domingo, 12 de marzo de 2017

La antropología de Pablo y del autor de 1 Timoteo, más cerca de lo que pensamos


Una comparación necesaria e ineludible

Héctor B. Olea C.

Si bien no es Pablo el autor de 1 Timoteo, aunque demos por hecho que Pablo no es el autor de las cartas pastorales; pienso que si procedemos con una actitud crítica y con honestidad intelectual; tendremos que admitir que Pablo y el autor de 1 Timoteo comparten una misma y básica premisa en relación a la creación del hombre y a la creación de la mujer, premisa que lleva al autor de 1 Timoteo a demandar la estricta sujeción de la mujer al varón (1 Timoteo 2.11-12), y al segundo (a Pablo) a demandar que la mujer lleve sobre su cabeza una señal de que está bajo autoridad (y si se admite, como lo indican todos los manuscritos griegos, que efectivamente los versículos 34-35 de 1 Corintios 14 proceden de la mano de Pablo, la situación es peor).

La premisa básica que comparte el autor de 1 Timoteo con Pablo es que la mujer fue creada con posterioridad al varón, que si bien por medio de la gestación el varón procede de la mujer; originalmente el varón fue creado primero y posteriormente la mujer, procediendo de éste, y por causa del mismo (en conformidad con la teología y antropología del relato de Génesis 2-4-25.

1 Corintios 11.7-9: “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. 8Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, 9y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.”

1 Timoteo 2.13-14: “Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”

Por supuesto, no acusa Pablo a la mujer de haber sido ella la que falló, como sí lo hace el autor de 1 Timoteo.

Por otro lado, no parece que Pablo y el autor de 1 Timoteo conocieran o asumieran la que vino a ser la leyenda talmúdica sobre LIlith, ni el mito de un primer Adán andrógino, al cual se entiende que se alude en el libro apócrifo llamado «Apocalipsis de Adán, 1.5 (texto gnóstico).

Además, con relación a la situación un tanto complicada y hasta contradictorio del pensamiento paulino hacia la mujer, especialmente en relación  a 1 Corintios 14.34-36; son oportunas aquí las palabras de Juan José Bartolomé (1998): “No resulta muy convincente eliminar a priori contradicciones en un hombre tan contradictorio como Pablo; ni es, además imposible que la situación de la iglesia de Corinto le obligase esa determinación concreta” («Pablo de Tarso, una introducción a la vida y a la obra de un apóstol de Cristo», Madrid: Editorial CCS, página 130).

Y en esta misma línea, pero ahora en una nota al pie de página (la #296), en la misma página 130, Juan José Bartolomé hace la siguiente cita:

“Baumert, Frau 178-181. Decir, genéricamente, que «los textos paulinos que se utilizan con un sentido misógino, o al menos desfavorable a la mujer, no forman parte del núcleo de la fe, sino que pertenecen a los textos que tienen un carácter práctico y pastoral» (Bautista, Mujer 166-167), es una salida de emergencia”.     

Finalmente, un ejemplo de la muy popular interpretación teológica cristiana del origen de la mujer, al margen de Génesis 1.26-28 (en armonía con la premisa de Pablo y del autor de 1 Timoteo); lo constituye la que nos ofrece Gerhard Von Rad (2000), cito: “La creación de la mujer se encuentra muy distante de la creación del hombre, porque ella es el beneficio último, el don más misterioso que Yahvéh desea otorgar al hombre. Dios la destinó como ayuda «proporcionada» (“kenegdó”); debía ser semejante a él, pero no idéntica; más bien, su contraparte, su complemento. El hombre reconoció como ayuda a los animales que le presentó el Señor, pero no eran contraparte de igual dignidad. Por esto, de una manera muy misteriosa, Dios se decidió crear a la mujer del hombre” («Teología del AT», tomo I, Ediciones Sígueme, página 200).


¡Hasta la próxima!


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