sábado, 1 de octubre de 2011

Ni «católicas» ni «protestantes», sólo «Biblias» A propósito de los agentes que difunden la Biblia 3 de 4

Ni «católicas» ni «protestantes», sólo «Biblias»

A propósito de los agentes que difunden la Biblia

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Héctor B. Olea C.

Los «deuterocanónicos» en las versiones de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera

Un dato sumamente interesante es que la versión de la Biblia, la llamada «Biblia del Oso», la original obra de Casiodoro de Reyna (1569) y revisada por Cipriano de Valera para el año 1602, incluía los llamados libros «deuterocanónicos» (en la nomenclatura católica y académica), pero “apócrifos” (en la común nomenclatura protestante).

Según Gonzalo Báez Camargo («Breve historia del canon bíblico», página 29, edición digital), fue a partir del año 1861 cuando la Sociedad Bíblica Británica tomó la decisión de imprimir y reproducir la Biblia Reina Valera sin los «deuterocanónicos». Esto significa que fue cuando la mencionada e histórica y legendaria institución comprometida con la difusión de la Biblia se apropió (posteriormente también las Sociedades Bíblicas Unidas) de la obra de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera, cuando los libros «deuterocanónicos» fueron dejados fuera de la posterior legendaria y mundialmente conocida y clásica serie «Reina Valera». Esto así a pesar de que «Sociedades Bíblicas Unidas» se define como una institución «no denominacional» (¿no confesional?).

De todos modos y, honor a la verdad, es preciso reconocer que entre los siglos 16 y 19, se editaron y publicaron varias versiones de la Biblia de corte protestante que incluían los libros «deuterocanónicos».

Apelo una vez más al excelente e invaluable trabajo de Gonzalo Báez Camargo para ilustrar este hecho, cito:

“En Holanda apareció en 1525 una Biblia con los deuterocanónicos en la colocación de la Vulgata, pero un año después salió la Biblia de Liesvelt, primera en lenguas modernas en que los deuterocanónicos aparecían agrupados antes del Nuevo Testamento, con este encabezado: “Libros que no están en el canon, es decir, que

no se encuentran entre los judíos en hebreo”. La Biblia de Zurich, patrocinada por Zwinglio, llevaba en su segunda edición (1530) los deuterocanónicos, formando un grupo después del Nuevo Testamento, con esta advertencia: “Estos son los libros que los antiguos no reconocían como bíblicos ni se encuentran entre los hebreos”. Entre ellos figuraba III Esdras, pero no estaban las adiciones a Ester, que se añadieron en la edición de 1531, ni la Oración de Azarías, el Cántico de los Tres Jóvenes y la Oración de Manasés, que se incorporaron en la edición de 1589. En 1530, el reformador suizo, amigo de Zwinglio, Ecolampadio, escribía: “No menospreciamos Judit, Tobit, Eclesiástico, Baruc, los dos últimos libros de Esdras, los tres libros de los Macabeos, las adiciones a Daniel, pero no les concedemos autoridad divina con los otros”.

“Lutero mismo sería quien establecería el modelo, en su versión alemana de la Biblia completa, aparecida en 1534, del trato, por decirlo así, acordado a los deuterocanónicos entre los protestantes. Seguía el criterio de San Jerónimo, pero los incluyó agrupados antes del Nuevo Testamento, precedidos de esta advertencia: “Apócrifos. Estos son los libros que no se consideran iguales a las Sagradas Escrituras, pero que son útiles y buenos como lectura”. Omitió de ellos I y II Esdras, pero en cambio incluyó la Oración de Manasés, que apreciaba mucho. Los demás que agrupó en esa sección fueron Sabiduría, Eclesiástico, Judit, Tobit, I y II Macabeos y las adiciones a Ester y Daniel. Es muy interesante que de los canónicos no aprobaba Ester y de los deuterocanónicos II Macabeos. Llegó a decir: “Odio tanto Ester y II Macabeos que desearía que no existieran”. Pero incluyó ambos en sus categorías respectivas. En la actualidad la Biblia de Lutero se publica en dos ediciones, una con los deuterocanónicos y otra sin ellos.”

“Coverdale, en su versión inglesa (1535) siguió el ejemplo de Lutero, pero añadió I y II Esdras, a la vez que omitió la Oración de Manasés. Sin embargo, ésta se añadió en la edición revisada de 1539. La primera edición protestante de la Biblia en francés es la aparecida en 1535, en versión de Pierre Robert Olivetán, primo de Calvino. Llamada Biblia de Neuchatel o de Serrieres, y costeada por los valdenses, contenía los deuterocanónicos en la versión hecha por Jacques Lefevre d’Etaples de la Vulgata y publicada en 1530 (Biblia de Amberes). Para la edición de 1545, la traducción de los deuterocanónicos fue revisada por Calvino. En la edición de Ginebra (1551) la traducción es del gran reformador Beza”.

“La Biblia inglesa de Matthew (1537) lleva los deuterocanónicos en grupo separado, y entre ellos, por primera vez en inglés, la “Oración de Manasés”, traducida del francés de la Biblia de Olivetán. La llamada Gran Biblia (1539), planeada por Cromwell, con aprobación del arzobispo Cranmer, y preparada por Coverdale, lleva los deuterocanónicos en versión de éste. Por separado salió en Londres (1549) una versión de dichos libros que incluía III Macabeos. Desde ese año, por otra parte, el Leccionario anexo al Libro de Oración de la Iglesia Anglicana ha incluido lecturas tomadas de ellos. En 1551, Castellio (Castalión) publicó en Basilea su versión de la Biblia, incluyéndolos.”

“La primera “Biblia Reformada” de los Países Bajos (1556), traducción de hecho de la Biblia de Zurich, incluía como ésta, en grupo aparte, los deuterocanónicos. La Biblia de Biestkens (1558–1560), siendo traducción de la Biblia de Lutero, también los incluía en la misma forma. Esta Biblia fue la que usaron los menonitas hasta el siglo 18, en que adoptaron la Biblia General de los Estados, de que se hablará después. Los luteranos de Holanda utilizaron la Biblia de Biestkens hasta 1648, cuando publicaron su propia versión, hecha por Adolfo Visscher, y prácticamente, como la anterior, traducida de la de Lutero. Mientras tanto, un grupo de reformadores ingleses, exiliados en Ginebra por la persecución bajo María Estuardo, había estado trabajando en una nueva versión al inglés. Apareció en 1560 y se conoció como la Biblia de Ginebra. Contenía los deuterocanónicos con una introducción que decía: “Como libros que proceden de hombres piadosos, se les recibe para leerse con objeto de hacer avanzar el conocimiento de la historia y de instruir en las costumbres piadosas”. Hasta la publicación de la versión del rey Santiago (KJV), y todavía por muchos años después, fue la versión inglesa más difundida.”

“La Confesión Belga, emitida para las iglesias protestantes de Flandes y Holanda (1561) dice en su artículo VI que los deuterocanónicos son libros “que la Iglesia puede leer y de los cuales puede obtener instrucción, hasta donde concuerden con los libros canónicos, pero están lejos de tener tal fuerza y autoridad que con su testimonio se pueda confirmar algún punto de fe o de la religión cristiana, mucho menos restar autoridad a los otros libros, o sea a los sagrados”. La Confesión Belga se basaba en la Confesión Galicana (1559) que sustentaba el mismo criterio. En 1562 se publicó la llamada Biblia “Deux-Aes”, que fue la Biblia principal de la Iglesia Reformada de los Países Bajos, hasta la aparición de la Versión General de los Estados (1637). Contenía los deuterocanónicos, con un prefacio en que se advertía que dichos libros “no están en la Biblia hebrea” y que “han de considerarse como escritos privados y no auténticos”.

“En 1562 se publicó la llamada Biblia “Deux-Aes”, que fue la Biblia principal de la Iglesia Reformada de los Países Bajos, hasta la aparición de la Versión General de los Estados (1637). Contenía los deuterocanónicos, con un prefacio en que se advertía que dichos libros “no están en la Biblia hebrea” y que “han de considerarse como escritos privados y no auténticos”.

“La primera edición de la versión italiana del teólogo calvinista Giovanni Diodati, versión que los protestantes italianos usan hasta hoy, considerada como clásica en esa lengua, se publicó en Ginebra en 1607, con los deuterocanónicos impresos antes del Nuevo Testamento y la advertencia de que no son libros inspirados. Por ese tiempo, el rey Jaime (o Santiago) de Inglaterra, deseando que se estableciera una versión estándar como única autorizada oficialmente para uso de la iglesia Anglicana, patrocinó la preparación y publicación de la que, por ese hecho, lleva su nombre (King James Version) y que apareció en 1611. Contenía en grupo aparte, antes del Nuevo Testamento, los siguientes deuterocanónicos: 1 (o III) Esdras, II (o IV) Esdras, Tobit, Judit, adiciones a Ester, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc con la Carta de Jeremías, adiciones a Daniel, Oración de Manasés y I y II Macabeos. En el Antiguo Testamento llevaba anotadas más de 100 referencias a los libros deuterocanónicos, y en el Nuevo Testamento 11, distribuidas en Mateo, Lucas, Juan, Romanos, 2 Corintios y Hebreos, que remiten al lector a pasajes de Eclesiástico, II (IV) Esdras, Sabiduría, Tobit y I y II Macabeos. Ya para entonces había surgido cierta oposición a la inclusión de los deuterocanónicos en el mismo volumen que los protocanónicos, tanto que en 1615 el arzobispo de Cantorberry, George Abbott, consideró necesario promulgar una prohibición, bajo pena de un año de prisión, contra la encuadernación y venta de Biblias sin dichos libros” (Obra citada, páginas 25-28).

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Por qué si la versión original de Casiodoro de Reyna y la revisión de Cipriano de Valera (insignia del protestantismo hispanohablante), originalmente contenía los «deuterocanónicos», ahora la serie «Reina Valera» no los incluye? ¿Por qué ni siquiera se le hace saber al lector de las posteriores revisiones (1909 a la fecha) que tales libros originalmente formaron parte de la Biblia de Casiodoro de Reyna y de la revisión de Cipriano de Valera? ¿Por qué, aparentemente, se quiere inducir al lector de la serie Reina-Valera a pensar que nunca dicha Biblia incluyó los libros «deuterocanónicos»? ¿Qué pensarían Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera de la decisión de la Sociedad Bíblica Británica, en primer lugar, y en segundo lugar, de las Sociedades Bíblicas Unidas de reproducir su versión de la Biblia un tanto mutilada?

Ahora bien, en ninguna manera quiero insinuar o sugerir que con la inclusión de los libros «deuterocanónicos» Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera le dieran a dichos libros el mismo valor que a los 39 del canon hebreo. Lo único que estoy diciendo es que parece que estos dos personajes ilustres no tenían los prejuicios que tiene hoy la mayoría de los protestantes respecto de tales libros. De todos modos, un hecho incuestionable es que, en efecto, sin considerarlos inspirados y normativos para la fe cristiana y protestante, no dejaron de incluirlos en su versión de la Biblia.

Esta realidad también nos hace poner en cuestión la decisión, en primer lugar, de las Sociedad Bíblica Británica, y posteriormente de las Sociedades Bíblicas Unidas, de sacar los «deuterocanónicos» de las posteriores revisiones (hasta la fecha) de la original versión de Casiodoro de Reyna (1569) y de la revisión a esta por Cipriano de Valera en 1602.

Como una observación al margen, quiero hacer notar que una situación análoga a la ocurrida con la serie Reina Valera respecto de los «deuterocanónicos», se dio en relación a la contraparte inglesa de la «Reina Valera», la muy conocida y legendaria «The King James Version» (que originalmente también incluyó los «deuterocanónicos»). Es más, en la edición profesional de «Compubiblia» se tienen por separado, como dos obras distintas, la versión canónica (The King James Version) y la sección de los «deuterocanónicos», identificada como «The King James Version Apocrypha».

Retomando la situación respecto de la serie «Reina Valera», creo que una forma sintética y precisa de explicar la situación de los «deuterocanónicos» en la «Biblia del Oso» (1569) y en la revisión de Cipriano de Valera (1602), nos la ofrece Gonzalo Báez Camargo, cito:

“En 1602 se publicó en Amsterdam la segunda edición de la Biblia de Casiodoro de Reina, en revisión de Cipriano de Valera, el cual conservó los libros deuterodanónicos, pero agrupados antes del Nuevo Testamento, conforme a la pauta establecida por Lutero, y en el siguiente orden: III Esdras, IV Esdras, Oración de Manasés, Tobías (Tobit), Judit, adiciones a Ester, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc con la Carta de Jeremías, adiciones a Daniel (Oración de Azarías, Cántico de los Tres Jóvenes, Historia de Susana, Historia de Bel y el Dragón) y I y II Macabeos. En su introducción (“Exhortación al cristiano lector”) Valera expone su criterio sobre la canonicidad. Según él, un libro, para ser tenido por canónico, ha de reunir “tres cosas infaliblemente”: 1) Que no contenga nada que contradiga lo que se halla en los otros libros canónicos; 2) Que “algún profeta divinamente inspirado lo haya escrito”; y 3. Que se haya escrito originalmente en hebreo. Con este criterio niega canonicidad a los “apócrifos” (digo yo, más bien a algunos), y sobre la inclusión de ellos en su revisión de Reina, explica: “Acaben, pues, nuestros adversarios de entender la gran diferencia que hay entre los libros canónicos y los apócrifos, y conténtense con que los hayamos puesto aparte, y no entre los canónicos, cuya autoridad es sacrosanta e inviolable”. En su edición de los deuterocanónicos conservó las referencias bíblicas marginales de Reina a libros protocanónicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, así como a otros deuterocanónicos. Pero en los protocanónicos omitió las referencias de Reina a pasajes de los deuterocanónicos” (Obra citada página 27).

Finalmente, ¿convertiría en «Biblias católicas» la presencia de los «deuterocanónicos» en las actuales y futuras revisiones de la serie Reina Valera? Obviamente que no. De ser así, habría, pues, que considerarla desde el principio (1569 y 1562) como versiones propiamente católicas.

Por otro lado, es preciso reconocer que todas las versiones de la Biblia que se han venido publicando teniendo como base el trabajo de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera, absolutamente todas (las publicadas por las Sociedades Bíblicas Unidas, como por otras casas editoriales, como por ejemplo la publicada en 1977 por la Liga Bíblica, la serie identificada como «Reina Valera actualizada», publicada por Editorial Mundo Hispano, así como la publicada por la llamada Sociedad Bíblica Iberoamericana, la llamada «Biblia Textual», así como la edición publicada en el año 1990 por los adventistas) han tomado la decisión de no incluir los «deuterocanónicos».

De todos modos, no puedo dejar de mencionar que para el año 1992 las Sociedades Bíblicas Unidas publicó una revisión y edición interconfesional de la versión popular Dios Habla Hoy de 1979 (la identificada como «Dios Habla Hoy, edición de estudio»), con la participación de biblistas católicos y protestantes (así como la participación de casas editoriales católicas y protestantes). Lo interesante es que como dicha versión incluyó los libros «deuterocanónicos» (y quizás también por otras razones), son muchas las personas del cristianismo protestante que han catalogado a esta versión de la Biblia como una «Biblia católica».

Sentido en que es ilegítimo hablar de «Biblias católicas» y «Biblias protestantes»

Desde mi punto de vista entiendo que no es legítima la distinción entre «Biblias católicas» y «Biblias protestantes» si por con estos calificativos se pretende hacer creer que son versiones de la Biblia que permiten justificar uno (catolicismo) u otro (protestantismo) sistema de pensamiento teológico y tradición eclesial. Tampoco si se piensa que dichas versiones de la Biblia han sido traducidas y manipuladas del todo, como para que desde las mismas, ambos sistemas teológicos y eclesiales se muestren y conciban como coherentes y sistemáticamente bien explicados.

En realidad, como he sostenido en múltiples ocasiones, ningún autor de la Biblia escribió jamás comprometido con alguna forma del catolicismo romano, tampoco con alguna forma o expresión del cristianismo protestante, o con forma alguna del cristianismo ortodoxo. Esto explica la imposibilidad de que corriente alguna del cristianismo sea capaz de hallar base en la Biblia completa, en la Biblia como un todo, para legitimarse por completo, como sistema de pensamiento teológico y eclesial.

En realidad sólo mediante muchos malabares puede pretender un sistema teológico cristiano (no importa el tipo de cristianismo que sea, ortodoxo, católico, o protestante, etc.) que la Biblia lo legitime del todo. En consecuencia, lo ideal sería que cada expresión del cristianismo que pretenda explicar su existencia y esencia a la luz de la Biblia, a partir de ella, teniéndola como un referente vital; admita que en verdad se sostiene con un apoyo parcial de la misma.

En conclusión, una llamada «Biblia católica» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la teología católica, aunque no se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo católico, lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la teología católica institucional.

Una llamada «Biblia protestante» no es una versión de la Biblia hecha con la expresa intención de legitimar la esencial teología del cristianismo protestante (no podemos dejar de lado la notable diversidad y falta de consenso que muestra el cristianismo protestante en muchos aspectos), aunque tampoco se puede negar la real posibilidad de que una versión de la Biblia que se origine en el contexto del cristianismo protestante también lleve a cabo algunas manipulaciones del texto bíblico, especialmente en la traducción de algunos textos o pasajes de especial relevancia e interés para la esencial teología del cristianismo protestante.

Para cerrar esta sección, voy a analizar, en un primer momento, la traducción de un pasaje de vital importancia para la teología católica en algunas versiones de la Biblia identificadas comúnmente como «Biblias católicas». En un segundo momento, también consideraremos la traducción de algunos textos de especial interés para la teología protestante, en versiones de la Biblia comúnmente conocidas como «Biblias protestantes».

La traducción de Mateo 1.25

Para nadie es un secreto la importancia que tiene el dogma de la perpetua virginidad de María en la oficial e institucional teología católica. Ahora bien, a pesar de los argumentos de la teología católica (y de la manipulación a la que algunas versiones de la Biblia “católicas” han sometido el pasaje en cuestión), lo cierto es que el texto griego de Mateo 1.25 va más bien en contra de tal dogma.

Consideremos, en primer lugar, el texto griego de Mateo 1.25, luego consideraremos la traducción de dicho pasaje en dos distintas versiones católicas de la Biblia.

Mi personal traducción del texto griego de Mateo 1.25:

“Y José no tuvo relaciones sexuales con ella (con María) hasta que no dio a luz un hijo, al cual José le puso por nombre Jesús”

Otra adecuada traducción es: “Y José no tuvo relaciones sexuales con ella (con María), sino hasta después que ésta dio a luz un hijo, al cual José puso por nombre Jesús”

Pasemos ahora a considerar una traducción acertad de este pasaje en una «Biblia católica», a saber, la Biblia del peregrino, cito: “Pero no tuvo relaciones con ella hasta que dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”

Igualmente una buena traducción se lee en la muy conocida «Biblia de Jerusalén» (también una «Biblia católica»), cito: “Pero no la conocía hasta que ella dio a luz a un hijo, a quien puso por nombre Jesús.”

Una observación que no puedo dejar de hacer con relación a la Biblia de Jerusalén, es la siguiente. Resulta que si bien la traducción que hace de mateo 1.25 es acertada, no es menos cierto que los editores y responsables de tan versión de la Biblia no resistieron la tentación de tratar de llevar dicho pasaje al terreno de la conveniencia teológica para el dogma católico de la perpetua virginidad de María. En consecuencia, la traducción acertada de Mateo 1.25 es acompañada por el siguiente comentario: “El texto no contempla el período posterior; y por sí mismo no afirma la virginidad perpetua de María, pero el resto del Evangelio, así como la tradición de la Iglesia la suponen” (sea usted el jurado).

También da muestra de una acertada traducción, la Biblia Cantera-Iglesias, otra «Biblia católica», cito: “Y no se unió a ella antes que diera a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”

Observemos ahora la forma en que algunas versiones “católicas” de la Biblia, procuraron traducir a Mateo 1.25 en una forma en que dicho texto no cuestionara el dogma de la perpetua virginidad de María.

“Sin haber tenido relación con él, María dio a luz un hijo, y él le puso de nombre Jesús” (traducción de la Nueva Biblia Española).

Otra versión de la Biblia (una «Biblia católica» más) que va por este mismo camino, es la llamada «Biblia de Jerusalén Latinoamericana» (que curiosamente se muestra aquí en una línea contraria a la original «Biblia de Jerusalén», como ya vimos más arriba), traduce: “Y sin haber mantenido relaciones dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”

En conclusión, como lo demuestra el análisis que he realizado de la traducción de Mateo 1.25 en varias «Biblias católicas», se puede observar que ciertamente es muy posible que una «Biblia católica» ceda a la tentación de traducir en conformidad no al texto hebreo arameo o griego, sino en conformidad a la teología institucional y oficial católica (especialmente en pasajes de vital importancia para dicha teología). No obstante, también hemos demostrado que no toda «Biblia católica», automáticamente, cederá a tal tentación.

¡Hasta mañana con el favor de Dios!

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