sábado, 15 de octubre de 2011

Protestantismo y diversidad doctrinal A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»

Protestantismo y diversidad doctrinal
A propósito del 494 aniversario de la «Reforma protestante»

Héctor B. Olea C.

Al conmemorarse el 494 aniversario de la «Reforma Protestante», tenemos que reconocer que de las cuatro principales corrientes históricas del cristianismo (la ortodoxa griega, la católica romana, la protestante, y la anglicana), precisamente la que ha mostrado mayor capacidad de fragmentación y división, por un lado; e incapacidad para mantenerse cohesionada, por otro, es coincidencialmente, la protestante.

A continuación menciono una serie de publicaciones (libros y estudios) que dejan ver las dificultades que existen en el protestantismo (y “protestantismo evangélico” como quizás preferían algunas personas) en lo relativo a la falta de consenso y a la esencial diversidad doctrinal que lo caracteriza.

Ciertamente nos es preciso reconocer que en muchas ocasiones esta saludable e intrínseca diversidad doctrinal (propia del cristianismo protestante), es muy mal manejada y origina ciertas tensiones en su seno, precisamente por la manera tan radical en que en muchas ocasiones se asumen ciertas posturas en este campo o aspecto.

De todos modos, ante la imposibilidad de imponer y fijar una única postura como “ortodoxia” válida y aceptada por todas las comunidades cristianas protestantes (históricas) y evangélicas; pienso que es saludable el procurar estar al tanto de esta realidad, ver su lado positivo, comprenderla, manejarla con prudencia y espíritu de humildad, evitando a ultranza su satanización.
Después de estas palabras a modo de introducción, paso a abordar el tema planteado.

Una obra que analiza la problemática relativa a la falta de consenso en el cristianismo protestante, tocante a ciertas doctrinas específicas como la trinidad, los sacramentos, la predestinación, el libre albedrío, etc.); es la interesante obra de Erwin Lutzer, titulada «Doctrinas que dividen» (título probablemente un tanto cuestionable para algunas personas), publicada por Editorial Patmos, año 2001. Es preciso puntualizar que esta obra en ciertos aspectos va mucho más allá de la simple división doctrinal en la corriente del cristianismo protestante, pues analiza casos o situaciones que son más bien propias y parte de la problemática doctrinal y teológica del cristianismo como tal.

Respecto al tema de las finanzas y cómo manejar el tema del diezmo y las ofrendas (tema sumamente problemático y que origina mucha tensión), tenemos como un buen ejemplo, el libro: «¿A quién pertenece el dinero?» de John MacArthur. Esta obra fue publicada por Editorial Patmos en el año 2009.
Con relación a las diversas posturas relativas a la manifestación del Espíritu Santo, los dones espirituales, el hablar en lenguas, la llenura del Espíritu Santo, y otros; puedo mencionar una obra muy ilustrativa. Se trata del libro «Los carismáticos, una perspectiva doctrinal», Un análisis de las diferencias doctrinales entre los carismáticos y no carismáticos; de John MacArthur. Esta obra fue publicada por Casa Bautista de Publicaciones en el año 1995.

Respecto de la escatología y las diversas opiniones que tienen lugar en el seno de la comunidad protestante y evangélica, voy a mencionar dos obras. La primera es «Diccionario de Teología Premilenarista» (cuya elaboración contó con la participación de más de 50 estudiosos y contribuyentes) publicado por Editorial Patmos. Su redactor general fue Mal Clouch. La quinta edición de esta obra se publicó en el año 2003.

La segunda obra que quiero mencionar en esta categoría se titula «Tres puntos de vista del milenio y el más allá». Esta obra tiene como editor general a Darrel L. Bock, y cuenta con la contribución de Craig A. Blaising (Premilenialismo); Keneth L. Gentry Jr. (Posmilenialismo); y Robert B. Strimple (Aamilenialismo). Fue publicada por Editorial Vida en el año 2004.

En lo relativo específicamente a los dones de milagros, es interesante el resumen que plantea el libro «Son vigentes los dones milagrosos, cuatro puntos de vista». Esta obra fue publicada por Editorial CLIE en el año 2004. Tiene como editor general a Wayne A. Grudem. Los contribuyentes son: Richard B Gaffin r. (La postura cesacionista); Robert L. Saucy (La postura abierta, pero cautelosa); C. Samuel Storms (La postura de la tercera ola); y Douglas A. Oss (La postura pentecostal carismática).

Con relación al tema de la participación de la mujer en el ministerio y de las posibilidades o no, de lo legítimo o no de su ordenación; tenemos como ejemplo el libro «Mujeres en el ministerio, cuatro puntos de vista». Esta obra fue publicada por Editorial CLIE en el año 2005. Tiene como editores a Bonnidell Clouse y Robert G. Clouse. Este libro cuenta con la contribución de las siguientes personas: Robert D. Culver (Una postura tradicionalista: las mujeres guarden silencio); Susan T. Fob (Una postura en pro del liderazgo masculino: La cabeza de la mujer es el hombre); Walter L. Liefeld (Una postura en pro del ministerio plural: vuestros hijos e hijas profetizarán); Alvera Mickelsen (Una postura en pro de la igualdad: en Cristo, no hay hombre ni mujer).

Finalmente, respecto de algunos tipos de liderazgos eclesiales y su relación con el resto de la feligresía, así como de los abusos que se producen en esta área; un libro muy interesante es la obra «Escrituras torcidas, liberándose de las iglesias que abusan». Esta obra tiene como autora a Mary Alice Chrnalogar. 
Fue publicada por Editorial Vida en el año 2006.

Otras obras de consulta obligada, a los fines de conocer y constatar, comprender y manejar las particulares posturas doctrinales de cada corriente teológico-eclesial del cristianismo protestante; lo constituyen las diversas y oficiales publicaciones institucionales (confesiones de fe, declaraciones de fe, catecismos, resúmenes doctrinales, etc.) de cada una de las tradiciones teológico-eclesiales que tienen lugar en el cristianismo protestante y evangélico.

Ahora bien, lo interesante de todo esto es que la Biblia está en el centro de todas estas discusiones, y los seguidores de cada postura doctrinal y teológica apelan a ella para fundamentar sus opciones y preferencias doctrinales (¿Sola Escritura?). Mi pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cómo es posible seguir insistiendo y presumiendo del famoso lema de la Reforma Protestante, el de “Sola Escritura”? ¿Es que es tan difícil percibir lo ilusorio de este concepto en la práctica?

Esta esencial y hasta problemática diversidad doctrinal del cristianismo protestante y evangélico, pone de manifiesto el hecho de que en la interpretación de la Biblia y en el proceso de elaboración teológica hay muchas más cosas (factores) envueltas e implicadas, que sólo fe, oración, Espíritu Santo y textos bíblicos (la Escritura).

Pienso que al llegar a este punto son sumamente valiosas y muy ilustrativas las siguientes palabras de Walter Brueggemann, cito:

“No existe exégesis sin premisas. Las premisas que rigen la exégesis, ocultas o reconocidas, surgen de la comunidad en la que y para la que se lleva a cabo la interpretación. Así, en la práctica, la autoridad de la Escritura está íntimamente unida a las reclamaciones de la comunidad interpretativa, una realidad no fácilmente aceptada en el protestantismo. Esta conciencia no está demasiado lejos de la fórmula tridentina de Escritura y tradición, si la tradición se comprende como la lente de la interpretación. Tal lente está presente en las tradiciones de la Reforma, pues no desaparece con el slogan sola scriptura” («Teología del Antiguo Testamento, un juicio a YAHVE», página 18, publicada por Ediciones Sígueme, año 2007).

Con relación a forma en que el Concilio de Trento se expresó respecto de la relación entre Escritura y tradición, Walter Brueggemann, plantea:

“El concilio de Trento se resistió al esfuerzo de la Reforma por lograr una interpretación de la Biblia libre de la autoridad interpretativa de la iglesia. La formulación tridentina de la autoridad es que la verdad cristiana mana de dos fuentes: la Escritura y la tradición. Con tradición se refiere al contenido acumulado de enseñanza eclesial, de modo que la Biblia será escuchada y comprendida de acuerdo con las categorías de la fe de la iglesia católica”.

Sigue Walter Bruegeeman diciendo: “Cuando la polémica de Trento se entiende en su contexto, resulta evidente que el concilio estaba en lo correcto en su formulación, aunque en aquella situación polémica el cristianismo de la Reforma no podía aceptar la forma en que se llevaba a cabo en la iglesia católica de Roma. Sin embargo, es cierto que la escritura no puede comprenderse al margen de la constante función de la tradición comunitaria. Ni siquiera los principales reformadores creían que la Escritura podía existir al margen de una comunidad interpretativa permanente con premisas interpretativas ya declaradas” (obra citada, página 18).

En conclusión, la esencial y característica diversidad doctrinal que manifiesta el cristianismo protestante, es la principal evidencia de lo ilusorio e inaplicable del lema “Sola Escritura”. Por otro lado, también pone en evidencia la real, e ineludible existencia de muchísimos magisterios eclesiásticos a lo interno del protestantismo, aunque haya quienes se resistan vanamente a admitir esta realidad todavía hoy, en el contexto de la conmemoración del 494 aniversario de la «Reforma protestante».

¡Hasta la próxima!

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VII)    «Biblia católica» y «Biblia protestante», ¿una distinción legítima?

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IX)     La dependencia y el papel del «Espíritu Santo» en el proceso  de elaboración teológica y definición doctrinal

X)      La Biblia se resiste a ser esclavizada por católicos y    protestantes

XI)     Una traducción acertada de 2 Timoteo 2.16 debe ser distinta  a la que se lee en versión Reina Valera revisión de 1960

XII)    Una traducción acertada de 2 Timoteo 3.16 obliga a repensar también la interpretación de otros textos bíblicos relacionados

XIII)   ¿«Cuervos» o «comerciantes», ¿qué es lo que en realidad dice el texto hebreo  en 1 Reyes 17.4 y 6?

XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?              

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