miércoles, 7 de febrero de 2018

«Él nos hizo, y somos suyos»


El problema textual de Salmo 100.3

Héctor B. Olea C.

Gracias principalmente a la versión Reina Valera 1960, por años, por décadas, se ha impuesto una lectura del Salmo 100.3 que es puesta bajo cuestionamiento por el texto masorético.

De manera estricta, la frase que en el Salmo 100.3 es puesta bajo cuestionamiento es: «Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos».

Sin embargo, además de la Reina Valera 1960 y otras versiones de la Biblia; también La Biblia de las Américas traduce «Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos». De todos modos, es preciso poner de relieve que La Biblia de las Américas agrega una nota al pie de página que dice: “Muchos manuscritos dicen: «y suyos somos»”.

Ahora bien, cuando observamos el texto hebreo de Salmo 100.3, nos percatamos de la observación masorética que explica la nota al pie de página de La Biblia de las Américas.

Consecuentemente, tenemos que decir que en el centro de esta cuestión se encuentra una frase o sintagma que involucra la conjunción copulativa «y» (hebreo «ve»), y la partícula negativa, el adverbio de negación «no» (hebreo: «lo’»).

La cuestión es que para el texto masorético, la expresión: «velo’» («y no»;  compuesta por una «va» con shevá vocálico (e), que conforma la conjunción «ve» (y), por una «lámed» (l), un «jólem» en forma defectiva (o), y una álef); fue considerada por los masoretas como un «quetib» (participio arameo que significa: escrito, lo que está escrito); por lo tanto, en la “masora parva” (pequeña) sugiere que dicha frase debe leerse, debe ser entendida más bien como la expresión «velo», que consiste en un «quere» (participio arameo que significa: leído).

Pues bien, el «quere» «velo», está compuesto compuesta por una «va» con shevá vocálico (e), que conforma la conjunción «ve» (y), por una «lámed» (l), un «jólem» en forma defectiva (o), y otra «va»; o bien, un «jólem» en forma plena, como sufijo pronominal de la tercera persona masculina singular, o sea, de él, para él.  

Ahora bien, el «quere» «velo» consiste en un sintagma conformado por la conjunción «ve» (y), y por la preposición «le», que puede indicar tanto el “caso dativo” (a para), como el “caso genitivo” (de), acompañada del sufijo pronominal de la tercera persona masculina singular (de él, para él, suyos). En tal sentido, Luís Alonso Schokel, en su comentario a los Salmos (volumen II), afirma: «velo» uno de los quince casos registrados por los masoretas en que «le» se debe leer en caso dativo.

En todo caso, no es muy distinta la idea que comunica aquí el “caso dativo” (para él, suyos), de la idea que comunica el caso genitivo (de él, suyos).    

Luego, siguiendo, pues, la observación o corrección masorética, el Salmo100.3 debe ser traducido: «Él nos hizo, y somos suyos (de él, para él)».

Consecuente, con base en la observación y corrección masorética, llama la atención que la Nueva Versión Internacional (que tradujo siguiendo en la línea de dicha corrección masorética), incluya una nota que dice: “100:3 y somos suyos (Targum, Qumrán y mss.); y no nosotros (TM)”.

En la misma línea de la Nueva Versión Internacional va la Reina Valera Contemporánea (2015), cuando también tradujo como como ésta (y de él somos) e incluye la nota que dice: Salmos 100:3 «y de él somos.» Según Qumrán. Heb. «y no nosotros.»

Una observación más acertada la ofrece la Nueva Traducción Viviente (NTV), que tradujo “y le pertenecemos”; y agrega la nota: “100:3 Así aparece en una lectura alternativa del texto masorético; la otra alternativa y algunas versiones antiguas dicen y no nosotros mismos”.

Por otro lado, resulta llamativa y hasta preocupante que, a pesar de la corrección masorética, la traducción que ofrece el Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español, Volumen III, publicado por CLIE (año 1997), haya traducido «Y no», en conformidad al «quetib», y no al «quere».   

Finalmente, es preciso decir que la Septuaginta parece haber tenido en este caso un texto distinto al texto masorético, un texto hebreo que seguía el «quetib» «velo’» («y no»). O sea, que el traductor de la Septuaginta tuvo de frente aquí a un texto hebreo con una interpretación distinta a la propuesta por los masoretas, por la corrección masorética. Esto así en virtud de que la Septuaginta tradujo: «autós epóiesen jemás kái ouj jeméis»: «Él nos hizo, y no nosotros mismos».    

En todo caso, a pesar de que para el tiempo en que se llevó a cabo y completó la traducción de la Septuaginta el texto hebreo estaba, por decirlo así, en una etapa de transición, desarrollo y de cierta indefinición; no es menos cierto que en la actualidad es el Texto Masorético (TM) la base para la exégesis y traducción del texto hebreo, del Tanaj.

En consecuencia, a pesar de La Reina Valera 1960, La Reina Valera 1995, La Biblia de las Américas, la versión Kadosh Israelita Mesiánica, incluso muy a pesar de La Reina Valera Actualizada (año 2015); las versiones modernas de la Biblia están optando por asumir la corrección y sugerencia masorética, traduciendo: «Él nos hizo, y le pertenecemos» (y somos suyos, y suyos somos, y somos de él, etc.); así de sencillo.  

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