Virtudes y desaciertos de la «Biblia Textual», unos casos concretos


Una evaluación necesaria, crítica y consciente

Héctor B. Olea C.

Introducción:

Me propuse escribir y publicar este trabajo con la finalidad de responder a varias solicitudes que me habían hecho en relación a que expresara mi juicio, mi opinión  sobre la «Biblia Textual».

Ahora bien, debo aclarar que el objetivo de este trabajo es proporcionar una ayuda para aquellas personas que deseen forjarse una opinión no simplista, crítica, justa y consciente, no prejuiciada ni a favor ni en contra de la versión de la Biblia en cuestión.

Además, debo advertir a las personas que me leen, que si bien en abril del año pasado salió al mercado la cuarta edición de la «Biblia Textual», para este trabajo he dependido estrictamente de la tercera edición.

En todo caso, en virtud de que los editores mismos afirman que la cuarta edición sigue el mismo estilo y mantiene las mismas características de las ediciones anteriores; por un lado, me parece que las conclusiones a que llego en este trabajo serán también válidas y ciertas para la cuarta edición.

Luego, la persona que ya tenga en sus manos la cuarta edición, está sencillamente invitada a verificar si los resultados del análisis de los casos concretos que he llevado a cabo con base en la tercera edición, son los mismos que arroja la aplicación de este mismo análisis aplicado a los mismos caos concretos, pero con base en la cuarta edición.

Finalmente, quiero poner de relieve que para este trabajo he considerado y analizado una serie de factores vitales que deben tomarse en cuenta al momento de evaluar crítica y académicamente toda y cualquier versión de la Biblia. Estos son: 1) la base textual; 2) su método de traducción y consistencia; 3) los recursos o ayudas adicionales que le proporciona a la persona lectora; 4) la consideración de la traducción de algunos textos y aspectos específicos, como análisis ilustrativo de casos concretos, entre otros. 

Comencemos, pues, nuestra aventura.

La base textual de la «Biblia Textual»

De acuerdo a la información que transmiten sus propios editores, la «Biblia Textual» tiene como base textual para el Antiguo Testamento (el Primer Testamento), al que identifican más bien como «Antiguo Pacto (AP)», es la «Biblia Hebraica Stuttgartensia», o sea, la edición crítica del «Códice de Leningrado B19a». La importancia del códice de Leningrado consiste en que es el más antiguo manuscrito conocido de la Biblia hebrea completa, basado en la tradición Ben Asher.

Consecuentemente, es preciso poner de relieve que es el «Códice de Leningrado B19a» («Texto Masorético»), el texto crítico que en el mundo académico, al menos en su gran mayoría, se tiene como el texto base para la exégesis y reproducción (traducción) del texto hebreo, del Tanáj. En tal sentido, resulta incuestionable la calidad de la base textual de la «Biblia Textual» para la traducción del Tanáj o Biblia Hebrea, Antiguo o Primer Testamento, Antiguo o Primer Pacto.







Con relación al Nuevo Testamento (Segundo Testamento, Segundo o Nuevo Pacto), al que más bien identifica como «Nuevo Pacto (NP)», es preciso puntualizar que la «Biblia Textual» asume como base textual el «Novum Testamentum Graece», o sea, el texto griego crítico representado y reproducido por la serie Nestlé-Aland que ya tiene su edición 28.

Por supuesto, es el texto griego crítico, reproducido por la serie Nestlé- Aland, el texto asumido por la mayoría de la crítica, por el mundo académico como el texto base para la exégesis y reproducción (traducción) del Nuevo  Testamento (Segundo Testamento  o Nuevo Pacto). Consecuentemente, también resulta incuestionable la calidad de la base textual de la «Biblia Textual» para su traducción del Nuevo Testamento, o Nuevo Pacto.    

Ahora bien y, por supuesto, una cosa es la calidad de la base textual de toda y cualquier versión de la Biblia, y otra, la calidad, fidelidad y consistencia de la misma como obra de traducción.  

Además, la fidelidad al texto es en realidad un camino de doble vía, por un lado, implica la sujeción a lo que dice y en verdad quiere decir y comunicar el texto fuente, el texto traducido; y por otro lado, que en un proceso crítico de evaluación a la traducción como tal, yendo de la traducción al texto fuente (el texto traducido), se pueda constatar que efectivamente el texto traducido comunica con acierto el mensaje que comunica el texto fuente, el texto objeto de la traducción.

Lamentablemente, en muchísimos casos, la fidelidad de la traducción se ha entendido, erróneamente por cierto, como la simple literalidad o traducción por equivalencia formal, aun cuando dicha traducción se quede corta en comunicar con acierto en la lengua meta, en la lengua receptora, el mensaje del texto fuente.

En tal sentido, es preciso admitir que muy a pesar de la incuestionable calidad de los textos fuentes que le sirven de base a la «Biblia Textual», esta no resulta acertada en la traducción de muchísimos pasajes. Para muestra un botón.  

Por ejemplo, es cuestionable la traducción tanto de la «Biblia Textual» (como de la Reina Valera 1960 a la que aspiraba superar, siendo, sin embargo, igual a ella en muchísimos casos), cuando en Levítico 18.20 tradujo con la expresión «no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo». En realidad la expresión hebrea que la «Biblia Textual» tradujo «no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo»; es la expresión idiomática hebrea: «ve-’el ’eshéth ‘amitejá lo’ titen shekabetejá le-zara‘», que literalmente dice: «a la mujer de tu prójimo (vecino) no le darás el semen de tu descendencia (el semen que es para tu descendencia)».

Sin embargo, no podemos dejar de lado que el sentido de dicha expresión idiomática hebrea, es sencillamente: «no tendrás relaciones sexuales con la mujer de tu prójimo».  

Respecto de la Septuaginta, es preciso decir que también tradujo con una expresión igualmente complicada: «kái pros ten gunáika tu plesíon su u dóseis kóiten spérmatos su», que literalmente dice: «y a la mujer de tu prójimo (vecino) no le darás (más bien, no tendrás) relación sexual de descendencia»; en otras palabras, y como la expresión hebrea en cuestión, «no tendrás relaciones sexuales con la mujer de tu prójimo».  

Ahora bien, la problemática que envuelve la traducción «no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo» es que, además de no comunicar con precisión el sentido del texto fuente, en los ámbitos del cristianismo se puede prestar una idea equivocada de las relaciones sexuales. Me explico. Las relaciones sexuales son “actos carnales”, en el sentido de que implican la unión e intimidad de dos cuerpos (dos carnes), pero no porque sean “carnales” en el sentido de “hechos pecaminosos de por sí”.    

El método de traducción empleado por la «Biblia Textual»  

Según sus propios editores, el método de traducción empleado por la «Biblia Textual» es la «traducción contextual» Consiste, pues, este método, en una especie de combinación del método conocido como «equivalencia formal», y el método conocido como «equivalencia dinámica».

En consecuencia, al menos en teoría, los editores de la «Biblia Textual» se propusieron traducir tomando en serio las características de las lenguas bíblicas, las características de las lenguas originales en que fueron escritos los textos bíblicos; y por otro lado, respetando y considerando las características propias y peculiares de la lengua meta o receptora, el castellano en este caso.

En forma resumida, con base a la definición un tanto complicada (tal vez un tanto o demasiado idealista) que ofrecen los propios editores de la «Biblia Textual», de la llamada «traducción contextual»; podemos decir, que por «traducción contextual» se entiende una disciplina o práctica que, en primer lugar, se enmarca en las normas habituales de la gramática de la lengua; en segundo lugar, que procura transmitir en la lengua receptora o lengua meta, toda la intención, energía y lucidez del texto fuente, pero sin perjuicio de las características esenciales del texto fuente.
En todo caso, será caso por caso en que se ha de verificar si la «Biblia Textual», en realidad alcanza este ideal, o si en realidad tiende a ser más por equivalencia formal que por equivalencia dinámica, o viceversa. Sin embargo, la simple observación de algunos textos, pone en evidencia cierta tendencia a la equivalencia formal más que a la equivalencia dinámica.   

De todos modos, muy a pesar de las pretensiones expresadas con su amplia y complicada definición de la llamada «traducción contextual»; la consideración de algunos casos concretos pone de manifiesto que la «Biblia Textual» es, en muchísimos casos, una simple traducción más por equivalencia formal.

En tal sentido, voy a considerar la traducción de cuatro textos, dos por cada Testamento o Pacto, para demostrar lo que estoy diciendo.

En primer lugar, Génesis 1.1. La traducción de Génesis 1.1 en la «Biblia Textual» es: «En un principio creó ’Elohim los cielos y la tierra».

Luego, es evidente que, al margen de la presencia de la palabra «Elohim» (detalle que analizaremos más adelante); lo cierto es que la traducción de Génesis 1.1 que hizo la «Biblia Textual», es sencillamente una traducción más por equivalencia formal, semejante y equivalente a la traducción que de dicho texto se lee en la serie Reina Valera.

Además, es evidente que la «Biblia Textual» comete el mismo error que la serie Reina Valera, cuando traduce «cielos» (en plural). En realidad la traducción «cielos», es una desacertada traducción de la palabra hebrea «shamáyim» (cielo).

La palabra hebrea «shamáyim» (cielo) no está en plural en el texto hebreo, sino en el número dual. El número dual, que formalmente no existe en castellano, hace referencia a las partes del cuerpo que existen en pares, tales como ojos (los ojos), pies (los pies), manos (las manos), orejas (las orejas), brazos (los brazos).

De todos modos y, como siempre hay excepciones, tenemos que admitir que ciertamente hay sustantivos en la lengua hebrea que sólo existen con la forma del número dual, aunque sin ninguna indicación de número, sin ninguna indicación de paridad. Luego y, precisamente, entre estas excepciones se encuentra la palabra «máyim» (agua), y «shamáyim» (cielo).   

Consecuentemente, una traducción acertada de la palabra «shamáyim» (cielo), debe ir en singular, o sea, «cielo», y no en plural, «cielos». Además, que ésta es la traducción acertada lo confirma la traducción que hizo la Septuaginta, cuando tradujo a «shamáyim» (cielo), con el singular «ton uranón», acusativo singular de «jo uranós» (el cielo).

También hizo una traducción acertada de «shamáyim» (cielo), la «Biblia Hebreo Español» (dos tomos) de Moisés Katznelson, cuando tradujo en singular, «el cielo».     
Luego, es tan desacertada aquí la «Biblia Textual» como la «Reina Valera 1960», por un lado, cuando tradujo a Génesis 1.1 en una forma que privilegia la sintaxis de la lengua fuente en perjuicio de la lengua meta o receptora (como cualquier otra versión más hecha por equivalencia formal, como la serie Reina Valera); esto, por supuesto, pone bajo serias sospechas su supuesta y aspirada «traducción contextual».

Por otro lado, es aquí tan desacertada la «Biblia Textual» como la Reina Valera 1960, cuando tradujo en plural (cielos) la palabra hebrea «shamáyim» (cielo).

Finalmente, supera y corrige (y es preferible) la «Biblia Textual» a la «Reina Valera 1960», cuando en Génesis 1.1 tradujo «en un principio» (y no «en el principio»). Se fundamenta la traducción de la «Biblia Textual» en el hecho de que la expresión hebrea «bere’shith» en realidad no tiene el artículo definido.

Ahora bien, que la expresión «bere’shith» no está acompañada por el artículo definido, lo pone en evidencia la traducción que hizo la Septuaginta, cuando tradujo a «bere’shith» con la expresión griega «en arjé», igualmente sin el artículo definido, o sea, «en un principio». Lamentable y curiosamente, yerra aquí la traducción de la «Biblia Hebreo Español» (dos tomos) de Moisés Katznelson, cuando tradujo como la «Reina Valera 1960», «en el principio»). 

El segundo caso que me propuse analizar es la traducción de la palabra «baním» (hijos varones, la descendencia masculina en sentido estricto), en el Salmo 127.3.

La traducción del Salmo 127.3 en la «Biblia Textual» es: «He aquí, herencia de YHVH son los hijos. Y una recompensa el fruto del vientre».

Al margen de la presencia del tetragrama (YHVH), que analizaré más tarde, ahora sólo quiero poner de relieve lo desacertada de la traducción que hizo la «Biblia Textual» de la palabra hebrea «baním» en el Salmo 127.3.

Lo problemático de la traducción hecha por la «Biblia Textual» de la palabra «baním» en el Salmo 127.3 es la siguiente. Ocurre que la palabra hebrea «baním» fue traducida por la «Biblia Textual» sencillamente como “hijos”, con una inclusividad en el castellano que en realidad no posee dicha palabra en la lengua hebrea.

Ciertos es que en castellano la expresión «los hijos» (si bien es una expresión sexista) todavía se comprende como inclusiva, pudiendo incluir la descendencia masculina (los varones) y la femenina (las hijas, las niñas, las mujeres); sin embargo, el hebreo «baním» es el plural de la palabra «ben»: hijo varón,, no es inclusiva.

En honor a la verdad es preciso admitir que la palabra hebrea «ben» (en singular y en plural) apunta estrictamente a la descendencia masculina, a los hijos varones.

Ahora bien, que este es sentido de la palabra hebrea «ben» (singular) y el plural «baním», lo confirma la traducción que hizo la Septuaginta, cuando tradujo la hebrea «baním», con «juiói (hijos varones, la descendencia masculina), plural de «juiós»: hijo varón.

En consecuencia, es tan desacertada la traducción que hace la «Biblia Textual» como la que hizo la «Reina Valera 1960», de la palabra hebrea «baním» en el Salmo 127.3.

El tercer caso que quiero analizar es la traducción que hizo la «Biblia Textual» de Juan 1.1.  

Pues bien, la traducción que hizo la «Biblia Textual» de Juan 1.1, es: «En un principio era el Logos, y el Lógos estaba ante Dios, y Dios era el Lógos».

Una traducción acertada de Juan 1.1 debe ir en la siguiente línea: «La palabra existía para un [el] principio, la palabra estaba con Dios, y Dios era (estaba en) la palabra.”

Luego, al margen de la presencia aquí de la palabra Lógos (transliteración, no traducción), detalle que analizaré más adelante; se observa que la traducción que hizo la «Biblia Textual» de Juan 1.1, es una traducción más por equivalencia formal, en la misma línea de la traducción que hizo la Reina Valera 1960; por supuesto, hay que poner aquí bajo serio cuestionamiento, una vez más, el carácter y pretensiones de la llamada «traducción contextual» de la «Biblia Textual».   

De todos modos, supera y corrige aquí (y es preferible) la «Biblia Textual» a la «Reina Valera 1960», cuando tradujo con la expresión «en un principio», y no «en el principio»; esto así, puesto que la expresión griega «en arjé» (la misma que observamos en la traducción de Génesis 1.1 en la Septuaginta), no tiene el artículo definido. 

El cuarto caso que quiero analizar es la traducción que hizo la «Biblia Textual» de Mateo 1.25.

La traducción que hizo la «Biblia Textual» de Mateo 1.25 es: «Pero no la conocía hasta que dio a luz un hijo, y llamó su nombre Jesús».

Por un lado, es acertada la traducción de la «Biblia Textual» cuando tradujo «no la conocía» (en tiempo imperfecto), y no en pretérito indefinido (pretérito perfecto simple) «no la conoció»; esto así ya que el texto griego en realidad empleó la forma verbal «eguínosken», pretérito imperfecto simple, tercera persona singular, voz activa, modo indicativo, del verbo «guinósko»: yo conozco, yo  sé, y no una forma verbal en tiempo aoristo.

Por otro lado, no es acertada la traducción de la «Biblia Textual», y una vez más pone bajo serio cuestionamiento su anhelada y pretendida “traducción contextual”, cuando tradujo «no la conocía», en lugar de «no tenía (no tuvo) relaciones sexuales».

En todo caso, la cuestión es que si bien somos conscientes de que en la lengua hebrea y en la griega se empleaba el verbo «conocer» (hebreo «yadá‘»; griego «guinósko») para señalar un conocimiento íntimo, las relaciones sexuales en forma eufemística (compárese Génesis 4.1 en el texto hebreo como en la Septuaginta); lo cierto es que tal empleo es extraño en la lengua castellana.  

Consecuentemente, es tan desacertada la «Biblia Textual» como la «Reina Valera 1960», cuando empleó el verbo «conocer» en la traducción de Mateo 1.25 (en una equivalencia formal innecesaria), en lugar de la necesaria, más efectiva y verdaderamente contextual equivalencia dinámica: «y no tenía (no tuvo) relaciones sexuales…»

Inconsistencia de la «Biblia Textual» en la traducción de los nombres aplicados a la deidad

En primer lugar, llama la atención que en Génesis 1 la «Biblia Textual» no haya traducido la palabra hebrea «’elohim» (Dios), sino que la haya transliterado. Luego, si bien transliteró «’Elohim» (con la vocal «e» en mayúscula «E»), lo cierto es que no existe en la lengua hebrea la distinción que sí se establece en el castellano entre letras minúsculas y letras mayúsculas.

De todos modos, no vemos la idoneidad aquí de apelar al recurso de la transliteración, en lugar de traducir a «’elohim» (Dios), como por lo general se ha hecho, incluso en la «Biblia Hebreo Español» de Moisés Katznelson.  

En segundo lugar, es cuestionable e inadmisible que el «quere perpetuo» (observación masorética que indica lo que debe ser leído, a pesar de lo que se ve escrito), o sea, la presencia del tetragrama con la vocalización «YeHVaH», para que se lea «Adonay», y se traduzca «Señor»; tradición confirmada incluso por la Septuaginta; de pronto sea ignorada por la «Biblia Textual», para optar, en cambio, por transliterar el tetragrama sin vocalización alguna, o sea, «YHVH».

En esta misma línea y, en tercer lugar, es cuestionable la presencia de la expresión «YHVH ’Elohim», como reflejo de la expresión hebrea «YeHVaH ’elohim» (Señor Dios), cuando la tradición masorética (confirmada por la Septuaginta con «kúrios jo theós» (Señor Dios), demanda no la transliteración, sino la traducción de la expresión hebrea en cuestión. 

En cuarto lugar, es cuestionable la forma en que la «Biblia Textual» tradujo a Juan 1.1.  Pues bien, la «Biblia Textual» tradujo a Juan 1.1 en la siguiente manera: «En un principio era el Logos, y el Lógos estaba ante Dios, y Dios era el Lógos».

Ahora bien, esta traducción llama la atención, por un lado, porque translitera la palabra griega «lógos» (palabra), en mayúscula («Logos»), tal y como procedió con «’Elohim»; pero, por otro lado, traduce la palabra griega «theós», Dios. ¿Por qué este procedimiento?

Mi hipótesis es que, aparentemente, con la transliteración los editores de la «Biblia Textual» quisieron hacer destacar la figura de Jesús identificado por Juan, el cuarto Evangelio, como el «logos». Sin embargo, lo cierto es que en Juan1.1 la trascendencia del «logos» se pone de relieve precisamente en conexión y sólo en conexión y dependencia con «theós» (Dios), y no viceversa.

Además, resulta inconsistente con la postura adoptada en relación a Génesis 1.1, cuando en lugar de traducir la palabra hebrea «’elohim» (traducida por la Septuaginta con «theós» (Dios); en Juan 1.1 optó la «Biblia Textual» por traducir a «theós» (Dios), en lugar de transliterarlo, como hizo con «’elohim».

En todo caso, en virtud de la crítica que hicimos al recurso de la transliteración n de «’elohim» en Génesis 1.1 (y en verdad no sólo allí); a nuestro juicio, lo recomendable sería; en primer lugar,  traducir y no transliterar a «’elohim» en Génesis 1.1 (y en el resto de los casos); en segundo lugar, traducir y no transliterar a «logos» (palabra), en Juan 1.1; en tercer lugar, traducir y no transliterar a «theós» (Dios) en Juan 1.1.

El rechazo del nombre «Santiago», un punto a favor de la «Biblia Textual»

Sin duda, es un punto a favor de la «Biblia Textual» que, a diferencia de la serie Reina Valera, y de casi todas las versiones castellanas de la Biblia, acertadamente ha desechado el empleo del nombre «Santiago», para hacer referencia a la carta o epístola generalmente identificada con dicho nombre. Ahora bien, favorece a la «Biblia Textual» en hecho de que, en realidad, el texto griego tiene el sustantivo «Iákobos» (jamás a «Santiago»). Es más, incluso la Vulgata Latina evita el empleo el nombre «Santiago», y favorece a «Jacobo», al traducir «Iacobus».   

Las ayudas o recursos adicionales en la «Biblia Textual»

Ciertamente incluye la «Biblia Textual», como casi todas las versiones de la Biblia, una serie de recurso adicionales o ayudas para la persona lectora; entre estas, una serie de observaciones sobre la traducción de ciertos pasajes como notas al pie de página, observaciones sobre pasajes adicionales, las enmiendas de los soferim, tablas de pesos, tablas y medidas, mapas, entre otros.

Ahora bien, por razones de tiempo y espacio, quiero hacer referencia estrictamente a las abundantes notas al pie de página que ofrece la «Biblia Textual».

En honor a la verdad, si bien son importantes y a veces necesarias e ineludibles algunas observaciones al pie de página, o en los márgenes, sobre algunas opciones tomadas en la traducción; no es menos cierto que lo ideal es que la traducción sea lo suficientemente clara y precisa para que, al menos, haga hasta innecesaria la inclusión de ciertas notas explicativas al pie de página.  

Lo que quiero decir es que hay que evitar el error en que muchas veces cayó la «Biblia Textual» en hacer una traducción un tanto desacertada, para luego hacer necesaria y de importancia una nota aclaratoria y suplementaria al pie página.

Por supuesto las cosas se tornan complicadas cuando la nota aclaratoria pone en evidencia que la explicación ofrecida debió servir de base para una mejor y más precisa traducción, para incluso hacer innecesaria la nota al pie de página. Por ejemplo, llama la atención que, respecto de Levítico 18.20, la «Biblia Textual» no tradujo de una manera acertada, pero incluye una nota al pie de página sobre dicho versículo que deja ver que pudo traducir de una manera más acertada.

En consecuencia, ¿por qué no tomó en cuenta la «Biblia Textual» el contenido de la nota al pie de página sobre Levítico 18.20 (como respecto de otros textos), para traducir en consecuencia, para traducir de una manera que hiciera innecesaria la nota al pie de página?

Conclusión: Si bien es imposible que este pequeño trabajo fuera exhaustivo, pienso que ilustra muy bien las virtudes y desaciertos de la «Biblia Textual».

Consecuentemente, es preciso actuar frente a la «Biblia Textual» como he insistido en recomendar que actuemos frente a toda versión de la Biblia, sin prejuicio ni a favor ni en contra, considerándola inocente al principio, hasta que un trabajo de evaluación como el que aquí hemos presentado, sin prejuicio alguno (al menos con un mínimo tolerable de prejuicio), ponga de relieve sus virtudes y desaciertos.

Sin duda, tiene la «Biblia Textual» muchas virtudes y muchos desaciertos. No obstante, como siempre digo, es y será siempre caso por caso como podremos verificar las virtudes y desaciertos de la «Biblia Textual», y de toda, absolutamente toda versión de la Biblia.

Ciertamente no es la «Biblia Textual» la mejor (afirmación muy simplista y relativa por cierto), ni la peor; pero sí es una buena versión de la Biblia, que amerita ser valorada en su justa proporción, si bien, asumida con una mirada crítica y para nada servil, como hemos de actuar frente a toda y cualquier otra versión de la Biblia.

Finalmente, no quiero concluir este trabajo sin poner de relieve el que los editores de la «Biblia Textual» se identifican con el dogma de que el concepto de inspiración verbal y plenaria y la consecuente y supuesta infalibilidad, sólo es aplicable a los autógrafos, o sea, a los manuscritos originales de la Biblia.  

Por supuesto y, a pesar de todo, es de elogiar el que los editores de la «Biblia Textual» admitan que no hay versión o traducción de la Biblia que sea perfecta, que toda versión de la Biblia es perfectible, incluyendo, evidentemente, la «Biblia Textual» misma; así de sencillo.


    

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No, estimado Cesar Cifras, no soy ni unicitario ni trinitario. En realidad mi acercamiento a los textos bíblicos, a la Biblia, no lo hago desde la perspectiva de ningunos de los dos referidos conceptos teológicos, sino más bien desde el campo de las ciencias bíblicas. En todo caso, conviene aclarar que el AT o Tanaj, ni la fe judía es trinitaria; y que en sentido estricto, a la luz del Concilio de Nicea (325 d.C.), el NT tampoco es trinitario al estilo y nivel de dicho concilio. De todos modos, es innegable que un sector mayoritario del cristianismo es trinitario, si bien no todo el cristianismo, así de sencillo. Gracias por la lectura y el comentario. Un abrazo cordial y fraternal.

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