sábado, 16 de septiembre de 2017

De la versión al texto fuente, del texto fuente a la versión


Un procedimiento legítimo y recomendado


Héctor B. Olea C.

El procedimiento que supone ir de la traducción a los textos bíblicos en sus idiomas originales; partir de las versiones o traducciones de la Biblia para aproximarnos a los textos bíblicos en sus idiomas originales, retornando de nuevo a las versiones de la Biblia, para poner de relieve lo que realmente dicen los textos bíblicos en sus idiomas originales; es, a nuestro juicio, un proceso legítimo, necesario e insustituible.

Por un lado, porque obviamente, la gran generalidad de las personas creyentes y no creyentes, no leen la Biblia en hebreo y griego (no se aproximan de manera directa a los textos bíblicos en sus idiomas originales, sino mediante simples traducciones de la Biblia.

Por otro lado, porque a través de dicho procedimiento se puede poner de manifiesto, incluso en contra de lo que mucha gente piensa, que no siempre es una realidad, que muchísimas veces nos es cierto que las versiones de la Biblia transmiten con fidelidad lo que efectivamente dicen los textos bíblicos en sus idiomas originales.

Con otras palabras, que no siempre lo que se lee en las versiones de la Biblia es sencillamente una transmisión fiel y acertada de lo que en realidad dicen los textos fuentes, los textos bíblicos en sus idiomas originales; que no todo lo que se lee en las versiones de la Biblia es lo que en efecto dicen los textos bíblicos en sus idiomas originales.  

Ahora bien, es recomendable que este procedimiento tenga como punto de partida una versión de la Biblia de mucha aceptación, bien conocida, bien establecida, dominante y representativa. Y he aquí la razón por la que por lo general, cuando quiero llamar la atención sobre un determinado texto bíblico, es la versión Reina Valera 1960 mi punto de partida.   

Además, y como es sabido, la generalidad de las personas que no conocen los idiomas bíblicos, incluso muchas de las pocas personas que sí tienen por lo menos algunas nociones de los mismos; cuando realizan un estudio comparativo de versiones de la Biblia, por lo general no lo hacen con un sentido crítico.

En todo caso, el procedimiento en cuestión cobra todavía más importancia cuando se consideran al mismo tiempo versiones de la Biblia de prestigio (que es lo que acostumbro a hacer), como La Biblia de Jerusalén, y versiones de la Biblia bajo sospecha, como la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras; para poner de manifiesto que, como en el caso específico que involucra el nombre «Santiago», y muchos otros, son iguales de desacertadas, sin que se pueda establecer diferencia alguna entre ambas, pues las dos fallaron al no transmitir lo que en realidad dice el texto fuente, el texto griego.
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Finalmente, debo confesar que me resulta demasiado lamentable y preocupante, el ver cómo se apelan a elementos y argumentos no textuales, no intrínsecamente relacionados con la labor de traducción, para tratar de justificar, al menos en algunos casos, el que las versiones de la Biblia no transmitan lo que realmente dicen los textos fuentes, los textos bíblicos en sus idiomas originales; así de sencillo.



¡Hasta la próxima!







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