domingo, 13 de noviembre de 2016

Amada, pero sometida; sometida y tal vez no amada


Una reflexión crítica en torno a Efesios 5.21-33
Un artículo escrito originalmente para la revista «Locademia de teología»


Héctor B. Olea C.


En Efesios 5.21-33, en el marco de la sección parenética de dicha epístola (4.1-6.20), encontramos una sección que se extiende desde el capítulo 5.21 al 6.9, y que muchas versiones de la Biblia insisten en identificar como «someteos los unos a los otros».

Ahora bien, tenemos que admitir que el referido título halla su fundamento en Efesios 5.21, cuando el texto griego dice: «jupotasómenoi alélois en fóbo kristú», o sea: «Sometidos los unos a los otros en el temor de Cristo» (genitivo objetivo): «sométanse los unos a los otros por el temor que le tenemos a Cristo, por reverencia a Cristo».

Ahora bien, una lectura crítica y detenida de Efesios 5.21-6-9, pone en evidencia que el título «someteos los unos a los otros», en realidad es engañoso y no le hace justicia a lo que realmente dice la carta a los Efesios, en la sección en cuestión; esto así, pues como vamos a ver, la referida sección no establece ni reclama un sometimiento de los unos a los otros, o sea, todos sometidos a todos, de manera mutua y recíproca; sino que más bien establece que hay algunos que están sometidos y bajo autoridad, y otros que sencillamente siempre tienen la autoridad, y ejercen el señorío.

EL ROL DE LA MUJER EN LA BIBLIA.


En realidad, en Efesios 5.21-6-9 tenemos tres grupos que están bajo autoridad, y  es a ellos a quienes les exige el autor de la carta, someterse y respetar a quienes tienen autoridad, potestad y ejercen señorío sobre ellos.

El primer grupo lo representan las mujeres en relación a sus maridos (Efesios 5.22, 24, 33). El segundo grupo lo representan los hijos en relación a sus padres (Efesios 6.1-4). El tercer grupo lo representan los siervos o esclavos, en relación a sus amos o señores (Efesios 6.5-9).

Ahora bien, es engañoso el título «someteos los unos a los otros», y lo que plantea Efesios 5.22; esto así, pues en realidad, no supone el autor de Efesios que el marido está sometido a la mujer, como en cambio sí la mujer al marido; tampoco presupone que los padres estén bajo la autoridad de los hijos, cómo sí están los hijos bajo la autoridad de sus padres; finalmente, jamás presupone el autor de Efesios, que los siervos o esclavos tengan alguna potestad sobre sus amos, cómo sí la tienen los amos sobre sus siervos o esclavos.

Ahora y, concentrándonos, pues, en Efesios 5.21-33, no es difícil observar que en el desarrollo de su argumento; el autor de Efesios declara e insiste en que la mujer está sometida a su marido, pero no él a ella, que ella no está situada en un mismo nivel y plano que él, que no tiene con su marido una relación de igualdad, y que ella está más bien en una situación de desventaja. Observemos:

En primer lugar, la mujer debe estar sujeta a su marido, porque él (el varón y sólo él) es la cabeza del hogar, como Cristo lo es de la iglesia (Efesios 5.22-24; compárese Colosenses 3.18 y 1 Pedro 3.1).

En segundo lugar, le exige a la mujer que «respete», cosa que en ningún momento se lo demanda al marido, dando por sentado que él no asume que el marido está bajo la autoridad de la mujer (Efesios 5.33).

En tercer lugar, si bien pareciera ser una exigencia ventajosa para la mujer,  cuando le exige al marido que «ame» a su pareja como Cristo amó a la iglesia, y que amé a su pareja, como él se ama a sí mismo (Efesios 5.25-33); la situación en realidad no es tan halagüeña para la mujer, en virtud de que la exigencia que le hace al varón de que ame a su mujer, no supone que la ha de tratar en un plano de igualdad, y que su amor por ella daba por inexistente el característico sometimiento al varón que caracterizada la situación de la mujer en la cultura hebrea y en la cultura de los pueblos circundantes.  

En cuanto lugar, si bien asume el autor de Efesios que al unirse en matrimonio, el hombre y la mujer constituyen «una sola carne» (Efesios 5.31-32);  esto no implica para él, que la mujer coexista e interactúe con el marido en un plano de igualdad y de tú a tú con él. Por tal razón concluye que el marido (el que tiene el señorío y la autoridad sobre su pareja), «ame a su mujer»; pero a la mujer, entendida como bajo autoridad y sometida «en todo» a su marido (Efesios 5.24); le exige «respetar a su marido» (Efesios 5.33). Por supuesto, no está hablando aquí el autor de Efesios, del respeto mutuo que debe caracterizar todas nuestras relaciones interpersonales: más bien está hablando del respeto que le debe a su superior, la persona que está bajo autoridad. Por esta razón la exigencia de «respetar», no es dirigida al varón, sino estrictamente a la mujer.  

Es más, el verbo que emplea el autor de Efesios en el capítulo 5.33, es el verbo «fobéomai», que significa: respetar, venerar, reverenciar, tener miedo.       

En suma, el autor de Efesios, en la sección que va del 5.21-33, no presupone el sometimiento mutuo y recíproco del varón y la mujer, sin distinción ni privilegio alguno, en un absoluto plano de igualdad de derechos; más bien admite e insiste en que la mujer está sometida al marido, la mujer es la que está sometida al varón; pero no que el varón esté sometido a la mujer.

Finalmente, y desde la perspectiva de nuestro desafío hermenéutico, llama la atención la resistencia de un amplio sector del cristianismo, a que nosotros expliquemos y definamos en la actualidad la relación hombre-mujer en el hogar cristiano, y en la iglesia, a la luz de las conquistas que en términos sociales y políticos ha logrado la mujer al día de hoy; cuando precisamente sí hay algo claro, en el contexto específico de esta reflexión y porción bíblica; es que el autor de Efesios empleó las categorías socioculturales de su época (la mujer sujeta a la autoridad y señorío del varón en todo), para explicar y definir la relación del hombre y la mujer en el hogar cristiano, en la iglesia, incluso, la relación de Cristo con la iglesia.

De hecho y, al menos en lo que al género gramatical se refiere, hay aquí dos elementos de género gramatical masculino y de sexo masculino, o sea, varones el marido, el varón («jo anér») y Cristo («jo kristós»), que son los que ostentan la autoridad y el señorío sobre los otros dos elementos; y otros dos elementos de género femenino (uno de sexo femenino, la mujer-griego «je guné»-, y otro al que se le atribuye el sexo femenino, pues en realidad no posee sexo femenino, porque es una cosa, una entidad, un grupo de personas, la iglesia –«je ekklesía») que son los elementos que están bajo la autoridad de los otros dos elementos de género y sexo masculino: el varón, el marido («jo anér») y Cristo («jo kristós»).   

Luego, desde la perspectiva del autor de Efesios, así como la mujer («je guné») estaba sujeta al marido («jo anér») en todo (el varón ejerciendo señorío sobre la mujer (en términos gramaticales, el elemento de género femenino sometido a la autoridad y señorío del elemento de género masculino); así también, desde el punto de vista eclesiológico, la iglesia (elemento de género femenino: «je ekklesía»), está sometido a la autoridad y señorío del elemento de género masculino, Cristo («jo kristós»).

Por supuesto, la pregunta lógica es: si fue correcto y legítimo para el autor de Efesios, y por lo general para todos los autores de la Biblia, el explicar la relación del varón y la mujer en el hogar cristiano y en la iglesia, a la luz del tipo de relación que previamente existía entre el varón y la mujer en sus propios contextos socioculturales; ¿Por qué fue legitimo este procedimiento para los autores de la Biblia, pero no para nosotros hoy? Si fue natural y lógico este procedimiento para los autores de la Biblia, ¿por qué no lo es y de esperar en nuestro caso? ¿Por qué no explicar hoy la relación del varón y la mujer en el hogar cristiano y en la iglesia, a la luz de las conquistas sociopolíticas que ya ha logrado la mujer en nuestros tiempos, en nuestros propios contextos socioculturales y en nuestros marcos jurídicos?       




¡Hasta la próxima!

No hay comentarios:

Publicar un comentario