Qué versión refleja mejor el texto griego de Juan 14.1? Una vez más sobre la fidelidad y exactitud de las versiones de la Biblia


 
¿Qué versión refleja mejor el texto griego de Juan 14.1?
Una vez más sobre la fidelidad y exactitud de las versiones de la Biblia

Héctor B. Olea C.

Con este artículo vuelvo una vez más sobre la cuestión de la fidelidad y exactitud de las versiones de la Biblia, por supuesto, insistiendo en que ha de ser caso por caso como se deben poner de relieve los aciertos y desaciertos de toda versión de Biblia.

Luego, siendo consistente con nuestro método recomendado para la evaluación de la traducción de un texto bíblico determinado, en primer lugar, vamos a establecer la calidad del texto griego de Juan 14.1; en segundo lugar, vamos a considerar algunos aspectos gramaticales o morfosintácticos vitales para la mejor comprensión del mensaje del referido texto en griego, y para la adecuada evaluación de las traducciones que hemos recibido del mismo.

Calidad del texto griego de Juan 14.1

Desde el punto de vista de la crítica textual, el texto griego de Juan 14.1 nos ha llegado con una indiscutible estabilidad, razón por la cual coinciden aquí el llamado «texto crítico» y el llamado «texto mayoritario» (del cual derivó el llamado «textus receptus»).

En honor a la verdad sólo algunos manuscritos latinos (del siglo cuarto, séptimo, doce y trece), así como la versión siriaca del códice Sinaítico (del siglo tercero y cuarto) añaden al principio del versículo la expresión: «y les dijo a sus discípulos…»

Observaciones gramaticales o morfosintácticas del texto griego de Juan 14.1

En primer lugar, en conformidad al llamado texto crítico y al llamado texto mayoritario, el texto griego de Juan 14.1 inicia con una prohibición, mandato negativo o exhortación, que emplea un imperativo de presente, voz pasiva, de la segunda persona del plural.

En segundo lugar, la gramática griega establece que una prohibición, mandato negativo o exhortación que se sustenta en el modo imperativo de presente, señala el intento de ponerle fin a una acción ya iniciada, en desarrollo, a menos que se trate de un principio o norma general.

Consecuentemente, una traducción que procure poner de relieve el sentido de la exhortación con que inicia el texto griego de Juan 14.1 (que a nuestro juicio no apunta a una norma o principio general) debe ir en la siguiente línea:

«No siga turbándose su corazón», «no siga siendo turbado su corazón», «no sigan turbados», «dejen de estar turbados», etc.

En tal sentido, es preciso decir que la traducción de la Reina Valera 1960 y otras, «no se turbe vuestro corazón (su corazón)», podría ser interpretada como indicando una exhortación que procura evitar el inicio de una acción (acción ingresiva): «no comience a ser turbado (agitado) vuestro corazón (su corazón)», «no comiencen a preocuparse», «no comiencen a turbarse», etc.

Ahora bien, la traducción «no se turbe vuestro corazón (su corazón)» sería más bien el reflejo de una exhortación sustentada (redactada) en el modo subjuntivo del tema aoristo, redacción que, ciertamente, no exhibe el texto griego de Juan 14.1.

¿Conoce usted una versión de la Biblia (o una simple versión del Nuevo Testamento) que refeje el verdadero sentido de la exhortación con que inicia el texto griego de Juan 14.1?

En tercer lugar, la forma verbal «pistéuete» (pronunciación erasmiana), pero «pistévete» (pronunciación reucliniana), formalmente puede ser asumida como en tiempo presente, voz activa, modo indicativo, de la segunda persona del plural: «ustedes creen» (confían, tienen fe, confianza).

Pero también podría ser asumida, y de manera legítima, como en tiempo presente, voz activa, modo imperativo, de la segunda persona del plural: «comiencen ustedes a creer» (a tener confianza, a tener fe, a confiar).

En cuarto lugar, en virtud de lo dicho en los dos párrafos anteriores, será considerando el contexto literario inmediato y de todo el Evangelio de Juan como vamos a determinar si la forma verbal «pistéuete» (pronunciación erasmiana), pero «pistévete» (pronunciación reucliniana), debe ser asumida como en modo indicativo (ustedes confían, creen, tienen fe) o si en modo imperativo (comiencen a creer, a tener fe, a tener confianza).

En quinto lugar, considerando las pistas que nos ofrece el Evangelio mismo de Juan, somos de la opinión de que la forma verbal «pistéuete» (pronunciación erasmiana), pero «pistévete» (pronunciación reucliniana) debe ser asumida, las dos veces que aparece en Juan 14.1, como en modo imperativo: «comiencen a creer en» (comiencen a tener fe en, comiencen a tener confianza en).

Observemos:

«Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió» (Juan 12.44, 45)

«El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece» (Juan 15:23).

«Jesús dijo: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, el me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna.
Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12.49, 50).

«También dijo: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, el hace las obras” (Juan 14.10).

Además: “El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14. 24).

En conclusión, una traducción acertada del texto griego de Juan 14.1, en primer lugar, en conformidad a la gramática (morfosintaxis) griega debe reflejar que la exhortación con que inicia dicho texto implica la intención de poner fin a una acción en desarrollo: «no siga turbado su corazón», «deje de estar turbado su corazón».

En segundo lugar, en conformidad a la gramática (morfosintaxis) griega y al contexto del Evangelio mismo de Juan, una traducción acertada de Juan 14.1 debe traducir como en «modo imperativo» (las dos veces que aparece allí) la forma verbal «pistéuete» (pronunciación erasmiana), pero «pistévete» (pronunciación reucliniana): «comiencen a creer en» (comiencen a tener fe en, comiencen a tener confianza en).

¿Conoce usted una versión de la Biblia o por lo menos una traducción de Evangelio de Juan que tenga estas características?

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¿Cuál es la versión de la Biblia en español que más se apega a los textos fuentes? Una pregunta persistente


 
¿Cuál es la versión de la Biblia en español que más se apega a los textos fuentes?
Una pregunta persistente
Jonás 1.1 caso ilustrativo

Héctor B. Olea C.

Una de las preguntas que más me han formulado es: profesor, ¿cuál es la versión de la Biblia al español que mejor refleja los textos bíblicos fuentes?

Y mi respuesta siempre es la misma: No es posible decir que exista una versión de la Biblia que, de manera consistente, de principio a fin, refleje mejor que el resto el mensaje de los textos bíblicos en hebreo, arameo y griego.

Consecuentemente, ha de ser caso por caso que se han de establecer los aciertos y desaciertos de toda versión de la Biblia, de toda versión de la Biblia sin distinción o excepción alguna.

Luego, como varias veces he mostrado, es posible que la versión de la Biblia que mejor refleje el mensaje de un texto bíblico particular y concreto; sin embargo, no sea la mejor respecto de la traducción de otro texto particular y específico.

Y, por supuesto, es muy posible que la versión de la Biblia que no haya sido la mejor en un primer caso; sin embargo, sí sea la mejor o esté entre las mejores respecto de la traducción de otro texto bíblico.

En todo caso, en el análisis de los aciertos y desaciertos de cualquier versión de la Biblia se han de considerar los siguientes factores.

En primer lugar, el texto que ha servido de base y punto de partida tanto para la traducción de la Biblia Hebrea como para la traducción del Nuevo Testamento Griego.

En segundo lugar, el método de traducción empleado, si la traducción por equivalencia formal o si la equivalencia dinámica.

En tercer lugar, aunque una versión de la Biblia se promocione como realizada por equivalencia formal, lo cierto es que, por diversas razones, no siempre será una traducción por equivalencia formal.

En cuarto lugar, la versión de la Biblia que se promociona como realizada por equivalencia dinámica, no siempre lo será, pues por diversas razones habrá casos en que producirá una traducción por equivalencia formal.

En quinto lugar y, en consecuencia, es muy probable que en la traducción de algunos textos más bien veamos la combinación de la equivalencia formal y la equivalencia dinámica.

En sexto lugar, es posible que una versión de la Biblia que se promocione como realizada por equivalencia formal o por equivalencia dinámica; sin embargo, no sea consistentemente en cuanto al método de traducción empleado en la traducción de un texto bíblico en específico.

Finalmente, a manera de caso concreto e ilustración, voy a considerar la traducción de Jonás 1.1 en algunas versiones de la Biblia (comenzando por mi propia traducción) que se supone tienen de base el mismo texto y punto de partida; sin embargo, unas traducen por equivalencia formal, otras por equivalencia dinámica, y otras que combinan la equivalencia formal y la equivalencia dinámica.

Traducción de Jonás 1.1 por equivalencia formal (literal):

«Se dirigió la palabra del Señor a Jonás, el hijo de Amitái, diciendo» (una traducción que personalmente he hecho)

Traducciones de Jonás 1.1 por equivalencia dinámica:

«El Señor le dijo a Jonás, el hijo de Amitaí:» (una traducción que personalmente he hecho)

Traducción por equivalencia formal de la traducción griega de Jonás 1.1:

«Y una palabra del Señor se dirigió a Jonás, el de Amizí, diciendo» (una traducción que personalmente he hecho)

Traducción por equivalencia dinámica de la traducción griega de Jonás 1.1:

«El Señor le dijo a Jonás, el hijo de Amizí:» (una traducción que personalmente he hecho)

Traducciones de Jonás 1.1 por equivalencia dinámica (versiones de la Biblia):

«El Señor le dio el siguiente mensaje a Jonás, hijo de Amitai:» (Nueva Traducción Viviente)

«Cierto día, un hombre llamado Jonás hijo de Amitai recibió un mensaje de parte de Dios:» (Traducción en lenguaje Actual)

Traducciones de Jonás 1.1 que combinan la equivalencia formal y la equivalencia dinámica (versiones de la Biblia):

«La palabra del Señor vino a Jonás hijo de Amitay, y le dijo:» (Nueva Traducción Viviente)

«La palabra del Señor vino a Jonás, hijo de Amitai:» (Nueva Biblia de las Américas)

«Yahvé habló a Jonás, hijo de Amitay, diciéndole:» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición)

Evaluación: Como espero que sea evidente, todas las versione de la Biblia aquí citadas, a pesar de emplear un método distinto de traducción y palabras distintas; no obstante, reflejan con fidelidad y de manera íntegra el mensaje del texto hebreo de Jonás 1.1.

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen que anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

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«Una voz proclama…» o «voz de quien proclama en el desierto», Isaías 40 3 y Mateo 3.3 en el centro de esta cuestión





«Una voz proclama…» o «voz de quien proclama en el desierto»

Isaías 40 3 y Mateo 3.3 en el centro de esta cuestión

Héctor B. Olea C.

En la clásica y tan popular Reina Valera 1960, Mateo 3.3 dice: «Pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas».

Sin embargo, la consideración del texto hebreo de Isaías 40.3 de inmediato nos pone al tanto de las diferencias que existen entre las palabras que Mateo le atribuye al profeta Isaías, con lo que en realidad leemos en el texto hebreo de Isaías 40.3.

Analicemos, pues, lo que dice el texto hebreo de Isaías 40.3.

En el texto hebreo de Isaías 40.3, después de la expresión «kol (qol) koré (qoré) (una voz proclama, alguien proclama)» se hace una pausa.

La expresión hebrea «kol koré» («qol qoré») está constituida por el sustantivo «kol (qol)» (voz, alguien), y por «koré» («qoré»), un participio activo masculino singular de la conjugación qal, de la raíz «qará» (llamar, anunciar, proclamar, vocear, etc.).

Luego, el participio «koré» («qoré») tiene encima de la letra «resh» («r») un símbolo o acento disyuntivo llamado «zaquéf qatón» (dos puntos verticales encima) que subdivide la primera parte del versículo en dos partes, y que en funciones equivale a nuestra “coma” o nuestros “dos puntos”.

En consecuencia, el texto hebreo de Isaías 40.3 sugiere la siguiente división del versículo: «Una voz proclama (pausa): en el desierto…»

Sin embargo, en lo que respecta a la versión griega (Septuaginta, Los LXX), la pausa o división del versículo ocurre después de la expresión «en te erémo» («en el desierto»), en la siguiente manera: «Voz del que (quien) proclama en el desierto (pausa): preparen…»

En tal sentido, es preciso decir que texto griego de la versión griega (Septuaginta, Los LXX) tal y como se observa en la clásica edición de Alfred Rahlfs, asume la pausa al terminar la frase «en te erémo» («en el desierto»), pero sin un signo de puntuación que la indique.

Consecuentemente, respecto de la segunda parte del versículo, se sugiere iniciar con la forma mayúscula de letra inicial de la forma verbal «jetoimásate» («jEtoimásate»): «preparen» (imperativo aoristo primero, voz activa, segunda del plural), que sigue a la frase «en te erémo» («en el desierto»).

Pero en lo que respecta al texto griego de Mateo 3.3, que concuerda con la división del versículo en la versión griega (después de la frase «en te erémo»: «en el desierto»), se indica la pausa se indica con una «coma» (en el The Greek New Testament de las Sociedades Bíblicas Unidas, incluso en su quinta edición revisada), pero con un «punto alto» en la edición del Nuevo Testamento Griego Nestlé-Aland (incluso en su edición 28), por supuesto, en ambos casos después de la expresión «en te erémo» («en el desierto»).

En resumen y a continuación, la traducción que personalmente he realizado del texto hebreo y del texto griego de Isaías 40.3

Traducción del texto hebreo:

“Alguien (una voz) proclama (pausa): En el desierto preparen el camino del Señor; en tierra árida (desértica) allanen (enderecen) calzada (camino, senda) para nuestro Dios”.

Traducción del texto griego:

“Voz del que (quien) proclama en el desierto (pausa): Preparen el camino del Señor; allanen (hagan rectos, sin curvas) los caminos (senderos) de nuestro Dios”.

Luego y, por supuesto, el texto griego de Mateo 3.3 hace referencia a Isaías 40.3 según la versión griega, pero sin agregar la frase «de nuestro Dios» («tu zeú jemón»), o sea: “Voz del que (quien) proclama en el desierto (pausa): Preparen el camino del Señor; allanen (hagan rectos, sin curvas) sus caminos (los caminos de él, del Señor)”.

Observación: Mientras que el texto hebreo y la versión griega de Isaías 40.3 incluyen la expresión «nuestro Dios» (en hebreo: «lelojénu»: «para nuestro Dios»; en griego: «tu zeú jemón»: «de nuestro Dios», en ambos casos haciendo referencia al Señor); en cambio, el texto griego de Mateo 3.3 empleó el pronombre personal «autú» («de él»), en caso genitivo masculino singular, también haciendo referencia al Señor).

Una necesaria observación gramatical y técnica

He traducido «el camino del Señor» (y no «un camino del Señor»), porque la expresión hebrea «dérej Adonay» («dérej YHVH») constituye una “cadena constructa” en la cual la palabra «camino» («dérej») es el sustantivo en estado constructo (un sustantivo segolado que tiene una misma morfología para el estado absoluto y para el estado constructo singular), y «YHVH» (Adonay) es el sustantivo en estado absoluto (nombre propio) y que determina a «camino» («dérej»), constituyendo una cadena constructa determinada.

Luego, en lo que a la versión griega respecta, esta tradujo la cadena constructa «dérej YHVH» (el camino del Señor) empleando acertadamente el sustantivo «kírios» (Señor) en caso genitivo («kiríu»: del Señor), en la expresión «ten jódon kiríu» («el camino del Señor»).

¿Un «genitivo objetivo» o un «genitivo subjetivo»?

La expresión «el camino del Señor» puede ser asumida como indicando un «genitivo subjetivo» («el camino que le pertenece al Señor»), o como un «genitivo objetivo» («el camino dispuesto para el Señor»).

En todo caso, el contexto parece favorecer la idea del «genitivo objetivo»: «preparen el camino por el cual ha de transitar el Señor» («preparen el camino para que el Señor transite por él»).

Una traducción cuestionable y criticable de Isaías 40.3

Toda versión de la Biblia que asuma el texto hebreo como base para su traducción, debería traducir a Isaías 40.3 en conformidad al texto hebreo (siguiendo la pausa donde el mismo la establece), y no en conformidad a la traducción griega (siguiendo la pausa donde la misma la tiene).

Sin embargo, llama la atención que la Reina Valera 1960, incluso sus más reciente revisiones realizadas por las Sociedades Bíblicas Unidas (la llamada Reina Valera Contemporánea, 2011, y la Reina Valera 2020) han traducido a Isaías 40.3 en contra de lo que en realidad dice el texto hebreo, pero sí en conformidad a la versión griega (al parecer con tal de no poner bajo cuestionamiento o entredicho la forma en que el Evangelista Mateo cita aquí al profeta Isaías).

Por supuesto, lo que se espera es que una traducción de Isaías 40.3 desde el texto hebreo, refleje con propiedad lo que realmente dice el texto hebreo; pero una traducción de Mateo 3.3 debe reflejar con propiedad lo que realmente dice el texto griego, reflejando su dependencia de la versión griega de Isaías 40.3, independientemente de sus diferencias con el texto hebreo.

En conclusión, la forma en que la versión Reina Valera 1960, incluso la versión Reina Valera Contemporánea, 2011, y la Reina Valera 2020, han traducido a Isaías 40.3, concuerda más bien con el modo en que la versión griega (Septuaginta, Los LXX) lo tradujo, y con la forma en que luego el Evangelista Mateo apeló a Isaías 40.3 en conformidad a la versión griega.

Sin embargo, toda versión de la Biblia que asuma el texto hebreo como base para la exégesis y traducción de la Biblia Hebrea, debería traducir a Isaías 40.3 en conformidad al texto hebreo, y no en conformidad a la versión griega (como en efecto lo ha hecho la versión Reina Valera 1960, y otras).

Pero se ha de traducir a Mateo 3.3 en conformidad al texto griego y su dependencia de la versión griega de Isaías 40.3, poniendo de relieve sus diferencias con la versión hebrea de Isaías 40.3.

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Sobre la acentuación griega, algunas observaciones puntuales, cursos de griego online


Sobre la acentuación griega

Algunas observaciones puntuales


Héctor B. Olea C.

Generalmente la acentuación es un tema que recibe un tratamiento mínimo o bien se deja de lado, tal vez, en la mayoría de los cursos de griego koiné incluso de griego clásico.

Sin embargo, en nuestros cursos de griego (clásico y koiné) siempre lo enfocamos con el mismo rigor y esmero con que abordamos los temas generales de la morfosintaxis griega (gramática).

Ahora bien, a diferencia del español que clasifica las palabras con base a su sílaba tónica (lleven tilde o no, según la ortografía vigente): 1) agudas (última sílaba tónica), 2) graves (penúltima sílaba tónica), 3) esdrújulas (antepenúltima sílaba tónica), 4) sobre esdrújulas (trasantepenúltima sílaba tónica); en griego clásico y koiné las palabras se clasifican, como en español, por la sílaba tónica; pero también por el tipo de acento que tengan (agudo, circunflejo, grave).

Obviamente, no podemos negar que, en el griego moderno, a partir de la reforma ortográfica de 1982, solamente existe el acento agudo.

Finalmente, en la imagen anexa explico la clasificación de las palabras griegas atendiendo a su sílaba tónica y al acento que tengan, tal y como se observan en las ediciones impresas del Nuevo Testamento Griego.

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¿Por qué «Jesús» y no «sotér»? La explicación la tiene la Septuaginta


 


¿Por qué «Jesús» y no «sotér»?
La explicación la tiene la Septuaginta
Una vez más sobre Mateo 1.21 y Lucas 2.21

Héctor B. Olea C.

Mateo 1.21 (compárese Lucas 2.21) tranquilamente sugiere que el nombre «Jesús» (griego «iesús») dado al hijo de María cuyo nacimiento se proclama en la cristología de la concepción, tiene como fundamento en el hecho de que él salvaría a su pueblo de sus pecados.

Ahora bien, el problema es que el nombre «Jesús» (griego «iesús») lexicalmente nada tiene que ver con el verbo griego «salvar» («sózo»), verbo que, por cierto, se emplea en Mateo 1.21 (en tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, tercera persona del singular: «sósei»).

Luego, ¿por qué establece Mateo una indiscutible relación y asociación entre la idea de «salvación» y el nombre «Jesús» (griego «iesús»)?

En primer lugar, el hombre griego «iesús» («Josué», «Jesús») no forma parte de la onomástica del griego clásico (estadio de la lengua griega anterior al griego koiné), como tampoco la palabra «Emmanuel».

En segundo lugar, como «Emmanuel», el nombre «iesús» («José», «Jesús») tiene su origen en la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, Los LXX).

En tercer lugar, en la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, Los LXX), el nombre «iesús» («Josué») es el reflejo de dos palabras empleadas en la Biblia Hebrea: «yejoshúa» («yehoshúa»), término hebreo, Josué 1.10; 17.4; 1 Crónicas 7.27, y «yeshúa» (término arameo), Esdras 5.2; Nehemías 8.17.

En cuarto, lugar, a diferencia del término griego «iesús» («Josué», «Jesús»), las palabras «yejoshúa» («yehoshúa») y «yeshúa» sí tienen una relación léxica con la raíz verbal «salvar».

En quinto lugar, un sustantivo griego que sí está relacionado lexicalmente con la idea de «salvación», es «sotér» (salvador, libertador), palabra que sí tiene presencia en el griego clásico y en la koiné bíblica (41 veces en la Septuaginta, y 24 veces en el Nuevo Testamento).

En sexto lugar, es precisamente el sustantivo griego «sotér» (derivado del verbo «sózo»: «yo salvo») el que está detrás de la traducción «salvador», en Lucas 2.11.

En séptimo lugar, de la misma manera en que la expresión hebrea «imamnu-el» es la que permite comprender lo que dice Mateo 1.23 respecto de la palabra griega «Emmanuel»; así también el sustantivo hebreo «yejoshúa» («yehoshúa») que está detrás del nombre griego «iesús» («Josué», «Jesús»), es lo que en realidad permite comprender la asociación que hace Mateo 1.21 (compárese Lucas 2.21) entre la idea de «salvación» y el nombre griego «iesús» («Jesús»).

En conclusión, insisto, el nombre griego «iesús» («Josué», «Jesús») no tiene relación o derivación léxica con la idea de «salvación», sino el término «sotér» (véase Lucas 2.11); pero se comprende lo que plantea Mateo 1.21 a la luz de que la palabra griega «iesús» («Josué», «Jesús») fue la empleada para traducir las palabras «yejoshúa» («yehoshúa») y «yeshúa», palabras que sí tienen una relación y derivación léxica con la raíz verbal «salvar», y que en la Biblia Hebrea están detrás de la traducción «Josué».

Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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¿«Espíritu santo» o «santo espíritu»? Sobre la traducción de los sustantivos «rúaj» (hebreo) y «pnéuma» (griego)

¿«Espíritu santo» o «santo espíritu»?

Sobre la traducción de los sustantivos «rúaj» (hebreo) y «pnéuma» (griego)
Salmo 51.11; Isaías 63.10, 11
Nociones traducción y de morfosintaxis hebrea y griega

Héctor B. Olea C.

De vez en cuando salen a relucir propuestas de traducción de los términos «rúaj» y «pnéuma» que son cuestionables desde el punto de vista de la sintaxis y desde el punto de vista de los principios que rigen la labor de traducción.

En tal sentido, una vez más, con este artículo, insisto en poner de relieve la importancia de la sintaxis para proponer opciones acertadas de traducción y para tomar decisiones adecuadas respecto del funcionamiento sintáctico que tienen ciertas palabras o grupos sintácticos (sintagmas) en un texto bíblico (Biblia Hebrea y Nuevo Testamento Griego).

La cuestión del género gramatical

Es cierto que la palabra hebrea «rúaj» (viento, vendaval, brisa, aliento vital, alma, espíritu, respiración) se usa principalmente como un sustantivo de género femenino; pero también se usa en la Biblia Hebrea como un sustantivo de género masculino.

En cuanto al sustantivo griego «pnéuma» (soplo, viento, ira, cólera, soplo de vida, espíritu), este siempre es de género neutro.

Ahora bien, si bien en muchos casos coinciden el género gramatical y el sexo biológico; sin embargo, no siempre coinciden.

Por ejemplo, la palabra griega «téknon» es de género neutro, pero apunta a seres sexuados (niño, niña, hijo, hija, descendientes).

Por otro lado, siguiendo a Juan 4.24 se entiende que, como «espíritu» («pnéuma»), Dios es incorporal, no tuene cuerpo a la manera humana, por lo que, en realidad, no es hombre ni es mujer, y no está sujeto a las distinciones y oposiciones que generalmente se establecen entre hombre y mujer.

Consecuentemente, el género gramatical empleado en relación a Dios, para señalar a Dios, no ha de suponer que apunte a un sexo biológico determinado, sino a simples antropomorfismos.

Además, como bien se sabe, en la Biblia se emplean figuras o metáforas propiamente masculinas como estrictamente femeninas para describir ciertas acciones o formas de actuar de Dios.

En todo caso, el principio que rige en el campo de la traducción es que, independientemente del género gramatical que tenga una palabra en la lengua fuente (lengua de partida, original o fuente), coincida o no con el género gramatical de su contraparte en la lengua receptora; el género que se ha de emplear en la traducción es el género gramatical de la palabra contraparte en la lengua receptora (lengua término, lengua de llegada).

Por ejemplo, el sustantivo «palabra» (de género masculino en hebreo, «davár», y en griego, «lógos») es de género femenino en español: una palabra, unas palabras, la palabra, las palabras.

En tal sentido, se han de considerar propuestas absurdas de traducción que los dos referidos términos (el hebreo «davár», y el griego, «lógos») sean traducidos palabro, un palabro, palabros, unos palabros, el palabro, los palabros, con base en el hecho de que dichos términos son de género masculino en hebreo y en griego.

Otro ejemplo lo constituye el sustantivo «pacto» (femenino en hebreo, «berít», lo mismo que en griego, «diazéke», «diathéke»), pero es de género masculino en español.

Consecuentemente, también se han de considerar propuestas absurdas de traducción de los términos que significan «pacto» (o «alianza») en hebreo («berít») y en griego («diazéke», «diathéke»), empleando el género femenino en español: pacta, una pacta, la pacta, las pactas.

Por supuesto, también es una propuesta absurda de traducción «espírita santa», cuando se entienda que sintácticamente «rúaj» es de género femenino.

La importancia del género gramatical en el texto fuente (hebreo, arameo y griego)

La importancia de conocer el género gramatical de un sustantivo o palabra sustantivada en las lenguas fuentes (hebreo, arameo y griego) radica en que es un recurso vital para precisar su función sintáctica en una frase u oración, y para poder establecer la forma en que se relaciona con otras palabras en la sintaxis de un mensaje dado en las lenguas bíblicas.

Por ejemplo, tanto en hebreo, arameo como en griego, el adjetivo (atributivo o predicativo) ha de concordar en género y en número con el sustantivo o palabra sustantivada a la cual califica y con la cual está relacionada sintácticamente.

Y lo mismo se puede decir de los pronombres y adjetivos demostrativos.

Por otro lado, es oportuno decir que en hebreo y en arameo el género gramatical forma parte de la flexión verbal, es uno de los accidentes gramaticales del verbo, contrario a lo que ocurre en griego y en español.

En consecuencia, al margen de algunas formas comunes al género masculino y al género femenino, por lo general las personas gramaticales tienen una forma específica para cada género, o sea, una forma de género masculino para la segunda persona masculina, y otra de género femenino para la segunda persona de género femenino, lo mismo que respecto de las terceras personas.

Luego, un verbo que esté en la tercera persona masculina singular, si el sujeto es nominal (no pronominal), ha de ser un sustantivo o palabra sustantivada de género masculino singular, y si el verbo es de la tercera persona femenina singular, el sujeto nominal ha de ser un sustantivo o palabra sustantivada de género femenino singular.

La palabra hebrea «ruáj» como sustantivo de género femenino y como de género masculino

Una forma de saber si en un texto bíblico el sustantivo hebreo «rúaj» es de género masculino o de género femenino, es considerando la sintaxis en la que aparece.

Por ejemplo, «rúaj» es de género femenino en Génesis 1.2 (porque está sintácticamente relacionado con un participio en género femenino y singular) y en Ezequiel 18.31 (por estar relacionado sintácticamente a un adjetivo femenino singular); pero en 1 Reyes 19.11 es tanto de género femenino (por estar relacionado sintácticamente con un adjetivo de género femenino singular: «guedolá»: «grande», no «granda»), como de género masculino (por estar relacionado sintácticamente con un adjetivo de género masculino y singular: «jazáq»: «fuerte»).

Observación: En hebreo el adjetivo siempre expresa sin ambigüedad el género del sustantivo al cual califica y con el cual está relacionado sintácticamente.

Pero «rúaj» es de género masculino (un sujeto de género masculino) en Números 11.31 y en 1 Reyes 18.12, por funcionar sintácticamente como «sujeto» de un verbo en la tercera persona masculina singular.

La expresión «tu santo espíritu» y la expresión «su santo espíritu»

En primer lugar, hebreo tanto la expresión «tu santo espíritu» (Salmo 51.11) como la expresión «su santo espíritu» (Isaías 63.10 y 11) en realidad son cadenas constructas («smijút») en las cuales el sustantivo «ruáj» puede ser asumido como un sustantivo de género masculino como un sustantivo de género femenino.

En segundo lugar, la cadena constructa que está detrás de la traducción «tu santo espíritu» en realidad debe ser traducida: «el espíritu de tu santidad».

En tercer lugar, la cadena constructa que está detrás de la traducción «su santo espíritu» en realidad debe ser traducida: «el espíritu de su santidad».

En cuarto lugar, las traducciones «tu santo espíritu» y «su santo espíritu» se ajustan más bien a la traducción que nos ofreció la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, Los LXX) en la cual «santo» es un adjetivo atributivo («santo espíritu», o bien, «espíritu santo»).

En quinto lugar, en conformidad a la traducción griega y su sintaxis, no existe diferencia alguna entre la traducción «santo espíritu» y la traducción «espíritu santo», pues en ambos casos, «santo» desempeña la misma función sintáctica, es decir, que consiste en un adjetivo atributivo en ambos casos.

En sexto lugar, la sintaxis de la traducción griega en la que el adjetivo «santo» es un «adjetivo atributivo», es la que domina en el Nuevo Testamento.

Finalmente, invito a considerar detenidamente la imagen anexa en la cual explico la sintaxis de la expresión hebrea detrás de las traducciones «tu santo espíritu» (Salmo 51.11) y «su santo espíritu» (Isaías 63.10, 11), así como la sintaxis de la traducción griega en ambos casos, y su impacto en el Nuevo Testamento.

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El «Espíritu Santo» y el embarazo de María en el marco de la cristología de la concepción


 

El «Espíritu Santo» y el embarazo de María en el marco de la cristología de la concepción
Mateo 1.18, 20; y Lucas 1.35 en el centro de esta cuestión

Héctor B. Olea C.

En este artículo me he propuesto analizar el texto griego de Mateo 1.18, 20 y Lucas 1.35, con el propósito de poner de relieve la forma en la que la redacción griega de dichos textos señala la responsabilidad de la figura del Espíritu Santo en el embarazo de María, por supuesto, en el marco de la llamada «cristología de la concepción».

Sin embargo, antes quiero analizar la forma (el modismo griego) en la que el griego indica la condición de embarazo de una mujer, situado en el pasado, en el presente y en el futuro.

El modismo griego, la forma griega de señalar que una mujer está embarazada

La forma griega de señalar que una mujer está embarazada consiste en una forma perifrástica, o sea, una redacción sintáctica que involucra: 1) una preposición («en»); 2) el caso dativo singular del sustantivo vientre («gastrí»), y una forma verbal o un participio adverbial que sitúa el embarazo en el pasado, en el presente o el futuro.

Por supuesto, será mediante una imagen anexa que voy a ilustrar esta cuestión citando y analizando el texto griego.

La forma griega de señalar la función y responsabilidad del Espíritu Santo en el embarazo María

Para poner de relieve el papel del Espíritu Santo en el embarazo de María en el contexto de la cristología de la concepción, voy a considerar el texto griego de tres textos específicos del Muevo Testamento: Mateo 1.18, 20 y Lucas 1.35.

Luego, si bien será mediante una imagen anexa que voy a poner de relieve el análisis del texto griego de los textos bíblicos mencionados; sin embargo, aquí quiero hacer las siguientes puntualizaciones.

La primera, la función sintáctica «agente» consiste en el responsable directo (persona, animal o cosa) de una acción verbal (de un verbo de acción).

La segunda, en una oración que tiene como núcleo verbal un verbo en voz activa (transitivo o intransitivo), el «sujeto» es «agente», o sea, coinciden la figura del «agente» y la del «sujeto» de la oración.

La tercera, en una en una oración que tiene como núcleo verbal un verbo en voz pasiva (transitivo por necesidad), el «sujeto» no es «agente», sino un «sujeto paciente», por lo que el «agente» aparece bajo la figura de un «complemento»; pero no cualquier «complemento», sino un «complemento agente» (el responsable directo de la acción verbal de un verbo en voz pasiva, de una oración en construcción pasiva).

La cuarta, el griego cuenta con varias redacciones sintácticas para señalar el «complemento agente», el agente responsable de la acción verbal de un núcleo verbal de una oración en voz pasiva.

La quinta, el griego también cuenta con varias redacciones o construcciones sintácticas específicas para señalar a un «agente intermediario» o «asociado» y corresponsable de una acción verbal.

La sexta, como vamos a mostrar en una imagen anexa, el texto griego de Mateo 1.18, 20 y Lucas 1.35, emplearon consistentemente una de las redacciones sintácticas de las que dispone el griego para indicar el «complemento agente» (agente directo) de una oración con un verbo o núcleo verbal en voz pasiva, y con un «sujeto paciente».

En consecuencia, aun cuando la acción u obra del Espíritu Santo se considere como la de un «agente intermediario» respecto de Dios en el origen del embarazo de María en la cristología de la concepción; lo cierto es que el griego no empleó una de las redacciones o construcciones sintácticas que lo señalaran como un «agente intermediario» o «asociado», sino estrictamente una de las redacciones sintácticas que lo identifican como un «agente directo».

La séptima, independientemente de cómo se asuma e interprete la figura del Espíritu Santo, al margen de la forma en que se asuman e interpreten los relatos que dan cuenta de la cristología de la concepción; una cosa es cierta: para dichos relatos el Espíritu Santo es el «agente directo» responsable del embarazo de María,

En otras palabras, en conformidad a los textos que desarrollan la cristología de la concepción y su redacción o sintaxis griega, por absurdo o inexplicable que parezca, o sea, María fue embarazada por el Espíritu Santo.

Como siempre, invito a considerar detenidamente las dos imágenes anexas.

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«Autós («aftós»), ¿pronombre personal o adjetivo de intensidad en Mateo 1.21?, cursos de griego koiné

«Autós («aftós»), ¿pronombre personal o adjetivo de intensidad en Mateo 1.21?

Otra vez, nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

No son pocas las veces en las que he hecho mención de ciertos «consensos no consensuados» que se han dado, que podemos constatar y demostrar respecto del proceso y labor de la traducción de la Biblia.

Por supuesto, llamo «consensos no consensuados» a la curiosa coincidencia de traducir igual, de la misma manera ciertos textos bíblicos por parte de prácticamente todas las versiones de la Biblia en español, muy a pesar de que proceden de distintos ambientes teológicos, y de que existen razones de peso para traducir a contracorriente.

En tal sentido, uno de estos «consensos no consensuados» consiste en asumir que la palabra griega «autós» («aftós») en Mateo 1.21 no es un adjetivo de intensidad relacionado con el sujeto pronominal de un verbo finito o conjugado («sósei»: salvará).

Es tal el consenso que ni siquiera se observa una nota al pie de página que considere seriamente la posibilidad de asumir a «autós» («aftós») como un adjetivo de intensidad y, consecuentemente, proponer otra posible línea de traducción.

En todo caso, pienso que es preciso tener en cuenta las siguientes observaciones.

En primer lugar, ciertamente «autós» («aftós») puede tener la función de adjetivo (por lo general en caso nominativo, pero no siempre), y puede tener la función del pronombre personal de la tercera persona, singular o plural (él, ella, ellos, ellas).

En segundo lugar, plantea Amador Ángel García Santos («Introducción al griego bíblico», Verbo Divino, 2003, página 53), que en el griego clásico «autós» («aftós») sólo podía tener función pronominal (funcionar como pronombre personal de la tercera persona) en los casos oblicuos (genitivo, dativo, acusativo), porque cuando estuviera en el caso nominativo siempre funcionaría como adjetivo (en posición atributiva: el mismo señor; o en posición predicativa: el señor mismo, el señor en persona).

En tercer lugar, el griego no emplea un pronombre personal de la tercera persona (singular o plural) para señalar el sujeto pronominal de un verbo finito o verbo conjugado, pues en esos casos el sujeto pronominal consiste en la persona gramatical sujeto del verbo, el cual es señalado por la desinencia o morfema gramatical flexivo que se une a la raíz o lexema verbal.

Sin embargo, observa Amador Ángel García Santos: “En el griego bíblico es muy frecuente el uso de «autós» («aftós») en caso nominativo en oraciones que carecen de sujeto nominal en las que no se percibe que tenga el sentido de «él mismo», por lo que parece que, también en caso nominativo, puede tener simplemente la funcional de pronombre personal de la tercera persona” (obra citada, página 54).

Ahora bien, esta última observación del profesor Amador, supone cierta subjetividad por parte del lector y traductor, pues se espera que no todos van a coincidir en percibir de la misma manera el uso de «autós» («aftós») en esos casos; lo que supone la dificultad de encontrar al respecto consensos absolutos.

De todos modos, en caso de asumir o concluir que en Mateo 1.21 «autós» («aftós») es un pronombre personal, pienso que, al menos, se debería poner una nota al pie de página indicando otra posible y legítima traducción: «él mismo salvará».

En efecto, siempre que «autós» («aftós») aparezca en un texto en caso nominativo, a la luz de la gramática griega, en principio, la primera opción debe ser el que se asuma a «autós» («aftós») como un adjetivo y no como un pronombre personal, hasta que se demuestre lo contrario.

Finalmente, somos de la opinión de que en Mateo 1.21 «autós» («aftós») es un adjetivo de intensidad y no un simple pronombre personal, por dos razones principales.

La primera, porque como regla general el griego (clásico y koiné) evita usar los pronombres personales para señalar el sujeto pronominal de un verbo conjugado, a menos que sea para dar énfasis (existen excepciones).

En tal sentido, si el sujeto no es nominal (con verbos de la tercera persona, singular o plural), por lo general el sujeto pronominal se establece por la desinencia o morfema gramatical flexivo que se añade a una raíz o lexema verbal para señalar con precisión la persona gramatical sujeto pronominal de un verbo finito (verbo conjugado), y no por un pronombre personal.

La segunda, en virtud del papel único y central que le otorga la «cristología de la concepción» al niño cuyo nacimiento se proclama, en la salvación de su pueblo.

Por supuesto, además del papel que tiene la figura de Jesús el ungido (Jesús como el Mesías) en el Nuevo Testamento y en la oferta de salvación de la fe cristiana (considérese Hechos 16.31; Juan 6.68; Juan 14.6; Gálatas 3.23-29, etc.).

Finalmente, quiero aprovechar esta publicación para poner de relieve el uso de «autós» («aftós») como adjetivo en posición atributiva y en posición predicativa, en construcciones sintácticas que no emplean el caso nominativo.

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«Porque salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1.21) ¿«Él» o «él mismo»?



«Porque salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1.21)
¿«Él» o «él mismo»?

Nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

La palabra española «mismo» (adjetivo y adverbio) tiene un matiz distinto cuando aparece colocado delante de un sustantivo (antepuesto al mismo) y cuando aparece colocado después de un sustantivo (pospuesto al mismo).

Luego, colocado delante de un sustantivo (antepuesto) indica identidad o igualdad (no otro), por ejemplo: el mismo señor, el mismo Dios, el mismo regalo, el mismo profesor, etc.

Pero colocado después del sustantivo (pospuesto) tiene un valor enfático, o sea, enfatiza la responsabilidad del sustantivo, la estricta, única o exclusiva responsabilidad del sustantivo respecto de una acción verbal determinada: el profesor mismo (el profesor en persona, él y no otro), el señor mismo (el señor en persona, él y no otro), la directora misma (ella en persona, ella y no otra persona).

«Mismo» en griego, indicando igualdad o identidad e indicando énfasis

En griego (clásico y koiné) la función de «mismo» como adjetivo, indicando igualdad o identidad, se expresa con la palabra «autós» («aftós») en posición atributiva, o sea, colocado delante del sustantivo y con el artículo determinado (la sintaxis más común); o bien, «autós» («aftós») con el artículo determinado y colocado después de un sustantivo determinado.

Y como adjetivo indicando énfasis, con un valor enfático, aparece en posición predicativa, o sea, «autós» («aftós») sin el artículo determinado y colocado delante de un sustantivo determinado; o bien, sin el artículo determinado y colocado después de un sustantivo determinado.

Por supuesto, en respectivas imágenes anexas voy a poner ejemplos concretos de estos dos usos de «autós» («aftós») en el Nuevo Testamento.

«Autos» («aftós») como adjetivo de intensidad con un sujeto pronominal

En griego, «autós» («aftós») también funciona como «adjetivo de intensidad» en relación a un sujeto pronominal de un verbo conjugado, es decir, la persona gramatical de un verbo conjugado, verbo que no tiene un sujeto nominal.

Por supuesto, en una imagen anexa también voy a citar ejemplos concretos del Nuevo Testamento del empleo de «autós» («aftós») relacionado con el sujeto pronominal de un verbo conjugado.

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«Emmanuel», palabra que carece de sentido en griego, Nociones de lingüística y traducción bíblica

«Emmanuel», palabra que carece de sentido en griego

Nociones de lingüística y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

Profesor, ¿por qué dice usted que la palabra «Emmanuel» carece de sentido en griego?

Bueno, entiendo que para que se comprenda adecuadamente mi afirmación, es preciso tener en cuenta las puntualizaciones que expongo a continuación.

Puntualizaciones necesarias:

La primera, toda palabra (sustantivo, verbo, adjetivo, adverbio, preposición, conjunción, etc.) constituye una secuencia o cadena fónica, una secuencia o cadena de fonemas.

La segunda, los fonemas constituyen la unidad lingüística más pequeña carente de significado, y están relacionados directamente con los sonidos lingüísticos de una lengua determinada (el sistema fonológico de cada lengua consta de un número determinado de fonemas).

La tercera, los fonemas se articulan entre sí para formar los lexemas (morfemas lexicales, morfemas conceptuales) y los gramemas o morfemas gramaticales.

La cuarta, toda cadena fónica o secuencia de fonemas constituye un morfema (lexema o gramema), incluso los grupos sintácticos o sintagmas constituyen cadenas o secuencias fónicas más amplias, mayores.

La quinta, la palabra «Emmanuel» (transliteración, neologismo inventado por el traductor del hebreo al griego) no es una traducción, razón por la cual no transmite el significado que sí tiene la expresión o cadena fónica hebrea detrás de «Emmanuel» y que con «Emmanuel» se quiso transmitir o reflejar.

La sexta, como «Emmanuel» en realidad no es una palabra griega (ni como lexema ni como gramema), como lexema no es posible situarlo en ninguna de las tres declinaciones griegas (primera declinación, segunda declinación, tercera declinación), ni se ajusta a las características flexionales de las mismas; y como gramema (morfema gramatical) tampoco tiene presencia entre los gramemas del griego koiné.

La séptima, el análisis de la composición de la cadena hebrea de fonemas que está detrás de la palabra «Emmanuel», es: 1) «im» (preposición que significa «con», «junto a», «al lado de», y sirve para formar complementos circunstanciales de compañía); pero la preposición hebrea «im» cuando recibe un sufijo pronominal (morfema gramatical) duplica la consonante o fonema «m» mediante la figura o punto llamado «daguésh fuerte»; 2) «nu» (sufijo pronominal, morfema gramatical que señala a la primera persona común plural: nosotros, nosotras); 3) «el» (sustantivo común para Dios).

La octava, pero como la palabra «Emmanuel» no es una traducción (sino más bien una secuencia de fonemas o transliteración), no es posible descomponerla en griego en una forma similar a la cadena fónica que constituye la expresión hebrea detrás de «Emmanuel».

Por supuesto, pienso que cualquier persona con cierta formación no tan mínima de griego koiné ha de estar al tanto de esto.

La novena, el griego sí contaba con dos formas legítimas para transmitir (traducción) el significado de la expresión hebrea detrás de la palabra «Emmanuel», o sea, «immanu-el»; por supuesto, una de ellas la empleó el traductor al griego en las otras dos ocasiones en las que también aparece dicha expresión en el texto hebreo del libro de Isaías (8.8; 8.10).

Nota: La otra la menciono en la imagen anexa.

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

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Sobre Isaías 7.14, una propuesta de traducción, algunas observaciones Nociones de hebreo clásico y de griego koiné


Sobre Isaías 7.14, una propuesta de traducción, algunas observaciones
Nociones de hebreo clásico y de griego koiné

Héctor B. Olea C.

Después de publicar varios artículos respecto del texto hebreo de Isaías 7.14, su traducción griega y su impacto en Mateo y Lucas; me propuse compartir mi personal traducción del referido texto agregando algunas oportunas observaciones.

Traducción del texto hebreo de Isaías 7.14

“Por tanto, el Señor mismos les dará una señal: la joven va a concebir y dará a luz un hijo al cual llamará «Dios está con nosotros».

Observaciones:

En primer lugar, aquí no se emplea la palabra hebrea que en sentido estricto apunta a una muchacha, joven o mujer «virgen», o sea, «betulá».

Es más, es «betulá» la palabra que se emplea como «atributo» o palabra descriptiva de otras palabras que también hacen referencia a una muchacha o mujer joven, para indicar que dicha muchacha o mujer joven era una «virgen», una mujer que no había conocido varón, que no había tenido contacto sexual con un varón.

En tal sentido, traigo a colación tres casos a manera de ilustración: Génesis 24.16; Éxodo 22.16 y Jueces 21.12, tomando como referencia la versión Reina Valera 1960.

Génesis 24.16: “La «doncella» (en hebreo: «naará») era de aspecto muy hermoso, «virgen» («betulá»), a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía”.

En cuanto a la clásica traducción griega (Septuaginta, Los LXX), llama la atención que la misma tradujo tanto a «naará» como a «betulá» con la misma palabra griega, «parzénos» («parhénos»): «virgen».

Éxodo 22.16: “Si alguno engañare a una “doncella” («betulá») que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer”.

Aquí la traducción “doncella”, sin más, en la versión Reina Valera 1960 es cuestionable, pues en el texto hebreo la palabra hebrea que está detrás de dicha traducción apunta sin ambigüedad alguna a una «muchacha virgen».

Y la Septuaginta tradujo en perfecta concordancia con el texto hebreo, empleando la palabra «parzénos» («parhénos»): «virgen».

Jueces 21.12: “Y hallaron de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas («naará») que no habían conocido ayuntamiento de varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán”.

Observación: La traducción que ofrece aquí la versión Reina Valera 1960 no es del todo precisa.

Esto así porque en el texto hebreo la palabra que está detrás de la traducción «doncellas», o sea, «naará», tiene a «betulá» como un adjetivo o atributo, como adyacente: «naará betulá»: «muchacha virgen», «muchachas vírgenes».

Y en lo que respecta a la traducción de la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX), esta tradujo con una perfecta traducción por equivalencia formal, empleando las palabras «neánis» (muchacha, mujer joven) y la palabra «parzénos», «parthenos» (virgen), como atributo, como adyacente; por supuesto, en caso acusativo plural por razones sintácticas: «neánidas parzénus» («jóvenes vírgenes»).

En segundo lugar, en el texto hebreo de Isaías 7.14 más bien se empleó la palabra «almá» que, en realidad, no demanda la traducción de “virgen” sino de “joven”, que es su referencia primaria, es decir, una muchacha o mujer joven en edad casadera, que bien pudiera ser virgen, pero que necesariamente no tiene que serlo.

En tercer lugar, de las seis ocasiones en que en todo el libro de Isaías se emplea la palabra «virgen», en cinco ocasiones es el reflejo de la palabra hebrea que sí tiene la connotación de «virgen», «una mujer virgen», o sea, «betulá»: Isaías 23.4, 12; 37.22; 47.1; 62.5.

Esto significa que cuando en el texto hebreo del libro de Isaías se quiso hacer referencia estrictamente a una muchacha o mujer «virgen», se empleó la palabra hebrea correspondiente, «betulá», que precisamente no es el caso de Isaías 7.14.

Luego, respecto de estas cinco apariciones de la palabra «betulá» («virgen») en el texto hebreo del libro de Isaías, la clásica versión griega trajo consistentemente con la palabra griega correspondiente, «parzénos» («parthénos»), con la única excepción de Isaías 23.12 donde simplemente no la incluyó.

En conclusión, la presencia de la palabra «virgen» en la traducción al español de Isaías 7.14 no obedece a su presencia en el texto hebreo, sino porque se está siguiendo a la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, Los LXX).

Respecto de la palabra «Emmanuel»

En honor a la verdad, la palabra «Emmanuel» no existe en la Biblia Hebrea y, consecuentemente, no está presente en Isaías 7.14.

Fue más bien la clásica versión griega la que dio origen a la palabra «emnanuel».

Además, la expresión hebrea detrás de la traducción «Emmanuel», es «in-manu-él», expresión que en hebreo no es un nombre o sustantivo ni propio ni común, y como tal no forma parte de la onomástica de la Biblia Hebrea.

En realidad, «in-manu-él» es un compuesto formado por: 1) la preposición «im» (con, junto a, al lado de, en compañía de); 2) por el sufijo pronominal de la primera persona común plural, «nu» (nosotros, nosotras); y 3) por el sustantivo «él» (Dios).

Por supuesto, la expresión «in-manu-él» es realmente atemporal, o sea, que no expresa en sí misma un valor temporal propio, por lo que, según el contexto, puede ser traducida como: «Dios está con nosotros», «Dios estará con nosotros»

Por otro lado, es preciso poner de relieve que la expresión «in-manu-él» aparece en la Biblia Hebrea sólo en tres ocasiones, y todas en el libro de Isaías: 7.14; 8.8, 10.

Sin embargo, de estas tres menciones, sólo en una ocasión la clásica versión griega sólo la tradujo con «Emmanuel», precisamente en Isaías 7.14.

Consecuentemente, la palabra «Emmanuel» constituye un «jápax legómenon» en toda la versión griega, también en el Nuevo Testamento (Mateo 1.23).

Por supuesto, ninguno de los autores del Nuevo Testamento llamó jamás a Jesús como «Emmanuel» que, siendo el reflejo de la expresión hebrea «in-manu-él», sería más bien una palabra descriptiva.

En todo caso, hay que tener presente que la palabra «Emmanuel», muy a pesar de lo que dice Mateo 1.23, carece de sentido en griego, pues dicha cadena fónica no existe en el griego y no es formalmente equivalente al compuesto hebreo «in-manu-él».

«Emmanuel» es más bien el resultado del intento del traductor del hebreo al griego por reflejar en el griego una cadena fónica (secuencia de fonemas) que sí comunica un mensaje en hebreo, que sí tiene sentido en hebreo.

Finalmente, que la palabra «Emmanuel» esté presente en Isaías 7.14 en muchas versiones de la Biblia en español, no es porque tenga presencia en la Biblia Hebrea, sino porque está presente en la clásica versión griega, como un término nuevo, como un neologismo que sí pasó a formar parte del vocabulario del Nuevo Testamento y posteriormente al vocabulario teológico de la cristiandad en general.

Luego, no es posible ignorar que en las otras dos ocasiones en las que en el libro de Isaías aparece la expresión hebrea «in-manu-él» (Isaías 8.8 y 10), la clásica versión griega sí la tradujo con una expresión que en griego sí tiene sentido, que sí comunica un mensaje.

Conclusiones:

En primer lugar, una traducción de Isaías 7.14 que siga estrictamente al texto hebreo de dicho pasaje, no debe incluir la palabra «virgen» ni la palabra «Emmanuel».

En segundo lugar, una traducción de la versión griega de Isaías 7.14 sí debe incluir las palabras «virgen» y «Emmanuel».

En tercer lugar, una traducción que le haga justicia al texto griego de Mateo 1.23 debe incluir las palabras «virgen» y «Emmanuel».

En cuarto lugar, una traducción de Mateo 1.23 que se apegue fielmente al texto griego, también debe reflejar la forma del verbo «llamar» que sí está presente en dicho texto, o sea, «kalésusin» («llamarán»), forma verbal de la tercera persona del plural, no de la segunda persona del singular («kaléseis»: «llamarás»), que sí está presente en la versión griega de Isaías 7.14.

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

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