sábado, 11 de febrero de 2017

Análisis y explicación del nombre hebreo y griego del libro de Éxodo


La migración como tema teológico


Héctor  B. Olea C.

Una forma de combinar y tomar en cuenta tanto el nombre hebreo (dado en la tradición masorética, o sea, «shemót»: “nombres”), como el que le dio la Septuaginta («éxodos»: “salida”, “partida”) al segundo libro (en castellano «Éxodo») del «Pentateuco» (nombre griego, el nombre hebreo es más bien «Toráh», es la siguiente.

Por un lado, es preciso admitir que en la tradición masorética, el nombre hebreo dado al segundo libro del «Pentateuco» o «Toráh», se sustenta en la declaración inicial del mismo primer capítulo: “Estos son los nombres (hebreo «shemót») de los hijos de Israel que entraron (emigraron a) en Egipto…” (Compárese Génesis 46.8).

Por otro lado, el nombre griego «éxodos» dado por la Septuaginta, se sustenta más bien en la declaración que se lee en el capítulo 19.1, de dicho libro: “En el mes tercero de la salida (griego «éxodos») de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí”.









En suma, la lista de las personas que entraron (emigraron de Beerseba, que hicieron un éxodo) con Jacob a Egipto, es el núcleo básico y primario del grupo que posteriormente salió (emigró, hizo otro éxodo) a Canaán, la llamada “tierra prometida” (Éxodo 6.4; compárese Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1-4).  

Además, a diferencia del nombre hebreo «shemót» (nombres) que sí se encuentra al inicio del mismo primer capítulo del libro, el nombre griego, la palabra griega con que la Septuaginta identificó a dicho libro, o sea, «éxodos» (salida); en realidad se la encuentra en el libro en cuestión tan sólo dos veces: Éxodo 19.1 (haciendo referencia a la salida de Egipto) y Éxodo 23.16 (haciendo referencia a la salida del año), y traduciendo en ambas ocasiones una forma del verbo hebreo «yatsá» (salir, emigrar, brotar, aparecer, etc.).

Consecuentemente, desde la perspectiva de la Septuaginta, el nombre dado al libro de Éxodo, no se sustenta en el «éxodo» de Beerseba a Egipto (Génesis 46.5-27; Éxodo 1.1), como en la tradición masorética; sino en el «éxodo» de Egipto a Canaán (Éxodo 19.1).

Luego, siendo el pueblo de Israel un pueblo migrante desde sus inicios, es comprensible que luego el código mosaico incluyera una serie de disposiciones tendentes a proteger la vida y garantizar la subsistencia de las personas extranjeras (Levítico 19.33-34; 23.22; 25.5-6; Jeremías 7.6; Ezequiel  47.21-23; Zacarías 7.10).

Por supuesto, llama la atención y es lamentable, que hoy, personas, pueblos y comunidades cuya historia ha estado marcada por la migración, y de espalda a su propia historia, se muestren xenófobos, fomenten el odio, el desamor, y la falta de empatía, comprensión y misericordia hacia los inmigrantes, así de sencillo.



¡Hasta la próxima!

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