sábado, 27 de enero de 2018

Un artículo más sobre la manipulación en la difusión de la Biblia


El orden manipulado de los libros del Tanaj en las Biblias cristianas

Héctor B. Olea C.

Las personas que reducen las diferencias de las versiones de la Biblia respecto de los textos bíblicos en sus idiomas originales a simples razones semánticas, y de contextos históricos, en verdad se están quedando muy cortos, por lo que deben comprender que el asunto es todavía mucho más complejo.

En efecto, cuando somos conscientes de que el concepto de «Biblia» es en realidad un concepto cristiano, que abarca y reclama el conjunto de los textos sagrados de la fe judía (el  canon bíblico hebreo, el Tanaj), y el conjunto de textos sagrados de la fe cristiana (el canon bíblico propiamente cristiano, el Nuevo Testamento Griego); entonces se nos hace más fácil comprender que incluso el orden en que se han arreglado y dispuesto los libros del considerado Antiguo Testamento (o Primer Testamento) en las versiones y ediciones cristianas de la Biblia (valga la redundancia), tiene el objetivo de hacer ver que el Tanaj, que el canon hebreo tiene como meta y finalidad concluir y concretarse en el Nuevo Testamento, en el canon bíblico cristiano.

En tal sentido, tiene mucho valor la observación del biblista e historiador francés André Paul cuando dice: “Situar (en la Septuaginta) las obras proféticas al final (del Tanaj) es pertinente en el contexto cristiano, ya que ellos anuncian el Nuevo Testamento, que sigue inmediatamente” («La Biblia y Occidente, de la biblioteca de Alejandría a la cultura europea», Verbo Divino, 2008, página 79).

De hecho y, en tal sentido, se comprende que Lucas 24.44, muy a pesar del orden en que las ediciones cristianas de la Biblia arreglan y ordenan los libros del Tanaj (en un orden distinto y contrario al orden que en realidad tienen en el texto hebreo), reclama y hace referencia a un Antiguo Testamento en el cual el orden de los libros se conforma al arreglo de los mismos según el canon hebreo. Por supuesto, esta realidad la puede verificar y confirmar cualquier persona que al menos tenga acceso a la «Biblia Hebraica Stuttgartensia».

Es más, en Lucas 24.44, el orden: «en to nómo Mouséos» (en la ley de Moisés), «tois profétais» (en los profetas) «kái psalmóis» (y en los Salmos) se conforma al orden hebreo de los libros del Antiguo Testamento Hebreo o Tanaj, o sea: «Toráh» (o Pentateuco), «Neviím» (Profetas) y «Ketuvím» (Escritos, la última sección de la Biblia Hebrea que es encabezada por el conjunto de los Salmos, de ahí la referencia a los Salmos en Lucas 24.44).   

Consecuentemente, es preciso poner de relieve que mucho antes de traducir y comentar el texto hebreo del Tanaj (Biblia Hebrea) de una manera interesada y favorable a la teología y pretensiones cristianas, antes de cualquier otra cristianización del Antiguo Testamento Hebreo en ese mismo sentido; ya se han arreglado los libros del canon hebreo en las Biblias cristianas (valga la redundancia) con tal de sentar las bases para una supuesta unidad y continuidad natural entre el canon hebreo o judío, y el canon cristiano (Nuevo Testamento).

Entonces, ¿es posible negar que ya el orden de los libros del llamado «Antiguo Testamento» en las Biblias cristianas (sin importar el sector del que provengan, católico o protestante) pone de manifiesto una manipulación con objetivos bien definidos, nada inocente y sí muy consciente e interesada?

¿Por qué los agentes editores, reproductores y difusores de la Biblia han llevado a los cristianos a leer un «Antiguo Testamento» que termina en «Malaquías» (literatura profética) y no en «Crónicas» (del conjunto literario de los «Ketuvím» o «Escritos»), incluso en contra de la evidencia que aporta Lucas 24.44?

¿Por qué los agentes editores, reproductores y difusores de la Biblia han llevado a los cristianos a leer un «Antiguo Testamento» que incluye a «Daniel» (del conjunto literario de los «Ketuvím» o «Escritos») entre la literatura profética, y no entre los «Ketuvím» («Escritos», la última sección de la Biblia Hebrea), su espacio natural y original en el texto hebreo del «Antiguo Testamento»?


Una vez más, sea usted el jurado, así de sencillo. 

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