jueves, 30 de julio de 2015

La afirmación de que algo es “bíblico”, es problemática

La afirmación de que algo “no debe practicarse” o “debe suprimirse” por no ser bíblico, por carecer del “apoyo bíblico, es muy problemática. En primer, porque ignora que incluso entre los grupos cristianos mismos (principalmente protestantes y evangélicos), no hay acuerdo precisamente en lo que se entiende que es bíblico y lo que no lo es, entre lo que se supone que tiene apoyo bíblico y lo que se supone que no; después de todo, dicha afirmación se sustenta en la particular teología, praxis, y tradición eclesial de cada grupo, factores a la luz de los cuales se asume, se lee, interpreta y aplica la Biblia.  

En segundo lugar, que sólo ha de ser vinculante y obligatorio “lo bíblico” (por supuesto en el marco de la relatividad esencial que la caracteriza, y que ya mencioné en el párrafo anterior), estrictamente para quienes, de una forma u otra, han adoptado la Biblia y la fe cristiana (más bien alguna expresión de ella) como marco de referencia vital; no así para el resto de las personas, por bien intencionada que pueda ser la propuesta cristiana y evangélica. .  

Además, ante el carácter esencialmente contextual de los textos bíblicos (en términos históricos, socioculturales, ideológicos, lingüísticos, geográficos, etc.), se impone que reconozcamos algunas realidades e implicaciones que como limitantes actúan en nuestro ejercicio de lectura, exégesis e interpretación, actualización, y aplicación de los textos bíblicos.

Entre estas podemos mencionar las siguientes: 
           
En primer lugar, que no siempre los temas, asuntos y desafíos que nos interpelan hoy, estuvieron en el horizonte de los autores de la Biblia, o por lo menos no en la forma, ni bajo los términos en que los conocemos nosotros en el presente. Por otro lado, nos es preciso admitir, además, que no siempre las cosas que son importantes o desafiantes para nosotros hoy, lo fueron alguna vez para los autores de la Biblia.

En segundo lugar, que no es cierto que la Biblia posee una guía y respuesta automática para todas las preguntas que las personas y comunidades hermeneutas quisieran plantearle, o se planteen: La Biblia no es una “bola de cristal” ni el mejor horóscopo de la historia. 

En tercer lugar, nuestra apropiación de los textos bíblicos supone el reconocimiento de lo parcial y tentativo (no conclusivo) que muchas veces fue el abordaje de un determinado asunto por los autores de la Biblia (cuando lo hayan abordado, si es que en verdad lo abordaron).  

En cuarto lugar, que el abordaje, perspectiva, y enfoque que en la Biblia tienen muchos asuntos, no siempre concuerda con la tradicional ortodoxia y moral cristiana; es más, muchas veces más bien choca con ellas o se la encuentra en la acera del frente. 
En quinto lugar, los textos de la Biblia, si bien a ellos apelan las distintas expresiones de la fe cristiana (expresiones muy posteriores a los textos bíblicos); no es menos cierto que ningún autor de la Biblia fue cristiano en este sentido, ni escribió comprometido con las tradicionales teologías cristianas. Esto supone el que evitemos proyectar en los textos bíblicos nuestros prejuicios, nuestros temores (así como nuestros optimismos y triunfalismos), los cuales podrían impedir o dificultar el que podamos escuchar la propia voz de los textos bíblicos, con sus propios matices y modulaciones.

En sexto lugar, que ante la falta de precisión, profundización y ciertos detalles de los textos bíblicos mismos, respecto de ciertos asuntos; se hace necesario conocer (hasta donde nos sea posible) las formas en que ciertos textos fueron asumidos e interpretados en el seno de las tradiciones a través de las cuáles los textos bíblicos nos han llegado.


¡Muy buenos días!  

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