viernes, 27 de mayo de 2011

Una mujer «halagada» ¿o «alienada»? Una reflexión pertinente a propósito del «día de las madres» ¿Debemos seguir dependiendo de Proverbios 31.10-31?

Una mujer «halagada» ¿o «alienada»?
Una reflexión pertinente a propósito del «día de las madres»
¿Debemos seguir dependiendo de Proverbios 31.10-31?
Héctor B. Olea C.
En la República Dominicana se conmemora el «día de las madres» el último domingo del mes de mayo. Precisamente en el contexto de la celebración de este día, así como en el contexto de las celebraciones eclesiales de «la semana anual de damas»; un pasaje bíblico de referencia ineludible o prácticamente obligatoria, es Proverbios 31.10-31.
Un título recurrente en muchos sermones con base en nuestro referido pasaje (leído tradicional y preferentemente en la versión Reina Valera 1960), es: «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?» (Proverbios 31.10).
Ahora bien, a pesar de la forma en que se lee en la versión Reina Valera de 1960 y otras, el versículo 10 con la pregunta: «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?»; Luís Alonso Schokel y J. Vilchez Lindes sugieren: “La primera pregunta del poema se puede leer con dos acentos o entonaciones: ¿quién la encontrará? O ¡quién la encontrara! («Proverbios», página 524).
Pero es preciso admitir que la mayoría de las versiones castellanas de la Biblia, incluso la llamada «Nueva Biblia Española» del mismo Schokel, la traducen en forma de pregunta: “Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?”
También la Septuaginta la interpretó como una pregunta, al traducir: “tis jeurései?”, o sea, ¿quién la encontrará?




En conclusión me inclino por aceptar como mejor traducción, la forma interrogativa (¿quién la encontrará?), no la exclamativa (¡quién la encontrara!).
Ciertamente no es posible negar que Proverbios 31.10-31 ha sido el punto de partida para muchas reflexiones bíblicas y teológicas tendentes a resaltar las virtudes de una mujer (esposa y madre) aparentemente difícil, sino es que imposible de hallar, una «mujer virtuosa».
De todos modos, una lectura atenta de nuestro pasaje en cuestión pone de manifiesto algunas dificultades. Dificultades que me llevan a preguntarme si se está halagando a la mujer o si se le está cargando el dado. ¿Habla el proverbista de una «mujer halagada» o de una «mujer alienada»?
¿Es justo y legítimo que el esposo espere de su esposa todo lo que se supone que debe hacer la «mujer (esposa) virtuosa» de Proverbios 31-10-31? ¿Es justo y legítimo que los hijos e hijas esperen de su madre todo lo que se supone que debe hacer la «mujer (esposa, madre) virtuosa» del pasaje en cuestión?
Pienso que un buen punto de partida es comenzar por aclarar el sentido de la expresión «mujer virtuosa», según se lee en la versión Reina Valera 1960, en Proverbios 31.10.
Explicación de la expresión «mujer virtuosa»
El adjetivo castellano “virtuoso” (“virtuosa”), hace referencia a una persona con alguna o ciertas virtudes. Pero ¿qué es una virtud? El diccionario de la Real Academia Española define la palabra virtud como: Actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos (primera acepción y con la cual me voy a quedar).
A partir de esa definición, se diría por ejemplo, que una persona es una virtuosa del piano, es decir, cuando es alguien que toca el piano con una destreza y habilidad excepcionales. En consecuencia, es correcto decir que son muchas las personas que tocan el piano, pero no todas lo hacen de una manera especial, no a todas se les considera “virtuosas” en la ejecución de ese instrumento musical. En esta misma línea es posible poner un sinnúmero de ejemplos.
En lo referente a la mujer, se diría que si bien son muchas las que son esposas y madres, no todas son esposas y madres “virtuosas”. Esposa y madre “virtuosa” sería aquella que lo sea en términos excepcionales, insospechados, muy idealizados, rayando posiblemente en lo puramente utópico.
No obstante, como cada cultura tiene sus propios patrones y sus particulares perspectivas relativas a lo que se espera de la mujer (como construcción social), tanto en su papel de esposa, como en el de madre; es lógico que estos cánones varíen un poco de cultura a cultura. También nos invita este factor a asumir una postura crítica a la perspectiva del autor del poema que nos ocupa.
Pero bien, ¿cuál es el sentido básico de la palabra hebrea que la versión Reina Valera 1960 tradujo “virtuosa”?
La palabra hebrea traducida aquí “virtuosa” es “jayil” (hayil) que, según el «Diccionario bíblico hebreo-español» de Luís Alonso Schokel, se usa en distintos campos. Por ejemplo en el campo militar, significando: ejército, valor, baluarte. En el campo económico, significando: riqueza, fortuna, bienes. Y en otros campos, como aquí, significando: fuerza, poder, vigor, capacidad.
Y la expresión completa “mujer virtuosa” es “eshet-jayil”, literalmente significa “mujer de vigor”, “mujer fuerte”, “mujer capaz”.
El «Comentario Bíblico San Jerónimo» afirma: “Literalmente, «¿quién hallará una mujer de fortaleza?».”
Proverbios 31-10-31 es una composición poética en forma de acróstico
Es Proverbios 31.10-31 un poema hebreo en forma de acróstico, en el que cada versículo (del 10 al 31), inicia con una de las 22 consonantes del alfabeto hebreo.
Las palabras que en el texto hebreo forman el acróstico, iniciando cada verso, y en este caso, cada versículo, son:
Con la letra «Alef» (versículo 10): Eshet, forma constructa (el genitivo griego) de Isháh: mujer
Con la letra «Bet» (versículo 11): Bataj, el verbo “confiar” en estado perfecto, tercera persona masculina singular (confía)
Con la letra «Guímel» (versículo 12): la forma verbal “guemalat-hu”, del verbo “gamal” (recompensar, retribuir, devolver, resarcir) en estado perfecto, tercera persona femenina singular, con el sufijo de la tercera persona masculina singular (ella lo recompensa a él, a su marido).
Con la letra «Dalet» (versículo 13): la forma verbal “daresháh”, del verbo “darash” (buscar), en tercera persona femenina singular (busca ella).
Con la letra «He» (versículo 14): la forma verbal “hayetáh”, del verbo “hayáh” (ser, existir), en testado perfecto, tercera persona femenina singular (es).
Con la letra «Vav» (versículo 15): la forma verbal “vat-taqam”, del verbo “qum” (levantarse), en tercera persona femenina singular (ella se levanta).
Con la letra «Zayin» (versículo 16): la forma verbal “zamemáh” del verbo “zamám” (planear, proyectar, pensar, disponer, considerar), en estado perfecto, en tercera persona femenina singular (considera).
Con la letra «Het» (versículo 17): la forma verbal “jagueráh”, del verbo “jagar” (ceñir, atar, sujetar) en estado perfecto, tercera persona femenina singular (ciñe, se ciñe).
Con la letra «Tet» (versículo 18): la forma verbal “taamáh”, del verbo “taám” (probar, gustar, saborear), en estado perfecto, tercera persona femenino singular (observa, ve, aprecia).
Con la letra «Yod» (versículo 19): el sustantivo femenino “yad” (mano), en estado constructo, con el sufijo de la tercera persona femenina singular (sus manos).
Con la letra «Kaf» (versículo 20): el sustantivo femenino “kaf”. El sustantivo “kaf” por un lado, con relación a las extremidades superiores, puede significar: mano, puño, palma. Con relación a las extremidades inferiores, puede significar: planta, pie. Aquí la referencia es a “las manos” (las manos de la mujer).
Con la letra «Lamed» (versículo 21): la partícula negativa (adverbio de negación), “lo” (no).
Con la letra «Mem» (versículo 22): el sustantivo masculino plural “marbadim” (corchas, cobertores, cobijas).
Con la letra «Nun» (versículo 23): el participio “nodá”, del verbo “yada” (conocer, saber), traducción aquí: “conocido” (es su marido).
Con la letra «Samek» (versículo 24): el sustantivo masculino singular “sadín” (pieza o prenda de vestir, ropa, camisa).
Con la letra «Ayin» (versículo 25): el sustantivo masculino singular “oz” (fuerza, brío).
Con la letra «Pe» (versículo 26): la palabra “pihá” forma constructa del sustantivo masculino singular “peh” (boca), traducción aquí: su boca.
Con la letra «Tsade» (versículo 27): la forma verbal “tsofiy-yáh”, participio femenino singular del verbo “tsafáh” (vigilar, atalayar). Traducción aquí: vigila.
Con la letra «Qof» (versículo 28): la forma verbal “qamú”, en estado perfecto, en tercera persona común plural, del verbo “qum” (levantarse). Traducción aquí: se levantan (sus hijos, específicamente los varones).
Con la letra «Resh» (versículo 29): el adjetivo femenino plural “rabot” de “rab” (mucho). Traducción aquí: Muchas (hijas).
Con la letra «Shin» (versículo 30): con el sustantivo masculino singular “shequer” (mentira, falsedad, engaño). Traducción aquí: engañosa.
Con la letra «Tav» (versículo 31): con la forma imperativa plural masculina “tenú”, del verbo “natán” (dar, otorgar, poner nombre). Traducción aquí: denle a ella.
Ahora, después de presentar este análisis, quizás un poco tedioso, aunque ilustrativo; quiero presentar en una forma, digamos limpia (pero asumiendo los resultados del análisis gramatical anterior), cómo está elaborado el acróstico hebreo:
1) Una mujer de vigor
2) Confía en ella su marido
3) Recompensa a su marido
4) Busca (ella) la lana y el lino
5) Es como una nave mercante
6) Se levanta siendo todavía de noche (madruga)
7) Considera una propiedad y la compra
8) Se ciñe de valor y firmeza
9) Observa que su mercancía esté buena
10) Sus manos aplica al huso (instrumento para hilar)
11) Sus manos extiende a los necesitados
12) No teme a la nieve para atender a los suyos
13) Corchas (¿mantas?) confecciona
14) Conocido es su marido (le imprime a su marido detalles que lo distinguen)
15) Prendas de vestir teje
16) De fuerza y vigor se viste
17) Su boca abre con sabiduría (habla con sabiduría)
18) Vigila la marcha de su casa
19) Se levantan sus hijos varones y la felicitan
20) Hijas son muchas (son muchas las mujeres) hacendosas, pero ella las supera
21) Engañosa es la gracia (y la hermosura)
22) Denle a ella tributo (nombre) por el fruto de sus manos. Literalmente: “Denle del fruto de sus manos.
Análisis, resultados y conclusiones
Después de analizar detenidamente los 22 versos de este poema, encontramos unos detalles interesantes. Por ejemplo, dado el carácter patriarcal de la cultura hebrea, y dado la inferioridad que se le atribuía a la mujer; lo común es que en los relatos del AT los sujetos de la mayoría de las formas verbales sean varones.
Igual situación encontramos respecto de los textos que fijan o dictan alguna norma como el decálogo. En esta misma línea es necesario advertir que todas las prohibiciones del decálogo supusieron un auditorio y sujeto de derecho, específicamente compuesto de varones. Por tal razón, todas las formas del decálogo suponen un sujeto agente masculino, varón.
Por otro lado, es muy probable que este sea el trozo literario del AT que use más verbos, más formas verbales teniendo a la mujer como el sujeto agente que ejecuta la acción.
Una observación detenida de Proverbios 31.10-31, nos da la siguiente situación:
El primer verso, versículo 10, comienza con sustantivo: una mujer de vigor, ideal, ejemplar.
El verso número 2 (versículo 11) inicia con una forma verbal que tiene por sujeto al marido; sin embargo, esta acción verbal (confía) pende de las buenas acciones de la mujer. Lo que la asume a ella, a la mujer, como un sujeto agente, activo.
Luego, de los versos del 3 al 9 (versículos 12-18), inician todos con una forma verbal que tiene a la mujer como el sujeto que realiza la acción (sujeto agente).
Los versos 10 al 13 (versículos 19-22), inician con sustantivos, pero que apuntan a acciones que realiza la mujer. Y he aquí que volvemos a encontrar a la mujer como el sujeto agente que ejecuta la acción verbal.
El verso 14 (versículo 23) inicia con un participio verbal que tiene de sujeto al marido (“es conocido”). Lo interesante es que el marido, como sujeto paciente de este participio, no ejecuta la acción; en otras palabras, el “marido” es conocido precisamente por el brillo que exhibe a costa de las acciones diligentes de su esposa, de su compañera.
Los versos 15 al 17 (versículos 24-26) inician con sustantivos, no con verbos. De todos modos estos sustantivos apuntan a acciones que también las ejecuta la mujer.
Los versos 18 y 19 (versículos 27 y 28) inician con verbos que tienen como sujeto a la mujer.
Los versos 20 y 21 (versículos 29 y 30) no aportan nada al tipo de análisis que estoy realizando ahora.
Finalmente, el verso 22 (versículo 31), inicia con una forma verbal que no tiene a la mujer como sujeto, sino a los varones. Lo curioso es que esta acción verbal parece sugerir que, al final, a pesar de todas las acciones que se le atribuyen en este poema, no es ella la que tiene el control de las cosas. No olvidemos que al fin y al cabo, el varón era y es concebido como el “jefe” y “cabeza” del hogar.
El verso 22 literalmente dice: “Denle a ella del fruto de sus manos”. Creo que no podemos perder de vista o subestimar el hecho de que el poema describe a una mujer que no hace nada para sí. Una mujer que parece tener más bien una existencia puramente instrumental, alienada: existe, acciona y vive para otros. Otros son felices y está satisfechos por ella, pero ¿quién se preocupa por ella? ¿Quién piensa dotar de significación su vida? ¿Quién se preocupa por hacer lo posible para que ella sea feliz? ¿Qué compromiso tienen los demás miembros de la familia con ella, comenzando por el esposo?
Ahora, ¿por qué “denle a ella”? ¿Será porque al final, no podía disponer por sí misma, de pleno derecho, del fruto de las obras de sus manos?
Igualmente a pesar de que en 17 de los 22 versos, la mujer es la que acciona, llama poderosamente la atención el ver cómo este poema le atribuye a la mujer un espacio de dominio, de accionar, y una serie de prerrogativas que en realidad no tenía la mujer en la sociedad y cultura hebreas, incluso en tiempos del Nuevo Testamento.
En consecuencia, cabe preguntarse si es prudente y legítimo asumir la “mujer ideal” y “ejemplar” de este poema, como un parámetro adecuado para describir hoy el perfil de la “mujer ideal”, la “mujer ejemplar”, la “mujer soñada”, la mujer que esperamos encontrar (¿formar?) en nuestras congregaciones y en la sociedad.
Pienso que en este sentido tenemos que considerar algunas ideas orientadoras:
En primer lugar, para el autor de este poema, a pesar del énfasis que histórica y por naturaleza hace la mujer en su cuidado y apariencia, en lo relativo a su belleza; para el autor de este poema, eso no vale mucho. Y pienso que aquí, la mayoría de las mujeres no estará de acuerdo con el autor de este poema. Y si somos honestos, tampoco la mayoría de los hombres.
Sus palabras son: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura” (Proverbios 31.30).
Ahora bien, ¿no es cierto que los atractivos físicos son pasajeros y que se van perdiendo con los embates de los años, enfermedades, accidentes, (tanto en la mujer como en el hombre), etc.?
Claro que sí. Se está en lo correcto al afirmar que detrás de un rostro no tan llamativo, así como detrás de una anatomía no tan impresionante, puede haber allí, en esa mujer, una excepcional persona, con virtudes realmente brillantes, envidiables, y que cualquier persona quisiera tener o exhibir.
Sin embargo, no es aquí donde radica el problema, es en el contexto en que leemos la afirmación y concepción del proverbista. En este contexto, la mujer ideal, para él se mide en términos de rendimiento y resultados puramente económicos.
Al respecto se pronuncian Luís Alonso Schokel y J. Vilchez Lindes: “Lo curioso de esa figura idealizada es la devaluación de la belleza y la ausencia o el ocultamiento del amor… La mujer ideal ha de ser una buena inversión económica. Este planteamiento comercial podrá sorprender y aun irritar a un lector moderno; pero ante todo hay que intentar comprenderlo.”
Continúan Schokel y Vilchez diciendo: “Recordemos que en el Israel del AT el matrimonio tiene su lado económico relevante: Jamor ofrece pagar el precio de las vírgenes; David paga en prepucios de filisteos (1 Samuel 18.25). Después el marido está obligado a dar vivienda, vestido y alimentos a la esposa (Éxodo 21.10). El aspecto económico del matrimonio está claro. ¿Bastará para compensar al marido con darle placeres e hijos? Sería mala inversión; especialmente si el marido ha pagado un precio alto en el contrato matrimonial. La buena ama de casa tiene que administrar bien y aumentar la hacienda. Este criterio económico, comercial dirige el desarrollo del poema” («Proverbios», página 524).
Ahora bien, personalmente pienso que Schokel y Vilchez no logran mucho en su intento de justificar la perspectiva puramente económica a la luz de la cual el proverbista describe su “mujer ideal”.
Como reacción, diría que la figura de la dote no justificaba el exagerado matiz económico que tiene el matrimonio para este proverbista. Además, el que el hombre tenía que darle vestido y comida a la mujer, también se explica atendiendo al contexto del carácter patriarcal de la sociedad y cultura hebreas. En estas, la mujer estaba sujeta en todo al varón desde su nacimiento hasta la muerte. Antes de casarse, la mujer estaba sujeta a la autoridad del padre y de sus hermanos varones, y luego de casada, a su marido. En una cultura con otras características, el sustento y la vestimenta de la mujer es algo que ella puede conseguir por sí misma, sin depender tanto (ni poco) del varón.
En segundo lugar, otro factor más que me hace estar en desacuerdo con la perspectiva del autor de este poema. Es que en realidad, como dije antes, en la cultura y sociedad judías, la mujer no tenía todo ese poder con que la describe este proverbista.
Entonces, resulta muy curioso el que sea precisamente aquí, en esta composición poética, de carácter ficticio; cuando vemos tantas formas verbales que tienen a la mujer como el sujeto agente de dichas acciones verbales.
En tercer lugar, otro aspecto a considerar es que una mujer como la de este poema, que es la primera persona que se levanta, y la última que se cuesta (versículos 15 y 18); es una mujer que vive cansada, explotada, con mucho estrés, muy posiblemente con una autoestima muy baja, con una visión de la vida no muy positiva, incapaz de tener una respuesta sexual adecuada, capaz de satisfacer las expectativas de su esposo, etc.
En consecuencia, no se debe descartar la posibilidad de que el marido de esta mujer utilice los inevitables estragos que ha de producir este estilo de vida en su estado de ánimo y en su cuerpo, como pretexto para buscar satisfacción sexual, a la amante ideal (¿la de Cantares?) fuera del hogar. Obviamente, no estoy tratando para nada de justificar el adulterio. Simplemente explico una realidad muy concreta.
Además cabe preguntarse: ¿Y qué del marido de esta mujer? ¿Qué es lo que hace para su familia? ¿Es que no contribuye en nada al buen funcionamiento del hogar? ¿Qué dirán las hijas de esta mujer? ¿Querrán tener la misma vida de su madre? ¿O siquiera una vida parecida? ¿Querrán tener un esposo como su padre?
En cuarto lugar, un elemento más es que la mujer “ejemplar” e “ideal” que nos describe el proverbista es una mujer alienada, que no vive para sí. Es una mujer que vive para todo el mundo, menos para ella. Es una mujer con una existencia puramente instrumental, sin valor alguno para sí misma. ¿Apoyamos la idea de que nuestras congregaciones estén llenas de mujeres con una existencia y una autoestima como suponemos que tendría la “mujer ideal” de Proverbios 31.10-31? En lo personal, yo no.
En quinto lugar, otro detalle que también hace resaltar el carácter o matiz patriarcal de este poema, es que en el verso 22 (versículo 28), el proverbista dice (específicamente hablando de los hijos varones, que es realmente el sentido de la palabra hebrea “ben”) que: “se levantan y la felicitan”.
¿Es que la “mujer ideal” no tiene hijas (¿no debe tenerlas?), sólo hijos? Pero si tenía hijas, ¿por qué las ignora el proverbista?
Me parecen muy pertinentes aquí una serie de líneas que nos ayudan a entender la situación de la mujer en la cultura y sociedad hebreas, como esposa y como madre:
“En conjunto, la situación de la mujer en la legislación religiosa está muy bien reflejada en una fórmula que se repite sin cesar: «Mujeres, esclavos (paganos) y niños (menores)»; la mujer, igual que el esclavo no judío y el niño menor, tiene sobre ella a un hombre como dueño, lo cual limita también su libertad en el sentido religioso” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 467).

“Ya que en el Judaísmo sólo el hombre está obligado a la plena observancia de la Torá, en la bendición matutina, éste daba gracias a Dios por no haberlo creado pagano, ni mujer, ni esclavo” («Diccionario del Judaísmo», por Johann Maier y Peter Schafer, publicado por Verbo Divino.

“También las relaciones entre los hijos y los padres estaban determinadas por la obediencia que la mujer debía a su marido; los hijos estaban obligados a colocar el respeto debido al padre por encima del respeto debido a la madre, pues la madre, por su parte, estaba obligada a un respeto semejante hacia el padre de sus hijos. En caso de peligro de muerte había que salvar primero al marido” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 460-461).

Es significativo que el nacimiento de un varón era motivo de alegría, mientras que el nacimiento de una hija se veía frecuentemente acompañado de indiferencia, incluso de tristeza («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 467-468).

“La mujer judía no estaba habilitada para ejercer las funciones cúlticas, no podía ser sacerdote, incluso su presencia en el templo se limitaba al atrio (patio) de las mujeres. Lo mismo pasaba en la sinagoga, a excepción de las sinagogas reformadas, donde existe un lugar reservado para las mujeres, por lo general en el coro alto” («Diccionario del Judaísmo», por Johann Maier y Peter Schafer, publicado por Verbo Divino.

Tenemos, pues, la impresión de que también el judaísmo del tiempo de Jesús tenía en poca consideración a la mujer, lo cual es corriente en Oriente, donde es estimada sobre todo por su fecundidad, manteniéndola lo más posible alejada del mundo exterior y sometida a la potestad del padre o del esposo y donde, desde el punto de vista religioso, no es igual al hombre” («Jerusalén en tiempos de Jesús», Joachim Jeremías, página 468).

¿Cómo habrán influido estas ideas y concepciones los textos bíblicos, incluyendo a Proverbios 31.10-31?

Finalmente, es posible que muchas personas entiendan que estoy perdiendo de vista una afirmación valiosa y quizás, según algunas personas, la clave del poema, a saber: “La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.
Pues bien, personalmente puedo decir que me llama la atención el que esta expresión aparezca al final, después de describir a la “mujer ideal” desde la óptica de una existencia puramente instrumental.
Entonces, parece más bien que para el proverbista, para el autor de este poema; la mujer que teme a Dios, al Señor, es la mujer que acepta sin más, el papel, el poco espacio social, y la existencia instrumental (una existencia alienada) que le han asignado los varones.
Compárese Génesis 18.2 “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?
1 Pedro 3.6 “como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.
Después de considerar los distintos factores que hemos abordado en este trabajo, pienso que no es adecuado seguir usando y dependiendo de Proverbios 31.10-31, como base y punto de partida, para pretender honrar y hablar positivamente de la mujer; ya como persona, como esposa, compañera, amiga, y en nuestro caso, especialmente como madre.
Es nuestro deber preguntarnos seriamente, si en nuestra reflexión teológica, si en nuestra pastoral, vamos a insistir en que la mujer “ideal” es la mujer alienada, abusada y explotada de Proverbios 31.10.31. ¿Es posible y legítimo el asumir una postura crítica a las premisas del poema en cuestión, a la luz de la enseñanza y actitud de Jesús, y en virtud de los más elevados ideales del mensaje cristiano?
Quiero concluir esta vez, de una forma diferente, emulando al proverbista, con los siguientes acrósticos que he elaborado con base en las palabras: mujer, esposa y madre. Para cada una de estas tres palabras, redacté una versión negativa (como forma de llamar la atención a la historia de maltratos que ha sufrido la mujer, como mujer, esposa y madre). También elaboré una versión positiva, como forma de hacer resaltar las virtudes y cualidades que engalanan a la mujer, como persona, como esposa y como madre:
«Mujer»
Negativo Positivo
Menospreciada Manantial de virtudes
Utilizada Única
Juzgada (condenada) Jardín de sublimes cualidades
Explotada Emotiva (llena de emociones)
Recluida Reconocida

«Esposa»
Esclavizada Elegida
Secuestrada Sabia
Poseída Protegida
Oprimida Orquídea
Segregada Sensible
Aprisionada Amada
«Madre»
Maltratada Musa
Alienada Apreciada
Doblegada Desprendida
Rutina Resplandeciente
Excluida Especial
¡Felicidades mamá!

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