sábado, 5 de noviembre de 2016

«Ama a tu semejante, pero como yo te he amado»


Amar conforme al modelo «Jesús»


Héctor B. Olea C.

Una expresión muy popular y característica en la tradición bíblica es «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (griego: «agapéseis ton plesíon su jos seautón»).

Se encuentra dicha expresión en la Biblia únicamente en los siguientes pasajes (ocho menciones en ocho versículos bíblicos), teniendo como punto de partida la versión Reina Valera 1960:

Levítico 19.18 “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”

Mateo 5.43 “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.”

Mateo 19.19 “Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Mateo 22.39 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Marcos 12.31 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”

Romanos 13.9 “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Gálatas 5.14 “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Santiago 2.8 “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.”

Ahora bien, llama la atención que de las siete veces en que en el Nuevo Testamento se hace mención de la expresión «amarás a tu prójimo como a ti mismo», ninguna de ellas tenga presencia en la literatura joánica (evangelio y epístolas).

Sin embargo, sí encontramos en la literatura joánica (evangelio y epístolas), como en la tradición sinóptica, la insistencia en el deber de amar a nuestro semejante; pero con una formulación distinta y peculiar. Por un lado, mientras que la expresión «amarás a tu prójimo como a ti mismo», tiene como punto de referencia a la persona que recibe el mandamiento (amar al semejante como yo me amo a mí mismo, hacer por mi semejante, todo el bien que estoy dispuesto a procurar para mí, en fin, que el amor que yo sienta por mí mismo sea la medida del amor que debo mostrar hacia mi semejante); por otro lado, la formulación joánica coloca a Jesús, la forma en que Jesús nos amó, como la medida a partir de la cual he de medir, determinar y evaluar el amor que debo tener hacia mi semejante. En consecuencia, la formulación joánica cambia la expresión «como a ti mismo», por la expresión «como yo os he amado» (en relación a la persona de Jesús).

Por supuesto, tiene la formulación joánica una ventaja, y es que saca del dominio y competencia de la persona que recibe el mandamiento de amar, de su experiencia personal; la medida en que se supone que ella debe amar a su semejante. Después de todo, es sabido que hay veces en que no estamos dispuestos a hacer ciertas cosas ni quisiera para nosotros mismos, que no estamos dispuestos a mover un dedo por nosotros mismos, renunciando incluso a nuestro propio beneficio, por muy diversas razones, como por ejemplo, el haber tenido alguna experiencia personal muy dolorosa en el ámbito de las relaciones interpersonales.

En tal sentido, mientras que la formulación «amarás a tu prójimo como a ti mismo», hace depender de uno (de nuestras fortalezas, triunfalismo, optimismo, y de nuestro pesimismo, de nuestras particulares experiencias, y hasta pereza, etc.), la medida en que hemos de amar a nuestro semejante; sin embargo, la formulación joánica coloca a Jesús como el modelo ideal: «ámense ustedes como yo los he amado» (griego: «kathós egápesa jumás kái juméis agapáte alélus»).

Encontramos, pues, en dos ocasiones, en la literatura joánica (evangelio y epístolas), la expresión «como yo os he amado» (griego: «kathós egápesa jumás»); considérense los dos textos bíblicos siguientes:

Juan 13.34 “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”

Juan 15.12 “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”

Y en una ocasión encontramos en la literatura joánica la especificación de «amarnos como nos lo ha mandado»:

1 Juan 3.23 “Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado”

Por supuesto, ante esta particular formulación, cabe preguntar ¿Cómo fue que Jesús nos amó? La respuesta dada por la misma literatura joánica la encontramos en Juan 15.13 “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (compárese Juan 3.14-16; 10.11, 15; 12.25); y 1 Juan 3.16 “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.”

En suma, a la luz de la cristología joánica, y en virtud de lo ventajoso que resulta el «ámense como yo los he amado», en lugar de «amarás a tu prójimo como a ti mismo»; pienso que la formulación joánica, del Jesús de la literatura joánica, ha  de ser nuestro punto de partida, por donde tenemos que enfocarnos, y nuestro eje hermenéutico al momento de poner de relieve la necesidad de amar a nuestro semejante.   

En conclusión, la cristología joánica establece que el Jesús de dicha cristología nos amó con un amor sacrificial; y en consecuencia, exige de nosotros, no que nos amemos «como a nosotros mismos»; sino y más bien, «como él nos amó», con un amor también sacrificial, así de sencillo.  



¡Hasta la próxima!

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