domingo, 20 de mayo de 2018

De fetichismos cristianos y problemáticas sociales



Una perspectiva crítica

Héctor B. Olea C.

¿Hasta cuándo se va a insistir en el recurrente y hasta ridículo discurso (carente de fundamentación teológica, de un serio análisis y abordaje racional y científico sustentable), que afirma que cada vez que tiene lugar una tragedia en la sociedad estadounidense (de la índole que fuere) es sencillamente “porque sacaron la Biblia de las escuelas”; en otras palabras, por la aplicación de una serie de medidas que un sector del cristianismo evangélico conservador entiende y considera como símbolos concretos de una indiscutible apostasía, por supuesto, con consecuencias catastróficas para la sociedad norteamericana.   

El discurso en cuestión ha salido de nuevo a flote, más recientemente, en ocasión de la tragedia que supuso la muerte de al menos diez personas el pasado viernes, en una escuela de secundaria, en Santa Fe, Texas; y que tuvo como responsable a un joven de diecisiete años.

En todo caso, lo cierto es que el análisis serio de ciertas tragedias que han tenido lugar en la sociedad norteamericana tienen que ver más bien con una serie problemáticas, situaciones y factores propios de la sociedad y cultura norteamericana; factores que en verdad ameritan un análisis profundo, serio, científico y desapasionado.  

Ahora bien, es lamentable que las personas que se caracterizan por levantar, sostener y legitimar este discurso no se enteren de que la imagen que comunican de Dios no es bíblica, no es creíble, y carece de fundamento. Me explico, según el cuestionable discurso al que hago referencia, el Dios de algunos cristianos, se torna violento, castigador, inmisericorde y vengativo, cuando un pueblo toma una medida que tiende a alejarse de lo que al menos un sector de la fe cristiana entiende como distanciamiento de la indiscutible voluntad de Dios, como simple e incuestionable apostasía.

Pero cabe preguntar, ¿y qué hemos de decir, entonces, de los pueblos que también han ido en una línea semejante a la sociedad norteamericana en algunos temas, y sin embargo, no vemos que ocurran los mismos fenómenos?

¿Cómo hemos de explicar que no ocurra lo mismo en países que nunca han sido cristianos, y que jamás lo serán?

Por otro lado y, en relación especial a la República Dominicana, ¿por qué no ha significado ninguna ventaja, ningún privilegio respecto de las tristes y lamentables condiciones que han caracterizado la historia pasado y presente del pueblo dominicana, el ser el único país del mundo en tener “la Biblia abierta” en el escudo de su bandera nacional?

A propósito de la presencia de “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional; cito a continuación y de manera íntegra, el artículo 32 de la Constitución Dominicana vigente, donde se detalla y precisa la composición del escudo de nuestra bandera nacional:

Artículo 32.- Escudo Nacional. El Escudo Nacional tiene los mismos colores de la Bandera Nacional dispuestos en igual forma. Lleva en el centro la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, y encima una cruz, los cuales surgen de un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados; lleva un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma al lado derecho. Está coronado por una cinta azul ultramar en la cual se lee el lema “Dios, Patria y Libertad”. En la base hay otra cinta de color rojo bermellón cuyos extremos se orientan hacia arriba con las palabras “República Dominicana”. La forma del Escudo Nacional es de un cuadrilongo, con los ángulos superiores salientes y los inferiores redondeados, el centro de cuya base termina en punta, y está dispuesto en forma tal que resulte un cuadrado perfecto al trazar una línea horizontal que una las dos verticales del cuadrilongo desde donde comienzan los ángulos inferiores.

Por otro lado, ¿por qué no ha podido protegernos, por qué no nos ha librado, el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, de ser un país dominado por una clase política irresponsable, sin duda una de las más crueles y peores de Latinoamérica y del mundo?

¿Por qué el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional no ha impedido que un sector del liderazgo religioso, católico, cristiano y evangélico haya hecho causa común con la clase política dominante para perjudicar al pueblo y para sacar beneficios particulares en la administración del estado?

¿En qué nos ha ayudado el tener “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, en relación a la triste situación que se vive en la República Dominicana, donde somos uno de los muy pocos países de la religión y del mundo, donde todavía en pleno siglo 21 no hay un sistema eléctrico estable, funcional y a un precio razonable?

¿En qué nos ha ayudado el tener “la Biblia” abierta en el escudo de nuestra bandera nacional, así como el tener una ley que establece como obligatoria la lectura y enseñanza de la Biblia en las escuelas pública, además de tener por ley un día nacional de la Biblia, y también por ley, un “día nacional de la comunidad cristiana protestante y evangélica”, respecto de la consolidación de nuestra democracia, de nuestro sistema de partidos, así como en relación al anhelado clima de un verdadero estado de derechos tanto fuera como dentro de las distintas instituciones y organizaciones políticas?

¿Por qué no han impedido, las referidas leyes, así como “la Biblia abierta”  en el escudo de nuestra bandera nacional, que logremos, por fin, una ley de organizaciones políticas que no hable ya de “porcentajes” respecto de la participación de la mujer en los procesos de elección popular, sino de una participación proporcional de mujeres y hombre, como en realidad lo establece la vigente constitución dominicana, tanto en los procesos de elección popular como en la administración del estado?

¿Por qué las referidas leyes, así como la presencia de “la Biblia abierta” en el escudo de nuestra bandera nacional, no han servido de nada contra el maldito continuismo y clientelismo que domina en el ejercicio de la política partidista, en la representación social (religiosa o no), y en la administración del estado en la República Dominicana?

¿Por qué no han hecho nada, los mismos factores mencionados, respecto del alarmante número de feminicidios que sigue caracterizando el día a día de la sociedad dominicana?

¿Por qué tampoco han servido de nada respecto de la superación de la corrupción e impunidad en la administración del estado, así como en relación al imparable endeudamiento del país, y en favor de una mejor distribución de las riquezas y una verdadera y real disminución de la pobreza, etc.?

¿Por qué no han servido de nada respecto de la superación de muchísimas otras problemáticas que nos siguen perjudicando y atrasando como país, que nos siguen haciendo lamentable y muy difícil la existencia, y el que no logremos los nivele soñados de calidad de vida para la gran mayoría y no tan sólo para unos pocos?

En suma, es demasiado evidente que para la realización de los sueños que tenemos por ser un mejor país, por representar una mejor sociedad donde impere un clima de verdadera justicia social, un verdadero clima de paz social, un verdadero estado de derechos; no basta rezar, no basta orar, no basta con crear una serie de leyes favorables al pensamiento del sector más conservador del cristianismo (católico, protestante y evangélica); en fin, no basta el simple fetichismo cristiano y evangélico; así de sencillo.   


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