martes, 16 de agosto de 2011

Metáforas de escapismo y negación de la realidad Jesús no quiere ser ni esposo, ni candidato


Metáforas de escapismo y negación de la realidad
Jesús no quiere ser ni esposo, ni candidato
Héctor B. Olea C.
Como ha es sabido, la metáfora involucra una comparación implícita, e implica una forma de hablar de algo o alguien (por ejemplo, Dios) en una forma una forma un tanto tentativa, ya que, respecto de ciertas realidades, no disponemos de otra. Esto así, sin dejar de tomar en cuenta la sospecha de que el lenguaje es esencialmente metafórico.
Ahora bien, nos es preciso admitir que existen unas metáforas más adecuadas que otras, según las ideas que se asocien y se deseen comunicar con la metáfora en algunos contextos específicos.
En este artículo queremos analizar dos metáforas que se emplean con alguna frecuencia en el ámbito evangélico de la República Dominicana, en ciertos contextos específicos, y que nos parecen un tanto inadecuadas (¿desacertadas?).
El primer caso de los dos que vamos analizar, tiene que ver con la forma de hablar de Cristo como “Mi novio” o “Mi esposo.”
El segundo tiene que ver con la forma de hablar de Cristo como “Mi candidato”.
Comencemos, pues, nuestra tarea.
Cristo como “Mi novio” o “Mi esposo”
En el Nuevo Testamento, específicamente en el Apocalipsis, encontramos la metáfora que hace referencia a la relación entre Cristo y la iglesia, como una relación de pareja. En este contexto se supone que Cristo es “el novio” o “el esposo; y la iglesia, la comunidad de creyentes en Cristo, es “la novia” o “esposa”.
A pesar de lo dicho, lo cierto es que nunca los textos bíblicos identifican a Cristo como “el novio” o “el esposo”, a diferencia de la comunidad de creyentes, a la cual de manera directa se la describe como “la esposa”, aunque nunca como “la novia”.
Consideremos los siguientes textos:
Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19.7 y 8)
Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero” (Apocalipsis 21.9)
Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 21.17; compárese 2 Corintios 11.2)
Un pasaje que por las distintas interpretaciones que se han propuesto y que compiten con relación a él, y que por tal razón hemos decidido aislarlo y tratarlo por separado, es Apocalipsis 21.2, que dice:
Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
Ahora bien, aunque en este pasaje hay más bien un símil (una comparación directa o explícita), lo cierto es que también Apocalipsis 21.2 apela a la relación de pareja conyugal cuando habla de la forma en que la “Nueva Jerusalén” está arreglada, adornada y decorada.
Con respecto a las distintas interpretaciones de la “Nueva Jerusalén”, consideramos oportunas las palabras de Ariel Álvarez Valdés: “Para algunos comentaristas, la nueva Jerusalén es una ciudad real (literal). Para otros, se trata de un símbolo de la comunidad cristiana. Un tercer grupo propone otras opciones. Yo creo que la alta carga simbólica que el autor emplea para describir los detalles de la ciudad (21.9-27) aconseja tomarla en sentido simbólico. El autor del Apocalipsis, pues, se refiere aquí al pueblo de Dios, es este caso a los santos o fieles que integran la comunidad cristiana” («La nueva Jerusalén, ¿ciudad celeste o ciudad terrestre?», Estudio exegético y teológico de Apocalipsis 21.1-8, Verbo Divino, página 77).
Como muestran los textos bíblicos citados, es claro que la Biblia misma es la primera que emplea la metáfora de la iglesia como “esposa de su salvador”; sin embargo, lo que no es lo mismo es afirmar que “Cristo es el esposo de las hermanas cristianas que por algún tiempo, o de manera definitiva deciden no elegir a un varón como esposo y pareja sentimental y conyugal.
Lo interesante es que conocemos casos de muchas hermanas que cuando se ven cuestionadas sobre la posibilidad de contraer matrimonio, salen de paso (queriendo demostrar que no tienen ningún interés por una vida sexual activa o sencillamente reactivarla), diciendo “Yo me casé con Cristo”.
Lo curioso es que en muchos casos, como al pasar el tiempo en realidad Jesús no le resuelve su problema de pareja (ya que en realidad nunca fue su esposo, y nunca se casó con ella); resulta que la hermana decide casarse o simplemente decide activar su vida sentimental y sexual de una manera un tanto irregular.
Ciertamente es bíblico y adecuado hablar de la comunidad cristiana como “la esposa del Cordero”; lo que no parece adecuado es que hermana cristiana alguna pretenda ocultar sus reales intereses por la vida conyugal y sexual, asumiendo a Cristo como “su esposo”, diciendo que se casó con él.
En realidad, toda mujer miembro de la comunidad cristiana puede describir y hablar de Jesús como su salvador, pero no como su pareja y cónyuge. Ciertamente Jesús es el salvador de toda mujer que forma parte de la comunidad de fe, pero Jesús no se casa con ninguna. El aspecto de la vida conyugal de una hermana en la fe, no es un asunto de aquél que es su salvador; es más bien un asunto para lo cual habrá de ser útil un hermano que, al igual que ella, también ha sido salvado por Jesucristo.
Si una hermana no desea casarse (en caso de que nunca haya formalizado una vida conyugal), así como una hermana no desea reactivar su vida sexual y conyugal; que no manipule el nombre y la figura de Jesús. En verdad ella tiene todo el derecho de asumir en este sentido la opción que considere más conveniente.
Por otro lado, la hermana que desea ocultar y no poner al descubierto sus reales intenciones de formar un matrimonio y tener una vida sexual activa, que tampoco manipule el nombre y la figura de Jesús.
La hermana que se sienta ubicada en cualquiera de estos dos casos, sencillamente no debe olvidar que Jesús es su salvador; no su esposo, pues nunca lo ha sido, nunca lo será, y jamás ha prometido serlo.
La hermana que ha enviudado relativamente joven, así como la hermana que a pesar de la edad desea formar matrimonio; creo que le vendría bien tomar en serio la orientación del autor de 1 Timoteo cuando dice: “Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia” (1 Timoteo 5.14; compárese 1 Timoteo 5.9 y 11).
La verdadera opción para la hermana que no desea quedarse sola, no es pretender casarse con Cristo; sino casarse con un hermano al que también Jesucristo haya salvado.
Cristo como “Mi candidato” (“Cristo es mi candidato”)

Sobre las elecciones de mayo próximo y las candidaturas que proceden de la comunidad evangélica.


El segundo caso que analizaremos en este artículo tiene que ver con la identificación de Jesús como “Mi candidato”, en el contexto de los procesos de campañas políticas y elecciones de autoridades gubernamentales, en el marco de nuestra imperfecta democracia representativa.
Aunque en la República Dominicana sea difícil de creer, no descartamos que haya personas que a las que la actividad política partidista no le resulte llamativa, ni le genere interés alguno (ya sea porque nunca les ha resultado interesante, o porque sencillamente se sientan frustradas con sus resultados). De todos modos, lo cierto es que hay muchas personas que pretender ocultar su verdadero y real interés por la actividad política partidista, su real y efectiva preferencia electoral, así como su activismo político por algún o algunos candidatos, proclamando y diciendo que: “Mi candidato es Jesucristo” o “Jesucristo es mi candidato”, “Yo voto por Jesucristo”.
Ahora bien, ya sea en el caso de las personas que en realidad la actividad política partidista no les llama la atención (o que se sienten decepcionadas por ésta), ya sea en el caso de las personas en verdad están interesadas, pero que simulan cierto desinterés por la actividad política partidista; lo cierto es que el empleo de la expresión “Jesús es mi candidato” (yo voto por Jesús) no resulta adecuada ni convincente.
En primer lugar, porque en realidad Jesús nunca ha estado ni estará en la boleta electoral de ningún partido, ni como candidato independiente, en proceso electoral alguno.
En segundo lugar, porque no parece que Jesús esté dispuesto a parecer en la boleta de oferta electoral y partidista alguna, ni en la República Dominicana ni en ningún otro país del mundo.
Si una persona no desea votar, que no vote, pero que no use el nombre y la figura de Jesús para fundamentar su postura. Llama la atención el que personas que han proclamado que Jesús es su candidato, luego ni siquiera van a votar. ¿Se quedó Jesús esperando su voto? ¿Cómo, pues, habrá de ganar su candidato, si ellos no van a votar? ¿Para qué le hacen campaña, si al final no van a votar por él?
Si una persona está seriamente interesada en la actividad política partidista, aunque no desea comunicarla abiertamente (aun cuando está decidida a expresar su preferencia con su voto en las urnas, y hasta trabajar activamente por un determinado candidato); que tampoco use el nombre y la figura de Jesús para ocultar su verdadero interés por la actividad política partidista.
A pesar de la manipulación a la que es sometida el nombre y la figura de Jesús, en realidad Jesús nunca ha sido candidato en elecciones alguna en la República Dominicana y, sin duda, en ningún otro país del mundo. Obviamente, Jesús tampoco será candidato en las próximas elecciones dominicanas del 20 de mayo del año 2012.
Conclusión:
Jesús no ha sido, ni será, ni ha prometido ser “el esposo” de las hermanas que forman parte de las comunidades cristianas que no desean quedarse solas, o de las que sí pretenden hacerlo. Sencillamente Jesús es su salvador. El autor de 1 Timoteo reafirma el derecho que tienen las hermanas que siguen a Cristo, de buscar como pareja a un varón que igualmente confiesa su fe en el mismo Cristo.
Jesús no es mi candidato, porque sencillamente no está en campaña política (aunque muchos líderes e iglesias cristianas sí); Jesús no es mi candidato, pues tampoco se le ha visto ni se le verá en la boleta de oferta electoral alguna, ni aquí, ni en ninguna otra parte.

¡Hasta la próxima!




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