miércoles, 18 de abril de 2012

El papel y participación del Hijo (Jesucristo) en la creación Un análisis bíblico a partir de Juan 1.3 2 de 3

El papel y participación del Hijo (Jesucristo) en la creación

Un análisis bíblico a partir de Juan 1.3

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Héctor B. Olea C.

Texto de un segundo correo electrónico enviado por Timoteo sobre el mismo asunto (correo recibido por mí el lunes 28 de julio 2008):

Apreciado hermano Benjamín:

Gracias por tus atenciones en respuestas a mis cuestionamientos, pero créeme que no quedé claro con tu respuesta a quién creó el universo, Jesucristo o Dios el Padre.

Si podrías ser más específico te lo agradecería.

De Cristo siempre,

Timoteo

A continuación, mi respuesta, enviada el lunes 4 de agosto:

Estimado Timoteo, bendiciones.

A mí me parecía que mi respuesta había sido lo suficientemente clara, entonces, lo que me pregunté fue, ¿no fue clara mi respuesta o es que Timoteo, a toda costa, pretende sostener un argumento teológico a pesar de tener la evidencia bíblica en contra?

Mi respuesta es que, a pesar de que en la teología sistemática o dogmática se afirma sin más que la creación es obra de la trinidad, con una igualdad y protagonismo en iguales proporciones y responsabilidad; el Nuevo Testamento, por el contrario, reconoce que el Padre es creador (causa principal), y que el Hijo es un agente instrumental (causa instrumental).

Ahora bien, mi amigo Timoteo, no te sorprendas, pues estos tipos de debates son comunes entre la teología sistemática o dogmática y la teología bíblica; pues la primera, la teología sistemática o dogmática, parte de unas proposiciones generales que luego trata de hallar su fundamento en la Escritura (por medio del método deductivo, que de una declaración general pretende sacar conclusiones particulares; por ejemplo, decir que Jesucristo es creador, como causa principal, y luego desear que una serie de pasajes bíblicos específicos, que particularmente no la apoyan, sean vistos o interpretados a la luz de esa declaración inicial).

Pero la segunda, la teología bíblica, por medio del método inductivo, analiza las evidencias particulares para luego hacer una declaración con implicaciones generales; por ejemplo, la afirmación de que para el Nuevo Testamento la participación de Jesucristo en la creación es de tipo instrumental (causa instrumental y no principal) se apoya en las distintas y específicas referencias que encontramos en el Nuevo Testamento que describen la participación del Hijo en la creación, y que permiten llegar a tal conclusión.

Luego es preciso decir que el teólogo bíblico o exégeta, no está en la disposición de asignarle o atribuirle un sentido a un pasaje bíblico que su exégesis no permite.

Por eso el exégeta está dispuesto a reconocer, por ejemplo, que un pasaje bíblico muestra una postura un tanto diferente a la que encontramos en otro u otros con relación al mismo tema (recuerda el contraste entre Hebreos 1.2 y 10, aunque vale decir que es posible que el autor de Hebreos al llegar al versículo 10 afirme algo que debe entenderse a la luz del versículo 2, donde ya, previamente, había hablado del papel del Hijo en la creación, como de causa instrumental, y del Padre como causa principal).

En otras palabras, el teólogo sistemático procura mantenerse en una actitud que vela siempre por el mantenimiento de sus proposiciones, las que valida de antemano, y pretende reafirmarlas en su trabajo y reflexión teológica, muchas veces a costa del real y verdadero significado de unos pasajes en particular.

Por otro lado, el teólogo bíblico o exégeta, se mantiene en actitud vigilante para que las formulaciones teológicas tengan un real asidero bíblico. El teólogo bíblico sólo está en la disposición de afirmar la formulación o proposición teológica que la exégesis de los pasajes en cuestión permita.

A fin de darme a entender lo mejor posible, paso a explicarte algunos conceptos que se usan en la filosofía al hablar de la causalidad y los efectos. En primer lugar, se reconoce que todo efecto tiene una causa. Luego, es necesario hablar de dos tipos principales de causas. El primer plano está la llamada causa eficiente (causa en sentido estricto), que es aquella causa que por su acción produce un ente llamado efecto. Más tarde se establece dentro de la causa eficiente (categoría Aristotélica) una división interna: Por un lado está la llamada causa principal, aquella causa que con su acción, mediante sus propios medios (causa instrumental), pone en existencia un ente llamado efecto.

Por otro lado, está la causa instrumental que, aunque verdadera causa, necesita de la causa principal, la cual echa mano de ella y la conduce. En términos teológicos, diríamos que el Padre (causa principal) realiza su obra mediante la acción del Hijo (causa instrumental).

Es interesante que la Biblia le atribuya la creación no al Hijo, a Jesucristo, sino a Dios el Padre, mediante la acción instrumental del Hijo. En síntesis, por lo menos, en los pasajes analizados, el papel protagónico en la creación se le atribuye al Padre (causa principal), y al Hijo, el papel de medio o instrumento (causa instrumental). Observación: Aquí, en lugar de la palabra “instrumento”, originalmente y de manera no muy acertada, usé la palabra “agente”.

Finalmente, además de los dos pasajes que te mencioné en mi comentario anterior, te cito dos pasajes más que reafirman la idea de que el Padre es el creador (causa principal) y el Hijo, Jesucristo, causa instrumental. Estos dos pasajes son: 1 Corintios 8.16 y Colosenses 1.16, y 17, cito:

1 Corintios 8.6: para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Colosenses 1.16, 17: Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

Para concluir, otra observación más, resulta muy interesante que afirmemos que la creación es obra del Dios trino, mira por ejemplo, lo que dice al respecto el «Nuevo Diccionario Bíblico Certeza»: “La obra de la creación se atribuye en distintos pasajes a las tres personas de la Trinidad: al Padre, p. ej. en Gn. 1.1; Is. 44.24; 45.12; Sal. 33.6; al Hijo, p. ej. en Jn. 1.3, 10; Col. 1.16; al Espíritu Santo, p. ej. en Gn. 1.2; Job 26.13. Esto no ha de tomarse como si distintas partes de la creación deben atribuirse a diferentes personas de la Trinidad, sino más bien que la obra en su conjunto es obra del trino Dios”.

Ahora bien, pesar de lo que dice el diccionario citado, podemos observar que en la Biblia, sólo dos pasajes, aunque uno es discutible, son los que nos dan los posibles elementos para decir que mencionan en sí mismos, al hablar de la creación, a la trinidad en acción. Estos dos pasajes son: Génesis 1.26 (discutible, y que además habla específicamente de la creación del ser humano), y el Salmo 33.6. Quizás, entonces, debiéramos decir que solamente tenemos un solo pasaje que menciona las tres personas de la trinidad obrando en conjunto en la creación.

Luego, tenemos que decir que disponemos, en mayoría, de unos cuantos pasajes que mencionan nada más al Padre y al Hijo, a saber: Juan 1.3; 1 Corintios 8.6; Hebreos 1.2; 11.3. Con relación a este último pasaje, Hebreos 11.3, va en la misma línea de Juan 1.3; Colosenses 1.16 y 17; Salmo 33.6, al señalar al Hijo como causa instrumental, no principal. Por otro lado, hay que destacar que el Salmo 33.6, pone la acción del Espíritu Santo al mismo nivel que la del Hijo, es decir, como una causa instrumental.

Respecto del Salmo 33.6, quiero puntualizar que el texto hebreo del mismo usa la misma estructura gramatical para hacer referencia a la acción de la palabra “dabar” (palabra; LXX: “lógos”), y “ruáh” (espíritu, aliento; LXX: pnéuma). Lo mismo hace la Septuaginta (LXX).

En el texto hebreo del Salmo 33:6 la palabra que se traduce “palabra” (“dabar”) y la que se traduce “aliento” (ruáh”) aparecen con la preposición “be” que puede señalar, entre otras ideas, la de instrumento (con, por medio de, a través de) o causa (por causa de), en la siguiente manera: “bedabár” (con o por medio de la palabra), y “uberuáh” (y con o por medio del aliento o espíritu). Por otro lado, si bien dije que la preposición hebrea “be” también puede señalar la idea de causa, por todas las evidencias presentadas y analizadas en este trabajo, consideramos que la idea aquí no es la de causa, sino la de instrumento.

En este mismo sentido, un factor que debemos tomar en serio es que la Septuaginta tradujo ambas expresiones hebreas con el dativo instrumental. La expresión “bedabár” fue traducida por “to lógo”, y la expresión “uberuáh” fue traducida por “kái to pnéumati”.

Con relación a las versiones de la Biblia, digo que en el Salmo 33.6 tenemos el mismo problema planteado con Juan 1:3, sólo que, por ejemplo, una versión que nos ayuda en Juan 1.3, con relación a la Reina Valera de 1960, como la Versión Popular Dios Habla Hoy, en este caso, sin embargo, no ayuda en nada, pues tradujo igual que la primera.

Observemos, por ejemplo la traducción de Juan 1.3 en la Reina Valera 1960 y en la versión popular Dios Hablar Hoy

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Reina Valera 1960)

Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él” (Versión popular Dios Habla Hoy)

Observemos ahora la traducción del Salmo 33.6 en la Reina Valera 1960 y en la versión popular Dios Hablar Hoy

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Reina Valera 1960)

Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, por el soplo de su boca, todos los astros” (Versión popular Dios Habla Hoy)

¿Se nota la inconsistencia de la versión popular Dios Habla Hoy? ¿Se nota la persistencia de una traducción desacertada en la Reina Valera 1960 en ambos pasajes?

Conclusión: La creación es obra del Dios trino, según la nomenclatura cristiana, y de acuerdo a las tradicionales teologías sistemáticas cristianas; pero la Biblia le reconoce un papel al Padre que no se lo reconoce al Hijo, ni al Espíritu Santo. Por eso es que usualmente la tradición cristiana y evangélica habla del Padre como creador, del Hijo como redentor, y del Espíritu Santo como santificador. Un ejemplo notable de una obra teológica, es el libro de Francisco Lacueva, «Curso práctico de Teología Bíblica», de CLIE, que está dividida precisamente de la siguiente manera: Dios creador (donde menciona la trinidad, pero se destaca la persona del Padre), Dios redentor (que es más bien Cristología en específico) y Dios santificador (que es más bien Pneumatología en específico).

De todos modos, quiero insistir en que tenemos que reconocer que en la Biblia la mayoría de los pasajes que hablan de la creación hacen referencia principalmente a Dios el Padre, por ejemplo: Génesis 1 y 2; Isaías 44.21, 24; 45.11, 12; Salmo 102.25, 26. Un caso ejemplar es el de Hechos 17, donde Pablo, en su visita a Atenas, aunque promueve al Cristo resucitado, lo presenta como el resucitado por el Dios que hizo los cielos y la tierra, y que también hizo al género humano.

Parece clara la idea que en este pasaje Pablo tiene en mente: al Padre como creador, y a Jesucristo como el enviado y resucitado por éste (véase a Hechos 17.22-31). Ahora bien, creo que prácticamente todos los cristianos vemos a Jesús en la expresión “por aquel varón a quien designó” de Hechos 17.31 (véase también Juan 15.26). Lo interesante es que la forma en que aparece en el griego la expresión “por aquel varón a quien designó” es en el dativo instrumental, lo que señala a Jesucristo como instrumento de Dios el Padre por medio del cual juzgará al ser humano en el juicio escatológico. No obstante, no quiero dejar de llamar la atención con relación al hecho de que en 1 Corintios 11.32 Pablo usa la estructura de gramatical que emplea la preposición griega “jupó” más el caso genitivo para hablar de una especie de juicio o castigo no escatológico realizado por Jesús (krinómenoi de jupó tu kuríu”).

Finalmente, quiero insistir en destacar que la participación del Hijo y del Espíritu Santo en la creación es señalada como la de instrumentos del Padre, véase por ejemplo: Juan 1.3; Hebreos 1.2; Job 33.4; Salmo 33.6. De esta manera los cristianos podemos decir con confianza que la creación es obra del Dios trino.

Una pregunta: Mi hermano Timoteo, si estás tan interesado en los estudios bíblicos y teológicos, ¿Por qué no te matriculas a estudiar Biblia y Teología? Creo que esta es una opción que debes considerar pronto y seriamente.

Bendiciones,

Benjamín Olea C.

¡Hasta la próxima!

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