domingo, 26 de marzo de 2017

El «Mesías», ¿más que descendiente de David, es su Señor?


Una reflexión crítica en torno a Marcos 12.35-37


Héctor B. Olea C.

Llama la atención cómo, según la tradición sinóptica (apelando al Salmo 110.1 en la Septuaginta, mediante una lectura evidentemente cristológica), Jesús se sirva de la tradición de evitar la pronunciación de «YHVH», para, por un lado, restarle importancia al linaje davídico del Mesías, de no considerarla decisiva, y por otro lado, para resaltar la relación especial que habría de tener el Mesías con «YHVH», obviamente, en el marco de la noción cristiana del Mesías, al margen de las expectativas judías mesiánicas aún vigentes.

En Marcos 12.36 (lo mismo que en Mateo 22.44; Lucas 20.42) en la expresión «eipen kúrios to kuríu mu» («dijo el Señor a mi Señor»: «kúrios» (nominativo masculino singular) hace referencia a «YHVH», el Dios del Tanaj (vocalizado «YeHVaH», en el Códice de Leningrado B19, como un «quere perpetuo»). Por otro lado, «to kurío» (dativo masculino singular), hace referencia al Mesías, en Marcos 12.36 (y los paralelos: Mateo 22.41-46; Lucas 20.41-44).

Ahora bien, es «to kurío» (dativo singular masculino) exactamente la traducción que hizo la Septuaginta en el Salmo 110.1, de la expresión hebrea «la’doní», expresión  compuesta por la preposición «le» (a, para), por el sustantivo «’adón» (Señor), y por el sufijo de la primera persona común singular «i» (yo): «a mi señor».

De todos modos, no puedo dejar de poner de relieve que mientras que Mateo, Marcos y Lucas, citando la Septuaginta, los tres consistentemente dicen «éipen kúrios to kuríu mu» (un señor dijo a un señor mío); en cambio, la Septuaginta más bien dice «éipen jo kúrios to kuríu mu» (el señor dijo a un señor mío), o sea, empleando la palabra «kúrios» (señor), en la primera mención (en caso nominativo) con el artículo definido «jo», o sea, «jo kúrios» (el señor).

Ahora bien, con relación a cómo se ha comentado el pasaje de Marcos 12.35-37, traigo a colación lo que plantea el «Comentario Bíblico San Jerónimo», cito: 

“La pregunta de Jesús es simple en sí misma, pero se han propuesto tres maneras distintas de entenderla: 1) Jesús pone en duda el origen davídico del Mesías. Por ser galileo, «hijo de un carpintero», él no podría ser el Mesías; en consecuencia,  trata de probar que el Mesías no pertenece necesariamente al linaje de David. 2) Jesús insinúa que el Mesías es mucho más que un simple descendiente de David, pues tiene un origen trascendente, más alto que el mismo David. Se trataría de un nuevo paso en la autorrevelación de Jesús. 3) Se supone que Jesús alude indirectamente a la visión del Hijo de hombre (Dn 7,13); efectivamente, es Hijo de David, pero también algo más: Hijo de hombre en un sentido excepcional. De las tres interpretaciones, sólo la segunda resulta convincente a la larga (cf. J. A. Fitzmyer, «Concilium» 20 [1966], 434-48). La pregunta que hace Jesús no va tanto a negar que el Mesías sea Hijo de David cuanto a declarar que es eso y mucho más” (Comentario al Evangelio de Marcos, 12.37, página 132).

Por supuesto, lo que plantea el «Comentario Bíblico San Jerónimo», está supeditado a la conclusión a la que lleguemos respecto de si la figura histórica de Jesús se llegó a considerar así mismo el Mesías, y además, en qué sentido.

En este punto, creo que no debemos perder de vista la oportuna observación de Raymond E. Brown: “Hay muy pocas razones para apoyar la opinión según la cual, aunque Jesús afirmó claramente que él era el Mesías, los oyentes no lo entendieron porque eran torpes y duros de corazón. Más bien se necesitó tiempo después de su muerte para que las ideas judías sobre el Mesías se modificaran o adaptaran para ajustarse a la historia de Jesús, de suerte que los creyentes pudieran reconocerle sin reservas como el Mesías en todas las fases de su vida («Introducción a la cristología del Nuevo Testamento», Sígueme, página 94, nota al pie de página # 16).

“En particular, sigue Raymond E. Brown, aunque la esperanza judía del Mesías estuvo muy idealizada, no hubo la espera de un Mesías divino en el sentido en que Jesús es declarado Hijo de Dios. Además, en cualquiera de las etapas del desarrollo precristiano del pensamiento mesiánico nunca faltó un tinte nacionalista, así como el mismo concepto veterotestamentario de salvación nunca estuvo desprovisto de aspectos terrenos y nacionalistas. Es erróneo e injusto decir que los judíos del tiempo de Jesús habían corrompido la idea del Mesías como salvador espiritual convirtiéndolo en secular y nacionalista, y que Jesús devolvió el concepto a su significado originario. La comprensión cristiana de un Mesías espiritual con un reino que no es de este mundo fue más un cambio que una restauración, un cambio que los cristianos creen que hizo que la expectativa mesiánica alcanzara un brillante cumplimiento, pero al fin y al cabo un cambio (obra citada, pagina 179, nota al pie de página #5).  

Concluyo, pues, citando lo que E. P. Sanders («La figura histórica de Jesús», Verbo Divino, 2005) en relación al título de “Mesías”, cito:

“Como la cuestión del significado del término “Mesías”, aplicado a Jesús, es compleja, voy a enumerar las ideas principales a modo de resumen:

1)  La literatura judía anterior a Jesús, o contemporánea suya, no dio una definición única de la palabra “Mesías”.

2) Jesús, probablemente no consideró “Mesías” como el título más adecuado para describir quién era él.

3) Después de su muerte y resurrección, sin embargo, los discípulos de Jesús decidieron que este título, uno de los más honoríficos que podían imaginar, le pertenecía.

4)    En un sentido muy general, correspondía a la visión que tenía de sí mismo: sería el jefe en el Reino venidero.

5)  Los discípulos también podían recordar, sin embargo, que rechazó la ambición mostrada por Pedro a cuenta suya, y que, después, tres de ellos (Pedro, Jacobo y Juan) tuvieron una visión en la cual lo vieron glorioso con Moisés y Elías (Marcos 9.2-13). Según la Biblia, Elías fue llevado en cuerpo al cielo, y la tradición judía a menudo confirió el mismo honor a Moisés. La presencia de Jesús en medio de ellos, en la visión de los discípulos, da testimonio de una categoría verdaderamente alta –una vez más, no precisamente la de “Hijo de David” o “Mesías”-. Ambos, Elías y Moisés, eran profetas.

6)    Al final, los cristianos primitivos conservaron el título “Mesías”, pero le dieron una definición nueva para que concordara con su experiencia: Jesús se convirtió para ellos en una nueva clase de “Mesías”, un “Mesías” que había actuado como taumaturgo y profeta durante su vida, pero que era también Señor celestial que volvería al final. Esta definición de Mesías -profeta, taumaturgo  y Señor celestial- es post factum (en retrospectiva): los cristianos primitivos lo veían así y además lo llamaban “Mesías”. Por lo que sabemos, el término “Mesías” no se había definido de esa manera con anterioridad” (páginas 265-266).         



¡Hasta la próxima!
 


Este libro por ahora sólo está disponible en formato digital (Kindle), e impreso en los próximos días. Precio: 5 dólares.

Los 6 artículos que lo conforman son:

1) La transliteración y sus modalidades                                                           
2) El Nombre Jehová. ¿Traducción o transliteración?                                   
3) No pronunciarás el nombre de Jehová tu Dios en vano               
4) Una necesaria aclaración a un amigo Testigo de Jehová            
5) Jehová de los ejércitos, un título preocupante 






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