martes, 7 de febrero de 2017

Biblia y teología en el marco de la asamblea de Jerusalén


La voluntad de Dios versus las premisas de la comunidad hermeneuta 



En Hechos 15, en el contexto de la asamblea o concilio de Jerusalén, encontramos un ejemplo demasiado concreto de la intrínseca relación que existe entre la llamada «voluntad de Dios» (lo que se supone que es el deseo de Dios, lo que le agrada a Dios, lo que pide o exige Dios), y la teología o premisas de la comunidad hermeneuta (la comunidad que asume, interpreta, relee y contextualiza los textos bíblicos), la comunidad triunfadora, la que tiene el poder, la hegemonía, la que define una determinada y particular ortodoxia.  

En el marco del relato o informe que da cuenta de dicha asamblea, observamos cómo lo que finalmente es presentado por Jacobo (líder de la comunidad de Jerusalén) como la «voluntad y el deseo de Dios» (la perspectiva del Espíritu Santo), Hechos 15.28-29: “Porque pareció bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles mayor carga que estas cosas esenciales: 29 que se abstengan de lo que ha sido sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales que han sido estrangulados y de prostitución…”; curiosamente era precisa y exactamente lo que previamente Jacobo había externado como su opinión personal y particular: “Y mi opinión entonces es que no debemos ponerles obstáculos a los gentiles que se convierten a Dios. 20 Al contrario, deberíamos escribirles y decirles que se abstengan de comer alimentos ofrecidos a ídolos, de prostitución, de comer carne de animales estrangulados y de consumir sangre” (Hechos 15.19-20).









En suma, no entiendo la dificultad que tienen muchas personas en entender que el proceso de reflexión teológica, de lectura, interpretación y aplicación de los textos bíblicos es en realidad un proceso de doble vía: por un lado, los textos bíblicos funcionan como «el alma» de la reflexión teológica, en el contexto de la tradición judeocristiana; pero a su vez, y por otro lado, los textos bíblicos son leídos, asumidos, interpretados, y aplicados a la luz de la particular teología y conjunto de premisas que posee cada comunidad hermeneuta (y de una persona en particular como miembro comprometido de una determinada comunidad hermeneuta), así de sencillo.


¡Hasta la próxima!

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