miércoles, 23 de noviembre de 2016

La condición de la mujer como una consecuencia del «pecado original»


Una perspectiva crítica


Héctor B. Olea C.

Las personas que atribuyen al «pecado» la situación de desventaja, sometimiento e inferioridad en que por lo general la tradición judeocristiana, la tradición bíblica misma, describe la situación de la mujer en relación al varón; no deberían perder de vista las siguientes pistas:

Por un lado, que la narración bíblica que da cuenta del origen del pecado (la desobediencia de Adán y Eva), de antemano (antes de que surgiera el pecado mismo, antes de que la narrativa misma de la creación diera cuenta del origen del pecado, en concordancia con el relato de Génesis 2.4-25, y no a la luz del relato de Génesis 1.1-2.3) ya había descrito y colocado a la mujer en un plano de desventaja, cuando sostiene que:

1) Que la mujer fue creada, puesta en existencia, con posterioridad al varón (lo que equivale a decir que el varón fue creado primero; perspectiva desde la cual, particularmente Pablo en el NT, saca unas conclusiones perjudiciales para la mujer, considérese 1 Corintios 11.7-9, y por cierto, sin hacer alusión alguna al «pecado»).
2) Que la mujer procede del varón y vino a existencia a partir de la existencia de éste (de una costilla suya; compárese 1 Corintios 11.7-9).

3) Que la mujer fue creada a semejanza del varón (y no al revés: su ayuda idónea; pero Pablo va más lejos y afirma que la mujer fue creada por causa del varón (existencia instrumental), y no el varón por causa de la mujer; 1 Corintios 11.9).

4) Y directamente desde el NT pero con base en la narrativa del AT en cuestión: que la mujer es gloria del varón, pero el varón es imagen y gloria de Dios; en otras palabras, que la mujer es el reflejo de la gloria del varón, pero el varón es un reflejo de la gloria de Dios (1 Corintios 11.7-9). 

Por otro lado y, curiosamente, no faltó la acusación en la tradición bíblica misma (AT y NT) de que la mujer fue la que falló (Génesis 3.1-6; 1 Timoteo 2.13-14).

Finalmente, es claro que atribuirle al «pecado» la situación de desventaja e inferioridad en que por lo general la tradición bíblica y judeocristiana (AT y NT) coloca a la mujer; es una piadosa pero desacertada explicación teológica, que más bien la saca el cuerpo al problema, y que precisamente ignora y no le hace justicia a la perspectiva de la narración bíblica misma, que coloca a la mujer en una situación de desventaja e inferioridad, desde el momento mismo de la puesta en existencia de la mujer: como siendo creada en un segundo plano, a partir de la existencia del varón, como creada por causa del varón, para satisfacer al varón, y como reflejo de la gloria del varón.  

Además y, en última instancia, tampoco podemos obviar, por un lado, el hecho de que la noción de «pecado original» no es una variable a considerar, ni forma parte de la religión judía, ni del pensamiento teológico y antropológico hebreo; pero tampoco del Nuevo Testamento como tal.

Y por otro lado, que no cuenta la religión cristiana con un relato de la creación propio, sino que ha hecho suya la narración hebrea de la creación, la cual ha interpretado de una manera particular, y en ciertos aspectos, de espalda a la perspectiva hebrea y con unos matices extraños a la narrativa hebrea misma.



¡Hasta la próxima!


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