domingo, 2 de octubre de 2011

Ni «católicas» ni «protestantes», sólo «Biblias» A propósito de los agentes que difunden la Biblia 4 de 4

Ni «católicas» ni «protestantes», sólo «Biblias»

A propósito de los agentes que difunden la Biblia

4 de 4

Héctor B. Olea C.

Análisis de la traducción de Mateo 1.25 (conclusión) y fin de la serie

Para cerrar esta sección, puedo decir que por lo general las llamadas «Biblias protestantes» manifiestan una acertada traducción de Mateo 1.25 (y con razón, no sólo por la preocupación exegética de ser fieles al texto, sino también por su histórica oposición al referido dogma católico de la virginidad perpetua de María). Para muestra un botón, cito: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Reina Valera 1960).

Una traducción igualmente acertada, pero quizás un poco más clara, la leemos en la «Biblia en lenguaje actual», cito: “Pero no durmieron juntos como esposos antes de que naciera el niño. Y cuando este nació, José le puso por nombre Jesús

De todos modos, una versión de la Biblia publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas (año 1992), realizada con la participación de biblistas católicos y protestantes (edición interconfesional con los libros deuterocanónicos, la identificada como “Dios Habla Hoy, edición de estudio”, revisión de la original “Dios Habla Hoy” de 1979), asombrosamente manifiesta una traducción de Mateo 1.25 que se conforma a la traducción que leímos en la «Nueva Biblia Española», cito: “Y sin haber tenido relaciones conyugales, ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.

No obstante, es justo decir que la traducción de Mateo 1.25 en versión popular «Dios Habla Hoy» original (no interconfesional, ni de estudio, y sin los libros deuterocanónicos), se ajusta perfectamente al sentido del texto griego, cito: “Pero no vivieron como esposos hasta que ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús.”

Una necesaria observación con relación a la presencia de la palabra “primogénito” en la traducción de Mateo 1.25 que ofrece la Reina Valera 1960

Como de seguro habrán notado algunas o todas las personas que leyeron la publicación anterior de esta serie, es claro que mi traducción personal de Mateo 1.25, así como de las «Biblias católicas» que mencioné al respecto (tanto las que se mantuvieron fiel al texto griego así como las que lo manipularon), no incluyen la palabra “primogénito”.

Ahora bien, dado que la palabra “primogénito” (griego “protótokos”) por lo general apunta a un primer nacido entre varios (en la cultura hebrea la primogenitura era un concepto estrictamente asociado con la descendencia masculina), es de suponer que su omisión en mi propia traducción del pasaje en cuestión, así como en las «Biblias católicas» podría llevar algunas personas a pensar en una manipulación textual (que yo estaría apoyando) con tal de restarle obstáculos a la sustentación del dogma católico de la virginidad perpetua de María.

Sin embargo, no es así. Me explico. Desde la «Crítica textual» (ciencia que procura acercarnos lo más posible al texto más próximo al original), observamos que la presencia de la palabra “primogénito” (griego “protótokos”) en Mateo 1.25 no está atestiguada por los mejores manuscritos, por los mejores testigos textuales de que disponemos, sino por el llamado «Textus Receptus» (“texto recibido”), atestiguado por manuscritos tardíos. Esto significa que podemos estar muy seguros de que dicha palabra nunca estuvo en el original texto griego del evangelio de Mateo.

La adición del llamado «Textus Receptus» es doble. Por un lado, inserta el artículo “el” (griego, “ton”), ante la palabra “juión” (hijo), a pesar de que en el versículo 21 no lo tiene, para que se hable de “el hijo”. Por otro lado, agrega la palabra “primogénito” (griego “protótokos”).

Ahora bien, a pesar de lo tardío y no tan confiables los en que se apoya la mención de la palabra “primogénito” (griego “protótokos”) en el pasaje en cuestión en la versión Reina Valera 1960; lo cierto y penoso es que incluso en la recién publicada «Reina Valera Contemporánea» se persiste en mantener aquí la palabra “primogénito” (griego “protótokos”).

Es más, lo peor aún es, respecto de la llamada «Reina Valera Contemporánea», que se pretenda mejorar en algunos aspectos la Reina Valera 1960 (como revisión realizada directamente por las Sociedades Bíblicas Unidas, pues no debemos olvidar que ya se han publicado varias versiones por distintas casas editoriales que ha pretendido mejor y hasta sustituir la revisión de 1960), haciendo destacar las dificultades textuales de dicha versión, pero sin la intención de que tales observaciones formen parte del texto mismo.

Es más, en un pequeño folleto (Tríptico) informativo publicado por Sociedades Bíblicas Unidas misma, se afirma textualmente que: “En el siglo XXI tenemos el «Texto Crítico» que se ha logrado a partir de más de 3000 manuscritos griegos, la mayoría mucho más antiguos y de mejor calidad que aquellos conocidos como «Textus Receptus», usado por Casiodoro de Reina como base textual para su traducción en 1569. El «Texto Crítico» es la base textual de la nueva revisión «Reina Valera Contemporánea». Indicando claramente qué textos no se encuentran en los manuscritos más antiguos, aunque sin excluirlos de la Biblia”.

Ahora bien, mi personal percepción es que Sociedades Bíblicas Unidas de decidido trabajar con demasiado sacralidad el texto de la Reina Valera, de forma análoga a como los masoretas trabajaron el texto hebreo consonántico que habían recibido, a cual, precisamente por la sacralidad con que lo observaban, decidieron señalar y destacar los problemas, dificultades e incoherencias o inconsistencias que mostraba dicho texto; pero sin alterar el texto mismo. La pregunta lógica es si el «Textus Receptus» de la Reina Valera merece ser tratado con un nivel de respeto y sacralidad semejante al que los masoretas le otorgaron al texto hebreo consonántico que habían recibido. En otras palabras, ¿se justifica hoy el pensar que la base textual de la Reina Valera es el texto original de la Biblia?

Además, el mencionado folleto afirma que con la «Reina Valera Contemporánea» no se pretende sustituir (cuando precisamente es lo que se esperaría de una revisión actualizada de la Reina Valera 1960 y 1995). ¿Será que se le teme y se considera un verdadero riesgo el que una verdadera actualización y revisión completa de la Reina Valera sea un terrible fracaso económica y comercialmente hablando?

Pienso que la pregunta que he planteado no es descabellada y sin fundamento, porque: 1) Dado el valor que ha recibido el texto de la Reina Valera 1960 en el sector protestante y evangélico hispanohablante en el mundo; 2) En virtud del arraigo que tiene dicha versión en dicho segmento; y 3) Debido a la dependencia de dicha versión que tienen muchas prácticas, y conceptos doctrinales y teológicos del protestantismo hispanohablante.

Un ejemplo del riesgo financiero al que se juega con una revisión que pretenda sustituir a la Reina Valera 1960, lo tenemos, en primer lugar, con la experiencia obtenida por Sociedades Bíblicas Unidas misma, al ver que su Reina Valera 1995 no ha podido sustituir ni competir con la ya revisada y textualmente mejorada Reina Valera 1960.

Otros ejemplos que ponen de relieve lo difícil que ha sido el restarle espacio e impacto a la Reina Valera 1960 en el protestantismo evangélico hispanohablante, lo constituyen el poco éxito logrado por las siguientes revisiones: 1) La realizada y publicada por la Liga Bíblica en 1977 (Santa Biblia); 2) La revisión realizada y publicada en 1989 por Editorial Mundo Hispano, la llamada «Reina Valera Actualizada», cuya más reciente revisión se publicó en el año 2006; 3) La revisión de la Reina Valera publicada por los adventistas en 1990, la llamada “Santa Biblia Nueva Reina Valera 1990” (versión aparentemente hecha por adventistas para adventistas).

Volviendo al problema textual respecto de la palabra «primogénito», diré que dicha palabra sí aparece como parte del original evangelio de Lucas, cuando en Lucas 2.7 se lee: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.” Es de sospechar, pues, que tardíamente algún copista se apoyó en la cita de Lucas para introducirla indebidamente en Mateo 1.25.

A pesar de todo, lo cierto es que el evangelio de Mateo, uno de los dos canónicos que desarrolla una “cristología de la concepción”, en lo que respecta al capítulo 1, no muestra interés en mencionar si María tuvo más hijos, antes o después de Jesús. Su teología, en lo que al capítulo 1 se refiere, se concentra en dos aspectos: 1) María tuvo un hijo, el cual nació sin el concurso de varón, sin que José u otro varón lo hubiera engendrado. 2) Después de haber nacido dicho hijo, al cual José llamó “Jesús”, José y María tuvieron una vida conyugal absolutamente normal.

Luego, considerando la teología del evangelio de Marcos, evangelio que, por cierto, no desarrolla como Mateo y Lucas, una “cristología de la concepción”, y fue el primer evangelio en ser escrito; es el primero que menciona que María tuvo más hijos, presumiblemente de José, pero sin explicitar si Jesús fue el “primogénito” (considérese Marcos 3.31-35; 6.1-4; compárese Mateo 12.46-50; Lucas 8.19-21).

Luego, en una especie de línea intermedia entre Mateo y Marcos, tenemos a Lucas que, además de desarrollar una “cristología de la concepción” al igual que Mateo, es el único que en el marco de su relato del nacimiento de Jesús, especifica que éste fue el “primogénito” de María (Lucas 2.7).

Para cerrar esta sección, creo que es interesante traer a colación la forma en que algunas «Biblias católicas» encaran el texto de Lucas 2.7. Como muestra cito a continuación el comentario que la «Biblia de Jerusalén» hace del empleo de la palabra «primogénito» en dicho pasaje: “En griego bíblico el término no supone necesariamente hermanos menores, sino que subraya la dignidad y los derechos del niño”.

Al margen de todo, lo cierto es que ni Marcos ni Mateo establecen que Jesús fue el “primogénito” de María, si bien sostienen (con Lucas) que Jesús tuvo hermanos y hermanas. Es, pues, sólo Lucas el que afirma que Jesús fue el “primogénito” de María (si bien con relación a José las cosas no les parecen muy claras (compárese Lucas 3.23, pasajes cuyos alcances están todavía en discusión).

Pasemos ahora a considerar la traducción de algunos pasajes de vital interés para la teología protestante. El interés especial de la teología protestante en los pasajes a analizar, es que se entienden claves para asumir una postura distinta a la católica en cuanto a la interpretación de la Eucaristía y la presencia de Cristo en la misma.

Es ya sabido que la postura oficial e institucional de la teología católica asume la Eucaristía, como a los demás sacramentos, no sólo como signos o símbolos, sino también como medios (con los que se expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres, y por tanto contribuyen en gran medida a crear, corroborar y manifestar la comunión eclesiástica” («Código de Derecho Canónico», página 392).

En contraste, la tradicional postura protestante ve la Eucaristía (Cena del Señor o Santa Cena), como a los sacramentos en general (otros protestantes prefieren hablar de “ordenanzas”), como simples signos y símbolos (“Como tales, no imparten en sí mismas la gracia de Dios, pues constituyen actos simbólicos de realidades espirituales ya hechas por Dios” : «Apuntes doctrinales», doctrinas y prácticas de los Templos Bíblicos de la República Dominicana, página 66).

Los textos a considerar son:

Marcos 14.22 y 24 “22Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. 24Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

Mateo 26.26 y 28 “26Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 28porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Lucas 22. 19 y 20 “19Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

1 Corintios 11.24, 25, 29 “24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

Nuestro estudio de estos pasajes se va a concentrar específicamente en el análisis de dos expresiones específicas, a saber: “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre”.

Como es bien sabido, la relación entre un sustantivo y un adjetivo, entre un sustantivo y un determinante, se basa en la concordancia; es decir, en la igualdad de género y número. En efecto, al considerar que la palabra castellana “cuerpo” es de género masculino, se entiende que un adjetivo o determinante que esté asociado a esta palabra deberá concordar con esta en género y número (en griego diremos en genero, número y caso). Por ejemplo, “este cuerpo”, pero jamás “esta cuerpo” o “cuerpo bellos”, “cuerpo bella”.

Pues bien, a pesar de esto, resulta que en los pasajes citados observamos la presencia de la expresión: “Esto es mi cuerpo”, traducción que no exhibe la necesaria concordancia de género, pues a pesar de que la palabra “cuerpo” en un sustantivo de género masculino (y a pesar de que es el sustantivo el que le impone su género al adjetivo y al determinante), el determinante que lo acompaña (“esto”) se encuentra en género neutro.

También, a excepción de Lucas y 1 Corintios, notamos la presencia de la expresión “Esto es mi sangre”, expresión y traducción respecto de la cual tenemos que tener en cuenta las mismas observaciones que le hice a la anterior expresión (“Esto es mi cuerpo”), pues la palabra “sangre” es un sustantivo de género femenino, pero acompañado aquí por un determinante de género neutro.

Pero, ¿por qué dice la Reina Valera “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre”, en lugar de “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”, como se esperaría, de acuerdo a la necesaria concordancia explicada? ¿Existe una razón filológica y exegética que justifique tal traducción? O por el contrario, ¿se sustentará dicha traducción más bien en razones puramente teológicas?

Antes de procurar responder las preguntas planteadas, me gustaría profundizar un poco más en las implicaciones de las expresiones “esto es mi cuerpo”, “esto es mi sangre”, y las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”.

Pues bien, las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” apuntan directamente, aunque sea de manera metafórica, al cuerpo y la sangre de Jesús. En consecuencia, Jesús habría dicho (tradición reflejada por Pablo y Lucas, por lo menos respecto del pan): “Tomen y coman, este es mi cuerpo”. Y con respecto al vino de la copa, también habría dicho: “Esta es mi sangre que por ustedes es derramada”.

Por otro lado, las expresiones “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” reflejan la intención de presentar la «Eucaristía» o «Cena del Señor» como un simple acto simbólico, acto que no supone una relación directa entre los elementos materiales empleados y la realidad señalada por estos. En otras palabras, los elementos materiales (el pan y el vino) apuntan simbólicamente al cuerpo literal de Cristo, pero no apuntan a él de manera sustancial.

Mientras que las expresiones “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” apuntan sintáctica y directamente al cuerpo de Cristo, aunque sea de manera metafórica (que es la idea que apoya el texto griego); las expresiones “esto es mi cuerpo” y “esto es mi sangre” pretenden indicar que “este acto eucarístico (esto de comer el pan y beber el vino) simboliza (pues no lo son el pan y el vino) el cuerpo y la sangre de Cristo”, pero en realidad son traducciones que no se ajustan al texto griego, aunque sí parecen convenientes a la tradicional teología protestante sobre los sacramentos u ordenanzas.

Yendo ahora al texto griego, haré algunas observaciones más:

El uso del género neutro en el demostrativo “esto”

Es cierto que en el texto griego el pronombre o determinante demostrativo “esto” está en género neutro, o sea “túto” (la forma básica es “jútos”, en género masculino). Pero la pregunta es ¿por qué tiene el texto griego el pronombre demostrativo en género neutro? ¿Valida este hecho la traducción de la Reina Valera 1960 y de muchas otras «Biblias protestantes»?

En primer lugar, no es cierto que la presencia del género neutro en el determinante demostrativo (esto) valide la traducción de la Reina Valera 1960, pues la presencia del género neutro aquí en ninguna manera está relacionada con un matiz o idea especial en el relato (o porque sencillamente su perspectiva fuera similar a la de la teología protestante al respecto). En segundo lugar, porque lo que en verdad hace necesario el empleo del género neutro es que la palabra “cuerpo” (en griego “soma”) y “sangre” (en griego “jáima”) son de género neutro. De esta manera se cumple la condición tanto en castellano como en el griego de que el sustantivo y los adjetivos o determinantes con los que están sintácticamente relacionados, concuerden en género y número (en griego se añade el caso).

En conclusión, la traducción correcta de las expresiones griegas en cuestión, “túto estin to soma mu”, y “túto estin to jáima mu”, atendiendo a la gramática griega (lengua fuente), y a la gramática castellana (lengua receptora), es, respectivamente, “este es mi cuerpo” y “esta es mi sangre”, aunque tales traducciones no satisfagan el gusto, ni sean del agrado del cristianismo protestante.

Ahora bien, otras «Biblias protestantes» que siguen en este punto la traducción reflejada por la Reina Valera 1960 (“esto es mi cuerpo”; “esto es mi sangre”), tomando como base a Marcos 14.22-24 y Mateo 26.26-28, son: La Nueva Versión Internacional, la Biblia Peshita en español, Biblia en lenguaje actual, la Biblia de las Américas, la Nueva Traducción Viviente (Biblia Vida Abundante), la Biblia Textual, Reina Valera Actualizada 2006, la versión popular Dios Habla Hoy.

Versiones de la Biblia que han traducido correctamente (“este es mi cuerpo”; “esta es mi sangre”), traducción que defiendo, son: la Biblia de Jerusalén, Biblia de Jerusalén latinoamericana, la Sagrada Biblia traducción de la Vulgata Latina («Biblias católicas»).

En conclusión, así como somos testigos de cierta manipulación de Mateo 1.25 por algunas «Biblia Católicas», con tal de no restarle fundamento al dogma católico de la virginidad perpetua de María; también tenemos que admitir cierta manipulación en la traducción de los pasajes bíblicos relacionados con la Eucaristía (Cena del Señor, Santa Cena, etc.), por parte de prácticamente todas las «Biblias Protestantes» (con muy pocas excepciones) con tal de darle sustento a la postura protestante respecto de los sacramentos u ordenanzas y a su histórica oposición al dogma católico de la “transubstanciación”.

Un caso especial que envuelve a la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» (la versión particular de los Testigos de Jehová)

El caso estudiar con relación a esta versión de la Biblia tiene que ver con la decisión de mantener en su traducción, a capa y espada, el uso del tradicional nombre «Jehová» (que en realidad es más bien una transliteración y castellanización del tetragrama YHVH, más que una traducción propiamente dicha).

La disyuntiva en que se encuentra en especial esta versión de la Biblia consiste en que, a pesar de que ya se ha comprobado lo inadecuado y a falta de fundamento que tiene el nombre «Jehová» (a pesar de que la serie Reina Valera lo mantiene en alguna forma si bien ha habido cambios como lo muestran la “Reina Valera Actualizada 2006”, y la “Reina Valera Contemporánea”); lo cierto es que para esta versión es prácticamente imposible asumir las conclusiones de los estudios lingüísticos y dejar de emplear en su traducción dicho nombre, cuando el mismo es la principal insignia de la organización que da origen a la versión de la Biblia en cuestión.

Cabe preguntarse: ¿Se atreverán, pues, los traductores de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» a ajustarse al texto y tradición masorética respecto de la vocalización, uso y lectura del tetragrama, tradición reflejada incluso por la Septuaginta alrededor de ocho siglos antes?

¿Atentará la organización misma de los “Testigos de Jehová” contra la peculiar y característica forma de darse a conocer en el mundo? ¿Seguirían siendo «Testigos de Jehová» en caso de atreverse a traducir el tetragrama en la línea de la Septuaginta y en conformidad con el texto y tradición masorética, desechando la traducción “Jehová” en su propia versión de la Biblia?

¿Cómo podría la organización misma de los «Testigos de Jehová» seguir llamándose e identificándose así, si su propia versión de la Biblia no ofreciera apoyo para tal forma de identificarse (en caso de que dicha versión de la Biblia desechara la traducción “Jehová”)?

En conclusión, después del análisis realizado en esta sección, podemos arribar a las siguientes conclusiones:

Hubo versiones de la Biblia que surgieron en el ambiente católico que sintieron la necesidad de manipular la traducción de Mateo 1.25 cuando se percataron de que el texto griego de dicho pasaje atenta contra el dogma de la perpetua virginidad de María. En cambio, por razones lógicas, la traducción del pasaje en cuestión en prácticamente todas las versiones de la Biblia surgidas en el ambiente del cristianismo protestante ha sido acertada y en conformidad al texto griego de Mateo 1.25.

No obstante, no es menos cierto que no toda «Biblia católica», ha sucumbido a la tentación de ajustar la traducción de Mateo 1.25 a la teología católica respecto de la perpetua virginidad de María.

La gran mayoría de las versiones de la Biblia surgidas en el ambiente del protestantismo («Biblias protestantes») se han propuesto traducir a Marcos 14.22 y 24; Mateo 26.26 y 28; Lucas 22.19 y 20; 1 Corintios 11.24 y 25, 29 en una forma que no parezcan dar apoyo al dogma católico de la transubstanciación.

Lógicamente, la traducción de los referidos pasajes en la mayoría de las Biblias católicas, se ajusta muy bien la gramática del texto griego y a la gramática del castellano. Lo penoso es que la línea de la traducción de la mayoría de «Biblias protestantes» (respecto de los pasajes analizados ligados a la Eucaristía, Cena del Señor, Santa Cena, etc.) no es apoyada ni por la gramática castellana y mucho menos por la griega.

La versión «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» en cierta forma manipula la correcta traducción del tetragrama y se aleja de texto y tradición masorética (y atestiguada por la Septuaginta alrededor de ocho siglos antes), cuando persiste en mantener en su traducción el nombre “Jehová”, sólo por las implicaciones que tiene el mantenimiento o eliminación de dicho nombre para la identidad de la organización misma que da origen a dicha versión de la Biblia.

Conclusiones: Después de todos los elementos, factores y evidencias analizadas en este trabajo, pienso que podemos concluir afirmando de manera muy verosímil las siguientes conclusiones:

1) Es comprensible y aceptable hablar de «Biblias católicas», como aquellas versiones de la Biblia: 1) Que se originan en ambientes dominado por el catolicismo católico, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo católico. 2) Que son versiones que, además de incluir los 66 libros que contienen las «Biblias protestantes», incluyen otros siete libros más, específicamente en el Antiguo Testamento, a saber: Tobías (Tobit), Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, y Baruc.

2) El que una versión de la Biblia contenga los libros deuterocanónicos no la hace una «Biblia católica» en el buen uso del término.

3) La original obra de Casiodoro de Reyna publicada en 1569, y conocida como «La Biblia del Oso» por la portada, contenía los libros «deuterocanónicos», sin bien esto no implica que Casiodoro de Reyna los considerara como normativos para el cristianismo protestante. Exactamente lo mismo hay que decir de la revisión realizada por Cipriano de Valera a la obra de Casiodoro de Reyna, y publicada en 1602.

4) Una situación análoga a la ocurrida con la serie Reina Valera respecto de los «deuterocanónicos», se dio en relación a la contraparte inglesa de la «Reina Valera», la muy conocida y legendaria «The King James Version» (que originalmente también incluyó los «deuterocanónicos»). Es más, en la edición profesional de «Compubiblia» se tienen por separado, como dos obras distintas, la versión canónica (The King James Version) y la sección de los «deuterocanónicos», identificada como «The King James Version Apocrypha».

5) No son los libros «deuterocanónicos» la base ni el centro de las principales e históricas diferencias que separan el «cristianismo católico» del «cristianismo protestante» (y viceversa). Después de todo, un canon del Antiguo Testamento en común (de 39 libros) para todas las comunidades de fe dentro del «cristianismo protestante» tampoco ha podido generar o ser garante de ciertos consensos y de posturas comunes entre estas (ya en la lectura, interpretación y aplicación del Antiguo Testamento, ya en la forma en que estas interpretan y explican la relación entre los dos testamentos, así como en lo concerniente a lo que se ha de considerar estrictamente normativo, válido y vigente del Antiguo Testamento).

6) La distinción entre libros “protocanónicos” (libros del canon hebreo) y “deuterocanónicos” (los libros adicionales que incluyen las llamadas “Biblias católicas”), entra en escena y es posterior (unos tres años, 1566) a la clausura del concilio de Trento (1563).

7) Los tres grandes testigos, y principales manuscritos de los que se sirve la ciencia de la crítica textual del Nuevo Testamento griego, incluyen los deuterocanónicos, aunque la lista muestra ligeras variantes de manuscrito a manuscrito.

El códice “Sinaítico” (del siglo IV de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Sirac.

El códice “Vaticano” (del siglo IV de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Sirac, Judit, Tobit, Baruc,

El códice “Alejandrino” (del siglo V de la era cristiana), contiene los siguientes deuterocanónicos: Tobit, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sirac.

En consecuencia, estos tres muy importantes manuscritos no sólo nos sirven para evaluar el texto griego estandarizado alrededor del siglo quinto de la era cristiana; también nos proporcionan la irrefutable evidencia de la aceptación y valoración de los deuterocanónicos por algunas comunidades cristianas de los primeros cinco siglos.

Estos tres manuscritos son de una calidad incuestionable como testigos del texto griego más antiguo (más próximo al original), y como testigos de que los deuterocanónicos tuvieron una notable presencia y valoración en medio de las comunidades cristianas de los primeros cinco siglos.

8) Es comprensible y aceptable hablar de «Biblias protestantes» como aquellas versiones de la Biblia: 1) Que se originan en ambientes dominado por el protestantismo, y con la participación decisiva (probablemente exclusiva y única) de eruditos comprometidos con el cristianismo protestante. 2) Que son versiones de la Biblia que, por un lado, tienen un Antiguo Testamento conformado sólo por los 39 que integran el Tanaj o Biblia hebrea; por otro lado, un Nuevo Testamento de 27 libros, para un total de sólo 66 libros que se consideran inspirados, autorizados y normativos. Claro está, con relación al Nuevo Testamento no hay diferencia entre las «Biblias católicas» y las «Biblias protestantes» en cuanto al número de libros que lo conforman.

9) También es preciso hablar de las llamadas «versiones de la Biblia interconfesionales».

En nuestro contexto, una versión de la Biblia es interconfesional cuando el plan y proceso de producción y publicación ha implicado la participación de eruditos y casas editoriales de por lo menos dos confesiones cristianas distintas (principalmente de confesión católica y de confesión protestante).

Para que una versión de la Biblia (parcial o completa) sea interconfesional, el proyecto debe tener ese matiz como característica esencial de la publicación en todo el sentido de la palabra, pues implica que por lo menos las dos confesiones involucradas en el mismo participan con iguales derechos en un contexto ecuménico y de respeto mutuo, con todas sus naturales implicaciones.

10) Una llamada «Biblia católica» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la teología católica, aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo católico lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la teología católica institucional.

11) Una llamada «Biblia protestante» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la esencial teología del cristianismo protestante (no podemos dejar de lado la notable diversidad y falta de consenso que muestra el cristianismo protestante en muchos aspectos), aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo protestante también lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la esencial teología del cristianismo protestante.

12) No es aceptable ni legítimo hablar de «Biblia católica» si con dicho calificativo se pretende hacer creer que es una versión de la Biblia que permite la justificación del catolicismo sin más, como sistema de pensamiento teológico y eclesial. Tampoco si se piensa que dicha versión de la Biblia ha sido traducida y manipuladas del todo, como para que desde la misma, el catolicismo se muestre como un sistema teológicos coherente y sistemáticamente bien explicado.

13) No es aceptable ni legítimo hablar de «Biblia protestante» si con dicho calificativo se pretende hacer creer que es una versión de la Biblia que permite la justificación del protestantismo sin más, como sistema de pensamiento teológico y eclesial. Tampoco si se piensa que dicha versión de la Biblia ha sido traducida y manipuladas del todo, como para que desde la misma, el protestantismo se muestre como un sistema teológicos coherente y sistemáticamente bien explicado.

14) La «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» está esencial y prácticamente obligada a mantener a ultranza el empleo y uso del nombre «Jehová» como traducción o reflejo del tetragrama hebreo (YHVH), pues cualquier cambio que lo involucre pondría bajo cuestionamiento y haría entrar en crisis la tradicional y peculiar manera de identificarse mundialmente la organización que da origen y difusión a dicha versión de la Biblia.

15) Toda versión de la Biblia es perfectible (ninguna versión de la Biblia es perfecta), sin importar el ámbito del que venga, ya sea “católico” o “protestante”.

16) Toda versión de la Biblia debe ser vista sin prejuicios ni en pro ni en contra. Será el estudio crítico, diligente, y detenido, caso por caso, el que nos dirá y nos pondrá al tanto de las virtudes, desaciertos y posibles manipulaciones que se le puedan atribuir a una determinada versión de la Biblia.

¡Hasta la próxima!

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