como mejores que ésta), son tan desacertadas como ella en este punto (y otros que no voy a mencionar aquí).

Versiones de la Biblia que han traducido correctamente (“este es mi cuerpo”; “esta es mi sangre”), traducción que defiendo, son: la Biblia de Jerusalén, Biblia de Jerusalén latinoamericana, la Sagrada Biblia traducción de la Vulgata Latina.

Ahora quiero traer a consideración la forma en que algunas versiones han traducido en Marcos 14.22-24 y Mateo 26.26-28 las frases en cuestión. Estos cosos no podía dejar de mencionarlos.

El caso que envuelve la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» (la de los Testigos de Jehová)

Respecto de este caso, diré que esta versión va mucho más lejos que la Reina Valera 1960 y las demás versiones que concuerdan con ella. Resulta que en los referidos pasajes esta versión traduce: “Esto significa mi cuerpo” y “Esto significa mi sangre”.

El caso que involucra la «Nueva Biblia Española» y la «Biblia del peregrino» (edición de estudio)

Las dos versiones involucradas en este caso muestran una notable inconsistencia. Digo esto pues, por un lado, traducen: “Esto es mi cuerpo”; y por el otro: “Esta es mi sangre”.

El caso que involucra la «Santa Biblia, la palabra de Dios para todos»(publicada por la Liga Bíblica)

La versión de este caso también muestra una notable inconsistencia, pero en una forma distinta a la de las dos versiones del caso anterior. Resulta que la versión que ahora nos ocupa traduce, por un lado: “Este es mi cuerpo”; y por el otro: “Esto es mi sangre”.

El caso que nos proporciona la obra «Todos los evangelios», traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos, edición de Antonio Piñero

Esta obra también se muestra inconsistente cuando en Marcos 14.22-23, traduce: “Este es mi cuerpo”, y “Esta es mi sangre”; pero en Mateo 26.26 y 28 traduce: “Este es mi cuerpo” y “Esto es mi sangre”.

La traducción de Marcos 14.22-24 y Mateo 26.26-28 en versiones judío-mesiánicas del Nuevo Testamento

Como mostraré a continuación, incluso en este tipo versiones, la traducción de las dos expresiones en cuestión es un asunto problemático. Observemos:

En primer lugar, una versión judío-mesiánica que tradujo en la línea de la Reina Valera 1960 es la obra conocida como «Pacto Mesiánico» (Edición Latina 2011), realizada por Mijael Kibutz:

Marcos 14.22-24 “Y estando comiendo ellos, tomando un pan, habiendo bendecido, lo partió y lo dio a ellos y dijo: Tomen; esto es el cuerpo mío. 23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. 24 Y les dijo: Esto es la sangre mía del pacto, que en favor de muchos es derramada”

Mateo 26.26-28 “Y estando comiendo ellos, tomó Yahshua un pan, y habiendo bendecido, y (lo) partió, y tras darlo a los discípulos, dijo: Tomen, coman; esto es mi cuerpo. 27 Y tras tomar la copa y dar gracias, les dio diciendo: Beban de ella todos; 28 porque esto, es la sangre mía del pacto, que por muchos es derramada para absolución de los pecados.”

En segundo lugar voy a mencionar una versión judío-mesiánica que tradujo de manera inconsistente. Digo esto pues en Marcos 14.22-24 traduce en la línea de la «Reina Valera 1960»; pero en Mateo 26.26-28 lo hace en la línea de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» (la de los testigos de Jehová). La obra a la que hago referencia es la versión identificada como «El Código Real», Nuevo Testamento, versión textual hebraica; traducida y comentada por D. A. Hayyim:

Observemos la traducción de Marcos 14.22-24 (compárese con la «Reina Valera 1960»)

Marcos 14.22-24 “Y estando ellos comiendo, Yahoshua tomó el pedazo del medio de matzah y confesó la bendición diciendo:"Barz j Ató HAshem, Elohenu mélej haolam Hamotzi léjem min-haaretz. Amén”. Entonces lo partió en dos y tomando de una mitad, les dio, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo. 23 Y habiendo tomado la copa de la redención, dijo: "Baruj atá HaShem, Elehenu mélej haolam Borey pri Haguéfem. Amén”.Entonces se la dio y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: Esto es mi sangre del Pacto, la cual es derramada por muchos”

Consideremos ahora la traducción de Mateo 26.26-28 (compárese con la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»)

Mateo 26.26-28 “26 Y mientras comían, tomó Yeshua el pan del medio, y habiendo hecho la bendición correspondiente, lo partió y lo pasó a los talmidim diciendo: Tomad, comed; esto habla de mi cuerpo. 27 Luego tomó una copa, la de la redención, confesó la bendición sobre ella dando gracias al Padre y la pasó diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto habla de mi sangre para la confirmación de la Alianza, la cual es derramada a favor de muchos, para perdón de pecados voluntarios”

En tercer lugar, hay una versión judío-mesiánica que tradujo de manera correcta, en la línea de la Biblia de Jerusalén (traducción que personalmente sostengo y defiendo). Esta versión corresponde a la traducción del NT de la versión realizada por Diego Ascunce.

Marcos 14.22-24 “Mientras estaban cenando, Yahshúa tomó un pedazo de matzah, pronunció la berajah, lo partió y lo dio a ellos, diciendo: "¡Tomen esto! Este es mi cuerpo." 23 También tomó una copa de vino, pronunció la berajah, y la dio a ellos; todos bebieron. 24 El les dijo: "Esta es mi sangre, que ratifica el Nuevo Pacto, mi sangre derramada por amor a muchos pueblos.”

Mateo 26.26-28 “Mientras ellos comían, Yahshúa tomó un pedazo de matzah, pronunció una berajah, lo partió, lo dio a sus talmidim, y dijo: "¡Tomen, coman, éste es mi cuerpo!" 27 También tomó una copa de vino, pronunció una berajah, la dio a ellos, diciendo: "¡Todos ustedes beban de la copa! 28 Pues ésta es mi sangre, que ratifica el Nuevo Pacto, mi sangre derramada a favor de muchos, para que ellos puedan tener sus pecados perdonados”

Lo más interesante de todo esto es que, a pesar del poco consenso que existe respecto de la traducción de los pasajes en cuestión; en el texto griego de los mismos, de ambos pasajes, se lee lo mismo: “túto estin to sóma mu” (Este es mi cuerpo); y “túto estin to jáima mu” (Esta es mi sangre).

Ahora bien, es posible que algunas personas se pregunten: ¿por qué si ambas expresiones están en género neutro en el griego (“túto estin to sóma mu”= Este es mi cuerpo; y “túto estin to jáima mu” = Esta es mi sangre); cómo se justifica en la traducción al castellano, por un lado, el empleo del género masculino (“este es mi cuerpo”), y por otro lado, el empleo del género femenino (“esta es mi sangre”)?

La razón es la siguiente. Si bien las palabras “cuerpo” y “sangre” son de género neutro en griego (lo que demanda que el pronombre demostrativo igualmente esté en género neutro), resulta que en castellano la palabra “cuerpo” es de género masculino, pero la palabra “sangre” es de género femenino. Entonces el desafío del traductor y exégeta es, en primer lugar, comprender bien el sentido del texto griego; y en segundo lugar, comunicar y reflejar de la manera más precisa y mejor posible ese sentido del texto griego en una buena traducción al castellano.

Pienso que se me hace necesario advertir aquí que el hecho de que una palabra sea de género gramatical neutro no significa que apunte a una cosa u objeto. Por ejemplo, la palabra griega “téknon” (de género gramatical neutro) se emplea para señalar lo parido o nacido, ya sea varón o mujer. También existe la posibilidad de que una palabra tenga un determinado género gramatical en un idioma, pero un género distinto en otra lengua. Por ejemplo, el término “palabra” es de género femenino en castellano, pero de género masculino en griego (lógos).

Finalmente, es probable que una lengua no posea un determinado género gramatical. Por ejemplo, mientras que el griego y el castellano poseen los mismos tres géneros gramaticales (masculino, femenino y neutro); resulta que el idioma hebreo (y el arameo) sólo tiene (gramaticalmente hablando) dos géneros, el masculino y el femenino, pues carece del género neutro.

En segundo lugar, la traducción “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” son inaceptables, a pesar de que la tradición protestante (y algunas versiones judío-mesiánicas) las ha preferido, y aparentemente las ha considerado “convenientes” en su confrontación teológica con el tradicional punto de vista católico respecto de la transubstanciación (a excepción de la corriente luterana y anglicana o episcopal).

Aquí quiero advertir que las versiones de la Biblia que han traducido “Esto es mi cuerpo” y “Esto es mi sangre”, cometen un grave error al ignorar que es el sustantivo el que le impone su género gramatical al adjetivo y a los determinantes en sentido general, y no al revés. En otras palabras, además de todo lo que ya he dicho, lo que afirmo es que la razón de que el pronombre demostrativo (“jútos”) esté en género neutro en ambas expresiones en el texto griego, es simplemente porque los dos sustantivos involucrados (cuerpo; griego “soma”; y sangre, griego “jáima”) son de género gramatical neutro.

En consecuencia, la presencia del pronombre demostrativo en género neutro en las dos expresiones en cuestión, no es indicación de una especie de relación especial alguna entre los sustantivos involucrados. Tampoco es indicación de un matiz especial que el autor del texto haya querido o pretendido darle a las dichas expresiones.

Con relación a las versiones judío-mesiánicas la situación es todavía más preocupante. Digo esto, pues, tanto el idioma hebreo como el arameo (que se supone fue la lengua maternal de Jesús y la que empleó de manera habitual), carecen del género gramatical neutro. El hebreo al igual que el arameo sólo conoce como géneros gramaticales el masculino y el femenino.

En este mismo orden, es preciso tener en cuenta que hay en el hebreo alrededor de 15 palabras (de género masculino y de género femenino, aunque la mayoría de género masculino) que se traducen cuerpo (y ninguna de género neutro). A la luz de esta realidad se hace difícil explicar la presencia del género neutro en las versiones judío-mesiánicas en la traducción de las dos expresiones en cuestión.

En tercer lugar, la traducción “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” tampoco deben defenderse por razones teológicas. Dichas traducciones se justifican pura y sencillamente por la gramática del texto griego y no por otra razón. Por tanto, las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” no las defiendo por razones teológicas. Además, es preciso admitir que no se pueden utilizar legítimamente para justificar la doctrina de la transubstanciación como tal. No obstante, es también inaceptable que la resistencia y el rechazo a la doctrina de la transubstanciación (el no comulgar con dicha doctrina) lleven a la persona a negar que “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” es la terminología correcta.

3) Análisis de Juan 6.35-59.

Este pasaje ha sido objeto de muchas discusiones entre comentaristas bíblicos católicos y protestantes. Cada uno, unos más que otros, tratando de hallar apoyo para su doctrina. No obstante, cabe preguntarse si no es posible situarse en un terreno menos interesado teológicamente, y procurar hacerle justicia al texto en el plano de la exégesis más pura posible. En este último terreno es en el que pretendo y he pretendido situarme ahora y siempre.

Hay comentaristas bíblicos que analizan todo el pasaje como teniendo los mismos matices desde el versículo 35-59. También hay comentaristas que, desde una perspectiva que entiendo más correcta, hacen una distinción y ven aquí dos secciones: la primera (versículos 35-50), que revela, describe y presenta a Jesús como el verdadero maná; la segunda (versículos 51.59), que muestra matices y elementos propios de la celebración eucarística.

Un ejemplo de una exégesis protestante muy pobre de este pasaje lo constituye la argumentación de A. T. Robertson, cuando dice: “Para estos judíos habría constituido una total confusión que Jesús hubiera empleado el simbolismo de la Cena del Señor. Sería realmente poco recto por parte de Juan emplear este discurso como apoyo del sacramentalismo. El lenguaje de Jesús sólo puede tener un significado espiritual, al revelarse Él como el verdadero maná” («Comentario al texto griego», página 221).

Después de leer el comentario de Robertson me siento en la obligación de aclarar algunas cosas:

En primer lugar, una cosa es que en este pasaje del cuarto evangelio efectivamente haya elementos que sólo se explican (específicamente en el NT) en el contexto de la «Eucaristía» o «Cena del Señor»; y otra cosa que el autor del cuarto evangelio estuviera pensando en dar apoyo al sacramentalismo. En verdad una cosa es el valor que tanto Pablo como Juan (el cuarto evangelio) le asignan a la celebración eucarística, y otra el sacramentalismo como tal.

No podemos perder de vista que el sacramentalismo está asociado con el negocio de los sacramentos, así como con el hecho de que muchas personas se consideran parte de la iglesia sólo porque reciben la eucaristía y los demás sacramentos. Esta situación ha originado toda una serie de cristianos sin compromiso con la comunidad de fe (sin una comunión e identificación plena con la misma), y prácticamente sin una verdadera vivencia y testimonio cristiano. Además, quiero advertir que en realidad el sacramentalismo es un tema de discusión y desavenencias entre los católicos mismos. También es el sacramentalismo objeto de severas críticas por parte de un buen sector de la iglesia católica misma.

Creo que sería bueno recordar aquí que ningún escritor de la Biblia escribió o pensó alguna vez como católico, protestante, luterano, reformado o pentecostal, etc. Esta incuestionable verdad nos debe poner en guardia frente a cualquier intento de proyectar en los textos bíblicos algunos prejuicios y esquemas (o sistemas) de pensamiento, así como el intento de atribuirles a los autores de la Biblia el compromiso con algunas concepciones teológicas que en verdad surgieron muchos siglos después de estos.

Al hacer esta observación viene a mi mente la actitud asumida por el comité editorial que estuvo a su cargo la versión Reina Valera 1960. Me refiero específicamente a la decisión de evitar en dicha versión la traducción “sábado” y en su lugar preferir la traducción “día de reposo” acompañada con un asterisco que llamaba la atención de la persona lectora con la frase “Aquí equivale a sábado”. Lo curioso es que aunque se mencionaron una serie de argumentos para justificar su postura, personalmente tengo las sospechas de que en el fondo estaba la preocupación respecto de publicar una versión de la Biblia que viniera a darle cierto apoyo (o pareciera dárselo) a la doctrina adventista sobre el sábado.

No deja de ser interesante que alrededor de tres décadas después se hiciera justicia, y para la revisión de la Reina Valera 1995 se optó por emplear en la traducción, definitivamente, la palabra “sábado”. Con esto se eliminó la traducción “día de reposo” y la tediosa observación “Aquí equivale a sábado”. Me pregunto, si “día de reposo equivalía” a “sábado”, ¿por qué, pues, no haber traducido desde un principio “sábado” en lugar de “día de reposo”? De todos modos, a pesar de aparecer la palabra «sábado» en la Reina Valera 1995, no es cierto que haya cambiado en algo la histórica visión que tienen las iglesias protestantes y evangélicas no sabáticas de la tradicional e histórica doctrina adventista.

Lo que quiero evitar ahora es que caigamos en este tema, con relación al catolicismo, en el mismo error que se cayó respecto de los grupos sabáticos, al evitar sin fundamento el empleo de la traducción “sábado” en la versión Reina Valera 1960.

En segundo lugar, que en virtud de lo dicho en el párrafo anterior, no es recomendable dejar que nuestros prejuicios vicien o influencien negativamente nuestra exégesis. De ocurrir tal cosa, nos llevaría a negar, manipular o pretender minimizar algunas realidades que son apoyadas por los textos bíblicos, bajo el pretexto de que vendrían a darle soporte bíblico a una corriente o posición teológica adversa a la mía (a la cual se busca presentar, a todo costo, como sin fundamento bíblico alguno).

Creo pertinente traer a colación aquí el conocido concepto de «protocatolicismo».
¿En qué consiste, pues, el «protocatolicismo»? 

Se la llamado «protocatolicismo» o «catolicismo temprano» a ciertos rasgos que se encuentran en algunas secciones del NT mismo (principalmente en las llamadas epístolas pastorales y en las generales) y que concuerdan con algunos de los rasgos principales de la iglesia católica romana occidental en la edad media.

Ahora bien, si se cree justificado el concepto de «protocatolicismo», para ser consistente, habría que sospechar: 1) De un «protocalvinismo» o «calvinismo temprano» en Romanos 8.28-30, 38-39; Efesios 1.3-14;

2) De un«protoarminianismo» o «arminianismo temprano» en 1 Pedro 1.2; 2 Pedro 1.10; 3) de un «protopentecostalismo» o «pentecostalismo temprano» en Hechos 1.8; 2.1-13; 1 Corintios 12.1-31;

4) De un «protoadventismo sabático» o «adventismo sabático temprano» en Marcos 1.21-22; Lucas 13.10; Hechos 13.42, 44; 15.21; 16.13; 17.1; etc.

En tercer lugar, en concordancia de Raymond E. Brown, podemos decir que hay en Juan 6-51-59 dos factores que evidencian aquí la referencia a la «Eucaristía» o «Cena del Señor». Por un lado, la insistencia en la necesidad de comer la carne de Jesús y beber su sangre (Juan 6.54); por otro lado, la idea desarrollada especialmente en el versículo 51, a saber: “y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (compárese Marcos 14.22, 24; Mateo 26.27-28; Lucas 22.19-20; 1 Corintios 11.23-24). Tales palabras sólo se entienden y se encuentran en el NT en el contexto de la «Eucaristía» o «Cena del Señor».

Conclusiones:

1) De las cinco veces en que se usa en el NT la expresión “cuerpo de Cristo”, es en tan sólo una de ellas que se usa en conexión con la «Eucaristía» o «Cena del Señor», a saber, 1 Corintios 10.16.

2) Tradicionalmente ha habido tres formas de entender la presencia de Cristo en la Eucaristía o Cena del Señor:

a) La asumida por la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Anglicana o Episcopal. Esta se caracteriza por entender que en la Eucaristía o Cena del Señor, el pan (la hostia) y el vino de manera milagrosa se transforman en el verdadero cuerpo de Cristo. No obstante, no se emplea en esta línea interpretativa la palabra “físico” por ninguna parte. En otras palabras, las iglesias que asumen la «transubstanciación» no afirman ni creen que en la Eucaristía o Cena del Señor se ingiera físicamente el cuerpo y la sangre de Cristo. En este sentido, carece de valor hablar aquí, como algunos han pretendido hacerlo, de canibalismo alguno. Lo que si entiendo es que resulta complicado el afirmar que de manera milagrosa el pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo y sangre de Cristo y, sin embargo, no atreverse a hablar de ingerir físicamente el cuerpo de Cristo; así como el indiscutible hecho de que nadie puede dar testimonio (en el contexto d estas iglesias) de que ha ingerido otra cosa que no sea sencillamente la hostia y el vino.

b) La asumida por la iglesia luterana. Esta postura es muy parecida a la anterior, pues también habla de la presencia real y natural del cuerpo y sangre de Cristo. La única diferencia es que, por un lado, mientras la primera presupone un cambio de substancia («transubstanciación»), esta presupone la presencia paralela del cuerpo y la sangre de Cristo al lado (con y bajo el pan y el vino= «consubstanciación»).

Antes de pasar a la tercera postura, es preciso aclarar que las iglesias que asumen estas dos primeras posturas respecto de la presencia real del cuerpo de Cristo en la «Eucaristía» o «Cena del Señor»; en común entienden como herética la doctrina de la «impanación». La «impanación» sostiene que en la «Eucaristía» o «Cena del Señor, Jesús está presente a través de su cuerpo humano (a luz de una real encarnación), pero unido sustancialmente al pan y el vino. En síntesis, la «impanación» supone que Cristo está realmente presente en la «Eucaristía», pero como pan (habiéndose hecho pan).

c) La asumida por las iglesias calvinistas o reformadas, y por extensión la mayoría de las iglesias protestantes y evangélicas. Esta tercera postura se diferencia de las dos anteriores en que no asume la presencia del real y natural cuerpo de Cristo en la Eucaristía o Cena del Señor. Esta tercera postura simplemente asume una presencia espiritual o mística de Cristo.

3) La evidencia bíblica apunta a que el apóstol Pablo entendía que en la «Eucaristía» o «Cena del Señor» se estaba participando (y en comunión) con el cuerpo de Cristo, de manera específica. Por eso dijo: “27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11.27-29). Recomiendo también considerar el análisis que hice de estos pasajes en el desarrollo de este estudio.

4) Las traducciones “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” no son correctas, si bien parecer muy convenientes teológicamente para la postura seguida por la teología reformada y la mayoría de las iglesias evangélicas. Tales traducciones parecen fundamentarse más bien en conveniencias teológicas que en razones filológicas, gramaticales y exegéticas.

5) Versiones de la Biblia que han seguido a la Reina Valera 1960 al traducir “Esto es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre”, son: La Nueva Versión Internacional, la Biblia Peshita en español, Biblia en lenguaje actual, la Biblia de las Américas, la Nueva Traducción Viviente (Biblia Vida Abundante), la Biblia Textual, Reina Valera Actualizada 2006, la versión popular Dios Habla Hoy, la Sagrada Biblia Cantera-Iglesias (“católica”).

6) Versiones de la Biblia que han traducido correctamente (“Este es mi cuerpo”; “Esta es mi sangre”), son: la Biblia de Jerusalén, Biblia de Jerusalén latinoamericana, la Sagrada Biblia traducción de la Vulgata Latina.

7) Una versión de la Biblia va mucho más lejos que la Reina Valera 1960 y las versiones que coinciden con ella en este punto, es la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» (la de los Testigos de Jehová). Esta versión traduce: “Esto significa mi cuerpo” y “Esto significa mi sangre”.

8) Hay versiones de la Biblia que se han mostrado inconsistentes en este punto. Menciono los siguientes casos:

a) La «Nueva Biblia Española» y la «Biblia del peregrino» (edición de estudio) que, por un lado, traducen: “Esto es mi cuerpo”; y por el otro: “Esta es mi sangre”.

b) La «Santa Biblia, la palabra de Dios para todos» (publicada por la Liga Bíblica). Esta versión traduce, por un lado: “Este es mi cuerpo”; y por el otro: “Esto es mi sangre”.

c) La obra «Todos los evangelios», traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos, edición de Antonio Piñero. Esta obra en Marcos 14.22-23, traduce: “Este es mi cuerpo”, y “Esta es mi sangre”; pero en Mateo 26.26 y 28 traduce: “Este es mi cuerpo” y “Esto es mi sangre”.

9) Entre las versiones judío-mesiánicas del NT tenemos la siguiente situación:

a) Una versión que traduce en concordancia con la Reina Valera 1960. Esta obra es conocida como «Pacto Mesiánico» (Edición Latina 2011), realizada por Mijael Kibutz. Dicha versión traduce: “Esto es el cuerpo mío” y “Esto es la sangre mía”.

b) Una versión que tradujo de manera inconsistente. Esta versión es la obra identificada como «El Código Real», Nuevo Testamento, versión textual hebraica; traducida y comentada por D. A. Hayyim.

En Marcos 14.22-24 esta versión traduce en la línea de la «Reina Valera 1960»(“Esto es mi cuerpo”, “Esto es mi sangre”); pero en Mateo 26.26-28 traduce en la línea de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» (la de los testigos de Jehová): “Esto habla de mi cuerpo” y “Esto habla de mi sangre”.

c) Una versión que traduce de manera correcta, en armonía con la Biblia de Jerusalén, Biblia de Jerusalén latinoamericana, y la Sagrada Biblia traducción de la Vulgata Latina.

Esta versión corresponde a la traducción del NT de la versión realizada por Diego Ascunce. Dicha versión traduce: “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre”.

10) Las traducciones “Este es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre” son las correctas exegéticamente hablando. No obstante, tales traducciones no dan apoyo para sostener la doctrina de la «transubstanciación».

11) La razón de que el pronombre demostrativo (“jútos”) esté en género neutro en ambas expresiones en el texto griego, es sencillamente porque los dos sustantivos involucrados (cuerpo; griego “soma”; y sangre, griego “jáima”) son de género gramatical neutro.

12) Con relación a las versiones judío-mesiánicas la situación se torna más sorprendente, pues, tanto el idioma hebreo como el arameo carecen del género gramatical neutro. El hebreo al igual que el arameo sólo conoce como géneros gramaticales el masculino y el femenino. En el hebreo hay alrededor de 15 palabras de género masculino y de género femenino que se traducen “cuerpo” en el AT (aunque la mayoría de género masculino), y ninguna de género neutro. Esto también hace imposible que hubiera un pronombre o determinante demostrativo de género neutro en una versión aramea o hebrea de las expresiones en cuestión.

13) En Juan 6.51-59 hay referencias inevitables a la «Eucaristía» o «Cena del Señor». No obstante, esto no equivale a decir que justifique el «sacramentalismo» como tal. De todos modos, no es recomendable el que se pretenda negar la referencia eucarística de este pasaje, sólo porque históricamente se haya asumido una postura crítica al sacramentalismo. Hay en este pasaje una fraseología que sólo se encuentran en el NT en el contexto de la «Eucaristía» o «Cena del Señor».

14) El tema de la presencia de Cristo en la «Eucaristía» o «Cena del Señor» parece que será un asunto de eterna discusión a lo interno del Cristianismo. Pero muy a pesar de ello, lo cierto es que las tres posturas mencionadas, aunque en tensión, entienden que de una manera u otra Cristo está presente en dicho contexto. También asumen que en el contexto de la celebración eucarística nos identificamos con el Cristo crucificado y resucitado, asumiéndolo como modelo y referente básico para la doctrina y acción cristianas (tanto a nivel personal como eclesial y comunitario), así como recordamos también y mantenemos viva la promesa de su regreso.

15) Hablar de la presencia de Cristo en el contexto de la Eucaristía y en la vida de la comunidad de fe, nos habla de un Cristo vivo. Así mismo nos invita a considerar a Jesús como referente esencial en la lucha por unas mejores condiciones de vida para nuestros pueblos y comunidades.

16) Más allá del simple contexto eucarístico, cuando la comunidad de fe pone en práctica las enseñanzas de Jesús y hace suyo el compromiso de él con la justicia y los ideales del Reino de Dios; se hace presente a Jesús con unas consecuencias sociopolíticas inevitablemente concretas.

Conclusión: Quiero cerrar este trabajo con las valiosas palabras de Gumersindo Lorenzo Salas:

“No hay cristianismo sin Iglesia, pero la Iglesia tiene que someterse una y otra vez a la medida de Jesús mismo y tiene que consentir que Él la llame al orden. En efecto, la iglesia reclama prolongar y continuar la causa de Jesús. Por tanto, tiene que permitir que por Él se la mida y se la critique. Jesús no es sólo origen, sino también norma de la iglesia” («Evangelio, iglesia y Cristianismo, historia y dialéctica», páginas 142 y 143).


¡Hasta la próxima!


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