sábado, 11 de noviembre de 2017

Jesús y la cultura del trabajo y la remuneración del mismo


Jesús opuesto a la cultura de lo gratis


Héctor B. Olea C.

Una realidad incuestionable es que no hay forma de controlar la apelación que muchas veces se hace a la persona o supuesta enseñanza de la figura de Jesús, a la persona del Jesús de los Evangelios del Nuevo Testamento.

En todo caso, pienso que cualquier extrapolación de la figura de Jesús y su enseñanza no puede, no debería perder de vista lo que en verdad nos dicen los evangelios, la evidencia que aportan los Evangelios en conjunto, la tradición sinóptica y el evangelio de Juan.

En tal sentido y, en relación a la cuestión que nos ocupa, cabe preguntar:

¿Es legítima la apelación a la figura de Jesús (el Jesús de los evangelios del Nuevo Testamento), para sustentar un discurso que plantee que todo debe ser gratis, que incluso la propiedad intelectual no debe tener algún precio?

Y mi respuesta a esta pregunta va en la siguiente línea:

En primer lugar, no es posible obviar que el Jesús de los evangelios reconoció que el obrero es digno de su salario (Lucas 10.7).

“Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario”

Compárese Mateo 10.10: ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento”

En segundo lugar, con la parábola de «El buen samaritano» (Lucas 10.25-37).dejó ver que comprendía, que estaba consciente de que el atender a alguien en el mesón, que el servicio del mesón tenía un costo, un precio que no se podía evadir:

“Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese” (Lucas 10.35)

En tercer lugar, con la parábola de «El hombre que salió a buscar obreros para trabajar en su viña» (Mateo 20.1-16), dejó que ver que estaba consciente de que la contratación de una persona para que haga un trabajo con su capacidad, con su preparación y fuerza física, demandaba un pago por dicho servicio, por dicho trabajo.

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 2Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña” (Mateo 20-1-2).

En cuarto lugar, con la parábola de «El hombre que arrendó su viña a unos labradores» (Mateo 21.33-46), Jesús también puso de relieve que estaba consciente de que en este tipo de transacción, acuerdo o convenio; era demasiado natural que el dueño de la viña en el tiempo acordado recibiera el pago o beneficio acordado con los labradores que le habían arrendado su viña.

“Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos”  (Mateo 21.33-34).

En quinto lugar, con la parábola de «Los talentos» (Mateo 25.14-30) también demostró estar consciente de que el señor que entregó una determinada cantidad de talentos a sus siervos, debía esperar un rendimiento, y producción (ganancia) natural de dicha inversión, o sea, un informe financiero positivo de sus siervos.

“Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (Mateo 25.19).

En sexto lugar, con la parábola de «El hijo pródigo» (Lucas 15.11-32), también puso de relieve, Jesús, que sabía que un jornalero era digno de su salario, y que de su trabajo debía obtener su sustento y el de su familia.

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15.17-19).

En séptimo lugar, si bien en cierta forma Jesús cuestionó el impuesto para el templo, que se cobraba localmente (compárese Éxodo 30.13-15); no obstante, no tuvo reparos en pagarlo (Mateo 17.24-27).

“Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17.27)

En octavo lugar, hay evidencia en el Nuevo Testamento del que ministerio itinerante de Jesús tenía un costo que había que cubrir, que había que solventar.

En tal sentido quiero considerar dos factores.

Por un lado, como nos dice E. P. Sanders: “Los evangelios ocasionalmente presentan a Jesús, y a veces a los discípulos, cenando en casa de alguien. Este es el caso de Marcos 2.15-17. En Lucas 7.36-50 Jesús come con Simón, un fariseo; en Lucas 11.37-44 con otro fariseo, y en Lucas 19.1-10 se hospeda en casa de Zaqueo, el recaudador de impuestos. No sabemos si estos detalles son exactos, pero debemos aceptar la idea clave común a esos pasajes: cuando Jesús y sus seguidores se trasladaban de una aldea a otra encontraban a una o más persona dispuestas a proporcionarles una comida y un sencillo alojamiento” («La figura histórica de Jesús», Verbo Divino, 2005, página 132).    

Por otro lado, en Lucas 8.1-3 leemos que el ministerio itinerante de Jesús contaba con la participación de muchas mujeres que contribuían, sustentaban el ministerio de Jesús con sus bienes.

Ahora bien, como de manera acertada apunta E. P. Sanders, si bien “es posible que en Lucas 8.1-3 el autor exagere el grado en que Jesús y su grupo recibían apoyo de mujeres, entre ellas una de cierto rango (la mujer del administrador Antipas)” obra citada; página 133; no es menos cierto que podemos decir que aquí hay una evidencia, un sustento histórico de que el ministerio itinerante de Jesús contaba con un grupo de personas (hombres y mujeres) que lo apoyaba financieramente.

En todo caso, llama la atención que el grupo de Jesús contaba con una especie de tesorero, el cual velaba y administraba el dinero del grupo. En tal sentido, me parecen muy pertinentes las palabras de Raymond E. Brown sobre el texto de Juan 12.4-6 (compárese Juan 13.29), cito:

“Es posible que Juan nos transmita una noticia histórica que no se ha conservado en los restantes evangelios, al informarnos de que Judas guardaba los fondos comunes. Esta noticia hace más verosímil el diálogo de 13.27-29 y explica el puesto de honor que Judas ocupaba junto a Jesús  durante la Última Cena. Los sinópticos parecen dar a entender que Judas podía tener en su poder treinta piezas de plata sin levantar sospechas; ello resultaría explicable si realmente guardaba la bolsa común. No es imposible que la identificación joánica del discípulo irritado en Betania se deba a la tendencia de presentar a Judas como un personaje siniestro. Sin embargo, tampoco es imposible que, precisamente porque administraba el dinero del grupo, Judas fuese el discípulo que protestó en Betania y que este recuerdo se perdiera en la tradición sinóptica” («El evangelio según Juan», Ediciones Cristiandad, 1999, tomo I, página 782).

 Al final, un detalle que no podemos dejar de lado, es que según los cuatro evangelios del Nuevo Testamento, Jesús defendió y justificó que una mujer derramara sobre su cuerpo un perfume de muy alto precio, en lugar de venderlo y usar ese dinero en favor de los pobres (Mateo 26.10-11; Marcos 14.7; Lucas 7.41-47; Juan 12.7-8).  

Además, si bien en una ocasión aconsejó a un fariseo que lo había convidado a su casa, a organizar comida o banquetes pero para invitar a personas que no pudiesen devolverle el favor; lo hizo consciente de que, por un lado y, en estos casos, alguien costeaba la comida que recibirían los indigentes; por otro lado, que este servicio también ameritaba su recompensa, su remuneración, incluso en el marco de la resurrección escatológica (Lucas 14.12-14).  

Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos

Finalmente, después de toda esta evidencia, ¿es verosímil concluir que la enseñanza de la figura del Jesús de los evangelios del Nuevo Testamento ofrece algún fundamento, sirve para justificar la cultura del «todo gratis», y nada por cobrar?

Es más, según el Evangelio de Juan, Jesús mismo estaba consciente de que las cosas pueden ser distintas si en lugar de recibir algún beneficio sin costo alguno, hay que pagar algo por dicho servicio, o si no hay algún beneficio gratuito de por medio: “Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Juan 6.25-26).

En suma, si vamos a apelar a la figura del Jesús de los evangelios, apelemos; pero de una manera legítima, consciente y consistente, sin manipulación alguna; así de sencillo.    


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XIV)   ¿Por qué utilizar la figura de «el cuervo» para invitarnos a confiar en  Dios?

XV)    ¡Danos! ¿el sustento de hoy, o el de cada día?         

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