sábado, 3 de diciembre de 2016

María o José, ¿quién fue la persona que nombró «Jesús» al niño?


Cuestiones de exégesis y traducción bíblica


Héctor B. Olea C.

Un aspecto más en el que también difieren Mateo y Lucas en su narrativa del nacimiento de Jesús tiene que ver con el hecho de si fue María o José quien puso el nombre «Jesús» al niño nacido.

Según Lucas, María es quien nombra al niño Jesús: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS” (Lucas 1.31). Pero según Mateo (según la Reina Valera 1960, no según el texto griego) José es quien le pone el nombre (nombra) al niño Jesús: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1.21).

Ahora bien, un elemento a tomar en cuenta para explicar esta diferencia entre Mateo y Lucas es que para Mateo el ángel se le aparece (aunque en sueños) no a María sino a José (Mateo 1.20). Para Lucas, en cambio, el ángel se le aparece no a José, sino a María, y en forma corporal (Lucas 1.26-30). 

En el relato de la anunciación de Lucas tenemos tres textos que mencionan la aparición de ángeles: Lucas 1.11, 26, 28; 2.9. Lo curioso es que también el relato de Mateo incluye tres intervenciones angelicales: Mateo 1.20; 2.13, 19. No obstante, el asunto se torna problemático cuando notamos que en el relato de Lucas los ángeles se manifiestan en forma corporal, mientras que en el relato de Mateo los ángeles intervienen en forma onírica, es decir, en sueños. ¿Por qué esta diferencia?   

No olvidemos que según Mateo (1.20) un ángel (mensajero celestial) se le aparece a José (no menciona el encuentro de un ángel con María). Pero según Lucas (1.26-38), un ángel, pero llamado Gabriel, se le aparece a María (no menciona una aparición o encuentro del mismo ángel u otro, con José). Además, mientras que Mateo no le reconoce nombre al ser angelical, sino que se refiere a él simplemente como «un ángel del Señor» (griego «ánguelos kuríu»); en cambio, Lucas, por un lado, en dos ocasiones habla de «un ángel del Señor» (griego «ánguelos kuríu»), igual que Mateo (Lucas 1.11; 2.9), pero, por otro lado, en cuanto al ser angelical que se le apareció específicamente a María, lo nombra como “Gabriel” (perfecta transliteración fonética del griego, no una traducción), Lucas 1.26.

De todos modos, el problema no termina ahí. Resulta que el texto griego del evangelio de Mateo 1.23, en una apelación y relectura cristológica de Isaías 7.14, pero a diferencia del texto de la Septuaginta en el cual se sustentó; tiene el verbo “llamar”, “nombrar” (griego «kaléo»), en tiempo futuro, y en la tercera persona del plural, o sea “llamarán” (griego «kalésusin»); por supuesto, hay que precisar que el texto griego de la Septuaginta, la traducción griega de Isaías 7.14, tiene el verbo “nombrar”, “llamar” (griego «kaléo»), en tiempo futuro y en la segunda persona del singular, o sea,  “llamarás” («kaléseis»).

Ahora bien, mientras la Septuaginta tiene la forma “llamarás” («kaléseis»), o sea, en entiempo futuro, y en la segunda persona del singular (tú, haciendo referencia a la joven, no virgen, madre), el texto hebreo de nuestro Antiguo Testamento, el llamado Texto Masorético, tiene el verbo “llamar” en la tercera persona femenino singular “ella llamará” (hebreo «ve-qará’th», forma irregular, pues debería ser «qará’h»).

Al respecto, el biblista Raymond E. Brown en su clásica obra «El nacimiento del Mesías» (publicada por Ediciones Cristiandad, año 1982) menciona la posibilidad de que Mateo corrigiese el texto de la Septuaginta, pero a la luz de un texto hebreo distinto al Texto Masorético. Menciona que “en uno de los manuscritos de Isaías hallados en el Mar Muerto (1 QIsa) se encuentra una forma del verbo hebreo “llamar” («qará’») que puede traducirse “su nombre será llamado”, traducción equivalente al “llamarán” de Mateo 1.23 (página 151)”.

Ahora bien, una vez se toma en cuenta todo lo que ya he dicho respecto de la formas en que se encuentra el verbo “llamar” en el texto hebreo de Isaías 7.14, en la Septuaginta, y en el texto griego de Mateo 1.23; sale a relucir lo desacertada que es la traducción de Mateo 1.23 que leemos en la versión Reina Valera 1960. Ciertamente Mateo 1.23 en la Reina Valera de 1960 dice “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y «llamarás» (en concordancia con la Septuaginta) su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Ahora, y como ilustración, voy a mencionar siete versiones castellanas conocidas de la Biblia que en verdad se muestran más acordes al texto griego de Mateo 1.23, que la Reina Valera 1960.

1)    La versión popular Dios Habla Hoy: “La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por nombre Emanuel” (que significa: “Dios con nosotros”)”

2)    La Reina Valera Actualizada “He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros.”

3)    La Nueva Versión Internacional: “«La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros»).”

4)    La Biblia de las Américas “He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.”

5)    La Nueva Biblia de los Hispanos (otro nombre para la misma Biblia de las Américas): “He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y Le pondrán por nombre Emmanuel,” que traducido significa: “Dios con nosotros.”

6)    La Biblia Latinoamérica, edición pastoral: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios-con- nosotros.”

7)    La Biblia de Jerusalén 1998: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa “Dios-con- nosotros.”

Entonces, como el texto griego de Mateo 1.23 no tiene el verbo “llamar” (griego «kaléo») en la tercera persona singular, en tiempo  futuro (“llamará él o ella”, griego «kalései»), ni en la segunda persona singular (“llamarás”, griego «kaléseis»); sino en la tercera persona del plural (“llamarán”, griego «kalésusin»), se concluye que Mateo no hizo una cita exacta de Isaías 7.14, sino una parcial, la cual ajustó a su proyecto teológico.

Al emplear conscientemente la forma verbal en la tercera persona del plural (“llamarán”, griego «kalésusin»), parece que la intención de Mateo es acentuar el reconocimiento público (el reconocimiento del pueblo, el mismo pueblo que sería liberado por él de sus pecados, compárese Mateo 1.21), de la función mesiánica y salvadora que habría de ejercer el niño cuyo nacimiento estaba siendo proclamando.   

Como ya dijimos, a diferencia de Mateo (en la Reina Valera, pues en el griego tampoco es José quien nombra al niño), en Lucas 1.31 quien nombra al niño Jesús es María, “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS”. Nótese que en Lucas el verbo “llamar” está en la segunda persona del singular “llamarás” (“kaléseis”), que en este caso tiene como sujeto a María. En este aspecto tenemos que decir que Lucas concuerda con la Septuaginta que también tiene el verbo “llamar” en la segunda persona del singular “llamarás” (“kaléseis”), pero se distancia del texto hebreo de Isaías 7.14 que más bien tiene el verbo “llamar” en la tercera persona femenino singular “ella llamará” (“ve-qará’th).  

Ahora bien, ¿supone Lucas que María habría de nombrar al niño, algo no común en la tradición judía? ¿O Más bien llamaría al niño según el nombre que le pondría el padre?

Pienso que es oportuno puntualizar que aunque en la época patriarcal tanto el padre (Génesis 4.26; 5.3) como la madre (Génesis 4.25: 35.16-18) podían imponerle el nombre al hijo, y que para el tiempo de los Jueces encontramos que el nombre de “Sansón” le haya sido impuesto al mismo por su madre (Jueces 13.24); sin embargo, a pesar de lo dicho en Lucas 1.31, el mismo Lucas (1.59-63) da testimonio de la tradición dominante, en la que el padre era quien nombraba a la criatura. Entonces, lo más seguro es concluir que, a pesar de todo, José fue quien puso el nombre al niño Jesús.

Finalmente, siguiendo el testimonio de Mateo de que José fue quien puso el nombre al niño Jesús, Raymond E. Brown afirma: “Al poner el nombre niño José lo reconoce como suyo propio. La postura judía es muy clara a este respecto y está dictada por el hecho de que a veces resulta difícil determinar quién es el padre biológico de una criatura. Puesto que normalmente ningún hombre reconocerá ni mantendrá a un hijo que no sea suyo, la ley prefiere basar la paternidad en el reconocimiento del padre. La Misná (Baba Batha, 8.6) establece este principio: «Si un hombre dice que éste es hijo mío, hay que creérselo». José al ejercer el derecho paterno de dar nombre al niño, reconoce a Jesús s y se convierte así en su padre legal” (página 138). 

En suma, a pesar de cualquier conjetura teológica y conciliadora que podamos hacer, en definitiva y en términos exegéticos, una cosa es segura e indiscutible: Según el texto hebreo de Isaías 7.14, la joven madre (no virgen, y en el contexto histórico del pasaje, esposa del rey Acaz), es la persona que nombraría al niño (verbo “llamar” en la tercera persona femenina singular); y según la Septuaginta, Acaz sería la persona que le pondría el nombre al niño (verbo “llamar” en la segunda persona singular); pero en la relectura cristológica que hacen Mateo y Lucas de Isaías 7.14, tenemos una situación complicada e insoluble: Según Mateo, sería el pueblo el que asumiría al niño nacido como su salvador, quien nombraría “Jesús” al niño (verbo “llamar” en la tercera persona plural); pero según Lucas, fue María, la madre, la que nombró al niño (verbo “llamar” en la segunda persona singular).  



No hay comentarios:

Publicar un comentario